Canciones con historia: “Apache”. The Shadows

mayo 23, 2012

No solo es el recuerdo de una canción, “Apache”, sino también de un grupo, The Shadows, quizás la mejor banda instrumental de los años 60. Un sonido de guitarra metálico, claro, brillante y reconocible desde los primeros acordes era su seña de identidad. Con seguridad ha sido “Apache”, editado en 1960, el mayor éxito de su extensa discografía. Una canción escrita por Jerry Lordan inspirada en la película del mismo nombre y protagonizada por el gran actor Burt Lancaster en su papel del guerrero apache Massai.

La historia de “Apache” es cuando menos curiosa. A Lordan no le acababa de convencer la primera grabación que había hecho el excelente guitarrista Bert Weedon y durante una gira en la que actuaba de telonero de The Shadows, les propuso registrarla tras interpretarla con un ukelele, el instrumento clásico de las populares canciones hawaianas. Entendía que iba a la perfección con su estilo.

Después de aceptar el ofrecimiento de Lordan, mientras estaban con los arreglos ocurrió otro hecho singular. El cantante y guitarrista Joe Brown no había quedado muy satisfecho con la compra de una guitarra italiana con cámara de eco para mejorar los efectos de sonido. Hank Marvin, guitarra solista y alma mater de The Shadows, consiguió que se la diese y empezó a experimentar acoplándole el vibrato de su eléctrica Fender Stratocaster. Lo que “salió” de su espíritu creativo es de todos conocido: el sonido “Apache”, una auténtica revolución musical. Un sonido con cierto acento a western, al que unió el bajo “envolvente” de Jet Harris, con Bruce Welch a la guitarra rítmica, Tony Meehan, el batería, que hizo la percusión, y Cliff Richard, que no quiso que apareciese su nombre, tocando una especie de tambor chino que daba el toque de música india de los primeros y últimos compases. Así nació “Apache”, como otras canciones famosas: casi por casualidad.

La grabación se realizó en los famosos estudios de Abbey Road en Londres, propiedad de la discográfica EMI, donde también lo hicieron grandes grupos como The Beatles, Pink Floyd y Dire Straits, entre otros. Aún queda en el lejano recuerdo la famosa portada de un disco de The Beatles donde sus cuatro componentes (John, Paul, George y Ringo) cruzan en fila india un paso de peatones para ir a los estudios de Abbey Road.  Al margen de su excelente trabajo como grupo acompañante de Cliff Richard, el “Elvis” británico, uno de los mejores cantantes de la época, fue “Apache” la canción que les lanzó a la fama como banda instrumental. En apenas dos meses alcanzaba el nº 1 en el Reino Unido.

Versión original de “Apache” interpretada por The Shadows en el año 1960

Con el tiempo se extendió la versión equivocada de que The Shadows era un grupo que tocaba ocasionalmente con Cliff Richard. La realidad no es así, sino que Hank Marvin, Bruce Welch, Jet Harris y Tony Meehan, su cuarteto más clásico, se fueron incorporando de forma gradual a la banda de Cliff hasta que al final éste se quedó como único miembro del conjunto original. La historia cierta es como sigue. Un día en el Soho sucedieron una serie de acontecimientos imprevistos: John Foster, manager de Cliff, buscaba un nuevo guitarrista y había acudido a un club, lugar de reunión de muchos músicos, en busca de Tony Sheridan (que más tarde grabó con los primeros The Beatles en Hamburgo). Al no encontrarlo, y no poder esperar, le hablaron de un brillante guitarrista que no era otro que Hank Marvin. Así fue como Hank entró de guitarra solista, no sin antes poner como condición ir acompañado de su amigo Bruce Welch con el que formaba conjunto. Marvin y Welch, amigos desde la infancia en Newcastle donde acudían juntos al mismo colegio, eran fieles seguidores del sonido del rock and roll americano, en especial de Buddy Holly, y en su adolescencia, antes de trasladarse a Londres, habían formado su propio grupo musical. Corría el año 1958 cuando ambos pasaron a formar parte de Cliff Richard y The Drifters, su nombre original, aunque enseguida lo cambiaron por The Shadows para evitar cualquier confusión con el famoso grupo estadounidense del mismo nombre. Fue poco después cuando Hank, a través de Cliff, se hizo con el modelo de guitarra que le haría famoso: una Fender Stratocaster roja, la primera que se vio en Gran Bretaña según consta. The Shadows siguieron trabajando con Cliff pero a partir de 1959, año en el que ya se habían incorporado como nuevos miembros Jet Harris y Tony Mehan, comenzaron a grabar también como grupo independiente.

The Shadows con Cliff Richard a la derecha y Hank Marvin, con gafas, al inicio de su carrera

Cliff Richard y The Shadows se adueñaron de las listas de éxitos durante el periodo 1960-63 y se mantuvieron como la banda más importante de Gran Bretaña hasta la llegada de The Beatles. A “Apache” le siguieron otros cuatro números uno: “Kon Tiki” (1961), “Wonderful Land” (1962), “Dance On” (1962), y “Foot Tapper” (1963), además de grandes canciones como “Man of mystery”, “FBI”, “The Savage” o “Midnight”. Realizaron una gira por Estados Unidos con relativo éxito. Su compañía discográfica no puso suficiente empeño en la distribución de los álbumes, perdiendo oportunidades como la aparición televisiva en el programa de Ed Sullivan (uno de los de más audiencia) que en esta ocasión no ayudó mucho. En cierta manera la gran explosión de The Beatles provocó el inicio de su declive y su posterior separación en el año 1968.

Años más tarde, Hank Marvin logró reunir de nuevo al grupo en una etapa en la que buscaron más la satisfacción personal que el éxito comercial. Aún así, gracias a Hank, un verdadero genio de la guitarra, todavía “colaron” en las listas excelentes versiones de los grandes temas del momento. De la importancia de The Shadows basta recordar el álbum homenaje publicado en 1996 bajo el título Twang!: a Tribute to Hank Marvin & The Shadows, en el que intervinieron figuras de la talla de Brian May, Mark Knopfler o Neil Young, entre otros. Durante los 90 siguieron sus carreras artísticas y empresariales por separado, para unirse de nuevo en el año 2004 en una gira de despedida que, por suerte, no fue tal pues cuatro años más tarde se juntan otra vez para respaldar a Cliff Richard en el 50 aniversario de su carrera musical.

The Shadows, con su imagen de calma relajada sobre el escenario, vestimenta elegante y con sus rítmicos pasos: uno adelante, a un lado y al otro, todo perfectamente ensayado, fueron imitados en sus inicios por muchos de los grandes grupos de los años 60 y 70. Solían amenizar sus conciertos en directo con varias coreografías, entre las que destacaba el famoso “paseo” Shadow. Incluso The Beatles les dedicaron una canción en 1961, un instrumental, “Cry for a Shadow”. En esa época tocaban en bares de poca monta de Hamburgo, y cada día solían estrenar un repertorio mezcla de los clásicos del rock del momento. Mientras afinaban sus guitarras alguien le preguntó a George Harrison si conocían los acordes del nuevo hit “Apache” de The Shadows. De pronto se puso a improvisar hasta dar con una melodía, que luego arregló Lennon, a la que llamaron “Beatles Bop”, y más tarde “Cry for a Shadow”. En 1987, Harrison hablando sobre su fanatismo por The Shadows decía: “En Hamburgo teníamos que tocar varias horas, y eso nos llevó a incluir a “Apache” en nuestro repertorio. Un día, mientras ensayábamos le cambiamos los acordes y surgió esta melodía divertida. La arreglamos y la empezamos a tocar en las actuaciones”.

Nadie duda que el gran éxito de “Apache” se debe al espléndido sonido de la guitarra de Hank Marvin, fuente de inspiración de grandes grupos como Eric Clapton, Pink Floyd, o los españoles Los Pekenikes y Los Relámpagos. Mark Knopfler. Mike Olfield y Pete Townshend comenzaron su carrera imitando a The Shadows. A pesar de que el grupo nunca fue muy conocido en los Estados Unidos, también Frank Zappa lo cita como principal influencia en su primer álbum “Mothers of Invention”, y Carlos Santana en sus primeros años usaba el apodo de “Apache”, una de las primeras canciones que había aprendido a tocar.  Hank Marvin no solo era un virtuoso sino un creador de sonido. Era el hombre tranquilo, pulcra vestimenta, con grandes gafas, una especie de “anti-héroe, sobre todo para aquellos que creen que para ser una figura del rock se debe tener un aspecto llamativo y un comportamiento estrambótico.

The Shadows en directo durante una actuación en su gira del año 2003

Una de las características de la música de The Shadows es que no tiene fecha de caducidad. Si se quiere entender el avance de la música, “Apache” es un clásico obligatorio. Un auténtico icono del rock instrumental, una pieza única de su historia.


Uso y abuso de los tópicos

mayo 17, 2012

Un tópico es una frase que suele hacer referencia a algo trivial. A veces de tanto usarlo pierde su valor intrínseco. Hay quien considera a los tópicos como un vicio recurrente por quien dispone de pocos recursos para reafirmar una conversación. Se suelen emplear en el mundo de la política para disimular una verdad o bien dar énfasis a una idea. Otra acepción de la palabra tópico, de la que no vamos a hablar, es su aplicación externa y local como medicamento.

Si de pronto nos encontramos con alguien que dice “respeto tus ideas, pero no las comparto” o “solo cumplo con mi deber”, ¿a que nos suena? Seguro que más de uno dirá que no son más que tópicos. En nuestra vida cotidiana hay muchos, más de los que pensamos. Algunos, los menos, nos sirven para evitar explicaciones, pero hay otros, los más, que suponen un ahorro… de pensar por cuenta propia, de renunciar a cualquier actuación crítica. Ante la posibilidad de ser rechazados por el grupo, incluso de ser mirados con mala cara, preferimos no manifestar nuestra opinión. Es mucho más fácil que hablar por nosotros mismos. Podemos decir que los tópicos son parte de lo que se considera un pensamiento moral y políticamente correcto.

