Hilando Recuerdos. Reinosa, Primavera de 1987 (I)

Vivencias en primera línea.
Pensando en algún recuerdo importante ocurrido en este mes de marzo me ha venido a la memoria un acontecimiento que sucedió hace ahora 20 años y que me tocó vivir en primera persona.

Reconversión industrial en La Naval de Reinosa

Reinosa, reconversión industrial, marzo de 1987, mes especialmente violento por la presentación de un expediente de regulación de empleo a 463 excedentes en la empresa de Forjas y Aceros (“La Naval”). La población campurriana sale a la calle para intentar paralizar el expediente y el Gobierno responde con una fuerte represión policial causando un muerto y cientos de heridos. Rescato alguno de los temas más destacados por la prensa en esas fechas.

Foto aerea Reinosa. Bunker. ppt grabado como jpgEn primer término, la fábrica de La Naval; abajo, a la derecha, el edificio del “bunker” donde estuvo retenido el presidente de la empresa Enrique Antolín. Al fondo se puede ver el pueblo de Reinosa.

En los primeros días del mes de marzo, después de varios planteamientos sin éxito, Forjas y Aceros presenta un expediente de regulación. El expediente se venía fraguando hacía tiempo con gran inquietud por parte de todo el pueblo de Reinosa (Cantabria). En medio de las negociaciones se da a conocer la inminente marcha de Enrique Antolín, presidente de Forjas y Aceros, para ocupar la Consejería de Obras Publicas del Gobierno Vasco. Un día antes de su nombramiento oficial, Antolín acude a la empresa a despedirse del equipo de dirección y también del comité. Los trabajadores se enteran y deciden “retenerle” cuando se encontraba en su oficina. Su idea era no dejarle acudir al día siguiente a la jura de su cargo en Vitoria, y así forzar una posible negociación. Cientos de vecinos de Reinosa, estudiantes de los institutos cercanos y trabajadores de otras empresas, enterados de lo acontecido acuden a La Naval como muestra de apoyo.

Horas después comienzan a llegar las primeras unidades de intervención de la Guardia Civil. Entretanto, los directivos, con Enrique Antolín a la cabeza, son trasladados al “bunker”, un edificio construido especialmente para análisis radiactivos, con grandes muros de hormigón, donde pasarán toda la noche. Ya de madrugada, las conversaciones entre los directivos retenidos, comité de empresa y el propio Delegado del Gobierno no prosperan. La tensión va en aumento y la mayoría de los trabajadores decide pernoctar en la fábrica en los distintos talleres y oficinas.

Guardia Civil. Reinosa 1987.jpgGuardias civiles refugiados en un callejón, muy cerca del parque de Cupido, donde sucedieron los graves hechos narrados, al encontrarse encerrados y sin salida alguna.

A primera hora de la mañana siguiente 300 antidisturbios armados entran en la factoría, haciendo uso de sus armas, dispuestos a rescatar a Enrique Antolín. La Guardia Civil empieza a actuar. Se suceden los palos y las carreras por el interior de la fábrica. Disparan pelotas de goma y lanzan botes de humo indiscriminadamente. Parte de los trabajadores se hacen fuertes en los talleres. Se defienden con lo que pueden. La sirena, normalmente utilizada para avisar a la población en caso de algún incendio, suena incesantemente. El pueblo entero empieza a tener constancia de la gravedad de lo que está ocurriendo.

