Uso y abuso de los tópicos

Un tópico es una frase que suele hacer referencia a algo trivial. A veces de tanto usarlo pierde su valor intrínseco. Hay quien considera a los tópicos como un vicio recurrente por quien dispone de pocos recursos para reafirmar una conversación. Se suelen emplear en el mundo de la política para disimular una verdad o bien dar énfasis a una idea. Otra acepción de la palabra tópico, de la que no vamos a hablar, es su aplicación externa y local como medicamento.

Si de pronto nos encontramos con alguien que dice “respeto tus ideas, pero no las comparto” o “solo cumplo con mi deber”, ¿a que nos suena? Seguro que más de uno dirá que no son más que tópicos. En nuestra vida cotidiana hay muchos, más de los que pensamos. Algunos, los menos, nos sirven para evitar explicaciones, pero hay otros, los más, que suponen un ahorro… de pensar por cuenta propia, de renunciar a cualquier actuación crítica. Ante la posibilidad de ser rechazados por el grupo, incluso de ser mirados con mala cara, preferimos no manifestar nuestra opinión. Es mucho más fácil que hablar por nosotros mismos. Podemos decir que los tópicos son parte de lo que se considera un pensamiento moral y políticamente correcto.

Los políticos son sobre todo muy dados a aplicar eufemismos; no son tópicos exactamente pero tienen que ver bastante. Eufemismo significa “hablar bien”, viene del griego, del verbo “femi”= decir y “eu”= bien. Un eufemismo es, por ejemplo, en vez de “mierda”, con perdón de la expresión, decir defecación o excrementos. El eufemismo maquilla la realidad, el tópico, aunque también la puede disimular, traduce de manera resumida lo que son las grandes creencias dominantes. Cuando alguien dice “no siento miedo, sino solo respeto” se expresa así no porque no tenga miedo, sino que al decirlo con el equivalente a “le respeto mucho”, no en sentido moral y estricto, lo hace para encubrir algo que no se sabe por qué razón se quiere ocultar, cuando es totalmente lícito tener miedo de algo o de alguien. Parece como que estamos obligados a tener respeto a “todo”, y la verdad es que hay cosas que no son respetables.

¿Tiene sentido tener respeto a todas las opiniones, todo lo que se dice, todo lo que vemos, todo lo que escuchamos,…? En cuanto a las opiniones se puede faltar el respeto a todas. A pesar de las barbaridades que pueda decir o hacer, lo único respetable es el ser humano, aunque habría que aclararle “usted me parece respetable, pero su opinión o lo que acaba de manifestar no lo es, es una mamarrachada”. Sin embargo, ¿por qué esa actitud de respeto a todo? Una de las causas, no todas, puede estar en la educación recibida; hace tiempo de ideas tan rígidas que se imponían por decreto, puro dogmatismo, mientras que ahora hemos pasado al extremo opuesto de golpe. Ahora lo respetamos todo y no debe ser así si lo que se nos propone es una estupidez. Es como el movimiento del péndulo: o en un extremo o en el otro. Estamos inmersos en una situación de puro relativismo o nihilismo, incluso de puro desprecio, de las creencias de las personas. Hoy una persona con convicciones es vista a veces como un ser al que se trata con desdén, de forma mezquina. ¡¡Hasta ahí hemos llegado!! Si tenemos convicciones no es posible respetar aquello que atenta contra ellas. En sentido riguroso, las ideas no están para ser respetadas, están para ser discutidas, para ser enfrentadas unas con otras, porque así lo harán nuestras opiniones y no nosotros. Además, de la confrontación de ideas surgirán otras y la Humanidad seguirá avanzando. En caso contrario, quedaremos estancados.

Durante una discusión, uno de los clásicos tópicos que usamos para comprobar el efecto de nuestras palabras es: “… pero no vas a intentar encima convencerme”. Ante esta respuesta, uno se queda pasmado al ver como su interlocutor desliza la frase “no pretenderás imponerme tus ideas”, en vez de de razonar o argumentar sobre las ideas del otro. Suponer que cualquier argumento, oposición lógica, retórica o razonable, significa un enfrentamiento personal es un disparate o una incoherencia. No estamos dispuestos a reconocer la razón sea quien sea quien la tenga; estamos afirmando que no queremos escuchar. Cada uno con sus ideas y… tan amigos. Algo triste porque elegimos la no comunicación y no la confrontación de ideas.

Mucha gente para defenderse no sabe más que recurrir a los tópicos. ¡¡Una verdadera pena!! Lo peor es que además se transmite como un mantra a través de prensa, radio, tv, etc. ¡¡Todos nos refugiamos en los tópicos!! Por eso es tan importante el papel que cumplen las revistas de humor que con su sátira ayudan a desmontar y a reírse de los tópicos y sus convencionalismos tradicionales que solo sirven para encorsetar la vida. Como decía el genial humorista Mingote: “¡¡Qué época de tópicos aquélla, Dios mío!!, refiriéndose a un tiempo no tan lejano de tópicos patrióticos, religiosos, literarios, históricos,….. Grandes humoristas como los de la revista “La Codorniz” deshacían los tópicos con recursos estilísticos llenos de metáforas irracionales y diálogos incongruentes a los que censores, que ahora también existen de forma mucho más sibilina, no eran capaces de poner coto. No había lugar al desfallecimiento, la misión era destruir el tópico y la rutina. Un tópico, aunque sea tonto, repetido de continuo ante miles y miles de personas hace mucho más daño que en cualquier otro tipo de foro. Lo mismo sucede cuando un profesor lo repite a menudo en clase. tiene mayor responsabilidad que si se hace en una discusión entre amigos.

