Reinosa y la tradición de las Marzas

Celebrada en algunas comunidades del Norte de España (Cantabria, Asturias, Castilla y León y País Vasco), las Marzas es una fiesta de fuerte arraigo en Reinosa. Siempre me sorprendió el gran apoyo popular a una tradición donde las rondas de mozos festejan la próxima llegada de la primavera. De origen todavía nada claro, hay quien como el investigador Julio Caro Baroja la relaciona con el comienzo del año Romano: “Los mozos son los descendientes de los que en otra época salieron con motivo del comienzo del año ‘Kalendae Martiae’ cantando las ‘martiae’, anunciando la venida del primer mes dedicado a un dios de la agricultura después de los meses purificadores”. Sin embargo, en un clima tan duro como Reinosa, la ilusión por la primavera apenas influye en sus costumbres y rituales. Si en las tierras bajas la vida resucita en el mes de marzo, en la montaña no. Aún permanece dormida otro mes hasta que por fin comienzan a reverdecer los prados. La tierra continúa yerma y el paisaje inmóvil. Una calma que incluso en marzo a veces es preludio de grandes nevadas; un mes en el que hay que mirar hacia arriba, a la cima de las montañas, si se quiere encontrar algo diferente. Hasta que de pronto un día, casi sin avisar, aparece un claro en el cielo, el sol regresa para asentarse, la tierra se calienta y el general invierno pierde la batalla.

Marzas 2015 03Pero en Reinosa el duro clima apenas arredra a sus gentes y menos para rendir culto a sus fiestas. Basta observar la celebración de su patrono San Sebastián en pleno mes de enero con todo su rigor. Eso si, contando siempre con la preciosa “colaboración” de su fuente de vino que mana gratis solo ese día y el excelente guiso de las ollas ferroviarias repartidas entre los presentes. Este año 2015 también las Marzas han estado precedidas por una gran nevada caída en el mes de febrero. Hacía tiempo no se recordaba, hasta el punto de resucitar la famosa frase: “en Reinosa ya no nieva como antes”. Sin embargo, una vez más nada ha influido en el ánimo de los reinosanos para festejar sus tradiciones.

La palabra marzas aparece por primera vez en un diccionario en el año 1910, aunque no es hasta el año 1925 cuando se define como: ”coplas que los mozos santanderinos van cantando de noche por las casas de las aldeas en alabanza de la primavera, de los dueños de la casa,…“, y se añade “obsequio de mantequilla, morcilla,… que se da en cada casa a los marzantes”, Tienen lugar la última noche de febrero y el primer día, o el primer viernes, de marzo, siendo los portales y vestíbulos de las casas el sitio habitual para los marzantes o marceros, aunque también los corrales o corraladas, llegando algunas cuadrillas en su recorrido por las calles de las aldeas y barrios de la comunidad a entrar hasta la cocina. Las marzas también se solían cantar por otras aldeas siempre que sus vecinos lo aceptaran.

Como “la ley y la costumbre de las marzas no consienten más que a mozos solteros” las cuadrillas estaban formadas solo por varones, con un presidente (el mozo soltero de más edad), los quintos del año (mozos de edades similares) y aquellos que el año en curso entraban como marceros por primera vez una vez cumplidos los dieciséis años y pagada la cuota de “admisión” que les daba derecho. Los nuevos mozos eran sometidos a una serie de rituales obligados, en función de los cuales se les asignaba su papel dentro de la cuadrilla: desde cargar con la cesta de pedir… hasta limpiar la mesa de la comida de marzas. El mozo de más edad, además de distribuir las funciones del grupo, era el encargado de acoplar las voces en los ensayos y realizar la petición a las puertas de las casas. Aquellos marceros menos dotados para cantar tenían encomendado llevar el farol que servía de guía en la oscuridad de la noche, así como otras labores de mera intendencia como el acarreo de los productos que donaba el vecindario. Todas las dádivas (dao o limosna) conseguidas, en metálico o en especies, eran custodiadas por un responsable nombrado que, finalizadas las rondas, tenía que rendir cuentas en público y llevarlas más tarde al lugar de celebración de la comida o cena (casa o local particular o bien el comedor de una taberna), donde festejaban lo conseguido.

Sin título-1

En Cantabria, las primeras alusiones escritas a las marzas las realiza José María Pereda en su obra “Escenas Montañesas” publicada en 1864, si bien relacionándolas con la noche de Navidad. Lo cuenta así:

Todos están más locuaces que antes, y hasta el viejo labrador ha desarrugado su habitual entrecejo. El rapazuelo ronca tendido sobre un banco, y el estudiante habla en latín y asegura que si entonces pillara al mayorazgo !ira de Dios!… La tía Simona canturria por lo bajo:
“Esta noche es Noche Buena
y mañana Navidad;
está la Virgen de parto
y a las doce parirá”.

Su hija se dispone a hacerle el dúo, cuando se oye en el corral un coro de relinchos y un ruido sobre los morrillos, como si avanzaran veinte caballos.
-¡Ahí están los ladrones! -diría en tal caso un ciudadano alarmado.
-Pues no, señor: son los marzantes, es decir, dos docenas de mocetones del lugar que andan recorriéndole de casa en casa. El ruido sobre los morrillos y los relinchos los producen las almadreñas y los pulmones de los mozos.

