El efecto Pigmalión y su influencia en el desarrollo personal y profesional

“Las Metamorfosis” es un poema en quince libros del poeta romano Ovidio en el que se mezcla historia y mitología. Narra la historia del mundo desde su creación hasta Julio Cesar y hoy en día continúa ejerciendo una gran influencia en la cultura occidental. En su Libro X hace referencia a Pigmalión, rey de Chipre y sacerdote, magnífico escultor, quien durante mucho tiempo estuvo buscando una esposa cuya belleza correspondiera a la idea que tenía de la mujer perfecta. Al no encontrarla, decidió que nunca se casaría y que dedicaría todo su tiempo y el amor que sentía a la creación de las más hermosas estatuas para ofrecérselas a Afrodita (Venus), la diosa del amor, la lujuria y la belleza.

Pigmalión y Galatea 02. Angelo Bronzino. WikipediaSu primera creación fue la de la joven Galatea, tan perfecta y hermosa que Pigmalión se enamoró perdidamente de ella. Incluso llegó a soñar que la estatua cobraba vida. Tal era la fuerza y el sentimiento que ponía cuando trabajaba el mármol que su mano parecía guiada por un mágico poder. Ovidio describe así ese momento:
“Pigmalión se dirigió a la estatua y al tocarla le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que deponiendo su dureza cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol y se deja manejar con los dedos, haciéndose cada vez más dócil y blanda. Al verlo, Pigmalión se llenó de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez, y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas al explorarlas con los dedos daban sus pulsaciones”
Sigue contando la leyenda que al despertar Pigmalión se encontró con Afrodita, que, conmovida por el deseo del rey, le dijo:
“Mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal”.
Y así fue como Galatea se convirtió en humana, en su compañera y amante.

La Psicología se inspira en este mito para referirse a uno de los procesos más influyentes en nuestro desarrollo personal: el efecto Pigmalión, de gran importancia en campos como la educación, el mundo laboral o el social. Un proceso en el que la confianza que los demás tengan en nosotros puede contribuir de manera positiva para alcanzar los objetivos más difíciles; un principio de actuación a partir de las expectativas ajenas, o como les gusta decir más a los “técnicos” de una forma figurada: “Es el hecho de cómo las expectativas que tenemos sobre las personas, cosas y situaciones tienden a realizarse”. Un efecto interesante de conocer y estudiar por los profesionales de cualquier ámbito que aplicamos a menudo: unas veces para bien (confiando) y otras para mal (desconfiando), que puede ser positivo si afianza a la persona o aspecto sobre el que se produce provocando un aumento de la autoestima, o negativo, si ocasiona el fenómeno contrario.

El efecto Pigmalión se basa en la idea de la “profecía autocumplida” o “cumplimiento inducido”, que el sociólogo estadounidense Robert Merton define de forma un poco complicada como: “La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición «falsa» de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original se vuelva «verdadera”. Dicho de manera más comprensible y sencilla, se trata de una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que después se haga realidad. Hace referencia a cómo las expectativas de una persona, sean positivas o negativas, influyen en su comportamiento y en su rendimiento. Un término acuñado por Merton en 1948, que explica como cuando mantenemos una firme creencia respecto a algo o alguien se puede acabar cumpliendo. Un concepto que deriva del teorema de Thomas, principio fundamental en sociología formulado en 1923, que dice: “Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales” (If men define situations as real, they are real in their consequences). En otras palabras, la gente no reacciona solo por la situación en si, sino también, y a menudo, por la manera de cómo la perciben. Una vez que la persona se convence de que una situación tiene un cierto significado, al margen de que realmente lo tenga o no, adecuará su conducta a esa percepción. Para que una persona se comporte de forma “inteligente” primero tiene que creérselo, y segundo se le debe brindar la posibilidad de hacerlo, estimulándole si fuese necesario para conseguir su objetivo.

Efecto Pigmalion 02

La educación es uno de los campos en el que más se ha constatado la influencia del efecto Pigmalión. Han sido muchos los estudios hechos por importantes investigadores. “Pigmalión en el aula” realizado por Robert Rosenthal y Lenore Jacobson en 1968 es uno de los más conocidos. El trabajo consistió en informar a un grupo de profesores de primaria que se había hecho un test a sus alumnos para evaluar su capacidad intelectual. En concreto les comunicaron quienes habían obtenido los mejores resultados, al tiempo que les dijeron que era de esperar que a final de curso fuesen también los que mejores notas sacasen. Pues bien, ocho meses después las expectativas se confirmaron: su rendimiento fue mucho mejor que el del resto. En apariencia todo parece “normal”, salvo algo que los profesores desconocían…: ¡¡nunca se realizó test alguno!! Los alumnos previamente seleccionados… habían sido elegidos… al azar. Entonces: ¿Qué fue lo que ocurrió para que se convirtiesen en los “mejores”? La explicación es muy simple: los profesores, influidos sin duda por la “selección” realizada, se crearon a si mismos tan altas expectativas, que sin dudar ni un momento se lo transmitieron a sus alumnos “especiales” potenciando el “deseado” cumplimiento. Sin saberlo, sus percepciones influyeron tanto que se convirtieron en realidad. Este efecto Pigmalión, que por otro lado es de puro sentido común, indica que tratar a alguien de una manera determinada condiciona sus resultados. Así se ha confirmado en muchos estudios. Profesores que piensan que sus alumnos son muy buenos suelen conseguir muy buenas notas de ellos. Por el contrario, si un profesor piensa mal de un alumno, y se lo comunica, su rendimiento bajará.

El efecto Pigmalión también se ha comprobado en el ámbito empresarial. En base al trabajo de Rosenthal y Jacobson, el doctor J. Sterling Livingston, profesor de Administración de la Universidad de Harvard, gran educador, calificado el mejor por sus estudiantes, demostró en un trabajo de investigación realizado a finales de los años 60, “Pigmalión en la Gestión” (“Pygmalion in Management”), como las expectativas del jefe de una empresa influyen en el comportamiento y los resultados de sus subordinados. Merece la pena resaltar algunas de sus conclusiones:
“A veces los mandos tratan a sus subordinados de una forma que les induce a actuar por debajo de su capacidad de logro. Y a la inversa. Según lo que esperan de ellos, así los tratan. Es un arma de doble filo, porque si las expectativas son altas es posible que suceda lo mismo con los resultados, pero si no es así la influencia será negativa y los resultados mediocres. Es como si hubiera una relación directa entre la causa y su efecto. Por eso es tan importante la aportación de un jefe a los subordinados, lo que nos lleva de nuevo a la influencia positiva o negativa que tiene la aplicación del efecto Pigmalión”

Efecto Pigmalion 01

Sin embargo, todavía se sigue dudando de la importancia que tienen las expectativas del jefe de un equipo de personas en las actuaciones individuales y de grupo. El doctor Livingston afirma que la influencia de lo que una persona espera de otra ha sido reconocida desde siempre, y por tanto lo que un jefe espera de su subordinado y su forma de tratarlo incidirá en gran medida en su rendimiento. Los buenos jefes se caracterizan por saber crear expectativas positivas, y de su habilidad depende la consecución del logro. Aquellos que no son capaces de hacerlo llevan a la improductividad. No debemos olvidar que los subordinados hacen lo que creen se espera de ellos; aunque pueda existir un gran potencial de desarrollo, si no tienen expectativas permanecen en el inmovilismo, por otra parte mucho más cómodo. El propio Livingston lo subraya:
“Algo ocurre en las mentes de los gerentes superiores que no ocurre en las de aquellos que son menos efectivos. Mientras que los gerentes positivos tienen suficiente habilidad para crear altas expectativas para sus subordinados, los gerentes más débiles no tienen éxito en lograr una reacción similar.
¿En qué radica esta diferencia? La respuesta, en parte, parece estar en que los gerentes superiores tienen mayor confianza en su propia habilidad para desarrollar el talento de sus subalternos. En contra de lo que se podía suponer, sus altas expectativas están basadas principalmente en lo que piensan de si mismos acerca de su habilidad para seleccionar, entrenar y motivar. Lo que cree acerca de si mismo influye sutilmente en lo que cree acerca de sus subordinados, lo que espera de ellos y la forma de tratarlos. Si tiene confianza en su habilidad para desarrollarlos y estimularlos hacia altos niveles de comportamiento, esperará mucho de ellos y los tratará con la confianza de que cumplirán sus expectativas. Pero si tiene dudas acerca de su propia habilidad, esperará menos de ellos y los tratará con menos confianza“
Aunque no debiera ser así, uno de los factores más influyentes en nuestro desarrollo personal es la imagen que creemos que los demás tienen de nosotros. Muchas veces actuamos en parte en función de esa percepción. Si alguien nos encarga una tarea o nos otorga su confianza lo normal es que nos esforcemos en no defraudarle.My Fair Lady 03

Cuando alguien modela o hace triunfar a otra persona se dice que es su Pigmalión. Un ejemplo que podemos encontrar en la obra de teatro del mismo nombre escrita por el gran dramaturgo inglés Bernard Shaw (1856-1950). Basada en “Las metamorfosis” de Ovidio, muestra como un profesor le enseña a una florista a hablar con una dicción perfecta, hasta el punto de conseguir hacerla pasar por duquesa en los círculos de la alta sociedad británica. Una comedia ingeniosa y divertida, que en el fondo contiene numerosos elementos de crítica social. El profesor después de convertir a la muchacha desgarbada y analfabeta en una dama moldeada a sus expectativas éticas y estéticas, acaba por enamorarse de su creación. Una novela llevada al cine años más tarde (1964) por George Cukor bajo el título “My Fair Lady”, grandioso musical con enorme éxito de crítica, público y reconocimiento en forma de 8 premios Oscar.

Una de las mayores críticas que se le hacen al efecto Pigmalión es que a veces resulta algo confuso y por tanto sus consecuencias. Es posible que a través de él seamos un poco o un mucho lo que los demás esperan de nosotros. Las “profecías” tienden a realizarse cuando un fuerte deseo las impulsa. Del mismo modo que el miedo tiende a provocar que se produzca lo que se teme, la confianza en uno mismo, aunque sea contagiada por un tercero, puede darnos alas. En cualquier caso nunca debemos tomar a la ligera el papel del Pigmalión bien hecho Como escribió J. W. Goethe en “Fausto”: “Trata a una persona tal y como es y seguirá siendo lo que es; trátala como puede y debe ser y se convertirá en lo que puede y debe ser”.

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