En la actual situación de crisis, no solo económica sino también política y de otros ámbitos, se escuchan tantas frases de de continuo, de forma machacona, que no sabemos si de tanto repetirlas acabarán siendo tópicos. Una muy frecuente es: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Esperemos que no sea así. No debería, ni siquiera como expectativa, pero… Es una expresión que hemos oído siempre, a nuestros padres, a nuestros amigos,… No se puede considerar un tópico en sí, aunque tiene su fundamento. Si hacemos referencia a las posibilidades económicas no parece rechazable sino que es muy razonable.

Uno de los tópicos más tópicos en el ámbito político es “ese discurso no vende nada”, esa idea no vende demasiado. Está asumido no solo por los partidos políticos sino por todo el mundo, estamos diciendo que una cosa será buena o no en la medida que venda, algo muy negativo porque las cosas que tienen que ver con el bien común no pueden estar nunca en venta.

Un tópico tampoco es un refrán. Éste tiene un peso adquirido a lo largo de la historia mientras que un tópico solo está vigente en un momento determinado de la sociedad. Los tópicos, en general, impiden a propósito profundizar sobre lo que se habla. Es una de sus funciones principales, su respuesta nos permite “descansar” ante lo que los demás nos dicen. No hay más que hacer la prueba. Si en una reunión de amigos preguntamos sobre algo referente a otra persona, y añadimos la “coletilla” ¿qué os parece?, no será raro oír: “está en su derecho”. Con esta respuesta, estamos contestando que no vamos a entrar en algo de lo dicho por esa persona, lo estamos desviando a un problema puramente “penal” para que salga de la conversación. Pero no es eso, se trata discutir entre todos un asunto que no es penal, sino moral, de costumbres ….. Si decimos “está en su derecho” lo estamos reduciendo a un termino “jurídico”, es posible que mínimo, obviando lo más importante. Ocurre igual cuando en ese mismo grupo de amigos empleamos el término de “una persona muy legal”, otro tópico más, para hablar de una persona sensata, equilibrada, etc.

Hay quien defiende a los tópicos como que solo son una cuestión de palabras. Ni mucho menos. Las palabras crean emociones, deseos,… que desembocan en acciones de conducta. Es muy importante debatir, discutir. No es lo mismo decir que comentar. Muchas veces usamos este último verbo de forma degradante. Decimos “ya le he comentado….” cuando lo correcto es “le he dicho…” Hemos perdido capacidad de lenguaje, y en este caso una de las razones es porque el verbo “comentar” compromete menos que el verbo “decir”. Así, cuando subrayamos: ¡¡esto es un puro comentario!!, adquirimos un grado de mucho menor compromiso. O cuando decimos: “no, no, yo no digo nada, simplemente te comento” Parece no tener importancia, o que somos en exceso tiquismiquis, pero no es así: las palabras tienen un significado y si las cambiamos lo hacemos también con las ideas que intentamos transmitir. La realidad es que…. “no nos comprometemos con aquello que… comentamos”.

Sin saberlo, tenemos tantos tópicos que nos darían para escribir un libro, como el publicado por Aurelio Arteta, profesor de Filosofía de la Universidad del País Vasco, “Tantos tontos tópicos”. Están tan arraigados que la gente no acaba de entender que haya tantos “tontos”, en especial los morales y políticos. En este libro figuran algunas expresiones muy comunes que por su efecto perverso Arteta cree que hay que poner bajo sospecha, como: “No es nada personal”, “Estoy en mi perfecto derecho”, “No tengo madera de héroe”, “Todas las opiniones son respetables” Piensa que muchas de estas expresiones se usan casi de forma automática sin valorar lo que se está diciendo. Son más peligrosos porque son “prácticos” y pretenden transformar la conducta individual o colectiva.

La realidad es que los tópicos son comodines verbales. En cierta manera no son más que prejuicios, expresiones cotidianas de lo que está vigente, sea bueno o no, que pueden causar bastante daño. Si desde un punto de vista político, familiar, etc., decimos “al enemigo ni agua” estamos afirmando que el enemigo, solo por serlo, es malo, y por tanto no puede tener razón. “Lo he oído muchas veces”, es otro ejemplo más cuando las personas no quieren o no se atreven a juzgar por miedo a meter la pata, por no quedar mal, o por que no se está seguro con lo que se piensa decir.

No todo es negativo en los tópicos. A veces, pocas, cumplen una función positiva porque permiten explicarnos con concreción. Pero ¡¡ojo!!, aunque estos casos son los menos, una misma frase puede tener también significados distintos lo que echaría por tierra nuestra mejor opinión. Los tópicos no son verdades absolutas, al contrario en ocasiones significan cosas literalmente falsas, auténticas burradas. Hay muchos tópicos en apariencia inofensivos que envuelven visiones dañinas de cosas tan importantes como la vejez, el cuerpo, la imagen, la igualdad,…. Un tópico es una frase que a fuerza de repetirla todo el mundo da por buena. Están tan arraigados que son muy difíciles de superar. No son nada originales, pero nos permiten estar a bien con el grupo, congraciarnos con la mayoría y aceptar lo que está mandado. Nos servimos de los tópicos para no quedarnos solos y poder vivir en paz.

¿Qué podemos hacer para cambiar esto? Solo una cosa: pensar

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