Este acontecimiento hace en los personajes de la cocina un efecto agradabilísimo; callan todos como estatuas y se disponen a escuchar.

-Vaya, señor don Jeromo -dice una voz en falsete para disfrazar la verdadera, desde el portal: -a ver esas costillas que se están curando en el varal; esos ricos huevos de la gallina pinta que cacareaba en el corral, por, por, por, poner, por ¡poner!… ¡Que sí!… ¡Vaya, que sí!…
El coro contesta con relinchos a esta primera tirada de ‘algarabía’, que así se llama técnicamente la introducción de los marzantes, y vuelve a continuar la voz pidiendo “morcillas en blanco, o aunque sea en negro”, y otras cosas por el estilo, hasta que concluye diciendo:
-¿Qué quiere usted? ¿Que cantemos o que recemos?
-Que recen, -dice Jeromo.
-¡Que canten, cóncholes! -replica el estudiante-, que a mí me gustan mucho las marzas… ¡Ea, a cantar! -añade luego, abriendo una rendijilla, nada más, de la ventana.
Esta orden es acogida afuera con otro coro de relinchos, y al punto comienzan a cantar los marzantes.

Pero en casa de Jeromo no se engaña a nadie, y la tía Simona alarga media morcilla de manteca a los marzantes; y éstos, después de echar la primera copla, se marchan relinchando de placer.

Sin título-3No obstante, tendremos que esperar a 1871 cuando Amós de Escalante, otro escritor cántabro, en su libro “Costas y montañas” hace referencia por primera vez a las Marzas como propia de las noches del mes de marzo con un pequeño esbozo de su celebración. El escritor reinosano, Demetrio Duque y Merino (1844-1903), fundador y director del periódico “El Ebro, uno de los primeros editados en Reinosa, publicaba el 20 de marzo de 1892 en “El Atlántico” de Santander un interesante artículo en el que recordaba como el último día del mes de febrero de ese año, que además era bisiesto, acompañado por un amigo se encontraron a la caída de la tarde con una joven cuadrilla que les paró pidiéndoles las marzas. Decía: “Lo hicieron con la cortesía de antaño: gorra en mano, palabras discretas, e invocando la calidad de ser mozos del pueblo”. Se extrañaba, pues hacía tiempo que se había perdido una costumbre que tanto añoraba. También le llamó la atención que no hacía tanto tiempo las marzas solo se pedían en las casas y a nadie se le interrumpía en la calle; algo que poco a poco se ha ido imponiendo con los años. Rememorando su infancia, seguía en su artículo con los marceros recorriendo las casas, tras llamar una por una a las puertas, y cuando alguien desde dentro, sin abrirles, les contestaba: ¿quién llama?, ellos le hacían una pregunta: ¿dan marzas? Y si todo se daba bien, entonces les abrían y empezaban a cantar las dos primeras coplas del conocido romance “Marzo florido”:

No es descortesía, ni desobediencia,
en casa de nobles, cantar sin licencia.
Si nos dan licencia, (seña) cantaremos,
con mucha prudencia, las marzas diremos.
Marzo florido, seas bien venido,
con el mucho pan, con el mucho vino,…

Tras lo cual y como parte del ritual suspendían el cántico, mientras uno de ellos, con voz clara, preguntaba: ¿cantamos, o rezamos, o qué hacemos? En ocasiones eran invitados a entrar, a veces hasta la cocina, y después de saludar seguían cantando si así se les pedía. Luego recogían la dádiva y se iban hacia su próximo destino.

Petición Marzas 03Mozos yendo a cantar las marzas por las casas de la aldea.

Sostiene Duque y Merino que no es fácil, al menos en Reinosa, remontarse al origen de las marzas,  pero si confirma que su nombre deriva de celebrarse a principios del mes de marzo, y que el tiempo preciso para pedirlas era (y sigue siendo) las primeras horas de la última noche de febrero. Lo comentaba así:

“Al principio, en la costumbre de las marzas entraba mucho en su carácter la galantería puesto que, salvo por excepción, pedíanse marzas en las casas donde no hubiera mozas casaderas; los marceros solían reunirse por barrios y las comparsas eran dos: una de señoritos (‘fuitos’, que decían los otros), que pedía en las casas donde hubiera doncellas de vestido largo y mantilla de moco, y la otra de los mozos de chaqueta, que no dejaba de llamar a ninguna puerta que guardase moza de aparejo redondo.

Ordinariamente aquellas comparsas no se estorbaban unas a otras; cada una seguía su derrotero y cantaba y rezaba a su parroquia. Pero a veces, por un quítame allá esas pajas, espontáneo o buscado a propósito si de atrás venía el pique, solía entablarse reyerta entre unos y otros marceros, se peleaba a puñetazo limpio casi siempre, y tras una refriega de no muy graves consecuencias, solía acontecer que el grupo triunfante se apoderaba, como botín de victoria, de la cesta en la que los vecinos llevaban lo que hubieran sacado de las marzas”.

