La Felguera, la Asociación La Salle y el futbol sala

En los años 60 en La Felguera no existía el futbol sala,… ni se le esperaba. Tampoco en el resto de España. A nivel federado ni se le había oído nombrar. A lo sumo se jugaba un sucedáneo en los patios de los colegios en un “todos contra todos”. Solo el futbol reinaba en su esplendor.

Conocido en sus inicios como futbito, se cree que tuvo su origen en los años 30 del siglo pasado en Uruguay tras ganar su selección el campeonato del mundo de futbol. Se desencadenó tal fervor en el país, que los niños, sin apenas campos en los que jugar, ocupaban las calles y plazas para dar rienda suelta a su pasión. En 1952 Brasil elaboró el primer reglamento y en 1971 se creó la primera Federación Internacional. En España, que no se llegó a integrar en la misma, el futbol sala se empezó a practicar a principios de esa década, aunque solo por diversión. Y así siguió hasta 1979 cuando se celebró el primer campeonato de clubs gracias al impulso de dos periodistas deportivos de renombre: José María García y Juan Manuel Gozalo, que además lo practicaban en sus equipos Interviú- Hora 25 (primer campeón) y Unión Sport.  Compuestos en su mayor parte por jugadores brasileños y famosos futbolistas retirados como Amancio y Peinado (R. Madrid) o Adelardo y Ufarte (At. Madrid), su sola presencia contribuyó en gran medida al rápido crecimiento y auge de este deporte. Es en 1989 cuando la FIFA, que había puesto fuertes trabas a su expansión y reconocimiento, viendo que su ascenso era imparable decide dar un paso adelante y hacerse con su control.

Colegio La Salle 03Edificio del antiguo colegio La Salle. En primer término, puerta de entrada a la Asociación de Antiguos Alumnos (AA).

Pues bien, en los años 60, mucho antes de que el futbol sala fuese reconocido en nuestro país, en La Felguera, un pueblo asturiano de la cuenca minera, al igual que en el Uruguay de sus inicios, había un lugar donde también se practicaba de manera muy “sui géneris”; sin muchas reglas (si acaso el número de jugadores, 5 o 6 por equipo), un pequeño y pesado balón (fue evolucionando en el tiempo), un árbitro (tan solo a veces, las menos), un par de porterías (similares al balonmano, con su marco adherido a la pared), y… muy poco más. Casi todas las tardes de verano un grupo de entusiastas acudía al patio del antiguo colegio La Salle situado en pleno centro a practicar su deporte favorito en un terreno de juego ‘singular’: ¡basta con ver el dibujo, pues no tiene desperdicio! De forma irregular; esquinas, paredes, frontón, y otros accesorios “ad hoc”, formaban un conjunto solo apto para los virtuosos del balón. Si a eso le añadimos unas escaleras de entrada a las aulas que hacían de gradas improvisadas siempre abarrotadas, daban a aquel conglomerado un aire entre especial y expectante.

Miembros de la Asociación de Antiguos Alumnos (AA) del colegio y otros que no lo eran competían a diario en unas muy cualificadas “partidas”, porque aunque suene raro a cada equipo así se le denominaba: “partida”. Sus integrantes eran elegidos de manera popular tras toda una parafernalia repetida tarde a tarde. Al inicio se decidía un “líder” para cada uno de los equipos (bastantes a tenor de los jugadores presentes), y a continuación los ‘elegidos’ lanzaban una moneda hasta una raya trazada a cierta distancia (era normal en los primeros años usar una de 10 céntimos de peseta, en Asturias conocida como “perrona”). Aquel que quedaba más cerca tenía la opción de escoger en primer lugar al jugador que consideraba más destacado. Y así se seguía hasta completar todos los equipos por el orden resultante. El juego se iniciaba por los dos equipos seleccionados también por sorteo y cada vez que se marcaba un gol el perdedor tenía que abandonar la cancha para ceder su sitio al siguiente. Una fórmula original, equilibrada, para unos conjuntos integrados por jóvenes y veteranos ilusionados por practicar el deporte del balón hasta el anochecer en aquellos veranos de los 60. ¡Puro espectáculo!

