Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.

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