Los políticos son sobre todo muy dados a aplicar eufemismos; no son tópicos exactamente pero tienen que ver bastante. Eufemismo significa “hablar bien”, viene del griego, del verbo “femi”= decir y “eu”= bien. Un eufemismo es, por ejemplo, en vez de “mierda”, con perdón de la expresión, decir defecación o excrementos. El eufemismo maquilla la realidad, el tópico, aunque también la puede disimular, traduce de manera resumida lo que son las grandes creencias dominantes. Cuando alguien dice “no siento miedo, sino solo respeto” se expresa así no porque no tenga miedo, sino que al decirlo con el equivalente a “le respeto mucho”, no en sentido moral y estricto, lo hace para encubrir algo que no se sabe por qué razón se quiere ocultar, cuando es totalmente lícito tener miedo de algo o de alguien. Parece como que estamos obligados a tener respeto a “todo”, y la verdad es que hay cosas que no son respetables.

¿Tiene sentido tener respeto a todas las opiniones, todo lo que se dice, todo lo que vemos, todo lo que escuchamos,…? En cuanto a las opiniones se puede faltar el respeto a todas. A pesar de las barbaridades que pueda decir o hacer, lo único respetable es el ser humano, aunque habría que aclararle “usted me parece respetable, pero su opinión o lo que acaba de manifestar no lo es, es una mamarrachada”. Sin embargo, ¿por qué esa actitud de respeto a todo? Una de las causas, no todas, puede estar en la educación recibida; hace tiempo de ideas tan rígidas que se imponían por decreto, puro dogmatismo, mientras que ahora hemos pasado al extremo opuesto de golpe. Ahora lo respetamos todo y no debe ser así si lo que se nos propone es una estupidez. Es como el movimiento del péndulo: o en un extremo o en el otro. Estamos inmersos en una situación de puro relativismo o nihilismo, incluso de puro desprecio, de las creencias de las personas. Hoy una persona con convicciones es vista a veces como un ser al que se trata con desdén, de forma mezquina. ¡¡Hasta ahí hemos llegado!! Si tenemos convicciones no es posible respetar aquello que atenta contra ellas. En sentido riguroso, las ideas no están para ser respetadas, están para ser discutidas, para ser enfrentadas unas con otras, porque así lo harán nuestras opiniones y no nosotros. Además, de la confrontación de ideas surgirán otras y la Humanidad seguirá avanzando. En caso contrario, quedaremos estancados.

Durante una discusión, uno de los clásicos tópicos que usamos para comprobar el efecto de nuestras palabras es: “… pero no vas a intentar encima convencerme”. Ante esta respuesta, uno se queda pasmado al ver como su interlocutor desliza la frase “no pretenderás imponerme tus ideas”, en vez de de razonar o argumentar sobre las ideas del otro. Suponer que cualquier argumento, oposición lógica, retórica o razonable, significa un enfrentamiento personal es un disparate o una incoherencia. No estamos dispuestos a reconocer la razón sea quien sea quien la tenga; estamos afirmando que no queremos escuchar. Cada uno con sus ideas y… tan amigos. Algo triste porque elegimos la no comunicación y no la confrontación de ideas.

Mucha gente para defenderse no sabe más que recurrir a los tópicos. ¡¡Una verdadera pena!! Lo peor es que además se transmite como un mantra a través de prensa, radio, tv, etc. ¡¡Todos nos refugiamos en los tópicos!! Por eso es tan importante el papel que cumplen las revistas de humor que con su sátira ayudan a desmontar y a reírse de los tópicos y sus convencionalismos tradicionales que solo sirven para encorsetar la vida. Como decía el genial humorista Mingote: “¡¡Qué época de tópicos aquélla, Dios mío!!, refiriéndose a un tiempo no tan lejano de tópicos patrióticos, religiosos, literarios, históricos,….. Grandes humoristas como los de la revista “La Codorniz” deshacían los tópicos con recursos estilísticos llenos de metáforas irracionales y diálogos incongruentes a los que censores, que ahora también existen de forma mucho más sibilina, no eran capaces de poner coto. No había lugar al desfallecimiento, la misión era destruir el tópico y la rutina. Un tópico, aunque sea tonto, repetido de continuo ante miles y miles de personas hace mucho más daño que en cualquier otro tipo de foro. Lo mismo sucede cuando un profesor lo repite a menudo en clase. tiene mayor responsabilidad que si se hace en una discusión entre amigos.

En la actual situación de crisis, no solo económica sino también política y de otros ámbitos, se escuchan tantas frases de de continuo, de forma machacona, que no sabemos si de tanto repetirlas acabarán siendo tópicos. Una muy frecuente es: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Esperemos que no sea así. No debería, ni siquiera como expectativa, pero… Es una expresión que hemos oído siempre, a nuestros padres, a nuestros amigos,… No se puede considerar un tópico en sí, aunque tiene su fundamento. Si hacemos referencia a las posibilidades económicas no parece rechazable sino que es muy razonable.

Uno de los tópicos más tópicos en el ámbito político es “ese discurso no vende nada”, esa idea no vende demasiado. Está asumido no solo por los partidos políticos sino por todo el mundo, estamos diciendo que una cosa será buena o no en la medida que venda, algo muy negativo porque las cosas que tienen que ver con el bien común no pueden estar nunca en venta.

Un tópico tampoco es un refrán. Éste tiene un peso adquirido a lo largo de la historia mientras que un tópico solo está vigente en un momento determinado de la sociedad. Los tópicos, en general, impiden a propósito profundizar sobre lo que se habla. Es una de sus funciones principales, su respuesta nos permite “descansar” ante lo que los demás nos dicen. No hay más que hacer la prueba. Si en una reunión de amigos preguntamos sobre algo referente a otra persona, y añadimos la “coletilla” ¿qué os parece?, no será raro oír: “está en su derecho”. Con esta respuesta, estamos contestando que no vamos a entrar en algo de lo dicho por esa persona, lo estamos desviando a un problema puramente “penal” para que salga de la conversación. Pero no es eso, se trata discutir entre todos un asunto que no es penal, sino moral, de costumbres ….. Si decimos “está en su derecho” lo estamos reduciendo a un termino “jurídico”, es posible que mínimo, obviando lo más importante. Ocurre igual cuando en ese mismo grupo de amigos empleamos el término de “una persona muy legal”, otro tópico más, para hablar de una persona sensata, equilibrada, etc.

Hay quien defiende a los tópicos como que solo son una cuestión de palabras. Ni mucho menos. Las palabras crean emociones, deseos,… que desembocan en acciones de conducta. Es muy importante debatir, discutir. No es lo mismo decir que comentar. Muchas veces usamos este último verbo de forma degradante. Decimos “ya le he comentado….” cuando lo correcto es “le he dicho…” Hemos perdido capacidad de lenguaje, y en este caso una de las razones es porque el verbo “comentar” compromete menos que el verbo “decir”. Así, cuando subrayamos: ¡¡esto es un puro comentario!!, adquirimos un grado de mucho menor compromiso. O cuando decimos: “no, no, yo no digo nada, simplemente te comento” Parece no tener importancia, o que somos en exceso tiquismiquis, pero no es así: las palabras tienen un significado y si las cambiamos lo hacemos también con las ideas que intentamos transmitir. La realidad es que…. “no nos comprometemos con aquello que… comentamos”.

Sin saberlo, tenemos tantos tópicos que nos darían para escribir un libro, como el publicado por Aurelio Arteta, profesor de Filosofía de la Universidad del País Vasco, “Tantos tontos tópicos”. Están tan arraigados que la gente no acaba de entender que haya tantos “tontos”, en especial los morales y políticos. En este libro figuran algunas expresiones muy comunes que por su efecto perverso Arteta cree que hay que poner bajo sospecha, como: “No es nada personal”, “Estoy en mi perfecto derecho”, “No tengo madera de héroe”, “Todas las opiniones son respetables” Piensa que muchas de estas expresiones se usan casi de forma automática sin valorar lo que se está diciendo. Son más peligrosos porque son “prácticos” y pretenden transformar la conducta individual o colectiva.

La realidad es que los tópicos son comodines verbales. En cierta manera no son más que prejuicios, expresiones cotidianas de lo que está vigente, sea bueno o no, que pueden causar bastante daño. Si desde un punto de vista político, familiar, etc., decimos “al enemigo ni agua” estamos afirmando que el enemigo, solo por serlo, es malo, y por tanto no puede tener razón. “Lo he oído muchas veces”, es otro ejemplo más cuando las personas no quieren o no se atreven a juzgar por miedo a meter la pata, por no quedar mal, o por que no se está seguro con lo que se piensa decir.

No todo es negativo en los tópicos. A veces, pocas, cumplen una función positiva porque permiten explicarnos con concreción. Pero ¡¡ojo!!, aunque estos casos son los menos, una misma frase puede tener también significados distintos lo que echaría por tierra nuestra mejor opinión. Los tópicos no son verdades absolutas, al contrario en ocasiones significan cosas literalmente falsas, auténticas burradas. Hay muchos tópicos en apariencia inofensivos que envuelven visiones dañinas de cosas tan importantes como la vejez, el cuerpo, la imagen, la igualdad,…. Un tópico es una frase que a fuerza de repetirla todo el mundo da por buena. Están tan arraigados que son muy difíciles de superar. No son nada originales, pero nos permiten estar a bien con el grupo, congraciarnos con la mayoría y aceptar lo que está mandado. Nos servimos de los tópicos para no quedarnos solos y poder vivir en paz.

