El origen de las tradiciones navideñas

Se acercan días entrañables, una buena ocasión para explicar como y donde surgieron unas costumbres tan enraizadas con estas fechas. La celebración de la Navidad, una de las tradiciones más universales, y más en el mundo latino, siempre trae emociones, sentimientos, alegría de niños y mayores, días de fiesta, excitación, añoranzas y recuerdos, y sobre todo esperanza.

Comenzaremos nuestra pequeña historia por el día de Navidad, uno de los más significativos, día en el que se festeja el Nacimiento de Jesús en Belén, seguramente la fiesta más importante del año eclesiástico después de la Pascua de Resurrección. La realidad es que no se sabe muy bien la fecha concreta del nacimiento de Jesús. De hecho ese día no fue reconocido hasta el año 345 en que se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad, aunque hay quien sostiene que fue el Papa Telésforo el que primero lo comenzó a celebrar en el año 125. Una fiesta que la Iglesia primitiva instauró en contraposición a los ritos paganos existentes. Como el día del Saturnal romano que se festejaba el 19 de diciembre en honor a Saturno, dios de la agricultura, y que era seguido por siete días de grandes diversiones y banquetes. O también el Yule, una fiesta parecida del norte de Europa que se celebraba en invierno y en la que se quemaban enormes troncos adornados con cintas en honor de los dioses para que el Sol brillara con más fuerza. La palabra Navidad viene de la contracción de Natividad, nombre con el que también se la conoce, y que en latín significa Nacimiento. Como hemos dicho no emana del Nuevo Testamento, ni de la Biblia, ni de los Apóstoles, sino que fue la Iglesia Católica quien la incluyó para contrarrestar las fiestas del paganismo.

En estas fechas, pesebres y posadas, nacimientos y belenes, villancicos, pasando por convites variados y ricos manjares, forman parte de unas fiestas siempre muy esperadas. La celebración de la Navidad es parecida en todos los países, con distintos matices según sus regiones y costumbres que han ido cambiando con el tiempo. Por ejemplo, en África, donde conviven varias religiones y creencias, se suelen reunir y leer pasajes de la Biblia para continuar con bailes y cánticos al aire libre. En Etiopía se hace una ceremonia que consiste en bañarse en el río, primero se bendicen las aguas y luego la gente se baña y arroja flores. En tierras americanas, la primera Navidad se celebró en el año 1492 en la isla “La Española”, nombre con el que Colón bautizó a la isla que hoy es la República Dominicana y Haití. Estaba Colón realizando un reconocimiento de los archipiélagos de la zona cuando por una mala maniobra se averió la carabela “Santa María” y no tuvo más remedio que bajar a tierra con todos sus hombres. Allí los indígenas les ayudaron a rescatar la carga y a construir un fuerte en el que luego se quedó parte de la tripulación. Le dieron el nombre de “La Natividad” por terminarse ese mismo día, y en él celebraron con enorme emoción la Navidad de ese año. Por desgracia, cuando Colón regresó en su segundo viaje, apenas transcurrido el primer año, vio como el fuerte había sido incendiado y se vio obligado a construir uno nuevo al que llamó “La Isabela”.

La Navidad, tal y como hoy la conocemos, proviene del siglo XIX donde se recuperan los villancicos de siglos atrás y se empiezan a ver ya las primeras tarjetas de felicitación. Hoy ha cambiado mucho, se ha transformado en una fiesta más comercial donde predominan los regalos, reuniones y comidas, y ha perdido una parte importante de su esencia.

                        Belén típico con el niño Jesús, la Virgen María, San José y los pastores

El Nacimiento y los villancicos fueron introducidas por la Iglesia en la Edad Media, hasta entonces eran los tradicionales banquetes los que ocupaban el lugar preferente. En estas fechas sigue aún muy arraigada la costumbre de montar el Belén o Nacimiento que, según parece, se remonta hasta San Francisco de Asís cuando la noche del 24 de diciembre de 1223 revivió el nacimiento de Jesús en la cueva de Greccio (Italia). A partir de ahí se difundió por toda Europa. Se cree que a España llegó en el siglo XV con las estatuas de madera haciendo acto de presencia en iglesias y monasterios, para pasar a los hogares en el siglo XVII con las figuras de barro cocido y donde nobles y soberanos competían por presumir del Belén más hermoso. 

Los villancicos en un principio eran canciones profanas, con un estribillo, entonadas a varias voces, que fueron muy populares entre los siglos XV y XVIII. En ellas, los villanos o habitantes de la villa, de ahí su nombre, campesinos del medio rural, con una letra picaresca y muy incisiva, sin una temática religiosa específica, solían referirse a los acontecimientos más recientes del pueblo. Más tarde comenzaron a cantarse en las iglesiasen la época de Navidad. Una costumbre que se ha ido perdiendo es el “aguinaldo”, solo permanece en los pueblos pequeños. Con este nombre se conocía al cántico de villancicos que hacían pandillas de niños recorriendo las casas de sus vecinos que les daban a cambio dinero, chucherías, regalos, …. o cualquier otro “detalle” siempre bien recibido.

