La disciplina en la educación

Hace tiempo que el debate está en la calle: es necesario un cambio en la educación. No en los métodos de aprendizaje, sino más bien en la disciplina. La pregunta que flota en el ambiente es si no habremos pasado de un extremo al contrario, de la mano dura a tratar a los alumnos con demasiado guante de seda. Parece que el efecto provocado ha sido perjudicial para todos, para los propios alumnos y también para los profesores.

Cada vez se oyen más voces que dicen: ¡¡hay que regresar a la disciplina!! Son muchos los padres que exigen un regreso a la educación en la que ser profesor era sinónimo de autoridad. La pérdida de valoración del “maestro” es una de las causas principales de la degradación del actual sistema educativo. Por eso es tan importante reforzar la autoridad del profesor, hace tiempo perdida y nunca recuperada.

Por desgracia, abundan las noticias sobre profesores maltratados por sus alumnos, incluso por unos padres que conocen muy bien sus derechos pero parecen olvidar sus deberes. Hemos llegado a extremos en que al alumno no se le puede levantar la voz, o a ser expulsado de clase, salvo que un “tribunal” del centro así lo acuerde ante una falta muy grave. Da lo mismo que sea un vago o no, sabe que el sistema le permite pasar de curso sin apenas esfuerzo, y…. así sucesivamente. Una actitud que contagia a muchos de sus compañeros. Resultado: todos iguales en una gran ignorancia.

Las distintas reformas educativas han degenerado en un mal entendido principio de la autoridad del profesor, por miedo a confundir ésta con represión, y así nos va. Todo “maestro” requiere que se le reconozca la “auctoritas” porque en caso contrario se deterioran la enseñanza y el aprendizaje. La autoridad es el paso siguiente al respeto. Si un alumno no respeta a sus padres es difícil que lo haga con su profesor. Es más, si las familias tampoco lo hacen, no se lo podrán exigir luego a sus hijos. Un problema que no tiene una única causa. Se necesita un cambio profundo en la sociedad y en nuestra escala actual de valores. Se requiere una solución global a algo que en las últimas décadas ha sufrido grandes cambios estructurales difíciles de digerir a tiempo.

El papel del profesor ha sufrido un deterioro sistemático. Es cierto que, como el médico, tiene una autoridad teórica pero hoy es muy difícil de poner en práctica. Está claro que si no seguimos sus instrucciones no aprendemos, lo mismo que en el caso del médico no curamos. Sin embargo, esta autoridad está cuestionada en una de sus facetas más importantes: la disciplina. Se ha ido perdiendo hasta el punto que las reglas en muchos colegios se cumplen de manera lasa, incluso se desafían, lo que obliga a los profesores a perder mucho tiempo en su reconducción que no siempre se consigue. Una actitud que no es nueva, que siendo hasta comprensible entre los alumnos, no lo es tanto cuando viene apoyada por unos padres que muchas veces se presentan en los colegios a cuestionar o a intentar desacreditar la autoridad del profesor. No se dan cuenta que, desde el momento en que se intentan desactivar la disciplina o las reglas de una buena educación, las consecuencias pueden ser mucho peores. La familia es muy importante para corregir las faltas de disciplina. El respeto a la autoridad del profesor se aprende y se pierde en casa

Pero,… ¿qué es lo que falla? Según el profesor José Luis García Garrido, catedrático de Educación de la UNED, “es el ambiente socioeducativo de las familias, que no están por mojarse, están por delegar la educación de sus hijos”. Se ha producido una “beatificación del hijo”, “una concesión tácita a su voluntad”, “hay una especie de rendición de los padres”. La solución pasa, entre otras, por “verdaderas políticas educativas familiares” y por medidas sociales enfocadas a la conciliación de la vida laboral y familiar. No debemos olvidar que entre los cambios habidos en los últimos 30 años en nuestra sociedad, uno de los más importantes son las largas jornadas laborales de los padres que, sin apenas tiempo para estar con sus hijos, al final conducen a una cierta desatención de sus deberes y obligaciones. El niño, al estar más solo, ve como durante su jornada escolar puede “campar a sus anchas”. Nota que es “el rey de la casa”, al que poco se le puede cuestionar. Aunque las explicaciones de los hijos sean absurdas, es mucho más fácil cuestionar al profesor. Se ha pasado de una situación en la que nunca se cuestionaba al “maestro” al extremo contrario en que los padres “no le quitan la razón al niño”. Todo ello, unido a la política del “buenismo” practicada por algunos gobernantes, “ninguneo” de los profesores incluido, han conducido a una situación de franco deterioro en la autoridad de los docentes.

