Los bolos en Asturias en los años 50 y 60. La Felguera y los ases de la “cuatreada”

Los bolos son un deporte que me retrotrae a la niñez. No en vano mi padre fue uno de los ases de la “cuatreada”, modalidad por excelencia en Asturias en las décadas 50 y 60. Eran el juego de distracción de todas las clases sociales, en especial obreros y campesinos y sobre todo mineros. Aunque para éstos siempre había una obligación antes de ir a “echar la partida a los bolos”: finalizada su jornada de trabajo, lo primero era pasar por sus casas para decir ¡¡aquí estamos, seguimos “vivos”!! Tan grande era, y sigue siendo, el peligro de la mina que existían ritos previos de obligado cumplimiento. Más tarde, tras un duro día de picar carbón, una buena operación de “aseo” y de “reponer fuerzas”, llegaba ya el momento de relajarse. Y que mejor que darse una vuelta por los chigres y sidrerías del entorno, jugar una partida a los bolos, a las cartas o a la llave, acompañados por los amigos alrededor de unas sabrosas botellas de sidra con sus correspondiente culines.

Concurso de bolos en Villamayor 1915Concurso de bolos celebrado en Villamayor (Piloña). Foto Modesto Montoto 1915

En los primeros años del siglo XX en Asturias ya había un gran ambiente bolístico. Estamos hablando de unos años en que los deportes “tradicionales” son el auténtico entretenimiento, ¡¡no había otros!!, pues apenas se notaba el llamado deporte “moderno”. Tan grande era la afición por los bolos que hasta los emigrantes los llevaron por tierras de América a sus Centros Asturianos. ¡¡Una forma de añorar la “tierrina” que tanto costaba dejar!!

Los primeros Campeonatos Provinciales de bolos, con valiosos trofeos e importantes cantidades de dinero en premios, se comenzaron a organizar en los años 30. Concursos, retos y apuestas estaban a la orden del día, aunque por encima de todo primaba el entretenimiento y la diversión. En muchos establecimientos las apuestas entre los jugadores consistían en los famosos “vales” que se daban en pago al vencedor de la “partida” para luego consumir en el bar.

Quinteto La Prueba. La FelgueraEquipo de bolos de la peña “La Prueba” (La Felguera) formado por Manolín “Canal”, Celedonio, José Gundes, Felipe, Tino y Aquilino subcampeones y campeones de Asturias en 1931 y 1932

Fueron unos años donde la proliferación de peñas bolísticas incrementó la pasión por el juego y los campeonatos por quintetos alcanzaron un gran éxito. De las muchas peñas de gran calidad destacaron entre otras “La Ideal Rosales” de Oviedo, con los hermanos Poloncio I y II, y “La Prueba” de La Felguera, campeón y subcampeón de Asturias en 1931 y 32 y varias más campeón de Langreo, con Felipe de Barros y un joven Manolín “Canal” que iniciaba su andadura como uno de los mejores pulgaristas habidos en este deporte. La Guerra Civil truncó, aunque fuese de manera temporal, esta gran expansión de los bolos. Un tiempo bastante más largo que la propia contienda. La clase trabajadora fue la que sufrió las mayores consecuencias, pues bastante tenía con recuperarse moral y físicamente de las grandes secuelas sufridas. Las ganas por divertirse habían pasado a un segundo plano. De ahí se dice que nació una frase que se oye mucho en Asturias: ¡¡desarmose la bolera!!, cuando alguien quiere poner énfasis a un mal resultado en circunstancias difíciles.

Es a partir de los años 40 cuando se vuelven a recuperar las ilusiones por proseguir con una vida “normal”. El juego de los bolos inicia un gran despegue que duraría hasta bien entrados los 70. Fueron más de 30 años de esplendor, la actividad popular por excelencia que alcanza su punto álgido en las décadas 50 y 60. Creció mucho el número de jugadores y peñas bolísticas, se multiplicaron los torneos, campeonatos y concursos, y la prensa escrita dedicaba secciones enteras a su seguimiento. Grandes impulsores con sus crónicas fueron Buforn, habitual comentarista para toda Asturias del diario Región, y Antonio Salazar, cronista local para la zona de Langreo. Los bolos se convertían de nuevo en un deporte totalmente enraizado en la sociedad y un hecho cultural relevante.

