Sobre ritos, rituales y otras cosas

Acaba de finalizar una época del año muy proclive a los ritos y también a los rituales. No hay duda que las fiestas navideñas se celebran siguiendo las reglas y costumbres recibidas de nuestros antepasados. Algunas son comunes, también sociales, pero otras son más privadas, porque… “acto frecuente… hace hábito”, o como dice el refrán “en cada tierra su uso y en cada casa su costumbre”. Hemos cerrado un año y entrado en otro siguiendo los más variopintos rituales. Uvas 02Muchos engullirían las doce uvas al ritmo de las campanadas, o vestirían algo de color rojo, e incluso beberían cava con una sortija en la copa (aunque este año más de un político con sus desnortes ha procurado que así no fuera). Son también supersticiones que se han convertido en costumbres.

Mientras los rituales son acciones basadas en creencias, religiosas o no, que se realizan fundamentalmente por su valor simbólico, los ritos son actos religiosos o ceremoniales que se repiten según unas normas y siguiendo una tradición. Hay momentos en nuestra vida que no se podrían entender sin los ritos. Los hay de muchas clases: de purificación (baños y bautismos para lavar la culpa por medio del agua), de sangre (la circuncisión o los sacrificios), funerarios (relacionados con la muerte y el paso a la otra vida), de consagración (reyes o sacerdotes, también los templos)… Unos son festivos y otros más solemnes, pero en el fondo son costumbres que nos definen e identifican como parte de un grupo.

¿Se puede entender la religión sin los ritos? ¿Cómo se relacionan los ritos con las supersticiones? Hay quien afirma que la repetición lleva a la inercia, y la inercia nos hace cómodos. Una cosa es cierta: los rituales y los ritos están en el corazón mismo de la Humanidad; no podemos vivir sin ellos. Creamos ritos constantemente, no solamente los funerarios, simbólicos o religiosos. Incluso en los animales se dan los ritos; como en algunas especies el pavoneo del macho delante de la hembra o el choque de cuernos en las berreas. El ceremonial es algo muy presente en nuestra vida.

Los ritos son también un respeto y una forma de mostrar vinculación con nuestro pasado; bien de forma colectiva, cuando hablamos de rituales históricos, bien esos ritos familiares que empiezan y acaban dentro de la propia casa (por ejemplo, las cenas de Nochebuena con su ritual o costumbre de cenar casi siempre lo mismo). Nos gusta conservar, respetar y sobre todo seguir determinados ritos; aunque a veces puedan resultar incómodos, son importantes en nuestra vida. Es verdad que en ocasiones se convierten en hábitos automatizados; por eso, de vez en cuando convendría refrescar el por qué de nuestros ritos. No todo el mundo entiende las celebraciones porque sí. Son los llamados espíritus críticos, ¡¡haberlos, haylos!!, que no están de acuerdo con algunas actuaciones, propósitos de enmienda u otras promesas que se hacen y luego se olvidan muy pronto, casi, casi… al momento. Sin embargo,… a una cultura sin ritos le falta algo.

A menudo, al hablar de ritos los asociamos con la religión, pero hay muchos que no tienen nada que ver; incluso la Navidad se está convirtiendo en una costumbre social y cultural celebrada también por personas no creyentes. Se festeja el la cena de Nochebuena, la comida de Navidad, y hasta el día de Reyes, como una forma de mantener los lazos familiares o amistosos, por otra parte muy difícil de lograr durante el resto del año. Feliz NavidadPero no siempre es oro lo que reluce, también tiene su contrapartida: son muchos los que haciendo gala de un cierto cinismo, aunque luego no vuelvan a tener contacto, se reúnen solo por aparentar armonía. Toda una contradicción que en ocasiones conduce a que acabe como el “rosario de la aurora”. Hay quien dice que solo es una leyenda negra, pero la realidad muestra que algo de verdad existe cuando la propia policía confirma que son noches en que intervienen más de lo normal para poner paz en muchos altercados familiares No faltan personas que aprovechan el poder estar juntas para sacar todas las rencillas que tienen acumuladas. En unos días en que se come más de lo normal, se bebe también más, sin duda que el calentamiento producido por el alcohol ayuda a desinhibirse y no tener reparo a contar sus “verdades”.

¿Por qué se come o se bebe mucho más de lo normal? No debiera ser así. Podía comprenderse cuando se venía de una época de escasez y la celebración consistía precisamente en comer. Pero por fortuna ahora no es necesario. No se entiende el comer y beber sin medida. El rito de la cena de Nochebuena nace porque durante muchos años ese día era uno de los pocos en que la familia podía comer abundantemente. Así nació el rito y ahí se quedó; en el fondo a todos nos gusta de vez en cuando… echar la casa por la ventana. Cuando recibes en tu casa a una serie de personas queridas o no queridas siempre se piensa en la mejor manera de sorprenderles y agradarles.

