Hilando Recuerdos. Reinosa, Primavera de 1987 (y II)

Quizá sea el momento de completar esta pequeña historia sobre los sucesos de Reinosa 1987, tristemente célebres por las circunstancias que rodearon a una situación industrial y social no deseada por nadie, que en ocasiones llegó a adquirir tintes surrealistas. Si nuestro primer post giraba alrededor de mis vivencias personales, esta segunda parte recogerá aportaciones de otras personas y relatos, como “Reinosa contra el miedo”, incidiendo con más detalle en las causas que motivaron un desenlace nunca esperado. Se trata de testimonios, ese sería su término correcto, vividos a lo largo de unos meses muy difíciles en la calle, en las empresas, de manera muy especial en la factoría “La Naval” de Reinosa, fuente de todo el conflicto, y, como no, en las familias de todo un pueblo.

La Naval 01En primer término, la fábrica de La Naval. Al fondo, el pueblo de Reinosa.

El inicio de la construcción en 1918 de lo que siempre fue y será La Naval, más tarde Astilleros Españoles, en ese año 1987 Forjas y Aceros, luego Sidenor, y hasta hace muy poco Gerdau, multinacional brasileña, significó el desarrollo industrial para una comarca donde la gente joven veía su primera oportunidad en entrar en su Escuela de Aprendices (1925), salir con un oficio, para luego trabajar en la empresa de su ciudad. Era una manera de paliar la emigración, una constante en la comarca de Campoo hasta esos años, que duró hasta bien entrada la década de los 70 en que de nuevo comenzó un éxodo demográfico, lento al principio, que afectó también a los municipios vecinos con el estancamiento industrial. Es a partir de 1979 cuando se produce una preocupante caída del empleo que tiene su colofón en el año 1987 donde la sensación general fue que Reinosa había sido abandonada por los poderes públicos. Un aislamiento y olvido que culmina el 7 de marzo de ese año con el anuncio en la prensa regional del expediente de regulación que trajo consigo 463 excedentes para Forjas y Aceros. Un golpe muy duro, no solo por su alcance, sino porque si bien se había comentado que la empresa necesitaba algún ajuste, nunca se pensó en que habría despidos traumáticos y más en una cantidad tan importante. Fue el detonante de unos sucesos que, aunque continuados durante un tiempo, tuvieron dos fechas claves: una, el 12 de marzo cuando se produce la ‘retención’ del presidente de la empresa Enrique Antolín, que tiene como colofón la ‘rendición’ de un grupo de guardias civiles que se habían adentrado en un callejón sin salida, nunca mejor dicho; y la otra, el 16 de abril, festividad de Jueves Santo, donde la Guardia Civil para muchos se tomó su ‘revancha’ arrasando con todo lo que encontró a su paso y provocando situaciones nunca pensadas, ni siquiera imaginadas.

Los sucesos tuvieron su inicio al día siguiente de anunciar en la prensa las rescisiones de contrato, comenzando a circular informaciones escritas sobre la inminente marcha del presidente de Forjas y Aceros a la consejería de Obras Públicas del Gobierno Vasco. Fue algo inesperado que desencadenó los acontecimientos narrados en nuestro primer relato al presentarse el presidente Enrique Antolín el 11de marzo, víspera de su nombramiento, con la intención de despedirse de sus colaboradores más cercanos y del propio comité de empresa. Una noticia que cayó como una bomba, pues muchos pensaron que todo estaba pactado y el ajuste duro en marcha. Enseguida se extendió la noticia de su presencia generándose un movimiento ‘espontáneo’ entre los trabajadores que se concentraron delante de las oficinas generales donde tenía su despacho, que terminó con el presidente y sus colaboradores más cercanos ‘encerrados’ en sus propias oficinas. Una situación que se fue deteriorando por las posturas intransigentes de unos y otros, que desembocó en la decisión de ‘retener’ a Enrique Antolín hasta el día siguiente, impidiendo de esa forma su toma de posesión en el nuevo cargo del Gobierno Vasco.