Canal. Bolera Florin- La Felguera 01Entrega de trofeos en uno de los campeonatos de la zona de Langreo celebrado en la bolera Florin. Entre los premiados se encuentran reconocidos jugadores como Canal, gran figura de los bolos, El Zurdo de La Moral, Mel II y Casero. En la parte superior de la imagen, a la derecha, se puede ver también a Buforn, cronista del periódico Región, diario ya desaparecido

Langreo, y en especial La Felguera, fue uno de los lugares que con más pasión vivió este auge. Muchos de los mejores encuentros entre los grandes campeones se disputaron en sus boleras. Gran cantidad de aficionados venidos de toda Asturias se daban cita para presenciar las partidas de estos ases del deporte. Boleras como ”Casa Florín”, “Casa Vaqueros” o “El Molín de Argüelles”, en La Felguera, “El Piringüelu” en Pando, y Casa Miguelón en Sama, por citar algunas, concitaban toda la atención de los bolos en muchas de sus partidas.

La bolera Florín, en el barrio del Frontón de La Felguera, sin duda fue la más importante y una de las mejores boleras de toda la provincia. Dotada de los mayores “adelantos” técnicos para la época, pionera en la implantación del marcador electrónico, algo impensable, y recogida automática de bolas, fue también una de las primeras boleras cubiertas de Asturias. Hasta disponía de un complejo lúdico con grandes espacios para juegos como la llave o la rana y zonas de entretenimiento para niños y mayores, no faltando lugares de descanso para las familias poder disfrutar de una magnífica merienda. Su dueño y mentor, Florentino Alonso Granda, “Florín de La Felguera”, uno de los mejores organizadores que ha tenido la “cuatreada”, fue un gran impulsor de los bolos con competiciones tan emblemáticas como el Campeonato de Ases, el Torneo de Aficionados, el Trofeo 18 de Julio o la Copa del Ministro de Trabajo.

Bolera Florin. Ana Mariscal. Antonio Salazar y BufornGran premio de bolos de las Fiestas de San Pedro de La Felguera celebrado en Casa Florín. En la foto se pueden ver al propio Florín, en el castro de la bolera y con chaleco blanco, y en la mesa de la organización, aparte de los directivos de la Sociedad de Festejos, a la actriz y directora de cine Ana Mariscal, que dirigió entre otras la película “Hola muchacho” rodada en la Universidad Laboral de Córdoba, y Antonio Salazar, cronista de prensa local

Fueron años de grandes concursos y torneos dirigidos por los Comités Bolisticos de zona (Oviedo, Gijón, Langreo, etc.), la Obra Sindical de Educación y Descanso, las Comisiones de Fiestas de los Ayuntamientos, y los propios hosteleros, muy involucrados también en el deporte de los bolos. Por citar algunos: en 1947 la Obra Sindical de Educación y Descanso organiza el Primer Trofeo Ministro de Trabajo; en 1949, Florín pone en marcha el Campeonato de Ases, una final entre los campeones designados por las Peñas Bolísticas; más tarde, en 1953, se celebra el Trofeo Provincial de Hogares del Productor y el Trofeo de Empresas, y ese mismo año se crea el Campeonato Provincial de Aficionados.

Algunos de esos torneos se jugaban por el sistema de eliminatorias por zonas, con una gran final a celebrar en la magnífica bolera cubierta ovetense de “La Ideal Rosales”, y en más de una ocasión también en “Casa Florín”. Grandes quintetos ganadores fueron la propia “Peña Florín” de La Felguera, la Fábrica de Armas de Oviedo, el Hogar del Productor de  Oviedo, el Hogar del Productor de Begoña (Gijón), Hulleras de Turón, el Hogar del Productor de Barros, Carbones de Langreo y la Mina Mosquitera. De sus componentes merece la pena destacar a figuras como Canal, Madera, Gerardo, Mel, Faeo y Felipe de la “Peña Florín”, Carrete y alguno de los anteriores de “Carbones de Langreo” (trabajadores del pozo minero Santa Eulalia, también conocido por “El Cabritu”), todos de la zona de Langreo, Magdalena de Gijón, Poloncio II y Manolin de Rita de Oviedo y Máquina y Florín de Turón, entre otros.

