“Todo bajo el cielo”. Matilde Asensi

Matilde Asensi siempre me ha gustado por su forma de atraer al lector. He leído varias de sus obras, como “El último Catón”, espléndida, o “El origen perdido”, muy interesante, y en todas parte de un ambiente inicial muy trabajado. En “Todo bajo el cielo” vuelve a esa misma puesta en escena. A través de un relato espléndido nos traslada hasta China desconocida y a la vez misteriosa, con su cultura, vida y costumbres aún por descubrir por los occidentales. Leyendas y aventuras a través de su historia son su banderín de enganche.

En un principio, se parece más una aventura adornada con citas a la cultura sin demasiadas pretensiones. Sin embargo, poco a poco sufre un cambio paulatino que la vuelve más y más interesante, hasta que llega a su punto de inflexión, en el monasterio de Wudang, templo del taoísmo y cuna de tradiciones milenarias, y a partir de ahí se convierte en un relato trepidante.

Sinopsis:
Elvira, una pintora española afincada en París, recibe la noticia de que su marido ha muerto en su casa de Shangai. Acompañada de su sobrina, parte desde Marsella en barco para recuperar el cadáver de Rémy sin saber que este viaje es solo el principio de una gran aventura por China en busca del tesoro del Primer Emperador.

Al pisar por fin tierra firme después de una travesía interminable, comenzará para Elvira y Fernanda la mayor peripecia que nunca hubieran imaginado vivir. Sin tiempo para reaccionar, se verán perseguidas por los eunucos imperiales y los sicarios de la Banda Verde que quieren robarles el “cofre de las cien joyas”.

Huyen en un viaje apasionante por el corazón de China hasta Xi’an, donde, con la ayuda del anticuario Lao Jiang, la sabiduría oriental del maestro Jade Rojo y la inteligencia de Biao, podrán descifrar las claves y superar las arriesgadas pruebas para encontrar la tumba del Primer Emperador y la última pieza del secreto mejor guardado de la historia de la Humanidad.

Una característica de Matilde Asensi es que no escatima tiempo para ambientar sus novelas. A pesar de que conocía muy poco sobre la cultura china, en “Todo bajo el cielo” nada le arredró ydedicó dos años a documentarse.

Aunque los personajes de la novela se ubican en el año 1917, el esfuerzo histórico que hace Matilde Asensi para centrar la búsqueda del tesoro es de gran interés. Mientras Elvira, la protagonista, y su sobrina, acompañadas por el anticuario Lao Jiang, el maestro Jade Rojo y el pequeño Biao, huyen en un viaje apasionante hasta Xi’an por el corazón de China, con el único objetivo de descifrar y superar las pruebas que les llevarán a encontrar el tesoro del Primer Emperador, necesitan prepararse a fondo para ver a que se enfrentan.

Ruta seguida en la búsqueda del tesoro del Primer Emperador

El sistema que utiliza Matilde Asensi para centrarnos en la narración es clave y a la vez sencillo. Al tiempo que nos explica un poco de la historia china, nos traslada a una época muy lejana que le sirve de arranque perfecto para la novela. De inicio nos lleva al año 2594 a.n.e. cuando Huang Ti, el Emperador Amarillo, escribió el famoso Huang Ti Nei Ching Su Wen, el tratado de medicina china más importante sobre las energías de los seres humanos. Sigue con el año 2300 a.n.e. donde el emperador Yao inventa el juego Wei-ch’i, también conocido como Go, y luego al 2100 a.n.e. en el que comienza la dinastía Xia, con su fundador, el emperador Yu, que nació de su padre muerto tres años antes.

Más tarde da un salto para explicarnos como en el año 259 a.n.e. nace Yi Zheng, llamado también Shi Huang Ti, el Primer Emperador de la China unificada, que inicia la construcción de la Gran Muralla y las obras de su mausoleo empleando a más de 700.000 trabajadores. Pasa al período 618-907 n.e. con el reinado de la dinastía Tang, sigue con el 960-1279 n.e. de la dinastía Song, el 1268-1644 n.e. con la dinastía Ming, hasta que en 1644 n.e. muere el emperador Chongzen y comienza el reinado de la dinastía Qin con Shun Zhi. En 1646 n.e. el Príncipe de Gui, Yongli, es proclamado emperador Ming por un pequeño ejército de fieles, que se ve obligado a vivir siempre huyendo de las tropas de los Qin hasta que es ejecutado en 1662. En 1900 n.e. se produce la sublevación de los bóxers contra los extranjeros residentes, y en 1911 n.e. Sun Yatsen derroca a Pu Yi, el último emperador, establece la República, y crea el Partido Nacionalista Chino, el Kuomintang. En 1921 n.e. Manchuria, gobernada por el dictador Chang Tso-lin, se convierte en provincia independiente, en 1923 n.e. un enorme terremoto destruye Japón y llega por último al año 1974 cuando se descubre el Ejército de Terracota en el Mausoleo del Primer Emperador. Como se ve un auténtico recorrido por una parte importante de la historia china que Matilde Asensi de manera breve desgrana con gran habilidad.

