La cultura de bar y la transversalidad

febrero 20, 2017

El concepto transversal o transversalidad es un calificativo que designa a todo aquello que atraviese, que corte algo por alguna de sus secciones o campos. Una idea que procede de las ciencias exactas. Por ejemplo, en la geometría cuando hablamos de una línea o de un elemento geométrico que se cruza con otro y lo divide en varias partes. La idea de transversalidad sin-titulo-1se ha extendido de tal manera que en la vida real se utiliza para casi todo. Ha pasado a ser aplicada en los más diversos órdenes: desde el científico donde proviene hasta lo más práctico de nuestro ámbito cotidiano.

Uno de los problemas con este tipo de conceptos, si se convierten en ‘universales’, es cuando llegan al campo de la política. Sobre todo si se transforman en corrientes ideológicas que solo buscan fines electorales. Palabras o frases que algunos partidos convierten en su ‘maná’, que suenan muy bien, pero que en muchas ocasiones están vacías de contenido. Son proyectos que trascienden la división entre derecha e izquierda apostando por una nueva ideología que intenta no vincularse con ideas preconcebidas. Movimientos que en su plataforma reivindicativa incorporan tendencias de ambos lados del espectro político tradicional y que dicen defender lo que es más beneficioso para la sociedad sin importar el origen ideológico de sus propuestas.

En la política actual está de moda decir… “¡nosotros somos transversales!” En especial por aquellos partidos que se autodenominan ‘nuevos’ y que, últimamente, conseguidos parte de sus objetivos cada vez se parecen más… a los ‘clásicos’. Casi todos los expertos coinciden arriba-y-abajo-01en que la transversalidad la mayoría de las veces es beneficiosa,… excepto cuando se transforma en ideología. Bastantes ‘politólogos’ la están criticando con dureza al darse cuenta que, transcurrido un tiempo y sus propias contradicciones, en ocasiones solo se trata de una estrategia para atrapar votos a costa de difuminar su verdadero posicionamiento ideológico. Para ello suelen ampararse en el atractivo slogan: “¡De esa manera se toman las propuestas más beneficiosas para la sociedad y los ciudadanos de uno y otro lado del espectro ‘clásico’!” El problema se presenta cuando al enfrentarse con la dura realidad no las pueden llevar a la práctica.

Sin embargo hay que decir que, bajo un punto de vista neutral, la transversalidad tiene amplia aceptación cuando se reivindican aspectos concretos sin que las medidas necesarias para llevarlos a la práctica tengan por qué atribuirse a nadie en particular. Como por ejemplo el ecologismo. Y aún así, todavía existen partidos políticos que, en base a su populismo y a costa de ganar votos, lo siguen incluyendo como uno de los ejes de su programa. Esta estrategia puede resultar útil electoralmente a corto plazo, pero parece complicado recurrir a ella de continuo porque al final el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio. Está demostrado.

Por fortuna, todavía quedan ámbitos de nuestra vida cotidiana en los que se da la transversalidad sin ningún tipo de ‘interferencia’. Uno sin duda es la ‘cultura de bar’, referencia por antonomasia en la sociedad de nuestro país. ¡El bar es el lugar de encuentro que mejor representa la transversalidad! Allí se puede hablar de todo y con todos sin necesidad de sacar a relucir diferencias insalvables. Un sitio de contraste de opiniones en pro de la diversidad que tanto bien hace a la amistad y también a la cultura.

sidreria-marcelino-01Sidrería Marcelino en Oviedo.

Los bares representan un punto de encuentro para personas de toda clase y condición, un espacio para quedar, desconectar, comer o beber, leer la prensa, ver la televisión, jugar a las cartas,… hasta para conectarse a Internet. Los hay por todas partes y tendencias. No es un tópico. España es uno de los países con más bares por habitante donde persiste un enorme aprecio por su cultura. Hay quien dice, con mucha razón, que los españoles son muy sociables. Expertos en sociología afirman que la densidad de bares es uno de sus indicativos. Manuel Delgado, doctor en Antropología y licenciado en Historia del Arte, con trabajos reconocidos sobre la construcción de identidades colectivas en contextos urbanos, señala: “Cuantos más bares, más vida social; cuanto más vida social, más bares”. Es de los que reivindica la vida urbana, la calle, como objeto de investigación científica. Piensa que el espacio público es un lugar de encuentro. Sitios en que uno se topa con gente desconocida, donde puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. Opina que: “La calle funciona como un sistema social, que nos da claves fundamentales para entender el funcionamiento global”. Un especialista en temas urbanos como él cree que los lugares donde no hay bares son lo más parecido a “determinados complejos en los que la gente suele salir poco y la actividad se limita a espacios cerrados al exterior” con todo lo que conlleva de carencia de vida social.

Solo o acompañado, la ‘vida’ en los bares adquiere formas de todos los colores. Desde pasar un rato para tomarse un café, a quedar con los amigos o conocidos para hablar de lo que se tercie. La tertulia de bar es un buen ejemplo de transversalidad. Suele ser espontánea y diaria para regocijo de todos los presentes. Y aunque se procuran evitar, los temas ideológicos ni se eluden ni suelen pasar a mayores. Con gentes de todo tipo, personas que llegan una detrás de otra o a veces en oleadas, cada una con su tema, ¡el bar representa muy bien la transversalidad real! De estratos sociales muy diferentes, si se pone un poco de atención se pueden escuchar opiniones distintas que se suelen respetar, aunque en ocasiones sean objeto de acalorados debates. Muchas veces enconados. El bar es un lugar para ‘ponerse al día’, de darse cuenta de lo que le interesa a la gente.

bar-04Bar-Cafetería Romero (“El Romero”) en Lodosa.

Además de su función lúdica, muchos bares han estado vinculados al mundo cultural y creativo. Grandes figuras de la literatura encontraron inspiración en ellos. Como Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, que pasaba sus horas en el Café Iruña de Pamplona. También fueron famosas sus tertulias como la del Café Pombo, cercano a la Puerta del Sol de Madrid, celebrada cada sábado por el conocido escritor Ramón Gómez de la Serna con sus famosas greguerías, textos breves de una frase en una sola línea que expresan de forma aguda y original pensamientos de todo tipo. O la del Café Gijón, en Recoletos, formada en sus inicios por escritores y artistas de la posguerra civil española. Se puede decir que las tertulias literarias marcaron la primera mitad del siglo XX en muchos bares de España.

