Los restos de Fukusima, el tornaviaje y la ruta de Urdaneta

El pasado 11 de marzo del 2011 miles de personas murieron durante el terremoto 9.0 en la escala de Ritcher que dio lugar al tsunami de Fukusima. Además de la enorme tragedia humana, multitud de escombros fueron arrastrados por las corrientes marinas en un peregrinar sin rumbo “aparente” por todo el océano. Según el gobierno japonés más de dos tercios se hundieron, pero nadie sabe a ciencia cierta que ocurrirá con el 1,5 millones de toneladas que aún siguen flotando. En opinión de los expertos, seguirán apareciendo sus restos a miles de kilómetros de Japón, en playas muy lejanas, y los habitantes del Pacífico norte deberán acostumbrarse a ello al menos durante un par de años.

El tsunami en el momento de arrasar el pueblo de Fukusima

Hace pocos meses han aparecido en las costas americanas los primeros restos de la catástrofe. Como ejemplo anecdótico señalar que Peter Mark, residente en Haida Gwaii, se encontró en una playa de la isla de Graham con un contenedor de origen japonés que estaba a la deriva por las costas de Canadá. No era capaz de comprender como había llegado hasta allí: ¡¡a más de 6000 Km. de distancia!! Identificada por sus caracteres japoneses, lo primero que le llamó su atención fue una moto Harley-Davidson. Por la placa de identificación se pudo rastrear su historia y llegar hasta su dueño, Ikuo Yokoyama, un japonés residente en Miyagi, una de las zonas asoladas por el tsunami. Aunque oxidada, aún conservaba en buen estado la placa de la prefectura de la ciudad. La propia firma Harley-Davidson, enterada del caso, pretende reconstruirla y enviarla de regreso a su domicilio. También había unos palos de golf, un equipo para acampar y diversas herramientas. Más recientemente, la cadena CNN informaba que un balón de futbol arrastrado por el mar, perteneciente a un joven japonés, había sido encontrado en una playa remota de Alaska. Todos estos hallazgos han traído al primer plano un acontecimiento histórico para la navegación: el famoso tornaviaje y la ruta de Urdaneta.

Uno de los sueños de Cristóbal Colón, motivo principal de las expediciones realizadas por el océano Pacífico durante el siglo XVI, era encontrar un nuevo camino hacia Asia para competir con el comercio. Su ansia: conseguir las tierras de las especias, y las islas Molucas una de sus obsesiones. Un archipiélago numeroso, famoso porque portugueses, ingleses, holandeses y españoles libraban cruentas batallas por su control. Las especias más preciadas en Europa estaban allí, algunas únicas en el mundo, como la nuez moscada o el clavo de olor.

Magallanes, que descubrió y murió en las islas Filipinas, y más tarde Juan Sebastián Elcano, continuador de la expedición y primer español en dar la vuelta el mundo, marcaron el camino de ida pero en nunca pudieron dar la vuelta con éxito. Lo mismo ocurrió con la expedición de García Jofre de Loaísa en 1525, en la que iban también Elcano y un jovencísimo Andrés de Urdaneta, y otras que le siguieron. Lograron grandes descubrimientos geográficos y marítimos, pero la travesía en sí fue una sucesión de desastres, calamidades y deserciones. Durante el viaje murieron Loaísa y Elcano, y solo una nave llegó hasta las islas Molucas, donde permanecieron casi un año enfrentados a los portugueses. En 1564, transcurrido bastante tiempo, Miguel López de Legazpi emprende un nuevo viaje no solo con la misión de colonizar aquellas tierras, sino, y de forma prioritaria, encontrar un camino de regreso que comunicase Asia y América. Y es aquí donde surge la figura de Urdaneta, verdadero artífice y cabeza visible de la misión. Discípulo de Elcano, en 1536, con tan solo 28 años, ya había logrado completar la segunda vuelta al mundo en un solo barco con los restos de la expedición de Loaísa.

Urdaneta alcanzó renombre universal por descubrir y documentar la ruta a través del océano Pacífico desde Filipinas hasta Acapulco (México), y viceversa, más conocida como Ruta de Urdaneta o Tornaviaje. Fue el propio Felipe II, interesado en la expansión por el Pacífico, quien ordenó a  Luis de Velasco, Virrey de la Nueva España (Méjico), contar con Urdaneta en la nueva expedición comandada por Legazpi. Un Urdaneta que debido a su avanzada edad ya vivía retirado en un convento, y al que el rey le ruega en una carta que, como servicio a la monarquía y por su gran experiencia, se ponga al mando de la nueva expedición. Urdaneta acepta a pesar de su delicado estado de salud, pero solo como asesor, y le sugiere a Felipe II nombre de Miguel López de Legazpi como jefe. El viaje, a causa de la muerte del virrey Velasco, aún se tuvo que retrasar cinco años, hasta el 21 de noviembre de 1564, cuando una flota de cinco barcos pone rumbo por fin a las islas Filipinas con 380 hombres a bordo entre soldados y gente de mar. En las islas todavía se encontraba la expedición de Magallanes, unos 370 hombres llegados en 1543 que no había podido regresar a Méjico al no encontrar el camino de vuelta.

Fue el propio Urdaneta quien, basándose en sus conocimientos científicos, diseña la ruta de regreso. Cinco expediciones habían intentado antes el tornaviaje sin poder nunca completarlo por las corrientes marinas en contra. Urdaneta, conocedor de la zona por expediciones anteriores, consideraba que subiendo hacía el norte podría hallar una corriente favorable que lo llevase de nuevo rumbo a América. La ruta de vuelta desde las islas Filipinas por el Este era de gran importancia estratégica para España, pues permitiría comerciar con el Extremo Oriente sin navegar por las peligrosas aguas de las islas Molucas, India y África controladas por los portugueses. 

Ruta de Urdaneta, ida y vuelta, entre Méjico y Filipinas, más conocida como el “tornaviaje”

Y así se hizo. Por órdenes de Legazpi, Urdaneta se puso al mando de un buque y partió hacia Nueva España con la misión de informar al virrey de todo lo que aconteciese. Zarpa de Filipinas, pone rumbo nordeste, asciende hasta el paralelo 40, y al llegar a la latitud de Japón consigue por fin salir de la influencia dominante de los vientos alisios. Desde allí, aprovecha la corriente llamada del Kuro Shivo, le lleva hasta más al norte del cabo Mendocino (California), y costea finalmente rumbo sur hasta llegar a Acapulco (Méjico). El 8 de octubre de 1565, tras recorrer 20.000 kilómetros en poco más de cuatro meses, la hazaña queda completada. El tornaviaje era una realidad, una histórica y capital aportación para la humanidad. Un viaje, llamado desde entonces tornaviaje, que supuso el descubrimiento de la ruta de navegación más corta entre Asia y América. Una ruta que siguió de forma sistemática hasta 1815 el famoso Galeón de Manila o Galeón de Acapulco, también llamado Nao de China, nombre con el que se conocían a las naves españolas que cruzaban el Pacífico una o dos veces al año entre Manila (Filipinas) y los puertos de Nueva España (hoy Méjico), principalmente Acapulco. El Pacífico tenía por fin ruta de ida y de vuelta entre Asia y América. Una ruta comercial para el intercambio de metales preciosos americanos por especies, porcelana, sedas, y productos de lujo chinos y japoneses.

Esta ruta permaneció vigente durante 250 años, siglos XVI y XVII e incluso parte del XVIII. Cubría 2.200 Km. a lo largo de 50 a 60 días y se hacía una o dos veces al año. Se aconsejaba salir de Manila en julio, ya que a partir de bien entrado agosto era casi imposible realizar la travesía, teniendo que postergarla un año. El peligro era considerable. Mucha gente moría víctima del escorbuto o de hambre. Los temporales, la calma chicha y la falta de viento hacían imposible que los galeones avanzaran. Por el contrario el viaje desde Acapulco se desarrollaba en los meses de diciembre y enero. Una ruta de Urdaneta que tras siglos de singladura aún sigue abierta. Un descubrimiento que permitió la comunicación regular entre las islas Filipinas y Nueva España (Méjico), el también llamado “Camino de Asia”.

Con el Galeón de Manila o Galeón de Acapulco se estableció la ruta comercial más larga de la historia de la navegación. En su viaje a Filipinas desde Acapulco transportaba religiosos, soldados al servicio de la corona de España y mercaderes en busca de negocios. En Méjico se solía decir que “iba cargado de plata y de frailes”. Su carga más valiosa, la plata y pesos acuñados en Méjico o Perú, servía además para pagar los gastos de la colonia. Su éxito estaba garantizado por su alto precio en Asia, lo que permitía comprar artículos suntuosos a un precio muy barato y venderlos luego con un gran margen en América y Europa. También llevaba animales (vacas, caballos,…) y todo tipo de mercancías y plantas americanas (maíz, caña de azúcar, cacahuete, tomate, calabazas,  pimiento,…) En el viaje de vuelta solía regresar cargado de artículos de China, India, Japón, las islas Molucas y otros mercados orientales (especias, sedas, porcelanas, marfiles, lacas,..).

Boceto del célebre Galeón de Manila

Andrés de Urdaneta, gran descubridor del tornaviaje”, se convirtió en un personaje de fama universal. Gran cosmógrafo, reconocido en todos los ámbitos, se encargó de mostrar el diálogo entre dos mundos y el encuentro entre pueblos, razas, culturas y religiones de Oriente y Occidente. En la expedición que comandó a las islas Filipinas su lema era: “lo principal es conocer la vuelta, y además en breve tiempo, pues la ida… ya se sabe”. Y lo consiguió.

El tsunami que asoló Japón el 11 de marzo 2011, muriendo más de 20000 personas y penetrando en su interior hasta 15 Km en algunos lugares, arrastró mar adentro a barcos, viviendas, muebles, electrodomésticos y multitud de objetos. Un carguero ruso avistó por primera vez a más de 3000 Km. de la costa japonesa una marea de chatarra que viajaba a la deriva de extensión superior a la superficie de España. Analizadas las corrientes marinas, científicos e investigadores han llegado a la conclusión de que pronto, a partir de 2013, inundarán las costas de Alaska, Canadá y las áreas de Washington y Oregón en Estados Unidos. Aunque no todo, una parte importante iniciará antes el viaje de regreso en dirección a Hawai, donde llegará uno o dos años más tarde. Es muy probable que parte del material arrastrado se hunda en el mar, pero aún así la cantidad que arribará a las costas de estos países será tremenda. El pasado mes de abril ocurrió una anécdota al menos curiosa: un guardacostas estadounidense tuvo que hundir a cañonazos a un pesquero a la deriva llegado de Japón con los restos del tsunami. Se había convertido en un serio peligro para el tráfico mercante.

Está claro que el material arrastrado por el mar está siguiendo la ruta de Urdaneta. Muchas fueron las naves perdidas hasta que Urdaneta descubrió que había otras corrientes marinas que llevaban a las costas de Canadá y Estados Unidos a la vuelta. Era la ruta del tornaviaje, la ruta comercial de Asia hasta Méjico, y de allí hasta España, que tantos beneficios económicos supuso.

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