Méjico 68. Bob Beamon y Dick Fosbury, revolución en el salto de longitud y de altura

Los Juegos Olímpicos de Méjico 1968 siempre serán recordados por algunos hechos que causaron auténtica conmoción. La mayoría deportivos. Aunque también los hubo de tintes políticos como el famoso saludo ‘Black Power’ protagonizado por dos atletas negros de EEUU. Desde el mismo anuncio de su candidatura estuvieron envueltos en la polémica. Incluso se llegó a proponer su retirada por entender que competir a 2240 m. de altitud sobre el nivel del mar traería consecuencias negativas para los deportistas, obligando a intervenir a finales de 1967 al propio presidente del COI, Avery Brundage, que manifestó: “Hemos sido criticados por otorgar los Juegos a una ciudad que está a una mejico-68-02milla y media por encima del nivel del mar, pero los Juegos Olímpicos pertenecen al mundo, Norte y Sur, Este y Oeste, caluroso y frío, seco y húmedo, alto y bajo, y Méjico será el primer país de América Latina e hispanoparlante en tener el honor de celebrar los Juegos. En cuanto a la altitud, beneficiará a los atletas en algunos eventos y les dificultará en otros, pero al final es lo mismo para todos, y los objetivos del Movimiento Olímpico no son simplemente romper plusmarcas”. Por fortuna, las tres semanas preolímpicas internacionales organizadas entre 1965 y 1967 acabaron con la controversia. A los atletas se les realizaron todo tipo de mediciones fisiológicas para estudiar el efecto de la altitud y los resultados, que no dejaron duda, fueron avalados posteriormente por el XII Congreso Nacional de Neumología y Cirugía de Tórax diciendo: “ Si un atleta está entrenado debidamente y se le aclimata con la anticipación necesaria, no tendrá ningún problema”.

Pronto se cumplirán 50 años de unos Juegos donde como en otras ocasiones intervino la política. Esta vez sucedió en el podio de los ganadores de la carrera de 200 metros lisos, escenario de uno de los momentos icónicos del siglo XX. Mientras la gente se manifestaba en muchas partes del mundo en contra del apartheid en Sudáfrica y la segregación racial en Estados Unidos, los corredores estadounidenses Tommie Smith (1º) y John Carlos (3º) levantaban su puño envuelto en un guante negro, que representaba la pobreza de su raza, al comenzar a sonar el himno nacional de su país en muestra de solidaridad con las personas que luchaban por los derechos humanos. Al acabar la ceremonia, después de su saludo conocido como ‘Black Power’, ambos atletas fueron abucheados por el público y expulsados de los Juegos. También el australiano Peter Norman (2º) fue denigrado más tarde en su país por portar en el mismo acto, al igual que los otros dos atletas, una placa del OPHR (Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos) como símbolo de apoyo.

Bastantes años después, Tommie Smith, que como ya hemos dicho había sido en esos Juegos el primer atleta en correr los 200 m. lisos en menos de 20 segundos (19,83), confesaba, entre otras cosas, en una entrevista:

black-power-mejico-68¿Qué os dijisteis entre vosotros, John Carlos, Peter Norman y tú, antes de subir al podio?
“Tuvimos una conversación larga y difícil. Norman expresó su idea de los derechos humanos. Cuando subió al podio llevaba una chapa del OPHR como símbolo de su creencia en los derechos humanos. No los derechos de los negros en este país, sino los derechos humanos, y eso incluye los derechos de los negros. Tommie Smith y John Carlos llevaban la misma chapa, y eso los ligaba a creer en los derechos humanos. Ese hombre hizo una gran carrera. Corrió con gran autoridad, sobre todo los últimos seis metros, y se llevó la plata. Cuando regresó a su país, donde también había problemas con la gente de color, en especial los aborígenes, no fue bien recibido. Lo vilipendiaron por subir al podio con una chapa”.

¿De quién eran los guantes?
“Los guantes eran de Tommie Smith. Yo usé el derecho, y John Carlos el izquierdo. Le di uno a John Carlos porque habíamos hablado de hacer algo y terminó siendo lo de alzar los puños en el aire. Un grito por la libertad, así lo llamo yo. No necesariamente de Poder Negro. Éramos atletas jóvenes y negros los que lanzábamos ese interrogante, y la gente lo empezó a llamar Poder Negro porque creían que estábamos haciendo lo mismo que los Panteras Negras en Estados Unidos”.

Tan solo añadir que el ‘Black Power’ (‘Poder Negro’) fue un eslogan político de varias ideologías asociadas al mismo utilizado por diversos movimientos en defensa de los derechos de las personas de raza negra por todo el mundo, en especial en los años 60 y principios de los 70 por los afroamericanos de los EEUU. Surgió como crítica a la actitud pacifista de otros movimientos similares como el liderado por Martin Luther King que defendía la agitación, pero sin recurrir a medidas físicamente violentas. Luther King nunca se mostró a favor del ‘Black Power’, aunque lo cierto es que su retórica en ocasiones se aproximaba en los principios.

El atletismo siempre ha sido considerado el deporte rey de los Juegos Olímpicos y en Méjico 68 con mayor razón si cabe. La competición en sí ya fue una auténtica revolución. Por primera vez se utilizó tartán en las pistas, fibra de vidrio en las pértigas, colchonetas de espuma para la caída del salto, el cronometraje electrónico de manera oficial o el sistema de filmación  ‘Photosprint’ para decidir el ganador en las llegadas muy apretadas. Otros aspectos como los 2240 m. de altitud anunciaban marcas espectaculares entre las que merece la pena destacar, amén de los 26 récords olímpicos y 15 mundiales, la primera vez que un atleta, Jim Hines (EEUU), bajaba de 10 segundos (9,95) en la carrera de 100 m. lisos o Tommie Smith (EEUU) lo hacía a su vez de 20 segundos (19,83) en los 200 m. lisos. Y así hasta un largo etcétera. Aunque si por algo se recordarán estos Juegos será por el asombro que causaron en todo el mundo las pruebas de saltos de longitud y de altura.

bob-beamon-01Bob Beamon en Méjico 68 en uno de sus saltos en la prueba de salto de longitud.

El record de mayor calidad sin duda se produjo en el salto de longitud. Protagonizado por Bob Beamon (EEUU) con sus estratosféricos 8,90 m. fue considerado como el ‘salto del siglo’. Poseedor de la mejor marca mundial del año (8,33) era el favorito para vencer en la prueba, pero lo que nadie podía pensar era que su carrera de 19 zancadas acabase en un salto que superaba en más de 50 cm. el record anterior. ¡Una barbaridad! Fue un salto perfecto al que también contribuyó el viento que soplaba a la máxima velocidad permitida (2 m/seg). Nada más conocer su proeza, Beamon se abrazó a todos sus rivales y caía al suelo preso de emoción por algo parecido a un ataque cataléptico. Había accedido con muchas dudas a la final el día anterior, pues durante la calificación sus dos primeros saltos fueron… ¡nulos! Sin embargo, al día siguiente, ya entre los mejores, su gran momento llegó pronto. En el primer intento… ¡se elevó como nunca! Enseguida se dio cuenta, pero ni por asomo pensaba llegar a algo tan extraordinario. Una hazaña que nadie podía creer en un primer instante. Ni el propio Beamon ni tampoco los jueces, que retrasaron mucho el anuncio en el marcador, entre otros motivos por no disponer en aquel momento del material adecuado para medir un salto tan largo. Lo tuvieron que hacer varias veces, discutieron entre ellos, comprobaron que la velocidad del viento era la permitida, y finalmente los 8’90 m. derrumbaron de emoción y admiración a todo el mundo. Fue tan extraordinario que a partir de entonces se acuñó el término ‘Beamonesque’ para referirse a cualquier hecho espectacular, fuera de lo común, en las pruebas de atletismo.

Dos días más tarde, Dick Fosbury (EEUU) dejaba también asombrados a sus rivales por la forma insólita de ejecutar el salto de altura. Hasta entonces, todos los saltadores lo habían hecho con las técnicas del estilo ‘tijera’, ‘rodillo costal’ o ‘rodillo ventral’ corriendo siempre de cara al listón al que atacaban en línea recta. En los inicios de de esta disciplina a comienzos del siglo XIX los primeros saltadores lo franqueaban con el estilo ‘tijera’, que consistía en tras una corta carrera afrontar el listón con un movimiento de ‘tijera’ en las piernas, pasando primero una y luego la otra, con el que se llegó hasta una altura de 1,97 m. Más tarde, se introdujo la primera mejora con el ‘rodillo costal’ (o ‘californiano’) donde el atleta ‘rueda’ lateralmente sobre el listón y con el que se consiguió superar la barrera ‘psicológica’ de los 2,00 m. Finalmente, el último avance antes de llegar al ‘Fosbury Flop’ de Méjico 68, fue el ‘rodillo ventral’, un perfeccionamiento del ‘costal’, en el que el atleta ataca al listón de frente, se sitúa sobre él, pasa primero una pierna y un brazo y luego gira sobre su propio cuerpo antes de iniciar la caída una vez rebasado.

sin-titulo-1Evolución a lo largo del tiempo de los distintos estilos en la disciplina de salto de altura.

