Ciclismo épico, el Tour de Francia y la tragedia del Mont Ventoux

Pocos ponen en duda que a veces el ciclismo es un deporte épico. Basta observar la admiración que provoca en las etapas montañosas donde pone a prueba la capacidad de sufrimiento. Sin embargo, no es menos cierto que en ocasiones ese gran esfuerzo ha llevado a más allá de lo permisible la vida del deportista. Y todo porque sus protagonistas en su interior están inmersos en una carrera de de fondo, nunca mejor dicho, que con tal de perseguir la gloria les impulsa a traspasar sus límites. Más de un componente de la llamada “serpiente multicolor” ha perdido su vida en el intento en circunstancias cuando menos poco claras. Durante el recién terminado Tour de Francia 2013, los “esforzados de la ruta”, como también se les conoce a los ciclistas, tuvieron que culminar una de las denominadas etapas épicas con la ascensión a la cumbre del mítico Mont Ventoux. Una etapa de alta montaña famosa por sus connotaciones, no solo las deportivas.

Etapa Mont Ventoux 01. Tour de Francia 2013Recorrido de la etapa del centenario del Tour de Francia 2013 que finalizaba en lo alto del Mont Ventoux

El Mont Ventoux es una montaña mítica per se. Ya el poeta italiano Petrarca le dedicó una nada más descender de su cumbre, en la posada de Malaucene donde se alojaba, para describir su majestuosidad. Justo partiendo de Bédoin, al inicio de una de sus vertientes, comienza la ascensión a este gigante de la cordillera alpina situado en medio de La Provenza bañada por el Ródano. Una montaña en la que sopla el viento a todo trapo, de ahí su nombre (“Montaña ventosa”), y a la que los romanos le construyeron un templo en su honor. Un monte despiadado que no perdona con los ciclistas; basta recordar el tributo que muchos tienen que pagar durante su escalada. Alguno como el malogrado Tom Simpson con la pérdida de su vida, aunque en su caso influyeron también circunstancias externas. Fue un día tan caluroso aquel fatídico 13 de julio de 1967 que hasta el propio médico del Tour, Pierre Dumas, se lo había advertido a primera hora en el hotel al periodista Pierre Chany del prestigioso diario deportivo L’Equipe: “El calor será terrible. Si hay pelea nos exponemos a tener un muerto en nuestros brazos”. Unas palabras que resultaron proféticas porque poco más tarde Simpson fallecía precisamente en sus brazos.

Una mezcla “explosiva” fue la causante. Había comenzado la etapa bastante mermado físicamente por unos problemas estomacales e ingerido tonedron, una anfetamina, que unido a un calor infernal hizo que no estuviera en las mejores condiciones para afrontar un recorrido tan duro. En más de una ocasión, algunos ciclistas se vieron obligados a entrar en los bares próximos a la carretera para recoger todo tipo de bebidas y compartir luego con sus compañeros. Uno de ellos fue Colin Lewis, gregario de Tom Simpson. Estaban tan sedientos que “arrampló” con un par de coca colas y “otra” botella que encontró en una repisa. Uno de los refrescos se lo dio a Simpson que se lo bebió de un solo trago. Tal era la sed que sentía que inmediatamente le preguntó: “¿Qué más tienes?”. Entonces Lewis, metiendo la mano en el bolsillo, sacó una botella de coñac. ¡¡Era la “otra”, la de la repisa!! Nada más verla, Simpson le dijo: “¡¡Dámela, me vendrá bien, pues estoy algo flojo!!” Fue la peor decisión de su vida. Dos kilómetros antes de la cima empezó a cabecear de un lado a otro de la carretera para caer finalmente al suelo. Desde su equipo le socorrieron con rapidez y él insistió en seguir: “¡¡Subidme a la bicicleta!!”, fueron sus últimas palabras. Tan solo pudo continuar 500 metros hasta que cayó inconsciente. A pesar de las maniobras de reanimación y su rápida evacuación en helicóptero Tom Simpson murió allí mismo; aunque el Tour mantuvo durante un tiempo la versión de que lo había hecho en el hospital. La causa del fallecimiento fue una insuficiencia cardiaca, provocada probablemente por una mezcla de anfetaminas (tenía tres botes en el bolsillo de su maillot, uno de ellos vacío) y alcohol (algunos corredores le habían visto beber brandy) que le originó una fuerte deshidratación. Al día siguiente, en prueba de dolor y respeto, sus compañeros del pelotón permitieron que su amigo Barry Hoban ganara la etapa.

Monumento a Tom Simpson 01Monumento dedicado a Tom Simpson en el mismo lugar donde falleció a escasos tres kilómetros de la cima del Mont Ventoux

Otro episodio para el recuerdo en esa cima memorable del Mont Ventoux sucedió tres años más tarde con Eddy Mercks, que en aquel momento lucía un crespón negro por la muerte de su manager, Vicenzo Giacotto, fallecido un día antes. ¡¡Quería homenajearle ganando esa etapa mítica!! Justo donde acaba la vegetación, en el Chalet Reynard, un refugio de los años 20, en la actualidad restaurante y centro de esquí, y comienza su famoso paisaje lunar, Mercks deja a su acompañante, el gran escalador portugués Joaquim Agostinho y se lanza frenético a la cumbre. Cerca del monumento dedicado a Tom Simpson, donde en aquel momento se encontraba Jacques Godet, director del Tour, colocando un ramo de flores, Mercks se descubre la cabeza en señal de respeto. Rodaba en solitario pero cada vez le quedaban menos fuerzas, aunque si las suficientes para llegar a la meta y ganar. Nada más bajarse de la bicicleta les dijo a los periodistas de la televisión belga que le entrevistaban: “Disculpen, siento como un fuego en el pecho”. Y añadió: ¡¡No puedo más!! Inmediatamente le llevaron al hospital totalmente desfallecido. Más tarde, aún diría: “He sentido miedo”. Se refería a acabar como Simpson o como Kubler, el corredor suizo que lo perdió todo en 1955: “¡¡Cuidado Ferdy (Kubler), el Ventoux no es una montaña como las demás!!”, le había advertido el francés Geminiani. A lo que respondió: “Ferdy no es un corredor como los demás”. Esa misma noche abandonó el ciclismo.

Para Jean Malléjac, otro buen corredor francés de la década de los 50, el Mont Ventoux también supuso un antes y un después en su carrera. Fue el primer paciente que el doctor Pierre Dumas tuvo en el Tour: “Tuve miedo, sufrió un ataque de delirium tremens. Daba saltos hasta el techo de la ambulancia”, dijo el doctor. “Iba en zigzag, de un lado a otro de la carretera”, apuntaba también un periodista. Es solo es una muestra más, significativa eso sí, de lo que es el Ventoux: una leyenda.

TOUR DE FRANCE 1994 : MONTPELLIER / CARPENTRASPanorámica de la subida al Mont Ventoux con la carretera atestada de aficionados. En primer término su famoso “paisaje lunar”. Al fondo la gran antena de comunicaciones instalada en los 60

Desde los tiempos en que el ciclista luxemburgués François Faber, ganador del Tour en 1909, hace ya más de cien años, llevaba chuletas de carne en los bolsillos para alimentarse durante las etapas hasta nuestros días ha pasado mucho tiempo. También la forma de afrontar un deporte como el ciclismo. Para bien y para mal, que de todo hay. En su libro “Plomo en los bolsillos”, el periodista Ander Izaguirre habla en profundidad del tema de la alimentación. Desde los comienzos del Tour con el ya citado Faber, pasando por el bilbaíno Vicente Blanco (“El cojo”) que se “dopaba” con bacalao, hasta los famosos “café-raids”, término con que se conoce cuando los corredores del pelotón, si no todos si muchos, entraban en los bares, hostales o establecimientos de bebidas situados al lado de la carretera y se marchaban, casi siempre con el beneplácito de sus dueños, con el mayor “botín” posible para luego repartirlo entre sus compañeros y así mitigar un poco el gran esfuerzo al que les obligaban aquellas etapas épicas. Tiempos lejanos donde las bebidas embotelladas, casi nunca alcohólicas, eran de consumo “normal” antes, durante y después de las etapas. ¡¡A más de un ciclista le tocó abrir alguna “en carrera”!! ¡¡Incluso hasta con los dientes!!

Cuenta al respecto Andrés Gandarias, ciclista español del legendario equipo Kas, una anécdota muy jugosa de los años 70 cuando con otros compañeros se metió en una cámara frigorífica con tan mala suerte que se les cerró la puerta por dentro. Menos mal que los propietarios al ver sus bicicletas enseguida se dieron cuenta, que si no… ¡¡aún podían seguir allí!! El sistema de avituallamiento se había “estandarizado” tanto que cuando pasaban al lado de un bar de carretera todos hechos un “cristo” por el cansancio y el calor, si alguno gritaba: ¡¡“café-raid”!!, los “gregarios” lo “asaltaban” rápidamente. De ahí que en más de una ocasión “aparecieran” botellas de champán o brandy. Si la necesidad obliga, la sed puede hacer extraños compañeros de viaje… a veces muy peligrosos.

Eddy Mercks 02. Tour de Francia 1972. Subiendo el Mont Ventoux acompañado de Luis Ocaña y PoulidorEl gran campeón Eddy Mercks acompañado por el español Luis Ocaña y el francés Poulidor subiendo el Mont Ventoux en el año 1972

Los ciclistas que buscaban asistencia “química” comenzaron a ser noticia en 1920 cuando los hermanos Francois y Henri Pélissier (ganador del Tour en 1919 y 1921) se jactaban ante un periodista de “Le Petit Parisien”: “No tiene usted ni idea de lo que es el Tour. Un calvario. Ahora el camino de la cruz no tiene 14 estaciones, sino 15. Nosotros padecemos en la carretera. ¿Quiere usted saber cómo marchamos? Tenga” (Francis saca un frasco de su chaqueta). “Esto es cocaína para los ojos, y esto otro cloroformo para las encías. Por la noche bailamos alrededor de nuestras habitaciones en vez de dormir”. Tristemente el doping siempre ha estado presente en el deporte de alta competición y también en el ciclismo.

En 1904, segunda edición del Tour, ya se empezó a hablar de la presencia de fármacos y sustancias sospechosas. Un año en que la carrera fue víctima de su propio éxito, pues surgieron varios escándalos. El más importante, no relacionado con el consumo de productos, al ser acusados algunos corredores de haber cogido atajos, coches o trenes en el transcurso de la carrera. Doce de ellos, entre los que se encontraban los cuatro primeros de la clasificación general y varios ganadores de etapa, fueron descalificados después de finalizar la competición. En 1920, L’Auto Vélo diario patrocinador del evento, antecesor de L’Equipe, publicó un artículo que denunciaba el dopaje bajo supervisión médica, y en 1924 ya hemos comentado que los hermanos Pélissier admitieron “tomar dinamita”. Con el paso de los años varios accidentes sospechosos se han vinculado a este tipo de consumo. Sin embargo, no fue hasta después de la muerte de Tom Simpson cuando se estableció el primer control antidoping: en el Tour de Francia de 1968. Gregorio San Miguel, otro mítico ciclista vasco del equipo Kas, era uno de los participantes en aquel Tour. En una entrevista publicada en Zoomnews decía: “Hasta esa fecha, las anfetaminas y otros estimulantes no estaban prohibidos. Cada uno consumía lo que quería, sin embargo en 1968 cambió todo por completo”. Y hablando del tipo de control comentaba:  “Los ciclistas tenían que bajarse el culote y orinar delante del médico en un pequeño recipiente. Después esa orina se la llevaban a analizar a un laboratorio. El ganador de la etapa y el líder de la general siempre pasaban el control antidoping, además de otros tres o cuatro corredores por sorteo”.

Ciclismo épico 01Estampa clásica de ciclismo épico con los corredores enfrentándose como verdaderos gladiadores a los avatares que surgían en determinadas etapas. Solo terminarlas suponía ya una gran victoria.

Ganar trae el éxito y… para algunos también la posibilidad de hacer trampas. Al principio el “dopaje” era un término legal. En las primeras ediciones del Tour los ciclistas tenían sus propios métodos para aumentar su rendimiento; incluso lo contaban públicamente al no estar prohibido. No tenían por qué esconderlo. Todo cambió en 1967 con la muerte de Tom Simpson cuando se decide controlar la carrera y se instaura un reglamento. Sin embargo, no por ello ha dejado de existir: cualquier gran competición se encuentra siempre expuesta al engaño. Lo que hay que intentar es atajarlo y si es posible ir por delante de las “técnicas” de los más “aprovechados”. Son muchos los que piensan que en la actualidad el dopaje sistemático está bastante generalizado. Desde hace años cada poco tiempo sucede un escándalo. Se inició con el caso del equipo Festina y acaba de terminar, de momento, con la reciente confesión de Armstrong. Y cada vez con la misma canción: ¡¡hay que limpiar el ciclismo!!

Hubo una época en que la radio nos acercaba a las gestas de los “esforzados de la ruta”; días de calor con la televisión transmitiendo aquellas batallas ganadas solo con esfuerzo, sufrimiento y agonía cuando la carretera se ponía cuesta arriba; momentos irrepetibles en que toda la parroquia de un bar estallaba en gritos de ánimo a cada golpe de pedal de sus ídolos. ¡¡Eran los tiempos del gran ciclismo!! Hasta que apareció la EPO (eritropoyetina), la hormona mágica que aumenta los glóbulos rojos, la cantidad de oxígeno, y que lleva los músculos al límite. Una “pócima” que a más de uno le ha permitido ganar grandes vueltas, pero que también, convirtiendo la sangre en un líquido más denso, arriesga la vida del deportista apartando el foco principal de la épica.

Los amantes del ciclismo desean recuperar su deporte. Por eso disfrutan tanto cuando contemplan algo que creían olvidado. Últimamente se ha vuelto a sentir la épica, se han visto los ataques “largos”, arriesgados, con los corredores “vacíos” de fuerzas en medio del espectáculo. Días de “pájaras”, descensos a “tumba abierta”, de “morir” sobre la bicicleta, pero siempre con el dopaje mantenido en un segundo plano. Son imágenes (como en las dos últimas ediciones del Giro de Italia) de ciclismo de antaño, de protagonistas “auténticos” y no profesionales “autómatas”. Al ver la televisión se podría pensar que nada ha cambiado desde los tiempos gloriosos. De las gestas día a día, de corredores rebozados de barro, ateridos por el frío, tensionados por la carrera, y cansados, muy cansados. Pero con una diferencia notable: se han vuelto a ganar el respeto de los aficionados. Un respeto que temporada a temporada habían ido perdiendo a cada caso de doping. Parece que poco a poco felizmente se está remontando esa etapa.


Ciclismo épico. Interesante vídeo que nos retrotrae a sus comienzos

En las últimas ediciones del Tour de Francia su inicio suele ir acompañado de un debate sobre los aspectos positivos y negativos del ciclismo. En la región de Vendée, muy vinculada desde siempre a este deporte (más de una vez se ha dado el pistoletazo de salida), hay voces, aún no muy extendidas, que siguen clamando por la pérdida de la épica. Los tiempos han cambiado mucho y la llegada de la tecnología también ha influido. Ahora se suben los puertos de montaña más a ritmo, sin ataques contundentes, con un control férreo de la carrera en todos los terrenos. El ciclismo profesional todavía no es lo que era. Lejos quedan aquellas etapas míticas con la carrera “rota” en mil pedazos decenas de kilómetros antes de llegar a la meta y con unas diferencias que se contaban por “minutos”. El panorama ha cambiado. Los ciclistas son ahora mucho más conservadores. La estrategia juega un papel fundamental y las tácticas no permiten asumir riesgos innecesarios. Todo ha contribuido a que las disputas entre los grandes favoritos solo se resuelvan en los últimos cinco kilómetros de las etapas de alta montaña. Y a veces ni siquiera eso.

