Un paseo por Reinosa

De Reinosa conocía muy poco, lo que nos enseñan en la escuela: “el Ebro nace en Fontibre, muy cerca de Reinosa”, y “La Naval”, una gran empresa dedicada a la industria naval y militar a la que iba destinado y de la que me tuve que poner al día para saber el sitio elegido en mi nueva andadura profesional. Del resto, casi nada. Mi primera imagen, hace ya bastantes años, no pudo ser más desoladora.  En mi visita previa para conocer el entorno que me esperaba, la impresión que recibí me quedó grabada mucho tiempo. No fue buena. Entrando por la carretera de Santander, el primer soplo que acompañaba al visitante era una hilera de casas bajas, mal conservadas, situadas a ambos lados de la carretera, con aceras muy estrechas, que apenas permitían caminar hasta llegar al centro del pueblo. Allí, el panorama empezaba a cambiar, deformado todavía por el impacto de su entrada.

Por fortuna Reinosa no era eso, un poco exagerado cuando uno viene con las “orejeras” puestas y no alcanza a ver mucho más allá de sus narices. Reinosa era, y es, mucho más. Un lugar estupendo para vivir, con un clima duro, eso sí, al que uno se acaba acostumbrando, que en contrapartida tiene otras alegrías, la mayoría muy buenas por cierto. Como presume un letrero situado justo a la salida hacia la meseta castellana, es un pueblo con rango de ciudad y para muestra su eslogan “Reinosa, ciudad adelantada del mar en Castilla”. Uno de los municipios más pequeños de Cantabria con una peculiaridad importante: los pueblos de sus cercanos alrededores siempre se han considerado integrados en su capital comarcal, con una independencia que no pierden, pero con muchas ganas de decir: somos y formamos parte de Reinosa. En este blog hemos escrito varios post acerca de sus bondades, de modo que ha llegado el momento de dar un pequeño paseo por la ciudad que tiene también cosas muy interesantes.

Reinosa esconde, creo que es la palabra correcta, muchas cosas; unas por desconocimiento y otras por no haberles sabido dar su verdadero valor a lo largo del tiempo. Si bien en ocasiones se han hecho esfuerzos por cambiar esta actitud, los propios reinosanos, los primeros interesados en conocer su historia, muchas veces la han dejado de lado. Sigue siendo aún un destino por descubrir. Con unos parajes espléndidos como los ofrecidos por los valles de Campoo y sus alrededores, el centro de la ciudad merece también una visita aunque sea fugaz y rápida.

Vista aérea de Reinosa con la fábrica de La Naval en primer término

Antes de iniciar el recorrido que mejor que conocer un poco de su historia pasada y reciente.

Reinosa ya se menciona en la Edad Media como un lugar habitado y con personalidad propia. No debemos olvidar que aún se conservan restos medievales cristianos, sobre todo en la comarca de Campoo, uno de los bastiones del territorio y una de sus fronteras desde finales del siglo VIII. Como hemos visto en el post de “La ermita de Santa Ana y la mina Fontoria”,  durante las llamadas Guerras Cántabras, los primitivos pobladores de los valles se mostraron muy beligerantes ante la conquista romana.

El nombre de Reinosa comienza a aparecer en algunos documentos hacia el año 1000, pero su importancia y desarrollo no se inicia hasta el siglo XV, momento en el que su situación estratégica de paso entre la meseta y la costa la convierten en posada y fonda de viajeros y carreteros, centro harinero de primer orden y un importante núcleo industrial. Los tiempos de bonanza arrancan en el año 1445 cuando los Reyes Católicos le conceden el Fuero Real, y pasa a ser la cabeza visible de un extenso territorio como era, y es hoy en día, la Merindad de Campoo. Sin embargo, el crecimiento de su población no fue al mismo ritmo que su importancia, solo unos 120 habitantes en el siglo XIV y no más de 700 tres siglos más tarde. Camino Real 02. A su paso por Reinosa 03Camino Real a su paso por Reinosa. Una de las fotografías más antiguas existentes, realizada por el ingeniero británico Atkinson en 1857 durante la construcción del ferrocarril entre Alar del Rey y Reinosa

No es hasta el siglo XVIII, con la construcción del Camino Real, paso obligado de las rutas comerciales entre Castilla y el puerto de Santander con destino final a Europa y ultramar, cuando Reinosa se convierte en un próspero centro artesanal e industrial y su población se dispara hasta alcanzar los 1500 habitantes. Y así se mantiene durante todo el siglo XIX como uno de los núcleos económicos más relevantes. Hasta que en la primera mitad del siglo XX sufre de nuevo un crecimiento espectacular como consecuencia de la implantación, por motivos estratégicos nacionales, de la empresa Astilleros Españoles, más conocida como “La Naval”, a la que dedicaremos un capítulo aparte en otro momento. A partir de ese momento, junto a la instalación de otras empresas como Cenemesa, Sociedad Vidriera y Farga Casanova, Reinosa experimenta un enorme desarrollo demográfico, se transforma en una población próspera, muy visitada por su importancia industrial por todo tipo de autoridades, incluso jefes de estado, y propicia que en el año 1927 le sea concedido el título de ciudad. Así permanece hasta finales de la década de los 80 en que comienza su declive industrial, la reestructuración de empresas por la crisis económica le afectan de muy negativamente, sin que haya podido recuperarse hasta ahora.

Pero Reinosa, su industria, las fábricas y las barriadas construidas en su perímetro, son sólo una parte de su imagen. También tiene un centro histórico y religioso que se extiende en torno a la Plaza de España, y su arteria principal formada por la Avenida del Puente de Carlos III y la Calle Mayor, al que dedicaremos en gran parte este paseo por sus calles.

Por su situación Reinosa tiene mucho de montañesa y un poco de ciudad castellana, con antiguos edificios, con sus clásicas galerías-balcones, muchos de ellos con escudos de armas en sus fachadas de sillería, ordenados por un trazado urbano diseñado para soportar de la mejor forma posible el rigor y la dureza del invierno.

Nuestra visita la podemos iniciar por donde se hace muchas veces: por su Ayuntamiento. Situado en la Calle Mayor, en el epicentro del casco histórico y peatonal, con su espléndida Plaza de España de claro estilo castellano, ha sufrido con el paso del tiempo algunas modificaciones. Fue inaugurado en el año 1.935, aunque antes hubo otros dos edificios consistoriales destruidos por sendos incendios. La fachada, de piedra de sillería, consta de tres plantas de altura, con una planta baja formada por una galería porticada de cinco arcos que forman un soportal.

Ayuntamiento de Reinosa y la Plaza de España. A su lado los torreones de Navamuel y Manrique y Navamuel y Calderón

A su alrededor podemos contemplar, todavía bien conservadas, algunas casas de los siglos XVI y XVII, y los conocidos torreones de Navamuel y Manrique y Navamuel y Calderón, de la época medieval, que adosados al Ayuntamiento, y alineados en su mismo frente, se han terminado convirtiendo en oficinas municipales.

En la Calle Mayor, recuperado su antiguo empedrado, ahora solo peatonal, con sus clásicas casas con soportales del siglo XIX, destacan sobretodo dos de sus edificios más antiguos, con reconocidos blasones y escudos en sus fachadas: “La casa del Marqués de Cilleruelo” y “La casa de las Princesas”.

“La casa del Marqués de Cilleruelo” se encuentra un poco antes de llegar a la Plaza España. Recibe su nombre de quien fuera su primer dueño. También es conocida como “Casa del Regidor” o “Casa de Pano”, sus siguientes propietarios. “Pano” fue un personaje muy popular en Reinosa, autor de dichos o ripios muy conocidos, como aquel que circulaba ante cualquier crítica malintencionada o no, a veces injusta, y que decía: “Quien ve su casa, ve la ajena”. Un clásico de la sabiduría popular, en muchas ocasiones suficiente para acallar al contrario.

Casa del Marqués de Cilleruelo, más conocida como Casa de Pano

Un poco más adelante, al final de la calle, está situada “La casa de las Princesas”, conocida también como “Casa de las Infantas”, un edificio construido en el siglo XV, reformado en siglos posteriores, en el que parece ser “se tomaron las manos” (sic) en el año 1497 el príncipe D. Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, y Dª Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso. Tiene, aunque su estado actual es de total abandono, dos plantas de altura, con cubierta a dos aguas. Situado enfrente de la antigua Plaza del Espolón, hoy Díez Vicario, a su alrededor podemos admirar las típicas casas de galerías y soportales de la zona.

En la confluencia de la Calle Mayor con la Avenida del Puente de Carlos III, nos encontramos con uno de los símbolos más queridos de Reinosa: “El Cañón”. Un recuerdo de la Guerra de la Independencia del que se dice fue abandonado por las tropas francesas en su precipitada salida. El viejo cañón es casi un personaje que cada vez pasa más desapercibido mientras observa el paso continuo de peatones y vehículos.

Siguiendo adelante por la avenida aparece uno de los pocos recuerdos que aún permanecen del antiguo Camino Real: el Puente de Carlos III sobre el río Ebro, tantas veces caído y tantas levantado. Un puente de piedra, de tipo bóveda, con tres arcos, construido durante el reinado de Carlos III, y que constituía la principal infraestructura viaria a su paso por Reinosa.

Algo más allá, podemos visitar uno de los edificios más emblemáticos: “La Casona de la Niña de Oro”, mucho más conocido por su nombre popular: “La Casona”. En Reinosa, como en muchos otros lugares, sus gentes son muy dadas a ponerles apelativos a las cosas, y éste es un ejemplo más. Se trata de un palacete del siglo XVIII, de dos plantas, con una fachada formada por cinco elegantes balcones por planta y hermosas mansardas o buhardillas en el tejado, que le dan una forma peculiar. Hasta finales de los años 70 jugó un importante papel en la vida local como Casino de la ciudad, con salón de baile incluido, pero después de un primer incendio ocurrido en 1808, provocado por las tropas francesas, y sobre todo el siguiente acaecido en 1978, que le afectaron muy gravemente, fue restaurado en la década de los 80 y en la actualidad se ha convertido en un centro cultural utilizado para conferencias, exposiciones y también, como sede de la Universidad de Cantabria, cursos de verano. Cuenta la leyenda que su primer propietario, Luis de los Ríos Velasco, prometió ofrecer a la Virgen el peso de su hija en oro si ésta sanaba de una grave enfermedad. De ahí su nombre original.

Casa de la Niña de Oro, más conocida por La Casona

Quizás el monumento más interesante de Reinosa sea la Iglesia de San Sebastián. Construida en el siglo XVI, de claro aspecto barroco, declarada monumento histórico-artístico, está formada por tres naves de tradición gótica, una torre campanario de gran altura y una excelente portada presidida por la estatua del Santo. En su interior dispone de una magnífica colección de retablos distribuidos por las tres naves, considerada entre lo mejor de Cantabria. La fiesta de San Sebastián, patrono de la ciudad, a pesar de celebrarse en el mes de enero, donde los rigores del invierno son máximos, es muy seguida por todos los reinosanos. Una de sus tradiciones más festejadas es preparar la fuente de la Plaza de España para que ese día, y solo ese, el vino sea el único líquido elemento. Ni que decir tiene que es una costumbre muy seguida, bastante más que cuando solo echa agua. Además, como también se realiza un concurso de ollas ferroviarias, un cocido siempre exquisito, la degustación del conjunto permite, y de que manera, entrar más rápido en calor, que buena falta hace si el tiempo se desmadra como suele ser normal.

Iglesia de San Sebastián 07Iglesia de San Sebastián

Para finalizar este paseo podríamos visitar también alguno de los edificios singulares de otras partes de la ciudad, por ejemplo el Convento de San Francisco. Un edificio religioso relevante, que formó parte de un antiguo convento de franciscanos, al que se llega después de atravesar el paseo del mismo nombre. Con su iglesia del siglo XVI, de línea  renacentista, es desde hace mucho tiempo otro de los símbolos más queridos. Convertido en residencia de ancianos, todos los reinosanos colaboran en su mantenimiento y se desviven por la atención a los mayores, en este caso de manera muy especial con actuaciones extraordinarias de todo tipo.