Barricada 02Barricada levantada a la entrada de la fábrica el día anterior a los sucesos con varias piezas encima de una plataforma de transporte. Al fondo, los trabajadores, y en primer término, de espalda, la Guardia Civil, que se retiró más tarde tras varias negociaciones.

Todo se complicó a medida que pasaba el tiempo. A través de las radios locales, el pueblo de Reinosa es informado de lo que estaba sucediendo en la empresa. Según transcurren las horas, el resto de trabajadores a los que no les correspondía ese turno, a los que se suman familiares y curiosos, se empiezan a concentrar en la entrada de la factoría. A su vez, se acuerda cerrar todos los establecimientos del pueblo como muestra de apoyo con lo que está ocurriendo en el interior de la empresa. Transcurre el tiempo y la situación no varía. Cada vez se tiene más claro que la intervención de la Guardia Civil no se debe descartar. El fácil ‘rescate’ del presidente de su despacho, unido a su propia seguridad por la gran crispación que se estaba generando, hace que el comité de empresa le decida trasladar a una ubicación más segura. Se le plantea entonces a Enrique Antolín la necesidad de llevarlo a otra zona de la fábrica, garantizándole su seguridad, y los trabajadores inician el abandono de las oficinas formando en el exterior un cordón ‘protector’ a modo de escudo del presidente. Éste se reúne con su equipo directivo, pero pasa el tiempo y no sale. Pasa más tiempo y la situación sigue igual. Hasta que llega un momento que explota, se vuelve incontrolable. Los trabajadores entran de nuevo en las oficinas, derrumban la puerta de su despacho, y le obligan a salir a la fuerza en medio de toda una marabunta a través de un pasillo de casi un kilómetro de longitud hasta las inmediaciones del “bunker”, llamado así por ser un edificio de ‘obligada’ inaccesibilidad, con unas paredes de hormigón de gran espesor, destinado a realizar las radiografías de piezas para la industria de energía nuclear y otras similares. Allí es donde va a permanecer ‘retenido’ Enrique Antolín y el equipo directivo que le acompaña.

Habían pasado pocas horas cuando a media tarde se presentan dos compañías de la Guardia Civil a la entrada de la empresa. Antes ya se había levantado una barricada. Se producen los primeros incidentes con disparos de pelotas de goma incluidos. Intervienen el delegado el Gobierno, el alcalde de la ciudad, el comité de empresa y la propia Guardia Civil, que al final se retira. En paralelo, durante toda la tarde y parte de la noche se mantienen conversaciones con las autoridades del INI para intentar la retirada del expediente. Al final, ya de madrugada, se consigue contactar con uno de sus máximos responsables para transmitirle las reivindicaciones pero se produce un corte en la línea telefónica que obliga al comité a trasladarse a otras dependencias. La impresión, en principio, no es del todo pesimista cuando de nuevo ocurre otra interrupción. Sin embargo, en esta ocasión se comprueba que el teléfono ha sido cortado desde fuera de las dependencias de la fábrica lo que deja a todos incomunicados. Un corte sobre el que más tarde se hicieron todo tipo de especulaciones y cuyo origen nunca ha sido aclarado.

Barricada 01 A un lado, los trabajadores encerrados, al otro vecinos del pueblo de Reinosa, y en medio la barricada, tras la retirada previa de la Guardia Civil el día anterior a los sucesos. Foto Diario Montañés.

La noche transcurre con la gente encerrada en las instalaciones, distribuida por los talleres en medio de un gran desorden como hemos descrito con detalle en nuestro post anterior. Al amanecer, al permanecer las comunicaciones telefónicas cortadas, se presenta la Guardia Civil para conocer la situación. Al poco tiempo se empiezan a notar movimientos extraños. Durante la noche ya se había observado la presencia de personas desconocidas, pero como mucha gente del pueblo, familiares y amigos, habían estado acompañando a los trabajadores, era difícil asegurar su procedencia. Una de las versiones que circuló fue que esos posibles ‘infiltrados’ tenían como objetivo principal confeccionar planos de las instalaciones con la disposición de su interior, de manera especial el enclave exacto del “bunker” donde se encontraba encerrado y ‘retenido’ Enrique Antolín, presidente de la empresa.

