Los dichos populares, su origen y significado (y II)

A veces, a lo largo de una conversación, para poner más énfasis en lo que decimos intercalamos dichos o frases hechas sin darnos cuenta. Muchos fueron ya utilizados por nuestros abuelos, otros bastante antes, parte han ido cambiando con los tiempos e incluso los hay muy recientes. Porque los dichos como fiel reflejo de la sociedad siempre están “vivos”, son un recurso fácil para ilustrar algo de manera impactante. Al contrario que los refranes no suelen traspasar fronteras y la mayoría pierden su significado si los sacamos de su entorno cultural. Su riqueza reside en que son propios y poco transferibles según la cultura y edad.

Dichos populares 01Los dichos de uso corriente proceden de una historia, una anécdota, un cuento, un personaje real o ficticio,… Su origen es muy diverso, pero todos tienen un motivo y un por qué. En un post anterior hicimos una pequeña selección que ahora completaremos con esta segunda entrega. Y sin más preámbulos, vamos a “meternos en harina” porque “el horno no está para bollos” y nos pueden “pillar con las manos en la masa”, tres dichos muy conocidos y con los que sin más arrancamos:

“Pagar el pato”
Padecer o sufrir un castigo no merecido o que ha merecido otro, o lo que es lo mismo, cargar con las culpas ajenas siendo inocente.
Frase muy antigua que tiene su origen en la actitud intransigente e intolerante hacia el pueblo judío de la sociedad cristiana española de los siglos XVI y XVII, después de siglos de convivencia entre las dos religiones. Tiempos en que los hebreos españoles eran tomados a menudo como chivos expiatorios y se les atribuían todos los males reales o imaginarios para los que no se encontraba mejor explicación. Los judíos, relegados en sus barrios y limitadas sus libertades, sufrían continuos acosos de sus vecinos cristianos. Como hacían profesión pública de su fe manifestando que su pueblo tenía un “pacto con Dios”, los cristianos se burlaban y amenazaban diciéndoles que “pagarían el pacto” cuando estuviesen reunidos en sus sinagogas, en una clara referencia a que las quemarían con todos ellos dentro. Más tarde, desprovista ya de toda connotación religiosa o racista, la frase se hizo tan popular que quedó “marcada” en el lenguaje hasta nuestros días. Hay quienes varían ligeramente su procedencia señalando que era una frase utilizada por los cristianos para burlarse de los judíos españoles cuya fe se mantenía a través del “Pacto”, vocablo utilizado para referirse al “Concierto de Dios”. En cualquier caso, perseguidos por su fe y obligados a pagar unos impuestos especiales por el hecho de ser judíos, a su alrededor se constituyó la frase de “pagar el pato” con un sentido irónico y burlesco.

Para tí la perra gorda 01“Para ti la perra gorda”
Frase utilizada cuando hartos de discutir con alguien y vista su cabezonería, se le da la razón aún sin querer dársela o tenerla.
En 1870 se acuñó en España una moneda de 10 céntimos que tenía en uno de sus lados un león sosteniendo el escudo de la nación. Como parecía tan raquítico el tamaño del animal la gente lo llamó popularmente “perra gorda“. Fue una moneda (junto a la de 5 céntimos, “perra chica”) que tuvo un papel muy importante en la economía española hasta que fue eliminada en 1941 y sustituida por otra nueva también de 10 céntimos acuñada en aluminio con distintos anagramas, a la que muchos siguieron llamando igual. El apelativo de “perras”, en plural, todavía se sigue hoy utilizando como sinónimo de dinero.

“Pasar la noche en blanco”
Cuando una persona es incapaz de conciliar el sueño por un dolor, una preocupación u otro motivo, se dice que ha pasado la noche en blanco.
Su origen viene de cuando ciertas órdenes de caballería durante el medievo exigían al aspirante, como ritual, pasar una noche de vigilia velando armas antes de ser nombrados caballeros. Lo hacían vestidos con una túnica de color blanco como único atuendo (“pasar la noche en blanco”), que simbolizaba la pureza espiritual y les honraría como caballeros. El color blanco de la ropa y lo larga que se hacía la espera hasta el amanecer dio origen al citado dicho.

“Poner en tela de juicio”
Indica que se está poniendo en duda un logro o una certeza.
Para explicar su procedencia debemos ir de nuevo a la época medieval y a uno de los significados de la palabra “tela”: valla que dividía en dos partes un terreno llamado “liza”, empleada para las justas de los antiguos caballeros y que evitaba que los caballos en su carrera frente a frente se toparan entre sí. Si bien los torneos servían como espectáculo de los grandes eventos usando armas simuladas normalmente, en su origen la razón de ser de las justas era impartir justicia en caso de una disputa y en ese caso si se utilizaban armas auténticas para determinar el vencedor. “Poner en tela de juicio” consistía en trasladar un litigio a la “liza” para conseguir la razón por las armas. En el antiguo Derecho Procesal también significaba que un caso se encontraba pendiente de las averiguaciones previas para más tarde poder resolverlo.

Poner en tela de juicio 01

“Poner la mano en el fuego”
Se utiliza para manifestar respaldo total a alguien o algo.
Su procedencia se remonta a la época en la que se practicaba el llamado “Juicio de Dios”. Conocido también como Ordalía, ésta era una institución jurídica que atendiendo a supuestos mandatos divinos dictaminaba la inocencia o culpabilidad de una persona o cosa acusadas de quebrantar las normas establecidas o cometer un pecado. Esta costumbre pagana se ejecutaba de formas muy diversas, casi todas consistentes en pruebas de fuego (sujetar hierros candentes, introducir las manos en la lumbre,…). Si la persona salía de la prueba con pocas quemaduras significaba que Dios la consideraba inocente y por tanto no debía recibir ningún castigo. En su concepción más actual (“respaldo total”) todavía se recuerda cuando el presidente Felipe González “puso la mano en el fuego” por la honestidad de su entonces amigo, y vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, cuando la oposición pedía su cabeza después de que su hermano Juan pusiera una “oficina” en la propia Junta de Andalucía para tramitar “debidamente” el tráfico de influencias. Hace muy pocas fechas ha vuelto a realizar la misma afirmación a cuenta de Magdalena Álvarez y su imputación en el famoso caso de los ERE de Andalucía.

“Poner pies en polvorosa”
Se usa para decir que alguien ha escapado con precipitación o ligereza.
Según algunos la frase proviene de la nube de polvo que se formaba en los caminos antiguos cuando alguien pasaba rápidamente por ellos. Otros, sin embargo, fundan el dicho en el modo de hablar de los gitanos, en cuya jerga la palabra polvorosa significa calle. Existe una tercera posibilidad, también muy defendida, basada en el siguiente hecho histórico: “Viendo Alfonso III, el Magno, los progresos que en las fronteras de sus reinos hacían los moros, acudió con sus tropas a contener los adelantos del sarraceno. Presentó a los enemigos la batalla cerca del río Órbigo, provincia de Palencia, en los campos de Polvorosa, y allí el valor de nuestros soldados, unido al temor que infundió a los moros un eclipse de luna, hizo que Alfonso III consiguiese una completa victoria, dispersando en precipitada derrota a los moros que pudieron sobrevivir a la derrota. Desde entonces se hizo proverbial Polvorosa, encerrando primitivamente dicha frase una amarga ironía por todo ejército fugitivo, y aplicándose después a la persona que se ausenta apresuradamente de algún lugar”.

Ponerse las botas 01“Ponerse las botas”
Se usa para indicar que se ha comido mucho o como sinónimo de enriquecerse o aprovecharse de algo, también de forma abundante.
En la antigüedad los pobres iban descalzos o calzados con alpargatas y los ricos llevaban botas, entre otras razones para montar a caballo. De aquí que el hecho de “ponerse las botas”, generalmente de cuero, se relacione con algo bueno y provechoso, que en sus inicios era de uso exclusivo de las clases más altas y pudientes, mientras el pueblo llano y sin recursos usaba como calzado las sandalias, alpargatas o zapatos sencillos, en el mejor de los casos.

