Doping en los Juegos Paralímpicos: “boosting”, el dopaje del dolor

Meses atrás, con motivo de la celebración de los Juegos Paralímpicos 2012 en Londres, la Olimpiada para deportistas discapacitados, me llevé una sorpresa mayúscula al leer varios artículos relacionados con un dopaje bastante extendido entre algunos atletas. Era algo que no esperaba, suponía que el famoso lema: “lo importante no es ganar, sino participar” aún persistía entre esta clase de deportistas. Estaba equivocado. Seguro que son unos pocos, pero suficientes para extender una mancha en su imagen. Si malo es que se hable de una lacra tan difícil de erradicar en cualquier competición, peor parece si ocurre en personas que cuentan con un grave handicap físico. No se encuentra tan extendido como en el deporte “normal”, pero… ¿Quién podría pensar que hasta en los Juegos Paralímpicos existe el doping? ¿Merece la pena infligirse un daño físico con tal de conseguir la gloría atlética o lograr una medalla olímpica?

Carrera de maratón en silla de ruedas

Aunque en los anteriores Juegos Paralímpicos de Pekin 2008 solo se registraron tres casos positivos por dopaje con substancias prohibidas, ya el IPC (Comité Paralímpico Internacional) quedó muy preocupado con una “práctica”, el “boosting” o “dopaje del dolor”, en la que incurrieron cerca del 17 % de los cuatro mil atletas participantes. En una encuesta anónima realizada por el propio IPC, de 60 entrevistados, diez (16,7%) respondieron afirmativamente, mientras que el resto (83,3%) lo negaron. Todas las respuestas positivas fueron de deportistas hombres, la mayoría competidores del rugby en silla de ruedas (55,5%), seguidos por corredores de maratón, también en silla de ruedas, (22,2%) y corredores de larga distancia (22,2%). No se trata de un dopaje al uso, pero si de una práctica muy perjudicial para la integridad física que incrementa el rendimiento de forma artificial. Prohibido desde el año 2004, se está convirtiendo en un método peligroso, algo que alarmó bastante al inicio de los últimos Juegos de Londres.

Sabido es que el aumento de la presión arterial y el ritmo cardíaco mejoran el desarrollo competitivo y nuestro cuerpo puede soportar de forma temporal una carga mayor. Esto que en una persona no discapacitada o “normal” se consigue de forma automática con el entrenamiento, en el caso de los discapacitados, p.e. personas en sillas de ruedas, no es posible, salvo que acudan a métodos para provocar el dolor en partes del cuerpo con menor sensibilidad. En atletas con lesiones medulares las frecuencias cardiacas son normalmente inferiores a 120 y el organismo no puede realizar esa función por sí mismo. A diferencia de un individuo sin discapacidad, su cuerpo necesita un impulso para aumentar el ritmo cardíaco. Para lograrlo, aunque parezca extraño, algunos atletas parapléjicos practican el “boosting”, llegando incluso a lastimarse y causar dolor físico con tal de mejorar su rendimiento. Hay quien lo intenta con descargas eléctricas, otros se golpean con pequeños martillos o se quiebran los dedos del pie, incluso se estrangulan los testículos. Hasta corredores en silla de ruedas se ponen una espina en el respaldo para provocar la inflamación. Todo con tal que el cuerpo genere una cadena de reacciones que conduzcan finalmente a una mayor actividad cardíaca.

Los científicos descubrieron en 1994 que con la práctica del “boosting” el rendimiento aumentaba mucho. Así lo constataron en un estudio realizado a ocho atletas que se provocaron un dolor inducido a propósito. Comprobaron que corredores en sillas de ruedas mejoraban sus marcas un 10 por ciento en una distancia de 7,5 kilómetros. Una cifra que en personas sin discapacidad suponía una mejora de 12 minutos en su récord de maratón. A partir de ese año, el “boosting” quedó oficialmente prohibido y todos los atletas se deben someter a una revisión cuando así se les requiera. Sin embargo, su control es difícil, y más predecir cual debe ser la presión arterial “normal” de un atleta antes de una gran competición, sobre todo si se trata de la más importante de su vida deportiva.

