La siesta, esa costumbre tan española, y la regla de San Benito

La siesta es una de las tradiciones más arraigadas en España. Aunque no está del todo claro, su nombre se debe a San Benito (Benito de Nursia), declarado en 1964 patrón de Europa por Pablo VI por su impulso al entendimiento entre los pueblos. En una de sus reglas monásticas estableció la “hora sexta”, más tarde conocida como ‘hora de la siesta’, como el momento para el descanso. Así viene reflejado en el capítulo XLVIII que habla sobre ‘El trabajo manual de cada día’:
“3. Desde Pascua hasta el catorce de septiembre, desde la mañana, al salir de Prima, hasta aproximadamente la hora cuarta, trabajen en lo que sea necesario. 4. Desde la hora cuarta hasta aproximadamente la hora de sexta, dedíquense a la lectura. 5. Después de sexta, cuando se hayan levantado de la mesa, descansen en sus camas con sumo silencio, y si tal vez alguno quiera leer, lea para sí, de modo que no moleste a nadie. 6. Nona dígase más temprano, mediada la octava hora, y luego vuelvan a trabajar en lo que haga falta hasta vísperas”.
Una vinculación que también recoge el diccionario de la RAE cuando señala que la siesta es ‘el tiempo después del mediodía en que aprieta más el calor o tiempo destinado para dormir o descansar después de comer’.

San Benito Abad 03

La ‘Regla de San Benito’ o benedictina es una regla monástica que Benito de Nursia escribió a principios del siglo VI. Dirigida a los monjes, cuando le destinaron al norte de Italia como abad, éstos no la aceptaron, incluso intentaron envenenarle. Más tarde, alrededor del año 529, se trasladó al monte Cassino situado en una colina a unos 130 km al sur de Roma, donde fundó un monasterio que sería conocido como Montecassino, célebre no solo por ser el primero de San Benito, sino también por cuatro famosas batallas que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Segunda Guerra Mundial y ser destruido finalmente en 1944 tras varios ataques aéreos del ejército aliado. Hasta Montecassino le siguieron solo algunos monjes jóvenes, formando una comunidad que acató y siguió su ‘Regla’, llamada en adelante ‘Regula Sancti Benedicti’. Formada por 73 capítulos, algunos añadidos después por sus seguidores, fue acogida por la mayoría de los monasterios fundados en la Edad Media. Su principal mandato era sin duda el ‘ora et labora’ (‘reza y trabaja’), con una atención especial a la regulación del horario y al aprovechamiento de la luz solar para conseguir un equilibrio entre trabajo, meditación, oración y sueño. Una regla que daba la autoridad al abad quien a su vez tenía la obligación de consultar al resto de la comunidad sobre los temas importantes.

La ‘Regla de San Benito’ incluía la norma de guardar reposo y silencio después de la “sexta hora”, que a su vez viene de la hora sexta romana. Los romanos no dividían el día en 24 horas de 60 minutos durante todo el año, sino que repartían el tiempo de luz, ‘el día’, en doce horas de tal manera que en verano éstas resultaban más largas que en invierno. Se expresaban en números ordinales: ‘prima’,… ‘tertia’,… ‘sexta’,… La ‘prima’  era la primera (al amanecer) y la ‘duodécima’, la última, marcaba el final del día (puesta de sol). La hora sexta, de la que procede la palabra siesta, precisaba el mediodía. Por el contrario ‘la noche’ se dividía en cuatro partes llamadas vigilia: prima vigilia, secunda vigilia,… y tenían también una duración diferente según la época del año. Así pues, las horas se contaban a partir de la salida del sol, y al mediodía, cuando el calor se acentuaba, a la hora sexta, era el tiempo del almuerzo y de ‘echar’ un breve sueño antes de continuar con las actividades vespertinas. Hasta la propia Radio Vaticano en su Web en español relaciona la siesta con la regla benedictina al citar: “San Benito enseñó a los monjes a construir relojes para contar las horas. La regla del santo concretaba una serie de horas con las obligaciones, comidas, oraciones y ceremonias a realizar en cada una de ellas. Una curiosidad es que la hora sexta, dedicada en la regla benedictina al descanso, ha inmortalizado la siesta, trascendiendo al mundo asceta y monacal”.

Siesta 01‘La siesta’, óleo del pintor cubano Guillermo Collazo (1850-1896).

España no es el único lugar que incluye la siesta entre sus tradiciones. También Latinoamérica. Cada vez son más los países en que se encuentra presente. Son muchos los científicos que se aferran al reloj biológico y al bajón que se produce entre la una y las cuatro de la tarde. “Después de comer la persona tiene necesidad de dormir”, insisten. Para muchos expertos la siesta ideal es aquella que dura menos de media hora: ‘tiempo suficiente para recargar pilas, descansar cuerpo y mente, y no entrar en un sueño profundo’. Aunque algunos, como el ínclito escritor Camilo José Cela, afirman que “la siesta debe hacerse con pijama, Padrenuestro y orinal”, son mayoría los que sostienen que la siesta tiene que ser breve y a ser posible intensa. Para ello aconsejan hacerlo en un lugar donde no se escuchen ruidos. Sin embargo, sobre esto también existen discrepancias: “hay quien prefiere recostarse en un sofá y usar la monotonía del ruido como fondo placentero, y otros que cuando se acuestan… lo hacen de verdad y con todas las consecuencias”. Eso sí, todos insisten en que ‘lo importante es descansar’. Ahora bien: ¿es necesario dormir la siesta? Aquí es donde casi todos los expertos coinciden: “la siesta está llena de ventajas, pero no es imprescindible”.El aumento del rendimiento de las personas, y también del optimismo, son algunas de las razones que justifican ‘echarse una buena siesta’. Lo que ocurre es que por el trabajo habitual de cada cual son pocos los que pueden disfrutarla. Aún así siempre se puede encontrar un pequeño hueco.

Una muestra de la ‘importancia’ que algunos dan a la siesta (en este caso en sentido negativo) es la noticia que hace unos años publicaba a toda página el semanario ‘Der Spiegel’ cuando afirmaba: “La siesta ya no existe en España”. La revista alemana señalaba que el Gobierno español, en plena crisis económica, había eliminado esta práctica porque nuestro país “ya no podía permitirse ‘holgazanear’ en medio de la bancarrota nacional”. “La siesta no existe en España desde el año 2012”, aseguraba. Al parecer, decía, a raíz del rescate bancario, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI habían exigido al Gobierno poner fin a esta práctica tan habitual entre los españoles. Explicaba que “durante siglos, los habitantes de los países del sur de Europa” habían llevado esta costumbre y los trabajadores abandonaban las oficinas y se iban “a casa a descansar para evitar el estrés”. De hecho, seguía diciendo que esta práctica había sido sagrada durante siglos pero ahora la situación ‘idílica’ ha terminado. Según el semanario, para más ‘inri’ y sorpresa de todos los españoles, “en el año 2005, el gobierno del entonces presidente Zapatero ‘eliminó la siesta para los funcionarios públicos’ con el objetivo de invertir ese tiempo ‘de manera más productiva’”. El resultado final de la supuesta prohibición era, según ‘Der Spiegel’, unos ciudadanos que han cambiado “su arte de disfrutar la vida por más trabajo y más consumo”, puntualizando además que “muchos protestaron’ contra la medida pero…‘había sido en vano’. Fue una noticia que corrió como la pólvora por todo el país a la que nadie daba crédito. ¡Y con razón! Está claro que los alemanes están en todo su derecho de criticar libremente a la siesta. Es su problema. Ahora bien, cada vez son más los estudios que confirman que tiene grandes beneficios, aunque, eso si, debe ser breve. Más de 30 minutos ya supone desventajas, pues llegar a las fases profundas del sueño suele conducir a un despertar incómodo.

Siesta 02

El propio Camilo José Cela definió a la siesta como ‘el yoga ibérico’. Una costumbre a la que han acabado sucumbiendo personalidades tan importantes como Albert Einstein: “Las siestas son recomendables para refrescar la mente y ser más creativo”, Thomas Edison: “Soy capaz de dormir como un insecto en un barril de morfina a la luz del día”, Winston Churchill: “Hay que dormir en algún momento entre el almuerzo y la cena, y hay que hacerlo a pierna suelta: quitándose la ropa y tumbándose en la cama. Es lo que yo siempre hago. Es de ingenuos pensar que porque uno duerme durante el día trabaja menos. Después de la siesta, se rinde mucho más. Es como disfrutar de dos días en uno, o al menos de un día y medio”, y hasta el mismo Napoleón. Se cree que la ‘hora sexta’ dedicada al descanso en la regla de San Benito ha inmortalizado a la siesta.

silos-01PD.-
Hace poco he estado en el monasterio de Santo Domingo de Silos y en una de sus entradas ahí sigue la regla de San Benito como el gran lema de la orden.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: