La Felguera, la mina y el himno a Santa Bárbara

En el post “Los bolos en Asturias…”, dedicado a este deporte tradicional asturiano y a sus grandes campeones, hicimos referencia a la dura y peligrosa vida de los mineros. La Felguera y la Cuenca del Nalón, zona que conozco por razones personales, han vivido durante mucho tiempo de la riqueza generada por esta arriesgada profesión. Un pueblo, La Felguera, unido a sus aldeas cercanas por pozos mineros, así se conoce el acceso en vertical a las minas subterráneas, tan singulares como Molinucu en Riparape, Rufina en Campanal o Respineo en la aldea del mismo nombre, y de manera muy especial por los pozos Santa Eulalia, Candín o “El Cabritu”, el segundo más profundo de Asturias (693 m.) y Lláscares o Candín 2, unidos ambos en 1973 por su cota base. Un pozo, “El Cabritu”, también llamado “El Pradón” cuando yo lo conocí, situado junto al río Candín en la zona de los valles del Candín y Pajomal, del que aún se conservan los primeros estudios realizados en el siglo XVIII por Gaspar Melchor de Jovellanos, conocido escritor y político, subdelegado de Caminos, cuando la explotación del carbón de hulla todavía se realizaba de manera muy primaria. Unos pozos, los Candín, a los que se unió el pozo Fondón, de la localidad limítrofe de Sama de Langreo, cruzando el río Nalón a 388 m. de profundidad. Su encuentro se produjo con una desviación de pocos centímetros tras un acertado cálculo de la topografía y orografía del otro lado de la ladera de la montaña, en la que también se hallan minas tan emblemáticas como el pozo María Luisa, famoso por un trágico suceso ocurrido en sus entrañas y una canción, himno y estandarte reivindicativo. Todos ellos pertenecientes al Valle del Nalón, cuenca minera que por desgracia está escribiendo sus últimos coletazos.

Pozo Candín- Santa Eulalia 03Castillete del pozo San Eulalia, el segundo más profundo de Asturias, situado entre los valles de Candín y Pajomal, a las afueras de La Felguera.

Antes de seguir adelante, quizás convenga retrotraerse un poco y conocer el origen de su historia minera. En el siglo XIX, Asturias, al igual que la mayor parte de España, basaba su economía en el sector primario. Con una orografía complicada, comunicaciones deficientes, y una falta de inversiones por estos y otros condicionantes, era sin embargo muy rica en yacimientos de carbón, fuente indispensable para el desarrollo industrial. Sus empresas fueron las primeras en utilizar el ferrocarril, no solo como ayuda a la extracción, sino también para llevarlo hasta los puertos y fábricas. A partir de las redes mineras se crea entonces una industria y comercio que pronto se convertirá en el núcleo central de su desarrollo económico. La primera línea de tren de Asturias, y cuarta de España, fue la Gijón-Langreo construida en el período 1852-56, que transportaba el carbón desde los yacimientos de la cuenca del Nalón hasta el puerto de Gijón, sustituyendo, o mejor complementando, a la carretera “La Carbonera” que desde 1842 unía La Felguera con Gijón.

La historia de la minería y la industria del concejo de Langreo, del que La Felguera es su población más importante, se inicia en el último cuarto del siglo XVIII. A pesar de los métodos rudimentarios de extracción del carbón, una de las mayores desventajas a la hora de competir, que persistieron durante mucho tiempo por el tipo de explotación, la actividad minera se convirtió en la gran impulsora de su economía. Al igual que en otros valles mineros, pues eso es en realidad una cuenca, otro de sus problemas era el transporte a los distintos centros industriales. Para solucionarlo, aún no había hecho su aparición el ferrocarril, se pensó en varios sistemas, y con el fin de hacer su coste rentable al final se barajaron solo dos: por carretera, como pretendía Jovellanos, o a través de la canalización del río Nalón. Debemos hacer hincapié que cuando se plantearon estas dos posibilidades en 1791 nada hacía presuponer la revolución que estaba por llegar y que solo cien años más tarde vería al ferrocarril cruzar Asturias de parte a parte y al automóvil circular por sus carreteras, convirtiendo la navegación fluvial en un recuerdo del pasado. Pero la importancia del carbón era ya tan evidente para la economía nacional que se hacía necesario solucionar el grave problema del transporte.  Jovellanos 01

Fue Jovellanos quien propuso abrir una nueva carretera “carbonera” de 35 Km., que suponía acortar el trazado en un 60%, manteniendo a Gijón, uno de los puertos más importantes del Cantábrico, como punto de destino. Una visión profética, y más viniendo de un firme partidario de la apertura de canales en España. ¡¡Pero no en este caso!! Gijonés de nacimiento, conocía muy bien los ríos asturianos y sabía que se trataba de una obra de enormes dificultades. Por eso proponía la solución por carretera.