Todo hacía presagiar que la llegada de un nuevo día traería novedades. Amanece. Trabajadores y vecinos del pueblo, que habían pasado la noche juntos, charlan sobre el devenir de los acontecimientos, cuando de pronto, sobre las 8 de la mañana, comienzan a oírse explosiones y ruidos de disparos procedentes de la zona donde se encuentra retenido Enrique Antolín. Empieza también a sonar con insistencia la sirena de la fábrica, que siempre se activa para avisar a la población en casos de incendio o algún tema grave. La realidad era que… ¡¡se estaba produciendo el ataque por sorpresa de la Guardia Civil!! Un contingente de 300 números llegados a lo largo del día anterior es el encargado de apoyar la logística y efectuar directamente el ‘rescate’ del presidente. La primera impresión fue tremenda, actuando en conjunto distribuidos por las instalaciones. Un grupo especial salta la tapia exterior más cercana al “bunker” armando un gran alboroto con artefactos, explosiones, porras, fusiles y demás ‘herramental’ que traían preparado. A su paso van provocando el miedo y el estupor, al tiempo que alejan a todo el personal que encuentran en medio de botes de humo, disparos de pelotas de goma y gritos amenazantes. Una acción no solo dirigida a la liberación del presidente de la empresa, sino que parte de la fuerza operativa se despliega por toda la fábrica como una misión de fuerza. A base hachazos rompen la puerta de madera de entrada al “bunker”, penetran en su interior y rescatan con gran facilidad a Enrique Antolín y a su equipo directivo. Los talleres, donde se encontraban refugiados la mayoría de los trabajadores, también sufren el mismo acoso. Una lucha desigual que tras varios choques y enfrentamientos finaliza después de que se establezca un diálogo entre el comité de empresa y los mandos de la Guardia Civil.

Parque de Cupido 01 A la derecha, el parque de Cupido, donde ocurrieron serios enfrentamientos con la Guardia Civil. En primer término una tanqueta presta a impedir el paso, y al fondo grupos de gente a la espera de acontecimientos. Foto Diario Montañés.

Ese día todo el pueblo se había levantado muy pronto. Preocupados, la inquietud era general. Mucho más tras escuchar la sirena de la fábrica que incitaba a pensar que algo grave estaba sucediendo. Los estudiantes, ya algo ‘revueltos’ desde días antes con sus propias reivindicaciones, junto a muchas personas que habían estado en la empresa la tarde y noche anterior, deciden dirigirse hasta su entrada principal para confirmar lo que podía estar ocurriendo. Lo hacen de forma precipitada y se encuentran con que no es posible acceder a su interior: ¡todas las entradas estaban custodiadas por la Guardia Civil! Sin embargo, la mayoría opta por permanecer allí mismo concentrados a la espera de que la situación se aclare.

Pronto se conoce que Enrique Antolín había sido “rescatado” y trasladado hasta Bilbao para la toma de posesión de su nuevo cargo. Los trabajadores que permanecen aún en el interior de la empresa deciden reunirse en asamblea con el fin de realizar un análisis de la situación y acordar las posibles medidas a tomar. Ni siquiera da tiempo a iniciarla, pues comienza a circular la noticia de que se estaba produciendo un fuerte enfrentamiento entre la Guardia Civil y un grupo de estudiantes en el Parque Cupido. Salen todos ‘disparados’ hacia para acudir en su defensa, porque más de uno pensaba que algún familiar podría estar en medio de la refriega. Su llegada repentina provoca un gran desconcierto entre los guardias, que muy inferiores en número formaban parte de un contingente de apoyo no relacionado directamente con el asalto realizado en la fábrica, que iba en dirección a su cuartel cuando por casualidad se vieron envueltos en todo el lío. Los guardias civiles, viendo el cariz de los acontecimientos, optan entonces por batirse en retirada con tan mala fortuna que se meten en un callejón sin salida. Nunca mejor dicho, pues se trataba de una calle con entrada, pero sin ninguna salida. Una calle tapón. Algo incomprensible que solo puede atribuirse a su desconocimiento del pueblo. Hay quien opina que viéndose en inferioridad decidieron buscar protección en la calleja, donde sus edificios permitían un cierto refugio, sin saber que se trataba de una calle cortada. Lo cierto es mientras intentan buscar resguardo, se dan cuenta como su situación empeora por momentos frente a una multitud encolerizada lanzándoles piedras de continuo. Una situación que se vuelve esperpéntica cuando la gente se da cuenta que se les está acabando la munición de pelotas de goma, que al final termina con todos, guardias y vecinos, utilizando las piedras a modo de proyectiles como única munición de defensa.

