Las moralejas, sus enseñanzas y aplicación al mundo de la empresa

En un post anterior hemos hablado de los “refranes y sus contradicciones”. Hoy lo vamos a dedicar a las moralejas, con el que a veces se confunden; aunque no debería ser así pues son términos muy distintos.

Un refrán es un dicho o frase que representa en sentido figurado las acciones que pueden suceder o sucederán; mientras la moraleja, también en sentido figurado, es una frase que deja una enseñanza acerca de una historia, pero solo referente a ella. Una lección que se puede extraer de un cuento, fábula, anécdota, suceso de la vida…, en general de un relato, todo desde un punto de vista didáctico y muchas veces moral. Desde siempre nos han contado cuentos o fábulas que encerraban una moraleja. Quien no recuerda cuando de niños nos decían: ¡¡lo más importante del cuento es la moraleja, procura no olvidarla!!

Moralejas 01Una fábula se ciñe a dos elementos que la distinguen: su brevedad narrativa y su conclusión en una sentencia: lo que vulgarmente se conoce como moraleja, donde los animales, con el fin de darle un tono simbólico o metafórico, suelen ser parte muy activa de la historia. Las fábulas tienen su origen en Oriente, penetran siglos después por Grecia y Roma, para extenderse finalmente por todo el mundo. En la mayoría de las culturas se utilizan como enseñanza didáctica o moral. Es admirable comprobar como aún se mantienen actuales fábulas tan antiguas como las Esopo (600 a.C.), La Fontaine o Samaniego (siglo XVII).

En general, las moralejas son de carácter instructivo. Suelen dejarse “encerradas” en una “máxima” (moraleja explícita), aunque a veces quedan “flotando” en el ambiente para que el propio interlocutor las determine (moraleja implícita). Cualquier “vehiculo” es válido, aunque lo normal es transmitirlas a través de las lecturas. Un ejemplo son las películas de cine, en especial las dirigidas al público infantil, muchas de las cuales se “envuelven” en alguna moraleja con el fin de hacer reflexionar a los niños, y también a los mayores, con mensajes sencillos, pero ingeniosos, profundos, y sobre todo efectivos.

Cuando una moraleja se quiere personalizar de forma clara, muchos autores recurren a personajes muy simples para contar su historia, pues de esa manera se asegura que el mensaje llegue nítido. Últimamente, las dirigidas a los “mayores” se disfrazan más de una fina ironía que de un enfoque más instructivo. ¡¡No se debe confundir!! Las moralejas son lo que son y tienen su finalidad, incluidos los mensajes irónicos, pero cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Una moraleja es una enseñanza y quien la escribe debe tener en cuenta su función primordial: ¡¡transmitir un mensaje, a ser posible cuanto más claro mejor!!.

Las moralejas pueden aplicarse no solo a la vida personal, sino también a otros campos como el profesional. Son las llamadas moralejas de “campo múltiple”. Ahora que vivimos tiempos de cambio permanente son muy recomendables para subsistir en el complicado mundo empresarial. Una moraleja muy conocida, mezcla de chiste y fábula y con mucho sentido del humor, es la que a continuación se expone en tres curiosas lecciones:

Lección 1
Un cuervo estaba en un árbol sin hacer nada en todo el día. Un conejito le vio y le preguntó:
Moralejas 03 – ¿Puedo quedarme contigo sin hacer nada?
– Claro ¿Por qué no? -respondió el cuervo.
Así que el conejito se sentó en el suelo, bajo el árbol, y descansó. De repente apareció un zorro que saltó sobre el conejo y se lo comió.

Moraleja:
Para pasarte el día sentado, sin hacer absolutamente nada, debes estar sentado… muy, muy arriba.

Lección 2
Un pavo charlaba con un toro:
 – Me encantaría ser capaz de subir a lo alto de ese árbol, pero no tengo energías.
 – Bien, ¿Por qué no pruebas mi estiércol? Está lleno de nutrientes.
Moralejas 02 El pavo comió un poco de estiércol y comprobó que, efectivamente, le daba fuerzas para alcanzar la primera rama del árbol. Al día siguiente, tras comer un poco más, subió a la segunda rama.
Tras dos semanas estaba orgulloso en lo alto del árbol. Muy pronto lo divisó un granjero que inmediatamente lo derribó de dos tiros.
Moraleja:
La mierda puede alzarte a la cumbre, pero no te mantendrá allí.

Lección 3
Un pájaro volaba hacia el sur para invernar. Hacía tanto frío que, helado, cayó al suelo agotado. Mientras estaba tendido en el suelo pasó una vaca y dejó caer unas boñigas sobre él. Envuelto en el montón de estiércol, el pájaro se dio cuenta de lo cálido y a gusto que estaba allí. Se sintió tan feliz que empezó a cantar de alegría.
Oyendo al pájaro cantar, un gato se acercó a investigar. Entonces, le descubrió bajo el montón de estiércol, lo desenterró y… ¡Rápidamente se lo comió!