Al mismo tiempo, en el parque Cupido, junto a la estación de RENFE, se producen los primeros enfrentamientos entre jóvenes estudiantes, hijos de trabajadores de Forjas en su mayoría, y efectivos de la Guardia Civil. La crudeza de la batalla campal se extiende más allá de la factoría. Avisados de lo que estaba ocurriendo acuden también trabajadores de la propia factoría y más vecinos. El pueblo entero se siente atacado e invadido, el clima es de auténtica de guerra, cerca de 10.000 personas se enfrentan a tres centenares de guardias. La superioridad en número de los vecinos obliga a éstos, atemorizados, a retirarse. Algunos guardias llegan a hacer uso de fuego real, mientras otros blanden pañuelos blancos en señal de rendición: se habían metido, por desconocimiento, en una calle sin salida donde quedan atrapados. Las fuerzas del orden son reducidas, desarmadas, conducidas a sus autobuses, e invitadas a marcharse del pueblo. Los mandos deciden abandonar la ciudad. Al final del conflicto, la refriega dejó un saldo de un muerto y casi un centenar de heridos entre guardias civiles y trabajadores, contusionados por impacto de piedras o pelotas de goma o intoxicados por efecto de los gases.

Finalmente, Enrique Antolín jura con normalidad su cargo en Vitoria y toda la prensa nacional y regional se hace eco de lo ocurrido en Reinosa. Poco a poco se la situación se empieza a normalizar y el expediente de reconversión se lleva a adelante.

Enfrentamiento 02Grupo de guardias civiles en medio de un paso a nivel intentando mantener alejados a los manifestantes para así evitar el corte del paso del tren.

A un nivel más personal, pero también vivido en primera línea, mis recuerdos me trasladan a una etapa profesional como responsable del Dpto de Planificación y Transportes. Recuerdo que el día del “secuestro” se inició con la llamada telefónica de un directivo de la empresa a Enrique Antolín para que viniera a despedirse antes de la toma de posesión de su nuevo cargo en el Gobierno Vasco. Le aseguraba que los ánimos se encontraban relativamente calmados y no había riesgos de que la situación se complicase. Nada más llegar a Reinosa en su coche, Antolín siempre conducía personalmente, se vio sorprendido por una avalancha de trabajadores que tomando al asalto su oficina iniciaron su primera retención. Por fortuna no hubo que lamentar ningún herido, pero sí destrozos importantes en las puertas y mobiliario.

Pasados los primeros momentos de sorpresa, estando en la zona “noble” donde se estaban produciendo los sucesos, observé como algunos directivos también habían sido retenidos en sus oficinas. Hablando con alguno de ellos, mi oficina estaba muy cerca, me comentaron que habían sufrido amenazas e insultos, aunque sin llegar a recibir ningún tipo de daño físico. Otros, menos conocidos por los trabajadores, circulaban tranquilamente en medio de todo el follón. La gran confusión reinante permitía que cada uno fuese a su aire sin más orden ni concierto.

Tras unas horas, cerca ya del mediodía, el comité de empresa toma la decisión de trasladar a Enrique Antolín y a sus directivos a un sitio distinto de las Oficinas Generales. Se hace a pie, a través de un pasillo formado por los propios trabajadores, en plena calle, hasta un edificio lejano conocido como el “bunker”. La razón del traslado venía motivada porque, previendo que la Guardia Civil no iba a tener más remedio que liberarlo por la fuerza, se hacía necesario llevarlo a un sitio más seguro. Un edificio aislado de grandes muros exteriores que se utilizaba normalmente para técnicas radiactivas. Se creía que allí el asalto sería más difícil. O eso se pensaba.

Tanquetas 01Tanqueta de la Guardia Civil en medio de un caos de piedras y pelotas de goma después de una de las muchas refriegas habidas en las calles de Reinosa

El resto del día transcurrió con mucha tensión. Los trabajadores comenzaron a preparar barricadas. Mientras, se esperaba que el asalto de la Guardia Civil fuese inminente. Como éste no se llegó a producir, la mayoría de las personas que trabajábamos en la empresa nos dispusimos a pasar la noche en los talleres y oficinas. Fue muy sorprendente observar como durante el día, y también por la noche, grupos de personas paseaban por su interior. Parecía el tránsito tranquilo por una calle cualquiera. No eran solo trabajadores, sino también muchos vecinos del pueblo. El riesgo de producirse algún accidente era grande y más al estar en una zona de talleres de producción. El desconocimiento del peligro que suponía era evidente. También pude ver como al llegar la noche, que pasé en los Talleres Mecánicos, la mayoría de las personas (propias y ajenas a la empresa) se acostaban sobre lo primero que encontraban, en las posturas más imaginativas posibles, y a la espera de acontecimientos.

