El por qué de los años bisiestos y sus mitos

Acaba de finalizar el mes de febrero, una buena ocasión para hablar de los años bisiestos que, como este año 2012, tienen un día más de lo normal: 29 en el mes y 366 en el año. Algo muy especial que solo sucede una vez cada cuatro, pero… ¿por qué existen los bisiestos?

Desde los tiempos del antiguo Egipto, se define el año como el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Un tiempo que se estableció en 365 días, aunque su valor real sea de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos, y que a efectos de simplificar los cálculos se suele dejar en 365 días y 6 horas, o sea 365,25 días, o lo que es lo mismo 365 días y un cuarto de día. Esa diferencia de 0,25 días que parece no tener ninguna importancia, al cabo de 4 años ya suma un día completo, que si la tiene, lo que obligó con el paso de los años a realizar un “ajuste” y con él a la aparición de los años bisiestos. Las fechas del calendario terrestre se fueron desfasando con respecto al calendario astronómico hasta que llegó un momento en que fue necesario realizar esta corrección.

Fue Julio César, allá por el año 46 antes de Cristo, el primero en intentar solucionarlo aprobando el calendario juliano que consideraba año bisiesto a aquel divisible por cuatro e incorporaba un día más al mes de febrero. El calendario romano, vigente hasta entonces, tenía ya graves retrasos debido a su falta de precisión, y al poco de llegar a Egipto, conocedor de que en aquellas tierras funcionaba un calendario excelente, se puso en contacto con Sosígenes de Alejandría, astrónomo, matemático y filósofo, al que encargó diseñar uno para el Imperio pero conservando los nombres de los meses romanos. Ya en aquella época los egipcios conocían que cada cuatro años la salida de la estrella Sothis (Sirius) se retrasaba un día para dar inicio al año nuevo. La compensación de los desfases acumulados hizo que el año 46 a.C del calendario romano fuera el año más largo de la historia con 445 días, un año al que se llamó “año juliano” o “año de la confusión”.

Julio César decidió incorporar el día extra de los bisiestos después del 23 de febrero coincidente con el sexto día antes de las calendas de marzo; ese mes tendría dos días sextos, de ahí su nombre de “bisiesto” (“bi-sextus”). Conviene recordar que los romanos contaban hacia atrás los días que hacían falta y solían llamar calendas al primer día de cada mes; no lo hacían como nosotros del 1 al 31, sino que tomaban 3 fechas de referencia: calendas, nonas e idus. Las calendas eran pues el primer día del mes, las nonas el día cinco, excepto en marzo, mayo, julio y octubre en los cuales eran el día siete, y los idus el día trece, excepto en marzo, mayo, julio y octubre, que eran el quince. A continuación, hacían la cuenta hacia atrás llamando al primer día de marzo “calendas de marzo” o “kalendas martias”, y por tanto el 28 de febrero sería el día anterior a las calendas (1º), el 27 de febrero el 2º, y así sucesivamente, hasta llegar al 23 de febrero que sería el 6º día antes de las calendas. Precisamente en este día se celebraba La Terminalia, fiesta relacionada con el fin de año, razón por la que la reforma propuesta por Julio César añadiese el día de ajuste después del 23 de febrero: el diem bis sextum ante kalendas martias (“doble día sexto antes de las calendas de marzo”), mes que tendría dos días sextos, el 23 y 24. Con el transcurso del tiempo se siguió llamando bi-sextus o bisiesto aunque el día extra se puso no como en un principio hizo Julio César, sino después del último día del mes (28), o sea el 29 de febrero.

El nuevo calendario juliano estuvo vigente en toda Europa durante los siglos siguientes aunque con el error o diferencia, como ya hemos explicado al principio, de 11 minutos y 14 segundos con respecto al año solar que nunca se tuvo en cuenta. Un error del calendario ideado por Sosígenes que ya se advirtió en el concilio de Nicea y que no se corrigió hasta el año 1582 en que se adoptó el calendario gregoriano. El Papa Gregorio XIII, ayudado por los científicos Luigi Ghiraldi y Christopher Clavius, viendo que el equinoccio de marzo (entre los días 20 y 21) llevaba un adelanto de 11 días desde que el calendario juliano se puso en marcha, decidió reformarlo y establecer uno nuevo, al que se llamó gregoriano en su honor, y que rige hasta el día de hoy.

Para ello hizo lo siguiente:
a) Ordenó adelantar el calendario oficial 11 días para compensar el error acumulado desde el año 46 antes de Cristo, y
b) Estableció una nueva regla para los años bisiestos. Seguirían siendo bisiestos 1 de cada 4 años, excepto aquellos terminados en 00 (divisibles por 100) salvo si son divisibles entre 400 que en ese caso también lo serían. Por eso el 2000 fue bisiesto y lo será el 2400, pero no así el 2100, 2200 y 2300. De esa manera, la duración media de un año pasaría a ser 365,2425 días, valor muy cercano a los 365,2422 días de la órbita terrestre, y aún así cada 10.000 años tendríamos 3 días de pequeño desfase. De todas formas, es probable que con el paso de los siglos haya que hacer una nueva modificación debido a que la velocidad de rotación de la Tierra variará con el paso del tiempo.

Para poner en marcha el nuevo calendario el Papa Gregorio XIII promulgó el 24 de febrero de 1582 la bula “Inter gravissimas” en la que establecía que al jueves 4 de octubre de 1582 le seguiría el viernes 15 de octubre. De ese modo se conseguía, además de eliminar 3 años bisiestos cada cuatro siglos, que desapareciese el desfase acumulado con respecto al año solar, razón por la cual en el calendario “real” existen 11 días “en blanco”, los que van desde el 5 al 14 de octubre.

Como conclusión final se puede decir que la inclusión de un día más cada cuatro años obedece a la necesidad de que los equinoccios y solsticios del año solar no se desplacen de fecha. El calendario gregoriano lo único que hace es ajustarse a los ciclos de la Tierra y los 2 equinoccios y 2 solsticios son los que marcan con exactitud su movimiento alrededor del Sol. Los equinoccios (días en los que la noche tiene la misma duración que el día y los polos terrestres están a la misma distancia del Sol) suceden siempre en la misma fecha del calendario (entre el 20 al 21 de marzo, equinoccio de primavera, y del 22 al 23 de septiembre, equinoccio de otoño, ambos cuando el Sol se encuentra sobre el Ecuador). Los solsticios se corresponden con el día más corto y el más largo del año (el solsticio de verano, 22 de junio, es el día más largo y el solsticio de invierno, 21 de diciembre, es el más corto).

Hay quien ve en los años bisiestos, y en el 29 de febrero, una fuente de alimentación de creencias y supersticiones. No se sabe muy bien por qué, pero los años bisiestos no suelen dar buenas sensaciones; basta con ir al refranero popular: “año bisiesto, año siniestro”, “año bisiesto, ni aquello ni esto”, “año bisiesto, vende la hoja y quema el cesto”, …….. Se sigue insistiendo en que los bisiestos son años de tragedias y para demostrarlo se recurre a citas de asesinatos de personalidades, inicios de guerras o conflictos …..; algo aún extendido en las áreas menos desarrolladas, donde las personas mayores aún comparten un rosario de leyendas con las nuevas generaciones. Para unos es sinónimo de buenaventura, para otros es un año de fatalidades, y para los más pragmáticos son tan solo doce meses en los que las alegrías y tristezas se mezclan como en cualquier otro año.

Hace pocos días se cumplió de nuevo la fecha del 29 de febrero y, como no podría ser de otra manera, se despertaron otra vez los malos augurios. Sin ninguna base científica, algunos pronostican un año 2012, bisiesto, de grandes calamidades, a la vez que se recuerdan desgraciados sucesos acaecidos en años similares como el inicio de la guerra civil en 1936, la invasión de las tropas francesas en la guerra de la Independencia de 1808, el terremoto de Agadir en Marruecos de 1960 que dejó más de 15000 muertos, el hundimiento del Titanic, o el campo de concentración de Auschwitz. También se habla de crímenes como el de Mahatma Gandhi (1948), Robert Kennedy y Martin Luther King (1968), John Lennon (1980) o Indira Gandhi (1984). Tragedias todas ocurridas en años bisiestos, pero sin ninguna evidencia objetiva que confirme su “peligrosidad” “per se”. Lo que sucede es que, según los sociólogos, las personas necesitan explicaciones y muchas veces las supersticiones y creencias las alimentan con rapidez. Según la tradición popular, los años bisiestos son malos, muy malos, y ya se encargan los astrólogos agoreros de darle publicidad a través de los medios de comunicación prediciendo una y mil desgracias.

