Las maldiciones en el futbol y otros deportes

Como es bien sabido, una maldición es un deseo maligno contra una o varias personas que en virtud de la fuerza “mágica” de las palabras consigue que ese deseo se cumpla. Las maldiciones están muy arraigadas en las creencias populares. Su origen data de tiempos muy remotos y hasta la Biblia decía: “Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas…”

Estos días muchas personas buscan aislarse, siquiera por un momento, de las malas noticias económicas que nos rodean. Hartos de escuchar palabras como déficit, prima de riesgo o rescate de bancos, procuran “consuelo” vibrando con el futbol de nuestra selección nacional que desata pasiones en la presente Eurocopa. España lucha por conseguir algo que hasta ahora nadie ha hecho: encadenar el triunfo de la Eurocopa 2008 y el Mundial 2010 con la Eurocopa 2012.

A los agoreros, que como las meigas ¡¡habelas haylas!!, les ha faltado tiempo para condicionar el posible éxito a alguna maldición existente. Hasta ahora no han encontrado ninguna. Es conocido que equipos, e incluso países enteros, han visto truncadas sus ilusiones deportivas por una simple coincidencia o una promesa incumplida. Las maldiciones en el fútbol son un tema recurrente que alienta historias fortuitas, convertidas luego en verdaderos patrones para contentar a las masas. Veamos algunos ejemplos.

Final de Champions 2012: Bayern-Chelsea
Es una maldición, tradición para otros, que acompaña a la Champions desde su inicio como tal, hace poco más de 20 años. Dice que para proclamarse campeón no se puede ser al mismo tiempo anfitrión de la final. Este año tuvo en ascuas a la afición del Bayern Munich antes de disputar la final en su estadio. Desde que la Copa de Europa de Clubs cambió su nombre por Champions, grandes equipos como Real Madrid, Barcelona o Manchester United han sido incapaces de proclamarse campeones en esas circunstancias. Ni siquiera llegaron a la final celebrada en su campo. Por primera vez el Bayern Munich lo conseguía y se pensaba que la maldición no tendría efecto. Pero una vez más se ha cumplido, salió derrotado por el Chelsea  y… la maldición continúa.

Tocar la “Orejona” en la final de Champions
Es algo no escrito que la copa de cualquier torneo no se debe tocar sin antes haberla ganado. No importa el torneo ni el rival. Ni tampoco si es la final del Mundial, el partido por la “Orejona”, nombre con el que se conoce a la copa del vencedor de la Champions, o cualquier campeonato de barrio. Todo futbolista sabe al saltar al césped que la copa de ganador se puede mirar pero… no tocar. Y no ha sido uno, sino varios los que no han hecho ningún caso:

Final de Champions 2012: Bayern Munich-Chelsea

Por si fuera poco la primera maldición antes contada, al partido Bayern Munich-Chelsea le acompañó una segunda maldición todavía más flagrante: ¡¡nunca se debe tocar la “Orejona” antes de celebrar la final”. ¡¡Verla sí, pero… no tocarla!! A Tymoshchuck, jugador del Bayern, no se le ocurrió otra cosa que desafiar a la historia y tocar la copa en el momento de salir los equipos al campo. A los forofos les faltó tiempo para culparle de la derrota. Menos mal que los aficionados sensatos, que aún quedan, responden: ¡¡algo de culpa tendrán los que fallaron los penaltys!!, y a continuación añadir: ¡¡como Robben, que es un gafe!!. Sin querer, por mucha razón que tengan,… salimos de Guatemala y nos metemos en guatepeor al acusar a un jugador de gafe.

Momento en que Tymoshchuck, jugador del Bayern Munich, toca la “Orejona” antes de la final de Champions 2012

Final de Champions 2005: Milan-Liverpool

El Milán se enfrentaba al Liverpool en Estambul y Gattuso tuvo la “brillante” idea de tocar antes la copa. Nadie le dio excesiva importancia porque el Milan era el gran favorito. Tenía un equipo de ensueño. Había tal diferencia que la mayoría pensó: ¡¡esta vez sí!!, esta vez si que se rompería la maldición. Al final del primer tiempo, el marcador reflejaba un contundente 3-0 a favor del Milan. Todo parecía indicar que serían campeones. Pero al poco tiempo de arrancar la segunda mitad, el Liverpool respondió con una remontada fulgurante. Marcó tres goles en apenas seis minutos para empatar el encuentro. Aún recuerdo aquel memorable partido de un Liverpool, entrenado por Rafa Benítez y en el que jugaba Xabi Alonso, que se dejó la piel en el campo. ¡¡Un verdadero espectáculo!!. Para más inri, Gatusso, el autor del “toque” a la “Orejona”, provocó el penalty que significó el empate a 3. La final se resolvió después de la prórroga, en la tanda de penaltys, y los famosos “reds”, en un partido no apto para cardíacos, se alzaron por quinta vez con el título.