¿Qué podemos hacer para cambiar esto? Solo una cosa: pensar


Un truco aritmético o como aprender jugando

mayo 10, 2012

Yákov Perelmán es uno de los fundadores del género de la ciencia popular, y también un gran divulgador de la Física, las Matemáticas y la Astronomía. En 1899 inicia su carrera de escritor con el ensayo “En espera de la lluvia de fuego” que trata sobre la lluvia de estrellas conocida como “Leónidas”. En 1913 comienza su contacto con la Ciencia a nivel popular presentando el libro “Física Recreativa”. A partir de ahí se suceden una serie de textos de gran éxito por su sencillez. En 1914 publica un capítulo adicional a la novela de Julio Verne “De la Tierra a la Luna” titulado “El desayuno en una cocina ingrávida” que incorpora más tarde a su ya famosa serie sobre “Física”. Su carrera posterior como escritor, profesor y divulgador científico ha sido reconocida por los más variados estamentos. Durante la invasión de las fuerzas del Tercer Reich alemán a la Unión Soviética en 1941, en la conocida Operación Barbarroja, trabajó para el ejército como profesor. Daba charlas de como orientarse sobre el terreno sin dispositivos ni aparatos, algo que luego sería muy útil en las operaciones militares. No pudo estar mucho tiempo en estas tareas, el intenso frío de Leningrado le hizo desistir a los pocos meses, muriendo poco después, en 1942, víctima de desnutrición.

Yákov Perelmán era un fiel defensor de resolver los problemas matemáticos como si se tratase de un juego. A veces, cuando nos plantean un problema sencillo, ni siquiera lo intentamos. Nos preguntan el por qué y casi siempre buscamos como excusa que las Matemáticas son algo que tenemos olvidado o que nuestros conocimientos son pocos. Perelmán no piensa así, su idea es que cualquiera puede disfrutar con solo las cuatro reglas aritméticas y nociones básicas de geometría. No se necesita un gran saber, solo se requiere una mente abierta para aprender. Sin olvidar por supuesto que los problemas en apariencia sencillos son los que suele llevar… peor intención.

Como adelanto, pongamos un ejemplo aritmético muy sencillo:

La persona que llevaba la voz cantante del grupo propuso el siguiente acertijo:

- Me toca hablar el último. A fin de que haya mayor variedad, presentaré un truco aritmético con el ruego de que descubran el secreto que encierra. Que cualquiera de los presentes, usted mismo, presidente, escriba en un papel un número de tres cifras, sin que yo lo vea.

- ¿El número puede tener ceros?
- No pongo limitación alguna. Cualquier número de tres cifras, el que deseen.
- Ya lo he escrito. ¿Qué más?

- A continuación de ese mismo número, escríbalo otra vez por detrás, a su derecha, y obtendrá una cantidad de seis cifras.
- Ya está.

- Déle el papel al compañero más alejado de mí, y que este último divida por siete la cantidad obtenida.
- ¡Qué fácil es decir divídalo por siete! A lo mejor no se divide exactamente.
- No se apure; se divide sin dejar residuo.
- No sabe usted qué número es, y asegura que se divide exactamente.
- Haga primero la división y luego hablaremos.
- Ha tenido usted la suerte de que se dividiera.

- Entregue el cociente a su vecino, sin que yo me entere de cuál es, y que él lo divida por 11.
- ¿Piensa usted que va a tener otra vez suerte, y que va a dividirse?
- Haga, haga la división; no quedará residuo.
- En efecto, ¡no hay residuo! ¿Ahora, qué más?

- Pase el resultado a otro. Vamos a dividirlo por… 13.
- No ha elegido bien. Son pocos los números que se dividen exactamente por 13… ¡Oh, la división es exacta! ¡Qué suerte tiene usted!
- Déme el papel con el resultado, pero dóblelo de modo que no pueda ver el número.

Sin desdoblar la hoja de papel, el prestidigitador la entregó al presidente.

- Ahí tiene el número que usted había pensado. ¿Es ése?
- ¡El mismo!, contestó admirado, mirando el papel. Precisamente es el que yo había pensado…

Son trucos viejos; hasta es posible que se conozcan, pero no todos saben en qué se basan. Son muy sencillos. El ejemplo es válido para cualquier número de 3 cifras; pondré el primero que me viene a la mente para que se vea la secuencia de operaciones:

- Número por mí elegido: 112
- Le agrego por detrás el número dado= 112112
- Divido por 7= 16016
- Divido por 11= 1456
- Divido por 13= 112, que es el mismo número que seleccioné de partida

¿Dónde está el truco y por qué? La solución en un próximo post.


La disciplina en la educación

mayo 3, 2012

Hace tiempo que el debate está en la calle: es necesario un cambio en la educación. No en los métodos de aprendizaje, sino más bien en la disciplina. La pregunta que flota en el ambiente es si no habremos pasado de un extremo al contrario, de la mano dura a tratar a los alumnos con demasiado guante de seda. Parece que el efecto provocado ha sido perjudicial para todos, para los propios alumnos y también para los profesores.

Cada vez se oyen más voces que dicen: ¡¡hay que regresar a la disciplina!! Son muchos los padres que exigen un regreso a la educación en la que ser profesor era sinónimo de autoridad. La pérdida de valoración del “maestro” es una de las causas principales de la degradación del actual sistema educativo. Por eso es tan importante reforzar la autoridad del profesor, hace tiempo perdida y nunca recuperada.

Por desgracia, abundan las noticias sobre profesores maltratados por sus alumnos, incluso por unos padres que conocen muy bien sus derechos pero parecen olvidar sus deberes. Hemos llegado a extremos en que al alumno no se le puede levantar la voz, o a ser expulsado de clase, salvo que un “tribunal” del centro así lo acuerde ante una falta muy grave. Da lo mismo que sea un vago o no, sabe que el sistema le permite pasar de curso sin apenas esfuerzo, y…. así sucesivamente. Una actitud que contagia a muchos de sus compañeros. Resultado: todos iguales en una gran ignorancia.

Las distintas reformas educativas han degenerado en un mal entendido principio de la autoridad del profesor, por miedo a confundir ésta con represión, y así nos va. Todo “maestro” requiere que se le reconozca la “auctoritas” porque en caso contrario se deterioran la enseñanza y el aprendizaje. La autoridad es el paso siguiente al respeto. Si un alumno no respeta a sus padres es difícil que lo haga con su profesor. Es más, si las familias tampoco lo hacen, no se lo podrán exigir luego a sus hijos. Un problema que no tiene una única causa. Se necesita un cambio profundo en la sociedad y en nuestra escala actual de valores. Se requiere una solución global a algo que en las últimas décadas ha sufrido grandes cambios estructurales difíciles de digerir a tiempo.

El papel del profesor ha sufrido un deterioro sistemático. Es cierto que, como el médico, tiene una autoridad teórica pero hoy es muy difícil de poner en práctica. Está claro que si no seguimos sus instrucciones no aprendemos, lo mismo que en el caso del médico no curamos. Sin embargo, esta autoridad está cuestionada en una de sus facetas más importantes: la disciplina. Se ha ido perdiendo hasta el punto que las reglas en muchos colegios se cumplen de manera lasa, incluso se desafían, lo que obliga a los profesores a perder mucho tiempo en su reconducción que no siempre se consigue. Una actitud que no es nueva, que siendo hasta comprensible entre los alumnos, no lo es tanto cuando viene apoyada por unos padres que muchas veces se presentan en los colegios a cuestionar o a intentar desacreditar la autoridad del profesor. No se dan cuenta que, desde el momento en que se intentan desactivar la disciplina o las reglas de una buena educación, las consecuencias pueden ser mucho peores. La familia es muy importante para corregir las faltas de disciplina. El respeto a la autoridad del profesor se aprende y se pierde en casa

Pero,… ¿qué es lo que falla? Según el profesor José Luis García Garrido, catedrático de Educación de la UNED, “es el ambiente socioeducativo de las familias, que no están por mojarse, están por delegar la educación de sus hijos”. Se ha producido una “beatificación del hijo”, “una concesión tácita a su voluntad”, “hay una especie de rendición de los padres”. La solución pasa, entre otras, por “verdaderas políticas educativas familiares” y por medidas sociales enfocadas a la conciliación de la vida laboral y familiar. No debemos olvidar que entre los cambios habidos en los últimos 30 años en nuestra sociedad, uno de los más importantes son las largas jornadas laborales de los padres que, sin apenas tiempo para estar con sus hijos, al final conducen a una cierta desatención de sus deberes y obligaciones. El niño, al estar más solo, ve como durante su jornada escolar puede “campar a sus anchas”. Nota que es “el rey de la casa”, al que poco se le puede cuestionar. Aunque las explicaciones de los hijos sean absurdas, es mucho más fácil cuestionar al profesor. Se ha pasado de una situación en la que nunca se cuestionaba al “maestro” al extremo contrario en que los padres “no le quitan la razón al niño”. Todo ello, unido a la política del “buenismo” practicada por algunos gobernantes, “ninguneo” de los profesores incluido, han conducido a una situación de franco deterioro en la autoridad de los docentes.

¿Se necesita más disciplina en las aulas? Es un debate de fuertes controversias y que requiere una pronta solución. No es un problema exclusivo de nuestra sociedad, pero es la que nos importa. En el Reino Unido, por ejemplo, llevan también tiempo en busca de soluciones. Allí, algunas voces extremas, no muchas por fortuna, son partidarias de un regreso a la dura disciplina, incluso a autorizar los castigos corporales de tan mala imagen en películas que hemos visto sobre los internados de élite. Descartados los pescozones, pellizcos y tirones de oreja de tan lejano recuerdo: ¿cómo se puede enderezar la disciplina en las clases? En una reciente entrevista para la revista dominical Magazine de “El Mundo”, Elaine Blaines, directora del King’s College, colegio británico de Madrid para alumnos entre 2 y 18 años, habla sobre la versión actual de la reputada educación inglesa. “Empieza a los tres años, e insistimos mucho en el respeto a profesores y compañeros y en las buenas maneras: esperar en silencio, no gritar, levantar la mano para hablar, no empujar, ceder el paso, decir buenos días,.… Cuando son mayores, esperamos que esos hábitos estén asumidos”. Blaus fue profesora en la escuela pública británica y su experiencia le hace apoyar castigos más duros que devuelvan la autoridad al profesor. “Creo que pueden resolver situaciones difíciles. Los castigos más duros cambian los comportamientos, y lo que es más importante resultan un ejemplo para el resto de la clase”, defiende. Otra de sus directrices es que al menor problema se acude a los padres del alumno con problemas. Los castigos como pedir disculpas al compañero agraviado, horas extra después de clase, expulsiones por unos días en los casos más graves están del todo aceptados. Nada de copiar 100 veces “no se debe hablar en clase”, dice, “es un castigo que solo consigue deformar la letra”. “Cuando las reglas y los castigos están claros, todo el mundo sabe lo que debe hacer”.

En España es necesario reforzar la autoridad del profesor, es esencial reconocerla ante las agresiones sufridas. Se ha defendido con vehemencia la necesidad de revestir al profesor como “autoridad pública”. Sin embargo, José Luis García Garrido, profesor de la UNED, cree que por si sola no va a resolver el problema, aunque servirá para abrir el verdadero debate, y “no está mal una medida legal que ponga en guardia”. También hay que atajar de raíz conflictos menores que boicotean de continuo el desarrollo normal de las clases. Y es ahí donde tienen un papel fundamental los padres, los primeros responsables en la educación de sus hijos. 

Se necesita que todos: padres y profesores, la sociedad en su conjunto, vayan en una misma dirección. Los problemas del sistema educativo pasan por reconocer la autoridad del profesor pero también por dotarle de herramientas para enfrentarse a lo que ocurre en las aulas. Una cosa es la “autoridad pública” aplicada por el profesor como medida sancionadora  y otra muy distinta es la “autoridad verdadera” que se basa no solo en órdenes, sino en la confianza que los alumnos le otorgan por sus valores, méritos y conducta. La autoridad también que hay que ganársela día a día. Ahora bien, medidas como la reciente impuesta, entre otras, por la Comunidad de Madrid y la Generalitat de Cataluña, harán que los padres o alumnos se lo piensen dos veces antes de agredir a un profesor.

Según la OCDE, España se encuentra entre los países europeos con más problemas de disciplina en sus aulas. Algunas de las propuestas hechas por los especialistas educativos requieren profesores con más autoridad, y medidas sociales que hagan que la familia sea, de nuevo, un punto clave en la educación de los hijos. Inciden en que no se debe permitir que la autoridad derive en autoritarismo y estar siempre muy vigilantes. Algo esencial en cualquier modelo educativo es no sobrepasar los límites de actuación marcados. En cualquier caso, hay que reconducir la situación hacia un mayor respeto y reconocimiento de los profesores.



El enigma de la Santa Espina. Fernando de Artacho

abril 26, 2012

Una sorpresa muy agradable. Eso ha sido descubrir a Fernando de Artacho, un escritor al que no conocía. Hacía mucho que no encontraba una novela con descripciones tan ricas y precisas, y al mismo tiempo tan entretenida, como “El enigma de la Santa Espina”. Es una delicia ver como nos lleva por vivencias, lugares y situaciones, invitándonos a disfrutar de la atmósfera que rodea a los personajes sin que el aburrimiento aparezca. Con una parte histórica descrita de forma rigurosa, nos sitúa en los años de la acción sin esfuerzo, imaginando cada rincón sin perder ningún detalle. Es realmente brillante.

Para documentarse, a Fernando de Artacho le sirvieron de gran ayuda sus estudios de Genealogía y Heráldica. A pesar de tratarse de una trama ficticia, el ambiente, incluso alguno de los personajes, es real. Una historia que mezcla aventureros, militares y espadachines, con amor, viajes e intrigas, en un mundo inescrutable de misterios y secretos de la ciudad de Sevilla y su río Guadalquivir, en esa época puerto de Europa y de Indias. Amores, aventuras y batallas de una sociedad donde se mueven grandes aristócratas y caballeros hidalgos escasos de fortuna, ricos comerciantes y pobres que mendigan por las calles, son la base de este relato vibrante. Una aventura que comienza en Segovia, con un extenso recorrido por las tierras de la Peña de Alájar, cerca de Aracena, Toledo, Valencia, Mallorca, Nápoles y Roma, y con Sevilla, centro de aquel mundo de ensueño, siempre al fondo.

Un ejemplo de la capacidad narrativa de Fernando de Artacho son las escenas de la batalla naval entre los piratas berberiscos y la nave que desplaza a los buscadores de la medalla de la Santa Espina hasta Roma. Desgrana el teatro de la contienda de forma tan minuciosa, con tal amplitud de miras, que “obliga” a recrearte en las mil y una peripecias donde el ritmo trepidante, la emoción y el deseo de conocer el desenlace te impide dejar su lectura.

Sinopsis
La muerte en extrañas circunstancias del rector del Colegio Universitario de Sevilla revela la existencia de tres reliquias, una verdadera y dos falsificaciones idénticas, a las que se atribuye el poder de proporcionar a su poseedor éxitos, riquezas y honores sin límite. El jesuita Gonzalo de Ayala, acompañado de dos militares curtidos en los Tercios de Flandes, recibe el encargo de reunir las reliquias, diseminadas por España e Italia, y devolverlas a la Iglesia. Pero otros grupos al servicio de oscuros intereses también están dispuestos a todo por hacerse con ellas. El enigma de la Santa Espina es un emocionante relato de misterio y aventuras ambientada en la España de principios del siglo XVII.

Dársena de Nápoles siglo XVII, obra de G. Vanvitelli

Una Sevilla del siglo XVII muy bien reflejada en el artículo:
“El hampa sevillana en La Edad Media”, del que extraemos unos párrafos que sirven para encajar a alguno de los personajes de la novela:

En la España del siglo XVII, muchas personas vivían al margen de la ley dedicadas al crimen, el fraude o la prostitución. Podía encontrárselos en todas las partes y ciudades, pero fue en Sevilla donde alcanzaron más notoriedad. La capital andaluza que hasta entrado el siglo XVII fue el boyante centro del comercio con las Indias, aparecía como un foco de atracción y refugio de maleantes.

Se la llamaba Nínive, Babilonia, El Cairo, y también Guzmán de Alfarache, protagonista de la novela del mismo título escrita por Mateo Alemán, que la describió como la mejor tierra del mundo. “Es patria común, dehesa franca, nudo ciego, globo sin fin, madre de huérfanos y capa de pecadores, donde todo es necesidad y ninguno la tiene”.

La gente de mala vida constituía casi una raza en medio de la población, una comunidad aparte con sus propias normas y costumbres. A sus miembros se les daba el nombre de Hampa, en el sentido de la vida maleante, vida holgazana, escoria, o bien de germanía, término derivado de “hermandad”. Un rasgo característico de las comunidades de maleantes de la época era la posesión de un lenguaje específico o jerigonza, la “lengua de Germanía”. Su habla es uno de los patrimonios más importantes del Siglo de Oro, expresión de un submundo singular y muy bien organizado.

Las asociaciones delictivas se dedicaban a múltiples actividades, desde la prostitución hasta el robo o los asesinatos a sueldo. Había jerarquías y niveles por los que se podía ascender desde el puesto más bajo hasta el más elevado. Cada nivel o grado tenía sus tareas determinadas, sus deberes y sus derechos, y para pasar de un escalón a otro era preciso cumplir ciertas condiciones.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI, obra de Alonso Sánchez Coello, pintor de cámara de Felipe II. A través del río Guadalquivir llegaba la Flota de Indias, galeones que conectaban a la ciudad con los virreinatos americanos

En Sevilla los jóvenes pícaros se iniciaban en las cercanías del puerto, donde trabajaban como porteadores de las mercancías llegadas de las Indias. El uso de las armas confería una categoría más elevada. Era éste el grupo de los valentones, encargados del trabajo sucio. Entre ellos destacaban los espadachines, término que en un diccionario de la época se define como el valentón que anda con su espada levantada, la punta en alto y el brazo izquierdo puesto sobre ella, que es amigo de pendencias, y cuyo trato es propio de rufián o de matasiete. En un estadio superior estaban los jaques y los jayanes, a los que se respetaba por ser superiores a todos los demás. Solían ser rufianes ya retirados que se ocupaban en velar por el cumplimiento de las normas que regían esta particular sociedad, y otorgaban ayudas y favores a los necesitados o a los que estaban en apuros.

Los ladrones tenían una organización autónoma. Contaban con un jefe máximo, prior, bajo el que se encontraban personajes de menor categoría, los cónsules, rufianes o valentones de cierto nivel. Llegaron a ser dueños de ciertas mancebías y socios de algunas personas de la nobleza. Todo lo robado se guardaba en un arca de tres llaves, que constituía el fondo común con el que sobornaban a alguaciles y escribanos, y lo necesario para el gasto diario de los cofrades.

Fernando de Artacho es un escritor sevillano, licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y doctorado en Historia, ganador en el año 2007 del I Premio Ateneo de Novela Histórica con la obra “La gubia del alumbrado”. Además de “El enigma de la Santa Espina”, finalista del XXXVII Premio Ateneo de Sevilla, ha publicado varios libros entre los que destacan “Manuscrito sevillano” y “Los Caballeros Veinticuatro del Puerto de Santa María”’. Quizás influido por sus estudios de abogacía, sus obras se caracterizan por la minuciosidad con que trabaja los acontecimientos históricos. Es también un asiduo colaborador en revistas especializadas y medios de comunicación escritos.

“El enigma de la Santa Espina” es una novela de aventuras, emocionante, entretenida, ambientada con gran rigor en la España del siglo XVII y muy fácil de leer. Lo ideal para pasar un buen rato.


Canciones con historia: “Los sonidos del silencio”. Simon y Garfunkel

abril 19, 2012

Simon & Garfunkel es quizás el dúo más importante de la música folk rock de los años 60. Canciones inolvidables como “Los sonidos del silencio”- (“The sounds of silence”), “Puente sobre aguas turbulentas”, “Mrs. Robinson”, “The boxer”, “El cóndor pasa” (una de las mejores versiones que se conocen de la tradicional canción andina), “Cecilia”,… pasarán a la historia. Si he elegido “Los sonidos del silencio” no solo es por la gran popularidad que alcanzó en España, sino también por su historia, un poco rocambolesca, que demuestra como la casualidad a veces se encuentra en el camino hacia el éxito.

