Contracultura, la generación beat y la música

En nuestro post sobre el movimiento hippie hemos definido la contracultura como aquellos valores, tendencias y comportamientos que chocan con los establecidos en una sociedad. Normalmente hace referencia a un movimiento organizado seguido por bastantes personas, duradero en el tiempo, que suele comenzar como un grupo social marginal que aspira y sueña con objetivos cuando menos controvertidos. Citaremos algunos ejemplos a lo largo de la historia como fueron el romanticismo y la bohemia del siglo XIX, la generación beat de los años 50 o el movimiento hippie antes citado. Incluso hasta la generación ye-ye se puede considerar así  por lo que supuso de ruptura de la juventud con su pasado. En este artículo abordaremos la generación beat, para muchos el origen de todos los movimientos contraculturales de la década de los 60.

En general, el término contracultura conlleva un doble sentido: uno ofensivo, contra la cultura dominante, y otro de “cultura a la contra”, que permanece al margen de todo, al menos en sus inicios. Fue Roszak, historiador norteamericano, quien lo usó por primera vez en 1968 en su libro “El nacimiento de una contracultura” para referirse a la actitud rebelde de la juventud. Sin embargo, sus mentores originales vienen de años atrás; justo de la segunda mitad de los años 50, cuando Allen Ginsberg, poeta, y Jack Kerouac y William S. Burroughs, ambos escritores, forjaron una identidad inconformista cuna de los movimientos contraculturales posteriores.

Donnelly, Cassady, Ginsberg, LaVigne y FerlinghettiDe izquierda a derecha, Bob Donlon (citado en la novela con tintes autobiográficos “Desolation Angels” de Jack Kerouac), Neal Cassady (uno de los dos protagonistas de la obra “On the road” también de Jack Kerouac”), Allen Ginsberg (poeta), Robert LaVigne (pintor) y Larry Ferlinghetti (poeta) delante de la librería City Lights Bookshop, Broadway and Columbus North Beach de San Francisco, en 1956. Foto Allen Ginsberg.

Las guerras siempre han tenido una gran influencia en las generaciones literarias. Tras la 2ª Guerra Mundial la sociedad norteamericana comenzó a desarrollarse en torno al llamado “American Way of Life”, estilo de vida basado en el consumo de todo tipo como forma de realización personal, dejando en un segundo plano los valores culturales y espirituales. Un estilo que trajo consigo potenciar como signos propios la exageración, la ostentación de la riqueza, e incluso la grandiosidad. Un ejemplo fue la industria automovilística que se quiso diferenciar del resto por el mayor tamaño y potencia de sus vehículos. Muchos aún recordarán frases como: ¡¡vaya “haiga!!, cuando “veían” circular grandes coches por nuestras calles conducidos por americanos o emigrantes sobrevenidos que querían mostrar así su “poderío”. Lo cierto es que, más allá de propias tradiciones, se llegó a crear una notable influencia, incluso dependencia cultural, por la moda y preferencias norteamericanas. De ahí que, producto del fuerte crecimiento económico de los años siguientes a la posguerra, el trabajo se convirtiese en una forma de obtener dinero para la consecución de bienes como parte de una cadena a la que se denominó “sociedad de consumo”.

Es en ese contexto donde nace la generación beat, nombre que hace referencia a un grupo de escritores de la década de los 50 y al fenómeno cultural al que dedicaron su obra, en el que mostraban su rechazo a los valores norteamericanos clásicos y su apoyo al uso de drogas, la libertad sexual y al estudio de las filosofías orientales. En un principio se conformaron como un movimiento literario en torno a un grupo de amigos que ya venían trabajando juntos escribiendo prosa y poesía desde mediados de los años 40, compartiendo entre otras cosas la misma idea de cultura y otras aficiones como el jazz. Sus máximos representantes eran el poeta Allen Ginsberg y los escritores Jack Kerouac y William S. Borroughs, sin olvidar a Neal Cassady, uno de sus iconos, coprotagonista de la famosa novela “On the road” (“En el camino”) de Kerouac, obra por excelencia de la generación beat.