Las marzas se daban a voluntad en especie (huevos, chorizos, vino, y algún otro condimento), también en dinero, y luego lo celebraban con una gran comida o cena. Como el último día de febrero y el primero de marzo caían casi siempre en cuaresma, observantes como eran en esos tiempos de los mandamientos de la Iglesia (ayuno y vigilia) no lo solían festejar hasta el domingo siguiente. Como no siempre alcanzaban los ingresos para cubrir todos los gastos, la situación se “salvaba” enseguida aportando cada uno a escote la diferencia. Incluso se separaba una cantidad para comprar cuatro velas que “lucieran bien” en la procesión del Jueves Santo en manos de los cuatro marceros a los que correspondiera en suerte.

Ronda de marceros 01Ronda de marceros ataviados con la vestimenta típica poco antes de iniciar su actuación en el concurso de Marzas en la Plaza del Ayuntamiento de Reinosa.

En los primeros años el ritual de las cuadrillas comenzaba por solicitar permiso de forma oral al alcalde, al cura y al maestro. Una vez conseguido, cada grupo recorría las calles del pueblo al anochecer visitando las casas del vecindario, donde se dejaban oír mediante una algarabía de voces y relinchos (ijujús) o bien rezando un Padre Nuestro o la Salve cuando partían desde la Iglesia. De esa manera, y para que nadie se fuese a la cama, indicaban a la comunidad que la ronda ya empezaba. Dependiendo de la situación de cada familia, que por lo general todos conocían, se cantaba, se rezaba, o por el contrario todos los mozos se iban. Si había una moza casadera, o un especial sentido de la hospitalidad, con el fin de que la moza estuviera más tiempo se cantaban las llamadas “marzas largas”, añadiendo al “Marzo florido” los “Sacramentos del Amor” o los “Mandamientos”. También a veces, algunos vecinos con tal de no aguantar la “serenata” les entregaban directamente la dádiva a los marceros y así evitaban el cántico.

La Guerra Civil marcó, como es lógico, una cierta decadencia, y también un cambio en la tradición y la forma de cantar las marzas en la comarca campurriana. Así se dejó constancia en algunos escritos del año 1957:

“En Reinosa ha evolucionado la tradición y hasta pudiéramos decir que en algunos casos ha degenerado: no existe razón alguna para que las tonadas de Marzas se acompañen de pito y tambor, instrumentos tan ajenos a la ronda como una orquesta sinfónica; ni que se canten otras canciones que no sean las propias de rondar en Campoo, como se da a veces la circunstancia de que algunos marceros de la ciudad hacen caso omiso de la tradicional tonada de Marzas y llevan un repertorio exótico, muy propio para el lucimiento de la voces y para demostrar la buena preparación del conjunto (…). Por lo que respecta a este año, además de las consabidas rondas de la noche del 28, que van extremando su corrección gracias a la oportuna intervención de nuestro Ayuntamiento, el Casino nos obsequió con una fiesta de Marzas de la noche del 3 de marzo, en la que intervino el ochote ‘Ecos del Ebro’ que interpretó las ‘Marzas’ y los ‘Sacramentos’, según una partitura arreglada para varias voces por el maestro Guerrero (…). O sea que las típicas y tradicionales marzas han entrado ya en su fase de pieza de museo”.


Vídeo resumen (Donato Campurriano) del concurso de Marzas año 2013. Al final del mismo, una gran parte de las rondas y marceros cantan juntos, a una sola voz como mandan los cánones, algunos de los romanceros más populares.

Sin embargo, en Reinosa la tradición de cantar las Marzas volvió a sus orígenes, contribuyendo en gran manera el único concurso de la región que desde hace más treinta años se celebra en la plaza de su Ayuntamiento. No importa que el último día de febrero amenace nieve, ni como este año aún estuviese reciente la gran nevada caída; en calles y casas sonarán de nuevo los cánticos de bienvenida y decenas de rondas de mozos, desde los más pequeños a los más veteranos, ataviados con su ropa típica cantarán “Marzo florido” bajo la luz del farol, para seguir con los “Sacramentos del Amor”, y terminar con una canción libre de estilo campurriano. Como manda la tradición, a diferencia de otros lugares, todas cantadas a una sola voz, pues “cantar las marzas a dos o tres voces es lo peor que se puede hacer. Hay que cantarlas al unísono, como si fuéramos solo uno”, precedidas por el ritual de “cantamos, rezamos o nos marchamos”. Aunque han perdido parte de su esencia, en gran medida por la despoblación y envejecimiento del medio rural, se mantienen vivas gracias al buen hacer de las rondas y coros. “De casa salimos con mucha prudencia, a cantar las Marzas si nos dan licencia. A cantar las Marzas vienen los marceros, como las cantaban sus padres y abuelos. A cantar la Marzas vienen los del pueblo”. Cantos como éste recorrerán las calles de Reinosa dando así la bienvenida al mes de marzo. Una fiesta mantenida en el tiempo, llena de recuerdos, que pocos se quieren perder. La tradición de las Marzas sigue viva.

 

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