Paul Simon y Art Garfunkel se conocieron en sus años escolares, e incluso llegan a grabar un disco. Al iniciar sus estudios universitarios se separan, y Simon se va a Londres a cursar la carrera de abogado y Garfunkel a la Universidad de Columbia a intentar licenciarse en Matemáticas. En el año 1964, Simon, aburrido de los estudios, decide regresar a los Estados Unidos, se vuelve a encontrar con su amigo, y en el mes de octubre tienen la suerte de grabar con la poderosa firma CBS su primer LP “Wednesday morning 3 A.M.”. El álbum, de excelente calidad, no tuvo mucho éxito, y Simon decide continuar su carrera musical en Londres donde ya había hecho algunos pinitos durante sus estudios. Al poco tiempo, llama a su amigo Garfunkel y le convence para que le acompañe en esta nueva aventura en un país en auge musical por la gran explosión del fenómeno The Beatles, y también de The Rolling Stones, la otra gran banda emergente.

Mediado el año 1965, Tom Wilson, el productor de su primer LP “Wednesday morning 3 A.M.”, gran artífice de muchos de los éxitos de Bob Dylan y que aquel año estaba trabajando en su hit “Like a Rolling Stone”, vuelve a escuchar por casualidad su disco y se queda extasiado con una de sus canciones: “The sounds of silence”. Una canción a la que en un principio no había prestado atención y que ahora le parecía sencillamente grandiosa. Se da cuenta que combina a la perfección la armonía vocal de The Everly Brothers, auténticos ídolos de la música country y del rockabilly, con una letra que le recuerda a la más poética de su célebre estrella Bob Dylan. Sin consultarles nada, realiza por su cuenta unos pequeños arreglos, le incorpora la guitarra eléctrica, y en septiembre de 1965 la lanza de nuevo al mercado en un disco single. El éxito fue total y en muy poco tiempo llega a alcanzar el nº 1.

Recién iniciado el año 1966, Simon y Garfunkel, que seguían en Inglaterra, se enteran de su gran triunfo y retornan otra vez a USA. A partir de ahí comienza su carrera fulgurante. Editan un nuevo LP, “Sounds of Silence”, en el que incluyen de nuevo su canción, que en el año 1968 recibe otro gran espaldarazo como parte de la banda sonora de “El graduado”, una película auténtico bombazo en todo el mundo con Dustin Hoffman de protagonista. Habían logrado el cenit musical y sin duda vivieron su gran y mejor momento.

“Los sonidos del silencio” (“Sounds of silence”)

La letra de “The sounds of silence” habla sobre la falta de comunicación entre las personas. Al haber sido escrita poco después del asesinato del presidente Kennedy, se quiso ver un intento de plasmar el sentimiento popular. Más tarde fueron muchos los que le pusieron un significado según el lugar y el momento. Hay quien afirma que, en la película “El Graduado”, la letra hace referencia al “silencio” en el que se esconden algunos personajes por miedo a hablar y no ser honestos consigo mismos, ni con los que les rodean. Un silencio que se puede también trasladar a nuestro modo de vida actual, un “silencio” típico de las grandes ciudades donde cada uno va ensimismado en sus propios pensamientos. Cada vez nuestras conversaciones son más superfluas, oímos pero no escuchamos. Aunque en ningún momento hace referencia a la guerra del Vietnam también hubo quien consideró que era un canto contra la guerra. La realidad es que el único motivo lo dejó muy claro Paul Simon desde el principio. En una entrevista decía que la clave estaba en su melodía, muy simple, y en las palabras, dirigidas al público juvenil.

Su inclusión en la banda sonora de la película “El graduado” (“The Graduate”) fue también un poco por casualidad. El director, Mick Nichols, en un principio no estaba muy conforme y había tomado la decisión de reemplazarla, pero a medida que se iba desarrollando la trama se dio cuenta que era la canción perfecta para trasmitir sus ideas. Entonces les llamó para que crearan la banda completa. El primer tema que Paul compuso fue “Mrs. Roosevelt” y se lo entregó a Nichols, quien al oírlo le entusiasmó porque reflejaba muy bien la personalidad de la protagonista principal. Solo le cambió el título por “Mrs. Robinson”, el nombre de su personaje en la cinta. Una gran canción a la que añadieron otros como “Feria de Scarborough”, “‘April Come She Will’”,… que hacen de esta banda sonora una de las más reconocidas de todos los tiempos.

La historia musical de Simón & Garfunkel, como muchas otras de la década de los 60, se inició en los certámenes de promoción que se hacía en los colegios. Una de las primeras canciones que grabaron fue “Hey, schoolgirl” (Hey, chica del colegio). Ambos, con afinidades musicales comunes, deciden formar un dúo y eligen el nombre artístico de Tom y Jerry, seudónimos de Jerry Landis (Simon) y Tom Graph (Garfunkel), no muy afortunado, que les dura muy poco por las continuas referencias a los célebres personajes de Walt Disney. Simón era el artífice de las letras, si bien Garfunkel también destacó en esta faceta mucho años más tarde. Les fue bien durante un tiempo, llegando a actuar en el show televisivo de Dick Clark, muy conocido entonces. Su carrera posterior no fue fácil ni sencilla. Era el año 1956, la explosión del rock and roll, ni más ni menos, y muchos  artistas adolescentes aparecían y desaparecían con rapidez. No duraron mucho y tuvieron que seguir con sus estudios universitarios. Hasta el año 1964 en que Simon regresa de Inglaterra e inician la gran historia de su canción “The sounds of silence” que acabamos de contar.

Por fortuna, lo mejor de su historia musical no quedó ahí. En el año 1970 entran en su etapa más creativa con “Bridge over troubled water” (“Puente sobre aguas turbulentas”), su otro gran boom. Un álbum que arrasó en ventas en EEUU y en el Reino Unido y en el que cada uno de sus once temas era una joya musical (además del ya citado, estaban “Cecilia”, “El cóndor pasa”, “The boxer”, “Bye, bye, love”, “El único muchacho que vive en Nueva York”…..). Un disco que debía contener doce canciones y al final se quedó solo en once a causa una discusión: Simon quería incluir un tema sobre Cuba y Garfunkel se opuso a reflejar en su música cuestión política alguna. Fue el prólogo de su separación posterior que se produjo de manera oficial, ya no trabajaban juntos desde hacía tiempo, en el año 1972 con un álbum en el que editaron sus grandes éxitos (Greatest Hits).

A partir de entonces Paul Simon inicia una brillante carrera como solista, lo mismo que Artemio Garfunkel, aunque éste con menos éxito. No se vuelven a reunir hasta el mes de septiembre de 1981 en un concierto extraordinario celebrado en Central Park de Nueva York donde concentran a más de medio millón de personas. Su siguiente aparición pública no fue hasta el 1990. Luego, realizan actuaciones muy puntuales hasta 1993, año en que ofrecen 21 conciertos en Nueva York de los que la mitad son actuaciones de Paul Simon en solitario y el resto con Garfunkel formando dúo. También actúan para la obra de beneficencia de Neil Young, Bridge School Benefit. No se vuelven a encontrar hasta diez años más tarde para recoger los premios Grammys en reconocimiento a su trayectoria, gala que fue presentada por Dustin Hoffman, gran protagonista de “El Graduado”. En la ceremonia de apertura interpretaron “The sounds of silence”. Era el momento de la preparación de la guerra de Irak, y se pudo interpretar que tenía una motivación política, pero esta vez Paul Simon, escaldado ya de sus antiguas trifulcas con Garfunkel, lo negó enseguida. Dijo que lo hacían porque había sido su primer gran éxito y se la debían a su público. 

Al final una reflexión: la casualidad en la música también existe. Si Tom Wilson no hubiera revisado y editado de nuevo la canción “The sounds of silence”, Simon & Garfunkel, hubieran seguido por caminos separados. No fue así para beneficio de todos los amantes de la música.


El lenguaje simbólico, la metáfora de la rana hervida

abril 12, 2012

El lenguaje simbólico ayuda mucho a transmitir ideas, sobre todo si se apela a métodos sencillos fáciles de entender. Precisamente la simpleza es una de sus ventajas, si se opta por lo complejo pierde su principal función. Basta recordar las alegorías de Platón, las fábulas de La Fontaine, o los cuentos populares para darnos cuenta de su importancia.

En esa línea, Olivier Clerc, en su obra más conocida: “La rana que no sabía que estaba hervida”, nos invita  a una reflexión acerca del modo de vida actual y sus posibles consecuencias.

RESUMEN FÁBULA
Una cacerola llena de agua fría en la que una pequeña rana está nadando.
Se enciende un pequeño fuego que va calentando el agua lentamente.

Poco a poco, el agua se va poniendo tibia.
La rana encuentra la situación muy agradable y sigue nadando muy a gusto.

La temperatura del agua va subiendo…, empieza a estar caliente,…. bastante caliente.
La rana ya no goza como antes, se siente un poco cansada, pero no por eso se asusta.

La temperatura sigue subiendo…. cada vez más…., está muy caliente.
La rana comienza a encontrar la situación desagradable, pero está tan débil que decide seguir aguantando sin hacer nada.

La temperatura continúa subiendo aún más, mucho más,….
Hasta que llega un momento en que la rana termina….. cocinándose y muriendo.

CONCLUSIONES
Olivier Clerc pretende transmitir que cuando un cambio se realiza de forma lenta escapa a la conciencia, y la mayoría de las veces no provoca respuesta por nuestra parte, hasta que….. o bien se reacciona cuando aún se está a tiempo o no tienen remedio sus consecuencias.

