Universidad Laboral de Alcalá de Henares: cambio de rumbo

De las tres Universidades Laborales por las que pasé, Córdoba, Tarragona y Alcalá de Henares, es quizás esta última la que menos huella me ha dejado. Dos años de estancia en una universidad recién construida, una vida bastante independiente del resto de alumnos, muchas horas durante el segundo año fuera del recinto para asistir a clase en la Escuela de Ingenieros de Madrid, una menor convivencia por tanto, fueron condicionantes importantes.

Recién terminados los estudios de Perito Industrial en Tarragona, y cuando ya había enviado algún curriculum en busca de mi primer trabajo, recibí una carta en la que se me proponía, junto a otros cuatro compañeros, proseguir con los estudios de Ingeniero Industrial por nuestro buen expediente académico. No me costó mucho la decisión, era una nueva oportunidad. Muy joven, y con muchos años por delante para incorporarme al mundo del trabajo, fue muy fácil aceptar la propuesta de seguir avanzando en los estudios. Hay que tener en cuenta que uno de los proyectos de cabecera de la nueva Laboral era conseguir que de su centro saliesen alumnos con el título de Ingeniero Superior, un grado más alto al existente en el resto de las Laborales. Por tanto, nueva Universidad, nueva carrera y nuevo futuro: todo un mundo por delante.

Vista aérea de la Universidad Laboral de Alcalá de Henares al poco tiempo de su inauguración

Terminada en julio de 1966, la Universidad Laboral de Alcalá de Henares está situada en el denominado “Campo del Ángel”, en lo alto del cerro del mismo nombre, y al contrario que en Córdoba y Tarragona mucho más cerca del casco urbano. A nuestra llegada, en el mes de octubre de ese mismo año, lo primero que nos sorprendió fue un edificio central mastodóntico de once pisos y dos edificios laterales algo más bajos (“solo” tenían seis); un conjunto en forma de “U” invertida al que rodeaba un anillo de edificios de dos plantas que le hacían de envolvente. Se parecía más a un gran hospital que a una residencia de estudiantes. Algo tuvo que ver, supongo, que su diseñador y arquitecto fuera Martín José Marcide Odriozola, uno de los líderes de esa tendencia, que muy poco antes había construido en Madrid la Ciudad Sanitaria de la Paz. Si a esa primera impresión añadimos que el mobiliario era escaso y muchas instalaciones, entre ellas las deportivas, estaban sin acabar, el panorama que ofrecía era de un provisional aplastante. Hasta el siguiente año no se normalizó todo. Recuerdo muy bien una visita de antiguos compañeros con los que había compartido estudios en Tarragona, que mostraron su extrañeza al ver las condiciones en las que habíamos arrancado. Con una capacidad para cinco mil alumnos (tres mil internos), aquel primer año apenas llegamos a mil quinientos y el retraso era tan grande que su inauguración oficial se tuvo que posponer un año.

Los alumnos estábamos repartidos en cinco colegios mayores y cuatro menores con más de 650 dormitorios, unos pocos habitaciones individuales. En aquellos primeros años, los colegios tenían nombres de colores: el Amarillo, el Verde, el Azul,… aunque más tarde se cambiaron por nombres propios: Juan de la Cierva, Gregorio Marañón,…Creo recordar que el mío era el colegio Amarillo. La verdad es que los “mayores” fuimos unos privilegiados. Nos trataban como a una “casta” y así nos lo hacían ver. No era para menos, teníamos las ventanas del futuro entreabiertas con nuestros estudios de Peritaje ya terminados. Con habitaciones en el piso once, en todo lo alto del edificio central, independientes, la mayoría individuales, un trato exquisito, una gran libertad de movimientos, vivíamos en verdad con muchas ventajas respecto al resto.

Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Entrada principal

En Alcalá de Henares hasta los viajes a nuestros lugares de origen eran muy distintos, más tranquilos. El recorrido, más corto en mi caso, se pasaba en un plis plas. No eran aquellos viajes interminables a Córdoba y Tarragona, con tiempo para todo y algo más, llenos de anécdotas por doquier, que tanto nos unieron y tantas “batallas” contemplaron.

En cuanto a la relación con los profesores no fue tan fuerte como en las otras Laborales. El primer año porque no íbamos mucho a clase, ni siempre ni nunca… para que suene correcto. Eso sí, lo hacíamos con la “complicidad” de nuestros superiores que “aceptaban” que no era necesaria una mayor “disciplina”. Veníamos con una fuerte preparación, superior a la del resto, y los exámenes en Madrid como alumnos libres, a nada que uno estudiase por su cuenta, se podían superar sin muchas dificultades. En el segundo año la razón fue bien distinta. La Universidad decidió que, en vez de cursar los estudios en el centro, asistiésemos a las clases en la Escuela de Ingenieros de Madrid como alumnos libres y oyentes. Un autobús nos llevaba todos los días por un recorrido que aprendimos de memoria. Un curso que nos permitió entrar en contacto directo con los catedráticos más “temidos” de la Escuela como Carlos Abollado (Química), Juan José Scala (Mecánica), Alejandro Hernández del Castillo (Matemáticas),… Fue el primer paso dado por la Laboral de Alcalá para replantearse el proyecto de sacar titulados superiores de sus aulas. El segundo fue al año siguiente cuando nos dieron el importe de la beca para seguir los estudios por nuestra cuenta fuera de la Universidad.

Tiempo habrá, al igual que lo he hecho con mi paso por Córdoba y Tarragona, para contar en otro post nuestros avatares con los profesores, anécdotas incluidas, de esos dos años “laborales”. Solo mencionar de pasada, para abrir boca, a nuestro profesor de Química el primer año, José Zato del Corral. Un personaje singular. De pelo blanco, bigote del mismo color, bien trajeado, nos contaba a menudo las “batallas” de sus investigaciones químicas. Como aquella que hacía referencia a sus avances para obtener pollos de color azul (hoy día ya se hace; antes, él lo intentaba y nosotros no lo teníamos tan claro). Buen profesor, con unas ideas políticas a veces desnortadas, muy peculiar, era sobre todo un gran profesional. Todo un “anti”, lo de menos era contra que. A menudo nos hablaba de sus vivencias en la 2ª Guerra Mundial que hizo, si mal no recuerdo, muy cerca de los alemanes. Sus ideas políticas no eran muy correctas, ni siquiera entonces, pero tenía una cualidad importante: insuflaba entusiasmo cuando explicaba su materia y su pasión por la Química.

Promoción 116 de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid en la que se encuentran algunos compañeros que iniciamos nuestra andadura en la Universidad Laboral de Alcalá de Henares

Una curiosa anécdota, vivida en primera persona, ocurrió el día de la inauguración oficial de la Universidad. Las circunstancias: un poco cómicas. Ese día, al igual que lo hizo antes con el resto de las Laborales, acudía el general Francisco Franco. Nadie nos había dicho, o al menos yo no me había enterado, que era obligatorio asistir; así que preferí no ir. Son días de gran follón y decidí quedarme en el aula estudiando. Estaba solo, tranquilo, con mis asuntos pendientes, preparando un examen. De pronto, veo que se abre la puerta y asoma una metralleta, y detrás, como corresponde, su dueño. Me dio un buen susto, algo inesperado. Uno de los soldados encargado de la vigilancia, que de él se trataba, me pidió de buenas a primeras, con muy buenas maneras, que le sostuviera el arma mientras accedía por la ventana al tejado del edifico, una azotea plana, ideal para controlar a la masa. Así lo hice. Un momento irrepetible: ¡¡una metralleta en mis manos!!… y yo en medio de la sala. Ahora, desde la distancia, y antes también, lo recuerdo como ¡¡algo inenarrable!! Transcurría el mes de marzo de 1967 y hacía pocos meses que nos habíamos incorporado.