Sin título-3Dibujo del patio del antiguo colegio La Salle, ‘singular’ terreno de juego donde se celebraban las famosas ‘partidas’, embrión de lo que años más tarde fue el futbol sala.

Si algo caracteriza al futbol sala es la habilidad y el dominio del balón; también los gestos técnicos y la velocidad y precisión en la ejecución. Un deporte en el que no hay tiempo para aburrirse; un juego atractivo con muchos goles donde el ritmo nunca decae; y siempre con la diversión asegurada para el público y el disfrute del jugador al máximo: ¡a menudo más que en el propio fútbol! Todo esto ocurría en el patio del colegio La Salle, incluso aumentado pues se precisaba además de otro “arte”. ¡Y no es exageración! Bastaba observar las ‘carambolas’, paredes, y otras filigranas, ejecutadas en aquel campo para entenderlo. Con otro añadido más: siempre procurando evitar, ¡eso si que era habilidad!, una posible rotura de cristales en las ventanas del edificio ocupado por los Hermanos Lasalianos, blanco de los disparos en una de las porterías que, aunque con una malla protectora metálica, no siempre iban bien dirigidos. Había veces que fallaba la puntería y algún balón, pocos, se escapaba hacia lo alto en la dirección no correcta. Ahora bien la calidad del juego merecía la pena correr algunos riesgos, que a decir vredad siempre fueron bien aceptados.

Por aquel recordado escenario pasaron muchos y muy buenos jugadores; bastantes lograron un merecido reconocimiento en el futbol regional y nacional. Realizar una lista pormenorizada no tendría sentido, ni tampoco el objetivo, pero si dar unas pinceladas de los que por su calidad, profesionales o no, destacaron por su técnica e ingenio en un ¡patio! donde paredes, frontón, la capilla, amén de las escaleras, y a veces hasta el tejado, jugaban,… ¡y de que manera!.  No había límites establecidos: ¡Todo valía, con tal de arrancar el aplauso! ¡No digamos nada del rebote: diversión y máximo virtuosismo!

Fiestas de Lada 1964. TininAño 1964. Equipo formado para festejar uno de los actos de las fiestas de Lada, pueblo cercano a La Felguera. Integrado por bastantes profesionales del futbol, también se encuentran algunos de los jugadores más destacados del ‘embrión’ de futbol sala que se practicaba en el patio del colegio La Salle. Entre otros, Valentín Piquero, Lolo del Bosque, Miro y alguno más.

Vaya por delante un merecido reconocimiento para aquellos que en los comienzos, siempre difíciles en cualquier actividad, impulsaron con entusiasmo aquel peculiar deporte que más tarde se llamó futbito y hoy se conoce como futbol sala. Todos asiduos practicantes en las tardes de verano de los 60 donde los más veteranos, algunos muy curtidos en las ligas regionales de futbol, con su astucia, codos, y también calidad, trataban de hacer frente a una juventud pujante que a nada se descuidasen les sacaban los colores. Entre los primeros, y como en Asturias se es muy dado al apelativo, queremos recordar a Luis “El Roxiu” y Mario Canga “Cangona”, sino por su juego si por su empeño, Jorge “El de la Madreñona”, buena técnica y un adelantado en su tiempo en jugar al primer toque, Santirso, un defensa “purasangre”, Avelino “El Toriau”, que no le iba a la zaga, Joaquín “El Indio”, fino estilista, un artista pisando la pelota con ambas piernas, capaz de driblar sin moverse en un palmo de terreno, Cholo “El Piringüelu””, ex jugador del Círculo Popular y luego reconocido cantante de “Los Juvachos”, Miro, veloz extremo, y de manera especial a Valentín Piquero, ex jugador del Círculo Popular, y Lolo del Bosque, ambos sentaron cátedra como grandes conocedores del patio y sus trucos. Sin olvidar a los porteros, puesto clave; de sus cualidades aunque el juego no fuese satisfactorio dependía muchas veces que un equipo permaneciese mayor tiempo imbatido en la cancha. De ahí que una buena elección ocupase lugar preferente en el sorteo de las “partidas”. Por citar solo a algunos de los grandes cancerberos, recordar en los inicios a Egocheaga “Ego”, y más tarde a Iglesias Luelmo, hoy reconocido escultor. Ambos marcaron tendencia con sus diferentes estilos, en un caso la practicidad y en el otro la agilidad y reflejos. Más o menos como ahora, pues para gustos… están los colores.

