“El juez de Egipto”. Christian Jacq

El Juez de Egipto 02El buen recuerdo de “La dama del Nilo” hizo que me “sumergiese” de nuevo en el fascinante y misterioso mundo del Antiguo Egipto; otra  vez más en el Imperio Nuevo (1550-1070 a.C.), último de los tres grandes períodos de esplendor de una civilización de más 3000 años. Si el anterior recorrido discurrió por la vida y reinado (1490-1468 a.C.) de Hatshepsut, primera mujer faraón, hija de Tutmés I, uno de los reyes más poderosos, en “El juez de Egipto” nos adentramos en una época posterior con el gran faraón Ramsés II el Grande, cuyo reinado (1279-1213 a.C.), uno de los más largos (66 años), fue de gran importancia en los campos económico, administrativo, cultural y militar. Aunque no fue el primer faraón en hacerse adorar como un dios (antes lo habían hecho la propia Hatshepsut y Amenhotep III), si fue de los pocos que creían, o pretendían, haber sido engendrados por el todopoderoso dios Amón-Ra, rey de los dioses, representado por un hombre de piel rojiza (o azul) o en forma de animal con cabeza de carnero, con un tocado en la cabeza formado por dos plumas y un disco solar. Amón-Ra era la principal divinidad de la religión egipcia y los faraones incorporaron a su título el ser “Hijo de Ra”, cuyo culto principal se centraba en Tebas, de manera especial en los templos de Karnak y Luxor, donde se organizaban multitudinarias procesiones en su honor. Sin embargo, con el fin de alejarse de su poderoso clero, Ramsés II trasladó la capital de Egipto a Pi Ramsés (“La casa de Ramsés”), una pequeña ciudad que llegó a tener 300000 habitantes, quedando Tebas relegada a solo capital religiosa.

“El juez de Egipto” es una trilogía que tiene en Pazair a su personaje central, un juez recién salido, incorrupto, quien con su insobornable comportamiento llega a poner en jaque a toda una clase influyente corrompida hasta los más altos niveles.

Sinopsis
“El juez de Egipto I. La pirámide asesinada”

Pazair es un joven juez en una provincia del sur del antiguo Egipto y Neferet una médico en Menfis, la gran ciudad del norte adonde Pazair es llamado. Conforme a las predicciones de un viejo visionario, un monstruoso complot ha sido maquinado para derrocar a Ramsés el Grande. Nada podrá evitarlo, nada excepto un insignificante juez que se niega a firmar un documento administrativo que no entiende. Con la ayuda de su hermano de sangre, Suti, el juez Pazair busca la verdad. En el camino se encuentra con Neferet, bellísima doctora que ha logrado triunfar en su carrera a pesar de la oposición del jefe de los médicos de la corte. El juez se enamora de ella y llega a descubrir la traición de un importante general del ejército egipcio. Pero los implicados en el complot están decididos a acabar con Pazair. Este es el motivo por el que el juez es detenido y por lo que hacen creer a Neferet que ha muerto.
“El juez de Egipto II. La ley del desierto”
Después de haber descubierto un complot contra Ramsés II, el juez Pazair ha sido deportado y condenado a muerte por El Juez de Egipto 08un crimen que no cometió. Pero los conjurados no han tenido en cuenta ni el amor de Neferet, la joven médico que acaba de casarse con Pazair, ni la valentía de Suti, su amigo íntimo. Juntos, la esposa y el amigo, lucharán para sacar al juez de aquel infierno. Christian Jacq nos hace partícipes de la lucha de esta pareja contra el mal y la injusticia y al mismo tiempo nos descubre mil y un aspectos de la vida cotidiana en el antiguo Egipto.
“El juez de Egipto III. La justicia del visir”
La hora de la confrontación definitiva ha llegado. Pazair, ahora visir de Egipto, y su esposa Neferet, nombrada médico principal del reino, se enfrentan con el ministro de Economía, quien se erige en portavoz de los conjurados que se han adueñado del testamento de los dioses y que están a punto de derrocar a Ramsés el Grande. El alto funcionario, que se hacía pasar por amigo de Pazair, ha tejido una urdimbre tan espesa que la situación es desesperada; él y sus cómplices han desorganizado la economía y se proponen destruir los valores que han presidido el nacimiento de la civilización egipcia. Aunque los aliados escasean, el visir y su esposa, decididos a luchar hasta el final, tratan de identificar al asesino de su maestro espiritual, quien ha cometido el error de cruzarse en el camino de los facinerosos. ¿Dónde está el hermano de sangre, Suti, que ha logrado escapar de su prisión nubia? ¿Conseguirá el misterioso “devorador de sombras” eliminar a Pazair? ¿Quién es el alma verdadera del complot que se oculta en las tinieblas? ¿Quién, valiéndose de la traición, el crimen o la ley, saldrá vencedor de ese cruento combate del que depende la supervivencia de Egipto?

Christian Jacq nació en París en 1947. Su interés por la egiptología comenzó cuando tenía 13 años leyendo la “Historia de la Civilización Egipcia Antigua” de Jacques Pirenne. Con tan sólo 17 años hizo su primer viaje a la tierra de los faraones. Aunque empezó a estudiar la carrera de filosofía, su pasión por Egipto le llevó a centrarse en la arqueología y egiptología, doctorándose en esta disciplina en la Universidad de la Sorbona. Es un experto en Egipto y su cultura, y ha escrito numerosas obras de divulgación que han puesto a esa civilización al alcance del gran público. Como gran experto que es en la época del faraón Ramsés II el Grande, fundó, junto a su esposa, el Instituto Ramsés dedicado a la preservación de su arqueología en peligro de extinción a través de la descripción fotográfica. En la actualidad cuenta con la mayor colección de fotografías sobre la antigüedad egipcia. Sus novelas le han convertido en un autor de grandes best-sellers sobre el Antiguo Egipto, siendo sus mayores éxitos una serie de cinco libros sobre el faraón Ramsés II y la trilogía “El juez de Egipto” objeto de este post. En sus obras mezcla con habilidad historia y ficción, con una estupenda ambientación y descripción de la vida cotidiana del Egipto de los faraones. Un aspecto muy interesante de sus novelas es que atraen tanto al lector que busca conocimientos como al que desea disfrutar de una aventura entretenida.

Templo de Ramses II 01Templo de Ramsés II el Grande en Abu Simbel construido bajo su mandato, uno de los monumentos más impresionantes de la antigüedad, con sus cuatro colosos custodiándolo. Wikipedia.

Christian Jacq ha construido toda una filosofía del mundo a través de su obra, aunque a veces se ha visto envuelto en la polémica: “Los hombres somos desiguales por naturaleza y las diferentes clases no deben luchar, sino colaborar bajo la batuta de un buen faraón que reconcilie las diferencias”. En ella destaca la gran libertad que tenían las mujeres en el Antiguo Egipto y su importante rol en la sociedad. Entresacamos algunas frases de una entrevista concedida al periódico El Mundo.
– Muchos reyes se casaron con mujeres plebeyas y al revés; esto en Egipto no tiene ninguna importancia. No había clases sociales.
– Las mujeres trabajaban como el hombre, eran propietarias y se casaban con quien querían. En este sentido, la sociedad egipcia era muy moderna. En el Antiguo Egipto hubo muchas reinas y grandes sacerdotisas en todos los templos.
– Es verdad que con frecuencia al faraón se le achaca la imagen de tirano y rey absoluto. Sin embargo, no es así, pues no podía de ningún modo intervenir en la Justicia. Él mismo era su garante y estaba sometido a ella, de igual modo que cualquier campesino podía acceder al primer ministro para pedir que se haga justicia. Además, la regla del faraón decía que hace falta proteger a los débiles de los fuertes.
– Lo que para mí es extraordinario es que Egipto no cree en las utopías: no cree en la igualdad entre los hombres. Yo tampoco lo creo. Si tú naces con una enfermedad crónica nunca serás igual que un hombre en plena forma, ni los hombres con suerte son iguales a los que no la tienen. Y hay que aceptar esto porque si no uno cae en la utopía, como el marxismo o el ultraliberalismo.
– Bien, está claro que la realidad es desigual y el papel del faraón es corregir la desigualdad que es la vida misma, ayudar a los que pueden menos y pedir la colaboración de los que sí pueden. La envidia y los celos, que corroen al hombre, estaban prohibidos en Egipto.

Sin título-2Pirámide social del Antiguo Egipto.

El argumento de “El juez Pazair”, interesante y bien construido, atrapa desde su inicio. Su documentado contexto histórico, muy apreciado por los egiptólogos “aficionados”, es uno de sus aspectos más destacables. Merece la pena resaltar también los pasajes dedicados a la medicina natural aplicada por la doctora Neferet (esposa de Pazair), que nos ayuda a “descubrir” como los distintos remedios (algunos se siguen empleando hoy) basados en las propiedades de las plantas eran el principal método de curación utilizado para sanar a los enfermos. Con personajes bastante creíbles, Christian Jacq tiene la habilidad de introducirnos en el mundo del Antiguo Egipto gracias a sus conocimientos como egiptólogo. Su detallada descripción de los monumentos, la administración, el desarrollo de la medicina o la vida diaria de las distintas clases sociales demuestran un profundo conocimiento del escenario; y la mezcla de personajes imaginarios con personajes históricos la dota del realismo necesario. Bien escrita y documentada, entretenida, con mucha acción y suspense, “El juez Pazair” es una estupenda trilogía sobre el sistema de justicia egipcio.

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