Pero no todo, como es lógico, ha sido malo en los años bisiestos. Por ejemplo, en un 29 de febrero nacieron personajes relevantes como el Papa Pablo III (1468), el escritor Lord Byron (1788), … En algunos países como Irlanda nacer en esa fecha trae buena suerte, los padres de los niños que nacen ese día reciben un premio de cien euros y algunas mujeres proponen matrimonio a sus novios, a los que según la tradición si rechazan la propuesta les esperan penalidades y mala fortuna. También en años bisiestos se dieron grandes avances para la Humanidad como la invención del telescopio, el termómetro de gas o el primer coche con motor de explosión.

Circulan anécdotas muy curiosas sobre los años bisiestos. Una de ellas está relacionada con el cambio del calendario juliano al gregoriano cuando se eliminaron 11 días del mes de octubre, pasando directamente del día 4 al día 15 del mismo mes. Pues bien, ese cambio coincidió justo con la muerte de Santa Teresa de Jesús, que falleció el día 4 y no fue enterrada, como es lógico, hasta el día siguiente que ya era día 15 y eso que solo habían trascurrido unas pocas horas. O la publicación del primer y único periódico del mundo, La Bougie du Sapeur, que solo sale una vez cada cuatro años, los días 29 de febrero. Fundado en 1980, rinde homenaje a un héroe del comic, Sapeur Camembert, creado por el dibujante Christopher, nacido también ese día. O la relacionada con las personas que celebran su onomástica en esa fecha, San Dositeo. Conozco a alguno; me imagino que será un nombre que se pone solo a los nacidos ese día, pues en caso contrario tendría poco sentido, y aún así también porque no solo celebrarían su cumpleaños cada cuatro años sino también su santo.

Digan lo que digan, como la canción de Raphael, nacer un 29 de febrero marca. Y en algunos casos para toda la vida. Hay opiniones para todos los gustos entre los “bisiestos”, aunque muchos se lo toman con humor y hasta han fundado asociaciones como el Club Mundial de los Bisiestos, con sede en San Sebastián y con mucho éxito por cierto, el Club de los VIPsiestos en Andalucía o el Club de los Bisiestos de todo el Mundo (http://www.leapyearday.com/). Quien no ha tenido algún compañero de trabajo o algún amigo nacido el 29 de febrero al que cuando le preguntas por su edad, no sin cierta ironía y con cierta base, siempre divide por cuatro para “demostrar” que es mucho más joven que el resto. Lo cierto es que a pesar de todas las sonrisas con que te reciben los “bisiestos”, la mayoría lo ven como una “injusticia”, una injusticia que dura poco, solo un día, pero …. durante toda la vida. ¡¡Son los “bisiestos”!!: ¡¡cumplen años en un día que no existe!!, ¡¡abuelos a los 22, adolescentes a los 4 o padres a los 12!!

¡¡Feliz año bisiesto a todos!!

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Una respuesta a El por qué de los años bisiestos y sus mitos

  1. Amigo del Trastero: Cuando se es curioso y se está en plena maniobra de la canoa en un torrente rápido, no se desea que se le hable del grado de componentes del agua. Si se quiere aprender un tipo de tejido con palitos, nada que ver con la tecnología de los telares a través de los años. Es decir, para atender algo ir al grano, conocer e intervenir, nada de ir por las ramas. Es diferente lo discursivo de lo operativo. En eso andaba para conocer el cambio de calendario y no que me vengan con son cosas de los curas, de manipulaciones, de que Dios no interviene, etc., etc. Y, entonces, muchas gracias, por lo desarrollado que es justo lo que buscaba. Y lo más interesante, se comenzó con una época de imbricar y de consustanciar vida humana productiva con lo que es el tiempo que lo consume todo. Y aunque la cosa fue “gravíssima” a las finales resultó “efectivvísima”: ramas que no dan fruto al fuego, once días era una arruga innecesaria, afuera…Orden humano para desarrollo humano, lo de “idus” bien “Idus” y lo que ha venido es esta asombrosa civilización humana buscando sostenerse en el tiempo para vivir. Gracias por la nota amigo del Trastero (Ghilardi y Clavius a toda duda le quitaron dudas, como dar una patada allí donde se puede quitar la “T”). EAAN-Chro.38082012-01031.Lima Perú.

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