Universidad Laboral de Tarragona: el reencuentro, 25 años después

Aún reciente la celebración de las Bodas de Oro de la III Promoción de Peritos Industriales (1963-66) a la que dedicaremos un próximo artículo, en este post recordaremos lo que supuso su primer gran reencuentro tras 25 años de decir adiós a la UL de Tarragona. Aunque quizás sea mejor decir un largo hasta luego para iniciar una nueva andadura personal y profesional. Las conocidas como Bodas de Plata, esa especie de Paso del Ecuador por el que transcurre nuestra vida, una vez más volvieron a reunir a un grupo de amigos y compañeros que mantienen inalterable su espíritu de unión.

Pero antes retrocedamos un poco en el tiempo hasta aquel año 1966 cuando con pesar, pero también con mucha ilusión, dejaron la que fue su casa durante tres años inolvidables. Un año que finalizó con diversos actos conmemorativos como el arriado de Banderas en el Patio Central, el vino español ofrecido por el colegio Balmes, su colegio residencia, y un almuerzo especial con entrega de recuerdos en el espléndido marco del Comedor. La despedida, acompañados por el Rector, Autoridades Académicas y Profesores, terminó al día siguiente con una comida y un gran fin de fiesta en un céntrico hotel de Tarragona.

¡Objetivo cumplido! Era la culminación de una formación integral, no solo de conocimientos técnicos, que habría de servir como bagaje en el futuro para enfrentarse a la vida en toda su crudeza, llena de obstáculos. Con miras muy distintas, habría que luchar y poner en práctica lo bueno aprendido que, de conseguirlo, sería el broche a un arduo trabajo y la meta del camino.

Cuando nos separamos en 1966, la despedida fue alegre y también algo triste. Habíamos terminado los estudios, pero quedaban atrás muchos amigos. ¡Tantas cosas y recuerdos! Sin embargo, era el momento de ir en busca de nuevos horizontes. De ahí que por eso, y por muchas cosas más, nuestro primer gran reencuentro después de 25 años fuese tan esperado. ¡¡Tan solo se necesitaba encender una pequeña mecha para ponerlo en marcha!! Y así fue. Se inició muy rápido. Un grupo de entusiastas se puso pronto a la tarea de localizar a todos los compañeros. ¡Los 100! tal y como también se conocía a la Promoción del 66. Un trabajo difícil que acabó felizmente. ¡Todos fueron localizados! ¡¡El primer gran éxito!! Porque eso fue la celebración de las Bodas de Plata: un éxito continuado al que todos contribuyeron y de manera especial ese pequeño grupo impulsor que nunca puede faltar en una organización si se quieren alcanzar los objetivos marcados. Con una asistencia mayoritaria, se superaron todas las previsiones: 72 compañeros, la mayoría acompañados de sus parejas, profesores y educadores de aquellos años, hicieron que casi 200 personas se dieran cita para recordar una etapa nunca olvidada.


Primera cena celebrada en el restaurante Les Fonts de Can Sala, recién llegados al hotel Imperial Tarraco.

Todo comenzó un 31 de mayo de 1991 en el hotel Imperial Tarraco de Tarragona. Tras un largo viaje en muchos casos, enseguida empezaron a sonar los teléfonos de las habitaciones. Eran los amigos y compañeros de antaño que, enterados de tu llegada, te conminaban con un: ¡Tengo muchas ganas de verte! ¡Te esperamos! Bajas lo más rápido que puedes, te diriges al salón del hotel y te fundes entonces en un esperado y efusivo abrazo. Era un espectáculo observar como salían a borbotones las ineludibles frases de: “¡Estás como siempre!”, “¡No pasan los años por ti””, “¡Parece que fue ayer…!” Así con todos los que te ibas encontrando y aunque a algunos, después tanto tiempo, te costase un poco reconocerlos, a los pocos minutos ya parecía que estuviéramos de nuevo en la Uni. Muy pronto comienzan a ‘salir’ las anécdotas y recuerdos, igual que cuando el popular humorista Eugenio iniciaba sus chistes con…: “¿Saben aquell que diu…?” (“¿Saben aquel que dice…?”). En aquel ambiente de añoranzas el tiempo transcurría rápido, tan rápido que nadie parecía darse cuenta que llegaba la hora de reponer fuerzas. Una cena organizada en el restaurante ‘Les Fonts de Can Sala’, estupenda masía de cocina tradicional situada a las afueras de Tarragona, donde dispuestos alrededor de las mesas de rigor siguen aflorando una y otra vez los recuerdos. ¿Te acuerdas cuando…? Y así una anécdota tras otra hasta acabar casi rendidos bien entrada la noche en que hubo que regresar al hotel.


Llegada a la Uni y celebración de la misa en la capilla del centro.

El día siguiente, el Día Grande, el más apretado del programa, comenzó con la mañana dedicada a recorrer y disfrutar de nuestra querida Universidad donde se habían programado diversos actos. Nada más traspasar su entrada vuelven de nuevo unos recuerdos que se disparan al aparcar al lado de la sin par explanada de mármol del gran Patio Central, muy cerca de la escalinata de acceso al Comedor. En un día espléndido, primaveral, que nos quería también saludar, a continuación nos encaminamos con paso lento, pero seguro, al primer acto que se iniciaba con una misa celebrada en la Capilla del centro. Durante el trayecto tantas veces recorrido, en medio de un murmullo continuo de conversaciones, contemplábamos con alegría como los Colegios y Talleres apenas habían sufrido el paso del tiempo en su aspecto exterior.


Partido de futbol sala entre las aulas B1 y B2 celebrado en el pabellón polideportivo. Arriba, a la izquierda, equipo del Aula B1 formado por Fábregas, Francisco Concepción, Paco González, Liso, Palacio y Hernández, y a la derecha equipo del aula B2 integrado por Guibelalde, Merino, Gil, López Vicén, Sergio Valls, Ortigosa y Carratalá. ¡Todo como en los ‘viejos tiempos!

Finalizada la misa, a la salida, tras un breve receso y un lento caminar por las instalaciones nos dirigimos a un pabellón deportivo donde se había programado un partido de futbol sala entre las aulas B1 y B2 de la promoción. No sin antes contemplar, y recordar, como una playa destinada en sus tiempos para uso y disfrute de los alumnos, ahora estaba ‘ocupada’ por la ampliación del puerto industrial de Tarragona. Era una pena observar como y en que se había transformado aquel lugar paradisíaco del mar Mediterráneo que tantos paseos ‘vivió’ por su orilla sobre todo al atardecer. Pero vayamos al encuentro deportivo de la mañana para no caer en una excesiva nostalgia. Un ‘enfrentamiento’ que prometía mucho por la gran rivalidad que siempre hubo entre los contendientes. La calidad se suponía de antemano; no en vano muchos habían formado parte del equipo de la Universidad en su día. Y así ocurrió. A pesar de haber pasado 25 años. Fue un partido entretenido entre dos rivales correosos, de buena técnica, en el que hubo todo. Incluso momentos de ‘dureza y tackle’ con entradas a ras de suelo que recordaron los ‘viejos tiempos’. Tras el partido, como no podía ser de otra manera, todos, jugadores y aficionados, nos dirigimos a reponer fuerzas al Comedor donde sentados en las mismas mesas que antaño nos habían preparado una comida especial.


Aspecto que presentaban las mesas del comedor de la Universidad, las mismas que en los años 60.

Tras la comida, mientras algunos prefirieron seguir con sus recuerdos, otros, bastantes, optaron por realizar un recorrido por la Uni en una visita guiada, antes del siguiente acto a celebrar en el teatro en que se iba a proceder a la entrega de recuerdos, incluyendo a los profesores y educadores que nos acompañaron esos días. Un acto entrañable al que puso el broche de oro la actuación musical del Ochote dirigido como entonces por el profesor Francisco Tous. Toda una institución a la que nuestra promoción le dio el gran impulso y que tanta admiración causó en nuestra etapa estudiantil. Un final que tuvo un espléndido epílogo con la actuación a la guitarra de Guillermo Morales, polifacético artista, miembro de la Tuna y el Ochote, concertista, monologuista y muchas cosas más; uno de los grandes artistas, y hubo muchos, que dio la III Promoción de Peritos 1966.


Entrega de recuerdos, actuación del Ochote (Perbech, Campins, Guillermo Morales, hermanos Blasco y Paco González), y concierto a la guitarra de Guillermo Morales.

Horas más tarde, con apenas tiempo para el descanso, se celebró la cena de gala en el restaurante Morros de Torredembarra que ponía el colofón a los actos del 25 Aniversario. Una cena ‘solemne’ y al tiempo muy divertida que finalizó con un extraordinario fin de fiesta amenizado por una orquesta y música de los años 60 y que estuvo  aderezado por las actuaciones musicales, y de todo tipo, la mayoría improvisadas, de destacados ‘artistas’ de la propia Promoción. ¡Pues los había y muchos! Y al igual que en los ‘viejos’ tiempos’ una vez más se encargaron de demostrar su calidad. Bajo la batuta conductora del genial Guillermo Morales “Willy”, por allí desfilaron el Ochote con los hermanos Blasco, Perbech y compañía, los boleros de Paco González y el propio Willy, la jota del navarro Fermín, el monólogo de ‘Manolillo y la toreá’ de José Ignacio, muchos chistes, más anécdotas, y al que puso fin la canción popular ‘Asturias patria querida’ que reclamada con insistencia e iniciada por el grupo de asturianos fue coreada al momento por todos en aquella noche espléndida. ¡Un final perfecto para unas jornadas inolvidables!



En la parte superior, una panorámica de la cena de gala celebrada en el restaurante Morros de Torredembarra. Abajo diversas actuaciones durante el fin de fiesta. De izquierda a derecha, Guillermo Morales como presentador y conductor, el Ochote, dúo formado por Paco González y el propio Guillermo, y grupo de asturianos recién finalizada la interpretación de ‘Asturias patria querida’.

Habían pasado 25 años. Cinco lustros nos separaban de 1966. Sin embargo, nos íbamos con la sensación de que todo seguía igual. Nos sentíamos los mismos. Tan jóvenes como entonces. ¡Como si no hubiese transcurrido el tiempo! Algunos con menos pelo, otros se habían dejado barba,… pero, en el fondo, parecía que ¡no había cambiado casi nada! Ya tras los primeros momentos de charla, sin una razón aparente, el tiempo, nuestro tiempo, enseguida comenzó a girar hacia atrás. Las mismas voces, idénticas expresiones,… Era como una continuación de nuestra etapa en la Uni. Todo surgía de forma natural. Igual que cuando se charla con un amigo al que vemos diariamente. Aunque la realidad fuese que habían transcurrido… 25 años. Mucho tiempo. Una parte importante de nuestra vida. Teníamos un lugar en la sociedad y en el mundo laboral. Nuestra propia familia. Habían cambiado muchas cosas. Pero algo permanecía presente: ¡Seguíamos siendo estudiantes ‘laborales’! ¡Los 100! ¡Los mismos que en el 66!

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One Response to Universidad Laboral de Tarragona: el reencuentro, 25 años después

  1. martin calleja dice:

    Solo se me ocurren dos palabras:
    Fabuloso y el grado superlativo de emotivo

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