En “Todo bajo el cielo”, con personajes muy reales, creíbles, con una historia y un pasadosus explicaciones, tan claras, no dan mucho juego a la imaginación. Algo que en ocasiones es malo no lo es en este caso. Comienza con un viaje desde París a Sanghai y pronto se empieza a vislumbrar lo que nos deparará el futuro: una gran aventura y un viaje por la historia de la China milenaria. Como en muchas de sus obras, el factor aventura, acompañado en este caso de una trama más compleja, una sociedad más intrincada, donde no siempre es lo que parece y el factor sorpresa es una constante, es un aspecto clave. Bien documentada, describe con gran realismo lugares, ciudades, gobernantes y toda clase de referencias históricas a sus personajes centrales. En cierto modo es también una novela didáctica.

Montaña de Wudang

Son muchas las referencias que invitan a reflexionar sobre el ritmo de vida que llevamos en nuestra sociedad. Aunque la acción se desarrolla en los años 20 enseguida nos viene al pensamiento su comparación con nuestra vida actual. Merece la pena resaltar la interesante introducción que realiza a la filosofía Taoísta. Como cuando el anticuario Lao Jiang y el maestro Jade Rojo le explican a Elvira, la protagonista, alguno de los pensamientos taoístas:

Le voy a dar su primera lección de taoísmo, madame: aprenda a ver lo que hay de bueno en lo malo y lo que hay de malo en lo bueno. Ambas cosas son lo mismo, como el yin y el yang….

El abad me pide que le traduzca estas frases del Tao te King de Lao Tsé: “Sólo con la moderación se puede estar preparado para afrontar los acontecimientos. Estar preparado para afrontar los acontecimientos es poseer una acrecentada reserva de virtud. Con una acrecentada reserva de virtud, nada hay que no se pueda superar; cuando todo se puede superar, nadie hay que no conozca los limites de su fuerza”.

”Inacción”. Es un concepto difícil para ustedes, los occidentales. Significa no actuar frente a las situaciones de la vida. Se pasó los dedos con suavidad por la frente buscando la manera de explicarme algo tan simple como la holgazanería. “Wu wei” no significa pasividad, aunque a ustedes pueda parecérselo ahora. El sabio taoísta, como tiene la mente en paz, permite que las cosas discurran por sí mismas, sin interferir en los acontecimientos. Al renunciar al uso de la fuerza, a las emociones agitadas, a la ambición por las cosas materiales, descubre que intentar imponerse al destino es como remover el agua en una charca y enfangarla. Si, por el contrario, su acción consiste en no removerla, en dejarla como estaba, el agua permanecerá limpia o se limpiará por sí sola, La inacción del “Wu wei” no implica no actuar sino hacerlo siempre bajo el signo de la moderación del Tao, retirándose discretamente una vez que se ha terminado el trabajo.

Perdón, Ming T’ien -repuse haciendo una inútil reverencia con las manos unidas a la altura de la frente-. Hoy es un día muy especial y tenemos un poco de prisa…. ¿Y que importa eso? ¿Acaso crees que esas esculturas de tortugas que adornan todo el monasterio están puestas sólo para decorar? Aprende de una vez que la tortuga posee la longevidad por que se conduce de manera pausada. Actuar precipitadamente acorta la vida. Repítelo.

Otro pasaje muy interesante de la novela sucede cuando el abad del monasterio taoísta de Wudang les pide a los protagonistas de la historia que ordenen de mayor a menor importancia cuatro de los pilares básicos de la cultura china: Longevidad, Salud, Felicidad y Paz. Si aciertan habrán ganado la última pieza para seguir buscando el mausoleo del Primer Emperador.
¿Alguien se atreve a dar la respuesta correcta?

Antes de responder, una pequeña ayuda: una característica de la filosofía china es la capacidad de cumplir años sin que la edad sea un problema. Su anhelo es la paz interior, y para ello se preparan durante toda su vida: para conseguir la paz y vivir más años. Son maestros de la moderación y escuchan el silencio lo que les sirve para afrontar las dificultades de la vida.

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