La propina y su importancia social, obligación, satisfacción o clasismo

No está del todo claro de donde viene la costumbre de ‘dejar propina’. Existen varias teorías al respecto. Aunque la mayoría están de acuerdo en que el origen de la palabra viene del latín ‘propinare’ <> ‘dar de beber’. Hay quien dice, los menos, que ‘dar propina’ lo inventaron los griegos que acostumbraban a beber solo una parte del contenido de la copa dejando el resto como ‘propina’ para la persona a cuya salud se brindaba. Pero la más dominante, sostenida por muchos expertos como Michael Lynn, reconocido investigador, profesor de psicología del consumidor en la Universidad de Cornell, con trabajos publicados en periódicos como New York Times o The Wall Street Journal, creen que esta costumbre se inició en la Europa aristocrática del siglo XVII como un gesto de la nobleza hacia la plebe que la atendía en las tabernas. Más tarde, después de la Guerra de Secesión (1861-1865), fue introducida en EEUU por los americanos ricos que regresaban de sus vacaciones por el viejo continente, comenzando a aplicarla entre el personal de servicio como muestra de lo que habían ‘aprendido’ en Propina 01el extranjero. Sin embargo, no fueron bien recibidas por considerarlas un signo de clasismo, hasta el punto de crearse una Asociación Antipropinas que llegó a tener más de 100000 socios, logrando, junto a la presión de los sindicatos, que se prohibiesen en algunos estados durante años. A pesar de estos esfuerzos, se puede decir que a lo largo del siglo XX la práctica de ‘dar propina’ se terminó convirtiendo en casi un dogma.

La propina es uno de los ‘tópicos’ que sigue sin resolverse a satisfacción. ¿Debemos dar o no propina a la persona que nos presta un servicio? ¿Se pueden ofender si no les damos o les damos ‘poco’? ¿En que cantidad? No hay nada tan fluctuante como este tema. En España, y en Europa en general, las propinas son un pequeño complemento que algunos clientes dejan después de un servicio. Sin embargo, en EEUU, donde el sueldo de los camareros, por ejemplo, es muy bajo, suponen en ocasiones el sustento básico de muchas personas. En realidad la pregunta que subyace en el fondo es… ¿es bueno o no dar propinas? Brandon Ambrosino, escritor de la publicación digital Vox.com y también del The New York Times y otros periódicos de renombre, en un extenso artículo titulado “La propina perpetúa el racismo, el clasismo, y la pobreza: ¡hay que deshacerse de ella!” asegura que no se deben dejar propinas. Y no es el único. Sus argumentos son varios. Desde que la responsabilidad de pagar el sueldo de los camareros no debe incidir en el cliente, hasta que la propina no depende de elementos objetivos. Michael Lynn, al que ya hemos citado antes, también destaca que la correlación entre un buen servicio y una buena propina suele ser bastante débil.

En general la propina se entiende como una recompensa, normalmente de tipo económico, que se suele dar en agradecimiento a un buen servicio. Casi siempre es el cliente quien decide darla o no, y en que cantidad, aunque desde hace un tiempo en determinados países se ha convertido en poco menos que obligatoria, perdiendo entonces, a pesar de que conserve el nombre, su carácter de origen. En la actualidad, ‘dar o no propina’ es un tema discutido y discutible entre los consumidores. Hay quien piensa que puede ser ‘exigible’ como apoyo al sueldo de los trabajadores, mientras que otros, la mayoría, creen que ‘dar propina’ lo único que hace es que los salarios de esos empleados se mantengan en niveles bajos. Finalmente hay quienes siguen viendo a la propina solo como una vieja costumbre.

Propina 02

Alrededor de las propinas se han producido curiosas historias y anécdotas, algunas hasta divertidas. Citaremos solo dos:
Una fue protagonizada en el año 2007 por el entonces ministro de Economía Pedro Solbes, a quien no se le ocurrió otra cosa que afirmar que “las propinas eran una de las causas del aumento de la inflación”. Una frase que ‘soltó’ durante el coloquio que siguió a una de sus intervenciones. Lo hizo cuando creía que los periodistas ya no le podían oír, utilizando un tono informal para justificar de manera ‘didáctica’ la subida de precios con unos argumentos poco afortunados para un experto economista, además de ministro. En su reflexión reconocía que la entrada del euro había tenido un efecto inflacionista en España, sobre todo en los productos de bajo valor, y que los ciudadanos no lo habían interiorizado lo suficiente, añadiendo que un modo fácil de comprobarlo era nuestro comportamiento al dejar propinas, que según él, y aquí viene la barbaridad de su expresión, a veces se dejan hasta el 50% del coste de lo consumido cuando éste es bajo. “No se ha interiorizado que un euro equivale a 166 pesetas y que dejar un euro de propina por dos cafés es exagerado”, aseguró. Poco tardó en ser el hazmerreír de todo el mundo, empezando por la oposición política que enseguida se encargó de propalar las ‘ocurrencias de Solbes’. Y lo hicieron con chascarrillos. Algunos tan originales como: “Pero dónde y con quién toman café Solbes y Zapatero, que sólo pagan 80 céntimos (según Zapatero) y dejan un euro de propina (según Solbes)”, “Que les pregunten a los camareros si ellos dejan un euro de propina”, añadiendo… “Mientras nos piden que comamos conejo (otra de sus ocurrencias) o que no dejemos propina, el Gobierno se gasta miles de euros en campañas de autobombo”. A esta última frase se apuntaron también muchos, criticando al Gobierno por su segunda ‘recomendación’ para reducir la inflación, y que no era otra que incrementar el consumo de conejo, diciendo: “Al tiempo que la ganadería está atravesando la mayor crisis de su historia, esta Navidad ni toca dar propina, ni toca el pavo, lo que toca aquí es conejo”.

Propina 08La segunda anécdota, en este caso ‘simpática’, alrededor de las propinas es la que aparece en una de las secuencias de la película “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino. Seis criminales profesionales contratados para un trabajo, que no se conocen entre sí y mantienen el anonimato escondidos bajo nombres de colores, se encuentran desayunando en un bar. En el momento de pagar, uno de ellos, el señor Rosa, se declara contrario a dejar propina, siendo censurado por sus compañeros. A la mayoría, que paradójicamente estaban planeando el asalto a un banco, les parecía inmoral escatimar ese 15% a las camareras.

No en todos países ni en todos los sitios se ven las propinas bajo una óptica similar. Varían mucho de un país a otro, y a menudo entre ciudades distintas de un mismo país. Los hay como en Japón o China donde no solo no es una costumbre, sino que dejarlas está mal visto. En cambio en EEUU o Canadá en algunos casos son casi obligatorias y en ocasiones incluidas en la cuenta como un complemento del sueldo. En otros, como el Reino Unido o Cuba, siendo voluntaria todo el mundo la espera, o bien siendo una costumbre se deja solo cuando el servicio es satisfactorio, entendiendo como una queja por parte del cliente cuando no se hace así. En este último grupo se puede encuadrar a España y la mayoría de los países europeos (Alemania, Francia,…). También muchos sudamericanos (Argentina, Chile, Uruguay,…). A continuación se relaciona el modo de comportarse con la propina en una serie de países tomados como referencia:

EEUU
En las empresas de servicios dan por hecho que una parte del sueldo de sus trabajadores está formado por las propinas que dan los clientes. Oscilan entre un 10-15 %, y cada vez son más los restaurantes, por ejemplo, que la llevan incorporada en la factura.
Reino Unido
Al igual que en EEUU bastantes restaurantes incluyen la propina en su factura. No así en los bares, aunque es costumbre dejarla.
Cuba
La propina ha sufrido un cambio total, pasando de estar prohibida a ser una costumbre en restaurantes y en el gremio de los taxistas.
Brasil
Los restaurantes la tienen incluida en la factura, aunque desde no hace mucho los camareros de las zonas turísticas se han ‘acostumbrado’ a recibirla como un complemento.
Méjico
Está muy mal visto no dejar propina, pero no suele estar incluida en la cuenta.
Chile
La propina no es obligatoria, sin embargo hay restaurantes que la incluyen sin preguntar al cliente, quien ha de ‘protestar’ si quiere que se la anulen.
Argentina
Suele ser habitual dejarla.
Francia
Se suele dar o no en función de la calidad del servicio.
Alemania
Es el cliente quien decide si dejar propina o no.
Italia
Al igual que en España es totalmente voluntaria.
Rusia
Hasta la desintegración de las URSS las propinas estaban prohibidas, pero a partir de entonces se han convertido en una costumbre.
Japón
No es obligatoria ni los propios trabajadores la esperan, incluso la consideran ofensiva.
Italia
Existe una cultura de la propina, siempre se cuenta con ella como un complemento al salario.
Australia
Aunque no es habitual dejar propina, en las zonas turísticas se ha ido instaurando poco a poco si el cliente se encuentra satisfecho con el servicio.
China
No existe cultura de dejar propina, incluso está prohibida en algunos sitios. Solo los restaurantes muy selectos suelen aplicar un recargo por este concepto.

Propina 11En la actualidad, el movimiento contrario a las propinas está creciendo con fuerza. De hecho en EEUU, diferentes restauradores de Nueva York muy influyentes las han prohibido por considerar que sus trabajadores darán un mejor servicio si a la vez les mejoran el sueldo. En España también están de capa caída, aunque en nuestro caso se trata de una polémica distinta: la causa, mucho más profunda, se debe a la gravedad de la actual crisis económica. El futuro de las propinas no está nada claro, sobre todo si se profundiza en el motivo por el que se deja más dinero que el marcado por el precio de un servicio. Según Michael Lynn, lo lógico sería pensar que si uno paga más del coste es porque quiere que en el futuro le vuelvan a tratar bien, una tesis que pronto se viene abajo con solo observar lo que sucede en la mayoría de los bares y que demuestra que no existe relación entre ‘dar propinas’ con volver al establecimiento. Afirma también Lynn que “en realidad no se hace por un buen servicio sino por la aprobación social, incluidos nuestros vecinos de mesa, que es lo que en el fondo buscamos”. Bastantes clientes confiesan ser más generosos cuando se encuentran acompañados. El diccionario de la RAE define a la propina como “un agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio”. Sin embargo, como se ha podido observar, su significado ha cambiado tanto que en unos sitios se ha convertido en obligatoria y en otros se ve como una ofensa.

No siempre es fácil dar propina. Cuando se recibe un servicio, puede resultar satisfactorio o no. Muchas veces se plantean estas preguntas: ¿es obligatoria la propina? ¿Puede resultar ofensiva? ¿Suena a limosna? ¿Cuánta se debe dejar y a quien? ¿A la persona que nos presta el servicio, al camarero o al establecimiento? ¿Se aceptan en cualquier sitio o no siempre? ¿Funciona igual en todos los países? La realidad es que no hay una única respuesta. Porque por mucho que el diccionario de la RAE la defina como agasajo y muestra de satisfacción, lo cierto es que muchas veces no es voluntaria. En general, no existe ninguna norma sobre las propinas. A veces se deja y otras no. Depende de varios factores. A causa de la crisis económica, la costumbre de ‘dar propina’ ha caído mucho. O lo que es lo mismo, si esta costumbre, de origen aristocrático, dejara de estar bien vista, perdería su razón de ser. Se trata de un incentivo más emocional que racional.

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