Final de Champions 2004. Gerrard, capitán del Liverpool, levanta la “Orejona”

Final Champions 2004: Monáco-Oporto

En esta ocasión fue Giuly, capitán del Mónaco, que jugó en el Barcelona, quien tocó la copa antes de lo “aconsejado”. A la media hora caía lesionado y su equipo goleado por un contundente 3-0. Fue también la primera “Orejona” lograda por Mourinho, actual entrenador del Real Madrid. Parecen relatos extraídos de historias paranormales. Como decíamos de pequeños cuando no queríamos que alguien sin permiso nos tocase o estropease nuestro juguete preferido: ¡¡se mira pero no se toca!! A veces se nos olvida y las consecuencias son peores.

Bela Guttmann y el Benfica
Bela Guttmann fue un buen futbolista austro-húngaro que jugó de centrocampista en el mítico MTK de Budapest, equipo que conquistó nueve ligas consecutivas entre 1917 y 1925. Pero sería como entrenador cuando quedó grabado para la historia. Entre los muchos equipos que dirigió, su nombre siempre estará ligado al Benfica por haber conseguido las dos únicas copas de Europa del equipo luso. Una lograda en 1961 contra el Barcelona, y otra al año siguiente contra el Real Madrid, con una actuación deslumbrante de Eusebio, el mejor jugador portugués de todos los tiempos.

Nada parecía detener a un equipo que en poco más de una década se había convertido en la referencia europea. Nada hacía presagiar que una plantilla excelente iba a ver truncada su racha en muy poco tiempo. La causa: Bela Guttmann. Cuenta la leyenda que encumbrado por los éxitos solicitó un aumento de sueldo que creía merecer. Pero el presidente del club no solo no atendió a sus deseos sino que la situación se hizo insostenible hasta el punto de ser cesado. Entonces, Bela Guttmann, al verse así despreciado, antes de marcharse pronunció unas frases lapidarias que aún se recuerdan entre los aficionados del Benfica: “Sin mí nunca volveréis a ser campeones de Europa”. Otros dicen que la frase exacta fue: “En los próximos 100 años, el Benfica no volverá a ser campeón europeo”. Da casi lo mismo, la realidad es que el Benfica no ha vuelto a conseguir la “Orejona”.

En principio se tomó como una pataleta, pero a día de hoy algunos creen que fue toda una maldición: “la maldición de Bela Guttmann”. Solo hay que recordar que desde entonces el Benfica ha jugado nada menos que 5 finales en los años 1963, 1965, 1968, 1988, 1990, 3 de las cuales por aquella generación de extraordinarios futbolistas. En todas salieron con el amargo sabor de la derrota. Dicen que ni siquiera fue suficiente que Eusebio antes de la final de 1990 en Viena, en un intento por deshacer el entuerto, fuese a la tumba del que había sido su mentor. Ya han pasado 50 años desde aquel fatídico 1962 y… lo que queda, según algunos.

Argentina y la Virgen de Copacabana
En el último Mundial celebrado en Sudáfrica, la selección de Argentina de los Messi, Agüero, Higuaín, Tevez…, una de las mejores generaciones de su historia, partía como favorita para alzarse con el triunfo. A pesar de lo poco que confiaban en su seleccionador Maradona, que lo había sido todo como jugador, por su falta de experiencia y sus extravagancias, nadie dudaba de un equipo albiceleste casi “mágico”. Argentina solo pudo llegar a cuartos de final derrotada por Alemania y Maradona fue señalado como el principal culpable. Sin embargo, poco tiempo después, muchos recordaron una historia rocambolesca que apuntaba también a la Virgen de Copacabana.

Bajada de la Virgen de Copacabana en peregrinación a Tilcara

La historia comienza en 1986 cuando Carlos Bilardo, seleccionador por aquel entonces, al celebrarse el Mundial en Méjico decide llevarse a sus jugadores a una preparación en altura. Eligió Tilcara, una ciudad argentina situada a 2.400 metros sobre el nivel del mar. Todo transcurrió con normalidad y como colofón a su estancia, jugadores y técnicos, hacen la promesa de si logran ser campeones ir a ofrecérselo en agradecimiento a la virgen del lugar: la Virgen de Copacabana. Argentina, con un imparable Maradona, fue el ganador, y al finalizar, como sucede en estos casos, cumplieron con toda una serie de ritos y programas: visita a la Casa Rosada con el Presidente, programas de TV, agasajos por todos lados,… pero… se olvidaron de su promesa a la Virgen. Desde entonces Argentina nunca más ha vuelto a conseguir un Mundial y son muchos los que lo atribuyen a la falta de respeto a la Virgen de Copacabana.