Los bares se parecen mucho a los foros de opinión. Espacios de encuentro y convivencia abiertos a todo tipo de clientes. “La densidad de bares indica la sociabilidad de una ciudad” señala el antropólogo Manuel Delgado. Con una clientela fija que en muchos casos supera el 80 %, los camareros son casi como alguien más de la familia. Se les llama por su nombre. Igual que a un amigo. De ahí la confianza mutua.  A diferencia de otros países, en España los bares son el reflejo de un estilo de vida sobre todo familiar y social. Lugares donde uno se siente como en casa sin estarlo. Allí conocemos a otras gentes, nos reunimos con los amigos, con la familia, reímos nuestras anécdotas, nos divertimos,… Son también el punto de partida de cualquier noche de fiesta: “Quedamos en el bar…y luego ya veremos lo que hacemos”. “Salir de bares” es algo que nunca sabes ni como ni a qué hora puede terminar.   La cultura del bar en realidad no es más que el reflejo de una sociedad transversal.


Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

enero 19, 2017

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.


El portal de Belén, el nacimiento de Jesús y un poco de historia

diciembre 17, 2016

Un año más se acerca la Navidad y con ella toda su historia. Se percibe en el estado de ánimo, en la iluminación festiva, las canciones que susurran los altavoces, en la gente que camina por las calles, en… ¡Es el espíritu de la Navidad! Una de las tradiciones más universales que siempre trae emociones, sentimientos, alegría, añoranzas y también esperanza.

En uno de nuestros post dedicados a la Navidad ya dijimos que la costumbre de montar el Belén o Nacimiento fue introducida por primera vez por la Iglesia en la Edad Media. nacimiento-01Según parece, se remonta hasta San Francisco de Asís cuando en la noche del 24 de diciembre de 1223 revivió el nacimiento de Jesús en la cueva de Greccio (Italia). A partir de entonces se empieza a difundir, llegando a España en el siglo XV con las estatuas de madera que hacen acto de presencia en iglesias y monasterios, y no es hasta el siglo XVII cuando irrumpe en los hogares con las figuras de barro cocido donde nobles y soberanos compiten por presumir del Belén más hermoso.

Aún existe alguna controversia sobre el lugar y fecha del nacimiento de Jesús. Para muchos, coincidiendo con la tradición, nació en Belén, sin embargo hay quien sostiene que lo hizo en Nazaret. Ni siquiera los exégetas (intérpretes de textos antiguos, en especial de las Sagradas Escrituras), se han puesto de acuerdo. Su infancia es una de las etapas menos conocidas de su vida. Incluso para los evangelistas. Su etapa de niño y adolescente apenas se menciona en los textos, si se exceptúa algún pasaje puntual. Lucas (2.7) hace una pequeña referencia al lugar de nacimiento: “En Belén, María dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el albergue”. O Mateo cuando dice: “Jesús nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes. Unos magos vinieron a Jerusalén… preguntando por el lugar del nacimiento del rey de los judíos. Lógicamente, los sacerdotes responden que en Belén, según la profecía de Miqueas”.

Tampoco la fecha está del todo clara. Xavier Picaza, teólogo español, uno de los mayores estudiosos del tema, en un artículo titulado “Jesús, nacido en Nazaret, oriundo de Belén” señala: “La tradición del evangelio sabe que nació en tiempos del César Augusto, cuando reinaba en Palestina Herodes el Grande, es decir, unos años antes de lo que supone la datación oficial, calculada de un modo equivocado. Debió nacer el 6 a. C., en los últimos años de Herodes, en un tiempo que empezaba a estar marcado por fuertes contrastes. Un monje escita, de comienzos del siglo VI d. C., calculó que Jesús había nacido el año 753 de la Fundación de Roma y esa fecha se ha impuesto, hasta el día de hoy, como ‘año cero’ de la era común. Pero los cálculos históricos modernos indican que se equivocó, de manera que Jesús nació unos 6 ó 4 años antes. La fecha de la media noche del 25 de diciembre es simbólica y está vinculada con el culto al Sol que celebraba su fiesta ese día”.

Dentro de todo este contexto, lo que si parece es que tras más de 2000 años todavía se conservan algunos vestigios o reliquias del nacimiento e infancia de Jesús. Desde la cuna al pañal, pasando por los Reyes Magos y los ángeles, los pastores, y algunos otros símbolos que forman parte de su historia. Así, por ejemplo, aunque en los Evangelios no se hace mención a ninguna cuna, en la basílica romana de Santa María la Mayor se veneran algunos listones de madera que la formaban y también una brizna de paja del heno del pesebre. La reliquia, en territorio de la Ciudad del Vaticano (todas las basílicas mayores de Roma lo son), fue donada por la Corona Española, muy vinculada a este templo del que el actual rey Felipe VI es canónigo honorífico.

La imagen de una madre que deja el delicado cuerpo de su hijo recién nacido en un pesebre fue la que emocionó al Papa Sixto III, que en el año 432 decide realizar dentro de la basílica de Santa María la Mayor una “gruta de la Navidad” parecida a la de Belén, convirtiéndose de esa manera en el primer pesebre de la historia objeto de devoción popular. Se hizo tan famosa que algunos fieles, cruzados y peregrinos a su vuelta de Tierra Santa, empezaron a ofrecer como regalo algunas reliquias que traían del portal de Belén, entre ellos los listones de madera de la cuna.

cuna-03Fue el Papa Gregorio XI, más de un siglo después de que se empezase a difundir la costumbre de celebrar el nacimiento de Jesús iniciada por San Francisco de Asís, quien tuvo la idea de colocar estos vestigios en el interior de un tabernáculo, especie de urna que se suele colocar en el altar mayor de las iglesias. Aunque dejaron los restos de la cuna, este relicario fue destruido, luego construido de nuevo, y finalmente robado, por las tropas de Napoleón durante la ocupación de Roma (1799). El actual existente, majestuoso, sostenido por cuatro querubines de oro y coronado por un Niño Jesús, sigue conservando los listones de madera y fue realizado por Giuseppe Valadier (1762-1839), arquitecto y orfebre, máximo exponente del neoclasicismo de la ciudad. Para que los fieles pudieran venerarlo, se solía exponer en la nave central durante las fiestas navideñas, pero con los años, debido al mal estado de conservación de los restos, solo se hace en contadas ocasiones como en la misa del Gallo.

