Breve historia sobre los premios Ig Nobel, esos desconocidos

Es de sobra conocido que los premios Nobel son los galardones concedidos a determinadas personas o entidades  por su notable contribución o investigaciones en favor del progreso de la Humanidad. Instituidos en 1895 por Alfred Nobel, un industrial sueco, su entrega tiene lugar en una ceremonia que desde 1901 se celebra cada 10 de diciembre en Estocolmo (Suecia). Sin embargo, no son muchos los conocedores de los premios Ig Nobel, parodia divertida y aunque no lo parezca también seria de los Nobel. Organizados por la revista de humor científico “Annals of Improbable Research” (http://www.improbable.com/) son también objeto de un acto solemne y alegre a la vez que desde 1991 se realiza en el Sanders Theater de la Universidad de Harvard, en Cambridge (Massachusetts, EEUU).

Ceremonia de entrega 02Momento de la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel. En la parte delantera del atril, debajo de la palabra Ig, se puede ver a The Stinker, su mascota.

De acuerdo con su último lema, los premios Ig Nobel se otorgan a aquellos logros científicos que “primero hacen que la gente se ría y luego piense”. Al contrario que otros premios “anti”, como los Razzie (o anti-Oscars), no se dan a los peores trabajos, sino a los más curiosos, inusuales o imaginativos que sean capaces de llevar la ciencia al gran público. Se distribuyen en diez categorías en las que, además de las que podríamos llamar “oficiales” del Nobel (Física, Química, Economía, Medicina, Literatura y Paz), se incluyen otras como Salud Pública, Ingeniería o Biología que pueden cambiar con los años. El nombre Ig Nobel es un juego con la palabra “Ignoble” (en castellano “innoble”) y “Nobel” (por Alfred Nobel). A continuación reflejamos una pequeña muestra que en un próximo artículo ampliaremos:

Premio Ig Nobel de Física (2000)
A Andre Geim, de la Universidad de Nijmegen (Holanda), por:

“Hacer levitar a una rana en un campo magnético”.
Se trata de uno de los estudios más insólito, absurdo y si se quiere sin sentido. Renombrado científico, ha hecho levitar a casi todo lo que tenía a mano en sus experimentos: desde ranas hasta un ratón, pasando por todo tipo de objetos. A pesar de que la mayor parte de los materiales ordinarios parecen ser no magnéticos, lo pueden hacer si se les coloca en un campo magnético fuerte. Aunque la levitación de seres humanos todavía siga siendo un sueño, un elemento no tiene por que ser un superconductor para hacer levitar cosas normales. Se calcula que para que una persona lo haga, además del gran espacio requerido, seria necesario un campo magnético a su alrededor de unos 40 teslas y 1 GW de potencia. No obstante, se cree que las técnicas de levitación, algunas en experimentación Rana en levitación magnética 01y otras ya en desarrollo, como el caso de los trenes Maglev (transporte por levitación magnética que incluyen la suspensión, guía y propulsión de vehículos, principalmente trenes, utilizando un gran número de imanes), serán habituales en un futuro no muy lejano.

Es de reseñar que Andre Geim ha sido la primera persona en conseguir ambos premios Ig Nobel y Nobel. El primero lo recibió en el año 2000 por su trabajo de “hacer levitar a una rana” y diez años más tarde, en el año 2010, también fue galardonado con el premio Nobel de Física junto con Konstantín Novosiolov por el estudio del grafeno, llamado a ser una de las revoluciones del siglo XXI; un material ligero, barato y flexible, que puede cambiar por completo el mundo de los ordenadores y otros dispositivos electrónicos, incluso sustituir al silicio en la fabricación de computadores.

Premio Ig Nobel de Salud Pública (2009)
A Elena N. Bodnar, Raphael C. Lee, y Sandra Marijan de Chicago, Illinois, Estados Unidos, por:

“Inventar un sujetador que, en caso de emergencia, puede convertirse rápidamente en un par de máscaras de gas”.
La doctora Bodnar, que hizo una demostración durante la entrega de su premio, comenzó su carrera como médico en Ucrania durante el accidente nuclear de la central de Chernobyl. Allí ayudó al traslado de las personas afectadas, especialmente a los niños, y estudió las consecuencias de la exposición a la radiación. Más tarde, ya en Estados Unidos, colaboró con la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional de Energía Atómica en proyectos relacionados con el citado accidente nuclear.

Está claro que a veces las situaciones críticas reales dan origen a las innovaciones más estrambóticas. El grave accidente de Chernobyl le ayudó a Bodnar en su inspiración para diseñar un sostén que se convierte con rapidez en un par de mascarillas respiratorias capaces de filtrar las partículas nocivas suspendidas en el aire. Algo que más tarde corroboró con los atentados del 11-S de Nueva York. Su modelo preferido es una prenda de color rojo, con volantes, que se puede usar de la manera normal, sin tirantes o entrecruzado. A pesar de sus resultados y utilidad, no se cree que el invento llegue muy lejos comercialmente.

Sin título-2

Premio Ig Nobel de Biología (2006)
A Bart Knols y Ruurd de Jong, de la Universidad de Wageningen (Holanda), por:

“Demostrar que el mosquito Anopheles hembra, que transmite la malaria, se ve tan atraído por el queso Limburger como por el olor de los pies humanos”.
La malaria es una enfermedad producida por parásitos que se transmite al ser humano a través de la picadura del mosquito anopheles gambiae. Se calcula que entre 700000 y 2,7 millones de personas, de las cuales más del 75 % son niños, mueren al año por su causa. Además provoca entre 400 a 900 millones de casos de fiebre aguda en la población infantil (menores de cinco años). Sólo las hembras del anopheles lo pueden contagiar (se alimentan de sangre para poder madurar sus huevos), pues los machos no pican y únicamente se nutren de néctares y jugos vegetales. La única forma de contagio directo entre humanos es que una persona embarazada lo transmita por vía placenta al feto, aunque también es posible por transfusiones sanguíneas de donantes que hayan padecido la enfermedad.

En su estudio, Bart Knols y Ruurd de Jong demuestran que el mosquito “anopheles gambiae” se siente atraído por igual por el olor del queso Limburger y el olor de los pies humanos. Este queso, conocido también como Limberger, está hecho a base de leche pasteurizada de vaca y se caracteriza por su fuerte aroma. Con un color entre blanco y marrón, su sabor puede ir desde suave hasta algo picante. La bacteria empleada en su fermentación se ha encontrado en la piel humana y es en cierta manera responsable del olor corporal con el que se confunde; razón que ha llevado a creer que fueron los monjes de Limburg (Bélgica) los que idearon la receta aplastando los cuajos de la leche con los pies desnudos. El resultado de la investigación tuvo una consecuencia inmediata: colocar queso Limburger en lugares estratégicos de las zonas endémicas de África. Su contribución a la preservación de la vida humana pone de relieve la importancia de compartir todo tipo de resultados experimentales, aunque el uso previsto en un principio vaya por otros derroteros.

Premio Ig Nobel de la Paz (2006)
A Howard Stapleton, País de Gales, por:

“El invento del ‘Mosquitono’”.
Parece que la idea se le ocurrió a Stapleton porque su hija de 15 años no se atrevía a entrar en un comercio del barrio por culpa de una banda de muchachos pendencieros que siempre estaban molestando a la entrada. Entonces recordó la visita que siendo muy joven hizo a una fábrica de pilas acompañando a su padre que era el director y al entrar en un cuarto no pudo soportar el ruido procedente de la soldadura ultrasónica. Más tarde pudo comprobar que solo él podía percibir ese sonido, mientras que a los adultos no les afectaba. Así fue como nació el “Mosquitono”, un tono cuya frecuencia pueden escuchar los más jóvenes, pero no los mayores. Se basa en el efecto de presbiacusia, así definido por la pérdida progresiva de capacidad para oír altas frecuencias, provocado por el deterioro producido por la edad en nuestro sistema auditivo, principalmente a nivel del oído interno y del nervio auditivo. La Mosquitono 02presbiacusia se presenta a medida que las personas envejecen debido a la pérdida natural de células receptoras de sonido.

El “Mosquitono” se suele utilizar por algunos comerciantes para evitar que los jóvenes se acerquen a sus establecimientos. Ha sido motivo de controversia y polémica, hasta el punto que los miembros de la Asamblea del Consejo de Europa declararon que se trataba de un sistema discriminatorio (actúa no solo según la edad, sino que también afecta a aquellos muchachos que, por ejemplo, se reúnen tranquilamente para charlar), degradante, ofensivo y probablemente dañino. De esa forma se inspiró Stapleton para crear su artilugio, una cajita de metal que emite un tono de alta frecuencia que irrita mucho a los que pueden oírlo. Tan solo tuvo que colocarlo en la parte exterior del comercio donde solían estar los muchachos que molestaban a su hija, y comprobar como tan solo ocho minutos más tarde desaparecían por ensalmo. De ahí su lema: “Les entra por un oído… ¡y salen corriendo!” ¡¡Todo un pitido contra los gamberros!!

Premio Ig Nobel de Química (2009)
A Javier Morales, Miguel Apátiga y Victor M. Castaño, de la Universidad Nacional Autónoma de México, por:

“Fabricación de microcristales de diamante a partir de líquido, y más en concreto de tequila”.
El proceso de fabricación del diamante requiere gran cantidad de energía y una fuente de carbono. La primera es muy costosa, por lo que casi siempre resulta mejor encontrar diamantes en la naturaleza que fabricarlos. Sin embargo, para la fuente de carbono existen varias posibilidades: utilizar grafito, serrín de madera, o incluso… tequila. Pues bien, precisamente a partir de tequila se han podido crear películas de diamante depositadas en un sustrato (silicio o acero inoxidable), utilizando para ello la técnica de deposición química de vapor por inyección. Javier Morales, entonces estudiante de Doctorado, descubrió que cualquier elemento orgánico, “corregido con agua” para cambiar la relación atómica carbón-hidrógeno-oxígeno, es útil como posible iniciador en la formación de películas de diamante. Al final de una de sus tantas noches de cálculos dio con la respuesta: un 40 por ciento de etanol y 60 por ciento de agua. Poco más tarde, la casualidad hizo que su esposa le recordase que debían comprar tequila y su respuesta fue: “¡¡Sí, con tequila también se puede!! ¿De que hablas?, le preguntó ella. “No, olvídate, duérmete”. Fue en su siguiente experimento cuando consiguió películas de diamante a partir de etanol, metanol corregido con agua y tequila. Sus muchas aplicaciones van desde el recubrimiento en herramientas de corte hasta la electrónica basada en el diamante como semiconductor. Un material muy resistente a la temperatura y a la corrosión y que por tanto puede soportar condiciones severas de operación; uno de los metales más duros, de menor fricción, que si recubre a una pieza de acero ésta durará mucho más que con cualquier otro tratamiento convencional.

Aviones de papel 02Lanzamiento de aviones de papel a los galardonados con el premio Ig Nobel, uno de los momentos clásicos de la ceremonia de entrega en el Sanders Theater de la Universidad de Harvard.

Sirva esta pequeña muestra para destacar como los premios Ig Nobel han sido en algunos casos de gran ayuda para la ciencia. En un próximo artículo ahondaremos en algunas de sus contribuciones más interesantes a lo largo de los años. No queremos terminar sin antes hacer una breve referencia a la ceremonia de entrega que muchos, incluidos prestigiosos ganadores del Nobel, esperan año a año con verdadera pasión y ansiedad. Una gala retransmitida en directo por la Radio Nacional Pública de EEUU, también por Internet, muy divertida, llena de insinuaciones y que se suele cerrar con la frase: “Si no ganaste un premio (y especialmente si lo hiciste) mejor suerte para el próximo año“. Presidida por su mascota The Stinker (“El Apestoso”, parodia en inglés del “Pensador”- The Thinker, la famosa escultura de Rodin), el acto se acompaña de toda una serie de jocosos gags. De lo cómico de la gala hablan sin duda muchas de las divertidas situaciones provocadas.

Un clásico muy esperado era el lanzamiento por el público de aviones de papel sobre el escenario, que a menudo eran devueltos de la misma forma y en dirección opuesta por los propios galardonados. Un escenario que al final tenía que ser limpiado por el profesor Roy Jay Glauber, profesor de Física de la Universidad de Harvard, galardonado junto a John L. Hall y Theodor W. Hänsch con el Premio Nobel de Física del año 2005 por su contribución a la teoría cuántica de coherencia óptica. Desde hace bastantes años, Glauber participa en la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel representando el papel de “Guardián de la fregona” o encargado de barrer los aviones de papel lanzados durante el acto. Todo un clásico que se decidió suspender por motivos de “seguridad”, aunque se está pensando en retomarlo de nuevo. Otro momento muy deseado de la celebración es la “aparición” de Miss Sweety Poo, una niña (a veces niñas) de 8 años encargada de cortar los discursos de aquellos premiados que se enrollan demasiado. Si los oradores se entretienen más de lo previsto en su discurso enseguida se puede oír la voz aguda de Miss Sweaty Poo gritando: “Por favor, termina ya. ¡Para! ¡Estoy aburrida! ¡Para! ¡Estoy aburrida!

Miss Sweetie Poo Pek 02Momento en que Miss Sweety Poo, la niña con coletas, interrumpe a uno de los galardonados con el premio Ig Nobel por “enrollarse” demasiado en su discurso.

Una de las singularidades de la entrega de los premios Ig Nobel es que entre sus presentadores se encuentran auténticos premios Nobel. La realidad es que son muchos los científicos ansiosos de que llegue ese día con una pretensión clara: atraer al público a la gran ciencia a base de humor no exento de crítica para las investigaciones sin sentido. Una parodia cómica que se suelen tomar muy bien. Aunque nunca falten voces discordantes, la mayoría siempre han salido en su defensa. Además, no solo no se considera una deshonra obtener el premio Ig Nobel, sino que ha habido casos, como ya hemos dicho, de ganadores que también lo han sido de los Nobel. Todos los asistentes, público y galardonados, se prestan a una gala divertida que aporta innovación y fomenta la investigación. Se ha escrito, muchas veces con razón, que estos premios en el fondo son una crítica a la investigación trivial o absurda, pero la historia ha demostrado que también conducen a descubrimientos importantes. Nunca se puede saber lo que uno puede hallar mientras trata de encontrar los pequeños o grandes misterios de la vida. A pesar de que el humor se supone implícito, los premios Ig Nobel se otorgan la mayoría de las veces a auténticos logros científicos que “primero provocan risas y después hacen que las personas piensen y reflexionen”.

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