El conde Lucanor, el futbol y la fábula del burro

Si el conde Lucanor hubiera imaginado que una de sus fábulas sería puesta como pretexto por algunos entrenadores de futbol para explicar, sin mucho sentido a veces, determinadas decisiones, habría quedado cuando menos sorprendido. Viene a cuento porque este verano, tal cual ‘serpiente’, lo han vuelto a poner de actualidad. Ha sido en esta ocasión Rafa Benítez, hoy en horas bajas en su club, quien recién nombrado entrenador del Real Madrid para demostrar que no le preocupan las críticas, o quizás sí, recurrió a la célebre ‘fábula del padre, el hijo y el burro’ para decir poco más o menos: ¡aquí estoy yo, las críticas no me preocupan, tampoco las comparto; es muy difícil que todos estéis de acuerdo con mis razones! Si bien no eligió el camino más correcto, sobre todo si los resultados no acompañan como así ha sucedido, puede ser un buen motivo para la reflexión.

Todo transcurría con normalidad durante la rueda de prensa del pasado 28 de agosto en plena pretemporada hasta que Benítez fue preguntado por la discutida posición del galés Gareth Bale como mediapunta. En su afán de buscarle un puesto donde rinda acorde a la categoría que se le supone, incluso encajarle con ‘calzador’ si fuera necesario, su respuesta inicial fue pragmática: “Tengo muchos jugadores de calidad y respeto a todos. Hay que acoplar a todos los jugadores de la mejor manera posible. Tengo que gestionar de la mejor manera para ganar”. Para a continuación sorprender a todos al contar la citada fábula comparándola con las críticas que está recibiendo sobre la posición en que alinea a algunos componentes de su equipo. Y más en concreto a Bale. Pero antes de entrar en materia hagamos un pequeño inciso para explicar quien era el conde Lucanor, sus cuentos, y en particular las cuatro críticas que encierra su fábula.

Conde Lucanor 03Juan de Castilla, más conocido por Don Juan Manuel (1282-1348), miembro de la casa real y escritor, fue uno de los principales representantes de la prosa medieval, en especial por su obra “El conde Lucanor”, un conjunto de cuentos moralizantes. Ostentó los títulos de duque y príncipe de Villena y señor de Escalona, Peñafiel, Elche y otras poblaciones importantes. Fue mayordomo mayor de los reyes Fernando IV y Alfonso XI, del que era tío y también su tutor hasta la mayoría de edad. Educado como un noble, sus preceptores se preocuparon de que aprendiese también historia, derecho y teología, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos y poderosos de su época, compaginando toda su vida sus actividades como escritor y noble caballero. Bastante criticado por su vocación literaria, se pensaba que un noble de tan alto prestigio no debería dedicarse a algo que consideraban inferior.

“El conde Lucanor” es una obra narrativa escrita entre 1330 y 1335, y su título completo y original “Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio”. Está compuesto de cinco partes, siendo la más conocida una serie de 51 cuentos tomados de fuentes como el famoso fabulista griego Esopo y otros clásicos, así como cuentos tradicionales árabes. Su propósito didáctico y moral es su principal característica. La estructura general de los cuentos comienza con un joven noble, Lucanor, que expone un problema al tiempo que le pide una pronta solución a su viejo consejero Patronio. Éste siempre le responde con humildad, pues no cree necesario hacerlo de otra forma a persona tan ilustre como el conde, al tiempo que le cuenta una historia que le permita extraer una enseñanza y le ayude en la solución.