Ahora bien, el núcleo principal estaba formado por jugadores en edad juvenil y veinteañeros, muchos de gran calidad; incluso algunos participaban al tiempo en las competiciones oficiales de futbol. Resultaba curioso ver como componentes de equipos juveniles de la comarca, como Cruz Blanca (campeón de Asturias 1963) y Alcázar, aún a costa de sufrir inoportunos “chivatazos” (tenían prohibida su práctica por el riesgo de lesiones), les era muy difícil resistir la tentación de competir en aquel apasionado ambiente. ¡Era una forma también de demostrar sus cualidades! Aunque no todos lo conseguían: la calidad individual y el dominio del esférico, tan importantes en el futbol-sala, no son fáciles, ni siempre se presuponen. Destacados jugadores del futbol nacional de alto nivel años más tarde hicieron allí alguna vez sus pinitos, como Junquera “Pinón”, portero del Real Madrid, ganador del Trofeo Zamora , Severino, en el mismo club, Falito, en el Granada, Dolfi, en el Celta de Vigo, y varios más de una amplia lista.

Cruz Blanca 1963. Del HoyoCruz Blanca, campeón juvenil de Asturias año 1963, en cuyas filas formó Junquera (primero a la izquierda), más tarde portero del Real Madrid, y otros jugadores destacados a nivel nacional, como Lavandera en el Celta de Vigo y Sporting de Gijón.

En algunas facetas del juego de aquel singular futbito había apreciados “especialistas” capaces de de desequilibrar la balanza de un partido. Sabido es que acciones inesperadas, difíciles de ejecución, pueden desembocar en gol a pesar de que el contrario esté dominando el juego. Sucedía con el rebote entre paredes, pero también con los poseedores de un gran disparo, aunque ésta fuese su única cualidad (la voluntad siempre se presupone). Fue el caso de Juan “Raco”, quien pese a sus gafas de muchas dioptrías tenía una zurda impresionante; en un quítame allá esas pajas era capaz de mandar al otro equipo a tomar las Villadiego. También el de Jorge “Reija”, personaje singular, quien, con la misma pierna que Raco, ‘pegaba’ unos zapatazos de aquí te espero; no siempre bien dirigidos, pues alguno se ‘escapaba’, incluso a la espinilla de enfrente. Ocurría algo similar con los jugadores técnicos y habilidosos capaces de arrancar en su portería y llegar hasta la contraria sorteando uno a uno a sus rivales. Como Javier Granda, al que era muy difícil quitarle el balón de los pies; también Manolo Palacios, buen jugador y dominador de la técnica; o muchos de los componentes del equipo juvenil Cruz Blanca como Jamart, Frani, Tinín, Fonso, Honorino o Fueyo.

Escuela de Maestría 1966. SenénEquipo de la Escuela de Maestría Industrial de La Felguera, campeón de los Juegos Laborales Nacionales de 1966, del que formaban parte destacados jugadores años más tarde como Falito (Granada), Nieves (Zaragoza), Dolfi (Celta de Vigo), y otros pertenecientes al equipo juvenil Cruz Blanca como Jamart, Fonso, Tinín, Fueyo,… muchos de ellos asiduos participantes en los partidos veraniegos de futbol sala en el patio del colegio La Salle.

Seguro que quien lea este artículo tendrá suficientes razones para pensar que faltan otros grandes jugadores, incluso mejores que los citados, pero la memoria es selectiva y los recuerdos también. De ahí el intento de reflejar solo ciertos hechos destacables sin otro ánimo que ensalzar un deporte en ciernes como el futbol sala que ya despuntaba en La Felguera en la década de los 60. Bastantes años antes de lograr el reconocimiento popular. Años espléndidos los de aquellas tardes de verano en que el patio del antiguo colegio La Salle, ¡el ‘patio’ por excelencia!, se convertía en centro neurálgico del balón, dominio de la técnica, habilidad en el rebote, donde se jugaba sin límites como si las paredes no existieran. Años de adolescencia y juventud y también de recuerdos.

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