Campeonato de tute: la revancha de Mogro

Esta es la crónica de una historia aún no contada: la revancha del campeonato de tute “cabrón” entre los representantes autonómicos de Cantabria, León y Asturias. Ocurrió hace tiempo en Mogro pero los recuerdos siguen tan intensos que parece que fue ayer cuando se sentaron para dirimir las diferencias habidas en la primera partida de Santander. Una cosa estaba clara desde el principio: todos querían recuperar el espíritu de un rito, una tradición, un sentimiento o quizás una religión que perdurase en el tiempo.

Como en todos los grandes acontecimientos, es en las horas previas donde las tácticas de distracción salen a la luz con el ánimo de bajar la moral del rival. Y a ellas dedicaremos esta primera parte de la historia:

Los prolegómenos

El lugar ya se había fijado al finalizar la partida anterior: sería en Mogro, terreno de juego que de ningún modo se podía considerar neutral. Hasta allí se fueron los representantes de Cantabria y Asturias porque, y que quede muy claro, León “jugaba en casa”, y nunca mejor dicho. Deciden ir en tren para que nada perturbe su concentración durante el trayecto, están seguros de que les tienen dispuesta alguna encerrona y quieren estar preparados.


En una muestra de buenas intenciones, antes de emprender el viaje se acercan a la Plaza de Abastos de Santander y hacen acopio de los alimentos necesarios para una suculenta comida. De esa manera esperan dar una agradable sorpresa al anfitrión y que el buen ambiente sea la nota predominante. El representante de Cantabria, que parecía el más ducho en esta materia, se encarga de comprar unas suculentas rodajas de “bonito”, listas para ser condimentadas en cualquiera de sus sabrosos guisos. Una vez todo resuelto se dirigen a la estación de tren dispuestos para un corto viaje.

Llegan a Mogro y se encuentran con el primer imprevisto: nadie les estaba esperando según lo convenido. Se temían una encerrona pero no tan pronto. De repente, aparece un coche todo “descabalgado”, frena con ímpetu, y su conductor, además de invitarles a subir, les dice que el coche del “organizador” se había averiado y no podía recogerlos personalmente. Y dicho y hecho, una vez aclarada la situación, les entrega sanos y salvos en el lugar de la contienda.

La verdad es que, una vez pasada esta prueba de fuego, son recibidos con todos los honores por el anfitrión que les invita a conocer sus dominios, muy bien cuidados por cierto, donde imperaban por doquier, con buen orden y concierto, maquinaria de jardín y productos de la huerta muy bien elaborados. Allí se encontraban en franca armonía la desbrozadora y el cortacésped con las lechugas, habas, calabacines y demás especies. Y además muy bien guardados por la perra “Chula”.

Al poco rato, y como marcaba el guión, salen todos hacia el paseo de la playa donde prestos se sientan en una terraza a saborear un buen aperitivo, “reconstituyente” muy recomendado para estas ocasiones, con unas vistas marinas tan relajantes que invitaban a la contemplación. Muy satisfechos con todo el entorno, y también reconocidos, regresan a recomponer las fuerzas que ya empezaban a escasear.


Convención Comercial de la empresa Sidenor- Reinosa con agentes comerciales de diversas partes del mundo. En la foto se encuentran convenientemente distribuidos algunos de los representantes autonómicos del campeonato de tute.

Mientras esperan a dar cuenta de la comida, el representante de León, dueño de las “instalaciones”, propone de improviso condimentar las rodajas de “bonito” a fuego lento en la barbacoa y hacer una buena parrillada. Según él eran su especialidad y quería dar una sorpresa. Y bien que la dio. Aunque el resultado final fue aceptable, se produjo algún retraso en la preparación del fuego que no provocó ningún desvanecimiento porque los milagros existen.

Y cuando todo parecía enderezado, aparece la gran sorpresa. Listos ya para saborear la comida, el representante de Cantabria hace un regate en “corto” y dice que no le gusta el “bonito”. Él, que lo había comprado, que había decidido el tipo de manjar a degustar, que había manifestado un interés fuera de lo normal en que deberían llevar ese producto en señal de buena voluntad, se descuelga con que ¡no le gusta¡. Cuantas más explicaciones daba menos convencía. El que más y el que menos pensó: ¡aquí hay gato encerrado¡ Siempre quedará la duda sobre esta decisión, aunque pensando un poco acerca del nombre del juego quizás se podría sacar alguna conclusión.

Por fortuna, la comida transcurrió felizmente y estuvo muy bien aderezada con café y licores de fortalecimiento para la ocasión. Más de pronto, en plena charla sobre”lo humano y lo divino”, alguien dice: ¡al terreno de juego que comienza la revancha¡ Es en ese momento cuando todos los sentidos se ponen en alerta, suena las frases de: ¡Ay, Donato¡, ¡Cantabria “hace paredes”¡ y ¡León se “purifica”¡ y la partida comienza. Del resultado hablaremos otro día y de las tácticas disuasorias también ¡Las espadas siguen en alto¡

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