Más allá de las Navidades, los ritos son importantes porque nos orientan. También necesitamos de ritos menores, porque en caso contrario parece que nos faltan asideros; aunque algunos sean tremendas tonterías, como las uvas de la suerte en las doce campanadas para recibir el Año Nuevo. Los ritos muestran todo su esplendor cuando son supersticiosos. La realidad es que apenas podemos escapar de los rituales, siempre hay alguien que te empuja a ello. Si creemos que determinados comportamientos son capaces de darnos suerte es porque en el fondo necesitamos creer en algo; aunque no se cumplan, lo más lógico, pero buscamos una ilusión.

Mesa 01

Los ritos y rituales no solo son propios de la religión; en la antigüedad, en las sociedades paganas como la griega, también se hacían. Desde el principio de la Humanidad, muchas personas los celebraban en torno a la comida; la alimentación era y es algo sagrado que identificaba a la tribu y a la familia. Al hacerlo tan frecuente no recapacitamos suficiente sobre su significado. El ritual en torno a la mesa no es tan solo el placer de comer, y hacerlo bien, sino la relación que supone. Comer viene de comunión. Por muy rico que esté un manjar, el compartir la charla, el relacionarse con los demás en torno a una comida, ese es el verdadero sentido del rito. Cuando se prepara una mesa con todo muy bien dispuesto: manteles, cubiertos, vajillas, flores,… lo que se pretende es que la gente esté lo más cómoda posible y disfrute de lo que le rodea.

Los ritos nos acercan más que nos separan de los demás; incluso para aquellos que no creen en ellos, y solo participan por estar con su gente  Sin embargo, hay que reconocer que muchos son absurdos, o al menos lo parecen. ¡¡Ésto se hace así, porque siempre se ha hecho así!!. Ritos que podían tener sentido en un determinado momento, ahora ya no lo tienen, pero se siguen haciendo. Por ejemplo, el ritual de cómo en un gran restaurante se deben poner los cubiertos, sentarse, o luego servir la mesa, es algo que ha ido cambiando con el tiempo. Aquel antiguo ceremonial, que aún existe, cada vez tiene menos significado. Hay ritos que de tanto repetirlos, a veces con muy poca consistencia, acaban por perder su encanto.

En general los ritos y rituales son un elemento de comunicación, una manera de relacionarnos a través de vínculos creados por el uso y la costumbre, pero lo que subyace muchas veces es una forma de organización. No es cómodo que las personas que llegan a un banquete no sepan donde sentarse. A pesar de lo dicho, hay que reconocer que sin perder su característica lúdica es necesario hacer algo para que la mayoría se sienta a gusto alrededor de una mesa. Protocolo sentarse a la mesa 03 Lo de menos es el protocolo a seguir, lo que importa es una forma de actuar para que nadie se sienta perdido. Aunque también se practica lo de: “cada uno que se siente donde quiera”, hacer bien un protocolo es complejo; conseguir una “buena mezcla” para que todos disfruten requiere de unas ciertas dotes. Y aún así, existen verdaderas “guerras” entre los profesionales del gremio para situar a los comensales; tal parece que se quieran saltar las “reglas” por conseguir una plaza en una mesa determinada. Son muy comunes las batallas internas entre jefes de protocolo por “colocar” bien a sus jefes; si se pudiera observar entre bastidores, más de uno se daría cuenta de lo absurdo del comportamiento humano.

Muchos de los ritos impuestos en los últimos 40 años lo han sido por cuestiones comerciales. La Navidad, por ejemplo, en la que predominaba el encuentro con la familia, era algo muy distinto en su origen. La vida pasa y los recuerdos permanecen. Lo mejor de los ritos es participar, compartir y estar juntos. Son necesarios siempre y cuando no coarten la libertad. Conservarlos es una forma de no perder las raíces. Son parte y producto de nuestra historia, dan identidad y sentido a nuestros pasos. Sin olvidar que hay costumbres que desde un punto de vista económico, sobre todo en momentos de crisis como el actual, solo llevan al despilfarro. Es necesario volver a valores solidarios, pero de verdad, sin hipocresía. Cosas que han tenido sentido en otro momento, ya no lo tienen. Quizás deberíamos replantearnos algunos ritos o rituales, pero… va a ser difícil.

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