Brad Zdanivsky durante una de sus escaladas

Pero el “boosting” tiene un precio: puede llegar a ser mucho más peligroso que el producido con substancias u otros medios prohibidos. Según diversos especialistas, el “dopaje del dolor” puede generar ataques al corazón o derrames cerebrales. Un ejemplo de esta práctica y sus efectos los señalaba Brad Zdanivsky, escalador tetrapléjico canadiense de 36 años, quien después de un accidente automovilístico en 1994, que destrozó su espina dorsal, recurrió al “boosting”. En ningún caso quería que su condición física le impidiera seguir con su pasión de escalar montañas. En una de sus entrevistas explicaba “sus motivos”:

“Ha habido momentos en los que me di un buena descarga eléctrica en la pierna o en un dedo”. Eso hace que mi presión sanguínea pegue un salto y pueda levantar más peso o pedalear más duro. Es efectivo”.
“Traté diferentes formas de hacerlo. Uno puede dejar que la vejiga se llene, no ir al baño por algunas horas. Alguna gente que practica deportes lo hace recurriendo a un catéter, ésa es la forma más fácil, la más común. Uno puede deshacerse rápidamente del dolor dejando salir la orina”.
“Yo fui un poco más allá, utilizando estímulos eléctricos en mi pierna, mi pie e incluso en mis testículos”.
“Uno puede tener un pico de presión que fácilmente te puede volar un vaso sanguíneo detrás del ojo o causarte una apoplejía cerebral”, admite Zdanivsky. “Puede incluso detener tu corazón. Es muy desagradable, pero los resultados son difíciles de ignorar. El dicho es que los ganadores siempre piden la pelota. Así que no importa si es desagradable, logra resultados”.

James Gallagher, periodista científico de la BBC, escribe:
“La presión sanguínea alta causa millones de muertes cada año en todo el mundo. Puede ser sorprendente pensar que atletas eleven la suya de forma deliberada. Pero un mayor ritmo cardíaco y una mayor presión sanguínea son ventajas durante el ejercicio, ayudan a transportar más oxígeno a los músculos, y permiten al atleta una gran mejora en su rendimiento. En la mayoría de las personas se consigue cuando la actividad física aumenta, sin embargo no es el caso de aquellos que sufren lesiones medulares, y hace que se cansen antes. En el mundo de los deportes de élite, el “boosting” puede marcar la diferencia entre ganar o perder, pero también eleva las posibilidades de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebral.”

Rugby en silla de ruedas

El médico y profesor asociado Andrei Krassioukov de la Universidad de British Columbia, especializado en problemas de médula, opina que “existe todavía una desventaja entre los atletas paralímpicos que tienen una presión sanguínea normal y aquellos que no, y esto coloca a muchos en una situación inferior”. Krassioukov dice entender como médico la situación de los deportistas paralímpicos, pero afirma estar muy alarmado como científico. Para el director médico del Comité Paralímpico, Peter Van de Vliet, no existe información que apoye o desmienta lo estimado por Krassioukov cuando dice que más del 30% de atletas con lesiones medulares recurren al “boosting”. “Es una práctica inaceptable”, afirma. Durante los Juegos de Pekín, el IPC realizó cerca de 20 controles de presión sanguínea en atletas antes de las pruebas y no encontró una clara evidencia de “boosting”. Si a un deportista se le detecta una presión arterial (máxima) de 180 mmHg o superior no será autorizado a competir en esa prueba, pero no recibirá una sanción a largo plazo. Brad Zdanivsky asegura que chequeos así no serán efectivos para terminar con el “boosting”. En su opinión se necesitaría monitorear la presión sanguínea de forma regular durante un periodo suficiente para poder confirmar si se produjo o no esta práctica. “No existe una solución real, es una trampa que nadie quiere abrir ni hablar de ella”, dice. Cree que solo un suceso trágico puede sacar el tema del “boosting” a la superficie. “Un día ocurrirá que alguien sufrirá un accidente cerebrovascular en medio del estadio y entonces se tendrá que hablar de esta situación”.

De momento parece que solo los atletas en silla de ruedas usan este tipo de dopaje. Los médicos advierten contra estos métodos, pero… ¿cómo probarlos? El IPC solo tiene establecido revisiones antes de las pruebas: si se detecta una presión sanguínea alta, a través de síntomas como la famosa cara roja o sudoración excesiva, dejarán pasar diez minutos antes de someterlos a un nuevo control; si el sospechoso registra los mismos resultados, se le impedirá competir por razones de salud. Hasta ahora no se ha encontrado una solución mejor.

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