¿Se necesita más disciplina en las aulas? Es un debate de fuertes controversias y que requiere una pronta solución. No es un problema exclusivo de nuestra sociedad, pero es la que nos importa. En el Reino Unido, por ejemplo, llevan también tiempo en busca de soluciones. Allí, algunas voces extremas, no muchas por fortuna, son partidarias de un regreso a la dura disciplina, incluso a autorizar los castigos corporales de tan mala imagen en películas que hemos visto sobre los internados de élite. Descartados los pescozones, pellizcos y tirones de oreja de tan lejano recuerdo: ¿cómo se puede enderezar la disciplina en las clases? En una reciente entrevista para la revista dominical Magazine de “El Mundo”, Elaine Blaines, directora del King’s College, colegio británico de Madrid para alumnos entre 2 y 18 años, habla sobre la versión actual de la reputada educación inglesa. “Empieza a los tres años, e insistimos mucho en el respeto a profesores y compañeros y en las buenas maneras: esperar en silencio, no gritar, levantar la mano para hablar, no empujar, ceder el paso, decir buenos días,.… Cuando son mayores, esperamos que esos hábitos estén asumidos”. Blaus fue profesora en la escuela pública británica y su experiencia le hace apoyar castigos más duros que devuelvan la autoridad al profesor. “Creo que pueden resolver situaciones difíciles. Los castigos más duros cambian los comportamientos, y lo que es más importante resultan un ejemplo para el resto de la clase”, defiende. Otra de sus directrices es que al menor problema se acude a los padres del alumno con problemas. Los castigos como pedir disculpas al compañero agraviado, horas extra después de clase, expulsiones por unos días en los casos más graves están del todo aceptados. Nada de copiar 100 veces “no se debe hablar en clase”, dice, “es un castigo que solo consigue deformar la letra”. “Cuando las reglas y los castigos están claros, todo el mundo sabe lo que debe hacer”.

En España es necesario reforzar la autoridad del profesor, es esencial reconocerla ante las agresiones sufridas. Se ha defendido con vehemencia la necesidad de revestir al profesor como “autoridad pública”. Sin embargo, José Luis García Garrido, profesor de la UNED, cree que por si sola no va a resolver el problema, aunque servirá para abrir el verdadero debate, y “no está mal una medida legal que ponga en guardia”. También hay que atajar de raíz conflictos menores que boicotean de continuo el desarrollo normal de las clases. Y es ahí donde tienen un papel fundamental los padres, los primeros responsables en la educación de sus hijos. 

Se necesita que todos: padres y profesores, la sociedad en su conjunto, vayan en una misma dirección. Los problemas del sistema educativo pasan por reconocer la autoridad del profesor pero también por dotarle de herramientas para enfrentarse a lo que ocurre en las aulas. Una cosa es la “autoridad pública” aplicada por el profesor como medida sancionadora  y otra muy distinta es la “autoridad verdadera” que se basa no solo en órdenes, sino en la confianza que los alumnos le otorgan por sus valores, méritos y conducta. La autoridad también que hay que ganársela día a día. Ahora bien, medidas como la reciente impuesta, entre otras, por la Comunidad de Madrid y la Generalitat de Cataluña, harán que los padres o alumnos se lo piensen dos veces antes de agredir a un profesor.

Según la OCDE, España se encuentra entre los países europeos con más problemas de disciplina en sus aulas. Algunas de las propuestas hechas por los especialistas educativos requieren profesores con más autoridad, y medidas sociales que hagan que la familia sea, de nuevo, un punto clave en la educación de los hijos. Inciden en que no se debe permitir que la autoridad derive en autoritarismo y estar siempre muy vigilantes. Algo esencial en cualquier modelo educativo es no sobrepasar los límites de actuación marcados. En cualquier caso, hay que reconducir la situación hacia un mayor respeto y reconocimiento de los profesores.


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