“Salvarse por los pelos”
Cuando alguien ha podido librarse de una situación comprometida o arriesgada en el último momento o por muy poco.
Para hablar de su origen hay que remontarse al año 1809 en el que reinaba en España José I Bonaparte, hermano de Napoleón, quien promulgó una ley para fomentar la uniformidad e higiene entre los marineros de la Armada, y en la que se exigía, entre otras cosas, el corte del pelo siguiendo un patrón igual para todos. Hubo muchas protestas y algún motín porque muchos marineros no sabían nadar (no era requisito para enrolarse) y cuando caían al agua la mayoría eran rescatados cogidos por los pelos de su larga cabellera.

“Ser un cafre”
Se aplica a toda persona o situación que encarna lo opuesto a la civilización y la cultura.
En realidad, se llaman cafres a los habitantes de Cafreria o País de los cafres, grupo de pueblos bantúes que habitaban la región oriental de África del Sur, en El Cabo Natal. Cafrería es un nombre de origen árabe con el que los geógrafos de los siglos XVII y XVIII denominaban a la parte de África situada al sur del ecuador poblada por infieles (no musulmanes).

“Ser un chivo expiatorio”
Significa que un solo individuo cargue con las culpas de algo que ha sucedido cuando en realidad la responsabilidad debería recaer sobre un grupo más amplio de personas, pudiendo incluso suceder que dicho individuo ni siquiera haya participado en el acto punible y sea inocente.
Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos para celebrar el “Día de la Expiación” (“purificación de las culpas por medio de un sacrificio”) en la que el Gran Sacerdote, purificado y vestido de blanco, elegía dos machos cabríos (chivos) y echaba a suerte el sacrificio de uno de ellos para ofrecerlo a Yahveh con todos los honores en nombre del pueblo de Israel. Poniendo las manos sobre la cabeza del animal elegido, llamado Azazel, al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones, se rociaba con su sangre el Propiciatorio (Arca de la Alianza). Finalizada la ceremonia, el otro chivo era devuelto al campo y abandonado a su suerte en el valle de Tofet, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas. De esta forma se consideraba que el sacrificio elimina, borra y limpia los pecados. Existe una gran controversia sobre el término Azazel que aparece en las escrituras, ya que no hay acuerdo sobre si se refiere al macho cabrío ofrendado, si representa la entrega del mismo a un ángel caído (incluso al mismo Satán) o simplemente designaba el lugar a donde se enviaba el chivo, siendo en este caso asociado el desierto como lugar en el que vivían seres malignos como los demonios.

Tener más cuento que Calleja 01“Tienes más cuento que Calleja”
Se usa para indicar que alguien muestra excesiva imaginación relatando un hecho o se queja en demasía de una situación, tendiendo a exagerar las cosas o incluso inventárselas.
Saturnino Calleja Fernández (Burgos 1853-Madrid 1915) era un editor, pedagogo y escritor español muy conocido por los giros que les daba a los cuentos populares. Así por ejemplo, el “soldadito de plomo” cobraba vida por su devoción a la Virgen del Pilar, el “Barón de Munchausen” pasó a llamarse el “Barón de la Castaña”, etc. A la famosa coletilla “comieron perdices y fueron felices” Calleja le añadió: “y a mi no me dieron porque no quisieron”. Era también el dueño de una editorial con la que revolucionó el mundo de la publicación de finales del Siglo XIX insertando dos novedades: lanzó al mercado muchas de sus ediciones con un margen de beneficio muy bajo, al alcance de las personas con menos recursos, y contrató a grandes dibujantes para ilustrar las obras, orientándolas al sector infantil en forma de cuentos, muchos de ellos escritos de su puño y letra. Publicó más de 3000 obras que sumadas a su gran difusión social han dado lugar al famoso dicho que ha llegado hasta hoy.