Callejón sin salida 01Callejón sin salida donde un grupo de guardias civiles es arrinconado por los vecinos del pueblo de Reinosa. Se les puede distinguir al fondo. Aunque en nuestro primer post sobre los sucesos de Reinosa 1987 hemos incluido una foto mucho más cercana y nítida donde se les puede ver refugiados entre un grupo de árboles.

Pero los guardias civiles también disponían de balas para hacer fuego real y hay quien asegura que se produjo algún disparo al aire, solo para intimidar. Sin embargo, deciden no emplearlas contra las personas, primando por encima de todo la serenidad y el sentido común en un momento tan grave cuyas consecuencias eran imprevisibles. Al final, muchos ‘espectadores’ que observaban incrédulos la escena desde la lejanía se fueron acercando para ver algo asombroso y a lo que no daban crédito: ¡¡los guardias comenzaban a ondear pañuelos blancos en señal de rendición!! A partir de ahí empieza una fase de negociación entre las partes que termina con la propuesta de llevarlos a la empresa en calidad de ‘retenidos’ para acordar las condiciones en que se les dejaría marchar. Y así se hace. No sin antes evitar algunas reacciones de los más exaltados. En el lugar de los sucesos quedaron para la historia los restos del enfrentamiento, algún que otro fusil y también más de un tricornio. ¡Muy poco para lo que pudo haber sucedido! Y sin más, en medio de un pasillo formado por trabajadores y vecinos, son trasladados hasta la fábrica de La Naval. Aunque no llegan a realizar el recorrido completo. Muy cercanos ya a la entrada, poco antes de enfilar el puente sobre el río Hijar, se topan con otro grupo de guardias civiles que estaban allí apostados. Su sorpresa fue mayúscula al ver a sus compañeros y con ellos una multitud de gente. Nadie sabe que hacer, todos se quedan quietos. Hasta que por fin el mando del contingente previendo las posibles consecuencias les deja pasar y se dirigen todos a entablar negociaciones a las oficinas de la empresa. Allí se llega al acuerdo de que los guardias ‘retenidos’ quedarán ‘libres’ si se devuelven las documentaciones incautadas antes a los manifestantes. Después, con el fin de no incrementar la gravedad de la situación, que podía ir a mayores sin duda, las fuerzas de orden público deciden retirarse, acompañados por algunos miembros del comité de empresa cuya presencia fue requerida por motivos de seguridad.

Era mediodía y el ambulatorio de Reinosa aún seguía colapsado por los heridos de ambos bandos que a lo largo de la mañana no habían cesado de llegar. A pesar de la indignación, todos los contusionados fueron atendidos y en el caso de los guardias civiles también protegidos y evacuados. Fue el colofón de unos acontecimientos que la mayor parte de los medios de comunicación a nivel nacional señalaron con un único culpable: los trabajadores y el pueblo de Reinosa, calificando de secuestro la ‘retención’ de Enrique Antolín a pesar de que la acción desmedida de la Guardia Civil no dejó lugar a dudas, pues solo bastaba ver el más de un centenar de heridos como así lo hizo constar la prensa regional en su momento. ¡¡Seguro que la ‘rendición’ de un grupo de guardias civiles, acorralados, pañuelo en alto, tuvo mucho que ver con lo publicado!! Hasta el punto que más tarde se nombró un fiscal especial para determinar posibles responsabilidades de los ciudadanos de Reinosa por detención ilegal, coacciones y atentado a la autoridad.

Guardias civiles 01Grupo de guardias civiles antidisturbios en dirección a su cuartel después de una de las muchas escaramuzas habidas con los trabajadores y vecinos de Reinosa.

Pero no todo quedó ahí después de la jornada fatídica del 12 de marzo de 1987. Los despidos no fueron retirados. Las movilizaciones continuaron. Se realizan concentraciones diarias, se paraliza el tráfico ferroviario, se cortan las carreteras y prosiguen las huelgas y manifestaciones. También las marchas de los trabajadores por toda Cantabria para informar del problema laboral y social en el que se encuentra inmersa la comarca. El Gobierno envía grupos de guardias civiles cada vez más numerosos que se acuartelan en los alrededores, rodeando en la práctica a todo el pueblo. Una situación que se vuelve cada vez más peligrosa y desesperada, y que culmina con una manifestación multitudinaria el 12 de abril en Santander en solidaridad con el pueblo de Reinosa y contra el desmantelamiento industrial de Cantabria. Algún periódico nacional publicaba con buen tino: “Hasta ahora la única alternativa ha sido el envío progresivo de fuerzas de seguridad, pero el conflicto puede volver a estallar en cualquier momento”. Por desgracia, así sucede. Era la mañana del 16 de abril y la gente estaba cansada de las refriegas del día anterior. Como en días pasados, vuelven los guardias civiles de sus acuartelamientos de los alrededores, pero en vez de dirigirse a su cuartel de Reinosa para dejar ‘aparcados’ sus jeeps, tanquetas, autobuses y camiones, cambian de estrategia y a primera hora de la tarde aparece la ciudad prácticamente tomada por las fuerzas de seguridad, que ocupan posiciones claves en los sitios más conflictivos (calles cercanas a su cuartel, estación de ferrocarril, parque de Cupido,…) con tanquetas y un par de helicópteros de apoyo, a los que por su ruido y estridente colorido enseguida se les apodó como la ‘abeja maya’.

La mayoría de la gente, que como en otras ocasiones se dirigía a la concentración diaria, al ver lo que estaba ocurriendo decide no seguir por miedo a una encerrona, pasando a ocupar las calles como en cualquier otra tarde paseo. ¡Había guardias por todas partes! Eran las cuatro y media de la tarde y el tren Talgo Santander-Madrid enfilaba el andén de la estación. Su pitido anunciando la llegada coincide justo con la orden de ataque de la Guardia Civil. La gente se mete deprisa, como puede, en los portales, en las casas o en los bares. Las tanquetas comienzan a circular disparando pelotas de goma, acompañadas por grupos de guardias a pie que incluso penetran en los portales y detienen a las personas que consideran ‘sospechosas’. En días anteriores ya se venía anunciando en los medios de comunicación, no se sabe muy bien por qué, que en Reinosa había grupos organizados de ‘alborotadores’. La violencia fue tremenda como así lo cuentan innumerables testigos. Las tanquetas pasaban por las calles a gran velocidad disparando sobre todo aquel que no obedecía sus órdenes, repitiendo de forma continuada por la megafonía: ¡¡Todo mundo en casa con las persianas bajadas!! Los botes de humo, en gran cantidad, hacen su aparición en medio de un tremendo caos. Sin embargo, a pesar de todo, en algunas zonas la gente les hace frente obligándoles a retroceder. Pero enseguida llegaban más guardias y de nuevo a refugiarse. ¡¡Era una lucha desigual!! Nadie podía creer lo que estaba pasando. Hasta que por fin, a media tarde, la Guardia Civil decide dar una tregua y retirarse. No se sabía ni el número de detenidos ni los destrozos causados. Todo el mundo buscaba y preguntaba.

Tren 01Una de las refriegas habidas en la estación de ferrocarril de Reinosa entre guardias civiles y trabajadores que intentaban cortar el paso del tren.

La calma duró muy poco. Con las calles otra vez repletas, la llegada de un nuevo tren provoca de nuevo el despliegue de las tanquetas, los lanzamientos de pelotas de goma y botes de humo y el consiguiente apoyo de los helicópteros. Pero en esta ocasión la actuación de la Guardia Civil fue mucho más dura, ocupando espacios nunca pensados, como el Ambulatorio, aunque por breves momentos, y otros lugares más o menos públicos. La mayoría de las personas comentaron después que: “¡Aquel día venían a dar un castigo por los sucesos del 12 de marzo en represalia por la ‘encerrona’ a sus compañeros en aquel callejón sin salida!”. Uno de los mayores despropósitos, del que finalmente desistieron, que viví en primera persona y ya narré en mi primer post, estuvo a punto de producirse en su intento de penetrar en la Iglesia Parroquial donde estaban a punto de celebrarse los oficios litúrgicos del Jueves Santo. Algunas personas conseguimos entrar poco antes de que comenzaran a disparar pelotas de goma contra la puerta de entrada. Por suerte fue cerrada en el último momento, no sin antes comprobar como alguna llegó a alcanzar el interior tras rebotar contra una de las hojas de la puerta, siendo recogidas más tarde por los sacerdotes. Fueron muchos los que intentaron ir a los oficios de las 7 de la tarde de aquella Semana Santa que tuvieron que volverse con rapidez a sus casas. Entretanto, en el interior de la iglesia, no se sabía muy bien que hacer, si se iban a poder celebrar los actos o no. Al final se optó por no hacerlo al tiempo que sonaron las campanas durante más de un cuarto de hora con el fin de intentar calmar la situación exterior. Poco más tarde, algunas personas pudimos abandonar la iglesia por una puerta trasera, medio ‘escondidos’ por las aceras de las calles menos transitadas hasta llegar a nuestras casas. Por lo que me han contado después, fue el propio sacerdote, quien viendo la avalancha de gente que venía a refugiarse al interior de la iglesia huyendo de las cargas, además de las personas presentes en los oficios, quien ante el peligro de que pudieran entrar también los guardias salió a la puerta conminándoles a no pasar, no sin antes recibir algún que otro improperio. La mayoría de las personas que decidieron quedarse en el templo por miedo a salir aún tuvieron que permanecer bastante tiempo hasta que todo se fue calmando.

Pero la situación no terminó ahí. Se recrudeció mucho más con nuevas incursiones de la Guardia Civil, que dieron lugar a serias consecuencias como el incendio de una funeraria, que al encontrarse justo al lado la instalación de calefacción de todo el edificio, hizo pensar a más de uno en una posible catástrofe al estar el depósito de fuel oil casi lleno. Poco antes ya había tenido lugar otra incursión con lanzamiento de botes de humo en el campo de futbol del CD Naval donde se estaba celebrando un partido, que provocó el pánico entre jugadores y público obligando a suspenderlo durante un tiempo. Ese día de Jueves Santo la situación se tornó tan grave que gracias a las emisoras de radio, locales y regionales, presentes en directo, se pudo dar a conocer y seguir en todo momento el desarrollo de los acontecimientos. Más tarde, muchos de sus corresponsales fueron acusados de faltar a la verdad, aunque al final ésta se terminó imponiendo. Sin embargo, en los días siguientes, parte de la prensa nacional siguió tachando de irresponsables al pueblo y los trabajadores de Reinosa y, según los mandos de los antidisturbios, de aplicar técnicas de guerrilla urbana.

Enfrentamiento 01Grupos de manifestantes intentando cortar el tren en un paso a nivel mientras se protegen con contenedores de basura de los disparos de pelotas de goma de los guardias civiles que tratan de impedirlo.