Otras reliquias que aún se conservan son algunos restos pertenecientes a los pastores que acudieron al portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Se encuentran enterrados bajo un altar en la iglesia de San Pedro y San Fernando en Ledesma, pueblo de Salamanca, un pequeño templo sobre el que gira una de las leyendas más divulgadas. Cuenta que pertenecieron a los Santos Pastores Isacio, Josefo y Jacobo. Su origen sigue siendo una incógnita. Como han recogido las crónicas a lo largo de la historia, pudieron ser traídos desde Tierra Santa hasta Ledesma en el año 1149, después de ocupar Jerusalén, por un caballero cruzado natural de la localidad, Micael Dominiquiz. A partir de ahí se suceden una serie de vicisitudes en las que no vamos a entrar, que terminan con su colocación en un arca cerrada en la iglesia de San Pedro, su destino final. Una noticia que se propagó rápidamente, llegando a oídos del Papa Inocencio XI, que le concedió el privilegio de una cofradía para salvaguardar el tesoro, permaneciendo ocultos durante siglos bajo sus muros en un antiguo cofre de madera hasta que fue descubierto durante unas obras a finales de 1965. “Los pastores fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2,16-17), así dice el Evangelio, y la tradición que sus restos se encuentran en Ledesma junto a sus zurrones y tijeras de esquilar.

Los Reyes Magos también forman parte de esta pequeña historia de las reliquias. Así narra el evangelista Mateo (2.11) su llegada al pesebre. “Vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, incienso y mirra”. Si bien el Evangelio no indica cuántos eran, sí dice que llevaron tres regalos y viajaron desde Oriente hasta Belén intrigados por una estrella que anunciaba el nacimiento de un rey. Su visita causó la desconfianza de Herodes que les ruega averigüen el sitio del nacimiento de Jesús, pues lo veía como un gran peligro para su reinado y pretendía acabar con él. Los Magos, que no sospechaban nada, encontraron al Niño, lo adoraron y le obsequiaron con sus regalos. Después, un ángel les previno sobre las intenciones del rey decidiendo regresar a sus países por un camino distinto. Es entonces cuando Herodes, fuera de sí, monta en cólera y ordena matar a todos los niños menores de dos años, aunque ya antes San José había sido avisado en sueños de que debía huir a Egipto con su familia.

Las figuras de los Reyes Magos aparecen ya en las catacumbas de Priscila, cementerio romano-paleocristiano que se encuentra en la Vía Salaria, uno de los más antiguos de la ciudad de Roma. En uno de los frescos de sus paredes del siglo II-III se pueden ver tres figuras con vestiduras persas que se acercan a la Virgen María y al Niño Jesús. Muchos han buscado sus tumbas a lo largo de los tiempos. Parece que fue la emperatriz Elena, madre del emperador romano Constantino, entusiasta de las reliquias religiosas, quien en el año 300 las encontró en Saba, cerca de la actual Teherán. De inmediato ordenó el traslado de sus restos a Constantinopla (hoy Estambul) donde permanecieron tres siglos en una capilla ortodoxa. Más tarde, en tiempos de la Segunda Cruzada, San Eustorgio, obispo de Milán, durante la visita que hizo al emperador para que aceptara su nombramiento como era preceptivo, recibió como regalo las veneradas reliquias que fueron trasladadas a su diócesis. Allí fue donde las encontró después Federico I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apodado Barbarroja por el color de su barba, que tras saquear la ciudad las donó a su vez a Reinaldo de Dassel, arzobispo de Colonia en 1164, donde reposan hasta hoy, en su catedral, en un espléndido sarcófago de oro, plata y madera que se tardó 45 años en construir. El último peregrino ilustre que las visitó fue el anterior Papa Benedicto XVI en el año 2005, pocos meses después de ser elegido. En su libro “La Infancia de Jesús”, donde dedica un capítulo a los Reyes Magos, además de señalar que pertenecían a la casta sacerdotal persa y verlos como sabios o filósofos en su sentido más literal, dice: “Son personas que van en busca de la verdad y del verdadero Dios”.Fueron los primeros no judíos que reconocieron al Niño Jesús como Dios.

relicario-tres-reyes-magos-01Relicario de los tres Reyes Magos en la catedral de Colonia.

Podríamos seguir contando más historias acerca de otros vestigios o reliquias relacionadas con el nacimiento de Jesús. Citaremos de forma somera solo algunas como las plumas de los ángeles dispersas por varios sitios, unas pertenecientes a los que se aparecieron a los pastores y otras atribuidas al arcángel San Gabriel cuando anunció a María que iba a ser madre de un niño. Aunque se le ha perdido la pista, esta última, considerada una de las reliquias más apreciadas en la Edad Media, estuvo durante bastantes años en el monasterio de El Escorial. También existe otro relicario en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, donde como ya hemos dicho están también los listones de la cuna. Se trata de un trozo de tela de los pañales que utilizó la Virgen para envolver al Niño. Aunque el más famoso de estos trozos, del que solo quedan tres hilos, se encuentra en Lérida y parece estar dotado de poderes especiales, pues se decía que curaba las enfermedades de aquel que lo colocaba en su cabeza. Muy venerado por reyes y Papas durante siglos, fue donado a la catedral en 1297 por un comerciante leridano que lo halló viajando desde Jerusalén a Túnez. Durante la Guerra Civil se perdió casi por completo, quedando solo los hilos citados. Existen otras reliquias sobre las que no nos vamos a extender para no hacer más extenso el artículo como el prepucio del Niño Jesús, su cordón umbilical, piedras del portal,…

Hasta aquí esta pequeña historia acerca del nacimiento de Jesús del que el actual Papa Francisco ha dicho en una audiencia reciente: “No conocemos apenas nada de la infancia de Jesús. Las raras indicaciones que poseemos hacen referencia a la imposición del nombre después de ocho días de su nacimiento. Sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él, si miramos la vida de los niños”. Un año más, cumpliendo con la tradición, se montará un pequeño Belén en muchas casas. Una pequeña aportación a una Navidad más íntima. Una celebración de bondad, de deseos de paz y sosiego, en un mundo complicado. Una reliquia más que sobrevive en el tiempo. Un tema eterno que cada año parece distinto. Pocas cosas han cambiado desde nuestra niñez hasta hoy. La Navidad llama a nuestra puerta.


La propina y su importancia social, obligación, satisfacción o clasismo

noviembre 25, 2016

No está del todo claro de donde viene la costumbre de ‘dejar propina’. Existen varias teorías al respecto. Aunque la mayoría están de acuerdo en que el origen de la palabra viene del latín ‘propinare’ <> ‘dar de beber’. Hay quien dice, los menos, que ‘dar propina’ lo inventaron los griegos que acostumbraban a beber solo una parte del contenido de la copa dejando el resto como ‘propina’ para la persona a cuya salud se brindaba. Pero la más dominante, sostenida por muchos expertos como Michael Lynn, reconocido investigador, profesor de psicología del consumidor en la Universidad de Cornell, con trabajos publicados en periódicos como New York Times o The Wall Street Journal, creen que esta costumbre se inició en la Europa aristocrática del siglo XVII como un gesto de la nobleza hacia la plebe que la atendía en las tabernas. Más tarde, después de la Guerra de Secesión (1861-1865), fue introducida en EEUU por los americanos ricos que regresaban de sus vacaciones por el viejo continente, comenzando a aplicarla entre el personal de servicio como muestra de lo que habían ‘aprendido’ en Propina 01el extranjero. Sin embargo, no fueron bien recibidas por considerarlas un signo de clasismo, hasta el punto de crearse una Asociación Antipropinas que llegó a tener más de 100000 socios, logrando, junto a la presión de los sindicatos, que se prohibiesen en algunos estados durante años. A pesar de estos esfuerzos, se puede decir que a lo largo del siglo XX la práctica de ‘dar propina’ se terminó convirtiendo en casi un dogma.