En aquellos años, Alcalá de Henares ya era una ciudad de ambiente universitario, llena de estudiantes, y también de militares con la famosa Bripac al frente. En nuestros paseos por sus calles, su casco histórico, y lugares típicos de ambiente estudiantil, había también otros sitios que por la enjundia de sus personajes merecían esporádicas visitas. Uno de ellos, muy frecuentado por la brigada de paracaidistas con su boina y traje de “gala” al ristre, era el bar “La Chata”. Sus curiosos personajes parecían sacados de una novela. Me había olvidado de sus nombres hasta que hace muy poco tiempo, leyendo un relato sobre la historia de Alcalá, aparecieron de golpe en una obra teatral de Fernando Aguilera que contaba su singular historia. Allí estaban Dª María “La Chata”, y su famoso parche en el ojo, y el resto de la “compañía”: Gloria “la Ambulancia”, Florentino “el Perfumista”, Sagrario “la Churrera”, el sargento Ramírez,… Hoy, el famoso bar de entonces se ha convertido en una galería de arte.

La Universidad laboral de Alcalá de Henares fue la séptima constituida de todas las Laborales. Una historia que comenzó en el año 1955 en Gijón, y a la que siguieron Córdoba, Tarragona y Sevilla al siguiente año. Iniciada el 1 de marzo de 1965, su construcción se terminó en un tiempo record; tanto que en el mes de octubre de 1966 ya se cursaban estudios, eso sí en condiciones aún precarias. Un edificio “gigante”, emblemático, al que por primera vez se incorporaba, no por mucho tiempo, el curso común de todas las Escuelas Técnicas Superiores. Una pequeña gran ciudad de estudiantes.

En la actualidad, el edificio central tiene unas cuantas plantas menos. En el año 1991 sufrió una reforma radical y se demolieron cinco plantas de golpe. Antes se veía desde gran parte de la ciudad, no solo por la altura de sus once pisos sino también por estar ubicado en la parte más alta del “Cerro del Ángel”; ahora el conjunto tiene una apariencia más discreta. Hoy, la antigua ULAH, convertida en el instituto “Antonio Machado”, pasa por ser el centro de enseñanza media con más alumnos de toda la Comunidad de Madrid.

Fueron dos años en Alcalá de Henares, muchos recuerdos, una historia, y un Madrid al fondo, esperando, para proseguir los estudios de Ingeniero Industrial en los siguientes años.

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8 respuestas a Universidad Laboral de Alcalá de Henares: cambio de rumbo

  1. Fernando dice:

    De Zato tengo la imágen “clavada” y algunas cosas más que, incluso en aquél momento, llamaban la atención:
    cuando oí por primera vez: “… Jota Jota Thompson”
    cuando oí por primera y última vez en un aula: “… los SS eran unos caballeros”
    cuando ví por primera y última vez una cruz de hierro nazi

    desde luego: “cualquier tiempo pasado… éramos más jóvenes”

    Un abrazo a todos los que lean esto

    F. Heres

    • eltrasterodepalacio dice:

      En efecto, así era José Zato. Un personaje peculiar, buen profesor e investigador, con ideas políticas a veces equivocadas.

  2. Muchas gracias por el artículo y muy bien documentado. He buscado, sin éxito, información sobre estos primeros años, que también pasé allí, en mi caso en el Colegio Morado, allí cursé 5º, 6º y preuniversitario, pero me acuerdo perfectamente de vuestros “privilegios”.
    Recibe un afectuoso saludo de un antiguo vecino de la planta 4ª

    • eltrasterodepalacio dice:

      Me alegro que el artículo te haya transportado, al menos por un momento, a nuestra Laboral de Alcalá. Por correo aparte te envío contestación más amplia

  3. Alejandro Fdez Suárez dice:

    Hola,
    Yo estudié bachillerato entre los años 68 al 71, y me tocó ser unos de los expulsados por la Huelga, que marcó un antes y un después en la historia de las Universidades Laborales.
    Me readmitieron, por la intervención de un abogado socialista asturiano: Emilio Barbón. Pero dieron fin a mis aspiraciones, con la mayor venganza, retirarme la beca, argumentando que se había acabado el dinero.
    ¡Quien no recuerda a Zato! Racista, donde los había,…. pro-nazi hasta la médula…. Y es verdad que en la II Guerra Mundial, participó con los Alemanes.

    Fué Profesor de La Universidad Laboral de Gijón, donde le llevaron medio engañado, y renunció a la cátedra en Salamanca.

    El hizo que muchos de sus alumnos amaramos la Química.

    Su vida, da para un gran libro:

    …La anécdota de tirarse al río Tormes, sin saber nadar, solo por hacerse el valiente, …las peleas con los Jesuitas de Gijón, por sus investigaciones, para colorear los pollos (Tengo entendido que se las prohibieron. ¡Con la Iglesia hemos topado!)….La cruz de hierro que llevaba siempre en su maletín…

    Era la máxima autoridad sobre el Wolframio, y no había libro, ni tesis, sobre tal mineral, que no citase a Zato.

    Tenía grandes peleas con su hijo, al que le prohibió presentarse en casa con una chica negra.

    El primer año, me tocó de director del colegio negro un hermano suyo. Persona entrañable, y nada parecido a su hermano. Le salía la humanidad por todos los poros. Y también tenía bigote y pelo totalmente blanco.
    Garanto de Huesca, José Antonio Juste, del Grao de Castellón, José Antonio Fenollosa, Fernándo Cámara de Bilbao, Fernández Tremps, un maño muy majo, Fernández Castro, que era de San Andrés-Barcelona, Oscar Díaz-Faes (Fallecido, con problema de droga), Cuartero de LLodio (Creo que también falleció).

    Había grandes profesores, especialmente los de educación física.

    Estando en el Colegio Verde, cuyo director era muy obeso, se nos permitió hacer un festival por navidad.
    Juan Carlos de Gabriel Seoane, hijo de maestra gallega y de un piloto, junto con un compañero de Zamora, los cuales tocaban la guitarra como artistas, me permitieron formar grupo con ellos haciendo de batería (La batería eran unos simples bongos, que mandé comprar a Juan Carlos, y que hacía sonar con las manos, con baquetas, y hasta con cucharas).
    Juan Carlos acabó de controlador aéreo, Y yo, después de pasar por la Universidad de Oviedo, marcharme a Bélgica y retornar, acabé de Bancario. ¡Cosas veredes, Sancho!

    ¡Ha, se me olvidaba!
    Soy Alejandro Fdez Suárez, Asturiano.

    • eltrasterodepalacio dice:

      No cabe duda que José Zato del Corral fue un gran profesor. Autor de trabajos de investigación como “Síntesis y estudio de nuevas aminas aromáticas como reactivo del wolframio”, era una autoridad en la materia.

      No viví la huelga del 71. Tal como dices, y a la vista de otros testimonios, parece que supuso un hito importante en la historia de las UULL.
      Por email aparte te envío contestación más amplia.

  4. Nicolas dice:

    Gracias por tu presentación sobre Alcala, he compartido el año de su inaguración y me recuerdo que durante la ceremonia en presencia de Franco, cuando Franco pasaba en el pasillo central los que le acompañaban comenzaron a gritar… Franco, Franco, Franco y los alumnos no les siguieron asi que pararon y se hizo silencio hasta que Franco se instaló en la tribuna.
    He reconocido en la foto a Sedano un amigo de Leon que estaba en tu curso. Yo hice el curso preparatorio y tambien lo pase libre en Madrid, después continué en la universidad laboral de Sevilla.
    En el año 1972 me fui a Francia y la vida continúa sin olvidar los buenos momentos compartidos.
    Un saludo
    Nicolas Arcilla Borraz

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