Sin título-1Novela “On the road” (“En el camino”) de Jack Kerouac, obra de cabecera para la generación beat. A la derecha, Neal Cassady y el propio Kerouac, los dos protagonistas principales en el papel de Sal Paradise y Dean Moriarty.

“On the road” retrata a través de una serie de viajes por carretera el verdadero pensamiento y filosofía de vida de los beat, que consiste básicamente en drogas, sexo y disfrute y huir de todo lo convencional. ¿Vas a algún sitio o simplemente vas?: esa es su idea principal. Lo que importa es moverse, escapar de lo establecido; cada cual con su motivo, personal e intransferible. Es Kerouac quien decide hacer una serie de viajes por todo el país para luego escribir sus aventuras. Su alter ego y protagonista, Sal Paradise, que lo hace acompañado por Dean Moriarty (su amigo Cassady en la vida real), ni busca inspiración ni va a ningún sitio concreto: ¡¡simplemente va!! y elige la vida del vagabundo como una meta, sin querer saber nada con la sociedad. La generación beat buscaba disfrutar de la vida a través de los sentidos, de las experiencias; de ahí que “On the road” fuese el mejor ejemplo del placer obtenido por medio del sexo, las drogas y el alcohol. Pensaban que la sociedad proponía una forma de vida demasiado aburrida donde uno debe adaptarse a sus moldes. ¡¡Reniegan de todo ello!!

La relación del beat con la música está en sus propios orígenes. A pesar del significado que le dieran sus mentores, el término beat procede del argot utilizado por los músicos de jazz tras la 2ª Guerra Mundial. Sin embargo, fue en el rock donde más tarde encontraron el sitio ideal para transmitir sus ideas. Pero no fue un trasvase inmediato. Hubo que esperar a los movimientos contraculturales de los años 60 para que se diese esa correspondencia, siendo Bob Dylan uno de los principales eslabones de esa relación. A partir de entonces, fue un modelo muy seguido, nunca abandonado por completo, que llegó hasta la década de los 80. En realidad, la palabra beat tiene un doble significado. Por un lado como jerga del jazz ya citado, y por otro apunta a las ideas de “poor and exhausted” (“pobre y exhausto”) asociadas con la resaca de la droga. Cuando Kerouac comenzó a usar el término beat para identificar al grupo de amigos que conformarían el arranque de esa generación es muy posible que estuviese pensando en darle otro distinto.

Calle 52 01. En 1948Calle 52 de Nueva York en 1948, un lugar repleto de clubs de jazz donde terminaban las noches con sus famosas “jam sesions” los músicos que no salían de gira. A la derecha,  puede verse anunciado a Charlie Parker, uno de los grandes iconos musicales de la generación beat.

El jazz tuvo una gran influencia en la generación beat. Coincidiendo con su formación como movimiento también lo hizo el “bebop”, un estilo de jazz nacido en la década de los años 40 que rompe con el swing imperante entonces. Basado en la improvisación, consistía en modificar los acordes de una melodía creando variaciones en su estructura original. Dizzy Gillespie y Miles Davis, trompetistas, y Charlie Parker, saxofonista, uno de los mejores intérpretes en la historia del jazz y clave en su evolución, todos excelentes compositores, eran sus figuras más destacadas. El “bebop” fue creciendo en importancia sobre todo en Nueva York en cuya Calle 52 había numerosos clubes de jazz en los que Jack Kerouac, Allen Ginsberg y sus compañeros pasaban mucho tiempo. Asumieron su música como propia; no tardando, en palabras del propio Ginsberg, en convertirse en sus “héroes secretos”. Además de emplear términos de jazz en su obra, fue Kerouac quien le dio otro significado a la palabra beat para que sirviera a sus propósitos. En su novela “On the road” hace continuas referencias al “bebop”, que mantiene fascinados a los dos protagonistas mientras recorren el mundo de los bares nocturnos, y las “jam sessions”, reuniones informales donde los músicos tocan solo para propio disfrute sin nada escrito ni ensayado previamente. Para Kerouac, el “bebop” no solo era una forma de música, representaba también una actitud rebelde al romper con lo establecido. Justo lo que buscaban los miembros de la beat generation. Para ellos… ¡¡era una actitud de vida!!