“Tener muchas ínfulas”
Expresión cuyo significado es tener mucho orgullo o vanidad desmedida, por lo general, despreciando al prójimo.
En la Antigüedad se llamaban “ínfulas” a unas tiras o vendas de las que pendían dos cintas, una a cada lado de la cabeza, conocidas como “vittae”. Las “ínfulas” se usaban arrolladas a manera de diadema o corona y solían lucirlas los príncipes y sacerdotes paganos como señal distintiva de su dignidad. Solían ser anchas, de color blanco y púrpura, retorcidas a manera de guirnalda, y con ellas se cubría toda la parte de cabeza hasta las sienes, atándolas finalmente por detrás con las “vittae”. Con las “ínfulas” se adornaban también los altares y, en ocasiones, las víctimas que eran llevadas al sacrificio. Cuantas más eran las “ínfulas”, y mejor la calidad de su confección, más importante era considerada la persona que las portaba. De ahí que fuese muy común escuchar hablar de una víctima de muchas “ínfulas”.

“Tirar la casa por la ventana”
Se utiliza para calificar un derroche o gasto sin medida.
Su origen nos lleva al establecimiento del juego de la lotería instaurado en España por el Rey Carlos III, que importó la idea de la ciudad italiana de Nápoles. Un juego muy popular cuyo primer sorteo data del 10 de diciembre de 1763. Organizada por el Estado que se encargaba de pagar los premios, fue tal la alegría de los primeros afortunados que pronto cundió la costumbre de arrojar cosas inservibles por la ventana de sus casas como forma de celebración.

“Todos los caminos llevan a Roma”
Señala que la solución de un problema se puede encontrar por diferentes caminos.
Existen diferentes interpretaciones en cuanto a su origen. Hay quien considera que surge al comienzo del imperio romano en el año 20 a.C. con la colocación por el emperador Augusto del Miliarium Aureum en el Foro. Una gran columna donde se encontraban inscritos los nombres de las principales ciudades de sus provincias y la distancia que había hasta ellas; lo que daba a entender que todos los caminos llevaban a Roma aún desde los sitios más alejados. Otros piensan que viene de la existencia de mapas como la Tabula Peuntingeriana, s.IV d.C., donde se describen las distintas rutas entre Roma y sus colonias.
Sobre lo que no existe duda es que en aquellos tiempos Roma era el epicentro del mundo occidental, y como dueña del Imperio era vista como origen y final de todos los caminos entonces existentes. Más tarde, con el establecimiento de la Iglesia Católica y los Papas en Roma se reforzó esa situación como centro de la cristiandad y destino de peregrinaciones y jubileos.

“Tomar las de Villadiego”
Huir, salir a escape de algún sitio o desentenderse de una situación a toda prisa, sin ánimo de regresar.
Si existe un dicho popular de origen español cuyo origen sea controvertido es este. No hay dudas respecto a su antigüedad, pues ya se le menciona por primera vez en “La Celestina”, célebre tragicomedia de Calixto y Melibea escrita en parte por Fernando de Rojas y donde se hace referencia a las “calzas de Villadiego“. Frase muy usada por nuestros clásicos, sin embargo no hay mucho acuerdo sobre su procedencia. Existen varias teorías. Para unos, alude a un tipo de calzones que se confeccionaban por entonces en el pueblo burgalés de Villadiego muy utilizados para salir de viaje; para otros, evoca la figura de un aventurero que llevaba ese apellido, quien por alguna razón que se desconoce se vio obligado a escapar precipitadamente de determinado lugar o fue enviado a una misión de la que no regresó. Circulan también versiones no menos contradictorias, una de las cuales sostiene que se refiere a las alforjas que se fabricaban en la ciudad de Villadiego, aludiendo a que son lo primero que se toma cuando se huye de un lugar. Aún así tampoco existe mucho acuerdo, pues hay quien sostiene que en todo caso serían las calzas, que es lo primero que uno toma en una huida.

Tomar las de Villadiego 01. Expulsión de los judíos

La explicación más verosímil parece que está relacionada con las persecuciones a los judíos durante la Edad Media. En pleno furor antisemita, el rey Fernando III “El Santo” (1199-1252) promulgó un decreto prohibiendo que se persiguiese a los judíos de Villadiego, a los que por algún motivo deseaba proteger y puso bajo su protección y custodia. De ahí que los judíos considerasen a esta villa como su santuario y cuando se sentían amenazados… “tomaban las de Villadiego” apresurándose a buscar refugio y seguridad en dicha población, donde vestían con una especie de calzas amarillas que servían para identificarles como judíos protegidos del monarca, y por tanto no sometidos a vejaciones o maltratos.

En relación a este dicho, en una de las columnas de entrada al Ayuntamiento de Villadiego existe una imagen en piedra de San Pedro encarcelado junto a un soldado (Villadiego) y al lado la siguiente inscripción:

Villadiego era un soldado
que a San Pedro en ocasión
de estar en dura prisión
nunca le faltó del lado.
Vino el espíritu alado,
y lleno de vivo fuego
le dice a Pedro: Sal luego
toma las calzas. No arguyas
Pedro por tomar las suyas,
tomó las de Villadiego.

Sea como fuere, el significado de la frase “tomar las de Villadiego” tiene en todos los casos el mismo sentido: huir, salir en estampida por efecto de una contingencia súbita e imprevista.

“Tonto de capirote”
Se trata de una expresión burlesca que se aplica a la persona muy necia e incapaz.
Miguel de Unamuno, en un artículo publicado en 1923, decía que “tonto de capirote” es el que con un capirote o bonete puntiagudo hace de tonto en las fiestas. “Es un tonto de alquiler y casi oficial“.
El “capirote” es un gorro en forma de cucurucho invertido que, desde los tiempos de la Edad Media, la Santa Inquisición obligaba a llevar colocado sobre la cabeza a todo el que se acusaba de algún delito, pecado o herejía. Llevar puesto un capirote era objeto de escarnio público y centro de burla del populacho que se agolpaba en las plazas donde eran exhibidos los castigados. Tonto de capirote 02Dependiendo del grado de castigo, la persona juzgada por la Inquisición vestía una serie de prendas que distinguían las diferentes penas. A los acusados de penas menores que mostraban arrepentimiento se les colocaba una especie de saco de lana conocido como “sambenito” que debían portar durante largo tiempo junto al citado capirote. Más tarde surgió del propio pueblo señalar a aquel que llevaba un capirote con la cara descubierta como alguien falto o escaso de entendimiento (“el tonto del que todos se reían”).
Son famosos los capirotes que portan los penitentes durante las procesiones de Semana Santa), aunque en este caso van forrados de una tela que cae sobre los hombros con un par de agujeros para los ojos, evitando que se les vea el rostro, y así poder guardar el anonimato.

“Verdades de Perogrullo”
Necesidad de expresar aquello que por evidente y consabido se hace ocioso anunciar. Cuando alguien emite una expresión tan evidente o sabida que resulta una afirmación trivial se suele opinar que dijo una perogrullada o una verdad de Perogrullo.
No puede afirmarse con rotundidad quién fue Perogrullo, ni siquiera si existió. Para algunos, fue un personaje quimérico; para otros, una persona de carne y hueso. Sea como fuere, lo que no puede cuestionarse es el caudal de ingenio encerrado en las célebres “verdades” que se le atribuyen, quien por ejemplo a… “la mano cerrada le llamaba puño”. Pedro Grullo, Pedrogrullo, Pero Grullo o Perogrullo es un personaje de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Exaltado por la imaginación popular, algunas hipótesis e investigaciones realizadas afirman que sí habría existido un tal Pedro Grullo. Las “verdades de Perogrullo” formaron parte de coplas cuidadosamente recopiladas y un autor tan afamado como Francisco de Quevedo las intercaló en sus prosas, incluso hay quien dice que fue el inventor del vocablo “perogrullada” tal y como se puede comprobar en su libro “Los sueños” (1622), en concreto en la “Visita de los Chistes”, conocida también como “Sueño de la Muerte”, donde interviene el “gran profeta” Pero Grullo: “Yo soy Pedro y no Pero Grullo, que quitándome una d en el nombre me hacéis el santo fruta”. El personaje ofrece diez profecías a las cuales Quevedo denomina perogrulladas.

