Se acerca la Navidad: la tradición del Belén.

Ahora que las nuevas tecnologías permiten “estar sin estar” en cualquier parte, si uno hiciera un viaje estos días, aunque solo fuese “virtual”, enseguida notaría como la Navidad viene, como se acerca. Sus primeros “síntomas” no emanan de un sitio concreto, dependen de todos los lugares y por tanto de nosotros mismos. Se percibe como consecuencia de un estado de ánimo. En una ciudad las calles resplandecen con su iluminación festiva, unos altavoces parecen susurrar de continuo el eco difuso de una canción navideña, gran cantidad de gente camina por las aceras,… En un pueblo colocan unas figuras en la plaza, en otro un enorme árbol de pie con sus luces casi interrumpe la circulación, en otros brillan con fuerza los escaparates,… Todo un cúmulo de cosas que provocan un sin fin de sentimientos; algo así como una representación, casi siempre la misma, que se va perfeccionando y puliendo. Al igual que aquella premonición con que los pastores de Belén presintieron venir al ángel, sentimos como a nuestro alrededor algo está cambiando en la esperanza de muchos. Son imágenes alegres y contagiosas que nos acercan a la Navidad. Una gran ilusión por lo que va a ocurrir. Lo que sea, pero importante.

Belén sobre el río Ebro 02. ReinosaBelén instalado sobre el río Ebro en Reinosa

Una de las tradiciones más seguidas en estas fechas es montar un pequeño Belén en cualquier rincón de nuestras casas. Supone todo un acontecimiento cubrirlo de serrín o de arena, ponerle musgo y colocar luego los adornos que lo engalanan: desde la propia cueva del Nacimiento hasta las figuras guardadas con mucho esmero de un año a otro. “Caminando” por sus senderos podemos encontrar a los pastores que se arrodillan a adorar al Niño o que cuidan el rebaño que pace en los prados cercanos, el río no muy caudaloso hecho con papel de plata, los patos en el estanque, la fortaleza de Herodes, el castillo y sus soldados,… para terminar, como no, al final del recorrido con el Ángel anunciador, los Reyes Magos y José, María y el Niño Jesús, acompañados del buey y la mula en el pesebre. Intentamos crear una Navidad más íntima; es nuestra pequeña aportación a una ilusión, a una celebración de bondad, de deseos de paz y sosiego, en un mundo complicado.

La Navidad no depende de climas ni latitudes, hay muchos lugares donde en pleno verano se conmemora con la misma emoción. Es una realidad que nunca será una fiesta pagana. Ni siquiera el más agnóstico podrá negar la sublime sugestión al acto de redención que se produjo en Belén. Una ciudad situada en la Cisjordania actual, a muy poca distancia de Jerusalén, con un clima muy parecido al nuestro, donde también caen duras heladas en esas noches de raso de estrellas refulgentes. Hasta es posible que una de ellas, como hizo con aquellos tres Reyes Magos de Oriente, se detenga, cambie su rumbo, y nos guíe hasta un portal donde un Niño recién nacido quiere alumbrar con su llanto un mundo nuevo y mejor. Ninguna leyenda podrá suplantar al acontecimiento que allí se produjo. Siempre quedará el rastro de aquel grito de júbilo que resonó con fuerza en esa primera Navidad: ¡¡Paz en la Tierra…!! Solo ese grito lo merece todo.

Belén 01Típico Belén montando en una vivienda particular

Todo eso se espera, y muchos deseos más, de la Navidad, a pesar del gran revuelo armado por el último y reciente libro “La infancia de Jesús” del Papa Benedicto XVI en el que dice que los Evangelios no reflejan la presencia del buey la mula en el portal de Belén. Una afirmación que ha provocado una gran polémica. Un libro que obliga a la especulación y a mucha reflexión desde un punto de vista teológico sobre un fundamento bíblico histórico pequeño. Es un hecho que los textos bíblicos reales que existen sobre la infancia de Jesús son escasos. También lo es que el Papa no señala con claridad lo que se le quiere atribuir. Confirma que basándose en el Evangelio de San Mateo el Niño Jesús nació en un pesebre donde se guardaban animales, pero no que los hubiera o no en ese momento. Poner animales en el Belén es una tradición muy posterior, del siglo XIII-XIV, cuando por iniciativa de San Francisco de Asís se comenzaron a hacer los primeros nacimientos “vivos”. En ningún caso el Papa desmiente a San Agustín, quien, junto a otros teólogos, suponía lo contrario en ese y otros aspectos. Benedicto XVI siempre ha proclamado que sus libros se deben mirar bajo su faceta de teólogo, nunca como Papa, y que sus textos siempre estarán abiertos al debate.

