Del tonto del mechero al tonto del bote… de humo

En uno de nuestros post sobre los dichos se hizo referencia al “tonto de capirote”. Pues bien, podríamos haber añadido otro dicho similar entre los muchos pendientes: ”tonto del bote”. A mediados del siglo XX se hizo popular en Madrid un mendigo, uno de los más conocidos que pululaban por sus calles, que Tonto del bote 01tenía una forma peculiar de pedir limosna. Así lo cuenta Dionisio Chaulié en el libro “Cosas de Madrid” cuando recuerda a los pedigüeños de la época: “En Madrid los había tradicionales. Entre otros, un desgraciado imbécil a quien se le conocía con el nombre de ‘tonto del bote’, porque recogía la limosna en un bote de suela que agitaba en la mano, sentado en una silla a la puerta de San Antonio del Prado. Aún me parece verle en sus últimos años, inmóvil, con su sombrero de ala ancha, su ropón o túnica parda, limpio, y lanzando a intervalos una especie de sonido gutural para llamar la atención de los transeúntes”. Al respecto, circula una curiosa anécdota ocurrida durante una corrida de toros cuando uno de los morlacos saltó la barrera y enfiló sin más la Carrera de San Jerónimo. El animal, al intentar meterse por una de las calles adyacentes, se topó de frente con el mendigo, quien desconociendo el peligro, no se sabe si por el susto o la ignorancia, le hizo la estatua y permaneció inmóvil todo el tiempo. El toro le olfateó despacio, muy despacio, dio un bufido y sin más siguió su camino. Desde ese día siempre se recuerda la inmensa suerte que tuvo el ”tonto del bote”.

Sin embargo, ”tonto del bote” también es una de las muchas frases despectivas con que se suele citar a las personas de poca inteligencia o muy simples, y que a veces acompañamos o sustituimos con el mismo fin por otras como “más tonto que Abundio” o “Perico el de los palotes”. Tres expresiones, pequeñas muestras del mordaz ingenio, socarrón, y a menudo cruel, con las que nuestros antepasados acostumbraban a “nombrar” a aquellos personajes reales o imaginarios que más tarde quedaron en el folklore popular como prototipos de la estupidez. Si bien, como ya hemos dicho, en el caso del “tonto del bote” se trató de un personaje real, pues está documentado.

Todo esto viene a colación porque este dicho me ha hecho recordar dos sucesos bastante recientes acaecidos en el transcurso de un partido de futbol. Podrían haber sucedido en cualquier otro deporte. Uno, por desgracia, se repite con demasiada frecuencia, y el otro de nuevo cuño y más graves consecuencias. El primero es el “clásico”, por llamarle de alguna manera, lanzamiento de un mechero impactando en la cabeza de un jugador. Solo un “tonto” es capaz de un hecho así. Ocurrió no hace mucho en el estadio Vicente Calderón durante un encuentro Atlético de Madrid- Real Madrid. De repente apareció el “tonto del mechero” y sin más lo lanzó a la cabeza de Cristiano Ronaldo cuando se retiraba a los vestuarios junto a su compañero Sergio Ramos. Además del daño que hace a su club y a su afición, lo peor es que la “tontería” puede tener un efecto contagioso. Por suerte, solo quedó en una anécdota sin mayores consecuencias. Cierto es que un club no puede confiscar todos los mecheros que entren en un estadio, pero sí al menos expulsar al tonto que lance un mechero o cualquier otro objeto arrojadizo.

Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos 01Momento en el que está a punto de impactar un mechero en la cabeza de Cristiano Ronaldo.

Otro caso, inusual, pues nunca se había dado hasta ahora, ocurrió no hace mucho durante el partido Villarreal-Celta. A falta de 3 minutos para que finalizara el encuentro, un energúmeno o trastornado, el calificativo de tonto se queda corto, sin mediar ninguna causa, lanzó al campo un bote de humo, provocando una larga interrupción que obligó al desalojo del estadio tanto del terreno de juego como de las gradas. Gracias al comportamiento del público, por fortuna se realizó sin problemas. Sin duda se trata de un salto grave en la escala. Si bien un mechero se puede llevar encima para otros menesteres, y si no se controlan los instintos, y no es disculpa, hasta es posible que se arroje en un “ataque” de ira, llevar una bomba de gas lacrimógeno, pues eso es en realidad un bote de humo, ir a un campo de fútbol y lanzarlo, es mucho más grave, y en ningún caso se puede relacionar con el deporte ni con el grado de excitación. Es algo muy serio que exige una investigación. Han fallado muchos controles. El primero, que este tipo de artefactos, al no ser de libre circulación, solo se pueden conseguir en el mercado negro o sustrayéndolo de alguna instalación militar. El segundo, alguien lo introdujo en el campo del Villarreal sin mayor impedimento. Por tanto tiene que haber responsables.