Otros sitúan a Pero Grullo como Petro Grillo, personaje real que actuó como testigo en dos escrituras de 1213 y 1227 en Palencia. Durante el siglo XV, particularmente en Cantabria, se citaba también a Pedro Grillo. Existe un documento que data de 1460 titulado Profecía, cuyo autor usa el seudónimo de Evangelista, que en un breve relato describe a un profeta ermitaño a quien llama “Pero Grillo”. Este personaje hacía gala de una especial verborrea y lanzaba una profecía que era una sarta de perogrulladas. Es muy probable que a este Pero Grillo, casi cien años después, en 1551, Hernán Núñez de Guzmán, en sus “Refranes o proverbios en romance”, le haya cambiado de nombre y convertido en Pero Grullo. Algunos investigadores así lo creen de su evolución entre el siglo XV y el XVI. En 1605 aparece como un personaje de la novela “La pícara Justina” de Francisco López de Úbeda. También Cervantes lo menciona en la segunda parte de “Don Quijote de La Mancha”. En el capítulo LXII, Sancho Panza pregunta a la “cabeza” si volverá a ver a su mujer y a sus hijos, y ésta le responde: “Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero”. A lo cual Sancho añade: “Bueno, par Dios; esto yo me lo dijera: no dijera más el profeta Perogrullo”.

“Vete a hacer puñetas”
Se utiliza cuando quieres deshacerte de alguien que te es molesto y deseas que se marche dejándote en paz. Despedir a alguien con desconsideración.
Las puñetas son las bocamangas (parte mas cercana de la manga) realizadas con bordados y puntillas que adornaban algunas togas de los jueces. Se realizaban a mano con hilo, formando un tejido calado con flores y figuras. Una labor muy delicada que implicaba mucha paciencia, tiempo y dinero, un largo y entretenido trabajo, por lo que mandar a alguien a hacer puñetas era sinónimo de quitárselo de encima. Algunas fuentes indican que el lugar donde se confeccionaban las puñetas eran los conventos apartados, de ahí el mandar a un sitio alejado que como poco requería una larga caminata. Otras fuentes apuntan a que hubo un tiempo en el que este laborioso trabajo lo realizaban las presas, por lo que al mandar a hacer puñetas a alguien se le estaba deseando que fuera a la cárcel por largo tiempo.

Vete al carajo 03

“Vete al carajo”
Interjección para expresar un desacuerdo con alguien o cuando le queremos perder de vista.
Carajo se le llamaba al lugar situado en lo alto del palo mayor de las antiguas carabelas españolas. Servía como puesto de observación desde el que los vigías oteaban el horizonte en busca de naves enemigas o lugares a donde querían llegar. Cuando un marinero cometía una falta se le mandaba al carajo en señal de castigo, estando obligado a permanecer allí como vigía. Tras apenas un par de horas bajaba totalmente mareado. Un duro castigo que servía para dar escarmiento a quienes cometían alguna infracción a bordo.

“Vísteme despacio que tengo prisa”
Aconseja no apresurarse cuando uno tiene mucha prisa por hacer algo.
Uno de los dichos más cuestionados sobre su origen. Adjudicado a tantos protagonistas de la Historia, nadie sabe con seguridad quién tiene los “derechos de autor”. Desde Carlos III a Fernando VII, pasando por Napoleón Bonaparte, todos parecen haberlo pronunciado en algún momento de su vida. Cuenta Pérez Galdós en sus “Episodios Nacionales” que un día Fernando VII se encontraba acompañado de su ayudante momentos antes de asistir a una importante reunión. Viendo el rey que estaba muy nervioso por querer vestirlo a toda prisa y no acertaba con su tarea, le espetó: “Vísteme despacio que tengo prisa“. Más claro parece el origen de su sentido, no la frase concreta, que se adjudica al emperador romano Augusto cuando les decía a sus ayudantes: “Apresúrate lentamente”. Según Suetonio, un historiador posterior, el emperador Augusto solía también aconsejar: “Caminad lentamente si queréis llegar más pronto a un trabajo bien hecho”.Un dicho muy apropiado para terminar este artículo.

Los dichos populares son una fuente inagotable de sabiduría y verdad. Con energía y buen humor, diferentes generaciones han ido imprimiendo su huella sobre como se vive y se piensa a través de sus dichos, refranes y moralejas. A lo largo y ancho de nuestro país cuando la gente habla muchas veces parece que dicta sentencia. Son los dichos que han pasado a formar parte de nuestra herencia cultural.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: