Mujeres y hombres: dos mundos contradictorios

Hace algún tiempo leí, en el periódico El Mundo, un artículo de Carlos Salas (“Mensaje de una ejecutiva muy cabreada”) en el que, en clave de humor, describía la visión de una mujer muy “cabreada” por lo que los hombres piensan que debe ser el papel de la mujer en la oficina si quiere sobrevivir y su necesaria adaptación a lo que consideran “su mundo”. Harta de todos esos estereotipos les pregunta a su vez si ellos serían capaces de adaptarse al “mundo de las mujeres” para estar en igualdad de condiciones. Y se explaya con una serie de ejemplos:

En primer lugar, cuando los niños se ponen enfermos ¿a quién llaman? ¿A papi? No, porque siempre está ocupado. Y si os ponéis al teléfono es para decir que se tomen una aspirina. Pues no. Para nosotras la vida de nuestros hijos es más importante que nuestra carrera y por eso dejamos el trabajo, cogemos un taxi, vamos al cole y les llevamos al médico. Porque si no lo hacemos, luego no os quejéis de que os salen drogatas e irresponsables. Nosotras no les abandonamos.

Ah, se me olvidaba. La aspirina no cura ciertas cosas. Nosotras tenemos un instinto oculto que nos permite detectar que la hinchazón en la mano de la niña por jugar al baloncesto no era «un golpecito de nada» como creíais vosotros. Era una fractura.

Si se ha acabado el café y no había pan de molde para el desayuno, ¿por qué no lo compráis de vuelta a casa? ¿Por qué tenemos que ser nosotras? ¿Os importaría hacernos algún día la cena? También venimos cansadas del trabajo, y soportamos tanta presión como vosotros.

Nos dicen que tenemos que ser asertivas, ir al grano, y no dar rodeos a las cosas cuando se debate una decisión importante. Pues escuchad esto: gran parte de las equivocaciones en las empresas proceden de esos machos alfa que creen tener la llave de todos los problemas. Nosotras necesitamos estar seguras de que la decisión es la correcta y nos tomamos nuestro tiempo. ¿Pruebas? La reciente crisis financiera se debió a unos personajes de Wall Street que se fumigaron el dinero de millones de ahorradores con sus decisiones temerarias. ¿Alguna mujer entre ellos? Temo que no.

¿Cotillas nosotras? ¿Porque entramos en el aseo juntas y nos ponemos a hablar? No señor. Tenemos más capacidad para las relaciones humanas gracias a que fuimos recolectoras en la tribu. La prueba es que nos ponen en los departamentos de comunicación, marketing y comercial porque sabemos llegar al corazón de la gente. Para nosotras, un cliente no es alguien al que le vamos a sacar el dinero. Es una persona que tiene problemas humanos que somos capaces de compartir.

Vuestras conversaciones son aburridas. Giran en torno al dinero, al poder, a los objetivos o al fútbol. Las nuestras giran en torno a las personas, a los lazos de amistad y al cariño. Y si os cabe alguna duda sobre qué es lo más importante, los libros de management enseñan ahora que la inteligencia emocional es más importante que otras habilidades. Se valora a los jefes que desarrollan su lado femenino. Son los mejores. Los más queridos. Por eso ganó Barack Obama. ¿Es que no os habíais enterado?

Os gusta el poder. Os vuelve locos tener una tarjeta que diga «jefe». Queréis mandar a toda costa, y cuando os ofrecen un cargo no meditáis un segundo si estáis preparados para ello. En cambio nosotras creemos que es una gran responsabilidad. Lo pensamos. Queremos estar seguras. Y cuando tomamos la decisión de aceptarlo, es porque realmente valemos para ese cargo. No como vosotros.

Tenéis la suerte de que la naturaleza no os castiga tanto como a nosotras. Cuando tenemos la menstruación, nos salen granitos en la cara y, ya por la mañana, nos miramos al espejo y nos sentimos horrorosas. Y encima llegamos al trabajo y nos encontramos a un patán que dice. «Sofía, tienes mala cara». Y así todos los meses. ¿Qué pasa? ¿Os gustaría que os dijéramos todos los días «vaya barriga que tienes, Manolo»? El periodo nos produce dolores de cabeza, malestar y hasta náuseas. Pero vosotros ni lo notáis en la oficina porque hacemos el esfuerzo de sonreír para estar siempre espléndidas. Sólo lo notamos nosotras, nuestro club.

Y una vez que somos madres, el cuerpo no nos queda como antes. Se ensancha la cadera, nos salen estrías por todas partes. Y encima hay empresarios que no quieren contratarnos cuando estamos embarazadas, o dicen: «Vaya lata». ¿Ah sí? Pues os lo voy a decir en vuestro lenguaje: ¡nosotras fabricamos clientes! Y nos dejamos la vida en ello. Creedme.

¿Que nos gastamos mucho dinero en peluquería y maquillaje? Bueno, mejor no hablar de vuestra coquetería oculta. ¿Creéis que no nos damos cuenta de la crema L’Oreal antiarrugas que escondéis en vuestro neceser? ¿Y ese botecito de minoxidil para defender los últimos pelos de vuestra cabezota? Antes os echabais un after shave que parecía vodka de 90 grados. ¡Qué machotes! Y ahora, usáis geles de aloe para haceros la ilusión de que mantenéis la piel como culito de niño. Resulta que los machos alfa son metrosexuales. Unas nenitas. Y no me tiréis de la lengua porque seguiría con vuestras camisas con iniciales. ¿Habéis visto alguna mujer que lleve una blusa con sus iniciales?

Decís que vais al gimnasio para evitar los dolores de espalda. No señor. Es por la barrigota que os sale después de casados. Os gustaría estar como los chicos que salen en la portada de Men’s Health. A nosotras nos encantan esos chicos también, pero cuando echamos un vistazo en la oficina no encontramos ni uno.

Os encanta llegar a casa y decir: «No te puedes imaginar el día que he tenido». Y nosotras allí escuchando el lamento del guerrero a quien no le importa si hemos tenido un día duro.

Vosotros llamáis «escuchar» a mover la cabeza mientras tenéis los ojos clavados en el partido de fútbol. La próxima vez, nos pondremos una película de miedo, y cuando empecéis con la frasecita de «hay que ver qué día», os diremos: «Ahora no cariño, que es cuando entra el asesino».

(Por cierto, a partir de hoy, los calzoncillos los compráis vosotros si es que sabéis la talla).

Un estupendo artículo que habla una vez más de las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de abordar determinadas situaciones. Es muy frecuente oír frases como: “¡¡Las mujeres son tan complicadas que no se entienden ni ellas!!” o “¡¡Los hombres son tan simples como el mecanismo de una peonza¡¡” La realidad es que mujeres y hombres reaccionan de diferente manera pero ni ellas son tan complicadas ni ellos tan simples.

Son muchos los libros que han tratado este tema, como el famoso best seller “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, del que hablaremos en su momento, pero avancemos una idea: todas las relaciones de pareja necesitan una puesta a punto de vez en cuando y eso solo se consigue con el diálogo.

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