En Occidente y en los países de América Latina de fuerte tradición católica se celebra de forma muy especial la noche anterior al día de Navidad: Nochebuena, 24 de diciembre, una cena donde abundan los platos, postres y bebidas tradicionales. Una noche donde hasta hace muy pocos años todo se paralizaba; los bares y restaurantes cerraban y la cena familiar, con los menús típicos de cada zona y los clásicos turrones y mazapanes de postre, era lo más importante. El pavo, menú que hace tiempo era sinónimo de Nochebuena, tiene una historia poco conocida que merece la pena citar. Su origen viene de Méjico, siglo XVII, cuando se lo dieron a probar al conquistador Hernán Cortés. Le gustó tanto que se llevó la costumbre para España. Los postres navideños, una golosina que todos esperamos con ansiedad, son también de uso reciente. Por ejemplo, nuestro querido turrón tampoco tiene un origen claro, muchos dicen que fueron los árabes residentes en España quienes lo comenzaron a fabricar en el siglo XVII.

Niños cantando villancicos

Hace no mucho tiempo, ahora ya menos, después de finalizar la sobremesa de la cena de Nochebuena, existía la tradición de acudir a las iglesias a la 12 de la noche a la famosa Misa del Gallo, una costumbre que proviene de los ritos de los templos de Jerusalén. Ese día los los católicos acostumbraban a celebrar tres misas: una por la noche en la cueva de la Natividad, santificando de esa manera la hora del Nacimiento, otra al amanecer como signo de la Resurrección, recordando que Dios se ha hecho hombre, y una tercera en el templo, que era el oficio solemne del día. Su nombre se debe a que, según dicen, fue el gallo el primero en presenciar el nacimiento de Jesús y anunciarlo al mundo. Una tradición que como muchas otras se ha ido también perdiendo.

La comida del día de Navidad solía ser el acontecimiento más festejado por las familias al completo, poco menos que la fiesta grande del año. La familia en su sentido más amplio: abuelos, tíos, primos, …., se reunía alrededor de una mesa con sus mejores galas, se sacaba la mejor vajilla, y se seguían toda una serie de rutinas que hacían de este día algo muy especial. Hoy, los distintos trabajos, los largos desplazamientos, en resumen las dificultades para reunirse todos juntos un mismo día, han hecho que estas reuniones familiares sean cada vez más reducidas.

No todo es espíritu religioso en la Navidad, los ritos han ido perdiendo parte de su significado. Las ciudades compiten entre sí por los mejores adornos, iluminan sus árboles de forma profusa, y un espíritu cada vez más comercial predomina en exceso. Un ambiente que se empieza a sentir mucho antes, los comercios y las grandes superficies se engalanan muy pronto con motivos navideños y ofrecen atractivos reclamos a un consumo ávido de que llegue el “nuevo” tiempo. Un bombardeo publicitario de turrones, bebidas, juguetes, …. se ve por todas partes y el significado de paz de estos días pasa a un lugar secundario. Con el tiempo la Navidad ha ido perdiendo parte de su esencia. Hay de todo: unos deseando estar con los familiares que hace tiempo no ven, otros pensando que están cerca las vacaciones, algunos se quejan de la ilusión perdida, otros no creen en estas fiestas y muchos recordando que el nacimiento de Jesús está a la vuelta de la esquina.

En los últimos años la tradición anglosajona de Papa Noel y el árbol de Navidad conviven en armonía con la Navidad y el Belén tradicional de los católicos, y en especial con la festividad de los Reyes Magos, día que los niños esperan con gran ilusión para recibir sus regalos. En este último caso, una razón de peso ha obligado a la convivencia: el 6 de enero, día de Reyes, está muy cerca del final de las vacaciones escolares y muchos padres prefieren con buen criterio que sus hijos disfruten más tiempo de sus regalos, de ahí que Papa Noel o el día de Navidad sean un buen motivo para hacerlo antes. No obstante, lo más normal es repartir los regalos entre los dos días como buenos samaritanos, y de esa forma no perder el sentido más tradicional de la festividad de Reyes. La leyenda de Papá Noel es también antigua y algo compleja, procede en buena  parte de San Nicolás. Hay otro personaje muy venerado en estas fechas: Santa Claus. Con su trineo, los renos y los juguetes, también forma parte del paisaje; con menor éxito eso sí, quizás por ser un invento estadounidense.

Lo más importante en estas fechas es que todos deseamos ser más “buenos” que de costumbre. Esperemos que se cumpla, sean unos días de paz y los vivamos como unas Felices Fiestas.

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