Canciones con historia: “Sultans of swing”. Dire Straits

Me encanta Mark Knopfler; tiempo habrá para hablar de su extraordinaria carrera musical como solista. Ahora toca Dire Straits, una banda excepcional, de la que era pilar básico y su cabeza pensante. Hasta el punto que se puede aplicar aquel famoso lema alusivo a los Reyes Católicos: “Tanto monta, monta tanto, Dire Straits como Mark Knopfler”. Un grupo que lanza con poco éxito su primer álbum y que, paradojas del destino, pocos meses después un single del mismo, “Sultans of swing”, les catapulta a la fama. Un ritmo perfecto encadenado a la melodía junto al placer de una voz cadenciosa y profunda; una maravilla de canción interpretada por uno de los mejores guitarristas del mundo.

“Sultans of Swing”, editada en 1978, es quizás la canción más emblemática de Dire Straits. Supuso la bandera de un nuevo estilo musical que por entonces luchaba contra la tendencia punk-rock, consiguiendo algo totalmente novedoso: un revival del rock tradicional con toques de saxo y trompeta. No es un tema que cuente una historia profunda, ni siquiera un hecho singular, pero enseguida destacó por su simpleza y sus circunstancias. Habla de un grupo musical en un pequeño bar, como aquellos templos de la música que eran los pubs londinenses, tocando para un grupo reducido de clientes que tienen la gran suerte de escuchar ritmos distintos a los entonces en boga. Una canción en cierta manera autobiográfica que cuenta como una banda “especial”, innovadora, con canciones dirigidas a un público minoritario, integra a la perfección instrumentos no muy bien acogidos por los ortodoxos. Fue su caso y al principio, muchos no entendían, ni era imaginable, que un grupo de rock se ayudase en la interpretación de sus temas de una trompeta o un saxo.

“Sultans Of Swing” es una canción que a los hermanos Knopfler les recordaba sus visitas diarias a un pub llamado Swan, en Greenwich High Road, donde todas las noches tocaba una banda de jazz, fuente de inspiración de algunos de sus temas. Cuando Mark la compuso tenía un ritmo algo lento, pero después de interpretarla las primeras veces en directo se dio cuenta  y decidió cambiarlo. La historia de su grabación se puede enmarcar perfectamente en un contexto similar al de la crisis económica actual. No por la situación en sí, sino por la de sus protagonistas. Su nombre, Dire Straits, traducido por ”Malos Momentos” o “Grandes Apuros”, la recuerda. Cuentan que lo pusieron por las grandes dificultades que pasaron al trasladase a Londres para grabar la maqueta del disco. Su situación era límite: tenían poco más de 100 libras en sus bolsillos. De ahí su nombre “Dire Straits: “Situación desesperada”.

“Sultans of swing”

Dire Straits interpretando “Sultans of swing” en una de sus primeras actuaciones

La gestación de Dire Straits como grupo musical es una pequeña historia de coincidencias que merece la pena contar. ¡¡Todo en Dire Straits huele a Mark Knopfler!!. No es ningún sacrilegio afirmar que siempre fue, casi, casi, la banda de Mark: además de guitarrista y voz cantante, también era el compositor de la mayoría de sus temas. Nacido en Glasgow en 1949, se traslada muy pronto a Newcastle con su familia. Enseguida se aficiona a la guitarra, y no ceja hasta que con 15 años su padre le compra una imitación de la mítica Fender Stratocaster. En 1975, terminada la carrera de Literatura Inglesa en la universidad de Leeds, se marcha a Londres donde hace sus primeros pinitos musicales tocando en pequeñas bandas. En una de ellas, Brewer’s Drop, conoce a Pick Whiters. Aunque todavía tardaría un poco en llegar, sería el primer entronque de Dire Straits como banda: su primer batería. Antes, Mark Knopfler pasa por una mala racha económica, abandona sus aficiones musicales, y no tiene más remedio que ponerse a dar clases en el Loughton College, de Essex, para poder sobrevivir. Una actividad que le permite un cierto desahogo que aprovecha para formar con amigos del colegio donde enseña un pequeño conjunto musical, The Café Racers. Tocan en pequeños pubs y en fiestas de las escuelas cercanas y poco a poco va encaminando de nuevo su vida.

En Abril de 1977 Mark decide trasladarse a Londres, a un pequeño apartamento que su hermano menor David compartía con su compañero John Illsley. Los tres ya habían tenido  sus pequeños escarceos musicales, incluso Illsley había colaborado en ocasiones con “The Café Racers”. Siguen con sus trabajos rutinarios, Mark de profesor de Literatura, su hermano David de asistente social, y John Illsley en una tienda de discos, pero al tiempo aprovechan su pasión común por la música para componer y ensayar sus propios temas. Lo hacen solo por afición, se divierten sin más pretensiones, hasta que después de unos meses su sonido les atrae lo suficiente como para retomar una vieja idea: el sueño de formar su propia banda. Aún les faltaba el batería, una incorporación que no fue nada difícil. Conocían a Pick Whiters de su paso por Brewer´s Drop y siempre les había encantado su capacidad de improvisación. Su llegada fue trascendental y el empujón que Mark necesitaba, pues Pick, con una cierta experiencia, se defendía a la perfección en los ambientes musicales. Había grabado un disco para la RCA, una de las mejores firmas, y participado como músico de sesión en ediciones de otras bandas, estando muy reconocido en esos ambientes por su gran calidad de interpretación. Así fue como se formó para la historia el grupo original de Dire Straits: Mark Knopfler (guitarra y voz), David Knopfler (guitarra), John Illsley (bajo) y Pick Whiters (batería).

Debutan en directo en un festival punk en julio 1977, siendo muy bien acogidos por el público a pesar de que su estilo musical no era el más apropiado para ese tipo de espectáculo. Aunque por muy poco tiempo, pues no les gustaba demasiado, lo hacen todavía como “The Café Racers”. Un día, hablando del tema, un amigo de Pick les sugirió el que sería su nombre definitivo. Les dijo: ¿por qué no llamarse Dire Straits?, apelativo que hacía referencia a sus dificultades y su condición económica tan precaria, algo que siempre les mantendría con los pies en el suelo. Les gustó tanto que siempre lo conservaron, en ocasiones contra la opinión de muchos. Pocos días después del festival punk, a finales de julio, se presentan por primera vez con el nuevo nombre en el “Albany Theatre” de Deptford. En ese momento se puede decir que arranca la carrera musical de Dire Straits.

Pero antes aún quedaba por resolver la forma de darse a conocer en un mundo tan competitivo. Es entonces cuando aparecen en escena las “famosas” 160 libras de las que ya hemos hablado al principio, toda su “fortuna” personal, que deciden invertir en la grabación de una maqueta con cuatro canciones: su mítico, “Sultans of swing”, Wild West End”, “Water of love” y “Sacred loving”. No muy convencidos, sin mucha confianza, la llevan al discjockey Charlie Gillett de la BBC Radio London, muy reconocido por potenciar a nuevos grupos, que dirigía un programa dominical llamado “Honky Tonk”. La reacción de la audiencia fue tan entusiasta que Gillett la repitió de continuo durante un tiempo e hizo que varias compañías discográficas se interesasen por el grupo. John Stainze, de la multinacional Phonogram, uno de sus ejecutivos, inicia una persecución frenética desde el primer momento que la escucha hasta que consigue ficharlos para su sello discográfico. El mismo día del acuerdo actuaban en un festival musical y de ahí salió lo que sería su primera grabación en serio, un doble álbum colectivo con el resto de formaciones: “Eastbound Train” fue la primera canción oficial de Dire Straits. Poco después editan el que fue su primer álbum propio, al que en un alarde de “originalidad” titulan con su mismo nombre, y se lo dedican en reconocimiento por la ayuda recibida a la figura de Charlie Gillett. Quedaron muy satisfechos de los resultados de la grabación pero es curioso resaltar como se complicaron la vida a la hora de ultimar los restantes detalles del lanzamiento del disco. Uno de ellos la portada: Dire Straits no querían en ningún caso que saliese su foto (algo que mantuvieron siempre a rajatabla a lo largo de su carrera). Al final la solución que encontraron fue una portada muy sencilla con su nombre como único título, y un recuadro en el centro con una pintura de un artista no demasiado conocido.

Si bien es cierto que la no deseada marcha de Mark Knopfler influyó mucho, Dire Straits no fue una banda prolífica en grabaciones de estudio. Tan solo editaron seis álbumes: Dire Straits (1978), Communiqué (1979), Making movies (1980), Love over Gold (1982), Brothers in arms (1985) y On every street (1991). Este último, en el que Mark Knopfler experimenta con otros estilos como el country y el blues, espléndido como todos, fue recibido con división de opiniones por la crítica y el que le empuja finalmente a su exitosa aventura en solitario. En cambio si fueron un grupo que pese a tener un sonido característico supo evolucionar con los tiempos. Y todo ello a pesar de la continua rotación de sus miembros. El primero en abandonar fue David Knopfler, que más tarde diría: “Han sido cerca de 300 conciertos en dos años. Nadie podía resistir eso. Nuestra propia música se resentía, y lo seguiría haciendo de seguir por ese camino. Había demasiada tensión en el ambiente. Tras ver cómo iban a seguir desarrollándose las cosas, yo veía que se iban a reproducir de nuevo los mismos esquemas. Preferí dejarlo antes”. Después de esos dos años agotadores, de continuas giras, es cuando deciden parar por un largo período de seis meses. A partir de David se suceden muchos cambios en la formación, aunque su producción y calidad mientras Mark siguió llevando las riendas del grupo se mantuvieron intactas.

Dire Straits en su recital de Cáceres durante su apoteósica gira por España en agosto de 1992

Dire Straits (que se separarían definitivamente en 1995, aunque antes pasarían por España en 1992 en una gira apoteósica), y por supuesto Mark Knopfler, han dejado una huella imborrable con sus guitarras llenas de magia. Sus conciertos nunca eran un “calco”; al contrario, modificaban y mejoraban las canciones según la inspiración del momento. Un claro ejemplo es Alchemy, el primer álbum “en vivo” con sus grandes actuaciones, para muchos el mejor. Siempre serán  recordados como una banda “del directo”. A partir de 1981, su mítico “Sultans of Swing” incorpora un brillante arreglo final, con “solo” de guitarra incluido, que deja muy pequeño al ofrecido en el estudio: ¡¡corta la respiración!!. Un mito comparable al de “Hotel California” de The Eagles, a los que pronto dedicaremos otro capítulo. Una obra maestra, diferente según el momento y el lugar (para muestra los tres vídeos de este post), donde Mark Knopfler, con su aire improvisado, hace algo distinto y genial. Un “solo” que pasará a la historia.


Dire Straits durante la grabación en directo de su doble album Alchemy en 1984.


Mark Knopfler en 1996, ya en solitario, durante su recital “A night in London” lanzado después en disco.

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One Response to Canciones con historia: “Sultans of swing”. Dire Straits

  1. casi perfecto…..me hace alucinar

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