Falacias, el Nirvana, y… ‘lo mejor es enemigo de lo bueno’

marzo 19, 2018

Siempre han estado de moda las utopías. Últimamente también. Esa serie de propuestas ilusorias que suenan tan bien, pero que no son realizables por… mucho que lo parezca. Se hacen en muchos campos en los que ni siquiera se cree, prometiendo alcanzar objetivos incumplibles. Lo peor es que, de no tomar medidas a tiempo, nos pueden llevar a un callejón sin salida. ¡Sobre todo en la política! Algunas son todo un ejemplo de lo que se ha dado en llamar… la ‘Falacia del Nirvana’. Como decía Voltaire… ¡Lo mejor (o perfecto) es enemigo de lo bueno (o real)!

Ejemplos de falacias (Web escepticos.es)

Antes de seguir adelante comenzaremos por definir los términos de falacia y de Nirvana. Nos servirá para comprobar como la frase que encierran no es más que un juego de palabras. Del latín ‘fallacia’, falacia significa engaño y se suele utilizar como argumento para inducir a aceptar una proposición sin estar suficientemente justificada. Algunas se cometen de manera intencionada para manipular o persuadir, mientras otras, con efectos similares, se hacen de forma involuntaria por ignorancia o sin darse cuenta. Las hay que se realizan de manera ordenada mediante un sistema de lógica aparente y otras, sin embargo, parten ya de un error en el razonamiento.

En cuanto al término ‘Nirvana’, cuyo significado es ‘apagar’ o ‘extinguir’, es un concepto central del budismo (y en parte también de otras religiones o filosofías) que señala aquel estado en el que se detiene la actividad mental para luego alcanzar la liberación espiritual completa. Su difusión en Occidente se debe principalmente a Arthur Schopenhauer, reconocido filósofo alemán del siglo XIX, cuyos trabajos sirvieron de puente con la filosofía oriental, en especial con el budismo y el taoísmo. Un concepto que se extendió al área del psicoanálisis a propuesta de la inglesa Barbara Low con una definición parecida al enunciado para el principio del ‘Nirvana’ planteado por Freud, que lo resume como ‘una tendencia a la reducción, a la constancia y a la supresión de la tensión de excitación interna’.

El creer que hay soluciones perfectas para los problemas impide avanzar: ¡la solución perfecta no existe! Ni tampoco es verosímil. Pensar de esa manera acaba resultando perjudicial. Es necesario ir en busca de lo bueno y real. El exceso de perfeccionismo conlleva además un gasto de energía, tiempo y recursos que se podrían dedicar a otros temas. No hay que olvidar que siguiendo lo señalado por Pareto en su conocido diagrama, el 80% de los resultados se obtienen con el 20% del esfuerzo. La realidad es que, si no se elige bien lo correcto para conseguir los objetivos, esa ‘perfección’ se traduce en un problema de eficacia. Y lo que es peor, conduce a veces a la parálisis al descartar otras vías que, aunque no mejores, son reales. Sin embargo, lo cierto es que nos gusta perseguir utopías y algunas personas las aprovechan para presentar lo inalcanzable como posible a costa del idealismo de los demás. Es lo que se ha dado en llamar la ‘Falacia del Nirvana. Algo no posible que va en contra de otras soluciones, con sus pros y contras, pero que son reales. Si alguien insiste en la ‘bondad’ de este tipo de falacias se debe exigir siempre que explique con claridad como haría para cumplir con su idea.

Más ejemplos de falacias (Web escepticos.es)

Como se ha dicho al principio, uno de los campos más proclives a todo tipo de falacias es el de la política. En ocasiones con Nirvana incluido. Un ejemplo reciente lo hemos tenido en la moción de censura presentada al Gobierno español en el Parlamento el pasado mes de junio. Allí se proclamaron sin rubor bastantes verdades a medias y falacias, en especial en el discurso económico donde se dibujaba el ‘negro’ panorama de una economía que, aunque no siempre en la línea correcta, está creciendo a un ritmo más que aceptable. Si bien se esperaba, nunca en esa medida, pues a una moción de censura no se suele ir a ‘alabar’ los logros del que gobierna. Es verdad que aún existe mucho margen de mejora, pero también que se está marcando una tendencia ascendente. El problema es que cuando se quiere señalar que todo es oscuro y catastrófico más allá de la dialéctica política normal no queda otro remedio que retorcer las cifras a un nivel excesivo. Cierto es que se hicieron propuestas interesantes, pero si aparecen falacias, incluso con estados de Nirvana, lo único que se consigue es llevar a la desilusión. No es propósito de este artículo desglosarlas, solo decir que no es bueno realizarlas sin decir de donde se obtendrán los recursos para llevarlas a la práctica, algo exigible en éste y otros campos de la vida cotidiana.

“Lo mejor es enemigo de lo bueno” puede no ser entendible… en principio. Parece como que lo mejor es y será ‘mejor’ siempre. Base de la ‘Falacia del Nirvana’, se caracteriza por rechazar una acción o una idea al compararla con lo mejor, un ‘mejor’ muchas veces imposible. Pero la realidad de la vida, con sus contradicciones y paradojas, además de frágil e inestable, siempre es parcial. Muchas personas no son conscientes de la trampa del argumento. O no lo quieren ver. Se toman tan en serio ‘su’ falacia que, cuando la sueltan, se creen el no va más. Incluso las hay que van dando lecciones. Por desgracia, además abundan. Sin embargo, es preferible hacer una cosa con una calidad buena en un tiempo razonable que una excelente o ‘perfecta’ en un tiempo excesivo o a veces irrealizable. Ante las falacias conviene estar muy atentos para poder detectarlas y combatirlas. Lo mejor entendido como utopía no existe.

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Los dichos populares, su origen y significado (y III)

febrero 27, 2018

Los dichos populares enriquecen la lengua desde aspectos cotidianos a otros más existenciales y suelen hacer referencia a los temas más diversos. Son un reflejo fiel de la sociedad, siempre están ‘vivos’, y un recurso fácil para ilustrar algo de una manera impactante. Todos tienen un motivo y un por qué, aunque su origen es muy variado. Hemos hecho una pequeña selección en un primer y segundo post anteriores, que ahora completaremos con esta tercera entrega. Y sin más preámbulos,…

“Tonto de capirote”
Se trata de una expresión burlesca que se aplica a la persona muy necia e incapaz.
Miguel de Unamuno, en un artículo publicado en 1923, decía que “tonto de capirote” es aquel que con un capirote o bonete puntiagudo hace de tonto en las fiestas. “Es un tonto de alquiler y casi oficial“.

El “capirote” es un gorro en forma de cucurucho invertido que, desde los tiempos de la Edad Media, la Santa Inquisición obligaba a llevar colocado sobre la cabeza a todo acusado de algún delito, pecado o herejía. Llevar puesto un capirote era objeto de escarnio público y centro de burla del populacho que se agolpaba en las plazas donde eran exhibidos los castigados. Dependiendo del grado de castigo, la persona juzgada por la Inquisición vestía una serie de prendas que distinguían las diferentes penas. A los acusados de penas menores que mostraban arrepentimiento se les colocaba una especie de saco de lana conocido como ‘sambenito’ que debían portar durante largo tiempo junto al citado capirote. Más tarde surgió del propio pueblo señalar a aquel que llevaba un capirote con la cara descubierta como alguien falto o escaso de entendimiento (“el tonto del que todos se reían”).

Son famosos los capirotes que portan los penitentes durante las procesiones de Semana Santa, aunque en este caso van forrados de una tela que cae sobre los hombros con un par de agujeros para los ojos, evitando de esa manera que se les vea el rostro y guardar el anonimato.

“Verdades de Perogrullo”
Necesidad de expresar aquello que por evidente y consabido se hace ocioso anunciar. Cuando alguien emite una expresión tan evidente o sabida que resulta una afirmación trivial se suele opinar que dijo una perogrullada o una verdad de Perogrullo.
No puede afirmarse con rotundidad quién fue Perogrullo, ni siquiera si existió. Para algunos, fue un personaje quimérico; para otros, una persona de carne y hueso. Sea como fuere, lo que no puede cuestionarse es el caudal de ingenio encerrado en las célebres “verdades” que se le atribuyen, quien por ejemplo a… “la mano cerrada le llamaba puño”.

Pedro Grullo, Pedrogrullo, Pero Grullo o Perogrullo es un personaje de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Exaltado por la imaginación popular, algunas hipótesis e investigaciones realizadas afirman que sí habría existido un tal Pedro Grullo. Las “verdades de Perogrullo” formaron parte de coplas cuidadosamente recopiladas y un autor tan afamado como Francisco de Quevedo las intercaló en sus prosas, incluso hay quien dice que fue el inventor del vocablo “perogrullada” tal y como se puede comprobar en su libro “Los sueños” (1622), en concreto en la “Visita de los Chistes”, conocida también como “Sueño de la Muerte”, donde interviene el ‘gran profeta’ Pero Grullo: “Yo soy Pedro y no Pero Grullo, que quitándome una d en el nombre me hacéis el santo fruta”. El personaje ofrece diez profecías a las cuales Quevedo denomina perogrulladas.

Otros sitúan a Pero Grullo como Petro Grillo, personaje real que actuó como testigo en dos escrituras de 1213 y 1227 en Palencia. Durante el siglo XV, particularmente en Cantabria, se citaba también a Pedro Grillo. Existe un documento que data de 1460 titulado ‘Profecía’, cuyo autor usa el seudónimo de Evangelista, que en un breve relato describe a un profeta ermitaño a quien llama “Pero Grillo”. Este personaje hacía gala de una especial verborrea y lanzaba una profecía que era una sarta de perogrulladas. Es muy probable que a este Pero Grillo, casi cien años después, en 1551, Hernán Núñez de Guzmán, en sus “Refranes o proverbios en romance”, le haya cambiado de nombre y convertido en Pero Grullo. Algunos investigadores así lo creen de su evolución entre el siglo XV y el XVI. En 1605 aparece como un personaje de la novela “La pícara Justina” de Francisco López de Úbeda. También Cervantes lo menciona en la segunda parte de “Don Quijote de La Mancha”. En el capítulo LXII, Sancho Panza pregunta a la “cabeza” si volverá a ver a su mujer y a sus hijos, y ésta le responde: “Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero”. A lo cual Sancho añade: “Bueno, par Dios; esto yo me lo dijera: no dijera más el profeta Perogrullo”.

Vete al carajo 03

“Vete al carajo”
Interjección para expresar un desacuerdo con alguien o cuando le queremos perder de vista.
Carajo se le llamaba al lugar situado en lo alto del palo mayor de las antiguas carabelas españolas. Servía como puesto de observación desde el que los vigías oteaban el horizonte en busca de naves enemigas o lugares a donde querían llegar. Cuando un marinero cometía una falta se le mandaba al carajo en señal de castigo, estando obligado a permanecer allí como vigía. Tras apenas un par de horas bajaba totalmente mareado; un duro castigo que servía para dar escarmiento a quienes cometían alguna infracción a bordo.

“Vete a hacer puñetas”
Se utiliza cuando quieres deshacerte de alguien que te es molesto y deseas que se marche dejándote en paz. Despedir a alguien con desconsideración.
Las puñetas son las bocamangas (parte mas cercana de la manga) realizadas con bordados y puntillas que adornaban algunas togas de los jueces. Estaban hechas con mano con hilo formando un tejido calado con flores y figuras. Una labor muy delicada que implicaba mucha paciencia, tiempo y dinero; un largo y entretenido trabajo, por lo que mandar a alguien a hacer puñetas era sinónimo de quitárselo de encima. Algunas fuentes indican que el lugar donde se confeccionaban las puñetas eran los conventos apartados, de ahí el mandar a un sitio alejado que como poco requería una larga caminata. Otras fuentes apuntan a que hubo un tiempo en el que este laborioso trabajo lo realizaban las presas, por lo que al mandar a hacer puñetas a alguien se le estaba deseando que fuera a la cárcel por largo tiempo.

“Vísteme despacio que tengo prisa”
Aconseja no apresurarse cuando uno tiene mucha prisa por hacer algo.
Se trata de uno de los dichos más cuestionados sobre su origen. Adjudicado a tantos protagonistas de la Historia, nadie sabe con seguridad quién tiene los “derechos de autor”. Desde Carlos III a Fernando VII, pasando por Napoleón Bonaparte, todos parecen haberlo pronunciado en algún momento de su vida. Cuenta Pérez Galdós en sus “Episodios Nacionales” que un día Fernando VII se encontraba acompañado de su ayudante momentos antes de asistir a una importante reunión y viendo el rey que estaba muy nervioso por querer vestirlo a toda prisa, y no acertaba con su tarea, le espetó: “Vísteme despacio que tengo prisa“. Más claro parece el origen de su sentido, no la frase concreta, que se adjudica al emperador romano Augusto cuando les decía a sus ayudantes: “Apresúrate lentamente”. Según Suetonio, un historiador posterior, el emperador Augusto solía también aconsejar: “Caminad lentamente si queréis llegar más pronto a un trabajo bien hecho”.

“Dar el pego”
Significa engañar a alguien
Esta expresión procede de un antiguo truco empleado por los tahúres de cartas para hacer trampas en el juego. Data de bastantes siglos atrás. El ‘pego’ consistía en pegar de forma disimulada dos cartas (que marcaban previamente) sin que los demás jugadores se dieran cuenta. De esa manera se conseguía que saliesen ‘juntas’ en el momento ‘oportuno’.

Parece ser que existían distintas técnicas para ’dar el pego’. Una de las más complicadas era la denominada ‘infernal’, que muy pocos eran capaces de realizar con ‘limpieza’. Consistía en untar las cartas por determinados sitios para luego hacer presión con los dedos de manera que el ‘pego’ actuaba arrastrando también a la siguiente carta, la de abajo. La sustancia más utilizada para ‘dar el pego’ era la cera, que los jugadores solían introducir entre las uñas y soltaban con gran habilidad a lo largo de la partida. Requería tal destreza que muchos la ejecutaban con las yemas de los dedos bien finas y pulidas, aspecto que conseguían suavizándolas con piedra pómez. Era una práctica muy peligrosa, realizada por auténticos profesionales, pues de ser descubierta lo normal en aquella época era retarse y batirse en duelo.

Con el tiempo la forma coloquial de ‘dar el pego’ se ha generalizado como sinónimo de engaño y se aplica cuando algo se quiere pasar por auténtico y, aunque tenga apariencia de serlo, en realidad no lo es. Un ejemplo son las imitaciones de ropa de marca.

“Ser un viva la Virgen”
Persona informal e irresponsable; indolente y despreocupada. Suele decirse, despectivamente, de aquella a la que le da todo lo mismo.
Aunque su origen no está del todo claro, a tenor de su historia no es fácil entender como esta frase se ha hecho tan popular. Mientras hay quien sostiene que antiguamente tenía otro significado, se aplicaba al ‘hombre sencillo, inocente y cándido, con ciertos ribetes de bobo’, otros como Fernando Villamil, capitán de fragata de la Armada Española, en su libro “Viaje de circunnavegación de la corbeta ‘Nautilus’”, publicado en 1895, dicen: ‘Llámase a bordo ¡Viva la Virgen! al marinero conceptuado más torpe de la tripulación’; explicando a continuación que se trataba de un término que ‘venía de antiguo, cuando al formar la marinería para cantar el número de las guardias, uno, dos, tres, cuatro,… el que tenía el último número, en vez de contarlo, cerraba la cuenta con un ‘¡Viva la Virgen!’. José María Iribarren, autor de ‘El porqué de los dichos’, lo confirma: ‘El comandante de la Armada y escritor folklorista José Gella Iturriaga me ha comprobado esta versión como verdadera, y que más tarde se aplicó al descuidado, al que siempre llegaba tarde a formar, al último en acudir a la llamada’. Iribarren también apunta otra posibilidad que hace e referencia a la época en que los españoles armaron a los indígenas de las costas americanas para defenderse de los ataques de los piratas ingleses. Montaban guardia en playas y acantilados y cuando los corsarios desembarcaban, los indios (que estaban recién bautizados) les atacaban al grito de ¡Viva la Virgen! Como pasaban meses entre ataque y ataque, estaban la mayor parte del tiempo tumbados sin hacer nada. De ahí que a partir de entonces ese grito pasase a ser también el calificativo que les señalaba como ‘indolentes y despreocupados’.

“Se armó la gorda”
Sinónimo que identifica a un gran alboroto o problema grave.
‘Se armó la gorda’ o ‘se va a armar la gorda’ se utiliza coloquialmente para referirse a algo grave que ha surgido o cuando se pronostica un próximo acontecimiento violento, ruidoso y sonado. Contra lo que pudiera parecer, no tiene nada que ver con una mujer obesa ni ninguna cosa de gran volumen.

En realidad, ‘La Gorda’ fue el nombre popular con el que se llamó a la revolución contra la reina Isabel II (1830-1904). A mediados del siglo XIX, España ya no era la gran potencia de antaño; había perdido la mayoría de sus territorios coloniales en América, estaba en franca decadencia y el descontento entre la población era grande, crecía por momentos. Es entonces cuando se empieza a gestar el movimiento revolucionario que provocó que la reina se viese obligada a abandonar el país. Un levantamiento que vino precedido de un insistente rumor que circuló por las calles con la castiza frase de ‘se va armar la gorda’, aludiendo así a que se avecinaban serios conflictos. Así pues, cuando hablaban de ‘La Gorda’ en realidad a gente se estaba refiriendo al alzamiento militar que finalmente estalló en el mes de septiembre de 1868 y que perseguía el establecimiento de la I República. Fue una revolución a la que se denominó también ‘La Septembrina’, por haber tenido lugar en dicho mes o ‘La Gloriosa’.

La expresión ‘se armó la gorda’ o ‘se va a armar la gorda’ ha ido cambiando su sentido en el trascurso del tiempo hasta su significado actual para señalar que se avecina una gran pelea o problema más o menos grave, incluyendo una guerra, una simple trifulca entre familias o cualquier otro acontecimiento que transcurre con violencia, escándalo y gran revuelo.

“Quien se fue de Sevilla perdió su silla”
Sirve para justificar la pérdida de algún derecho, propiedad o privilegio por el simple hecho de haberlo abandonado, aunque sea de manera momentánea.
Esta expresión popular se emplea cuando alguien se ausenta de un lugar y a su regreso se encuentra conque otra persona ha ocupado su sitio. En ocasiones la frase utilizada es “El que fue a Sevilla perdió la silla”. En ambas se alude siempre a la persona que retorna. Se trata de un dicho que goza de gran aceptación, sobre todo en los niños (una de sus preferidas) que lo suelen hacer suyo para intentar conservar un lugar que no les pertenece.

Este dicho tiene su origen en un hecho histórico acaecido durante el reinado de Enrique IV (1425-1474), rey de Castilla, tras ser nombrado arzobispo de Santiago de Compostela un sobrino de Don Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla. Eran tiempos en que el reino de Galicia estaba metido en problemas y el sobrino le pidió ayuda a su tío para poder tomar posesión de la sede episcopal, mientras él entretanto se quedaba en Sevilla en el arzobispado del tío. Una vez que quedó restablecido el orden en Santiago, Don Alonso regresó de nuevo a su diócesis encontrándose con la sorpresa de que su sobrino se negaba a devolverle la silla arzobispal. Fue tal el enfrentamiento al que llegaron tío y sobrino que hubo que recurrir hasta un mandamiento del Papa y a la intervención del propio rey Enrique IV. A la vista de los hechos está claro que la ‘ausencia’ perjudicó no al que se fue a Sevilla, sino al que se marchó de la ciudad. De ahí el dicho: “Quien se fue de Sevilla perdió su silla”. Si atendemos al hecho histórico en sí, esa es la frase correcta. Sin embargo, según señala el Centro Virtual Cervantes existen otras variantes como ‘Quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Aragón se la encontró’, ‘Quien fue a Sevilla, perdió su silla, y quien fue a Jerez, la perdió otra vez’ o ‘Quien fue a Sevilla, perdió su silla; quien fue y volvió, a garrotazos se la quitó’. Hay otras, que no vamos a citar, que no hacen alusión a ningún lugar geográfico e incluso las hay con referencias más localistas.

“Sacar a alguien de sus casillas”
Hacer perder la paciencia a alguien, irritarle, encolerizarle o hacer que se enfade.
Su origen no está muy claro. Algunas fuentes señalan su relación con las casillas del tablero del juego del ajedrez. Sin embargo, son muchos, entre ellos José María Iribarren, los que lo relacionan con otro juego de mesa: el ‘backgammon’, un juego extendido por todo el mundo. Conocido en España como ‘tablas reales’, ‘chaquete’ o ‘chanchullo’ se trata de un juego conjuga azar y estrategia y en el que participan dos jugadores, resultando ganador aquel que consigue sacar las fichas del tablero antes que su rival.

Los historiadores aún discuten acerca del origen del ‘backgammon’. Tras el descubrimiento del ‘Juego Real’ encontrado en Ur (ciudad de la antigua Mesopotamia, en el actual Irak) durante unas excavaciones en la tumba de un rey sumerio, todo apunta a que este tipo de juegos ya existían hace 5000 años. Sin embargo hay quien lo sitúa en el Antiguo Egipto, en un juego conocido como ‘Senet’ del que se tienen referencias por las pinturas halladas en la pared de una tumba de la dinastía III (2650 a. C.) y otros juegos descubiertos en distintas tumbas, entre ellas la del faraón Tutankamon.

Al juego del ‘backgammon’ eran muy aficionados desde muy antiguo las personas de las altas esferas (reyes, gobernantes, eclesiásticos… Solían disputar sus partidas enfrentándose a alguno de sus lacayos o personas de menor rango. Y aunque sus adversarios procuraban dejarse ganar, no siempre la ‘intención’ se cumplía por el componente que tienen de azar los dados: influyen, y mucho, en el resultado final de la partida. De ahí que si, en un momento dado, una de las fichas caía en una de las casillas del adversario, al tener que sacarla fuera y ‘volver’ a entrar por el principio, muchos oponentes se enfadasen porque… ‘les habían sacado de sus casillas’.

Hasta aquí algunos de los dichos populares más conocidos. Lo mismo que muchos desconocíamos su transfondo histórico o leyenda popular que les rodea, seguro que en más de una ocasión los hemos escuchado o practicado. Los dichos son sin duda una fuente inagotable de sabiduría y verdad.

En un próximo post publicaremos una nueva entrega.


Reinosa y las témporas, una tradición centenaria en muchos sitios de España

enero 26, 2018

Aunque sin una base científica, las témporas son una tradición popular muy seguida. En Reinosa, como en otros muchos lugares, siempre han sido muy esperadas. Sobre todo las témporas de verano e invierno. Con un clima duro, cuando se acerca la época estas dos estaciones son objeto de muchas especulaciones entre los vecinos. Al igual que el resto de España, en los últimos años, el tiempo en Reinosa… ¡ya no es lo que era! Para bien o quizás mejor… para mal, ¡todo se ha ‘suavizado! Todo menos las témporas que mantienen su interés a menudo acompañadas por la frase: “Ha dicho el pastor que…”. Eso si, cuando alguien pregunta por el ‘pastor’, nadie sabía concretar quien es. Y es que las témporas también tienen su por qué.

Pero antes, hagamos un poco de historia. La palabra témpora es el plural de la latina ‘tempus’ cuyo significado es ‘tiempo’ y ‘estación’. Hasta no hace mucho figuraban en el calendario de la Iglesia Católica como pequeños ciclos litúrgicos dedicados en especial a la plegaria y la penitencia correspondientes al final e inicio de las cuatro estaciones del año. En sus inicios su objeto era ofrecer un tiempo para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos de la tierra y rogar su bendición sobre las siembras, incluyendo también actos penitenciales colectivos, con ayuno incluido, para purificar el espíritu.

Año litúrgico tradicional (Foto: New Liturgical Movement). En un principio las témporas se celebraban en otoño, invierno y verano (meses de septiembre, diciembre y junio). Las témporas de primavera no estaban incluidas en el ciclo ya que caían en medio de la Cuaresma, tiempo ya dedicado especialmente a la oración y el ayuno.

El origen de las témporas no está muy claro. Según algunas fuentes se podría encontrar en el Antiguo Testamento cuando el profeta Zacarías hace referencia a un ayuno especial que debe observarse el 4º, 5º, 6º, 7º y 10º mes del año y que “se tornará en gozo y regocijo y en festivas solemnidades”. Sin embargo, hay quienes señalan que la institución de las témporas fue establecida por la Iglesia a principios del siglo III en sustitución de los festejos paganos de las distintas ferias de la cosecha, vendimia y siembra; si bien hay que decir no se cumplió en Occidente hasta el siglo XII y que nunca fueron aceptadas por los cristianos de Oriente. Finalmente otras fuentes cuentan que fue el Papa Siricio (384-399) quien, buscando la moderación, las impuso para oponerse a los ataques en contra del ayuno de Joviniano, monje y teólogo cristiano contrario al ascetismo y por lo cual fue considerado hereje.

La tradición popular, sobre todo en todo el norte de España, ha utilizado las témporas para predecir el tiempo de las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno). Aunque los días de predicción suelen ser los mismos, su interpretación cambia dependiendo del lugar y son el resultado de observar el tiempo habido en los días que a continuación se indican:
– Primavera: miércoles, viernes y sábado de la segunda semana de Cuaresma (período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, tiempo litúrgico destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua).
– Verano: miércoles, viernes y sábado de la primera semana después de Pentecostés (quincuagésimo día del Tiempo Pascual, al que pone término).
– Otoño: miércoles, viernes y sábado siguientes al 14 de septiembre (día de la Exaltación de la Santa Cruz). Si ese día cayese en miércoles, entonces las témporas serían el miércoles, viernes y sábado de la semana siguiente.
– Invierno: miércoles, viernes y sábado siguientes al 13 de diciembre (día de Santa Lucía). Si ese día cayese en miércoles, entonces serían el miércoles, viernes y sábado de la semana siguiente.

Días de predicción de témporas para cada una de las estaciones señalados por Jerónimo de Chaves (1523 – 1574), erudito español del siglo XVI, matemático, cosmógrafo e historiador, en su obra “Chronographia o reportorio de tiempos” (‘Cronología o repertorio de los tiempos’).

Aunque existen otros, se utilizan dos métodos principalmente para realizar la predicción meteorológica de cada témpora.
1.- Basado en la dirección del viento (el más habitual).
En este caso, el viento predominante en la siguiente estación será aquel que también lo haya sido en los días de témpora (hay quienes lo reducen a la dirección a una hora determinada). Así por ejemplo, si en las témporas de invierno predominase el viento sur, y éste en el lugar de que se trate diese lugar normalmente a aire seco y cielos despejados, el pronóstico sería de un próximo invierno seco.
2.- Basado en la observación independiente de cada día de témporas.
Según este método, cada mes de la siguiente estación tendrá el mismo tiempo meteorológico que el que hiciese en cada uno de los días de témporas. Así, si en las témporas de verano se observase que el miércoles llueve y hay viento sur cálido, el viernes deja de llover y continúa el viento sur, y el sábado sube mucho la temperatura y el cielo está despejado, la predicción para el primer mes de verano sería (en términos generales) húmedo y cálido (como el miércoles de témporas); el segundo sería menos húmedo y temperaturas más altas (como el viernes de témporas); y el tercero sería muy seco y caluroso (como lo fue el sábado de témporas).

A pesar de que se trata de un método sin base científica, lo cierto es que a nivel popular era, y aún sigue siendo, una tradición muy seguida en muchos lugares de nuestro país. Si nos remontamos a bastantes años atrás, un ejemplo de los muchos existentes es el del escritor cántabro José María de Pereda en su novela ‘El sabor de la Tierruca’ donde hace referencia al pronóstico de témporas:
“… Las témporas de San Mateo habían quedado al Sur; y, según el almanaque montañés, así debía seguir el tiempo hasta las de Navidad, lo cual vendría de perlas para secar el maíz y las castañas y asegurar una excelente ’pación’ a los ganados, al derrotarse las mieses. Y el pronóstico se iba cumpliendo hasta entonces. Estaba, pues, el día como de Sur en calma: bochornoso y pesado…”.

Otro ejemplo, este muy reciente, sobre la predicción de témporas, es el publicado en un artículo del diario La Nueva España de Oviedo para este invierno, que arrancaba con el siguiente titular: “Invierno sin lluvias según las témporas”. Lo afirmaba un ‘experto’ reconocido y señalaba: “No va a ser un mal invierno y va a helar más que llover, aunque también lloverá. Pero no va a ser un invierno muy crudo. Además la luna nueva, que entró el día 18 de diciembre, lo hizo sin que lloviera. También es una ayuda para la témpora. Así que no se esperan precipitaciones en los próximos días”. Pronóstico por otra parte coincidente con el de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) que indica será una estación con pocas lluvias y más cálida de lo habitual.  Por fortuna, y a pesar de ambas predicciones, las de témporas y de Aemet, al menos en el Norte de España este primer mes de invierno ha sido bastante lluvioso.

Nevada 1978. Carretera Reinosa-Alto Campoo a su paso por Nestares. Coincidió, y se cumplió, con una predicción de témporas con predominio del viento Sur.

Las témporas, aunque carecen de rigor, tienen valor como tradición. Son parte de nuestro patrimonio cultural. Desde siempre, entre las gentes de Reinosa cuando se acercaba sobre todo el verano o el invierno era frecuente conversar sobre el tiempo venidero. Y casi siempre se decía… ¿Cómo han quedado las témporas?… ¡Témporas, una tradición viva en Reinosa!


Navidad alrededor de la Luna, un recuerdo entrañable del vuelo espacial Apolo VIII

diciembre 22, 2017

Otro año más y la Navidad entrará de nuevo en nuestras casas. Es difícil no caer en los tópicos en esta festividad de más de dos mil años que no suele traer grandes novedades, aunque a veces si lo hace en la forma y lugar de celebrarla. Por eso, ahora que pronto estará entre nosotros, dedicaremos este post a este aspecto ‘singular’.

Pronto se cumplirán 50 años cuando en la Nochebuena de 1968 millones de personas de todo el mundo vieron y escucharon como los astronautas de la nave Apolo VIII (EEUU), además de convertirse en los primeros seres humanos que orbitaban alrededor de la Luna, festejaban la Navidad leyendo por turnos unos pasajes del libro del Génesis con un deseo de buena voluntad para todos los habitantes de la Tierra.

La misión Apolo VIII fue el primer viaje espacial tripulado que alcanzó la velocidad suficiente para escapar del campo gravitacional de la Tierra; el primero en entrar y salir del campo de otro cuerpo celeste, y el primero también en regresar a nuestro planeta. Su tripulación, formada por el comandante y jefe de la misión Frank Borman y los pilotos de los módulos de mando y lunar Jim Lovell y Bill Anders, fueron los primeros seres humanos en ver con sus propios ojos la cara oculta de la Luna con la Tierra orbitando alrededor de su satélite. Fue el primer lanzamiento tripulado de un cohete Saturno V y la segunda misión con astronautas del Programa Apolo, un programa que alcanzó su culminación con la nave Apolo XI y la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969 y el consiguiente paseo por su superficie de sus astronautas Armstrong y Aldrin. Aunque continuaría algunos años más, para muchos éste fue su cénit.

Más allá del éxito técnico del Apolo VIII, en el que no vamos a entrar por no ser objeto de este post (solo daremos unas pequeñas pinceladas del mismo) señalaremos dos actos significativos, uno muy emotivo y entrañable, de un viaje que marcó un hito en la carrera espacial. Tanto que el científico soviético Anatoli Blagonrawow, después de conocer su gran logro, dirigió el siguiente el mensaje a sus colegas de la NASA que lo resume mejor que cualquier otro adjetivo: “Con el Apolo VIII se enriquecerá considerablemente el campo de la ciencia del espacio”. Y no era para menos: ¡El hombre había llegado a orbitar por primera vez alrededor de la Luna!

Un viaje que se había iniciado el sábado 21 de diciembre de 1968 con el lanzamiento del cohete Saturno V y que el domingo 22, a las 21,06, comenzaban a enviar imágenes por televisión a la Tierra. Gracias a la red de Mundovisión, los habitantes de nuestro planeta pudieron contemplar por primera vez en directo imágenes de la Luna. A las 21 horas del día 23 se iniciaba la segunda emisión de TV desde la cápsula: durante 20 minutos los astronautas se dedican a presentar imágenes del globo terrestre captadas desde una distancia de 325.000 Km. Poco después, a las 21,29, tras haber ido perdiendo velocidad progresivamente a causa de la atracción terrestre, la cápsula franquea el llamado ‘punto de equilibrio’, lugar en el que se anulan la gravedad terrestre y lunar y donde por primera vez unos seres humanos se ven sometidos a las fuerzas de gravedad de otro astro. Hasta el martes 24, a las 19,54, día de Nochebuena, los astronautas no reciben autorización para colocarse en la órbita lunar, momento en el que la cápsula se encuentra a 5781 Km. de nuestro satélite, desapareciendo por su parte trasera y comenzando la maniobra de frenado para colocarse en su órbita. Tras varios minutos con el contacto interrumpido, finalmente lo consiguen mientras se escucha la voz entusiasmada del comandante Frank Borman diciendo: “¡Lo hemos conseguido!, describiendo a continuación todo lo que está viendo, imágenes que poco después pueden contemplar en directo en sus televisores los espectadores de medio mundo. Transmitidas desde una distancia de 380.000 Km., eran unas fotografías excelentes. La misión como tal alrededor de la Luna finaliza el día 25, día de Navidad, iniciando el regreso a la Tierra, culminando la aventura el día 27, a las 4,51, tras amerizar la cápsula en el océano Pacífico donde ya esperaba el portaaviones ‘Yorktown’.

Como hemos dicho, durante la misión Apolo VIII, aparte de la gran conquista espacial, hubo dos momentos importantes por significativos. Uno fue el “Amanecer lunar”, fotografía tomada por la tripulación el día de Nochebuena, para muchos fue el gran impulso que necesitaba el movimiento ecológico y una mayor concienciación sobre las condiciones de vida en nuestro planeta. Hasta tal punto que la revista Life la incluyó en su número especial dedicado a las “100 fotografías que cambiaron el mundo”. Un momento que la NASA recreó mediante una animación por ordenador (con su audio original) y que permitió contemplar por primera vez y con asombro la salida de la Tierra desde la Luna.

“Amanecer lunar”. Primeras imágenes de la Tierra tomadas por un ser humano desde tan lejos. Fueron hechas por Bill Anders el día de Nochebuena durante la misión Apolo VIII en su viaje a la Luna. En la última se puede observar como Sudamérica ocupa la parte central de la imagen. Los astronautas Frank Borman, Jim Lowell y Bill Anders fueron los primeros humanos en salir de la órbita terrestre, los primeros en ver a la Tierra completa, los primeros en ver el lado oculto de la Luna y los primeros en ver el amanecer de la Tierra desde la Luna.

El otro gran momento, íntimo, fue cuando los astronautas celebraron la Navidad mientras orbitaban alrededor de la Luna. El lugar más lejano hasta ahora conocido en que se festejaba un día tan entrañable.  Cuando se encontraban a más de 380.000 Km. de sus hogares fue transmitido en buena parte por la cadena CBS (EEUU), al tiempo que se emitían imágenes en directo de la Luna. Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders habían preparado un mensaje especial para el día de Nochebuena basado en la lectura de los primeros versículos del Génesis. Un verdadero acto de fe en la creación de Dios. Expresando su admiración ante las maravillas del Cosmos y reflejando la grandeza de su Creador lo enviaron a toda la Tierra en aquella Navidad de 1968 con estas palabras:

Astronauta William Anders:
“Nos acercamos ahora al amanecer lunar y, para toda la gente de la Tierra, la tripulación del Apolo VIII tiene un mensaje que queremos enviarles:
En el principio Dios creó el Cielo y la Tierra. La Tierra no tenía forma y estaba vacía, y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: ‘Sea la luz’, y fue la luz. Y Dios vio que la luz era buena, y Dios dividió la luz de las tinieblas”.

Astronauta Jim Lowell:
“Y Dios llamó a la luz ‘día’, y a la oscuridad ‘noche’. Y fue la mañana y la tarde del primer día. Y Dios dijo: ‘Que haya un firmamento entre las aguas y que divida unas aguas de otras’. Y Dios hizo el firmamento y dividió las aguas debajo del firmamento de las que están arriba, y así fue hecho”.

Astronauta Frank Borman:
”Y Dios llamó al firmamento ‘Cielo’. Fue la mañana y la tarde del segundo día.
Y dijo Dios: Que las aguas de los cielos se reúnan en un lugar y que surja tierra firme; y fue hecho. Y Dios llamó al terreno seco ‘tierra’, y la masa conjunta de las aguas se llamó ‘mar’, y Dios vio que era bueno.
Y por parte de la tripulación del Apolo VIII terminamos diciendo: Buenas noches, buena suerte, Feliz Navidad y que Dios les bendiga a todos, todos ustedes en la buena Tierra.


Mensaje de Navidad de 1968 transmitido a toda la Tierra por los tripulantes del Apolo VIII mientras orbitaban alrededor de la Luna.

En el año 2008, con motivo de la celebración del 40 aniversario de su viaje a la Luna, la tripulación del Apolo VIII habló sobre como se gestó la idea de aquella celebración de la Navidad dirigida a todo el orbe. El comandante Borman recordó: “Nos dijeron que durante la Nochebuena íbamos a tener la audiencia más grande que jamás hubiera escuchado una voz humana. La única instrucción que recibimos de la NASA fue que hiciéramos algo apropiado”. Una frase que su compañero Lowell completó diciendo: “Los primeros diez versos del Génesis hablan del origen de muchas de las religiones del mundo, no solo la cristiana. Hay más gente que cree en otras religiones que cristianos en el mundo. Esto podría ser apropiado para el momento. Y así fue cómo pasó”. Fue el contrapunto de una misión que también se hizo famosa por la icónica imagen de la Tierra emergiendo de la oscuridad, que dio una nueva perspectiva a toda la Humanidad del planeta en que vivimos. Tomada por su compañero Anders, éste añadió: “Pese a todo el entrenamiento y preparación efectuados para una exploración de la Luna, los astronautas acabamos descubriendo la Tierra”.

Y entonces, añadimos nosotros, desde un sitio tan lejano de la Tierra se ‘descubrió’ a Navidad, una de las tradiciones más universales, llena de emociones, añoranzas, alegría y esperanza. Un año más y la Navidad llama a nuestra puerta. Como dice la leyenda: “Hace muchos, muchísimos años, un Niño nació en un pesebre…”. La Navidad ya está aquí. Sea bienvenida.


Felicidad, bienestar y las cosas importantes de la vida

noviembre 29, 2017

Felicidad y bienestar son dos conceptos que muchas veces se confunden. Bienestar, en sentido breve y estricto, es sentirse bien o satisfecho con uno mismo, o con la vida que le ha tocado vivir. Es un estado de satisfacción personal, de comodidad, que considera positivos aspectos como la salud, el éxito social, económico y profesional, la alegría de vivir, la armonía con uno mismo y su entorno y la sensación de haber logrado alcanzar ciertas metas. Sin embargo, la felicidad suele ir aparejada a una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría, cuyo grado han tratado de ‘formalizar’ algunos psicólogos mediante distintos tests; incluso la han llegado a definir como una medida de bienestar subjetivo (percibido solo por la propia persona) que influye en las actitudes y comportamiento. Aquellas personas que tienen un alto grado de felicidad suelen mostrar un enfoque positivo del medio en que se mueven, sintiéndose motivadas para conquistar nuevas metas.

Todo esto viene a cuento porque circula por Internet un interesante vídeo titulado “Una verdadera lección para una vida más feliz”, donde un profesor se dirige a sus alumnos y les habla de las cosas importantes para intentar ser feliz. Lo cuenta más o menos así:

Un profesor saca un tarro vacío y comienza su clase diciendo:
Todos tenemos esta vida para vivirla, sombras fugaces existen en todas ellas.
En este vasto universo tenemos la capacidad para lograr cualquier cosa.
Verdaderamente cualquier cosa, si invertimos nuestro tiempo de manera inteligente.

A continuación, introduce unas pelotas de golf en el tarro hasta que aparentemente se llena y pregunta:
¿Está el tarro completo?
Si.
Contestan los alumnos.
Entonces el profesor coge unos cuantos guijarros, los echa al frasco entre sus huecos hasta que se llena y pregunta:
¿Y ahora está lleno el tarro?
Si.
Contestan de nuevo los alumnos.
Saca entonces un bote con arena, lo echa hasta que se llena, y mientras los alumnos sonríen pregunta:
¿Está lleno el tarro?
Si.
Contestan una vez más sonriendo.
Finalmente saca una botella de cerveza, la echa en el tarro hasta que se llena, y dice:

Ahora quiero que reconozcan que este tarro representa sus vidas. Las pelotas de golf son las cosas importantes: familia, amigos, salud y pasiones. Los guijarros corresponden a las demás cosas importantes: coche, trabajo, casa. La arena es todo lo demás, las cosas simples de la vida.
Ahora bien, si pones la arena en el primer lugar del tarro no habrá lugar para los guijarros o para las pelotas de golf.
Lo mismo ocurre en la vida. Si gastas toda tu energía en las cuestiones pequeñas no tendrás tiempo para lo realmente importante. Lo que verdaderamente importa
Presta atención a las cosas que son básicas para tu felicidad. Cuida primeramente las pelotas de golf, las cosas realmente importantes.
Evalúa tus prioridades porque todo lo demás es simplemente arena.

Entonces un alumno levanta su mano y le hace una pregunta al profesor:
Profesor: ¿Qué representa la cerveza?
A lo que el profesor contesta:
Me alegra que pregunte. Viene a mostrar que no importa lo ocupado que estés, lo ocupada que aparente ser tu vida, porque siempre habrá un hueco para tomar un par de cervezas con un amigo.


Vídeo “Una verdadera lección para una vida más feliz”.

El doctor Albert Figueras, médico, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, consultor de importantes organismos internacionales, escritor, especialista en bienestar, comenta en una entrevista cosas muy interesantes sobre ambos conceptos: felicidad y bienestar. Entresacamos algunas frases:

“El ser humano debe aprender a disfrutar de las pequeñas grandes cosas que existen, aunque cueste reconocerlas”.

“Desde un punto de vista neurológico, la felicidad es un estado momentáneo en el que el ser humano se siente bien. La felicidad pasa casi desapercibida, por eso hay que estar atento de vivir el momento presente en toda su dimensión y con todos sus sentidos para que cuando llegue no se nos escape. La gente suele vivir pensando en el futuro y se olvida de que lo único que está viviendo es el momento presente. La gente espera una felicidad eterna y no existe”.

“Cada uno debe buscar la fórmula que mejor le funcione. Si alguien te dice cómo hacer para conseguir la felicidad, seguramente le esté dando la suya propia, y difícilmente servirá a otra persona. Lo único que vale es saber cómo respondo yo a un estímulo en concreto. Identificar cómo y cuándo me siento bien y por qué”.

“Bienestar es química y se llama oxitocina, que es la hormona de la calma, del amor y la sanación. Se ha demostrado que existen placebos personales que nos la disparan. Cada uno debe encontrar los propios. Podría ser, por ejemplo, correr bajo la lluvia, leer un libro o ver cualquier película con la persona que amas al lado”.

“A veces no establecemos el baremo de la felicidad en nosotros mismos sino en los demás, y queremos ser tan felices o más que éste o aquél y es imposible. Nos creemos que los demás son bastante más felices de lo que en realidad son. Además, nos han vendido una gran felicidad que no existe. Vivimos presos de una cárcel mental por la educación que hemos recibido, por nosotros mismos, por las personas que nos rodean. Hay parejas que no funcionan y permanecen juntas años tras años”.

“Hay que optimizar la vida para sacarle el máximo partido observando y experimentando. Hay que crear, reírse, jugar, observar, saber que la vida está llena de incertidumbres, y ser conscientes de que no siempre es bonita. Porque es algo inherente a la vida y a la felicidad. El problema está en que el ser humano está educado para evitar el dolor a toda costa. Por eso muchas veces busca un atajo, como las drogas, o depender de otras personas, de situaciones o de costumbres. Vivimos presos de una cárcel mental que no tiene rejas”.

“La solución está en olvidarse del pasado. Lo pasado, pasado está. Y el futuro, ya llegará. Este momento, el que estás viviendo ahora, huele a algo, sabe a otra cosa, hay risas, lágrimas, alegrías, penas, caricias, golpes, calma, tempestades. Reírse, abrazarse, oler una fragancia determinada o escuchar una canción en particular no son sólo un ejercicio placentero, sino que son sanadores y reducen el dolor y la ansiedad”.

“Antes asociábamos felicidad con tener la mejor televisión del mercado. Tal vez ahora la gente se dé cuenta de que estar con la persona que quieres viendo una película una tarde cualquiera es uno de los mayores placeres con que te puede obsequiar la vida”.

Confundir felicidad con bienestar, incluso con el éxito, es muy común. De hecho, todos lo hemos hecho alguna vez sin ser conscientes de ello. Es verdad que existen vínculos que los interconexionan, pero también bastantes diferencias. Si se quieren alcanzar o al menos intentarlo, es muy importante distinguirlos, conocer su significado. De esa manera se evitarán confusiones.

El éxito consiste en alcanzar determinados objetivos y por lo general es tangible. Además de poder medir o estimar en muchos casos, también se puede gestionar. El concepto bienestar está relacionado con conseguir un estado en el que uno se siente bien, disfruta, y lo hace en medio de sensaciones agradables. Tiene mucho que ver con su propio nombre: ¡estar bien! Además, al igual que el éxito, se puede gestionar. Sin embargo, lo que se entiende por felicidad es mucho más complejo. Más profundo. No tiene una definición concreta. Solo se puede conocer a través de la experiencia personal. Tiene mucho que ver con el momento presente. ¡El ahora! Por eso es tan distinta del bienestar y el éxito, estados que se pueden alcanzar si se manejan bien. La felicidad solo existe en el presente. De ahí que cada persona tenga su propia definición.


La sequía en España, los otros recursos hídricos

octubre 30, 2017

A finales de septiembre terminó, y lo hizo con cifras preocupantes, lo que en el argot científico se denomina ‘año hidrológico’, período que mide las precipitaciones habidas en los últimos 12 meses. Los resultados han sido malos, muy malos, los peores del último lustro. Se puede afirmar que la sequía y la falta de agua en los embalses superficiales se han instalado en España.

Antes de proseguir conviene aclarar como se determina una situación de sequía, algo que ocurre cuando durante un periodo de tiempo el valor de las precipitaciones es inferior a lo que se considera ‘normal’. En principio la causa inicial es la escasez de lluvias (sequía meteorológica), que a su vez provoca una insuficiencia de recursos hídricos (sequía hidrológica), justo lo que ha sucedido en el período que abarca desde el 1 de octubre de 2016 al 30 de septiembre de 2017. Según AEMET (Agencia Española de Meteorología) el año se ha cerrado con un valor medio de 550 litros/m2 para el conjunto de España, un 15 % inferior a la media histórica (‘normal’) del período 1981-2010 que está en 648 litros/m2. Y lo que es peor, al contrario que otras ocasiones, se ha notado en la mayoría de las cuencas de nuestro país. Basta observar los pantanos con sus embalses bajo mínimos o los cortes de agua obligados por una situación complicada. El nivel de reserva es tan bajo que han salido a la superficie pueblos que llevaban tiempo sumergidos bajo el agua. Con una primavera seca, muy seca, se ha llegado al extremo de que muchas regiones del Norte como Galicia, Asturias o Cantabria se han incorporado a la situación de déficit de lluvias, algo no habitual en comunidades que siempre han actuado de contrapeso. En realidad el problema no es de ahora, España lleva con un valor de las precipitaciones inferior a lo normal desde el año 2014, incidiendo de forma directa en la cantidad de agua embalsada y provocando que la sequía meteorológica desemboque sin remedio en una sequía hidrológica.

Una pregunta que mucha gente se hace, y con difícil respuesta, es: ¿Cada vez va a llover menos en nuestro país? A pesar de que los pantanos se encuentran al 39 % de su capacidad, el más bajo de la última década, los expertos señalan que las estadísticas no lo dicen todo. A decir verdad, en el año 2006 se registró un porcentaje menor y en los últimos 27 años (desde 1990) lo hizo en seis ocasiones; si bien en estos casos, amén del ‘cambio climático’ que cada vez tiene más importancia, tuvieron también incidencia, sobre todo en los años 90, las fuertes pérdidas en las redes de abastecimiento, mucho mayores que en la actualidad. Otro aspecto a considerar es que España siempre ha tenido un comportamiento cíclico con las sequías, pues ha habido temporadas largas de sequía (hasta dos lustros) que luego se han recuperado. Quizás lo más llamativo de la sequía actual es que ha afectado a zonas del Norte, incluso Centro y algo menos al Sur, motivo que tiene un poco desconcertados a algunos científicos de que pueda ser para siempre; es decir, que sea irreversible o no.

Situación del agua embalsada por cuencas a fecha 1ª semana de octubre 2017.