El suceso más grave de todos los enfrentamientos habidos en Reinosa en aquella primavera de 1987 ocurrió ese Jueves Santo, provocando fechas más tarde la muerte de un trabajador, Gonzalo Ruiz, a consecuencia de las lesiones sufridas. Ese día Gonzalo había decidido dejar abierto el bajo de su vivienda para utilizarlo como refugio en caso de necesidad. Junto a otros tres compañeros, así lo hizo durante una de las cargas. Los guardias civiles, con el fin de que los encerrados salgan y se entreguen, arrojan botes de humo en el interior advirtiéndoles desde el exterior que lo hagan de inmediato por el peligro de asfixia. Así lo hacen, pero tardan más de lo aconsejable, siendo llevados al cuartel donde Gonzalo, que estaba algo herido de un suceso anterior y no se encontraba en buenas condiciones, no recibe asistencia médica inmediata. Le llevan con urgencia al Ambulatorio, que de inmediato lo traslada en una ambulancia al hospital de Valdecilla en Santander donde queda en observación. A pesar de que los síntomas por intoxicación de humo suelen tardar hasta tres días en mostrarse en toda su crudeza, a la mañana siguiente es enviado a su casa a la que llega quejándose de problemas en la respiración. Así sigue durante unos días hasta que de nuevo es ingresado en el hospital de Santander donde fallece al poco tiempo.

Todo cambia a partir de ese fatídico día de Jueves Santo. Las gentes de la comarca de Campoo comienzan a movilizarse a todos los niveles. No pueden olvidar lo sucedido. Se producen declaraciones públicas de apoyo de todos los colectivos condenando de forma unánime los graves hechos ocurridos. A pesar de estar prohibidas, las concentraciones son continuas. Todo el pueblo se une más que nunca en la condena de unos hechos impensables, que sin embargo algunos pretendieron manipular a conciencia. La gente se siente pisoteada e indignada. Se suceden las reuniones y los movimientos ciudadanos. Las televisiones graban diariamente lo que acontece, incluso algunas venidas de otros países. Los sentimientos de dolor e indignación, que habían estado un tanto contenidos, explotan. Entran de nuevo en acción las barricadas, los cortes en las vía del tren, que desembocan en una huelga general en señal de luto por el fallecimiento de Gonzalo Ruiz. Las reacciones oficiales a nivel nacional son muy contenidas. Nadie puede creer aún lo que ha pasado. El pueblo de Reinosa despide a Gonzalo Ruiz en su entierro en medio de un gran dolor. De las ventanas de las viviendas cuelgan cientos de sábanas blancas con crespones negros. Esa tarde, más de 15000 personas, en un impresionante silencio, recorren la distancia entre la casa del fallecido y la plaza del ayuntamiento. Sin gritos, sin pancartas. Solo una con el nombre de Gonzalo Ruiz va a la cabeza de la manifestación en señal de duelo.

Manifestación 01Una de las muchas manifestaciones celebradas contra el desmantelamiento industrial de Reinosa y toda la comarca campurriana.

En los días siguientes al entierro se producen movilizaciones para exigir responsabilidades. La Guardia Civil elude la suya al considerar que no la tiene. Durante meses se abrirá una larga polémica sobre las causas de la muerte de Gonzalo Ruiz. Se filtran informaciones interesadas que obligan a desmentidos hasta del propio hospital de Valdecilla, que mantiene que las lesiones internas producidas lo fueron por inhalación de gases. Incluso emite un comunicado al efecto. Todo en medio de declaraciones contradictorias, pues hasta esa fecha nadie había muerto en España por aspiración de gases procedentes de botes de humo. Se entra en una maraña legal que se prolongará mucho tiempo. El resultado final es de sobra conocido: el expediente de regulación de empleo siguió su curso con más de 300 despidos directos, además de otras medidas. Un cierto cansancio y desmoralización se extendió a todos los niveles. Se dieron por terminadas las negociaciones y también las movilizaciones. En los momentos decisivos no todos estuvieron como se pensaba. Pero una cosa sí quedó clara: el espíritu de solidaridad de un pueblo, Reinosa, que siempre estuvo a la altura esperada.

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One Response to Hilando Recuerdos. Reinosa, Primavera de 1987 (y II)

  1. martín calleja dice:

    una fabulosa narración

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