La selección de Wason, el razonamiento y las emociones

En un post anterior hicimos mención a la diferencia que existe a la hora de tomar decisiones entre lo que nos ‘sugiere’ nuestra parte analítica, razonamiento o forma de pensar, y lo que muchas veces, según el contexto, nos impulsan a realizar las emociones e intuiciones. Poníamos como ejemplo un problema sencillo que en un primer intento nos conduce por diferentes caminos casi siempre equivocados. Señalada en 1966 por Peter Cathcart Wason, psicólogo cognitivo inglés, en uno de los rompecabezas más conocidos de la historia, se trata de una forma de pensar, y luego decidir, que lleva desconcertando a los psicólogos desde hace más de 50 años. A continuación se refleja una de sus versiones clásicas:

“Encima de una mesa se muestran cuatro cartas que tienen un número en un lado y un color en el otro. Sus caras visibles son 3, 8, rojo y marrón tal y como se ve en la figura.
Se establece que si una carta muestra un número par un lado, la cara opuesta debe ser roja. La pregunta es: ¿A qué dos cartas se debería dar vuelta para comprobar la veracidad de la proposición anterior?
Nota.-
Tanto una respuesta que identifica una carta a la que no es necesario dar vuelta o que no lo hace con una carta a invertir son incorrectas”.

Como ya vimos, “la solución correcta pasaba por darle vuelta a dos cartas: la que muestra un 8 y la que tiene el reverso marrón”. ¿Por qué? ¡Sólo una carta con número par y un color que no sea el rojo puede invalidar la proposición! Es decir, si le damos vuelta a la carta con el 3, da igual que el reverso sea rojo o marrón: ¡esto no la anula! Lo mismo ocurre con la carta roja: ¡da igual que la otra cara sea par o impar! Sin embargo, si la carta con el 8 tiene el reverso marrón o la carta marrón tiene una cara con un número par: ¡la regla no se cumple! Así de fácil y al mismo tiempo así de complicado: ¡solo se cumple cuando le damos vuelta a las cartas citadas!

Parece ser que cuando Wason realizó su prueba tan solo un 10 % de los participantes acertaron a la primera. En honor a su autor a partir de entonces se empezó a conocer como la ‘tarea de la selección de Wason’. Daniel Kahneman, entre otros, uno de los pensadores más importantes del mundo, premio Nobel de Economía, la hizo popular al relacionarla con el llamado ‘proceso dual’ o ‘doble proceso’ que ocurre cuando el enunciado, según que palabras se usen, puede hacer pensar con uno u otro de los dos sistemas cognitivos que normalmente utilizamos.

Antes de proseguir con otro ejemplo que apoye estas connotaciones conviene hacer una breve referencia al razonamiento, concepto definido como una manera de pensar relacionada con la forma de expresión, en especial con el lenguaje escrito. Dicho de otra forma, partiendo de unas bases o premisas: “razonar es pensar con un cierto orden” para llegar a una conclusión. Existen dos tipos:
a) Razonamiento deductivo (también llamado ‘lógico’) que es aquel en que las conclusiones no aumentan la información de las premisas al estar incluidas implícitamente en ellas. Su validez afecta solo a la forma de ‘razonar’. Es decir, si las premisas son válidas, la información inicial también y además suficiente para llegar a la respuesta correcta. Por ejemplo, si se señala:
“Si voy a la piscina esta mañana comeremos juntos”, podemos afirmar que: ”Voy a la piscina esta mañana… por lo tanto comeremos juntos”.
b) Razonamiento inductivo (clásico de las materias científicas) donde por lo general las conclusiones suponen un incremento de la información dada; sin embargo, la manera de razonar no supone una necesidad ‘lógica’. En función del apoyo empírico con que se cuente, su ‘veracidad’ es solo ‘probable’. Se puede obtener nueva información pero no de forma categórica como en el razonamiento deductivo.

En 1982, dos psicólogos de la Universidad de Florida, Richard Griggs y James Cox, reformularon el acertijo de Wason al… ¡estar convencidos de que la dificultad estriba en su redacción! Para ello pidieron a sus interlocutores que imaginasen un experimento en el que fuesen… “policías en un bar buscando a menores de edad que estuviesen consumiendo alcohol en el local”. En ese contexto queda claro desde el principio que: “en el bar hay gente bebiendo, gente que no bebe, gente menor y gente adulta”. Y por tanto también el tipo de pregunta y a que grupo o grupos se debe interrogar para hacer bien el trabajo a la primera: ¡A todos los menores por si están bebiendo alcohol y a todos los que están bebiendo alcohol por si son menores! Fue entonces cuando se pudo comprobar como en un acertijo similar al planteado en la selección de Wason la mayoría acierta a la primera (el 75% de los participantes respondieron correctamente). Se trata pues de un mismo ‘desafío’, pero ‘percibido’ de manera muy distinta, que lleva a la conclusión de la importancia de razonar en función no solo de la estructura sino también del contenido o contexto. A pesar de que el reto sea el mismo, la manera de ‘vestirlo’ determina la dificultad del problema . En este caso la regla de partida deja de ser abstracta, como sucede con los números y colores de las cartas del primer ejemplo, pasando a ser totalmente social.

Años más tarde, en 1993, otro grupo de psicólogos volvió a realizar una prueba parecida a la original de Wason. El porcentaje de aciertos y errores se siguió moviendo en la misma línea (10 % y 90 %) desconcertando de nuevo a todos. Hasta el punto que, siendo un problema sencillo, confirmó que engaña a nuestra mente y manera de pensar. Tras diversos ‘experimentos’ se llegó a la siguiente conclusión: si la tarea de Wason se presenta como un acertijo lógico fuera de un contexto determinado los resultados suelen ser poco alentadores. Distintas teorías han intentado explicar el por qué se falla tanto cuando se ‘ataca’ por primera vez. Algunas ponen el enfoque en que su dificultad se debe a la estructura lógica de nuestras reglas, aunque hay quienes insisten que son las palabras con que se presenta la causa del error. De ahí que cuando se hace en un contexto como el de las relaciones sociales sea más fácil de resolver. Un buen ejemplo es el expuesto anteriormente sobre como probar la regla de: “Solo se permite tomar bebidas alcohólicas a los mayores de 18 años”. Son muy pocos los que tienen dificultad para seleccionar las personas a controlar: “Los menores de 18 años y que tomen alcohol”.

Ahora bien si siendo como es la misma estructura lógica: ¿Por qué importan tanto las palabras? Daniel Kahneman, al que hemos citado al principio, en su libro “Pensar rápido, pensar despacio” en el año 2011 hizo popular la teoría del ‘proceso dual’ o ‘doble proceso’. En él explica los dos sistemas que modelan cómo pensamos. El sistema antiguo o ‘Sistema 1’: “rápido, intuitivo y emocional”, y el ‘Sistema 2’: “más lento, deliberativo y lógico”. Ante cualquier problema ambos luchan por imponerse. En el caso de la tarea de selección de Wason queda claro que suele ganar el sistema antiguo, que utiliza atajos mentales como el llamado “sesgo de emparejamiento o correlación” para lograr antes lo que cree que es la solución correcta.

En una tarea ‘abstracta’ la explicación mas coherente a los resultados es la señalada por J. Evans, J. y J.S Lynch en ‘Matching bias in the selection task. British Journal of Psychology’ (1973), donde postulan la existencia del “sesgo de emparejamiento” (‘matching bias’) que significa que “los interlocutores seleccionan las cartas o tarjetas que aparecen citadas en las frases o contexto del problema”. Ocurre lo mismo cuando se niega el consecuente en el enunciado. En general, “tendemos a escoger como respuesta aquellos elementos que aparecen en el planteamiento”. Y no es casual que en nuestro primer ejemplo la mayoría elija dar la vuelta a la carta “8” (que es lo correcto) y también a la carta “roja” (que no lo es), pues el enunciado señala “número par” y “rojo”. Sin embargo, dar la vuelta a la carta “roja” no tiene lógica, porque descubrir un número par en la otra cara no ‘viola’ la regla como ya explicamos en su solución. Pero nuestro cerebro, ‘cerebro rápido’, nos ‘dice’, casi nos obliga a creer, que se trata de una buena idea. ‘Dirige’ nuestro pensamiento y conducta hacia su gran capacidad (también los errores y los sesgos), así como a la indudable influencia de las impresiones intuitivas.

Pero si no es racional entonces… ¿por qué lo hacemos? Parece que porque… “es rápido y uno se siente bien”. En contraste en el nuevo sistema el razonamiento abstracto (que es el que necesitamos) es difícil. Allí donde pueda permite que el viejo, muchas veces sin darse cuenta, guíe sus decisiones. De ahí que Kahneman señale que “una de sus principales características es la pereza”. Algo que no se da en el ejemplo del bar y menores de 18 años bebiendo porque el sistema antiguo está ‘acostumbrado’ a la ley que prohíbe el consumo de alcohol y la edad mínima legal para beber, conocimiento que nos sirve para resolver el acertijo sin mucho esfuerzo pues… ¡enseguida detectamos, y por tanto razonamos, quien ha incumplido una norma ‘social’!

El razonamiento y las emociones han sido y son una materia muy estudiada. Hasta no hace mucho se creía que eran independientes. Investigaciones recientes parecen indicar que están relacionados. Además la emoción casi siempre precede a la razón. Primero sentimos las cosas, luego la información llega a la razón que la devuelve, formando al final una especie de circuito retroalimentado. Uno de los elementos participantes en este recorrido es la intuición. Considerada a menudo como un tipo de información que viene no se sabe muy bien de dónde (como un sexto sentido) nos conduce por caminos que poco tienen de racionales. Sin embargo, en la actualidad algunos investigadores no están de acuerdo con esta idea y creen que se trata de una importante herramienta a la hora de tomar decisiones si se sabe utilizar correctamente. Piensan que la intuición, bien utilizada, puede ser una fuente de información que conecte el razonamiento y las emociones. Eso si, es necesario entrenarla.

El conocimiento es información adquirida y el razonamiento la capacidad de ordenar ideas para llegar a una conclusión. ¿Son incompatibles? No siempre. “Aprender a razonar o desarrollar la inteligencia emocional puede ayudar, y mucho”. ¿Somos los seres humanos realmente racionales? ¿Utilizamos la lógica en la resolución de problemas? Se puede afirmar que “la selección de Wason es un problema sencillo en un difícil contexto” y uno de los fenómenos más controvertidos en el ámbito de la teoría del razonamiento. El impacto de sus resultados fue enorme dando lugar a una amplia variedad de teorías y enfoques alternativos. Aún hoy sigue siendo objeto de debate y discusión: “Pensar en lo verdadero para seleccionar lo falso”.

 

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