La propina es uno de los ‘tópicos’ que sigue sin resolverse a satisfacción. ¿Debemos dar o no propina a la persona que nos presta un servicio? ¿Se pueden ofender si no les damos o les damos ‘poco’? ¿En que cantidad? No hay nada tan fluctuante como este tema. En España, y en Europa en general, las propinas son un pequeño complemento que algunos clientes dejan después de un servicio. Sin embargo, en EEUU, donde el sueldo de los camareros, por ejemplo, es muy bajo, suponen en ocasiones el sustento básico de muchas personas. En realidad la pregunta que subyace en el fondo es… ¿es bueno o no dar propinas? Brandon Ambrosino, escritor de la publicación digital Vox.com y también del The New York Times y otros periódicos de renombre, en un extenso artículo titulado “La propina perpetúa el racismo, el clasismo, y la pobreza: ¡hay que deshacerse de ella!” asegura que no se deben dejar propinas. Y no es el único. Sus argumentos son varios. Desde que la responsabilidad de pagar el sueldo de los camareros no debe incidir en el cliente, hasta que la propina no depende de elementos objetivos. Michael Lynn, al que ya hemos citado antes, también destaca que la correlación entre un buen servicio y una buena propina suele ser bastante débil.

En general la propina se entiende como una recompensa, normalmente de tipo económico, que se suele dar en agradecimiento a un buen servicio. Casi siempre es el cliente quien decide darla o no, y en que cantidad, aunque desde hace un tiempo en determinados países se ha convertido en poco menos que obligatoria, perdiendo entonces, a pesar de que conserve el nombre, su carácter de origen. En la actualidad, ‘dar o no propina’ es un tema discutido y discutible entre los consumidores. Hay quien piensa que puede ser ‘exigible’ como apoyo al sueldo de los trabajadores, mientras que otros, la mayoría, creen que ‘dar propina’ lo único que hace es que los salarios de esos empleados se mantengan en niveles bajos. Finalmente hay quienes siguen viendo a la propina solo como una vieja costumbre.

Propina 02

Alrededor de las propinas se han producido curiosas historias y anécdotas, algunas hasta divertidas. Citaremos solo dos:
Una fue protagonizada en el año 2007 por el entonces ministro de Economía Pedro Solbes, a quien no se le ocurrió otra cosa que afirmar que “las propinas eran una de las causas del aumento de la inflación”. Una frase que ‘soltó’ durante el coloquio que siguió a una de sus intervenciones. Lo hizo cuando creía que los periodistas ya no le podían oír, utilizando un tono informal para justificar de manera ‘didáctica’ la subida de precios con unos argumentos poco afortunados para un experto economista, además de ministro. En su reflexión reconocía que la entrada del euro había tenido un efecto inflacionista en España, sobre todo en los productos de bajo valor, y que los ciudadanos no lo habían interiorizado lo suficiente, añadiendo que un modo fácil de comprobarlo era nuestro comportamiento al dejar propinas, que según él, y aquí viene la barbaridad de su expresión, a veces se dejan hasta el 50% del coste de lo consumido cuando éste es bajo. “No se ha interiorizado que un euro equivale a 166 pesetas y que dejar un euro de propina por dos cafés es exagerado”, aseguró. Poco tardó en ser el hazmerreír de todo el mundo, empezando por la oposición política que enseguida se encargó de propalar las ‘ocurrencias de Solbes’. Y lo hicieron con chascarrillos. Algunos tan originales como: “Pero dónde y con quién toman café Solbes y Zapatero, que sólo pagan 80 céntimos (según Zapatero) y dejan un euro de propina (según Solbes)”, “Que les pregunten a los camareros si ellos dejan un euro de propina”, añadiendo… “Mientras nos piden que comamos conejo (otra de sus ocurrencias) o que no dejemos propina, el Gobierno se gasta miles de euros en campañas de autobombo”. A esta última frase se apuntaron también muchos, criticando al Gobierno por su segunda ‘recomendación’ para reducir la inflación, y que no era otra que incrementar el consumo de conejo, diciendo: “Al tiempo que la ganadería está atravesando la mayor crisis de su historia, esta Navidad ni toca dar propina, ni toca el pavo, lo que toca aquí es conejo”.

Propina 08La segunda anécdota, en este caso ‘simpática’, alrededor de las propinas es la que aparece en una de las secuencias de la película “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino. Seis criminales profesionales contratados para un trabajo, que no se conocen entre sí y mantienen el anonimato escondidos bajo nombres de colores, se encuentran desayunando en un bar. En el momento de pagar, uno de ellos, el señor Rosa, se declara contrario a dejar propina, siendo censurado por sus compañeros. A la mayoría, que paradójicamente estaban planeando el asalto a un banco, les parecía inmoral escatimar ese 15% a las camareras.

No en todos países ni en todos los sitios se ven las propinas bajo una óptica similar. Varían mucho de un país a otro, y a menudo entre ciudades distintas de un mismo país. Los hay como en Japón o China donde no solo no es una costumbre, sino que dejarlas está mal visto. En cambio en EEUU o Canadá en algunos casos son casi obligatorias y en ocasiones incluidas en la cuenta como un complemento del sueldo. En otros, como el Reino Unido o Cuba, siendo voluntaria todo el mundo la espera, o bien siendo una costumbre se deja solo cuando el servicio es satisfactorio, entendiendo como una queja por parte del cliente cuando no se hace así. En este último grupo se puede encuadrar a España y la mayoría de los países europeos (Alemania, Francia,…). También muchos sudamericanos (Argentina, Chile, Uruguay,…). A continuación se relaciona el modo de comportarse con la propina en una serie de países tomados como referencia:

EEUU
En las empresas de servicios dan por hecho que una parte del sueldo de sus trabajadores está formado por las propinas que dan los clientes. Oscilan entre un 10-15 %, y cada vez son más los restaurantes, por ejemplo, que la llevan incorporada en la factura.
Reino Unido
Al igual que en EEUU bastantes restaurantes incluyen la propina en su factura. No así en los bares, aunque es costumbre dejarla.
Cuba
La propina ha sufrido un cambio total, pasando de estar prohibida a ser una costumbre en restaurantes y en el gremio de los taxistas.
Brasil
Los restaurantes la tienen incluida en la factura, aunque desde no hace mucho los camareros de las zonas turísticas se han ‘acostumbrado’ a recibirla como un complemento.
Méjico
Está muy mal visto no dejar propina, pero no suele estar incluida en la cuenta.
Chile
La propina no es obligatoria, sin embargo hay restaurantes que la incluyen sin preguntar al cliente, quien ha de ‘protestar’ si quiere que se la anulen.
Argentina
Suele ser habitual dejarla.
Francia
Se suele dar o no en función de la calidad del servicio.
Alemania
Es el cliente quien decide si dejar propina o no.
Italia
Al igual que en España es totalmente voluntaria.
Rusia
Hasta la desintegración de las URSS las propinas estaban prohibidas, pero a partir de entonces se han convertido en una costumbre.
Japón
No es obligatoria ni los propios trabajadores la esperan, incluso la consideran ofensiva.
Italia
Existe una cultura de la propina, siempre se cuenta con ella como un complemento al salario.
Australia
Aunque no es habitual dejar propina, en las zonas turísticas se ha ido instaurando poco a poco si el cliente se encuentra satisfecho con el servicio.
China
No existe cultura de dejar propina, incluso está prohibida en algunos sitios. Solo los restaurantes muy selectos suelen aplicar un recargo por este concepto.

Propina 11En la actualidad, el movimiento contrario a las propinas está creciendo con fuerza. De hecho en EEUU, diferentes restauradores de Nueva York muy influyentes las han prohibido por considerar que sus trabajadores darán un mejor servicio si a la vez les mejoran el sueldo. En España también están de capa caída, aunque en nuestro caso se trata de una polémica distinta: la causa, mucho más profunda, se debe a la gravedad de la actual crisis económica. El futuro de las propinas no está nada claro, sobre todo si se profundiza en el motivo por el que se deja más dinero que el marcado por el precio de un servicio. Según Michael Lynn, lo lógico sería pensar que si uno paga más del coste es porque quiere que en el futuro le vuelvan a tratar bien, una tesis que pronto se viene abajo con solo observar lo que sucede en la mayoría de los bares y que demuestra que no existe relación entre ‘dar propinas’ con volver al establecimiento. Afirma también Lynn que “en realidad no se hace por un buen servicio sino por la aprobación social, incluidos nuestros vecinos de mesa, que es lo que en el fondo buscamos”. Bastantes clientes confiesan ser más generosos cuando se encuentran acompañados. El diccionario de la RAE define a la propina como “un agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio”. Sin embargo, como se ha podido observar, su significado ha cambiado tanto que en unos sitios se ha convertido en obligatoria y en otros se ve como una ofensa.

No siempre es fácil dar propina. Cuando se recibe un servicio, puede resultar satisfactorio o no. Muchas veces se plantean estas preguntas: ¿es obligatoria la propina? ¿Puede resultar ofensiva? ¿Suena a limosna? ¿Cuánta se debe dejar y a quien? ¿A la persona que nos presta el servicio, al camarero o al establecimiento? ¿Se aceptan en cualquier sitio o no siempre? ¿Funciona igual en todos los países? La realidad es que no hay una única respuesta. Porque por mucho que el diccionario de la RAE la defina como agasajo y muestra de satisfacción, lo cierto es que muchas veces no es voluntaria. En general, no existe ninguna norma sobre las propinas. A veces se deja y otras no. Depende de varios factores. A causa de la crisis económica, la costumbre de ‘dar propina’ ha caído mucho. O lo que es lo mismo, si esta costumbre, de origen aristocrático, dejara de estar bien vista, perdería su razón de ser. Se trata de un incentivo más emocional que racional.


Conflictos generacionales, una historia que se repite

noviembre 5, 2016

El conflicto generacional apenas necesita presentación. Todos hemos pasado por él (o lo haremos). Además en papeles distintos. Cada generación ha tenido conflictos con las anteriores. Aceptar algunas leyes o comportamientos, sobre todo si son impuestos, a veces no suelen encajar bien en las generaciones más jóvenes dando lugar a conflictos que se repiten. Sin título-1Circulan unas frases ‘ad hoc’ atribuidas al médico de familia inglés Ronald Gibson (1909-1989) que son un buen ejemplo de lo que estamos hablando. Cuentan que fueron pronunciadas al inicio de una de sus conferencias sobre el eterno conflicto entre generaciones de padres e hijos o entre una generación y sus antecesoras.

“Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el mayor respeto por los mayores de edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos”.

“Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder. Porque esta juventud es insoportable, desenfrenada y simplemente horrible”.

“Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos”.

“Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura”.

Mientras el doctor Gibson las iba citando, parece que el público asentía con la cabeza y le brindaba su apoyo dándole la razón. La sorpresa vino después cuando nombró al autor de cada frase:

– La primera es de Sócrates (470-399 a.C.), filósofo ateniense considerado uno de los más grandes a nivel universal. Maestro de Platón, con Aristóteles su discípulo, fueron los tres más importantes de la Antigua Grecia.

– La segunda pertenece a Hesíodo (720 a.C.), poeta de la Antigua Grecia. Algunos lo sitúan contemporáneo de Homero, célebre autor de la Ilíada y la Odisea, las más notables poesías épicas griegas. Aunque investigaciones actuales lo incluyen en una generación posterior.

– La tercera es de un sacerdote (2000 a.C), y

– La cuarta la más sorprendente al estar escrita en un vaso de arcilla con más de 4000 años de existencia descubierto entre las ruinas de la antigua Babilonia, ciudad de la baja Mesopotamia, en el actual Irak.

Sócrates 01Fallecimiento de Sócrates. Óleo de Jacques-Louis David (1787).

La principal causa de un conflicto generacional casi siempre se atribuye a la diferencia de edad. La mayoría de los adolescentes manifiestan la necesidad de afirmar su propia personalidad para desarrollarse como personas y a menudo lo suelen hacer negando la del adulto y sus valores. Que esto ocurra puede considerarse ‘normal’, aunque deja de serlo en determinados casos como cuando:
– Los padres pretenden ser amigos de sus hijos, o ejercen un control exhaustivo sobre ellos, o no aceptan que se está produciendo un fuerte cambio en ellos, o
– Los hijos adoptan una postura de rebeldía ante cualquier intento de acuerdo, o no han tenido un referente claro viéndose obligados a crecer por su cuenta.

Afrontar con éxito un conflicto generacional no es fácil, sobre todo si se intensifica demasiado. El problema permanece latente. Ante una actitud de rebeldía de los hijos solo caben la coherencia y comprensión de los padres. Muchas veces la clave radica en su modelo de comportamiento. Enfrentarse a la adolescencia es una de sus tareas, y hacerlo con éxito dependerá en gran parte de su actitud. El objetivo no es convertirse en el mejor amigo del hijo, sino intentar respetar su espacio personal. Ser su referente es importante porque les dará la autoridad necesaria para que respeten sus decisiones. Eso sí, firmeza pero… no inflexibilidad. Ser ‘autoritario’ no funciona con los jóvenes. El diálogo dará más posibilidades de éxito, pues permitirá conocer sus necesidades para tomar las decisiones correctas.

Muchos escritores han tratado el conflicto generacional en artículos o en algunos pasajes de sus obras. El también economista José Luis Sampedro o José Saramago han sido dos de ellos. Este último, a través de un diálogo entre un padre y su hija, muestra en su novela ‘La caverna’ la importancia de que cada generación conceda a la siguiente el espacio suficiente para permitir la renovación ‘necesaria’ de algunas ‘reglas’ hasta ese momento aceptadas que pueden haber quedado obsoletas. A continuación extraemos uno de sus párrafos:

“Leyendo se acaba sabiendo casi todo. Yo también leo. Por tanto algo sabrás. Ahora ya no estoy tan segura. Entonces tendrás que leer de otra manera. Cómo. No sirve la misma forma para todos, cada una inventa la suya. La suya propia. Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son solo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están ahí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa. A no ser (…) que esos tales ríos no tengan dos orillas sino muchas, que cada persona que lea sea, ella, su propia orilla, y que sea suya, y solo suya la orilla a la que tendrá que llegar. Bien observado, (…) una vez más queda demostrado que no les conviene a los viejos discutir con las generaciones nuevas, siempre acaban perdiendo (…)”.

Conflicto generacional 01

La defensa e imposición de un único punto de vista, además de dejar en entredicho a los que carecen de argumentos y se niegan a admitirlo, no solo potenciará la aparición de un conflicto, sino que impedirá cualquier diálogo. Incluso desencadenará cierto grado de intolerancia. En ocasiones se oye decir: “¡cualquier tiempo pasado fue mejor!”, pero la percepción a veces es errónea. Basta recordar las frases pronunciadas por el doctor Gibson y la sorpresa que causaron al citar su procedencia, quien parece que finalizó su charla con esta contundente expresión: “Señoras madres y señores padres de familia: relájense, que la cosa siempre ha sido así…”. El conflicto generacional debe ser sólo una etapa más en la relación entre padres e hijos. No es suficiente con describir la posible frustración que sienten los jóvenes, hay que acercarse a ellos y ayudarles a avanzar. La cuestión generacional no está en que se produzca, sino en que grado y cantidad. Hay situaciones que nunca cambiarán del todo. Que una generación en busca de su identidad se rebele contra lo ‘establecido’ resulta hasta cierto punto normal. El conflicto generacional siempre ha existido, porque forma parte del comportamiento humano.

 

 

 


La siesta, esa costumbre tan española, y la regla de San Benito

septiembre 12, 2016

La siesta es una de las tradiciones más arraigadas en España. Aunque no está del todo claro, su nombre se debe a San Benito (Benito de Nursia), declarado en 1964 patrón de Europa por Pablo VI por su impulso al entendimiento entre los pueblos. En una de sus reglas monásticas estableció la “hora sexta”, más tarde conocida como ‘hora de la siesta’, como el momento para el descanso. Así viene reflejado en el capítulo XLVIII que habla sobre ‘El trabajo manual de cada día’:
“3. Desde Pascua hasta el catorce de septiembre, desde la mañana, al salir de Prima, hasta aproximadamente la hora cuarta, trabajen en lo que sea necesario. 4. Desde la hora cuarta hasta aproximadamente la hora de sexta, dedíquense a la lectura. 5. Después de sexta, cuando se hayan levantado de la mesa, descansen en sus camas con sumo silencio, y si tal vez alguno quiera leer, lea para sí, de modo que no moleste a nadie. 6. Nona dígase más temprano, mediada la octava hora, y luego vuelvan a trabajar en lo que haga falta hasta vísperas”.
Una vinculación que también recoge el diccionario de la RAE cuando señala que la siesta es ‘el tiempo después del mediodía en que aprieta más el calor o tiempo destinado para dormir o descansar después de comer’.

San Benito Abad 03

La ‘Regla de San Benito’ o benedictina es una regla monástica que Benito de Nursia escribió a principios del siglo VI. Dirigida a los monjes, cuando le destinaron al norte de Italia como abad, éstos no la aceptaron, incluso intentaron envenenarle. Más tarde, alrededor del año 529, se trasladó al monte Cassino situado en una colina a unos 130 km al sur de Roma, donde fundó un monasterio que sería conocido como Montecassino, célebre no solo por ser el primero de San Benito, sino también por cuatro famosas batallas que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Segunda Guerra Mundial y ser destruido finalmente en 1944 tras varios ataques aéreos del ejército aliado. Hasta Montecassino le siguieron solo algunos monjes jóvenes, formando una comunidad que acató y siguió su ‘Regla’, llamada en adelante ‘Regula Sancti Benedicti’. Formada por 73 capítulos, algunos añadidos después por sus seguidores, fue acogida por la mayoría de los monasterios fundados en la Edad Media. Su principal mandato era sin duda el ‘ora et labora’ (‘reza y trabaja’), con una atención especial a la regulación del horario y al aprovechamiento de la luz solar para conseguir un equilibrio entre trabajo, meditación, oración y sueño. Una regla que daba la autoridad al abad quien a su vez tenía la obligación de consultar al resto de la comunidad sobre los temas importantes.

La ‘Regla de San Benito’ incluía la norma de guardar reposo y silencio después de la “sexta hora”, que a su vez viene de la hora sexta romana. Los romanos no dividían el día en 24 horas de 60 minutos durante todo el año, sino que repartían el tiempo de luz, ‘el día’, en doce horas de tal manera que en verano éstas resultaban más largas que en invierno. Se expresaban en números ordinales: ‘prima’,… ‘tertia’,… ‘sexta’,… La ‘prima’  era la primera (al amanecer) y la ‘duodécima’, la última, marcaba el final del día (puesta de sol). La hora sexta, de la que procede la palabra siesta, precisaba el mediodía. Por el contrario ‘la noche’ se dividía en cuatro partes llamadas vigilia: prima vigilia, secunda vigilia,… y tenían también una duración diferente según la época del año. Así pues, las horas se contaban a partir de la salida del sol, y al mediodía, cuando el calor se acentuaba, a la hora sexta, era el tiempo del almuerzo y de ‘echar’ un breve sueño antes de continuar con las actividades vespertinas. Hasta la propia Radio Vaticano en su Web en español relaciona la siesta con la regla benedictina al citar: “San Benito enseñó a los monjes a construir relojes para contar las horas. La regla del santo concretaba una serie de horas con las obligaciones, comidas, oraciones y ceremonias a realizar en cada una de ellas. Una curiosidad es que la hora sexta, dedicada en la regla benedictina al descanso, ha inmortalizado la siesta, trascendiendo al mundo asceta y monacal”.

Siesta 01‘La siesta’, óleo del pintor cubano Guillermo Collazo (1850-1896).

España no es el único lugar que incluye la siesta entre sus tradiciones. También Latinoamérica. Cada vez son más los países en que se encuentra presente. Son muchos los científicos que se aferran al reloj biológico y al bajón que se produce entre la una y las cuatro de la tarde. “Después de comer la persona tiene necesidad de dormir”, insisten. Para muchos expertos la siesta ideal es aquella que dura menos de media hora: ‘tiempo suficiente para recargar pilas, descansar cuerpo y mente, y no entrar en un sueño profundo’. Aunque algunos, como el ínclito escritor Camilo José Cela, afirman que “la siesta debe hacerse con pijama, Padrenuestro y orinal”, son mayoría los que sostienen que la siesta tiene que ser breve y a ser posible intensa. Para ello aconsejan hacerlo en un lugar donde no se escuchen ruidos. Sin embargo, sobre esto también existen discrepancias: “hay quien prefiere recostarse en un sofá y usar la monotonía del ruido como fondo placentero, y otros que cuando se acuestan… lo hacen de verdad y con todas las consecuencias”. Eso sí, todos insisten en que ‘lo importante es descansar’. Ahora bien: ¿es necesario dormir la siesta? Aquí es donde casi todos los expertos coinciden: “la siesta está llena de ventajas, pero no es imprescindible”.El aumento del rendimiento de las personas, y también del optimismo, son algunas de las razones que justifican ‘echarse una buena siesta’. Lo que ocurre es que por el trabajo habitual de cada cual son pocos los que pueden disfrutarla. Aún así siempre se puede encontrar un pequeño hueco.

Una muestra de la ‘importancia’ que algunos dan a la siesta (en este caso en sentido negativo) es la noticia que hace unos años publicaba a toda página el semanario ‘Der Spiegel’ cuando afirmaba: “La siesta ya no existe en España”. La revista alemana señalaba que el Gobierno español, en plena crisis económica, había eliminado esta práctica porque nuestro país “ya no podía permitirse ‘holgazanear’ en medio de la bancarrota nacional”. “La siesta no existe en España desde el año 2012”, aseguraba. Al parecer, decía, a raíz del rescate bancario, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI habían exigido al Gobierno poner fin a esta práctica tan habitual entre los españoles. Explicaba que “durante siglos, los habitantes de los países del sur de Europa” habían llevado esta costumbre y los trabajadores abandonaban las oficinas y se iban “a casa a descansar para evitar el estrés”. De hecho, seguía diciendo que esta práctica había sido sagrada durante siglos pero ahora la situación ‘idílica’ ha terminado. Según el semanario, para más ‘inri’ y sorpresa de todos los españoles, “en el año 2005, el gobierno del entonces presidente Zapatero ‘eliminó la siesta para los funcionarios públicos’ con el objetivo de invertir ese tiempo ‘de manera más productiva’”. El resultado final de la supuesta prohibición era, según ‘Der Spiegel’, unos ciudadanos que han cambiado “su arte de disfrutar la vida por más trabajo y más consumo”, puntualizando además que “muchos protestaron’ contra la medida pero…‘había sido en vano’. Fue una noticia que corrió como la pólvora por todo el país a la que nadie daba crédito. ¡Y con razón! Está claro que los alemanes están en todo su derecho de criticar libremente a la siesta. Es su problema. Ahora bien, cada vez son más los estudios que confirman que tiene grandes beneficios, aunque, eso si, debe ser breve. Más de 30 minutos ya supone desventajas, pues llegar a las fases profundas del sueño suele conducir a un despertar incómodo.

Siesta 02

El propio Camilo José Cela definió a la siesta como ‘el yoga ibérico’. Una costumbre a la que han acabado sucumbiendo personalidades tan importantes como Albert Einstein: “Las siestas son recomendables para refrescar la mente y ser más creativo”, Thomas Edison: “Soy capaz de dormir como un insecto en un barril de morfina a la luz del día”, Winston Churchill: “Hay que dormir en algún momento entre el almuerzo y la cena, y hay que hacerlo a pierna suelta: quitándose la ropa y tumbándose en la cama. Es lo que yo siempre hago. Es de ingenuos pensar que porque uno duerme durante el día trabaja menos. Después de la siesta, se rinde mucho más. Es como disfrutar de dos días en uno, o al menos de un día y medio”, y hasta el mismo Napoleón. Se cree que la ‘hora sexta’ dedicada al descanso en la regla de San Benito ha inmortalizado a la siesta.

silos-01PD.-
Hace poco he estado en el monasterio de Santo Domingo de Silos y en una de sus entradas ahí sigue la regla de San Benito como el gran lema de la orden.


El efecto mariposa, los sistemas caóticos, y sus consecuencias

julio 21, 2016

La teoría del caos, a la que dedicaremos un próximo post, es como se conoce a la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias como la biología o la economía que trata de ciertos sistemas muy sensibles a las variaciones en sus condiciones iniciales de tal manera que hacen imposible o muy difícil realizar predicciones ni siquiera a medio o corto plazo. El tiempo meteorológico un claro ejemplo de sistema caótico y el efecto mariposa un concepto de dicha teoría: todos hemos oído hablar de él, incluso bastantes personas lo utilizan en ocasiones como ‘filosofía’ de vida. A pesar de su complejidad, hace referencia a ese pequeño cambio cuyas consecuencias en determinadas circunstancias generan una gran transformación.

Efecto Mariposa 04En 1960 el matemático y meteorólogo Edward Lorenz trataba de encontrar un modelo matemático que fuese capaz de predecir el comportamiento del tiempo. Tras distintas aproximaciones pudo ajustarlo a la influencia de tres únicas variables. Pero hubo un aspecto que le sorprendió. Con la ayuda de ordenadores, muy lentos en aquella época, descubrió que se encontraba ante un sistema caótico, comprobando que cualquier ligera perturbación, o error, en las condiciones de partida tenía una gran incidencia en el resultado final. Lo contaba así en su libro ‘La esencia del caos’:

“En un momento dado, decidí repetir algunos cálculos con el fin de examinar con mayor detalle lo que estaba ocurriendo. Detuve el ordenador, tecleé una línea de números que había salido por la impresora un momento antes y la puse en marcha de nuevo. Luego, me fui al vestíbulo a tomar un café y regresé al cabo de una hora, tiempo en el que había simulado dos meses de tiempo meteorológico. Inmediatamente me di cuenta que los números que salían no tenían nada que ver con los anteriores”.