Sin embargo, aunque el plan de Jovellanos se acabó realizando, el Estado se decidió en un principio por lo que creía la propuesta más ambiciosa: hacer navegable el río Nalón para el transporte de grandes barcazas, conocidas como chalanas, hasta su desembocadura en San Esteban de Pravia (65 Km.). Un proyecto muy caro y de grandes dificultades, pues a las propias de canalizar el río había que sumarle la apertura de caminos que bordeasen su curso para dar servicio y apoyo a las embarcaciones cuando tuviesen que ir a contracorriente, además de la necesaria adaptación del puerto de San Esteban. Las primeras chalanas salieron en noviembre de 1793 y pronto se comprobó que el caudal del río era ingobernable. A las grandes crecidas sucedían períodos de sequía, lo que unido a la poca capacidad de las chalanas y el grave perjuicio causado a los campesinos de las riberas, con el que nadie había contado, dieron al traste con los resultados esperados. Fue un verdadero fracaso. Para colmo, en 1801 una riada se llevó por delante todo el trabajo realizado y nadie se preocupó por volver a reconstruirlo. Una empresa que nació muerta económicamente mucho antes y que obligó a esperar bastantes años para confirmar que el carbón podía ser una actividad rentable.

Hasta aquí pues la breve historia del arranque de la industria minera en la Cuenca del Nalón, que siguió con su buena marcha hasta la llegada de la crisis de los años 60, a la que se añade en 1966 la incorporación de Duro Felguera a Uninsa (Unión de Siderúrgicas Asturianas), posteriormente Ensidesa, y que terminó con el desplazamiento de la actividad productiva y mucha parte de la población hacia Avilés y Gijón. Finalmente, en 1967 el patrimonio minero se integra en Hunosa, y a partir de los años 80 y 90 comienzan los cierres de pozos mineros, que poco a poco están provocando el declive de una cuenca y todo su entramado industrial.

Jaula 01 Mineros saliendo de la “jaula”, cajón de forma rectangular, abierto por las dos caras laterales más pequeñas opuestas, con uno o varios pisos y vías en cada piso, utilizado para el transporte de personal, materiales y mineral. Sobre las vías se colocan los vagones, que normalmente suben llenos y bajan vacíos a la mina. La “jaula” está dotada de cierres en los laterales abiertos y topes para retener los vagones cuando está en movimiento.

Pero la industria minera, siendo muy importante, es algo más que un resultado económico. Están también, y sobre todo, los mineros, un colectivo que con su entrega, compañerismo, y a veces heroísmo, dignifican a esta dura y peligrosa profesión, que venera a su patrona, Santa Bárbara, cada 4 de diciembre. Esta santa peculiar, patrona de las tormentas, pasó a serlo también de los oficios vinculados a los explosivos, y aunque su culto se inicia en el siglo VII, no llegará a España hasta después del impulso dado a la minería por Carlos III. Cuenta la tradición que:
“Un acaudalado noble pagano llamado Dióscoro tenia una hija, Bárbara, admirada por su virtud y belleza, y ferviente creyente. Bárbara entregó su corazón a Dios, rechazando a ilustres patricios que le habían solicitado matrimonio. Debiendo emprender viaje, Dióscoro, bien sea por quitarle a su hija sus influencias cristianas, bien por infringirle un castigo, mandó erigir una torre con dos ventanas y un baño romano adosado con el fin de encerrarla. Bárbara, deseosa de honrar a la Santísima Trinidad, ordenó entonces abrir una tercera ventana, y adosar una cruz en un muro del baño como símbolo de su fe cristiana. Cuando el padre regresó de su largo viaje, viendo el arraigo de su hija cristianizada, enfureció y quiso ejecutarla. Colérico, la arrastró ante el pretor de la provincia y, condenada por un juez, fue conducida al suplicio. El exaltado padre, para mayor escarnio y ejemplo de justicia, exhibe a su torturada hija ante una población aterrada. Pese a las súplicas de Bárbara, el cielo responde velando con nubes oscuras y densa niebla el lugar. La tragedia se cierra con la decapitación de la joven por su propio padre, que acto seguido es fulminado por un rayo”.

Procesión Santa Bárbara 01 Procesión en honor a Santa Bárbara.

Santa Bárbara, no solo es la patrona de los mineros asturianos, es también su himno: “Santa Bárbara bendita”, estandarte de la canción reivindicativa, que vive desde hace mucho tiempo en las profundas y estrechas galerías que recorren las minas asturianas. Es la santa a la que la mayoría se encomendaba cada día antes de partir hacia el tajo, plegaria que se recuerda en los momentos difíciles, y a quien rezar en las iglesias y nombrar en los funerales. Pero es también una canción emblemática, una de las más repetidas en las “marchas negras” de protesta en busca de un futuro mejor para la minería. Pese a su carácter dramático y de protesta, sin embargo se se cree que en su origen fue una alegre melodía interpretada en fiestas y tabernas a finales del siglo XIX o principios del XX. No se sabe con exactitud. Lo que si está claro es que fueron los mineros asturianos quienes cambiaron su letra y la utilizaron como un himno que cuenta una historia trágica: “el regreso a casa de un minero que relata a su mujer, Maruxina, como un accidente en una galería le costó la vida a varios compañeros. Un relato habitual, por desgracia durante décadas, en las cuencas mineras asturianas y de otras regiones. Un minero que narra como llega a su domicilio con una herida en la cabeza y la camisa ensangrentada”. Una versión que pasó a llamarse “En el pozo María Luisa”, en referencia y recuerdo al trágico accidente ocurrido en esta mina situada en la Cuenca del Nalón, en Ciaño, un pueblo muy cercano a La Felguera.

“Santa Bárbara bendita”- “En el pozo María Luisa”
Sin título-2


Coro minero de Turón interpretando “En el pozo María Luisa” en TV.

En el año 1949 se escribió una de las páginas más dolorosas de la minería asturiana: 16 mineros perdieron la vida en el pozo María Luisa tras una explosión de grisú. A partir de entonces, a “Santa Bárbara bendita”, que ya era su himno, se le incorporó una estrofa que cuenta lo sucedido. Los propios mineros decidieron “bautizarla” como “En el pozo María Luisa”, quizás uno de los tres himnos, junto a “Asturias Patria Querida” y “Chalaneru”, más entonados de Asturias. La minería ha hecho correr ríos de tinta casi siempre por circunstancias difíciles. Basta con “sentir” lo que un hijo le dice a su madre en la canción “A la madre del mineru” que suena de fondo en el video final, o lo dicho en el post “Los bolos en Asturias…”: “… Finalizada su jornada de trabajo, para los mineros siempre había una obligación antes de ir a ‘echar la partida a los bolos’: lo primero era pasar por sus casas para decir ¡¡aquí estamos, seguimos ‘vivos’!! Tan grande era, y sigue siendo, el peligro de la mina que existían unos ritos previos de obligado cumplimiento”. Tal vez sea el momento de prometerle a Santa Bárbara que no solo nos vamos a acordar de ella cuando truena, sino también cuando la emoción nos embarga. Como cuando entonamos “Maruxina”, “Santa Bárbara bendita” o “En el pozo María Luisa”. Una canción de culto y profundamente arraigada.


Precioso video dedicado a los mineros, madres y esposas, con la emotiva canción “A la madre del mineru” sonando de fondo, interpretada por Anabel Santiago. Así dice su letra:
“Un guaje decia a so madre; madre, yo voy pa la mina, yo quiero ser picaor, aunque me cueste la vida. El guaje a la mina fue y na mina se murió, cuando diba pa la mina, el cantaba esta canción: “En na mina canto yo, pa la mina voy cantando, cuando vengo de la mina, topo a mio madre llorando”. Y la madre del chaval, bien sabìa por que lloraba, lloraba porque aquel fìu, que na mina traballaba, pe la mañana temprano, el so lámpara empuñaba, pela galerìa alantre, ella sabìa que cantaba: “La mina ye una trinchera, los mineros los soldaos, el grisù la bayoneta, los derrabes cañonazos”. Al subìr al colaeru, un tallu se derrababa, y envueltu ente la madera y tambièn entre el carbòn, cola angustia de la muerte, el clamiaba un picaor, y un picaor valiente, de coraje y energìa, fizo todo lo que pudo, por salvai a él la vida y ya con voz de agonìa, deciai al picaor, dile a mio madre querida, que ya muero sin cumplir, la deuda que le ofrecìa y aquel picaor valiente, abrazándose al chaval, con sollozu na garganta, entonaba esti cantar: “Todos los mineros llevan grabau en el corazòn, nel corazòn, Santa Bàrbara bendita, con el polvo del carbón”.

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