En los Juegos de Méjico 68 ocurrió una autentica revolución en el salto de altura. El estadounidense Dick Fosbury siempre había creído que su peculiar forma de salvar el listón era mucho más técnica y efectiva que los diferentes estilos practicados hasta entonces. De hecho lo llevaba haciendo desde los 16 años en su época de estudiante en la Universidad de Oregón. Había desarrollado un estilo inédito, con el con el que ganó el título universitario y trials de preselección para los Juegos, que consistía en “coger carrera de forma transversal para, poco antes de llegar al listón, girarse y atacarlo de espaldas con el brazo extendido, pasar primero la cabeza, luego el cuerpo, y por último los pies también extendidos”. Sin embargo, lo que hoy se considera de lo más normal (todos los saltadores lo hacen así) en Méjico 68 causó el asombro general. Nadie había visto algo similar,… ¡iba contra todas las ‘reglas’! Pero Fosbury, que no era favorito, con su estilo propio saltó a la primera las diferentes alturas hasta llegar a los 2,24 m., que superó al segundo intento logrando la medalla de oro y un nuevo récord olímpico a tan solo a cuatro centímetros del record mundial en poder del soviético Valery Brumel con 2,28 m. Un resultado impresionante que cambiaría para siempre la disciplina del salto de altura con una técnica nunca vista. Un Fosbury que se había presentado, como la mayoría de los atletas, con la esperanza de hacerlo lo mejor posible y del que nadie esperaba compitiese de forma tan poco ortodoxa. Causó tal revuelo durante las pruebas de calificación que fue considerado un ‘’excéntrico’. Sin embargo, más tarde nadie quiso perderse ninguno de sus saltos convirtiéndose en la atracción de la prueba y derrotando al ruso Gavrilov, el gran favorito, que se quedó en los 2,20 m.

dick-fosbury-04Dick Fosbury en Méjico 68 pasando el listón en la prueba de salto de altura.

A pesar de su gran éxito, la carrera deportiva de Dick Fosbury duró muy poco. Después de los Juegos de Méjico 68 (contaba entonces 21 años) apenas se le volvió a ver por las pistas algunos años más. Nada más conquistar su medalla anunció en rueda de prensa de forma un tanto premonitoria: ”Mi objetivo era quedar entre los cinco primeros. No estoy preparado para el triunfo y me voy”. Una retirada que fue definitiva tras no lograr clasificarse para los Juegos Olímpicos de Munich 1972. En la actualidad, transcurridos ya muchos años, se puede afirmar con rotundidad que su estilo, el ‘Fosbury Flop’, sigue perdurando. Todos los saltadores de élite lo utilizan. Su mayor eficacia está más que demostrada. Pasado el tiempo, en 1988, Fosbury hizo unas declaraciones sobre las ‘sensaciones’ del antes y después de su hito histórico en las que decía: “La popularidad actual de mi estilo es un premio maravilloso a cuanto tuve que aguantar al principio con un estilo que no gustaba a nadie. El salto de espaldas ya lo practicaba en el instituto y todos se reían de mí, considerándome un chiflado y algunos como un snob por salirme de las normas conocidas. Hasta que gané en Méjico 1968 pasando a la categoría de héroe”.

Los Juegos Olímpicos de Méjico 1968, el año del asesinato de Martin Luther King, del Mayo del 68 francés, de la Primavera de Praga, de la década prodigiosa en la música, el movimiento hippie, de la imaginación al poder, siempre serán recordados como los ‘Juegos de los Saltos’. Dos atletas entraron en el Olimpo del atletismo con sus victorias en las pruebas de longitud y de altura. Bob Beamon desafiando la gravedad con el llamado ‘salto del siglo’ y Dick Fosbury que asombró al mundo con su ‘Fosbury Flop’. Dejaron una huella eterna sobrepasando lo estrictamente deportivo para convertirse en dos leyendas de la historia del deporte.


Bob Beamon saltando 8,90 m. en Méjico 68, que le sirvieron para conseguir la medalla de oro y un record mundial estratosférico en salto de longitud.


Dick Fosbury pasando el listón a 2,24 m. en Méjico 68 con los que consiguió la medalla de oro en salto de altura y el asombro por la belleza de su ‘Fosbury Flop’.

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One Response to Méjico 68. Bob Beamon y Dick Fosbury, revolución en el salto de longitud y de altura

  1. martín calleja dice:

    Gran resumen atlético de los inolvidables juegos de México 68

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