Lo cierto es que de los cuatro evangelistas sólo Lucas hace referencia a las circunstancias en que ocurrió el nacimiento de Jesús y no menciona la presencia del buey ni la mula; solo dice que tuvo lugar en un “pesebre”. El rastro literario de esta tradición parece iniciarse en unos evangelios apócrifos del siglo VI sobre su infancia en los que se indica: “Tres días después de nacer el Señor, salió María de la gruta y se aposentó en un establo. Reclinó al niño en un pesebre y el buey y el asno le adoraron. Entonces se cumplió lo anunciado por Isaías: “El buey conoció a su asno y el asno el pesebre de su señor”. Sin embargo, también es importante señalar la asociación existente en el Antiguo Testamento entre ambos animales. Al menos en dos ocasiones. La primera en el Éxodo y el Deuteronomio: “No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno”. Y la segunda en el Libro de Isaías: “Oíd, cielos; escucha, tierra, que habla Yahvé: “Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí. Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, Pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne”. La tradición se asienta tan sólidamente que cuando San Francisco de Asís recrea lo que algunos consideran el primer Belén de la Historia, al no ser autorizado a incluir otras figuras humanas alrededor del pesebre que simboliza el nacimiento de Jesús, se conformó con colocar a un buey y una mula acompañando a sus padres José y María.

Si bien el Papa Benedicto XVI recuerda en su libro que los Evangelios no mencionan la presencia de animales, continua diciendo que como el pesebre es el lugar dónde se alimentan la comunidad cristiana entendió muy pronto que no es extraña su presencia en torno al recién nacido. Aunque si menciona algunos de los textos ya citados, entre otros los de Isaías, esa laguna de los Evangelios, que van siempre a lo esencial, no la quiso llenar de cualquier manera. Tan solo ofrece unas claves para que se valoren y se sepa su significado. Es más, el Papa afirma que: “Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”.

Belen de San Francisco. Fresco de Giotto 02Fresco de Giotto. Primer Belén atribuido a San Francisco de Asís

Siempre habrá un pequeño Belén con las figuras del buey y la mula a ras de suelo  junto al Niño y una estrella caminante en todo lo alto de la Navidad. Un tema eterno de más de dos mil años que cada año parece distinto, pero que destila en el corazón como si fuese el mismo de un año a otro. Pocas cosas han cambiado desde nuestra niñez hasta hoy: el musgo se vende en los mismos tenderetes, las figuras envueltas del año anterior apenas tienen rasguños, el papel de plata de los riachuelos solo sufre una renovación,… y la parafernalia de su montaje sigue igual que de costumbre. Parece como que todo se haya detenido y se hubiese cristalizado en el aire. Como una reliquia de otros tiempos. Sus manifestaciones plásticas son casi inmutables, corresponden a unos valores que ya están al margen del tiempo.

Sin embargo, aunque todo parece lo mismo, hay distintas formas de recibir la Navidad. O mejor dicho, todos los años lo hacemos con un ánimo diferente. Siempre resulta nueva. No por lo que es, sino por como la vamos viviendo en el tiempo. En los primeros años, todo son sorpresas y misterios que mezclan cosas ocurridas con relatos y otros cuentos. Más tarde, durante un tiempo, la estrella de Belén, el champán y el misterio del Nacimiento forman parte de una celebración que en cierta manera nos sentimos obligados a seguir para que la tradición no se trunque. Participamos en sus ritos y procuramos hacerlo con la mayor dignidad. Pero a medida que pasan los años, por todo lo que tiene de mágico, de nuevo la Navidad nos va devolviendo a sus valores más íntimos.

Un año más y otra Navidad llama a nuestra puerta. Se hace necesario responder, abrirla de par en par, dejar que penetre en nuestra casa su espíritu. Que sea un recuerdo alegre y sereno para todo el año. Que se instale en cada rincón. Por una noche se detendrá el tiempo. No habrá ruidos. Una de las historias más bonitas jamás contada tendrá su marco más propicio: “Hace muchos, muchísimos años, un Niño nació en un pesebre…” La imagen de Belén se acerca. La Navidad ya está aquí. Sea bienvenida.

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