La bombilla incandescente, una historia de 100 años, y algo más

Se acerca 2012 y con él también la desaparición de un símbolo de los últimos tiempos: la bombilla incandescente. Nos costará creerlo pero en poco tiempo dejaremos de ver en los comercios, cada vez hay menos, las clásicas “bombillas”. Será la culminación del plan puesto en marcha hace 3 años por la Unión Europea que supone su sustitución por bombillas de bajo consumo, enfocado no solo al ahorro energético sino sobre todo al beneficio ecológico y menores emisiones de CO2. Sin apenas darnos cuenta, la bombilla incandescente pasará a la historia el mes de septiembre del próximo año.

El invento de la bombilla o lámpara incandescente se atribuye, aunque no está del todo claro, a Thomas Edison, en el año 1879, cuando logra desarrollar una fuente luminosa artificial que permanece encendida sin interrupción durante 48 horas. Pasados más de 130 años, el principio de su funcionamiento, y su rendimiento, sigue siendo básicamente el mismo. Se produce luz por el calentamiento del filamento al paso de la corriente eléctrica. Su ineficacia se debe a la excesiva cantidad de calor que disipa, del orden del 90% de la electricidad que consume, siendo tan solo el 10 % restante el que se transforma en luz.

A lo largo de este año se están recordando historias muy curiosas. Una de ellas es la que cada año protagoniza, y ya van 110, la bombilla que sigue iluminando sin interrupción la estación de bomberos de Livermore, California, cerca de San Francisco. En todo ese tiempo solo se ha tomado un pequeño “descanso” en contadas situaciones; una de ellas en 1976 cuando la estación cambió de lugar, y también con ocasión de alguno de los terremotos que asolaron la ciudad de San Francisco. En su primer traslado la interrupción duró solo 22 minutos, el poco tiempo que se necesitó para llevarla a su nuevo destino, eso sí con escolta policial como si fuese un pequeño tesoro.

Cada vez que cumple años, el pueblo de Livermore se lanza con pasión a celebrarlo, y eso que no se trata de ninguna persona, sino de una simple bombilla, una Shelby fabricada en Ohio, conectada por primera vez en el año 1901 y que ahí sigue dando guerra. ¡¡Cuando se cumplieron 100 años se armó la marimorena¡¡.

Diseñada como una bombilla de 60 vatios su potencia actual no supera los 4. ¡¡Cést la vie¡¡. Dicen que fue un invento de Adolphe Chaillet, un científico francés que trabajaba para la Shelby, y que el secreto de su gran rendimiento nunca se conoció porque se lo llevó con él a la tumba. Unos piensan que se debe al grosor de su filamento, ocho veces superior al de una bombilla normal, y otros que a su longitud y calidad, se cree que es de carbono un buen semiconductor; el caso es que General Electric compró la patente en 1912 y, sin saber muy bien por qué, años más tarde la dejó de fabricar con la excusa de los costes. En su lugar lanzó otras de aparente mejor calidad, de wolframio, que brillaban más y eran más delgadas, pero con una menor duración.

Se piensa que en realidad General Electric y otras grandes compañías, para aumentar sus ventas, decidieron retirar del mercado las bombillas como la inventada por Chaillet y reemplazarlas por otras con una fecha de caducidad razonable. Una consecuencia fue que su vida media pasó de durar 2500 horas las Shelby a 1000 horas las nuevas. A ésto se le llamó entonces, y ahora también, “obsolescencia programada”, término éste que luego se extendió a todos los segmentos del mercado americano. Estas mismas reglas se aplicaron más tarde en empresas como Philips en Holanda, Osram en Alemania y Lámparas Zeta en España. A pesar de que después se patentaron decenas de nuevos modelos con vidas superiores a las 100000 horas nunca se llegaron a comercializar por razones no conocidas pero que se pueden suponer.

El “orgullo de Livermore”, como se conoce también a la famosa bombilla, siempre ha estado expuesta al “ataque” de franquicias que han querido comprarla para su explotación en museos. Muchos grupos de turistas acuden a diario a visitarla, se calcula que entre 200 a 300 personas lo hacen cada semana. Hasta 35000 dólares se llegaron a ofrecer por su compra, siempre rechazada: ¡¡No se pueden vender los símbolos¡¡ Para la gente de Livermore es como su monumento regional. Hasta tiene un club de fans como los grandes cantantes. Hace poco, por su 110 cumpleaños, se estrenó una película, “Century of Light”, inspirada en su propia historia. Tal es la “veneración” que los bomberos sienten por ella que han instalado una webcam para que cualquier persona pueda comprobar, en directo vía Internet (ver en: http://www.centennialbulb.org/cam.htm), que la bombilla nunca se apaga. Siempre encendida, ilumina con su pálida luz las 24 horas al día. Se cuenta que los bomberos antes de acudir a cada llamada de emergencia suelen darle un pequeño “toque”. Su importancia simbólica ha sido reconocida por varios presidentes americanos, entre ellos George Bush y Obama, que suelen enviar una felicitación a la estación cada vez que cumple años.