Tan fuerte es la creencia que Sergio Batista, integrante de aquel equipo y el año pasado su seleccionador, acudió en vísperas de la Copa América a visitar a la Virgen con una camiseta de la selección y un rosario. Es muy posible que a la Virgen le pareciera poco o que su visita llegaba demasiado tarde porque Argentina, una vez más, se despidió de la Copa América en cuartos de final ante Uruguay y Batista destituido. “La virgencita cumple, pero hay que cumplirle. No conviene hacer enojar a la virgencita…”, es una frase que los pobladores de Tilcara se saben de memoria. Conocen su humor y saben que esa promesa incumplida persigue a la selección argentina desde entonces. Piensan que hasta que no cumplan con la palabra empeñada ninguna táctica surtirá efecto.

Los equipos de Philadelphia y el rascacielos One Libery Place
Las presuntas maldiciones no solo afectan al futbol sino que se extienden a todo tipo de deportes. Una historia insólita es la que persiguió a los equipos de Philadelphia que no lograron ningún título durante más de 20 años. El culpable, según cuentan: el rascacielos One Libery Place. Construido en 1987, rompió un pacto no escrito por el que ningún edificio podría ser más alto que la estatua de William Penn (fundador del estado de Pennsylvania) que corona el ayuntamiento de la ciudad. La maldición no se pudo deshacer hasta el año 2008 cuando su equipo volvió a ganar las Series Mundiales de béisbol. Y no lo hicieron ni jugadores, ni técnicos, fueron los propios obreros que trabajaban en la construcción del Comcast Center, un nuevo rascacielos, que en 2007 se convirtió en el más alto de la ciudad. Según cuentan, los trabajadores subsanaron la afrenta hecha 20 años antes colocando una pequeña figura de William Penn en la azotea del edificio.

La ciudad de Chicago y sus maldiciones deportivas
Chicago está castigada por partida doble por las maldiciones. Tanto su equipo de fútbol americano (soccer), The Bears, como de béisbol, The Cubs, son víctimas de hechizos que según algunos les impiden ser campeones.

La maldición de The Cubs se remonta a 1945. Billy Sianis, propietario de una conocida taberna llamada Billy Goat, acostumbraba a ir al campo con una cabra como mascota, que al mismo tiempo le servía para promocionar su local. El club, ante las quejas de sus vecinos de asiento por el olor que despedía, le pidió que retirara a la cabra. Pero Billy se negó y tuvo que ser  expulsado del estadio. Tan solo dijo una frase, lapidaria eso sí: “Esos Cubs nunca más volverán a ganar las Series Mundiales”. Esa misma temporada cuando el equipo perdió, envió un telegrama al dueño de los Cubs diciendo “¿quién apesta ahora?”. Una decisión que todavía hoy muchos lamentan. Desde entonces ha habido todo tipo de intentos para deshacer el hechizo sin resultado. La racha tan adversa de Chicago es conocida como “la maldición de la Cabra”.

El caso de The Bears es más reciente, data de 1985. Dos años antes, en 1983, Virginia McCaskey se había hecho cargo de la franquicia tras morir su padre y una de sus primeras medidas fue prescindir de las animadoras que amenizaban los partidos del equipo desde 1975, no renovándoles el contrato que expiraba al final de ese año. Decía que era un espectáculo “sexista y denigrante”. Ocurrió entonces un hecho muy curioso, para algunos una maldición: esa temporada The Bears ganaron la Superbowl por primera vez y… última.

En el fútbol siempre han existido historias de maldiciones y brujería. Quizás el futbol africano sea el más vinculado con el esoterismo y la magia negra, hasta el punto que su Confederación prohibió en la Copa de África 2002 que las selecciones llevasen al torneo a sus brujos y hechiceros (todas tenían uno, salvo Sudáfrica). Aún así, el escándalo, saltó en las semifinales entre Malí y Camerún. Varios agentes de policía se abalanzaron sobre Tommy N´Kono, preparador de porteros, que jugó en ese puesto en el Español de Barcelona durante muchos años, al que acusaron de realizar magia negra. Fue sancionado durante un año por brujería. Un par de años antes había sucedido algo similar en el partido de cuartos de final entre Senegal y Nigeria. Senegal iba ganando por 1-0 cuando, poco antes del final, un miembro del cuerpo técnico nigeriano detectó algo sospechoso en la portería contraria. Se acercó a ella y arrancó un objeto que según él era un artilugio de brujería que había colgado su hechicero. Se montó tal tangana que obligó a detener el partido. En la reanudación, casualidad o no, Nigeria remontó el resultado y ganó por 2 a 1. El miembro federativo fue sancionado a perpetuidad, pero fue recibido en su país como un héroe.

Las historias, mitos y leyendas sobre las maldiciones son infinitas. Podríamos seguir con un tema tan controvertido, y de poca base científica, al que algunos se agarran para justificar la falta de victorias o títulos de su equipo preferido. En un mundo de tanta superstición como el fútbol (saltar al campo con el pie derecho, repetir lo mismo que se hizo la vez anterior cuando se ganó, plantar ajos tras las porterías, llenar de sal el banquillo contrario,…) es fácil justificarse. Pero las barreras están para romperlas, y las maldiciones, si es que existen,… también. Como dice el refrán: “No hay mal que cien años dure… ni cuerpo que lo resista”

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