“Pensé que se había estropeado alguna válvula o que el ordenador tenía alguna avería, nada infrecuente por otra parte. Pero antes de llamar a los técnicos decidí comprobar donde podía estar la dificultad, sabiendo que de esa forma se aceleraría la reparación. Entonces me encontré con que, al inicio, los nuevos valores repetían los anteriores, pero enseguida empezaban a diferir en una, en varias unidades, en la última cifra decimal, en la anterior, o en la anterior de la anterior. La verdad es que las diferencias se duplicaban más o menos de forma constante cada cuatro días, hasta que cualquier parecido con los datos originales desaparecía en algún momento del segundo mes”.

“Con eso me bastó para comprender lo que ocurría: los números que yo había tecleado no eran los números originales exactos sino los valores redondeados que había dado a la impresora al inicio. Estaba claro que los errores por redondeo eran los culpables y se iban amplificando hasta dominar la solución. Dicho con una terminología de hoy: se trataba del caos”.

Más tarde, para explicar su idea, se le ocurrió esta sencilla metáfora:
“Imaginemos a un meteorólogo que hubiera conseguido hacer una predicción acertada mediante cálculos precisos y datos de partida exactos. Al final podría encontrarse con una predicción errónea por no haber tenido en cuenta el aleteo de una pequeña mariposa en el otro lado del planeta. Podría introducir tales perturbaciones en el sistema que hubieran dado lugar a la predicción de una tormenta”.

El artículo que Edward Lorenz publicó en 1963 sobre los resultados de sus trabajos se puede considerar uno de los avances más importantes de la Física del siglo XX. Aunque en principio pasó desapercibido, salvo para la comunidad científica, su repercusión aumentó en las décadas siguientes entre otras cosas gracias a su célebre frase: ‘El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas’, pronunciada en 1972 durante una conferencia en la reunión anual de la AAAS (American Association for the Advancement of Science). Antes ya había utilizado el ejemplo de la gaviota que provoca una tormenta, aunque a sugerencia de algunos compañeros de profesión decidió cambiarla por el más atractivo y ‘poético’ caso de la “mariposa”. Un “efecto” que se hizo famoso en 1987 gracias al bestseller “Caos: la creación de una ciencia” de James Gleick. Fue a partir de entonces cuando el descubrimiento de Lorenz se hizo muy popular.

Efecto Mariposa 03

En realidad el tiempo atmosférico es más complejo que el modelo de Edward Lorenz, pero se acepta que si el patrón simple ya presenta las características de una alta sensibilidad a las condiciones iniciales y a la presencia de un ‘atractor’ extraño (conjunto de valores numéricos hacia el cual un sistema tiende a evolucionar en una amplia variedad de sus condiciones de partida), cualquier otro que lo describa con mayor precisión presentará características análogas. De ahí que los modelos meteorológicos tengan un tiempo finito más allá del cual sus predicciones no resultan útiles y que en la actualidad se establece entre 5 y 10 días.

Lorenz expuso ‘gráficamente’ su teoría con su famosa frase sobre el ‘aleteo de la mariposa‘. Aunque eso no significa que desencadene por si sola por ejemplo un huracán, sino que para estudiar un sistema caótico se deben tener en cuenta hasta las variables más insignificantes. Ignorarlas puede llevar a graves errores de cálculo. Con su conclusión demostró lo que a algunos ya se les había ’ocurrido’ antes. Por ejemplo, al famoso escritor de ciencia-ficción Ray Bradbury cuando elaboró el relato que inspiró la película ‘El sonido del trueno’. Otros films también han utilizado el ‘efecto mariposa’ como parte central de su argumento; uno de los últimos (2004) fue el protagonizado por Ashton Kutcher con su mismo título o Babel (2007) con Brad Pitt como personaje central donde se muestra como historias de diferentes personas viviendo en extremos opuestos del mundo pueden afectar unas a otras.

Koffi Annan, secretario general de la ONU, al recibir el premio Nobel de la Paz en 2006 pronunció en su discurso unas palabras en las que hacía referencia a este fenómeno, y entre otras cosas decía:

“El segundo argumento de esperanza reside en el así llamado ‘efecto mariposa’. Una derivación de la física cuántica que nos enseña que todo tiene que ver con todo y todos somos inter y retrodependientes. Por eso cada individuo es un eslabón de la inmensa corriente de energía y de vida y cuenta mucho.

El ‘efecto mariposa’ representa una concreción de este principio. Fue identificado en 1960 por los que hacen previsiones meteorológicas. En ese campo como en otros funcionan sistemas caóticos; quiere decir, sistemas en los cuales domina la imprevisibilidad. Como un todo, tales sistemas también están sometidos a leyes matemáticas factibles de descripción; más su comportamiento concreto no puede ser previsto.

Pequeñas modificaciones pueden ocasionar grandes cambios. Entonces se dice: ‘Si una mariposa en Hong Kong bate sus alas, puede provocar una tempestad en Nueva York’. O como en un estadio de fútbol: basta que algunos comiencen a hacer la ola y, de repente, todo el estadio es contaminado y surge una inconmensurable ola. Es el efecto mariposa: un pequeño gesto puede ocasionar grandes transformaciones”.

Es posible que Koffi Annan quisiera subrayar la importancia del hecho de no conformarse y que cualquier gesto, por pequeño que sea, de cada uno de nosotros sirve. Por tanto, el “efecto mariposa” ya no tendría sólo una interpretación física, sino que también podríamos aplicarlo a diversos aspectos de nuestra vida.

Mariposa 01

Los fenómenos caóticos abundan en la naturaleza, pero también en otros campos. Existen sistemas cuyo comportamiento es difícil de determinar.  Al provenir de la ciencia, el “efecto mariposa” parece un concepto complicado. Sin embargo, poco a poco se ha ido implantando en nuestro vocabulario hasta el punto de hacer del mismo un concepto filosófico. ¡¡El batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo!! En esta simple frase se pueden resumir sus consecuencias: pequeñas acciones ayudan a crear grandes cambios. Las cosas que hagamos hoy influirán en nuestro futuro. Las personas no somos seres aislados. Nuestros actos pueden influir en muchos otros a la vez. Algo que hemos de tener en cuenta.