Moraleja:
No todo el que se caga en ti es tu enemigo. No todo el que te saca la mierda es tu amigo. Cuando estés con la mierda hasta el cuello… ¡Mantén la boca cerrada!

Fábulas de este tipo existen muchas, aunque no todos se ponen de acuerdo en las interpretaciones. Describiremos algún otro ejemplo para que cada uno, si tiene interés, extraiga sus propias conclusiones. No se trata de moralejas “implícitas”, pero sí dejaremos un poco al libre albedrío su interpretación y la posible coincidencia. Así como las personas tenemos una esperanza de vida, por fortuna cada vez más alta, con las empresas sucede lo mismo. No son muchas las que superan los 50 años de existencia, por lo que una pregunta sería: ¿Por qué unas empresas tienen éxito a largo plazo y otras desaparecen mucho antes? ¿Donde está la clave del éxito o del fracaso? En la literatura del “Management” (técnica para la dirección y gestión de empresas) hay dos obras muy conocidas que hablan sobre el tema, e ilustran muchas de sus conclusiones basándose en la sabiduría de las fábulas antiguas. Una es “Empresas que perduran”, todo un clásico, escrita por Collins y Porras en 1994; y la otra “The living company” (“La compañía viva”), de Arie de Geus, publicada en 1997. Es muy concluyente la forma tan ingeniosa que emplean para echar por tierra al menos doce mitos empresariales, algo tabú hasta entonces, y que se manifestaron como una parte débil de su organización, y por tanto de sus resultados. Veamos algunas de sus conclusiones apoyadas en las fábulas ancestrales y sus moralejas.

“La tortuga y la liebre” o la consistencia de los esfuerzos
Collins y Porras destruyen en su estudio uno de los mitos por excelencia basado en la necesidad de una gran idea empresarial para el éxito a corto y largo plazo.

Empresas que perduran 01“La cigarra y la hormiga” o invertir en el futuro
Las empresas que a la larga subsisten es porque ponen un gran empeño en prepararse para el futuro. Más que disponer de un gran líder lo importante es tener muy claros los valores, estructura, procesos, y personas que configuran una empresa.

“La gallina de los huevos de oro” o afán de riqueza
El excesivo afán por enriquecerse a la larga no es un beneficio seguro. Aunque la rentabilidad es una condición necesaria para su existencia y crecimiento, las empresas que triunfan lo hacen porque tienen un enfoque más alto o significativo, no solo por el beneficio en si mismo.

“El labrador y sus hijos” o la recompensa del trabajo
Es fundamental plantearse unos objetivos, y una vez alcanzados marcarse otras metas, porque en caso contrario es el primer paso hacia la decadencia.

“El burro flautista” o el aprovechamiento de las oportunidades
Algunos de los mayores éxitos empresariales lo han sido por haberse planificado con antelación no por puro azar, aunque en ocasiones no sea un camino de rosas, sino sujeto a bastantes pruebas de error.

Podíamos seguir con muchas más, pero creemos que es suficiente para dejar clara la importancia de las moralejas: sirven no solo para entretener, su propósito inicial, sino también para formar e informar. Aunque no siempre que uno quiere ejemplarizar en esa línea es bien aceptado, incluso hasta se puede percibir cierta impaciencia o disgusto. No se trata de nada nuevo. Tanto Mark Twain como Lewis Carroll no eran muy partidarios de las moralejas. No estaban en contra de que se extrajesen lecciones morales de sus lecturas, pero entendían que en algunos casos no eran sinceras. Lo que les molestaba era que no se propusiesen de manera correcta, o si se quiere legítima. Un rechazo más dirigido a los adultos, que se amparaban en ellas para enseñar a los niños, mientras a veces no eran igual de consecuentes con su propia conducta.

Una norma básica de las moralejas, sean “explícitas” o “implícitas”, es que ante todo sean claras, que no admitan una gran discusión. También es muy importante discernir la edad a la que van dirigidas; no es lo mismo transmitir una enseñanza a un público infantil que a uno juvenil o adulto. Pero lo más importante es que se ajusten a la realidad, sobre todo que sean precisas cuando se hable de cuestiones morales básicas. Todo libro, cuento o fábula que se precie debe desprender a ser posible enseñanzas permanentes para todos y para siempre. De ahí que aquellas obras que a lo largo del tiempo se han convertido en “clásicos” sin importar edad ni condición social, lo hayan sido, aparte de por lo extraordinario de su relato, por su claridad en las cuestiones morales o éticas.

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