“El dios de la guerra”. Christian Cameron

El dios de la guerra 01“El dios de la guerra” nos sumerge en la vida de Alejandro Magno y sus conquistas bélicas (Alejandro III de Macedonia, Pella, Babilonia, 356 a. C.- 323 a. C.). Novela interesante sobre una figura histórica, se vuelve un poco ‘pesada’ en algunos de sus pasajes. A pesar del formato elegido con abundante diálogo para hacerla más atractiva no siempre lo consigue. No obstante, llama la atención por intentar dar a conocer su personalidad a través de sus reacciones más íntimas y las razones que le empujaban a desencadenar una guerra tras otra a veces sin motivos aparentes. El exceso de personajes, que el propio autor dice ha procurado reducir al máximo, es otro de los inconvenientes para seguir de manera fácil la narración. 

Sinopsis
Las habilidades inigualables del exitoso escritor británico Christian Cameron como historiador y narrador hacen de esta novela la versión definitiva de la vida de Alejandro Magno. Un libro lleno de audacia, arrojo, vanidad y grandiosas batallas que nos revela el lado más humano y heroico de un hombre que se creía invencible. Una de las más emocionantes epopeyas históricas jamás escrita.

De niño, Alejandro soñaba con emular las gestas de Aquiles. A los dieciocho años condujo a la victoria a la caballería macedonia contra los griegos en el Quersoneso. A los veinticinco había aplastado a los persas en tres batallas legendarias y era el amo del mayor imperio que el mundo haya conocido jamás. Cuando falleció, invicto, a los treinta y dos años de edad, no quedaban más mundos por conquistar y había superado con creces las proezas de su héroe de infancia. Ahora bien, detrás de la leyenda hubo otra historia más compleja. La historia de un hombre que, impulsado por una insaciable sed de gloria, condujo a un ejército en un extraordinario viaje de diez años desde el Nilo hasta el Indo, persiguiendo un sueño: demostrar que era invencible.

Narrada por su amigo de infancia Tolomeo, esta es la historia de Alejandro en una versión inédita hasta ahora: cruda, íntima, emocionante… La historia de un coraje extraordinario y una fuerza de voluntad inimaginable. De destrucción gratuita e intrigas criminales. La tragedia épica de un hombre que aspiraba a ser más que humano.

Christian Cameron (Pittsburg, 1962) es un escritor e historiador militar. Estudió Historia Medieval en la Universidad de Rochester antes de entrar a formar parte de la Armada de los Estados Unidos, donde sirvió como aviador y oficial de inteligencia. Después de licenciarse inició su carrera literaria dentro del campo de la intriga y el espionaje. En 2008 sorprendió a las letras británicas con la publicación de la serie ‘Tirano’ ambientada en la Antigua Grecia, proyecto que nació en el departamento de Lenguas Clásicas de la Universidad de Toronto mientras cursaba estudios de doctorado. Desde entonces, y tras la publicación de series como Long War o Alan Craik y otras obras ambientadas en la Edad Media o las Guerras Médicas, Cameron se ha convertido en uno de los escritores más conocidos de novela histórica en el panorama literario internacional.

Imperio de Alejandro 01Mapa que muestra el imperio de Alejandro Magno con la ruta seguida a lo largo de sus conquistas.

Con un gran trabajo histórico, “El dios de la guerra” nos lleva por la vida de Alejandro, hijo y sucesor de Olimpia de Epiro y Filipo II de Macedonia, desde su infancia hasta su muerte, dejando solo a la ficción las partes poco conocidas. Obra bien documentada, uno de sus puntos fuertes radica en la precisa descripción del ambiente en que se mueve. Sin embargo, esa misma minuciosidad en el detalle provoca cierta pérdida del hilo conductor, siendo su lectura un poco ardua en ocasiones como también lo indica el autor al final del libro donde explica sus entresijos. Entresacamos algunos párrafos:

“Escribir una novela sobre la guerra… es un juego difícil para un historiador aficionado. Hay muchos, muchos jugadores, y muchos lugares, y, francamente, ninguno es lo bastante bueno. En primer lugar, he tenido que tomar ciertas decisiones, y muchas de ellas han tenido que ver con el hecho de limitar el número de personajes a una cantidad que el lector pudiera asimilar sin que se sintiera su inteligencia insultada. Antígono y su hijo mayor, Demetrio, se merecen su propia novela, como así también Casandra, Eumenes, Tolomeo, Seleuco, Olimpia y el resto. Cada uno de ellos podría haber recibido el tratamiento de héroe y los demás el de villanos”.

