Canciones con historia: “Zamba de mi esperanza”. Jorge Cafrune

Podía haber elegido “Virgen India”, “El niño y el canario” o “Coplas del payador perseguido” entre las muchas que Jorge Cafrune popularizó en España a principios de los 70. Si me he decidido por “Zamba de mi esperanza” es por todo lo que representó uno de los temas más emblemáticos de la música folklórica argentina.

Zamba de mi esperanza. Jorge Cafrune 01Tuve la suerte de asistir a dos de los recitales que Jorge Cafrune dio en años distintos en el Teatro Campoamor de Oviedo. El primero fue fantástico ante un público totalmente entregado, el segundo resultó todo un fiasco por las malas condiciones en que se presentó. No eran las más adecuadas para un concierto en directo. Tan solo se salvó de su actuación el dúo formado con el niño Marito que ya le acompañaba en sus giras del período 1972-74. En su última época era capaz de lo mejor y lo peor. Su “arriesgada” vida nocturna a veces le jugaba malas pasadas. De cualquier manera, dejó una gran huella en su paso por España.

El folklore argentino se dio a conocer en Oviedo con la llegada de Jorge Cafrune, que incluso llegó a pasar largas temporadas en casa de su gran amigo Víctor Luque, extraordinario guitarrista asturiano. Una ciudad que en los primeros años 70, al compás de los nuevos aires políticos que se avecinaban, fue escenario de grandes actuaciones protagonizadas por muchas de las figuras de la música sudamericana. Aún son muy recordados, aparte de Cafrune, conjuntos como Los Calchakis, Gauchos 4, Los Panchos o Los Chalchaleros y cantantes como Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa, Eduardo Falú u Horacio Guaraní.

“Zamba de mi esperanza” fue escrita en la década de los 50 por Luis Profili, gran aficionado a la música folklórica y en especial a la zamba, aunque no la llegó a registrar hasta 1964 bajo el pseudónimo de Luis Morales. Fue Cafrune, al que llamaban “El Turco”, apodo habitual en la Argentina para los descendientes de árabes, quien primero la popularizó. Los Hermanos Albarracín, dúo amigo, se la oyeron cantar a Profili en una fiesta entre amigos y le propusieron incluirla en su álbum “Emoción, canto y guitarra” editado en 1964; año en el que Argentina estaba viviendo, además de fuertes transformaciones socioeconómicas, el gran momento de su música folklórica.


Jorge Cafrune en Jujuy cantando “Zamba de mi esperanza”

Sin título-2La letra de “Zamba de mi esperanza” no tiene un claro contenido político o social, pero aún así fue prohibida años más tarde, en 1976, por la dictadura militar que ocupaba el poder. En apariencia se trata de una canción que trata de la relación entre el compositor, su proceso de creación y el resultado final de su obra: la zamba. Desde su primera estrofa habla de la esperanza, un “sueño del alma” que “a veces muere sin florecer”, para pasar a explicar en las siguientes el proceso de la “mezcla” con frases como “tu canto derrama amor” o “va envolviendo su corazón”. Todas ellas adornadas por la fuerza de un estribillo en el que Profili cambia el destino de sus versos para dirigirse a la “estrella”, símbolo de la noche, que lo “escucha” y es testigo “de su padecer”, a la vez que le ruegan poder seguir cantando y queriendo. Sus últimas estrofas encierran ya un mensaje más “existencial” hablando del desamor y la muerte; son más pesimistas por el implacable paso del tiempo, “el tiempo me va matando”, y terminan con un “soy polvareda que al viento va”, pidiéndole a la “zamba” que no lo deje porque… “sin tu canto no vivo más”.

Fue en el Festival de Cosquín de 1978 cuando Jorge Cafrune le quiso dar un contenido político mientras la cantaba a petición del público junto a otros temas “problemáticos”. Haciendo caso omiso de la prohibición, antes de entonarla dijo: “Aunque no esté en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide la voy a cantar”. Muy poco tiempo después falleció, tras ser atropellado por una camioneta que se dio a la fuga, cuando se dirigía a caballo a Yapeyú. Un accidente del que aún persisten dudas sobre si pudo ser o no un asesinato político ordenado por la dictadura. Su hija Yamila siempre ha dicho que la Junta Militar consideraba que “Zamba de mi esperanza” debía ser censurada por la excesiva importancia que concedía al sentimiento de la esperanza.

Jorge Cafrune nació en 1937 en la finca “La Matilde” perteneciente a sus padres, descendientes de sirio libaneses, en El Sunchal (Perico del Carmen) de la provincia de Jujuy. Años más tarde, al trasladarse su familia a la ciudad de Salta, empieza a trabajar en el bar Madrid, propiedad de su tío, donde se puede decir que inicia su carrera musical. Su primer conjunto fue “Las Voces del Huayra” (“viento de la quebrada”, en quechua),  grupo muy conocido con el que llega a grabar un disco para la firma Columbia. Sin embargo, Cafrune, sintiendo que su personalidad era más la de un solista, decide proseguir su camino en solitario después de cumplir el servicio militar. Tras debutar en el “Centro Argentino” de Salta y realizar una gira por provincias sin apenas despertar interés, decide pasar al vecino Uruguay donde ya el éxito le acompaña, llegando incluso a Brasil. Por Navidad regresa de nuevo a Salta y se presenta fuera de concurso con “Zamba de mi esperanza” al Festival de Cosquin de 1962, siendo consagrado como “primera revelación” gracias a los aplausos del público. Se puede decir que Cosquin, donde participó varios años en su festival, fue el espaldarazo que le proyectó a la fama, y a partir de ahí su imagen, con su barba y su guitarra, comenzó a ser popular.

