Reinosa, sus gentes, la nieve y alguna exageración

Muchos han sido los años que he vivido, nunca mejor dicho, en Reinosa. Muchos los recuerdos de un pueblo donde pasé una parte muy importante de mi vida. Sin embargo, además de sus gentes y otras cosas interesantes, Reinosa es también… alguna exageración. Y todo a cuenta de un tema que suele ser recurrente cuando se acerca el invierno: ¡¡la nieve!! Siempre un rosario de anécdotas.

Que en Reinosa nieva mucho, no hay quien lo ponga en duda. Que algunas veces se exagera, también. Es muy común oír la frase:
“¡Esto no es nevar! Para nevada la de 1953 y 1954 (aún no se han puesto del todo de acuerdo en el año), y también la de 1918”.

He conocido fuertes nevadas y siempre se recurría al tópico de que… ¡¡aquello no era nevar!! Aunque la mayoría no lo hubiesen vivido, referirse a otros años ya lejanos era una continua cantinela. Como una tradición, y hasta diría que orgullo. Casi nadie quería atender a razones como mejores medios mecánicos (para quitarla) o cualquier otro tipo de explicación. Los que veníamos de otros lugares les solíamos decir en broma: “Cuando habláis de esa época seguramente erais niños, por tanto más pequeños de estatura. La nieve os ‘tapaba’  mucho antes. Seguro que os ha quedado un recuerdo distorsionado en vuestra mente”. Y algún que otro chascarrillo parecido. En fin, no había manera de argumentar sin ser rebatido en la misma dirección: ¡¡Ya no nieva como antes!!

Como ejemplo de fuertes nevadas dos fotos de un mismo lugar, pero muy distanciadas en el tiempo. La primera pertenece a la famosa nevada de 1954, la mayor ocurrida en Reinosa según toda la bibliografía consultada. La segunda del mismo lugar sacada con mi cámara fotográfica en el año 1978. Se trata del famoso “nevero” de Nestares.


Nevada 1954. Camino Reinosa-Nestares


Nevada 1978. Carretera Reinosa-Alto Campoo, a su paso por Nestares

Como se puede ver, salvando las distancias, no desentonan mucho las dos épocas entre sí. Tampoco quiero que se olvide que la nieve engaña mucho su situación, sobre todo cuando se amontona en un sitio concreto debido a las ventiscas. Es posible que hoy en día nieve menos que hace años, pero también es cierto que no tanto como nos quieren hacer creer. De cualquier manera: ¡¡el tiempo es cíclico!! A continuación, para que cada una extraiga sus propias conclusiones, algunas fotos de nevadas de 1918-1954-1978-2002.

Año 1918

Año 1954

Para finalizar algunos datos históricos contrastados. Están extraídos de la serie quizá más larga de las realizadas por un mismo observador en la historia de la red climatológica española. Comienza en 1911 y finaliza en 1975. 65 años de ininterrumpidas anotaciones diarias realizadas por Francisco Hernández, maestro de Enseñanza Superior, que colaboró de forma continuada con el Centro Metereológico del Ebro en Zaragoza. El artículo completo se puede ver en: Francisco Hernández y su serie climatológica. Hablando en concreto de la nieve decía lo siguiente:

Se trata del meteoro más representativo de Reinosa. En la serie analizada se contabilizan 36 días de nieve al año, por término medio. El máximo lo ostenta el año 1917, con 62 días y el mínimo 1959 y 1961 con 16 días de nieve solamente.

Hablar de nieve en Reinosa y Campoo implica normalmente en centrarse exclusivamente en las grandes nevadas. De las más notables acaecidas en el siglo XIX hay noticia a través de la prensa local. El periódico EL EBRO, de Reinosa, describió la más célebre de todas, la de 1888.  Comenzó el temporal el 14 de febrero y el día 17 ya había conseguido acumular no menos de 70 cm, pero existían neveros de espesor cercano a los dos metros. El día 18 se hablaba ya de un espesor que “no bajaría de un metro y treinta centímetros por igual en las calles”. El día 19  “arreció el temporal, aumentando bastante el espesor de la capa de nieve” no siendo exagerado decir que la nieve mide una altura de cerca de 1,50 metros, aunque hay parajes donde los neveros alcanzan una altura mayor de tres metros”.

El semanario CAMPOO también ofreció puntual información acerca de otro temporal, el de enero de 1895. “No exageramos al decir que ha alcanzado por término medio, una altura de muy cerca de dos metros. El recio viento con que caía la ha amontonado en algunos sitios formando inmensas moles de cuatro y cinco metros de altas”.

Después aparece 1917 como especialmente significativo en cuanto al frío y la nieve. También es el primero si nos atenemos al espesor acumulado anual (medida teórica, resultante de sumar los espesores parciales de las nevadas), con 5,80 m.

El período frío del siglo XX se extendió desde 1951 a 1957. No debe extrañar, por tanto, que un intervalo tan breve de tiempo contenga casi el 40% de las grandes nevadas del siglo. Los tres años más crudos en este sentido fueron 1953, 1954 y 1956. Las nevadas que mantuvieron blanco el suelo de Reinosa cerca de 3 meses  se iniciaron en diciembre de 1952.

En la entrevista de marzo de 1957  el periodista de FONTIBRE le preguntaba a Francisco Hernández acerca de la mayor nevada que había conocido. Mencionaba la de la primavera de 1917, y la de enero y febrero de 1953, pero apostillaba: “Y en cuanto a nieve caída superó a todas la de 1954, porque a los 2,80 metros caídos en Enero hubo que agregar 1,24 metros de Febrero, cuando todavía quedaba mucho del mes anterior, juntándose los 2,5 metros sobre el suelo”. A renglón seguido se le pedía una comparación de las últimas nevadas con la de 1888. Daba su opinión, autorizada, sin duda: “Por los datos de que disponemos, sin tener en cuenta lo que dice la tradición, pues siempre se alteran las cosas que se cuentan de palabra, fue mayor la nevada del 54 que la del 88”.

Año 1978

Año 2002

Por eso en Reinosa son muy comunes frases relacionadas con su duro clima, dichas todas con resignación pero no sin cierta satisfacción, como:
“En Reinosa hay dos estaciones: la de la Renfe y el invierno”.
“El verano en Reinosa comienza en Santiago (25 de julio) y termina en Santa Ana (26 de julio)”

Y que nieve mucho se tome con naturalidad. La gente hace su vida normal y apenas se nota en sus calles. Eso sí, el tema de conversación siempre tiene un hueco para recordar “viejos tiempos”: para nevadas… ¡¡las de antes!!

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