La rana sorda, el elogio y el poder de la palabra

En un post anterior hicimos referencia a la motivación como uno de los factores que mueven a las personas a comportarse de una manera determinada; un estado de ánimo provocado por un estímulo externo o interno que nos empuja a actuar y que afecta a la firmeza de la conducta. Frases a las que añadíamos: ¡¡sentirse bien con uno mismo y con lo que hace es la base para estar motivado!! Se señalaba que el elogio verbal, sincero, sin florituras, era también una forma estupenda de motivar, aunque insistíamos en que había que “soltarlo” con cuentagotas (o no) en función de la persona que tengamos enfrente. No es lo mismo un individuo de carácter pesimista al que hay que ayudar, que un “viva la virgen” con el que hay que medirlo, ya que puede convertir al humilde en un soberbio insoportable. Asimismo, en defensa de la crítica se decía que bien hecha, dentro de unos límites, espabila, sanea, refresca y estimula, función de la capacidad de encaje de cada cual. ¡¡Algo que siempre hay que medir muy bien!!

La rana sorda 01Todo esto viene a cuenta porque si bien la motivación, junto a la voluntad y el esfuerzo personal, son aspectos muy importantes en nuestra vida, tanto o más lo es el poder de las palabras con que acompañamos nuestras acciones. Un ejemplo muy claro lo tenemos en la conocida fábula “La rana sorda” atribuida a un escritor chino (Hsien-Sheng Liang). Dice así:

– Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron a un pozo profundo.
– Todas las demás se reunieron a su alrededor en la parte superior.
– Cuando vieron cuan hondo era el pozo, dijeron a las dos ranas caídas que no podrían salir y se debían dar por muertas.
– Sin embargo, las dos ranas no hicieron caso de los comentarios de sus “amigas” y trataban de saltar fuera del pozo con todas sus fuerzas.
– Mientras lo hacían, sus compañeras seguían insistiendo una y otra vez en que sus esfuerzos serían inútiles.
– Una de las dos ranas puso mayor atención en lo que le decían y se rindió, terminando por desplomarse y morir.
– Pero su compañera continuó saltando y saltando tan fuerte como le era posible.
– Mientras, las ranas del exterior seguían gritando y haciéndole señas para que dejara de sufrir, ya que no merecía la pena seguir luchando. Lo mejor era que se dispusiese a morir.
– Pero la segunda rana cada vez saltaba con más fuerza hasta que por fin… logró salir del pozo.
– Al reunirse con las otras ranas, éstas le dijeron: “Nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos”.
– La rana les explicó entonces que era sorda, y que pensó que todas le estaban animando a esforzarse más y más para poder salir del pozo.

Esta hermosa y antigua fábula habla del poder de la palabra y ayuda a comprender la influencia que pueden ejercer nuestras palabras sobre los demás. Y a la inversa, como las opiniones de los otros pueden modificar nuestro comportamiento. Como toda fábula que se precie se ciñe a la perfección a sus dos elementos principales y distintivos: la brevedad narrativa y su conclusión en una sentencia; lo que comúnmente se conoce como moraleja (más adelante la reflejaremos) donde los animales son siempre parte muy activa para darle un tono simbólico o metafórico a la historia.

Muchas veces para superar determinadas situaciones debemos acudir a dos tipos de inteligencia: una emocional (a la que ya hemos dedicado un artículo) relacionada con nuestro mundo interior, y otra de tipo cognitivo con el mundo exterior. Ambas son imprescindibles para el desarrollo de la persona y, aunque diferentes, se encuentran en cierta manera vinculadas. En la parte del conocimiento (cognición) hay realismo y lógica, mientras en lo emocional juegan factores afectivos como el estado anímico, el humor o la actitud, y donde el optimismo y pesimismo entran a la hora de evaluar y adaptarse a una situación concreta. Para una solución lógica y óptima lo ideal sería que las dos tuvieran coherencia y equilibrio; sin embargo, a veces, por una postura crítica se tiende más al pesimismo, como en el caso de los grandes pensadores, que suele llevar a más allá de lo aparente. El optimismo es sano, pero juega con la fantasía y la ilusión, mientras  la “realidad” en ocasiones es algo subjetivo de cada cual. También influyen bastante otros aspectos como la espiritualidad y la fe que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

Aunque no todo el mundo está de acuerdo con la relación entre inteligencia cognitiva y pesimismo y optimismo. Es más entienden que el término no es más que una redundancia que une dos palabras o conceptos que tienen en común el procesamiento de información. Aducen que inteligencia es la habilidad para resolver problemas (según el estudio o teoría de las “inteligencias múltiples” del psicólogo Howard Gardner) y cognitiva la facultad para procesar la información; siendo la Inteligencia emocional y cognitiva 01inteligencia emocional tan sólo una pequeña parte de la actividad cognitiva del ser humano, mientras que el optimismo y el pesimismo son actitudes, que no habilidades. Por tanto la inteligencia cognitiva no tiene nada que ver con ellas. Hay personas muy inteligentes con un humor excelente y otras todo lo contrario. No son estados de ánimo que siempre conviven con la persona, sino con el momento que les toca vivir.

Si se pregunta que ayuda más: un elogio o un reproche, enseguida se responde que el elogio es más estimulante, motivador y agradable. El refuerzo positivo siempre es más eficaz que el negativo. Además, sin efectos secundarios imprevisibles. Si se cuestiona por la última vez que se ha felicitado a un compañero, amigo o vecino, no por un motivo determinado, sino en general por algo bueno que haya hecho, muchos miran con extrañeza y reaccionan con otra pregunta: ¿por qué tenía que felicitar a alguien? Hasta el punto que una gran parte no son capaces de recordar una fecha o la sitúan muy lejos en el tiempo. Sin embargo, si preguntamos por la última vez que han criticado o descalificado a una persona es muy probable que vengan a la memoria datos muy recientes. En cualquier caso, no debemos confundir el elogio con la adulación, casi siempre interesada y servil, de la que Charles Rollin (siglo XVIII), profesor de Retórica y Elocuencia Latina y más tarde director de la Universidad de París, decía: “No es más que un comercio de mentiras fundamentado por un lado en el interés y por otro en la vanidad”.

De “La rana sorda” se puede extraer una moraleja, o mejor algunas enseñanzas o conclusiones:

– La palabra tiene poder de vida y muerte.
– Una palabra de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día. Una palabra destructiva puede que lo acabe por destrozar.
– La palabra tiene efectos que deberíamos tener conciencia de sus consecuencias. Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos y el daño que podamos ocasionar con la intención.
– Como en el caso de la rana “sorda”, hay momentos en que es mejor hacer oídos sordos a todo lo negativo, sobre todo a aquellos que intentan hundirnos o nos dicen que algo es imposible. Aunque lo normal es que la ayuda de los demás nos de valor para seguir adelante.
– Hay que buscar siempre lo positivo. La vida es un constante riesgo, y a veces es necesario tomarlos.
– El poder de la palabra es muy fuerte y una palabra de aliento ayuda mucho.
– Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otras.

Julián Earl, director de la NASA, 01Julián Earl, director de investigaciones de la NASA, en una charla con jóvenes y niños en la Oficina de Educación de la agencia espacial.

A propósito de la fábula relatada decir que durante un encuentro entre algunas de las figuras más destacadas de la agencia espacial NASA (USA) con jóvenes y niños para intercambiar ideas y enseñanzas, el propio director del centro de investigaciones, Julian Earl, les expuso: “Han escuchado la vieja ley física que dice que una abeja no puede volar, cada principio aerodinámico dice que la envergadura de sus alas es muy pequeña para mantener su enorme cuerpo en vuelo. Pero una abeja no lo sabe, no comprende la física, ella vuela de todas formas y eso es lo que todos deben hacer” ((ver articulo “Legends, Trailblazers Inspire NASA’s Future” publicado en su Web). Cuentan también que existe un póster colgado en sus oficinas que muestra a una abeja volando con la siguiente referencia: “Aerodinámicamente, el cuerpo de una abeja no está hecho para volar; lo bueno es que la abeja no lo sabe”. Toda una lección de vida.

La rana “sorda” de nuestra historia se salva porque interpreta las voces de sus compañeras como gritos de aliento, impulsos para superarse, que la animan, motivan y hacen saltar sin desmayo. Además de una respuesta coherente a lo que cree que le dicen, lo acompaña con una magnífica actitud interpretando de forma positiva su propuesta más o menos destructiva. En general, somos tacaños con el elogio; parece que cuestan dinero o esfuerzo. ¡¡Eso sí, nos gusta recibirlos!! François de La Rochefoucauld (siglo XVII), escritor, aristócrata y militar francés, conocido sobre todo por sus “Máximas”, decía: “Alabar cordialmente una buena acción es, en cierto modo, tomar parte de ella”. La palabra sin duda tiene mucho poder; puede hundirte o ayudarte. Nuestra mente nunca es impermeable a lo que digan los demás y pagamos las consecuencias. No permitas que las personas negativas derrumben tus sueños y esperanzas. Se positivo con los demás. Alienta con tus palabras a todos los que se cruzan en tu camino.

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