“La noche quedó atrás”. Jan Valtin.

La noche quedó atrás 02“La noche quedó atrás” (“Out of the night”) es un libro de memorias noveladas en el que subyace en todo momento un tema tan interesante como es el “fundamentalismo de las ideas”. Una historia impactante escrita con todo lujo de detalles con un profundo componente ideológico. Un libro que nos introduce en un mundo despiadado donde el interés por el bienestar común pasa a un segundo plano y lo único que sobrevive es la ideología. Con un desarrollo lento al principio, su ritmo avanza con el relato hasta alcanzar su punto álgido cuando el protagonista es detenido y sometido a las torturas de la Gestapo.

Sinopsis
Publicada por primera vez en el turbulento 1941, “La noche quedó atrás” se convirtió inmediatamente en un éxito con más de un millón de ejemplares vendidos sólo en Estados Unidos. Las memorias de Richard Krebs, escritas bajo el pseudónimo de Jan Valtin, son la apasionante crónica de una época, la historia de un hombre profundamente implicado en los sucesos que marcaron las décadas de 1920 y 1930.

Jan Valtin desnuda en estas páginas una vida llena de idealismo, peligro y desengaño, una vida marcada por un gran amor. Revolucionario y espía, Valtin formó parte del Partido Comunista, donde fue ascendiendo posiciones hasta que fue detenido por la Gestapo y se convirtió en agente doble. Temido y perseguido tanto por Hitler como por Stalin, el testimonio de Valtin proporciona un retrato impresionante de los dos bandos que determinaron el destino del siglo XX.

Este relato de aventuras se lee como una novela llena de suspense, y constituye el mejor retrato del fanatismo político jamás escrito. Alabada por autores de la talla de Mario Vargas Llosa, Jack Kerouac o Hannah Arendt, esta joya ha despertado la admiración de varias generaciones de lectores: “El mejor libro que he leído sobre el siglo XX”, F. D. Roosevelt; “Un libro apasionante, auténtico y sin concesiones”, H. G. Wells; “Conmovedor e imposible de dejar de leer. Nunca lo olvidarás”, Alan Furst.

Jan Valtin es el pseudónimo de Richard Krebs (1904-1951), agente del Partido Comunista alemán durante el periodo histórico de entreguerras que va desde 1918 a 1939, o lo que es lo mismo desde el final de la Primera Guerra Mundial (11 de noviembre de 1918) al inicio de la Segunda Guerra Mundial (1 de septiembre de 1939). “La noche quedó atrás” es el testimonio de un militante comunista, agente del Komintern (Internacional Comunista), luego convertido en agente doble tras caer en manos de la Gestapo. Perteneciente a una familia en continuo cambio de domicilio por todo el mundo por el trabajo de su padre (funcionario alemán de bajo rango en el área portuaria, afiliado al partido socialdemócrata y entusiasta sindicalista), la Primera Guerra Mundial sorprende a la familia en Génova. Más tarde recibe sus primeras lecciones en el colegio Alemán de Buenos Aires.

Krebs/Valtin tuvo un estreno temprano en el terreno político. Reclutado por la Liga de Jóvenes Espartaquistas (antecedente del PC alemán), participa con 14 años en las revueltas que siguieron a la derrota alemana en la 1ª Guerra Mundial: hace de correo durante la huelga de los marineros sublevados en noviembre de 1918, en cuyo motín de Kiel su padre, un hombre de profundas convicciones, tomó parte. Había comenzado poco antes en Wilhelmshaven, sede principal de la flota naval alemana, cuando los marineros se apoderaron de varios buques y pusieron bajo arresto a sus oficiales. Aplastada la revuelta inicial, que no la revolución que poco más tarde, a principios de 1919, se llevó por delante al káiser y su régimen imperial, se embarca como grumete en una carrera de marinero y aventurero que le llevaría por Panamá, Chile, Argentina y EEUU, entre otros países. En 1923 regresa a la convulsa Alemania, se afilia al partido comunista y es reclutado por el servicio secreto soviético (GPU, más tarde integrado en la KGB), realizando labores de agitación en puertos y buques de todas las banderas que terminan en la insurrección de Hamburgo, aplastada al poco tiempo. La derrota le obliga a una vida de agente internacional del Komintern, organizando revueltas sindicales por países del Extremo Oriente y América, que finalizará con su participación en un intento frustrado de asesinato político que le llevará tres años a la prisión de San Quintín en EEUU.

Matrosen-AufstandManifestación de marineros amotinados en Wilhelmshaven en noviembre de 1918

Tras la irrupción en escena del partido nazi, en 1931 Valtin regresa a Alemania y pronto se integra de nuevo en la lucha obrera como activista y organizador de huelgas, la estrategia de los comunistas en los años previos a la victoria de Hitler. En “La noche quedó atrás” deja muy claro el empecinamiento del comunismo por acabar con la socialdemocracia, a la que consideraba su gran adversario, antes que con los nazis con los incluso llega a formar una alianza temporal. Su estrategia era dominar a los sindicatos y, si fuera posible, destruirlos para fundar células comunistas. Cuando quisieron darse cuenta era ya demasiado tarde. Militante demasiado disciplinado como para cuestionar las directrices de su partido, no tarda mucho en cambiar de pensamiento después de contrastar la realidad soviética durante una breve estancia en Leningrado y Murmansk (Ártico ruso). Pronto se da cuenta que, en lugar del paraíso descrito por la propaganda, solo existe miseria. Fue su primer desencanto del comunismo y le marcó profundamente.

Con los nazis en el poder, Krebs/ Valtin pasa a la clandestinidad y se instala en Dinamarca, base temporal de operaciones de la GPU. Cumpliendo órdenes, más tarde vuelve a su país y vive tiempos de miedo, miseria y traición. En 1933 es capturado y torturado por la Gestapo. La GPU le hace llegar que finja pasarse al nazismo y después de un tiempo en prisión simula renegar de sus convicciones comunistas. Logra convencerles de su adhesión, y se ofrece como espía de un régimen que aborrece, abandonando la prisión convertido en agente doble. Sin embargo, su fe en la causa comunista se va resquebrajando ante la negativa de sus superiores a ayudarle a sacar de Alemania a su mujer y a su hijo. Enfrentado a sus propios jefes comunistas, comienza a dudar no solo de ellos sino, y sobre todo, de sus propios ideales. Y no solo eso, empieza a cuestionar la bondad de una causa que exigía el sacrificio incondicional de la persona. La fe inquebrantable, que tanto le había ayudado a combatir en las barricadas, se agrieta y está dispuesto a romper con todo. Aprovechando la sugerencia de los nazis de volver a Dinamarca, al año siguiente, en 1938, cuando estaba a punto de ser enviado por sus camaradas comunistas a la Unión Soviética, huye a EEUU y reniega definitivamente del Komintern.

Con su marcha a EEUU finaliza precisamente el relato de “La noche queda atrás”. Allí, sin medios de vida, se dedica a los trabajos más diversos hasta que en 1941 publica su novela autobiográfica, que rápidamente se convierte en un bestseller (unas memorias que en Alemania Sin título-1no se editan hasta 1957 y en España en 1969). En 1943 se alista en la marina de los EEUU para combatir en la 2ª Guerra Mundial. Debido a sus antecedentes como espía, una vez finalizada la guerra es investigado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses siendo declarado inocente. En 1948 recibe la ciudadanía americana y fallece el 1 de Enero de 1951 en Betterton (Maryland).

En un artículo publicado en Libertad Digital, Pío Moa, escritor especializado en temas históricos relacionados con la Guerra Civil y el franquismo, cuenta como influyó “La noche quedó atrás” en su trayectoria personal y política. Miembro fundador de la organización terrorista GRAPO (brazo armado del PCE-r), participó en asaltos a locales falangistas, y también en uno de los asesinatos perpetrados el 1 de octubre de 1975 como represalia por las cinco últimas ejecuciones del franquismo a dos miembros de ETA y tres del FRAP el 27 de septiembre de ese año. Expulsado de su partido en 1977, inicia un proceso de reflexión y crítica de sus anteriores posiciones de ultraizquierda para pasar a sostener en la actualidad otras conservadoras y opuestas.

En el citado artículo Pío Mora relata como en su día, tras leer las memorias de Valtin, (“el mejor retrato del fanatismo político”), le impresionó no solo por su alegato “antinazi”, sino también “anticomunista”: “En las filas comunistas, pude comprobarlo, sobreabundaban los burócratas policíacos, los cuales siempre han terminado, además, imponiéndose y marcando la pauta”, dice. Y añade: “El comunismo ofrecía el cauce y justificación para dar lo mejor de sí mismo; creo ahora que por eso me atraía. No me hacía gracia, claro, la posibilidad de sufrir una suerte parecida a la del marinero Krebs a manos de la Gestapo, pero esos cálculos nunca debía hacerlos una persona comprometida”.

Si algo caracteriza a “La noche quedó atrás” es lo bien que transmite hacia donde lleva la intolerancia, en este caso política. Se puede constatar en muchos de sus pasajes. Como cuando la mujer de Valtin, en principio no muy proclive a sus ideas, y a la que el partido acaba sacrificando, le confirma: “No me engaño a mí misma. Sé dónde estoy. Somos presos, espiritual y físicamente. Nuestros cerebros y nuestros cuerpos están confiados en una avenida estrecha por altos muros sin ventanas a ambos lados. La avenida tiene un nombre. Se llama Disciplina de Partido. Es la cosa más bestial que jamás haya sido inventada”. O al comienzo de su relación, siendo una artista algo bohemia, cuando le recrimina: “Te has convertido en un esclavo. En un fanático esclavo… ¡La Causa, siempre la Causa!… ¿Por qué no podemos tomarnos unas vacaciones y pasear por los campos?”. A lo que Krebbs/ Valtin, con mucha seguridad, le responde: “¿No entiendes que yo sigo el camino más sublime que puede seguir un hombre? Yo pertenezco a la Causa”.

“La noche quedó atrás” tarda un poco en enganchar, quizás en parte por una mala traducción como se ha llegado a afirmar. Es un libro interesante que ayuda a entender como las ideologías pueden acabar con cualquier proyecto individual o común si se sale de la línea marcada. Una historia vivida en primera persona con toda la subjetividad que conlleva. Un relato de un período turbulento como pocos, que merece la pena leer.

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One Response to “La noche quedó atrás”. Jan Valtin.

  1. Pedro Antonio Heras. dice:

    Te recomiendo ” Vida y destino”, de Vasili Grossman.

    Pedro Antonio Heras.

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