Pues bien es en este contexto donde Rafa Benítez, a lo que parece nuevo filósofo o pensador, pretende que los periodistas se informen bien antes de escribir una crónica. Y para ello que mejor que poner como ejemplo una de las fábulas del conde Lucanor, en este caso la que hace referencia a lo que le sucedió a un hombre bueno con su hijo y un burro. Dice así:

“Un buen hombre tenía un hijo que, aunque joven, era muy inteligente.
El hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa. Un día, el padre le dijo al muchacho:
– Hoy hay mercado en la ciudad, así que iremos a comprar algunas cosas y llevaremos al burro para traer la carga.
Así que fueron al mercado junto a su burro. Por el camino, se encontraron un viejo señor que, levantando las cejas, le dijo a su compañero:
– Este hombre y su hijo no saben lo que hacen, pues llevan al burro descargado y ellos van a pie.
Cuando el buen hombre oyó aquello, le preguntó a su hijo:
– ¿Piensas que tienen razón?
– Sí -respondió-, pues yendo el burro sin carga no es sensato que nosotros vayamos a pie.
– Pues, si así lo crees -dijo el padre-, sube al burro.
El hijo obedeció, y siguieron su camino.
Poco más adelante se encontraron con dos nuevas caras. Y empezaron a decir:
– Este vecino vuestro no sabe lo que se hace, pues va a pie a pesar de que el mozo tiene fuerzas bastantes para caminar todo lo que haga falta.
Al oír aquello, el labrador le preguntó a su hijo:
– ¿Crees que esos dos hombres tienen razón?
– Sí, padre.
– Entonces, baja del burro que me subiré yo.
Al poco rato, toparon con otros dos hombres que dijeron:
– ¡Menudo disparate! El padre deja que su hijo, que no es más que un chiquillo sin apenas fuerzas, vaya a pie, y en cambio él, que está acostumbrado a soportar las fatigas, va a lomos del burro.
Entonces el labrador le preguntó a su hijo:
– ¿Qué te parece lo que dicen esos hombres?
– Me parece que tienen razón.
– Entonces, sube conmigo en el burro.

El burro 03

De modo que los dos, subidos en el burro, siguieron su camino, encontrándose de nuevo con más personas:
– ¡Cómo pueden ir montados los dos en el burro si la bestia está tan flaca que apenas puede caminar…!
Al oír aquello, el labrador le preguntó a su hijo:
– ¿Qué te parece lo que dicen estos hombres?
– Me parece que tienen razón -respondió.

Entonces el padre se quedó mirando a su hijo y le respondió de esta manera:
– Hijo mío, cuando salimos de casa los dos íbamos a pie y llevábamos el burro descargado, y dijiste que te parecía bien. Después unos hombres murmuraron que era un disparate ir los dos a pie y te mandé subir en el burro mientras yo iba caminando, y dijiste que eso era lo correcto. Luego encontramos a otros hombres que criticaron lo que hacíamos, y por eso bajaste tú y monté yo, y tú dijiste que eso era lo mejor. Pero más tarde otros murmuraron que no estaba bien que tú fueses a pie, así que te mandé subir conmigo, y tú dijiste de nuevo que estábamos haciendo lo mejor. Y ahora éstos nos censuran porque piensan que no está bien cargar tanto al burro, y tú le das la razón. Así que te ruego que me digas qué debemos hacer ahora, pues ya lo hemos probado todo y cada vez nos han dicho que nos equivocábamos.
El hijo se quedó callado, y el padre dijo:
– No creas que todo esto es casualidad, hijo. Y es que jamás harás nada que contente a todo el mundo, pues, aunque obres de la mejor manera posible, nunca faltará alguno que venga a criticarte. Así que haz en cada ocasión lo que te parezca más conveniente sin escuchar lo que te digan los demás, pues, con respecto a las cosas ajenas, la gente siempre habla a tontas y a locas.

El consejo de Patronio le pareció tan bueno al conde que obró como le dijo y le fue muy provechoso. Cuando Don Juan Manuel escuchó la historia añadió los siguientes versos que encierran su moraleja:
Si no dañáis a nadie, haced lo que os convenga,
y que la gente vaya diciendo lo que quiera.

Benitez y del Bosque 01Rafa Benítez, actual entrenador del Real Madrid, y Vicente del Bosque, seleccionador nacional, cuando coincidieron entrenando a la cantera del conjunto blanco en los años 90.

A este célebre cuento se acogió Benítez para dar explicaciones a una pregunta en apariencia sencilla. Pero claro, se estaba hablando de Bale, del que no pocos piensan tiene que jugar casi por ‘decreto’ al tratarse de una gran inversión, además de una apuesta personal del presidente del Real Madrid. Nadie duda de su calidad, pero salvo en raras ocasiones su rendimiento no ha estado a la altura esperada. Ancelotti, el anterior entrenador, un hombre de club, que no líder, lo tenía muy claro. ¡Siempre alineaba la BBC (Benzema, Bale y Cristiano)! ¡Si o sí! Pero llega Benitez, con fama de duro en sus anteriores equipos y, cuando parecía que algo iba a cambiar, se observa con asombro que se pliega a las primeras de cambio a esa misma directriz no escrita. Eso si, no se le ocurre otra cosa que ampararse en el conde Lucanor, que ni viene a cuento ni se sostiene con argumentos. Cuando le sugieren que está siendo muy contemplativo con Bale, su reacción es… enrocarse. Sin darse cuenta, o quizás sí, que es lógica la inquietud que ronda por la mente de aficionados y periodistas. Lo que el equipo necesita es que el galés convenza en esa nueva posición ‘creada’ por su entrenador, y si no es así que se vaya a la banda que es lo suyo. En cualquier caso, una cosa está clara: ¡la solución no se encuentra en una fábula tan mal elegida!

Benitez no ha sido el primer entrenador en poner en práctica la fábula del conde Lucanor. Vicente del Bosque es el ejemplo más cercano. También le gustaba utilizarla. Joaquín Maroto, periodista deportivo, autor del libro ‘El método Del Bosque’, relata en uno de sus capítulos como en su época de entrenador del Real Madrid de los ‘galácticos’ había tres jugadores (Savio, Guti y Morientes) que casi siempre entraban en las sustituciones durante los partidos, suscitando todo tipo de críticas. Así que una mañana, ni corto ni perezoso, acudió a la habitual rueda de prensa y se puso a leer un cuento del conde Lucanor: ¡era también la fábula del padre, el hijo y el burro! Nada más terminar les dijo a los periodistas: “Ahora sacad conclusiones”, añadiendo: “Yo me identifico con Patronio”, y concluyendo para decir que se sentía tan mareado como el burro de la fábula. Más tarde, le pasó algo similar con el brasileño Ronaldo, que empezó a quejar de ser el jugador más cambiado del equipo. Aunque con resultado distinto. La reacción ‘aparente’ de del Bosque fue mantenerlo todo el tiempo en el campo en los siguientes partidos. Fue entonces cuando se empezó a especular con que si las presiones de las estrellas eran efectivas o bien era una mera coincidencia. Sin embargo, una vez más, se volvió a defender con otra frase muy explícita: “El que quiera cuentos que lea ‘El Conde Lucanor’; a mí me influyen pocas quejas, si me influyeran, estaría perdido”.

En el fondo lo que subyace muchas veces es una falta de liderazgo. En el caso de del Bosque porque practica un aparente ‘buenismo’ con el que pretende quedar bien con todos, incluido el poder fáctico. Y en el de Benítez porque se sorprende que cuestionen sus decisiones. Respuestas tan peregrinas como: “Si tirar más a puerta significa ser defensivo me he perdido. Será que me he ido al extranjero, he vuelto y me pierdo con las palabras del idioma español”. “Hay muchos medios y hay que estar continuamente dando noticias” o “Da igual donde ponga a uno u otro, el que quiera generar debate lo hará”, fueron algunas de las frases de un molesto Benítez durante la rueda de prensa en que ‘soltó’ la fábula del conde Lucanor. Solo que en esta ocasión ‘colocó’ mal el cuento.
Y para terminar una máxima: ¡hay que estar a las maduras, pero… también a las duras!

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: