La curva de Laffer y la subida de impuestos, controversias de la actual crisis económica

El fracaso de los llamados “expertos” ha hecho que todo el mundo opine de economía. Todos, incluidos políticos sin formación y tertulianos sin base, se apuntan a predecir la mejor opción para España. Un ejemplo es el reciente debate que se ha vuelto a reabrir en este momento crítico donde no se vislumbra una salida clara: ¿Qué es lo mejor, subir o bajar impuestos? Un tema cada vez más candente y muy relacionado con la posible panacea de aplicar a nuestra economía la conocida “curva de Laffer”. Aunque en un próximo artículo hablaremos de la opción contraria, también con muchos adeptos, intentaremos explicar de una forma sencilla en que se basan los abanderados de bajar impuestos.

Arthur Laffer, licenciado en Economía por la Universidad de Yale en 1963, doctorado en la Universidad de Stanford en 1971 y profesor en las universidades de Chicago y California, es un conocido economista célebre por su propuesta de bajar impuestos en determinadas circunstancias para aumentar la cantidad recaudada por la Hacienda pública. Una recomendación plasmada en los años setenta en una famosa curva que dibujó originalmente en una servilleta mientras se la explicaba a sus colegas en un bar. Aunque hay quien sostiene que este hecho ocurrió durante una cena en el restaurante Two Continents de Washington cuando invitado por Dick Cheney, por entonces jefe de Gabinete del presidente Gerald Ford, intentaba convencer al asesor de la Casa Blanca de las ventajas de una rebaja fiscal. Se trata de una sencilla curva en forma de campana o U invertida que relaciona el nivel de los impuestos con los ingresos del Estado. En términos populares, “señala” cual es el punto máximo que las personas están dispuestas a “aguantar” ante las “imposiciones” (los impuestos lo son) de un gobierno. Un tope que no es igual para todo el mundo, pero que… todo el mundo tiene su tope.

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Si analizamos la curva de Laffer se puede observar que, empezando de 0 impuestos, la recaudación aumenta a medida que lo hace el tipo impositivo hasta alcanzar un punto máximo. Es a partir de este punto cuando cualquier intento de elevar los impuestos no se traduce en un aumento de la cantidad recaudada, sino que, paradójicamente, provoca un descenso de la misma. Dicho de otra manera: “está demostrado que existe un punto a partir del cual los sufridos contribuyentes comienzan a estar tan hartos que dejan de pagar sus impuestos, y se inicia una caída vertiginosa que al final lleva al continuo fraude. Nadie está dispuesto a tan alto grado de extorsión por muchas multas con que les amenacen”. Sus defensores proclaman que cuando la presión fiscal es muy alta, la rebaja de impuestos introduce incentivos en la economía y la gente trabaja más o se pasa de la economía sumergida a la legal con el consiguiente aumento de la inversión, empleo y consumo. Además, crece la renta disponible de los ciudadanos y por tanto el Estado recauda más.

La curva de Laffer ha suscitado también multitud de críticas entre sus muchos detractores, principalmente debido a la dificultad de conocer el punto para el cual se obtiene la recaudación óptima (su máximo). Algunos de esos críticos proclaman que en la década de los 80, con Ronald Reagan de presidente USA, se bajaron los impuestos y la recaudación no aumentó; en cambio, se incrementaron en los siguientes gobiernos de George Bush (padre) y Bill Clinton y con ellos también la recaudación. Sin embargo, sus defensores mantienen que en esos casos también se cumplió la curva de Laffer. Lo único que ocurrió, dicen, es que hay un momento a partir del cual la disminución de los tipos genera una pérdida de recaudación (primera parte de la curva), y eso fue lo que sucedió. En cualquier caso, lo que la curva de Laffer pretende demostrar es algo que va en consonancia con el sentido común: no siempre por subir los impuestos se va a recaudar más, y también: no siempre por bajarlos se va a recaudar menos. Todo depende de la zona de la curva en que nos encontremos en un momento determinado.

Arthur Laffer 01La realidad actual nos muestra que las directrices económicas de los países europeos siguen caminos muy distintos a los sugeridos por Laffer. Sin embargo, este antiguo asesor económico del presidente Ronald Reagan todavía estuvo en España a finales del pasado año exponiendo las ventajas de sus teorías en una conferencia celebrada en la Fundación Rafael del Pino. A continuación reflejamos algunas de sus respuestas más interesantes:

Ningún país desarrollado está aplicando su modelo económico. ¿Sigue siendo válido en la actual crisis mundial? Sí. Es perfectamente válido. Lo que está ocurriendo es que la gran mayoría está aplicando el modelo contrario. ¿Usted ve que esas economías están mejor que en el pasado? No. Cuando reduces los impuestos, controlas el gasto, no inundas el mercado de dinero, tienes libertad comercial y suprimes regulación innecesaria, las economías crecen más rápido. Hoy tenemos lo contrario: mucho gasto descontrolado, subidas masivas de impuestos, barreras arancelarias, trabas regulatorias y por ello la gran mayoría de países no está creciendo. Lo están haciendo muy mal. Y España es, desafortunadamente, un buen ejemplo de esa mala política económica. Es muy triste ver sufrir a millones de personas.

¿Cuál cree que son los pasos que debe seguir España para salir de la crisis? España debe bajar todos los impuestos y ampliar la base imponible. No se puede gravar masivamente con impuestos a una sociedad y al mismo tiempo tratar de que sea próspera. El gasto público debe ser reducido dramáticamente, pero ese ajuste solo se puede empezar a hacer cuando la economía comience a remontar. De esa manera se asegura el Estado de Bienestar para ayudar a la gente que requiera protección. Si gravas a la gente que trabaja y pagas a la que no trabaja, vas a conseguir que un montón de personas esté desempleado. La mejor manera de asegurar el Estado de Bienestar es crear empleo y lo peor que puede hacer un Ejecutivo es aplicar políticas que a lo único que conducen es a destruir el tejido productivo y a crear más desempleo. Subir impuestos es el camino equivocado hoy.

En este contexto de recesión generalizada en la UE, el gobierno de España aún no ha decidido si solicita el rescate para su economía, tal y como hicieron Irlanda, Portugal o Grecia, ¿cree que lo debe pedir? España necesita corregir sus desequilibrios, pero tiene que hacerlo por sí mismo. En mi opinión no debe pedir el rescate ni debe ser salvada por el BCE u otro organismo. Debe corregir sus problemas en casa y una vez que lo haya hecho volverá a la senda del crecimiento.

Sin embargo, la elevada prima de riesgo de la deuda hace prácticamente imposible que España se financie a precios razonables si no es con la ayuda del BCE, a través del programa de compra de deuda. ¿Cree que se debe activar? No. Lo que le hace falta a los países es combinar todas las acciones antes comentadas (bajadas de impuestos, recorte de gasto, supresión de regulación y libertad comercial), pero no el año que viene, ya mismo. Y cuanto más rápido lo hagan, más rápido saldrán de la crisis. Si una empresa no lo ha hecho bien, no hay nada malo en dejarla caer y que vaya a la bancarrota. Por salvarla, se está poniendo en riesgo a miles de ciudadanos.

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Y en una reciente entrevista en el diario “El Mundo” hacía entre otras las siguientes consideraciones:

“Lo peor es que el IRPF es muy progresivo. El problema de España no es de presión fiscal; es de presión fiscal mal repartida sobre las rentas más altas y las del trabajo. Sus impuestos dañan a los creadores de riqueza y a los trabajadores que reciben una nómina. Castigan al trabajador y dan incentivos al defraudador, tanto cuando no paga impuestos como cuando recibe ayudas públicas. Si la gente cree que el sistema fiscal no es justo, trata de evadir impuestos. Eso pasa en España y pasa en Estados Unidos”. Al comentar la política de austeridad actual, Laffer fue muy concreto, apuntando algo con que lo que mucha gente puede estar de acuerdo: “Cuando hablan de austeridad hablan de déficit. Yo hablo de reducir el peso del Estado en la economía. El gasto público no es estímulo ni austeridad. Mire Alemania: tiene tipos de interés de su deuda negativos y aún así apenas está creciendo. O el Reino Unido: subió el IRPF a las rentas más altas y la economía se hundió en otra recesión”. Se podrá estar o no de acuerdo, pero de lo que no hay duda es que no sólo existe una política económica como hasta ahora se defiende.

Como ya hemos dicho, la característica más importante de la curva de Laffer reside en que cuando el tipo impositivo es muy alto, si se sube aún más los ingresos recaudados pueden terminar disminuyendo. Sin embargo, Laffer, que cuenta con muchos partidarios, también ha sido muy criticado por grandes economistas como John Kenneth Galbraith, que además lo hace con especial dureza: “Partiendo de la circunstancia indiscutible de que si no se imponían gravámenes no se recogería ningún ingreso público y de que si los impuestos absorbían todos los recursos no se produciría ninguna renta, el profesor Laffer unió estas dos verdades indiscutibles con una curva a mano alzada que mostraba que, aumentando los tipos impositivos, el total de los recursos públicos primero aumentaría y luego caería… En un ejercicio posterior de imaginación, el profesor Laffer pasó a sostener que la presión fiscal había superado en Estados Unidos el punto óptimo, obtenido, como ya dijimos, a mano alzada… Es evidente que nadie en su sano juicio se tomó en serio la curva y las conclusiones del profesor Laffer. Hay que otorgarle, sin embargo, el mérito de haber demostrado que una manipulación justificativa, aunque evidente, podía ser de gran utilidad práctica. La reducción impositiva de la década de los ochenta fue, en no escasa medida, producto de la invención de Laffer”.

Impuestos 03Hasta el momento, una cosa parece clara en España: el haber elevado los tipos del IRPF no ha servido para aumentar la recaudación. Y no solo eso. Casi la mitad de los contribuyentes que han presentado la declaración de la renta este año se encuentran en ese tramo de la curva de Laffer en que cualquier subida de impuestos no supone incremento adicional alguno. Un tramo que los expertos sitúan alrededor del 35 % de la base liquidable general del IRPF y que marcaría, de ser cierto, el punto de inflexión a la hora de recaudar de forma eficiente. A partir de esos niveles cualquier subida sería ineficaz. A esta conclusión ha llegado la Fundación FAES en un reciente estudio muy difundido por los medios informativos, en el que mantiene que la curva de Laffer es una evidencia, como lo demuestra el escaso impacto que ha tenido la última subida del IRPF: se esperaban ingresar 5.400 millones, y al final apenas se recaudaron 816. Según el profesor Sanz de la Universidad Complutense, uno de los artífices del estudio, la elevación del IRPF decidida por el actual Gobierno ha sido la “menos apropiada” por sus efectos negativos sobre el crecimiento y por haber debilitado la renta disponible y el consumo de las familias.

Por el contrario, Rafael Pampillón, también reconocido economista, resalta que el modelo Laffer ha suscitado multitud de críticas debido a “la dificultad para conocer el punto de la curva en que se encuentra una economía o, lo que es lo mismo, no saber cuál es el tipo de gravamen óptimo que nos proporciona el mayor nivel de recaudación posible”. Pero… ¿cuál es ese punto óptimo en el que se logra la máxima recaudación? Los expertos señalan que es distinto para cada país y para cada momento, la curva de Laffer “no es una fórmula exacta”. “Lo difícil es poner el punto concreto que estimula la recaudación. Si te equivocas, una bajada de impuestos sí puede suponer una caída de ingresos, y la economía admite mal los experimentos. Aunque ahora hay muchos datos, mucha información sobre el comportamiento de la recaudación, de los tramos, de las rentas, de su evolución…, y las posibilidades de acertar con una rebaja fiscal son más elevadas”. Sobre este aspecto insiste el director de Análisis del Instituto de Estudios Económicos (IEE), Gregorio Izquierdo: “La curva de Laffer siempre es aplicable, pero más en determinadas realidades o momentos. Hay que hacer reformas graduales, probadas, ante el desconocimiento de sus efectos cuantitativos sobre el nivel de ingresos tributarios”.

Mientras el país se desangra, responsables de todo signo siguen discutiendo si son galgos o podencos. La gente comienza a estar harta de sufrir recortes por todos lados y no ver las ventajas prometidas a sus sacrificios. Esa es la auténtica realidad. La curva de Laffer no es la curva de la felicidad como propugnan algunos: es muy difícil acertar y aplicarla en el momento oportuno. De ahí sus riesgos. Pero algo habrá que hacer.

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