La sequía en España, los otros recursos hídricos

A finales de septiembre terminó, y lo hizo con cifras preocupantes, lo que en el argot científico se denomina ‘año hidrológico’, período que mide las precipitaciones habidas en los últimos 12 meses. Los resultados han sido malos, muy malos, los peores del último lustro. Se puede afirmar que la sequía y la falta de agua en los embalses superficiales se han instalado en España.

Antes de proseguir conviene aclarar como se determina una situación de sequía, algo que ocurre cuando durante un periodo de tiempo el valor de las precipitaciones es inferior a lo que se considera ‘normal’. En principio la causa inicial es la escasez de lluvias (sequía meteorológica), que a su vez provoca una insuficiencia de recursos hídricos (sequía hidrológica), justo lo que ha sucedido en el período que abarca desde el 1 de octubre de 2016 al 30 de septiembre de 2017. Según AEMET (Agencia Española de Meteorología) el año se ha cerrado con un valor medio de 550 litros/m2 para el conjunto de España, un 15 % inferior a la media histórica (‘normal’) del período 1981-2010 que está en 648 litros/m2. Y lo que es peor, al contrario que otras ocasiones, se ha notado en la mayoría de las cuencas de nuestro país. Basta observar los pantanos con sus embalses bajo mínimos o los cortes de agua obligados por una situación complicada. El nivel de reserva es tan bajo que han salido a la superficie pueblos que llevaban tiempo sumergidos bajo el agua. Con una primavera seca, muy seca, se ha llegado al extremo de que muchas regiones del Norte como Galicia, Asturias o Cantabria se han incorporado a la situación de déficit de lluvias, algo no habitual en comunidades que siempre han actuado de contrapeso. En realidad el problema no es de ahora, España lleva con un valor de las precipitaciones inferior a lo normal desde el año 2014, incidiendo de forma directa en la cantidad de agua embalsada y provocando que la sequía meteorológica desemboque sin remedio en una sequía hidrológica.

Una pregunta que mucha gente se hace, y con difícil respuesta, es: ¿Cada vez va a llover menos en nuestro país? A pesar de que los pantanos se encuentran al 39 % de su capacidad, el más bajo de la última década, los expertos señalan que las estadísticas no lo dicen todo. A decir verdad, en el año 2006 se registró un porcentaje menor y en los últimos 27 años (desde 1990) lo hizo en seis ocasiones; si bien en estos casos, amén del ‘cambio climático’ que cada vez tiene más importancia, tuvieron también incidencia, sobre todo en los años 90, las fuertes pérdidas en las redes de abastecimiento, mucho mayores que en la actualidad. Otro aspecto a considerar es que España siempre ha tenido un comportamiento cíclico con las sequías, pues ha habido temporadas largas de sequía (hasta dos lustros) que luego se han recuperado. Quizás lo más llamativo de la sequía actual es que ha afectado a zonas del Norte, incluso Centro y algo menos al Sur, motivo que tiene un poco desconcertados a algunos científicos de que pueda ser para siempre; es decir, que sea irreversible o no.

Situación del agua embalsada por cuencas a fecha 1ª semana de octubre 2017.

En la actualidad en casi todas las cuencas españolas existen áreas de clara preocupación por la sequía, aunque es preciso aclarar que para conocer el estado de una cuenca el dato del porcentaje de agua embalsada en los pantanos es solo uno de los indicadores. Pero no el único. Es muy común pensar que debajo del suelo no existe nada, que fuese impenetrable. ¡Como si no hubiera más recursos hídricos disponibles! Francisco Turrión, hidrogeólogo de la Confederación Hidrográfica del Segura, señala al respecto: “Evaluamos la sequía en función de los embalses superficiales y no contamos con el agua subterránea”. Y añade una interesante reflexión con datos que pueden sorprender a más de uno: “Si en estos momentos se preguntase por la situación de Mallorca, a pesar de que allí no existen embalses superficiales, se diría que sus recursos hídricos estarían al 80 %. No deja de ser curioso que cuando se traslada esa misma pregunta a la península, no se sabe muy bien por qué, no se refleja esa doble información y se hace únicamente referencia a la situación en nuestros pantanos”. Quizás se deba a la ‘tradición’ de nuestro país de una política hidráulica basada en construir embalses, presas, etc., con escasa o muy poca información o especialistas expertos en incluir la aportación debida a las aguas subterráneas. Sin embargo, en las Islas Baleares como no hay posibilidad de trasvases, ni tampoco construir embalses porque el terreno es muy poroso, ya se han acostumbrado y se abastecen y viven de las aguas subterráneas. A la vista de todo lo expuesto, parece lógico incidir en que cuando se analice la situación en la Península se deberían incluir los dos aspectos: los embalses superficiales (pantanos) que en la actualidad se encuentran al 39 % de su capacidad y los embalses subterráneos al 70 %, por indicar una cifra solo como ejemplo, Por tanto, se plantean algunas preguntas acerca de la política ‘tradicional’ que nos ha venido tan bien en todo este tiempo al permitir superar algunos déficits hídricos propios: ¿Podríamos decir que está obsoleta? ¿Habría que cambiarla y pensar en explotar más los acuíferos de otra manera? La respuesta es si y además utilizarlos de forma sostenible.

Pantano del Ebro. Torre de la antigua iglesia de Villanueva en las Rozas de Valdearroyo, pueblo cercano a Reinosa.

En general, los acuíferos tienen dos componentes: uno el agua embalsada y otro los recursos renovables; o lo que es lo mismo el agua que entra y sale. Se suele tener una idea equivocada al creer que todos los acuíferos desembocan en los ríos. En parte es cierto, pero también lo es que existe un flujo subterráneo, sobre todo en las cuencas mediterráneas que son calizas, porosas o con oquedades, que no pasa por los ríos, sino que va directamente al mar. Se trata de lo que en el argot técnico se denomina SGD (flujo subterráneo), que no es más que la descarga subterránea submarina y que en el Mediterráneo, según recientes estudios de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales del la Universidad Autónoma de Barcelona, está entre 1 y 15 veces el flujo fluvial. Así por ejemplo, señala Francisco Turrión, por cada río Segura o Júcar hay al menos otro o más (hasta 15) que está yendo al mar de forma subterránea. En concreto, en el plan hidrológico del Júcar se señala que van al mar de forma subterránea 535 hectómetros. Más que el trasvase Tajo-Segura.

Se conoce bien como se recarga un embalse superficial: ¡con la lluvia! Sin embargo, y aunque solo sea por mera curiosidad, una de las dudas que le surgen a la persona de la calle es como lo hacen el resto de los acuíferos. Si como parece la tendencia es que cada vez llueva menos en la península Ibérica se nos plantea un problema importante. Un problema de orden de magnitud. Y no solo en un tipo de acuífero, sino en todos ellos. Se suele pensar que los acuíferos son como pequeñas balsas que tienen agua, que en cuanto se utilicen lo normal es que se sequen. Sin embargo, el Instituto Geológico y Minero en diferentes estudios ha reflejado que la cuenca del Segura tiene 100.000 hectómetros embalsados, 100 veces más que los pantanos superficiales. Entonces… ¿cómo se recargan los distintos acuíferos? La respuesta es obvia: ¡también por la lluvia! Pero con un aspecto fundamental que no se suele tener en cuenta: ¡la normativa obliga a calcular lo que se conoce como las transferencias laterales! A los acuíferos no solo les llega el agua que les cae de encima, ni el agua de retorno de regadío, sino que del acuífero vecino también le está entrando lateralmente un flujo importante, a la vez que por si mismo está cediendo otra parte. ¡Y así hasta llegar al mar! Por tanto, se puede afirmar que en la mayoría de los casos no se ha cubicado bien su situación real. Por poner un ejemplo, es el caso de la cuenca del Segura, aunque si se ha tenido en cuenta en el plan hidrológico del Júcar.

Distribución y gestión de los distintos recursos hídricos.

Existe también una gran confusión sobre como son los acuíferos. Por hacer más descriptiva la explicación, en general se supone que se parecen a una piscina donde si se coloca la mano en el borde de un extremo y le faltan, por ejemplo, 20 cm. para llegar al agua, en el lado opuesto ocurrirá lo mismo. Pues bien, no es así. En la mayoría de ellos el agua funciona por presión. Así, si por ejemplo se hace un pozo a 300 m. de profundidad atravesando un material impermeable de rocas sedimentarias, pero a 1,70 m. se tropieza con una caliza con agua a presión, y esa caliza se mueve y se sitúa a 1,80 m. de la superficie, nos podemos hacer las siguientes preguntas con sus respuestas aclaratorias. ¿Donde se encuentra el acuífero?: a 1,70 m. ¿Donde se está tocando el agua?: a 1,80 m. Si entonces se bombea ese agua, lógicamente el nivel de 1,80 irá bajando situándose poco a poco a 1,81, 1,82,… 1,90… en una gráfica descendente si continúa la operación. ¿Quiere decir esto que se ha secado el acuífero? No. ¿Qué es lo que ha bajado? La presión ¿El acuífero donde se encuentra? A 300 m., profundidad inicial del pozo ¿Cómo está? Lleno. Lo único que ha ocurrido es que la presión con la que ascendía el agua la hacía llegar al inicio a 1,70, luego a 1,80 y sucesivamente bajando según se iba bombeando. Existe un error muy común en la interpretación de estas gráficas al pensar que su sentido descendente es similar al de un embalse. No es así: ¡el acuífero sigue lleno!, solo se debe a la presión con que sube el agua.

La situación de sequía no sería tan grave si se gestionaran bien los recursos hídricos disponibles. Es totalmente ficticio hacer una valoración solo en función de los embalses superficiales y no contabilizar o tener en cuenta el agua de los acuíferos subterráneos. Además se deberían utilizar todos de forma sostenible. ¿Por quien? Por el Estado que al ser el responsable de la gestión de los embalses superficiales debería serlo asimismo del agua subterránea. En un ejemplo real Francisco Turrión señala: “En el año 2004-2009 en la cuenca del Segura con una sequía como la actual se hizo una batería de pozos y gracias a ella se movilizaron 135 hectómetros, agua que se puso a disposición del río y las acequias y no hubo manifestaciones ni problemas. Ese sistema gestionó por tanto 135 hectómetros más. Esos pozos se hicieron hace 10 años. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos aprendido la lección y hecho más pozos? La respuesta parece evidente”.

Una de las mayores dificultades que siempre ha tenido la estructura hidrológica de nuestro país es su desigualdad. En España, hasta este año en que el tiempo de lluvia está siendo catastrófico en la mayoría de los sitios, cae suficiente agua (aunque lo suele hacer más en el Norte) para toda la península, pero se distribuye mal. Según lo reflejado en apartados anteriores, parece que explotar los acuíferos (subterráneos), además de ser más igualitario, permitiría desechar la idea de que el agua se reparte de manera poco entendible. Así como hay una parte de España mucho más húmeda, también existe otra distinta, más permeable, que curiosamente se encuentra en la parte oriental, próxima a la costa del Mediterráneo, y otras zonas impermeables que son precisamente las que tienen menos agua en sus acuíferos, salvo la cuenca del Duero y alguna otra como la parte fronteriza con Portugal. No se está hablando de coger el agua fluvial, el agua subterránea que se va a drenar del río, sino de hacer pozos a 300-400 m. de profundidad cementando la parte superior para de esa manera alcanzar el flujo subterráneo (SGB) que estamos perdiendo o  tirando al mar. No se trata de ninguna teoría; como se ha dicho: se ha hecho y se ha comprobado. Afirma el profesor Turrión: “Cuando medimos el nivel de agua en esos pozos, en esos embalses subterráneos que tienen agua a presión, vemos que a lo largo de los últimos 40 años no han variado. Por tanto tenemos ese potencial para compaginarlo con las aguas superficiales de los pantanos y con las aguas desaladas. Es decir, en la cuenca del Segura se podría ser perfectamente autosuficiente utilizando el agua desalada y las aguas subterráneas de los acuíferos inferiores”.

Evolución media anual de la capacidad de los en España. Período 1990-2017.

Aunque estén relacionados, la escasez de agua y la sequía son fenómenos diferentes, que además se pueden agravar en función de su impacto individual. La escasez se produce donde no hay suficientes recursos hídricos disponibles para satisfacer las demandas de agua a medio o largo plazo y la sequía se considera como una disminución temporal de la disponibilidad de agua por falta de precipitaciones. El año hidrológico 2017 (1 octubre-30 septiembre) ha concluido con un 14 por ciento menos de lluvia de lo ‘normal’ agudizando la situación de sequía en toda España. Es hora de empezar a hablar de los embalses subterráneos como una fuente más a utilizar. Un recurso que nunca se ha tenido en cuenta en los datos aportados y mucho menos lo que supondría su explotación de manera sostenible cuando se habla de sequía.

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