Si una rana salta a una olla de agua hirviendo, sale enseguida porque siente el peligro. Pero si lo hace a una olla con agua tibia que se calienta lentamente, se queda dentro y no se mueve. Seguirá ahí, aunque la temperatura siga subiendo y subiendo. Se quedará ahí hasta ser rescatada o… muerta.
¡¡Es muy importante rescatar a la rana antes de que sea demasiado tarde!!

Parábola de la rana hirviendo y Al Gore

“La rana que no sabía que estaba hervida” es una fábula rica en enseñanzas que se puede utilizar en los más variados contextos. Muestra como un deterioro, si es lento, pasa inadvertido sin suscitar reacción alguna la mayoría de las veces. Fue utilizada por Al Gore, vicepresidente de EEUU con Bill Clinton, en su famoso documental “Una verdad incómoda”- (“An Inconvenient Truth) que trata sobre la degradación del planeta y nos pone en alerta sobre un posible cambio climático irreversible. En una de sus secuencias hace referencia al “síndrome de la rana hervida” (“boiled frog syndrome”) como símbolo de lo que nos puede suceder si no corregimos el calentamiento global que estamos sufriendo. Un tema que provoca fuertes discrepancias como ya hemos explicado en otro post de este blog: “Cambio climático: realidad o controversia”.

Una fábula que también nos debería servir para reflexionar sobre el como y por qué hemos llegado a la situación actual de grave crisis económica, y si aún estamos a tiempo de salir antes de estar del todo “cocidos”.  Una situación de la que todos somos responsables, sobre todo los políticos que con sus “malas prácticas”, por llamarlo de una manera suave, han “disparado” con lo que es del bien común y lo que es peor sin apenas consecuencias. Algo que el resto de ciudadanos se verán obligados a subsanar incluso a costa de su propio bienestar.

La salud es otro ejemplo al que se puede aplicar la fábula de la rana. Sabemos que se deteriora de una forma lenta, sin embargo nos acomodamos y no reaccionamos a tiempo para intentar mejorarla. Muchas enfermedades son consecuencia de nuestros malos hábitos: mala alimentación, falta de ejercicio, estrés continuado,….. y tardan años en aparecer. Nuestro organismo resiste pero no es eterno. Sin darnos cuenta los pequeños malestares van ejerciendo un efecto que consideramos “normal”, hasta que de improviso surgen patologías más profundas, a veces muy difíciles de tratar.

Algunas de las cosas que hoy consideramos “normales”, hace años habrían sido impensables; se han ido banalizando de tal manera que apenas nos preocupan o nos dejan indiferentes. El progreso es bueno, muy bueno, pero hay ocasiones que en su nombre, o en el de la ciencia, se realizan continuos ataques a las libertades individuales, a la dignidad, a la naturaleza,…. Lentamente, sí, pero implacables….. si no le ponemos pronto remedio.

Una de las pocas controversias habidas sobre la metáfora de “la rana hervida” fue acerca de si era cierto o no su mensaje; es decir, si era verdad que la rana se quedaba quieta mientras el agua se iba calentando poco a poco en la cacerola. Porque a una metáfora se le debe exigir que lo que cuente sea real. Durante un tiempo hubo opiniones para todos los gustos: para unos era una farsa, para otros no ofrecía ninguna duda. Se sabía de experimentos científicos contradictorios. Después de algunas controversias, en 1988 se resolvió que:

Si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 º/minuto la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción. Mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa.

CONCLUSIÓN: “La rana no intenta escapar si la velocidad de calentamiento del agua es suficientemente lenta”

Olivier Clerc es un escritor y filósofo francés, nacido en Ginebra en 1961. En sus obras, que incluyen disciplinas que de una u otra forma afectan a las personas, se caracteriza por usar un lenguaje sencillo con un solo objetivo: contribuir al equilibrio personal. En “La rana que no sabía que estaba hervida” plantea un problema extrapolable a cualquier ámbito: en qué medida los cambios a veces no influyen en nuestro subconsciente. O lo que es lo mismo: si los cambios se realizan de forma lenta y paulatina pueden llegar a pasar inadvertidos hasta el punto que si no actuamos con antelación nos obligan a un viaje sin retorno.

Como dice Olivier Clerc:

En nombre del progreso,
de la ciencia, y del aprovechamiento,
se efectúan continuos ataques
a las libertades individuales, a la dignidad,
a la integridad de la naturaleza,
a la belleza y a la felicidad de vivir.
Lenta, pero inexorablemente,
con la constante complicidad
de las víctimas, inconscientes,
o quizás incapaces de defenderse.

“Hoy es el MAÑANA que AYER tanto te preocupaba” es una frase que invita a no preocuparnos en exceso por aquello que no ha ocurrido y solo está en nuestra mente. Sin embargo, esta fábula es una de sus pocas excepciones, porque…. lo que parecía tan lejano AYER, pensando en el MAÑANA, sin apenas darnos cuenta ya es HOY. La diferencia está en que la frase se aplica a contextos imaginarios y en la fábula son muy reales. No conviene olvidar una de las máximas de la teoría del caos: “Hasta el suave aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán al otro lado del mundo”. Los pequeños cambios siempre preceden a los grandes. Por eso es tan importante reaccionar a tiempo y no dejarse “cocer a fuego lento”. Una fábula muy real.


Como hacer una división simple, exacta o perfecta. El reparto de los 8 panes

abril 5, 2012

Un relato más, espléndido, del libro “El hombre que calculaba”, en el que un rico Sheik (término que se aplicaba a los sabios, religiosos y personas respetables por la edad o posición social), casi muerto de hambre en el desierto, propone a Beremis y su compañero compartir los 8 panes que tenían a cambio de entregarles 8 monedas de oro en pago. El problema se presenta de improviso a la hora de hacer el reparto de las monedas, que Beremis resuelve de manera inteligente después de hacer una demostración sobre lo que llamó las tres divisiones posibles: la división simple, la división exacta y la división perfecta.

Este es el elogio que un gran Visir dirigió a “El hombre que calculaba”:

Tres días después, nos aproximábamos a una pequeña aldea –llamada Lazakka- cuando encontramos, caído en el camino, a un pobre viajero herido.
Socorrímosle y de sus labios oímos el relato de su aventura.
Llamábase Salem Nasair, y era uno de los más ricos negociantes de Bagdad. Al regresar, pocos días antes, de Basora, con una gran caravana, fue atacado por una turba de persas, nómadas del desierto. La caravana fue saqueada, pereciendo casi todos sus componentes a manos de los beduinos. Sólo se había salvado él, que era el jefe, ocultándose en la arena entre los cadáveres de sus esclavos.

Al terminar el relato de sus desgracias, nos preguntó con voz angustiosa:
- ¿Tenéis, por casualidad, musulmanes, alguna cosa para comer? ¡Estoy casi muriéndome de hambre!
- Tengo solamente tres panes –respondí.
- Yo traigo cinco –afirmó a mi lado el “Hombre que calculaba”.

- Pues bien –sugirió el Sheik-; juntemos esos panes y hagamos una sociedad única. Cuando lleguemos a Bagdad os prometo pagar con ocho monedas de oro el pan que coma.

Así hicimos, y al día siguiente, al caer la tarde, entramos en la célebre ciudad de Bagdad, la perla de Oriente.
Al atravesar una hermosa plaza, nos enfrentamos con un gran cortejo. Al frente marchaba, en brioso alazán, el poderoso Ibraim Maluf, uno de los visires del Califa en Bagdad (de los califas se decía que eran los sucesores de Mahoma y los visires eran una especie de ministros de éstos)
Al ver el Visir a Sheik Salem Nasair en nuestra compañía, gritó, haciendo parar su poderosa escolta, y le preguntó:
- ¿Qué te ha pasado, amigo mío? ¿Por qué te veo llegar a Bagdad sucio y harapiento, en compañía de dos hombres que no conozco?

El desventurado Sheik narró, minuciosamente, al poderoso ministro todo lo que le ocurriera en el camino, haciendo los mayores elogios respecto de nosotros.
- Paga sin pérdida de tiempo a esos dos forasteros, ordenó el Visir.
Y sacando de su bolsa 8 monedas de oro las entregó a Salem Nasair, insistiendo:
- Quiero llevarte ahora mismo al palacio, pues el Comendador de los Creyentes desea, con seguridad, ser informado de esta nueva afrenta que los beduinos practicaran, al matar a nuestros amigos saqueando caravanas dentro de nuestras fronteras.

- Voy a dejaros, amigos míos -; dijo Nasair- más, antes deseo agradeceros el gran servicio que me habéis prestado. Y para cumplir la palabra, os pagaré el pan que tan generosamente me dierais.
Y dirigiéndose al “Hombre que calculaba” le dijo:
- Por tus cinco panes te daré cinco monedas.
Y volviéndose hacia mí, concluyó:
- Y a ti, “bagdalí”, te daré por los tres panes tres monedas.
Con gran sorpresa nuestra, el “Calculista” objetó, respetuosamente:
- ¡Perdón, oh Sheik! La división hecha de ese modo será muy sencilla, más no es matemáticamente exacta. Si yo di 5 panes, debo recibir 7 monedas; y mi compañero, “el Bagdad” que dio tres panes, solamente debe recibir 1 moneda.

- ¡Por el nombre de Mahoma! –dijo el Visir Ibraim, interesado vivamente por el caso- ¿Cómo justificas, extranjero, tan disparatada forma de pagar 8 panes con 8 monedas? Si contribuiste con 5 panes, ¿por qué exiges 7 monedas? Y si tu amigo contribuyó con 3 panes, ¿por qué afirmas que debe recibir solo una?

 El “Hombre que calculaba” se aproximó al poderoso ministro y así le habló:
- Voy a probaros que la división de las monedas hecha en la forma propuesta por mí, es más justa y más exacta. Cuando, durante el viaje, teníamos hambre, sacaba un pan de la caja y lo partía en tres trozos, uno para cada uno de nosotros. Todos los panes, que eran 8, fueron divididos, pues, en la misma forma. Es evidente, por lo tanto, que si yo tenía 5 panes, di 15 pedazos; si mi compañero tenía 3 panes, dio 9 pedazos. Hubo, así, un total de 24 pedazos, de los cuales cada uno de nosotros comió 8. Ahora bien; si de mis 15 pedazos comí 8, di, en realidad, 7; y mi compañero, que tenía 9 pedazos, al comerse 8, solo dio 1. Los 7 que di yo y el que suministró “el bagdalí” formaron los 8 que comiera el Sheik Salem Nasair. Por consiguiente, es justo que yo reciba 7 monedas y mi compañero 1.

El gran Visir, después de hacer los mayores elogios al “Hombre que calculaba”, ordenó que le fueran entregadas las 7 monedas, pues a mí sólo me tocaba, por derecho, 1. La demostración lógica y perfecta presentada por el matemático no admitía duda.

- Esa división – replicó entonces el “Calculista”- es matemáticamente exacta, pero a los ojos de Dios no es perfecta.
Y tomando las ocho monedas en la mano las dividió en dos partes iguales. Dióme una de ellas y se guardó la otra.

- Ese hombre es extraordinario –exclamó el Visir- No aceptó la división propuesta de las ocho monedas en dos partes de 5 y 3, en la que salía favorecido; demostró tener derecho a 7 y su compañero a 1, acabando por dividir las 8 monedas en dos partes iguales, que repartió con su amigo.

Y añadió con entusiasmo:
- ¡Mac Alah! (¡Poderoso es Dios!, una exclamación usual en el mundo musulmán) Ese joven, además de parecerme un sabio habilísimo en los cálculos de Aritmética, es bueno como amigo y generoso como compañero.

Un buen ejemplo para ver la diferencia que existe entre una división simple, exacta o perfecta. A veces esta última es la que da más réditos porque demuestra una gran generosidad.

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A continuación mostramos la solución al problema planteado en el post: “El acertijo de los tres sombreros”

Supongamos que yo soy el que está sentado en primera fila, y último en contestar. Al ver que el último dice que no lo sabe, pienso que es porque los sombreros que ve no son los dos de color negro, única posibilidad de acierto que tiene. Pueden ser o los dos blancos o uno blanco y otro negro.

Por otra parte, al observar que es la misma respuesta que da el situado en el centro, me hago la siguiente composición:
Si mi sombrero fuese negro, el segundo sabría que el suyo sería necesariamente de color blanco, ya que en caso contrario el último de la fila, y primero en contestar, hubiese acertado al ver los dos sombreros de color negro. Y sin embargo, el segundo solo dice que tampoco lo sabe.

Por tanto, mi sombrero solo puede ser de color blanco. Además, aunque yo si lo puedo deducir, el segundo no lo puede hacer porque sigue manteniendo la incertidumbre: blanco o negro.


Pioneros del Triatlón Blanco de Reinosa. Perico Delgado y Peio Ruiz Cabestany

marzo 29, 2012

El triatlón es un deporte individual de gran resistencia que engloba tres disciplinas: natación, ciclismo y atletismo. Se le conoce más por triatlón de “verano” en contraposición al de “invierno” o triatlón “blanco” donde el esquí sustituye a la natación. Su origen no está muy claro, existen bastantes discrepancias al respecto. Según la leyenda popular surge en Hawai el año 1978 de una apuesta entre marines americanos por ver quien era el deportista más completo: un nadador, un atleta o un ciclista. Sin embargo, hay quien lo lleva mucho más atrás, a la década de los años 20 en Francia y a una prueba denominada “Les Trois Sports (“Los Tres Deportes”). Lo cierto es que la primera constancia oficial se tiene el 25 de septiembre de 1974 cuando se celebra la primera Mission Bay Triathlon en San Diego (California) con la participación de 46 atletas. En España, la primera referencia data de un concurso organizado en Castro Urdiales (Cantabria) en 1963, aunque el primer triatlón como tal no se celebró hasta el año 1984 en Guadalajara. Es uno de los deportes más duros que existen, tanto que a los atletas que lograban enlazar las tres pruebas sin descanso se les empezó a conocer como “ironman” (“hombre de hierro).

El triatlón de Reinosa es el más antiguo de los triatlones “blancos” que se celebran en España. Se compone de una primera prueba a pie de unos 10 Km. por las calles de Reinosa, una carrera ciclista de unos 25 Km. que llega hasta la estación invernal de Alto Campoo, y una prueba de esquí de unos 10 Km. con final en la propia estación de Brañavieja. Son muchos los deportistas, famosos y aficionados, que esperan con ansiedad a que la nieve haga su aparición allá por el mes de enero para volver a encontrarse con el marco incomparable de la comarca campurriana y sus espléndidos  paisajes.

Pedro A la derecha Peio Ruiz Cabestany, ganador de la primera edición del triatlón de Reinosa celebrada en 1987, con Pedro Delgado en el centro, que fue segundo, y José Luis Laguía quinto

Se cree que el primer triatlón “blanco” en Europa se disputó en el año 1984 en la localidad de Valverg de los Alpes Franceses, el conocido como “Triathlon des neiges”, siendo Reinosa pionera en España con su primera edición en el año 1987 y con muy poca nieve, por cierto. Así pues, el pasado año cumplió sus bodas de plata. Este año 2012 no hubo suerte, se tuvo que suspender. Pero no por falta de nieve, su “enemigo” implacable por excelencia, sino por todo lo contrario; después de varias semanas de incertidumbre, días anteriores a la última fecha programada cayó una fuerte nevada que unido a las especiales condiciones climatológicas de ese día, fuerte viento y poca visibilidad, impidieron su celebración. ¡¡El primer triatlón de 1987 casi se suspende por falta de nieve y el último en 2012 porque había demasiada!! ¡¡Paradojas del destino!! Un buen momento para recordar sus orígenes y, como no, a muchos de sus pioneros. Bastantes deportistas de élite, en especial del ciclismo, algunos personajes famosos y muchos aficionados han dado fama a una prueba ya convertida en un clásico.

Corría el mes de enero de 1987 y un gran acontecimiento estaba a punto de ponerse en marcha. Aquel día todo el pueblo de Reinosa se volcó, no era para menos; allí estaban los ciclistas más famosos del momento para promocionar un deporte, el triatlón, que comenzaba a dar sus primeros pasos en España. ¡¡El triatlón “blanco”!! Las calles llenas de gente, jóvenes y mayores, familias acompañadas de sus hijos pequeños, no se querían perder la oportunidad de ver a sus ídolos de cerca, que a su mismo lado realizaban el calentamiento previo. Allí los teníamos, atentos, concentrados, en los instantes previos. Casi todos buscaban con la mirada a Perico Delgado, que meses antes había terminado en 2º lugar el Tour de Francia (al año siguiente lo ganó), Peio Ruiz Cabestany, recién fichado como líder del equipo Kas, uno de los mejores equipos españoles, o José Luis Laguía, otra figura del ciclismo en activo, que acababa de ganar el premio de la montaña en la Vuelta. Perico, sin duda la figura más popular, iba a su aire, como siempre, concentrado, sin prestar mucha atención. Cabestany, muy conocido también, sacaba su faceta de hombre simpático, sencillo, mezclándose con naturalidad entre el público. Se acercaba la hora de iniciar una prueba de las más duras y para la que se requiere una gran preparación. No era ningún paseo, si alguien piensa que a eso venían; tampoco lo hacían por los premios, el presupuesto era escaso; era el reto por el reto de unos grandes deportistas.

La carrera a pie, con salida y llegada en la plaza del Ayuntamiento, transcurrió por unas calles abarrotadas, con un Delgado siempre en el grupo de cabeza que le sacó más de 4 minutos a Cabestany antes de iniciar la prueba ciclista. Los que no fuimos a presenciar el final a la estación de esquí de Alto Campoo nos quedamos expectantes por saber quien habría sido el ganador. Perico, dadas sus dotes de escalador, era el gran favorito, aunque se sabía que, al ser Peio un gran esquiador, necesitaría de una buena minutada para poder optar al triunfo. Todos pensábamos que aumentaría lo suficiente su ventaja en la subida de un puerto considerado de 1ª categoría, de fuerte pendiente, no excesiva para ciclistas de élite, con una primera mitad suave y unos últimos 12 Km. de especial dureza. La sorpresa fue enorme cuando a media tarde nos enteramos que el gran ganador había sido Peio Ruiz Cabestany. Fue capaz de recortarle casi dos minutos a Perico en la cima, que luego en la prueba de esquí, donde era muy superior, no solo anuló sino que alcanzó la meta de Brañavieja con una diferencia superior a los tres minutos. En segundo lugar entró Perico Delgado, quinto fue José Luis Laguía, hasta un total de 54 atletas.

En la siguiente edición de 1988 se esperaba la revancha pero hubo que esperar a mejor ocasión al no participar Cabestany. Esta vez Pedro Delgado llegaba precedido por su gran triunfo en el Tour de Francia. Fue primero en las pruebas de ciclismo y esquí y 14º en la carrera a pie, en una prueba muy dura por el fuerte viento y la nieve helada que encontraron al final, hasta el punto que Perico se cayó tres veces y muchos abandonaron. Como gran vencedor recibió el premio de su peso (65 kilos) en galletas. Su victoria fue fácil. Perdió más de cuatro minutos en la carrera a pie frente a grandes especialistas como Jorge González Amo, atleta olimpico en la prueba de 1500 m. y Carlos Santamaría, campeón de España del triatlón de verano, pero su ventaja de casi cinco minutos en la prueba ciclista y más de un minuto en la prueba de esquí a sus inmediatos seguidores, y bastante más a los especialistas citados, fue más que suficiente para llegar como triunfador a la meta de la estación invernal. Participaron también otros grandes ciclistas como Iñaki Gastón y Julián Gorospe, director del equipo Euskaltel hasta no hace mucho tiempo, que dieron también gran prestigio a la prueba.

En 1989 la emoción subió de tono, ¡¡por fin!! se iban a encontrar de nuevo Peio y Perico. ¡¡Se esperaba la gran revancha!!. El ambiente estaba muy caldeado, con los partidarios de uno y otro bastante divididos. El rito, la emoción, las calles repletas, se repitieron una vez más. Pero pronto se disipó la duda. Enseguida se vio que Peio había realizado una preparación a fondo, mientras que Perico no. En la carrera a pie, Perico, que siempre había sido superior, se empezó a quedar rezagado llegando en el puesto 152 a la meta. Peio lograba entrar con una apreciable ventaja que fue aumentando durante la prueba ciclista hasta alcanzar más de 8 minutos en la cima de Alto Campoo. Una ventaja imposible de salvar, que como era lógico aumentó durante la prueba de esquí. En 2º lugar se clasificó Pedro Añarbe, ciclista aficionado y monitor de esquí, ganador de varias ediciones en los años siguientes. Pedro Delgado entró en 9º lugar a más de 20 minutos de Cabestany, una diferencia considerable. También participaron conocidos ciclistas profesionales como los hermanos Herminio y Pedro Díaz Zabala, cántabros, o Jesús Rodríguez Magro.

En 1990 se entra en una nueva época: contra todo pronóstico, se alza con el triunfo Pedro Añarbe, seguido de Juan Carlos Apilluelo, con Peio Ruiz Cabestany en tercer lugar. Un año en que la participación de famosos ciclistas  fue de las mejores de la historia del triatlón con una pléyade de figuras, además del propio Peio, como el gran Marino Lejarreta, ganador de la Vuelta a España, otra vez los hermanos Díaz Zabala, o Manuel Jorge Domínguez 

En siguientes ediciones, aunque hubo pugnas interesantes entre ciclistas y especialistas, enseguida se decantaron a favor de estos últimos. Lo que parecía una sorpresa por el triunfo de los “no ciclistas”, no lo fue tal y en años sucesivos tanto Pedro Añarbe como Juan Carlos Apilluelo ganaron la mayoría de las veces dejando clara su hegemonía en la especialidad. Son los grandes atletas con una preparación específica para este tipo de pruebas, muy completos en todas las disciplinas, los que poco a poco imponen su profesionalidad. Pedro Añarbe fue el ganador en 3 ediciones con 7 segundos puestos, y sobre todos Juan Carlos Apilluelo que consiguió 10 victorias y 2 segundos puestos, un auténtico record. Siguen acudiendo grandes ciclistas como Enrique Aja, los hermanos Cabestany, Peio quedó tercero en su última participación en el año 1991, o Fernando Escartin, otro ganador de la Vuelta a España, pero cada vez lo tenían más difícil para alzarse con el triunfo. En la categoría femenina hay que destacar a Isabel Dumall, ganadora en 5 ediciones, entre ellas la primera, y Dina Bilbao, gran atleta, amante de los deportes de riesgo, y vencedora también en más de una ocasión. Otra participante “famosa” fue Eva Pedraza, miss España en uno de aquellos años, de la que no se sabían sus aficiones deportivas. Participó en el año 1991 y llamó la atención, aparte de ser un personaje conocido, por su atrevimiento al afrontar una prueba tan exigente. Se tuvo que retirar en la prueba ciclista en un día con muy malas condiciones climatológicas, pero su mérito quedaba ahí. Citar también entre los atletas locales a Senén Pinta, reinosano, que obtuvo muy buenas clasificaciones en las ediciones que participó, que fueron muchas.

A partir del año 1991, los ciclistas profesionales, verdaderos artífices de la gran popularidad alcanzada por el triatlón de Reinosa en toda España no disputaron más la prueba. No cabe duda que la gran cobertura de prensa, la televisión, la enorme publicidad, y las grandes figuras del ciclismo que participaron en las primeras ediciones contribuyeron a su éxito espectacular. El triunfo de deportistas como Pedro Delgado y Peio Ruiz Cabestany, que arrastraron a muchos de sus compañeros, fue la punta de lanza que impulsó al triatlon no solo a nivel nacional sino también internacional, convirtiéndole en una prueba de relumbrón.

En el año 2011 se cumplieron sus bodas de plata. Para conmemorar el XXV aniversario, Reinosa fue elegida como sede del campeonato de España en el que participaron más de 250 atletas. Y ahí sigue el triatlón “blanco” más antiguo, esperando al año próximo para arrancar de nuevo hacia el éxito.


La fortuna de Matilda Turpin. Álvaro Pombo

marzo 22, 2012

No había leído nada de Álvaro Pombo, ni tampoco me atraía demasiado. Algunos “críticos” le acusaban de una prosa profunda, difícil, algo pesada y con muy pocos diálogos. Así que cuando hace meses decidí leer “La fortuna de Matilda Turpin” lo hice con cierta prevención.

Debo reconocer que, temiéndome lo peor, me costó entrar en la novela; no se si por los condicionantes citados o porque su forma de escribir respondía a lo esperado. No estaba acostumbrado, incluso en más de una ocasión me vi obligado a utilizar el diccionario, algo no habitual, ante el uso de palabras no muy frecuentes que a Pombo le parecen necesarias para construir su argumento. Sin embargo, a medida que avanzaba, adaptado ya a su formato (apenas habían transcurrido 50 páginas), veía como sin darme cuenta la obra crecía en interés con diálogos muy concretos y no pocas reflexiones que ayudaban a entrar hasta el fondo.

Sinopsis
Una elegante casa en un acantilado del norte de España, en un lugar figurado, Lobreña, es el paisaje inicial y final de este relato. Esta es la historia de Matilda Turpin: una mujer acomodada que, después de trece años de matrimonio feliz con un catedrático de filosofía y tres hijos, emprende un espectacular despegue profesional en el mundo de las altas finanzas. Esta valiente opción, en este siglo de mujeres, tendrá un costo. Dos proyectos profesionales y vitales distintos y un proyecto matrimonial común.

¿Fue todo un gran error? ¿Cuando se descubre en la vida que nos hemos equivocado? ¿Al final o al principio?

Álvaro Pombo sitúa a un grupo de personas, acostumbradas al fuerte ritmo de una ciudad como Madrid, en una casona aislada cerca de la costa de algún lugar de Cantabria. Un refugio ideal para el descanso de nombre El Asubio, que en la mitología cántabra significa “resguardarse del frío y de la lluvia”.

Pombo nos va explicando como Matilda Turpin, la protagonista, al principio de su matrimonio elige quedarse en casa y hacer propio el mundo filosófico de su marido. Pero 13 años más tarde, tras morir su padre, apuesta por entrar en el mundo de las finanzas con todas sus consecuencias y establecer un mundo paralelo que en nada se parece al que había llevado hasta entonces. Al poco tiempo, después de triunfar en su carrera profesional, muere de cáncer y su marido Juan Campos opta por retirarse de forma definitiva a la casona familiar, punto de encuentro con sus familiares directos y donde el personaje de Matilda, a la vez que se hace omnipresente como si fuese un fantasma, desencadenará todas las acciones: para unos madre, para otro esposa, para otros amiga, para otros … Todos los personajes regresan a la casa para tratar de entenderse y entrar en el juego con mayor o menor éxito. Una novela que logra convertir a Matilda Turpin en un recuerdo perenne, cuya memoria e influencia transforma y también trastorna el espíritu común. Encerrados en la vieja casona en una atmósfera agradable, buena comida, estupenda biblioteca, cómodos sillones y chimeneas que invitan a la reflexión se va revelando en cada uno de los personajes la realidad de su complicada existencia y muestran el mundo de una mujer con todas sus contradicciones.

Dicen sus críticos que a Álvaro Pombo le gusta jugar en ocasiones a ser algo distinto, y esta vez es una de ellas. Una cesión a sus complicados y habituales monólogos interiores que por suerte, y quizás por la necesidad de ganar un premio como el Planeta, convierten a “La fortuna de Matilda Turpin” en lo más parecido a un “clásico”. Un estudio sobre “el problema de pareja”, la historia de un matrimonio formado por un catedrático de Filosofía y una economista dedicada a las Finanzas y sus mundos diferentes son el corazón de una obra visto a través de lo que Pombo denomina “psicología-ficción”.

Entrega del premio Planeta 2006 a Álvaro Pombo durante la cena literaria presidida por el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón

Álvaro Pombo nació en Santander en 1939 y se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y Bachelor of Arts en Filosofía por el Birkbeck College de Londres, donde vivió desde 1966 a 1977. Publicó su primer trabajo, un libro de poesía, en 1977 y a partir de ahí inicia una prolífica carrera literaria no solo por las obras publicadas sino también por sus premios. El primero, “El Bardo”, en el año 1977 recién regresado a España, al que siguieron el ”Herralde”, el Nacional de la Crítica, más tarde el Planeta, para terminar hace unos meses, en enero 2012, con el premio Nadal y su novela “El temblor del héroe”. Si bien se considera un poeta, su faceta más conocida es la de novelista con la que ha conseguido la mayoría de sus galardones. Otras obras suyas son  “El cielo raso”, “Donde las mujeres” o “El héroe de las mansardas”.

Además de su faceta como escritor, cultiva también otras aficiones; una de ellas, si se le puede llamar así, es su actividad política de los últimos tiempos. Da la impresión de que no le va a durar mucho. Es de esperar. En su vida personal siempre ha sido un poco “verso suelto” y esta vez no va a ser menos. Parece que todo quedará en un pequeño escarceo, y más tratándose de un mundo en el que se suele entrar en defensa de unos ideales y que más pronto que tarde la realidad hace que muchos salgan en estampida. En este sentido a Pombo nunca le han gustado las “instrucciones”, ni las sigue: siempre ha ido un poco por libre.

“La fortuna de Matilda Turpin” es una novela distinta, interesante y que ayuda a reflexionar sobre el mundo de la pareja. Ha recibido críticas de lo más diverso, a nadie ha dejado indiferente; la mayoría situadas en los extremos, o lo que es lo mismo: engancha o aburre. En mi caso fue mucho más positiva de lo esperado.


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