¿A qué se debe este cambio? Si en teoría el avance de la técnica (bicicletas más ligeras, equipaciones más confortables, el famoso “pinganillo”,…) debiera favorecer la competitividad y el perfil de las etapas no ha variado (salvo la gran mejora del terreno) la respuesta podría estar en… un cambio de mentalidad. También influye, aunque parece que esta tónica va cambiando, que son los propios directores de los equipos quienes lo impiden. Se ha ido a un ciclismo más conservador. Los corredores tienen más miedo a perder que deseos de ganar. Se conforman con esperar que pierda su rival. La introducción del “pinganillo” (con el que muchos están en desacuerdo) también es en parte culpable del menor espectáculo, pero en general se trata de un problema de falta de ambición. Tan importante es la dureza de una etapa como la actitud del ciclista. En el ciclismo actual se ha pasado a dar demasiada importancia a los distintos puestos de una carrera (no solo al primero) por el tema de los puntos y los equipos obligan a sus corredores a no arriesgar. Se ha perdido en cierta manera la ambición por lograr un primer puesto.

Alberto Contador y Andy Schleck 02. Subiendo el Mont Ventoux 2009Alberto Contador, ganador del Tour 2009, acompañado de Andy Schleck, en un momento de la ascensión al Mont Ventoux

Un viejo proverbio provenzal dice: ¡¡loco no es aquel que ha subido al Mont Ventoux, sino aquel que vuelve a hacerlo tras una primera vez!! Ciertamente hace justicia a esta montaña tan alabada por las panorámicas que ofrece desde su cumbre. Coronado por una gran antena, “El Gigante de la Provenza”, “El Monte Calvo”, escoltado al principio de su subida por hileras de viñedos, se encuentra casi siempre visible desde las amplias vegas del Ródano. Como muy bien indica su nombre el Ventoux es un monte ventoso. Un lugar donde cuentan que las rachas pueden superar los 300 km/h en sus días más adversos. Todo sea por hacer más “indomable” a una cumbre tan concurrida cuando pasan los esforzados ciclistas del Tour. Sin duda el ciclismo es el deporte rey en el Ventoux. Convertido en uno de sus santuarios, su aureola mística le debe mucho a esos vientos y a su tramo final tan parecido a un terreno lunar donde solo la historia aporta la nota trágica tras el fallecimiento de Tom Simpson. La montaña que conoció el poeta Petrarca en poco se parece a la actual. Aunque por su variedad paisajística está considerada Reserva de la Biosfera (1990), no existían los adelantos técnicos ahora instalados en su cima. Tampoco esa zona pelada, despoblada, con un paisaje tan desolado nacido de la mano del hombre. Sin embargo, el “Faro de la Provenza” aún sigue ahí, al igual que ruge el mistral.

El Tour de Francia, que este año 2013 cumplió su centenario, ha dejado siempre un sin fin de anécdotas y situaciones. No corren buenos tiempos todavía para el ciclismo por el tema del doping, pero aún así sigue levantando pasiones. Pocas disciplinas combinan tan bien el sufrimiento y el espectáculo. Su magia va más allá de la frontera del sufrimiento. A ver si es verdad que estamos cerca de lograr que el ciclista que llegue con el maillot amarillo a los Campos Elíseos de París sea el que mejor sabe sufrir, el del umbral de agonía más alto y el mejor preparado para resistir. Porque hace falta ser un héroe para subir montañas como el Mont Ventoux, sea llegando el primero a su cima o pasando la línea de meta el último.

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2 Responses to Ciclismo épico, el Tour de Francia y la tragedia del Mont Ventoux

  1. Alberto Martínez dice:

    Muy, muy interesante.
    El Tour de los problemas de Kubler en el Ventoux fue el del 55.

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