Ya de madrugada decidí recorrer las instalaciones de la empresa para ver su situación. Junto a un compañero de trabajo, miembro importante de un sindicato, pude comprobar que casi todas estaban paradas. Tan solo algunos hornos se encontraban en fase de enfriamiento. Parecía que las consecuencias no iban a ser muy graves. Al tiempo, aprovechamos para palpar el ánimo de muchas personas. Era un sentimiento mezcla entre preocupación y la decisión de seguir adelante. También nos acercamos a las puertas del “bunker” y conversamos con los que allí se encontraban. Nos estuvieron informando de la marcha de las conversaciones, hasta aquel momento sin resultados aparentes. Había bastante confusión.

En las primeras horas de la mañana se produce la liberación de Enrique Antolín. Fue bastante rápido y vino acompañado de un ataque por sorpresa de los antidisturbios por todas las instalaciones. Hubo algunos heridos; recuerdo que el caso más grave fue la pérdida de un ojo de uno de los trabajadores. Mientras a Antolín le trasladaban sin dificultades a Vitoria para su toma de posesión, los directivos fueron “dejados” por la Guardia Civil en la parte trasera del edificio del “bunker” sin ningún tipo de miramientos; viéndose al final obligados a saltar la tapia cercana al río Izarilla por sus propios medios y procurando ponerse a buen recaudo de la mejor forma posible. Como vulgarmente se dice, “los dejaron tirados”.

Reinosa. Iglesia de San SebastiánIglesia de San Sebastian hasta cuya puerta de entrada llegaron las pelotas de goma disparadas desde las  tanquetas de la Guardia Civil.

Visto ahora desde la distancia, no quiero finalizar este pequeño relato sin referirme a otra situación cuando menos rocambolesca. Ocurrió al mes siguiente. No hay que olvidar que el conflicto se extendió durante bastante tiempo. Las manifestaciones eran continuas por las calles de Reinosa y se sabía que la Guardia Civil estaba acuartelada por los alrededores presta a intervenir a la menor ocasión. Sucedió la tarde de Jueves Santo cuando me dirigía a la Iglesia Parroquial para asistir a los oficios. Caminar por las calles en aquellas condiciones era un riesgo evidente por lo que había que tomar precauciones. Justo cuando llegaba a la entrada de la iglesia comenzó una carga de la Guardia Civil. Nos vimos obligados a cerrar de inmediato las puertas y fue el cura quien viendo el cariz que estaban tomando las cosas actuó con gran rapidez. Acertó, porque el riesgo de sufrir un asalto no era descartable. Y así fue. Nada más cerrar empezaron a sonar con fuerza contra la puerta de madera las pelotas disparadas por las tanquetas de la Guardia Civil. No entendíamos como podía estar ocurriendo un hecho semejante. Menos mal que al final las cosas se calmaron un poco y algunos decidimos salir por una puerta trasera. Eso si, entre grandes precauciones y siempre por calles laterales hasta llegar a nuestro domicilio.

Podría escribir mucho más porque mis vivencias dan para ello. De momento, mantendré una determinada distancia. Si ahora lo he hecho es por contrastar mi visión con parte de lo que se publicó esos días en la prensa. A lo mejor algún día me animo a dar a conocer el resto. Una mezcla de situaciones también muy duras con otras de tintes algo surrealistas.

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One Response to Hilando Recuerdos. Reinosa, Primavera de 1987 (I)

  1. eltrasterodepalacio dice:

    Recuerdo esa época como aquella en que creíamos que La Naval estaba a punto de desaparecer. Nada más lejos de la realidad

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