En la actualidad en casi todas las cuencas españolas existen áreas de clara preocupación por la sequía, aunque es preciso aclarar que para conocer el estado de una cuenca el dato del porcentaje de agua embalsada en los pantanos es solo uno de los indicadores. Pero no el único. Es muy común pensar que debajo del suelo no existe nada, que fuese impenetrable. ¡Como si no hubiera más recursos hídricos disponibles! Francisco Turrión, hidrogeólogo de la Confederación Hidrográfica del Segura, señala al respecto: “Evaluamos la sequía en función de los embalses superficiales y no contamos con el agua subterránea”. Y añade una interesante reflexión con datos que pueden sorprender a más de uno: “Si en estos momentos se preguntase por la situación de Mallorca, a pesar de que allí no existen embalses superficiales, se diría que sus recursos hídricos estarían al 80 %. No deja de ser curioso que cuando se traslada esa misma pregunta a la península, no se sabe muy bien por qué, no se refleja esa doble información y se hace únicamente referencia a la situación en nuestros pantanos”. Quizás se deba a la ‘tradición’ de nuestro país de una política hidráulica basada en construir embalses, presas, etc., con escasa o muy poca información o especialistas expertos en incluir la aportación debida a las aguas subterráneas. Sin embargo, en las Islas Baleares como no hay posibilidad de trasvases, ni tampoco construir embalses porque el terreno es muy poroso, ya se han acostumbrado y se abastecen y viven de las aguas subterráneas. A la vista de todo lo expuesto, parece lógico incidir en que cuando se analice la situación en la Península se deberían incluir los dos aspectos: los embalses superficiales (pantanos) que en la actualidad se encuentran al 39 % de su capacidad y los embalses subterráneos al 70 %, por indicar una cifra solo como ejemplo, Por tanto, se plantean algunas preguntas acerca de la política ‘tradicional’ que nos ha venido tan bien en todo este tiempo al permitir superar algunos déficits hídricos propios: ¿Podríamos decir que está obsoleta? ¿Habría que cambiarla y pensar en explotar más los acuíferos de otra manera? La respuesta es si y además utilizarlos de forma sostenible.

Pantano del Ebro. Torre de la antigua iglesia de Villanueva en las Rozas de Valdearroyo, pueblo cercano a Reinosa.

En general, los acuíferos tienen dos componentes: uno el agua embalsada y otro los recursos renovables; o lo que es lo mismo el agua que entra y sale. Se suele tener una idea equivocada al creer que todos los acuíferos desembocan en los ríos. En parte es cierto, pero también lo es que existe un flujo subterráneo, sobre todo en las cuencas mediterráneas que son calizas, porosas o con oquedades, que no pasa por los ríos, sino que va directamente al mar. Se trata de lo que en el argot técnico se denomina SGD (flujo subterráneo), que no es más que la descarga subterránea submarina y que en el Mediterráneo, según recientes estudios de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales del la Universidad Autónoma de Barcelona, está entre 1 y 15 veces el flujo fluvial. Así por ejemplo, señala Francisco Turrión, por cada río Segura o Júcar hay al menos otro o más (hasta 15) que está yendo al mar de forma subterránea. En concreto, en el plan hidrológico del Júcar se señala que van al mar de forma subterránea 535 hectómetros. Más que el trasvase Tajo-Segura.

Se conoce bien como se recarga un embalse superficial: ¡con la lluvia! Sin embargo, y aunque solo sea por mera curiosidad, una de las dudas que le surgen a la persona de la calle es como lo hacen el resto de los acuíferos. Si como parece la tendencia es que cada vez llueva menos en la península Ibérica se nos plantea un problema importante. Un problema de orden de magnitud. Y no solo en un tipo de acuífero, sino en todos ellos. Se suele pensar que los acuíferos son como pequeñas balsas que tienen agua, que en cuanto se utilicen lo normal es que se sequen. Sin embargo, el Instituto Geológico y Minero en diferentes estudios ha reflejado que la cuenca del Segura tiene 100.000 hectómetros embalsados, 100 veces más que los pantanos superficiales. Entonces… ¿cómo se recargan los distintos acuíferos? La respuesta es obvia: ¡también por la lluvia! Pero con un aspecto fundamental que no se suele tener en cuenta: ¡la normativa obliga a calcular lo que se conoce como las transferencias laterales! A los acuíferos no solo les llega el agua que les cae de encima, ni el agua de retorno de regadío, sino que del acuífero vecino también le está entrando lateralmente un flujo importante, a la vez que por si mismo está cediendo otra parte. ¡Y así hasta llegar al mar! Por tanto, se puede afirmar que en la mayoría de los casos no se ha cubicado bien su situación real. Por poner un ejemplo, es el caso de la cuenca del Segura, aunque si se ha tenido en cuenta en el plan hidrológico del Júcar.

Distribución y gestión de los distintos recursos hídricos.

Existe también una gran confusión sobre como son los acuíferos. Por hacer más descriptiva la explicación, en general se supone que se parecen a una piscina donde si se coloca la mano en el borde de un extremo y le faltan, por ejemplo, 20 cm. para llegar al agua, en el lado opuesto ocurrirá lo mismo. Pues bien, no es así. En la mayoría de ellos el agua funciona por presión. Así, si por ejemplo se hace un pozo a 300 m. de profundidad atravesando un material impermeable de rocas sedimentarias, pero a 1,70 m. se tropieza con una caliza con agua a presión, y esa caliza se mueve y se sitúa a 1,80 m. de la superficie, nos podemos hacer las siguientes preguntas con sus respuestas aclaratorias. ¿Donde se encuentra el acuífero?: a 1,70 m. ¿Donde se está tocando el agua?: a 1,80 m. Si entonces se bombea ese agua, lógicamente el nivel de 1,80 irá bajando situándose poco a poco a 1,81, 1,82,… 1,90… en una gráfica descendente si continúa la operación. ¿Quiere decir esto que se ha secado el acuífero? No. ¿Qué es lo que ha bajado? La presión ¿El acuífero donde se encuentra? A 300 m., profundidad inicial del pozo ¿Cómo está? Lleno. Lo único que ha ocurrido es que la presión con la que ascendía el agua la hacía llegar al inicio a 1,70, luego a 1,80 y sucesivamente bajando según se iba bombeando. Existe un error muy común en la interpretación de estas gráficas al pensar que su sentido descendente es similar al de un embalse. No es así: ¡el acuífero sigue lleno!, solo se debe a la presión con que sube el agua.

La situación de sequía no sería tan grave si se gestionaran bien los recursos hídricos disponibles. Es totalmente ficticio hacer una valoración solo en función de los embalses superficiales y no contabilizar o tener en cuenta el agua de los acuíferos subterráneos. Además se deberían utilizar todos de forma sostenible. ¿Por quien? Por el Estado que al ser el responsable de la gestión de los embalses superficiales debería serlo asimismo del agua subterránea. En un ejemplo real Francisco Turrión señala: “En el año 2004-2009 en la cuenca del Segura con una sequía como la actual se hizo una batería de pozos y gracias a ella se movilizaron 135 hectómetros, agua que se puso a disposición del río y las acequias y no hubo manifestaciones ni problemas. Ese sistema gestionó por tanto 135 hectómetros más. Esos pozos se hicieron hace 10 años. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos aprendido la lección y hecho más pozos? La respuesta parece evidente”.

Una de las mayores dificultades que siempre ha tenido la estructura hidrológica de nuestro país es su desigualdad. En España, hasta este año en que el tiempo de lluvia está siendo catastrófico en la mayoría de los sitios, cae suficiente agua (aunque lo suele hacer más en el Norte) para toda la península, pero se distribuye mal. Según lo reflejado en apartados anteriores, parece que explotar los acuíferos (subterráneos), además de ser más igualitario, permitiría desechar la idea de que el agua se reparte de manera poco entendible. Así como hay una parte de España mucho más húmeda, también existe otra distinta, más permeable, que curiosamente se encuentra en la parte oriental, próxima a la costa del Mediterráneo, y otras zonas impermeables que son precisamente las que tienen menos agua en sus acuíferos, salvo la cuenca del Duero y alguna otra como la parte fronteriza con Portugal. No se está hablando de coger el agua fluvial, el agua subterránea que se va a drenar del río, sino de hacer pozos a 300-400 m. de profundidad cementando la parte superior para de esa manera alcanzar el flujo subterráneo (SGB) que estamos perdiendo o  tirando al mar. No se trata de ninguna teoría; como se ha dicho: se ha hecho y se ha comprobado. Afirma el profesor Turrión: “Cuando medimos el nivel de agua en esos pozos, en esos embalses subterráneos que tienen agua a presión, vemos que a lo largo de los últimos 40 años no han variado. Por tanto tenemos ese potencial para compaginarlo con las aguas superficiales de los pantanos y con las aguas desaladas. Es decir, en la cuenca del Segura se podría ser perfectamente autosuficiente utilizando el agua desalada y las aguas subterráneas de los acuíferos inferiores”.