Se ha dicho que uno de los modelos que explica los ideales de los beats fue Arthur Rimbaud, uno de los mejores poetas franceses, fallecido muy joven, con una actitud ante la vida muy similar a la suya, al que consideraban otro de sus “héroes secretos”. Al igual que le había pasado a Rimbaud y grandes figuras del jazz como Charlie Parker, muchos beats consumían heroína y otras drogas esperando que les dejara con las mismas sensaciones. Parece ser que Jack Kerouac escribió su famoso libro “On the road” en solo tres días bajo los efectos de las anfetaminas. Se cuenta también que más tarde los excesos de Rimbaud inspiraron también a músicos como Jim Morrison, poeta y cantante de The Doors, Patti Smith, Bob Dylan y Kurt Cobain, entre otros, a llevar una vida de desenfreno en busca de la “sabiduría de lo desconocido”.


Charlie Parker interpretando al saxo “Summertime y “Now´s the time”.

El movimiento beat ha sido siempre objeto de grandes descalificaciones, muchas veces con razón. Una de las que más les molestaba era cuando les llamaban “beatniks”, un término inventado en 1958 por el periodista estadounidense Herb Caen con el que intentaba parodiar de forma despectiva a todos sus seguidores. Lo lanzó poco después de que Jack Kerouac publicase “On the road”, fusionando las palabras “beat” y “Sputnik”, primer satélite artificial lanzado por la Unión Soviética, símbolo del poderío ruso en el marco de la Guerra Fría entre las dos grandes superpotencias y una amenaza para la destrucción nuclear de los EEUU. Al vincularles con el Sputnik, el objetivo de Caen era mostrarles a la sociedad como “no americanos”. Enseguida los escritores beat rechazaron el término “beatnik” por peyorativo y falso. Allen Ginsberg protestó airadamente y Jack Kerouac, que había definido el término beat como “abatido, despreciado y maltrecho” (“beat down”), tuvo que precisar su significado durante una conferencia en el Foro Brandeis, en el Hunter College Playhouse de Nueva York. Para sorpresa de todos tanto él como sus acompañantes se presentaron vestidos a la manera “formal”, algunos hasta con traje. En su caso lo hizo con vaqueros negros y camisa a cuadros, leyendo un texto donde reflexionaba sobre el verdadero significado y sentido de lo “beat”. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, el término “beatnik” fue adoptado, y ampliamente difundido, por los medios de comunicación que lo aplicaron “sin remedio” a aquellos jóvenes fácilmente distinguibles por su forma de vestir (no la presentada en su charla), con una actitud predispuesta a la vagancia, el desenfreno sexual y hasta la violencia. Los beats y los beatniks terminaron por diluirse en la segunda mitad de la década de los sesenta, inmersos en otros movimientos contraculturales como los encarnados por los hippies, el rock, la revolución sexual y las luchas antirracistas o contra la guerra de Vietnam. Fuera de EEUU la diferenciación entre “beat” y “beatnik” apenas tuvo resonancia; ambos términos se usaban como sinónimos, y en ningún caso con sentido despectivo el segundo.

Bob Dylan y Allen Ginsberg en 1975Bob Dylan y Allen Ginsberg en 1975.

Así se expresaba la revista Triunfo para referirse a los “beatniks” en un artículo publicado en 1966 titulado “Beatniks en Madrid”:
“No protestan. Se tumban. Mike Wells abre una novela de A. Husley. Son las 12 de la mañana. Mike está sentado en la postura ideal. Nadie sabe sentarse mejor que un beatnik en una acera, en una cuneta o en una silla metálica como éstas de la terraza de la Cervecería Alemana, en la plaza de Santa Ana. Los pies desnudos posan sobre la arena. Tiene algo de playa esta terraza a donde han llegado como náufragos estos muchachos de jerseys altos y pelo largo y estas muchachas con pantalones negros y cazadoras masculinas. Vienen de San Francisco, de Nueva York, Londres, Estocolmo. Dentro de doce horas seguirán aquí, o mejor dicho en el interior del bar, sobre los mármoles rectangulares, muy apretados, como para darse calor, y dentro de unos días habrá otras caras porque ningún verdadero beatnik aguanta más de tres días en una misma cama y en una misma ciudad. Madrid es solo una etapa en la ruta del sol, hacia el Sur”.

Y proseguía con frases como ésta:
“Nosotros, quiero decir los españoles, que habíamos vestido después de la guerra el uniforme de ‘mil rayas’, y, años después, el de ‘gris marengo’, y siempre calzamos zapatos ‘Segarra’, hemos aprendido la audacia de las camisas de colores de los turistas americanos y la elegancia de los zapatos de boxcalf (piel de ternero) de los ingleses. Pero ahora, de repente, nos encontramos con otra especie de turista que nos viene encuadrado por Meliá o Marsans, que no levanta obedientemente la cabeza a la indicación del cicerone ante la fachada barroca, que en vez de maletas de cuero trae una mochila, que calza sandalias y no conoce el peine. ¿Quiénes son estos muchachos y que desarrollo tan extraño es el de su país? Amor a la pobreza. Un insólito ‘America Way Life’”. Un estilo de vida que en boca de uno de los beatniks protagonistas del artículo define como: ‘No me interesan los cómics, ni el Pentágono, ni las máquinas tragaperras, ni los artículos de Walter Lippman, No quiero que se preocupen por mi, no quiero la pequeña felicidad que me han preparado. Algunos nos miran como a chiquillos a los que vendría bien una buena paliza. Se que hay cosas importantes, por ejemplo, decir que no a las armas nucleares. Yo he participado en manifestaciones pacíficas y mis compañeros de Universidad lo siguen haciendo. No es que seamos unos cobardes. A mi no me da miedo ir a pegar tiros en Vietnam, lo que sucede es que no se lo que hacemos los americanos allí’”.

Para terminar el autor del reportaje con:
“Generalmente, el ‘beatnik’ cuando habla, pregunta. El mismo es una pregunta lanzada a la sociedad en superdesarrollo y un desafío. Antes de culpar al ‘beatnik’ la sociedad tiene que golpearse el pecho.
Así se veía al ‘beatnik’ fuera de USA, en Europa, donde se le confundía con el beat. Seguro que tanto Jack Kerouac como Allen Ginsberg nunca pensaron que el movimiento beat por ellos creado llegase a esos extremos de confusión”.

Sin título-2Pie de de foto perteneciente al artículo “Beatniks en Madrid”: “Para el indígena, el beatnik es un espectáculo”.

La realidad es que el término generación beat corresponde al movimiento literario iniciado por Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs, entre otros. Su filosofía contracultural y anti casi todo (antimaterialista, anticapitalista, antiautoritaria,…) remarcaba la importancia de mejorar el interior de la persona más allá de las posesiones materiales y de las reglas impuestas por el sistema. Como “ayuda” hacia ese “viaje interior” otorgaban un papel preponderante a la libertad sexual y a las drogas. Eran firmes partidarios de la cultura afro-norteamericana y devotos del jazz, también del rock and roll, aunque de este último no todos. Tanto la cultura beat como la moda y el estereotipo beatnik se extendieron durante la primera mitad de los años 60 para casi desaparecer años más tarde reemplazados por otros movimientos como el hippie o la etapa contracultural del rock iniciada por Bob Dylan y The Beatles. Fue una generación polémica.

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