El Puente del Diablo y la isla de La Horadada: dos símbolos de Santander

El pasado mes de noviembre se produjo el derrumbe del Puente del Diablo. Con el arco de la isla de La Horadada son ya dos los símbolos del paisaje de la costa de Santander que han desaparecido en los últimos cinco años. La erosión de las olas y el viento han sido las causas principales del derrumbe, aunque los grandes temporales que suelen azotar la costa cantábrica contribuyeron de forma notable a su final. Fue el último temporal de esos días el que dio la puntilla a algo que se veía venir desde hace tiempo. Zona muy frecuentada con fines lúdico-recreativos, era muy normal ver a gente paseando por este tramo de costa.


El Puente del Diablo cuando era un apacible lugar de paseo

El Puente del Diablo, llamado también del Jorao, era uno de los monumentos naturales más queridos de Santander. Es muy difícil saber si se hubiera podido haber evitado. La Universidad de Cantabria, como los propios vecinos de la zona, hace años que había dado la voz de alarma sobre el peligro en que se encontraba este lugar tan emblemático e, incluso, existía un proyecto de conservación redactado por la Demarcación de Costas que, después de ser aprobado por el Ayuntamiento, había quedado paralizado sin más explicaciones en el año 2007. Fueron muchos los expertos que alertaron sobre la urgencia de actuar con rapidez, ya que a las causas naturales de la erosión se le se estaba uniendo la “negligencia humana”, con la práctica en su superficie de actividades como el motocross que en modo alguno ayudaban a su conservación, sin olvidar la pasividad de la Administración en todo este proceso.

Desde hace más de treinta años este arco natural, tan llamativo como raro, al que siempre se le ha dado un significado simbólico, estaba catalogado como punto geológico singular. El historiador, y antiguo director del Museo Marítimo, José Luis Casado Soto, ya en el año 2001 lo calificaba como «el más destacado y llamativo accidente orográfico de los que adornan los altos acantilados de Cantabria y el más notable de todos los de la abrupta costa oceánica del municipio de Santander».


El Puente del Diablo después del derrumbe producido en el mes de noviembre de 2010

El Puente del Diablo siempre ha sido relacionado con el “territorio del diablo”. No tiene una leyenda como en el caso de la isla de La Horadada, que era una roca “santificada, pero a partir del siglo XIX algunos cuentos se inspiraron en este lugar tan duro y peligroso y fueron transmitidos a la memoria colectiva de los santanderinos.

El arco de la isla de La Horadada, el primero de los dos símbolos desaparecidos, fue también víctima de un derrumbe similar al del Puente del Diablo en enero del año 2005. Esta formación rocosa que emerge frente a la península de La Magdalena siempre estuvo expuesta a mareas y tempestades. Después de un temporal, el arco natural de este pequeño islote situado en la entrada de la Bahía de Santander, quedó partido por la mitad. Su existencia sería un hecho intranscendente de no ser por su estratégico emplazamiento: tiene un pequeño faro que sirve de aviso para la navegación, y la forma caprichosa del arco que la tradición ha relacionado con la leyenda de los Mártires San Emeterio y San Celedonio, patronos de la ciudad de Santander.


El arco de la Horadada con los pinares del palacio de La Magdalena al fondo

Cuenta la leyenda que cuando cortaron las cabezas a los mártires cristianos San Emeterio y San Celedonio en la ciudad romana de Calagurris (Calahorra), éstas fueron arrojadas al río Ebro y tras un largo viaje en un barco de piedra dieron la vuelta a España por el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico hasta llegar a la bahía de Santander. Dicen que la barca de piedra chocó contra la roca y así se formó el túnel o arco que le dio nombre: La Horadada. Otra leyenda narra que al doblar la península de La Magdalena estuvieron a punto de chocar con un islote que inmediatamente se abrió dejando paso a la extraña nave. A raíz de estos sucesos se fundó un monasterio, que más tarde sería la futura Catedral de Santander, donde desde entonces reposan las cabezas de los mártires y se les honra como Patronos de la ciudad.


La isla de La Horadada sin el arco derrumbado en enero de 2005

Tras el derrumbe del arco, el Ayuntamiento de Santander mostró interés en estudiar su posible reconstrucción y se desarrolló un proyecto de investigación. En un principio se pensó en la reconstrucción pero el presupuesto estimado en unos 200000 € provocó que los ciudadanos criticasen con gran dureza esta posible asignación. No entendían que se dedicase una cantidad tan importante a una reparación que no tenía todas las garantías de ir a “buen puerto”, y nunca mejor dicho, habiendo cosas más importantes pendientes de resolver.

Al día de hoy, la realidad es que los dos proyectos duermen el “sueño de los justos” y la costa de Santander ha perdido dos de sus paisajes de referencia.

Zona muy frecuentada con fines lúdico-recreativos, era muy normal ver a gente paseando por este tramo de costa.

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