En los años 50 y 60 también alcanzaron gran popularidad los campeonatos individuales y por parejas. Fueron las décadas por excelencia de los grandes “roscadores” de la “cuatreada” como Magdalena y Titi de Gijón, los hermanos Poloncio, Reinerio y Llaneza de Oviedo, Canal de La Felguera, “El Portu” de Barros, Alvarín de Molledo, Moro, Rogelio y Morica de Siero, Florín de Turón, “El Roxu” de Olloniego y Otilio y Desiderio de Pumarabule.

Canal. Peña Florin- La Felguera. Campeones de AsturiasEquipo de la Peña Florín, campeón de Asturias por quintetos. En la foto se puede ver a Canal, Madera, Gerardo, Mel y Faeo. También está el propio Florín, agachado, a la izquierda de la imagen

Al igual que en otros deportes, alrededor de las partidas de bolos han sucedido anécdotas muy curiosas. Unas protagonizadas por los grandes campeones y otras por el expectante público que les seguía con pasión. Son muchas las que han pasado a formar parte de la leyenda. Citaré solo algunas, comenzando por Cajetilla, para muchos el mejor jugador de la historia, que asombró allá por los años 30 no solo con su juego, sino también por lo todo lo que rodeaba a sus partidas de bolos. Hay quien sostiene que su nombre o apodo se debe a que en una ocasión retó a un compañero a ver quien “pegaba” con la bola a una cajetilla de cigarrillos colocada en el castro de la bolera. Cuentan que, al tiempo que el envoltorio iba rodando de un lado para otro, Cajetilla casi siempre acertaba a la primera.

Raimundo Sánchez Suárez, Cajetilla, posiblemente la máxima leyenda de la “cuatreada”, como muchos mitos tuvo una vida corta, falleciendo en 1949. Figura indiscutible, dicen que era capaz de “cuatriar” en blanco a la pequeña y llevar el biche sin tirar el bolo mayor.Cajetilla Las pocas veces que perdió casi siempre había apuestas por el medio. De ahí que los “viejos” aficionados aún afirmen que era porque había tongo. Algunos testimonios señalan que en la bolera de Miguelón en Sama hubo personas que llegaron a saltar al castro con una pistola, gritándole: “Si te vendes te pegamos cuatro tiros”. Contaba Florín, el gran organizador de La Felguera, testigo de sus actuaciones, que antes de empezar solía ir al castro a tocarlo con el pie y que algunos aficionados, al verlo, le decían: ¡¡ni te arrimes ahí!!. Creían que quería manipularlo para colocar bien la bola y buscar sus efectos. Su comportamiento, su forma de jugar y su estilo, contribuyeron sin duda a acrecentar el mito.

No era raro ver a Cajetilla acudir a un concurso y tras sacar un record de bolos vender la marca a cualquier aficionado que quisiera comprarla, que al ser muy alta entendía que nadie la superaría. Hay testimonios que afirman que llegó a cambiar alguna de sus tiradas por un habano y que incluso ganó más de un certamen importante después de haber vendido hasta tres puntuaciones. Algún veterano aficionado aún cuenta que en un concurso sus competidores le recriminaron por tirar solo con sus bolas. En aquellos tiempos estaba permitido que cada jugador pudiese utilizar sus propias bolas en los concursos. Las llevaba en un pequeño saco de tela y decían que tenían dos agujeros para colocar los dedos y dar más efecto en el tiro. Como iba ganando con mucha claridad, las protestas arreciaban por momentos. Al final, a Cajetilla se le hincharon tanto las narices que cambió sus bolas por las sus contrincantes, y… ganó una vez más.

Sus desafíos tras la Guerra Civil contra Magdalena fueron apoteósicos, forman parte de las partidas más relevantes en la historia de los bolos. En los años 40 se vive el mejor momento de sus grandes duelos mano a mano. Eran retos a cuatro partidas que llegaron a mover a miles de aficionados por las boleras de Asturias. Hasta se fletaban trenes. Cajetilla siempre estaba lanzando retos, jugando desafíos o participando en todo tipo de concursos. La gente acudía sólo por verle entrenar y llenaba las boleras buscando el mejor sitio para el “espectáculo”. Para muchos fue el mejor jugador de bolos de todos los tiempos, ídolo de jugadores y aficionados y protagonista indiscutible de una época en la que compartió cartel con su gran rival Magdalena, quizás la gran figura de los años 50.