No se trata de un asunto baladí. En un estadio ocupado por miles de aficionados, por muy “tonto” que se sea, esta clase de sucesos no debe quedar impune si se piensa en las posibles consecuencias. Es cierto que este tipo de personas no representa al futbol ni a nadie, pero hay que tener cuidado con intentar disculpar su acción. Ante hechos similares, a veces la lasitud en las reacciones de determinados organismos oficiales ha dejado mucho que desear. No se debe olvidar que el futbol como deporte de masas es un foco de difusión y atención, y un hecho así puede “llamar” a más botarates o locos. Secuencias que parecen casuales, en ocasiones no lo son tanto. A esta clase de energúmenos no hay que darles ni agua.

Bote de humo Villarreal-Celta 01Lanzamiento de un bote de humo durante el partido Villarreal-Celta.

Conviene recordar también otro hecho ocurrido en el mismo partido del “mecherazo” entre el Atlético de Madrid- Real Madrid, que pasó bastante más desapercibido. Sucedió cuando otro “tonto”, cafre, o como se le quiera adjetivar, arrancó una silla del segundo anfiteatro donde se encontraba y la lanzó hacia los pisos de abajo, provocando heridas a un aficionado y a un policía. En esta ocasión hubo suerte, fue detectado por la UCO (Unidad Central Operativa) y su castigo ejemplar: 12000 euros de multa. Ese es el camino para que el problema no pase a mayores, amén de su expulsión de socio del club. Aunque este no era el caso por tratarse de un seguidor del equipo rival. Enseguida se aclaró su procedencia. Pertenecía a un grupo de ultras a los que el propio Atlético de Madrid había vendido las entradas, siendo acompañados hasta el estadio por la Policía Nacional con un fuerte dispositivo a cargo de todos los contribuyentes.

Cuando a veces vemos las imágenes de algunos partidos de futbol en Argentina y otros países de Sudamérica, y exclamamos: ¿qué locos están por allí?, no nos damos cuenta que de seguir por este camino pronto los tendremos aquí: ¡¡los “locos” de allí empezaron como aquí!! Aunque complicado, para coger a los “tontos” es necesaria la cooperación de todos. Sin embargo, no es de recibo el comportamiento de algunos aficionados. Por ejemplo, no se pueden consentir reacciones como algunas producidas tras el mecherazo a Cristiano Ronaldo. Parece ser, no está del todo claro, que detectada la zona desde donde se produjo el lanzamiento, cuando la seguridad del estadio intentó entrar en busca del “tonto” una parte de los espectadores de su entorno intentó impedir su detención. No obstante, también hay que decir que otro grupo, aunque sin éxito, se fue inmediatamente a por el cafre. No se sabe muy bien que pretenden proteger esas personas. Al club desde luego no, pues la multa está asegurada. ¡¡Es necesario señalar con el dedo a los violentos!! Por parte de todos: presidentes y directivos, entrenadores y futbolistas, también los periodistas, y sobre todo los aficionados. ¡¡Solo así se les puede aislar!!

Bote de humo Villarreal-Celta 04Otra escena de lo ocurrido tras el lanzamiento de un bote de humo en el partido Villarreal-Celta.

En cualquier caso, es obligado decir que en estos momentos el futbol español no es violento ni peligroso, ni por supuesto comporta actividad de riesgo alguna. Pero mejor empezar a cortar por lo sano este tipo de situaciones. Si se desbordan, son mucho más difíciles de atajar. Aclarado esto, debemos añadir que el suceso de Villarreal supera todo lo previsto y como tal hay que condenarlo. Se trata de un salto cualitativo, también cuantitativo, en el campo de la violencia en los estadios. De no hacerlo, un día no lejano nos podemos encontrar con una desgracia mayor, sin tiempo para lamentarse. Por eso es tan importante la colaboración de los aficionados y que cuando se les somete a un registro minucioso no muestren su desagrado, a veces con ostentación. Es primordial. Tanto como la propia seguridad en los estadios, que debe ser lo más estricta posible. No por eso se podrán evitar hechos de este tipo, pero si al menos reducirlos a la mínima expresión. Luego está la aplicación de penas para los casos flagrantes. Tienen que ser ejemplarizantes; no solo para el infractor, sino también para los clubs que tienen su cuota responsabilidad, que en ningún caso puede quedar reducida a una multa de 600 euros como ha sido en algunos casos. De esa forma no vamos a ninguna parte.

El acto de Villarreal ha sido por calificado por algunos, quizás de forma un tanto exagerada, como un acto “terrorista”. Un mechero lo puede llevar cualquiera, pero lanzar un bote de humo no tiene parangón, pues se necesita ir preparado de antemano. Existe cierta relajación en los estadios en materia de seguridad y en los clubes a la hora de perseguir a los culpables. Que aún no hayan aparecido el “tonto del mechero” ni el “tonto del bote de humo” así lo demuestra. Si se impusieran a los clubes fuertes multas económicas u otro tipo de sanciones seguro que se preocuparían de endurecer las medidas de control. Para empezar el cierre de los estadios no sería una medida desproporcionada en algunos casos. Es la única forma de tomarse este asunto en serio. Puede sonar exagerado, pero tolerancia cero. Faltan sanciones ejemplares. Los “tontos” crecen como setas y los hay en todos los lados, pero conviene ponerles coto. Aunque en el suceso de Villarreal, ni es “tonto”, ni es del “bote”, en todo caso del “bote de humo”. Algo falla en la seguridad de los estadios.

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