Y si aún nos quedase algo de tiempo y ganas, aún podemos ver de pasada la Casa de los Cossío, enfrente de La Casona, conocida también como la “Casa de los Leones” por su escudo de armas del siglo XIX flanqueado por las figuras de dos leones; y más en las afueras, la Fuente de la Aurora, la Casa de los Obeso, el Teatro Principal, el Parque de Cupido y alguno más. Pero a lo mejor nuestro cuerpo requiere antes otro tipo de “atenciones”: ¡¡Ha llegado la hora de reponer fuerzas¡¡. Es el momento de buscar el placer de una buena mesa y en Reinosa no es difícil. Que mejor que darnos un pequeño homenaje con la comida local y comenzar con un cocido campurriano, de merecido renombre, a base de alubias, berzas, chorizo y tocino; luego, ¡¡un día es un día¡¡, lo podemos acompañar de carne, muy renombrada, no hay más que ver la cabaña de los alrededores, o bien setas, muy cotizadas en la zona, o bien truchas, de los ríos Ebro e Hijar tan cercanos; y como postre no podemos irnos sin probar su repostería tradicional: pantortillas de hojaldre, rosquillas o galletas tostadas. ¡¡Exquisitas¡¡. Todo ello acompañado de un buen vino y del reposo sosegado de una buena tertulia completa un día que merece la pena disfrutar.

Reinosa, sin duda el mayor núcleo urbano al sur de Cantabria, centro geográfico del valle de Campoo, y animada por tres ríos que la cruzan, el Ebro, que la atraviesa por el centro, y sus afluentes el Hijar y el Izarilla, en las afueras, esconde curiosas tradiciones, pero sobre todo Reinosa tiene grandeza e historia.

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5 respuestas a Un paseo por Reinosa

  1. Victor dice:

    Me ha gustado mucho tu descripcion de Reinosa. He vivido casi toda mi vida en Reinosa, menos 5 años que he vivido fuera, y ahora que he regresado, no lo cambio por nada. Puede que las nieblas procedentes del pantano del Ebro, aparezcan muy a menudo, y que el invierno sea duro, pero es un buen sitio para vivir.

    • eltrasterodepalacio dice:

      Hola Victor:
      A mi me ha pasado lo contrario que a tí. He pasado una gran parte de mi vida en Reinosa y ahora que no estoy ahí la recuerdo con mucho cariño y nostalgia.

  2. Elsa dice:

    Hola;
    Yo soy de Reinosa, y por motivos laborales acudo de forma intermitente.
    Me siento orgullosa de mi ciudad, como supongo la mayoría de reinosan@s. Pero me da muchísima pena el desconocimiento que existe sobre el patrimonio historico de esta villa.
    Se conoce la casona, se conoce el cañón, el puente te “del ebro” la casa de las infantas (es un dolor que la dejasen caer por tequedad)…… se conocen, pero pocos conocen su historia, una historia, que sobre todo ahora en estos tiempos de crisis, podía salir la ciudad mucho mejor parada si esto se explota se de buena manera.
    Tenemos una oficina de turismo, pero que explica????? Por qué no se saca rendimiento y puestos de trabajo de los que hay??????
    Es una pena que por desconocimiento algún turista pregunte a algún reinosan@ que se puede visitar y se les mande al nacimiento del Ebro porque no sabemos lo q tenemos.
    Quizá hablo desde la nostalgia, o bien porque visitando otros lugares con menos patrimonio, lo sepan llevar mejor que nosotros.

    • Sara dice:

      Alguien podría darme información o fotografías sobre un hotel llamado “Universal” que huvo en Reinosa? Me gustaría regalárselo una señora amiga q trabajó de jovencita a allí, pues en los años 50 creo. Muchas gracias

      • eltrasterodepalacio dice:

        El Hotel Universal estaba situado en la calle principal de Reinosa, justo al lado del Parque Cupido (en una de sus esquinas). Su dirección completa en aquellos años era C) José Antonio Primo de Rivera, Nº 55, calle cuyo final enlazaba con la carretera de salida hacia Castilla siendo el cercano pueblo de Matamorosa el primero que encontraba. Disponía también de restaurante. Era el prototipo de edificio de la época de cierta categoría con esquinas de sillería, remarcado de huecos y chaflanes en los costados. Situado muy cerca de la Fonda de la Estación y algo más alejado del Hotel Valenciaga, que estaba en el centro, eran tres referentes muy conocidos en esos años. Existen algunas fotos de su fachada exterior de las primeras décadas del siglo pasado. Por el tipo de formato de este blog no es posible incluirlas en esta contestación (se podrían enviar por email). Uno de sus dueños o persona relevante del hotel en los años 30 fue José Gutiérrez Lantarón.
        Saludos

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