Aunque parezca increible, la bombilla de Livermore tiene también algún otro competidor. Como la de Forth Worth en Texas, en la actualidad en el Museo Stockyards de esa localidad, instalada en septiembre de 1908. O la que luce desde 1912 en la tienda de suministros Gasnick en Nueva York. Y también la que lleva encendida desde 1926 en otro cuartel de bomberos, el de la ciudad de Mangum en Oklahoma.

No todo el mundo está de acuerdo con la desaparición de las bombillas incandescentes. Algunos dicen que la medida no va a suponer un ahorro tan importante en el consumo doméstico, seguro que en otros aspectos sí, y que está “enmascarada” por una imagen de sostenibilidad “verde” impulsada por grupos políticos interesados en transmitir esa sensación, y que el verdadero motivo es garantizar los beneficios de los fabricantes de las lámparas fluorescentes compactas, las que nos venden como de bajo consumo pero no las únicas. Se estima que su rentabilidad es unas 20 veces superior al de una bombilla normal pero aún no ha resuelto, a pesar de lo que digan, sus propios problemas ambientales.

A favor de la lámpara incandescente existe una ventaja muy importante sobre la que se suele pasar de soslayo: contiene el espectro luminoso completo; es decir, la luz que emite se descompone en todos los colores del arco iris, mientras que la luz de una lámpara fluorescente solo combina los tres colores primarios, el rojo, el verde y el azul. Eso se traduce en que lo nos rodea se percibe de una manera parcial y distorsionada. El mejor ejemplo se puede observar en cualquier comercio de vestir: los colores que vemos desde el exterior no son los mismos que notamos dentro.

Desde el punto de vista de la salud existen también estudios que indican que la iluminación fluorescente influye de manera negativa en el ánimo de las personas, incluso puede producir transtornos depresivos. Y en el aspecto medioambiental, así como el reciclaje de la bombilla incandescente es completo no sucede lo mismo con la fluorescente compacta que contiene mercurio en porcentajes muy pequeños, un gran contaminante que precisa plantas de reciclaje específicas. Otro inconveniente es que, si bien su consumo es menor que el de la lámpara incandescente, se necesita mucho más energía en su fabricación por lo que el ahorro real es menor, aspecto éste sobre el que no se suele hacer comentarios.

A continuación se refleja una pequeña comparación entre distintas lámparas que existen en el mercado y que cada cual saque sus conclusiones. Se indican solo los datos importantes sin tener en cuenta factores medioambientales sobre los que hay opiniones contradictorias:

Duración:
Centenaria: 96360 horas, al cumplir los 110 años
Incandescente: 1000 horas
Bajo consumo: 6000-10000 horas
Led: 50000-100000 horas

Bombilla incandescente
La corriente fluye por el filamento y se calienta de tal manera que emite luz visible. El 90 % de su energía se disipa en forma de calor.
Bombilla de bajo consumo
La lámpara fluorescente “compacta” consume un 80 % menos. Su rendimiento es cinco veces mayor. Se demora unos instantes en alcanzar su intensidad lumínica. Su vida útil es mayor aunque también su precio.
Bombillas LED
Nombre de sus iniciales (LED) equivalente a “diodo emisor de luz”. Emite luz al contacto con la corriente eléctrica. Actualmente es el sistema más caro pero también el más eficiente y ecológico.

Por tanto, sustitución de la lámpara incandescente: SI, pero de una forma natural, al tiempo que se impulsa el desarrollo de otros productos más eficientes y beneficiosos como por ejemplo las lámparas halógenas, de las que ya existe algún tipo que emite luz en todo el espectro y consumen mucho menos. Sus propiedades cromáticas y calidad son las mismas que la lámpara incandescente, solo se requiere seguir profundizando en esa línea.

Para terminar una reflexión y un ejemplo: La bombilla de Livermore es una reliquia y también el reflejo de una época en la que las que las cosas se hacían para durar.

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