Evolución media anual de la capacidad de los en España. Período 1990-2017.

Aunque estén relacionados, la escasez de agua y la sequía son fenómenos diferentes, que además se pueden agravar en función de su impacto individual. La escasez se produce donde no hay suficientes recursos hídricos disponibles para satisfacer las demandas de agua a medio o largo plazo y la sequía se considera como una disminución temporal de la disponibilidad de agua por falta de precipitaciones. El año hidrológico 2017 (1 octubre-30 septiembre) ha concluido con un 14 por ciento menos de lluvia de lo ‘normal’ agudizando la situación de sequía en toda España. Es hora de empezar a hablar de los embalses subterráneos como una fuente más a utilizar. Un recurso que nunca se ha tenido en cuenta en los datos aportados y mucho menos lo que supondría su explotación de manera sostenible cuando se habla de sequía.


La edad y el tiempo según Galileo y Saramago, interesante reflexión

marzo 13, 2017

La edad y el tiempo, dos conceptos en cierto modo complementarios, a veces pueden parecer contrapuestos. Una extraña paradoja. Decimos esto porque hay quien defiende, la mayoría, que: “La edad se puede medir o definir como el tiempo ya vivido”, mientras que otros, los menos, piensan que: “La edad debe ajustarse al tiempo que nos queda por vivir”.

sin-titulo-1Entre los partidarios de medir la edad “según el tiempo que queda de vida y no por el tiempo vivido” dicen que se encuentra Galileo Galilei (1564-1642), célebre astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano. O al menos así lo cuenta Daniel Martínez (argentino, conductor del programa de radio ‘Buenas Compañías’) en su audio-libro “Entre tú (vos) y yo” donde dice:

En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: ¿Cuántos años tiene el señor?, 8 a 10 respondió Galileo en evidente contradicción con su barba blanca. Todos se miraron como asombrados por la edad que había dicho que tenía, pero él al darse cuenta les explicó:
“Tengo en efecto queridos amigos los años que me quedan de vida, los vividos ya no los tengo como no se tiene las monedas que se han gastado”.

Una respuesta de Galileo a la que Daniel Martínez acompaña con una reflexión:
“Es asombrosa esta respuesta de Galileo. En realidad yo quería preguntarte a ti: ¿Cuántos años tienes? Pero que me respondas como Galileo, no los que has vivido, porque esos los has gastado como el dinero que pasó por tu bolsillo.
¿Cuántos años tienes? ¿Cuántos crees que tienes por vivir? ¿Cuánto de tu vida activa? ¿Cuánto de tu vida pasiva? ¿Cuánto de tu sexo pleno? ¿Cuántos te quedan?
Y entonces…, ahora que en tu mente estás como esbozando una respuesta te digo… ¿Qué es lo que haces con ellos? ¿Qué haces con los días, los minutos y las horas que son los únicos e irrepetibles que te quedan en cada momento? ¿Cómo los gastas? ¿Cómo los utilizas? Vanamente los hombres a veces creen que el tiempo pasa… sin darse cuenta que los que pasan… son ellos.
Aprovecha el hoy… deja el ayer… no esperes el mañana que quizás nunca llegue, se realista, elegí el aquí y ahora y de ahí toma lo mejor para vos, y para los demás también, no lastimes ni te lastimes, no pierdas tu vida…”.

Hay estudios que sugieren que factores como la salud y la capacidad del individuo se deben tener en cuenta para determinar si una persona se tiene que considerar o no ‘vieja’ recomendando evaluar la edad, y por tanto el tiempo que queda de vida, en esa línea en contraposición a lo considerado ‘normal’ en la sociedad actual que lo establece al cumplir 65 años, finalizada la etapa laboral de la persona y su paso a la situación de jubilación. Son ya muchos los investigadores que afirman que la vejez en realidad es un estado de ánimo y que, felizmente, el aumento en la esperanza de vida gracias a los adelantos de la medicina y que las personas siguen modos más saludables son un proceso que las hace más capaces y en muchos casos más ‘jóvenes’ en diferentes aspectos. sin-titulo-2Algunos organismos internacionales se están empezando a plantear nuevas formas de medir el envejecimiento, en especial para realizar extrapolaciones de población más allá del año 2050.

A este respecto, José Saramago (1922-2010), escritor y poeta portugués, premio Nobel de Literatura 1998, en un espléndido poema nos habla de sus sentimientos sobre la edad y el tiempo. Dice así:

¿Qué cuántos años tengo?/ ¡Qué importa eso!/ ¡Tengo la edad que quiero y siento!/ La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo,/ sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos/ y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!/ ¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo/ otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo,/ ni lo que la gente dice,/ sino lo que mi corazón siente/ y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios/ para gritar lo que pienso,/ para hacer lo que quiero,/ para reconocer yerros viejos,/ rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir:/ ¡Estás muy joven, no lo lograrás…/ ¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas/ se miran con más calma,/ pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,/ se empiezan a acariciar con los dedos,/ las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,/ a veces es una loca llamarada,/ ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada/ y otras… es un remanso de paz,/ como el atardecer en la playa…
¿Qué cuántos años tengo?/ No necesito marcarlos con un número,/ pues mis anhelos alcanzados,/ mis triunfos obtenidos,/ las lágrimas que por el camino derramé/ al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta,/ sesenta o más! Pues lo que importa:/ ¡es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Este pensamiento de Saramago nos invita en cierta manera a preparar esa etapa de la vida de la que hasta no hace mucho se decía… ‘envejecer’. Una lección de ilusión para llegado el momento. Toda una oportunidad para valorar otros aspectos que ofrece la vida: nuevas costumbres, personas, sociedad,… Algo muy importante para no entrar en lo que Azorín definió como… “La vejez es la pérdida de la curiosidad”.

edad-04Las medidas tradicionales sobre la edad clasifican a la gente simplemente como ‘vieja’ a una edad determinada. A menudo al cumplir los 65 años. Sin embargo, Sergei Scherbov, reconocido especialista en análisis demográfico y proyección de la población, líder del World Population Program (POP) (Programa Mundial de la Población) en IIASA (Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados), afirma que: “Lo que consideramos viejo ha cambiado con el tiempo, y tendrá que seguir cambiando en el futuro a medida que la gente viva vidas más largas y saludables. Alguien que tiene 60 años hoy, yo diría que es de mediana edad. Hace 200 años, un hombre de 60 años de edad sería una persona muy vieja”. Asimismo, Warren Sanderson, profesor de Economía e Historia de la Universidad Stony Brook, colaborador también del programa POP en IIASA, mantiene que: “El comienzo de la vejez es importante porque se utiliza a menudo como un indicador del aumento de la discapacidad y la dependencia, y la disminución de la tasa de actividad. Ajustando lo que consideramos que es el comienzo de la vejez cuando estudiamos diferentes países y períodos de tiempo es crucial tanto para la comprensión científica del envejecimiento de la población como para la formulación de políticas coherentes con nuestra situación demográfica”. El propio Scherbov, en una nota de prensa de IIASA, dijo: “Cuanto más rápido es el aumento de la esperanza de vida menor es el envejecimiento que está sucediendo en la realidad”. Algo que investigaciones anteriores ya habían demostrado al incidir en que la definición tradicional pone a muchas personas en la categoría de ‘viejas’ en una determinada edad cuando en realidad tienen las características de personas mucho más jóvenes.

Como alguien dijo acerca de la edad y el tiempo según lo expresado por Galileo Galilei:
“Crecemos en sabiduría si valoramos el tiempo como Galileo. Decimos con asombro: ¡Cómo pasa el tiempo! Pero en realidad somos nosotros los que pasamos. El astrónomo italiano sabía que acá estamos de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera. La certeza de que nuestro caminar terreno tiene un final, es el mejor recurso para valorar más cada minuto. Así podemos aprovechar lo único que tenemos: ¡El presente!

¿Cuántos años tienes? y ¿Qué vas a hacer con ellos?
Disfruta cada día como si fuera el último. El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado. Aprovecha el hoy.