Gira a caballo 1967 Jorge Cafrune
Jorge Cafrune en 1967 durante su gira “De a caballo por mi patria”

En 1967 Jorge Cafrune efectúa su famosa gira “De a caballo por mi Patria” en homenaje al Chacho Peñaloza, un caudillo y militar argentino asesinado en 1863, a la que corresponden las imágenes de arriba. Recorre el país esparciendo su mensaje al estilo de los viejos gauchos, al tiempo que recopila datos sobre la vida y costumbres para sus futuras composiciones. Acabada la gira, a finales de 1970 le llaman para ir a Estados Unidos, y luego a España, formando parte de una Delegación Argentina, con otros grandes cantantes como José Larralde, Eduardo Falú o Los Chalchaleros. El éxito es arrollador. Promete volver y lo hace en 1972 como solista cosechando grandes triunfos por toda la península Ibérica. A su alrededor se va forjando una leyenda, y termina por fijar su residencia en España durante un tiempo. Al público español lo que realmente le impactaba de Cafrune no solo era la fuerza de sus interpretaciones, sino también las letras de sus canciones con las que la gente se sentía identificada.

Tras el fallecimiento de su padre a finales de 1977, Jorge Cafrune decide regresar a Argentina en pleno éxodo de artistas. Después de bastante tiempo alejado, se presenta de nuevo en el Festival de Cosquin con los versos iniciales de su canción “Mi luna cautiva”: “De nuevo estoy de vuelta después de larga ausencia”. A principios de 1978, bajo la presidencia de Rafael Videla, inicia una gira hasta Yapeyú para rendirle un homenaje al general San Martín en su lugar de nacimiento con motivo de su bicentenario. Pretendía hacerlo a caballo desde Buenos Aires acompañado por su amigo Fermín José Gutiérrez, y al final depositar en Yapeyú la tierra que había traído de Boulogne-sur-Mer, ciudad francesa Jorge Cafrune 01donde falleció al gran Libertador. Al anochecer del 31 de enero de 1978, cuando todavía no había salido de la provincia de Buenos Aires, en la ruta lindante con la ciudad de Benavídez, Jorge Cafrune es atropellado por una camioneta sin luces conducida por un menor en estado de ebriedad. Su caballo quedó partido por varios lados, mientras que el de su amigo murió en el acto. En el lugar del accidente no contaban con los medios suficientes, y fallece durante el traslado en ambulancia con tan solo 40 años.

Durante mi etapa universitaria, Atahualpa Yupanqui, autor prohibido del que se hablaba poco menos que en voz baja, fue el primer mito de los “progres”. Una leyenda casi intocable. Sus célebres “Coplas del payador perseguido” siempre se escuchaban en medio de un gran respeto. Sin embargo, cuando Atahualpa, ya cansado y muy mayor, decidió romper el mito paseando sus canciones por salas y discotecas llegó el momento de la decepción. Para los “puristas”, que lo habían situado en un pedestal, era algo impensable verle  bien trajeado, con su pajarita y una flor en el ojal, su voz quebrada, paseando su venerable figura tras una tumultuosa existencia sorteando la censura. Fue después de Atahualpa cuando surgió el nuevo mito: Jorge Cafrune. Recién llegado a España, entrado en carnes, cantor de zambas, sombrero de ala ancha y vestimenta gaucha, ronca y potente voz, tras una primera corta visita decide volver al poco tiempo y goza muy pronto con sus discos y actuaciones de gran prestigio en los mismos sitios en que antes lo hacía Atahualpa.

En cierta ocasión, el propio Atahualpa Yupanqui le contaba a Julio Maharbiz, locutor, productor y empresario argentino que animó el Festival de Cosquín durante 40 años: “el paisano argentino atesora en su corazón una cosa, a veces lejana y otras veces medio cerca, que es la esperanza”. Eso era precisamente lo que transmitía Jorge Cafrune y su “Zamba de mi esperanza”, con su poncho y su guitarra galopando a caballo entre las gentes. Un “vocero” que interpretaba para su pueblo la obra cantada de sus poetas. Una canción que identifica al folklore argentino puro.


Jorge Cafrune en “La hora con Raffaella Carra” de TVE interpretando “Zamba de mi esperanza


Los Chalchaleros, que grabaron “Zamba de mi esperanza” en 1965 después de escuchar a Cafrune, en una de sus no tan lejanas actuaciones en directo

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