“En lo que respecta a la historia estrictamente militar, he tomado varias decisiones que los lectores versados encontrarán extrañas. Por ejemplo, ya no creo en la existencia de los cosoletes de lino, o linothorax, y los he incluido en mis novelas. Tampoco creo que una falange macedonia armada con sarissas fuera mejor que el viejo sistema griego de los hoplitas. De hecho, sospecho que era peor, como sugiere la experiencia de las tempranas artes de la guerra, según la cual cuanto más largas eran las picas, menos esperabas de tus tropas. Los jóvenes granjeros macedonios no eran hoplitas; de hecho, carecían del sistema de apoyo social y cultural que creó a estos últimos. Fueron decisivos en su día, pero hasta que punto eran mejores que el sistema antiguo… bien, más que un cambio tecnológico ello respondió a un cambio cultural, o eso me parece”.

Falange 01Falange macedonia.

“Los elefantes no eran tanques ni un instrumento con el que se conseguían victorias como por ensalmo. A veces eran muy efectivos, y otras al contrario. He intentado mostrar ambas situaciones”.

“Lo mismo puede decirse de los arqueros a caballo. En terreno abierto, con remonta y armas ilimitadas, un arquero a caballo podía ser una pesadilla, pero unos pocos cientos de arqueros en las vastas extensiones en las que solía combatir Alejandro, no representaban más que una pequeña incomodidad. En resumidas cuentas, no creo en la historia militar. En la guerra se ven implicados aspectos económicos, religiosos, artístico, sociales: la guerra es inseparable de la cultura. En el período del que hablábamos no podías coger a un pastor egipcio e intentar convertirlo en un arquero a caballo sin cambiar su modo de vida, su estatus social y económico e incluso, quizá, su religión. Algunas cuestiones sobre tecnología militar ignoran las restricciones impuestas por la realidad de la época y la propia cultura macedonia, que en mi opinión llevaba desde el principio en su seno la semilla de su destrucción”.

“Luego está el problema de las fuentes. Cuanto más sabemos de… más advertimos que debemos ese conocimiento a unos pocos autores, ninguno de los cuales es contemporáneo. Para este libro he estudiado la vida de Alejandro. He contraído una gran deuda con Peter Greene, cuya biografía de aquel he seguido en muchos aspectos. Sin embargo, también he recurrido a fuentes tan opuestas como Arriano (a pesar de su actitud tan veneradora) y la obra de Plutarco sobre Alejandro, que no obstante su tono moralizante posee algunas gemas ocultas. Sospecho que Alejandro Magno no fue un héroe sino el Adolf Hitler de su época. Sospecho asimismo que fue al mismo tiempo un general talentoso y el beneficiario de algunos increíbles golpes de suerte”.

“Por supuesto, y dado que soy principalmente novelista y la historia es para mi solo una afición, en ocasiones las lagunas de las fuentes, e incluso los huecos y vacíos, constituyen los espacios en que se mueven mis personajes. A veces, la falta de conocimiento crea el encanto de determinado pasaje. En otras palabras, espero haber creado una versión verosímil del mundo de Alejandro”.

Con mucho diálogo, “El dios de la guerra” ayuda también a conocer a otros importantes personajes de la historia, comenzando por Aristóteles, famoso filósofo griego, maestro de excepción de Alejandro Magno, quizá la parte donde se trata en más profundidad la formación de su personalidad. Con un estilo narrativo en el que se nota la pasión de Christian Cameron por la historia militar de la Antigua Grecia, nos encontramos con descripciones de batallas demasiado técnicas. Lectura entretenida en general, tiene también sus partes espesas. La salva su acertado estilo narrativo. En ocasiones no es una novela fácil de leer, pero merece la pena.

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