Canal. Bolera Florin- La Felguera 02Entrega de trofeos en uno de los grandes premios celebrados en Casa Florín. Entre los ganadores se puede ver a Castro y Suárez de Sotrondio, acompañados por otras grandes figuras de los bolos como Canal y El Roxin. También se encuentra Buforn, cronista especializado en el deporte de los bolos

Otro protagonista de un rosario de anécdotas tanto dentro como fuera de las canchas, gran jugador de bolos, fue Alvarín, más conocido por “Alvarín de Molleo”, y también por “La atómica del pulgar”, su mano “buena” y una de las mejores de todos los tiempos. Anécdotas muy divertidas que dichas por el propio protagonista le dan un mayor grado de verosimilitud. Aparte de gran campeón, Alvarín era un personaje habitual en los desafíos. Cuenta Alvarín: “Jugábamos perres (dinero), los lunes en Casa Miguelón en el Parque de Sama, los martes en Pola de Siero en boleras Moro y los jueves en Pola de Laviana, en Casa Fefa, primero, y más tarde en el Hogar. Si tenía un poco de tiempo esos días no fallaba. Llegabas y concertabas partidas con Florín, Colunga, Riesgo o los Poloncios”. A costa de sus famosas zapatillas que traían grabado: campeón de Asturias, comenta de forma jocosa: “Jugué con ellas la final del Vereterra contra Morica y perdí, me sentí ridículo con las dichosas zapatillas”. Cuando en 1959 se clasifica para la final del campeonato de Ases celebrada en la bolera de Caveda, que perdió contra Llaneza, gran dominador del momento, se explayó diciendo una vez terminado: “Venía de ganar a Rubén en semifinales. Se jugaba a doble partida, por la mañana gané pero luego comí una fabada y por la tarde no podía moverme. Siempre recuerdo lo mal que me sentaron aquelles fabes”.

Alvarín y su amigo “El Tordín de Frieres”, famoso cantante de la tonada asturiana, fueron inseparables en sus correrías por las boleras, antes, y sobre todo después, de cada partida. Una de sus pasiones era la canción, que por cierto hacía muy bien, así que cada cual se imagine como acababa todo al final. Reconocido como uno de los mejores, sino el mejor pulgarista que ha habido en el juego de la “cuatreada”, uno de los rasgos que sus rivales más recuerdan de Alvarín era que siempre tenía una explicación para las derrotas: “les fabes de Caveda” o “los bolos de la peña Reculta que eran muy grandes” son dos de las muchas de este gran personaje. A su gran juego para el pulgar le acompañaban unas condiciones innatas para la tonada y el monólogo festivo. Se puede decir que su estrella aumentaba hasta límites insospechados cuando cantaba junto a “El Tordín” días y noches por las boleras. Muchos jugadores y veteranos aficionados sostienen que: “si se hubiera cuidado sólo un poco habría podido ser uno de los mejores jugadores de bolos de todos los tiempos”. Hay quien asegura, y esto si que es leyenda, “que le vio jugar disfrazado de mujer en un Carmín de la Pola”.

Los grandes torneos de bolos celebrados en “Casa Florín” sirvieron no solo de consagración de los ases de la “cuatreada”, sino de promoción para muchos jóvenes campeones en ciernes. Ese fue el caso de Alvarín (Álvaro Palacio). Se proclamó campeón de Langreo con tan solo 16 años en una gran final ganada a Faeo de Barros, veterano y excelente jugador de la zona. Años más tarde, cuando ya era una gran figura, el propio Florín escribía en el periódico El Comercio, bajo la firma de Granda: “Alvarín es uno de los grandes valores que crecieron en el torneo de aficionados de Langreo”. Campeón en dos ocasiones del Torneo de Ases de Caveda y cuatro años campeón de Asturias por equipos con la peña Magdalena, marcó una época en los años 50 a 70.

Canal. Bolera El Piringüelu- Pando. Con subtítulo 02Después de una etapa de esplendor, los años 70 dieron paso a una decadencia paulatina de los bolos. Unos años dominados por otra gran figura, Castro, jugador  que ya había destacado en la década anterior. Sus partidas siempre levantaban expectación. Sigue siendo muy recordada la final que en 1972 ganó a Alvarín en la Semana Bolística de La Felguera, uno de los grandes campeonatos regionales. El diario Región la calificaba de “broche de oro y sensacional mano a mano entre dos colosos de nuestro deporte”. Buforn, el reconocido cronista de bolos, decía: “Uno de los mayores llenos de esta I Gran Semana Bolística de La Felguera, para ver en la última jornada a los grandes especialistas de nuestro deporte: Castro, con el máximo título de la especialidad, y Alvarín, el gallito provincial. Los aficionados esperaban una buena lucha pero no ha sido así ya que Castro, como un coloso, se impuso sacando una ventaja de diez juegos de diferencia que dicen bastante de la forma arrolladora del campeón de España”.

Raro era el torneo en el que Castro no aparecía en el podium de vencedores. Durante años llenó páginas y páginas en la prensa escrita. De sus viajes a México, donde sus partidas siempre despertaban gran interés, el propio Castro recuerda una curiosa anécdota: “Me quedaba la pequeña para ganar, lancé y antes de que la bola posara ya estaban aplaudiendo. ¡¡La hice!!. Un señor que estaba allí, en primera fila, salió al castro y, con un cayau, tiró los bolos diciendo que aquella jugada valía dos mil pesos, y mientras hablaba me tendía el dinero. ¡¡Esto es más difícil que cualquier penalty de los que mete Di Stéfano!!”, aseguraba.

No quiero terminar este artículo sin hacer mención a Magdalena, Manuel Magdalena Cocaño, seguramente el mejor jugador de las décadas 50 y 60 y gran rival de Cajetilla. Inició su carrera con tan solo 14 años y se mantuvo en la cumbre de manera ininterrumpida más de cuarenta. Sus triunfos son innumerables. Amén de muchos otros, fue dos veces ganador del Torneo de Ases de Caveda, considerado el campeonato de Asturias, ocho veces campeón de Gijón, varias de los Trofeos 18 de julio y San Pedro en La Felguera en la bolera Florin, y ganador de infinidad de concursos. Protagonista de grandes retos con otros jugadores famosos, pasó por todas las boleras de Asturias acompañado siempre de su conducta y nobleza como persona. Nunca faltó a las partidas anunciadas. Cuando no disponía de medios de locomoción, incluso llegó a recorrer a pie muchos kilómetros para cumplir con sus compromisos.Magdalena Fue tan grande su reconocimiento que un grupo de aficionados fundó una peña en su honor (Peña Deportiva Magdalena), que siguió paseando su nombre y el buen sabor de los bolos por toda Asturias.

Las partidas de bolos de Magdalena no dejaban a nadie indiferente. Sobre todo las celebradas contra su gran rival Cajetilla. Seguidas por miles de personas, con las boleras llenas hasta los topes, se cruzaban fuertes apuestas, muchas a su favor. Aunque Cajetilla era el mito, perdió bastantes veces contra Magdalena, que ya en los años 40 estaba siempre arriba en los campeonatos. En competiciones por equipos también ganó casi todo. Es muy recordada la final del campeonato del Ministro de Trabajo, con Artillero, Valentín, Saturno y Chema de compañeros, que ganaron al gran quinteto formado por Canal, Madera, Carrete, Agustín y Pachicón, algunos de ellos campeones de Asturias varias veces en equipos tan renombrados como la Peña Florín y Carbones de Langreo.

En el juego de los bolos ha habido especialistas excepcionales tanto para la mano como para el pulgar. De los años 50 a primeros de los 70, los hermanos Poloncio I y II y “Portu”, el Huracán de Langreo, fueron muy buenos manistas. Los grandes pulgaristas como Canal, Alvarin y Otilio tiraban al sobaquillo, postura hoy casi desaparecida; clásica de los buenos roscadores, era muy elegante, pero difícil de ejecutar. Es muy difícil decir quien ha sido el mejor jugador en la historia de los bolos. Cada época, cada década, hasta cada año, ha tenido sus figuras. Pero si tuviéramos que hacer una lista de grandes campeones, aparte de Cajetilla y Magdalena, dos verdaderos mitos, no podrían faltar nombres como  Alvarín, Llaneza, Canal, Titi, Poloncio I y II, Colunga, Riesgo, Otilio, Desiderio, Reinerio, Máquina, Florín de Turón, “El Roxu”, Morica, Moro, Rogelio, Belisario, Morán, Castro, Isidro,…

Exceptuando a Cajetilla, he tenido la suerte de ver jugar en mi niñez a la mayoría de los campeones citados. Acompañé a mi padre, que formó parte de esos ases de la cuatreada, a muchas de las grandes partidas de bolos celebradas en “Casa Florin”. Sirva este corto relato como un pequeño homenaje a todos ellos.

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