Felicidad, bienestar y las cosas importantes de la vida

noviembre 29, 2017

Felicidad y bienestar son dos conceptos que muchas veces se confunden. Bienestar, en sentido breve y estricto, es sentirse bien o satisfecho con uno mismo, o con la vida que le ha tocado vivir. Es un estado de satisfacción personal, de comodidad, que considera positivos aspectos como la salud, el éxito social, económico y profesional, la alegría de vivir, la armonía con uno mismo y su entorno y la sensación de haber logrado alcanzar ciertas metas. Sin embargo, la felicidad suele ir aparejada a una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría, cuyo grado han tratado de ‘formalizar’ algunos psicólogos mediante distintos tests; incluso la han llegado a definir como una medida de bienestar subjetivo (percibido solo por la propia persona) que influye en las actitudes y comportamiento. Aquellas personas que tienen un alto grado de felicidad suelen mostrar un enfoque positivo del medio en que se mueven, sintiéndose motivadas para conquistar nuevas metas.

Todo esto viene a cuento porque circula por Internet un interesante vídeo titulado “Una verdadera lección para una vida más feliz”, donde un profesor se dirige a sus alumnos y les habla de las cosas importantes para intentar ser feliz. Lo cuenta más o menos así:

Un profesor saca un tarro vacío y comienza su clase diciendo:
Todos tenemos esta vida para vivirla, sombras fugaces existen en todas ellas.
En este vasto universo tenemos la capacidad para lograr cualquier cosa.
Verdaderamente cualquier cosa, si invertimos nuestro tiempo de manera inteligente.

A continuación, introduce unas pelotas de golf en el tarro hasta que aparentemente se llena y pregunta:
¿Está el tarro completo?
Si.
Contestan los alumnos.
Entonces el profesor coge unos cuantos guijarros, los echa al frasco entre sus huecos hasta que se llena y pregunta:
¿Y ahora está lleno el tarro?
Si.
Contestan de nuevo los alumnos.
Saca entonces un bote con arena, lo echa hasta que se llena, y mientras los alumnos sonríen pregunta:
¿Está lleno el tarro?
Si.
Contestan una vez más sonriendo.
Finalmente saca una botella de cerveza, la echa en el tarro hasta que se llena, y dice:

Ahora quiero que reconozcan que este tarro representa sus vidas. Las pelotas de golf son las cosas importantes: familia, amigos, salud y pasiones. Los guijarros corresponden a las demás cosas importantes: coche, trabajo, casa. La arena es todo lo demás, las cosas simples de la vida.
Ahora bien, si pones la arena en el primer lugar del tarro no habrá lugar para los guijarros o para las pelotas de golf.
Lo mismo ocurre en la vida. Si gastas toda tu energía en las cuestiones pequeñas no tendrás tiempo para lo realmente importante. Lo que verdaderamente importa
Presta atención a las cosas que son básicas para tu felicidad. Cuida primeramente las pelotas de golf, las cosas realmente importantes.
Evalúa tus prioridades porque todo lo demás es simplemente arena.

Entonces un alumno levanta su mano y le hace una pregunta al profesor:
Profesor: ¿Qué representa la cerveza?
A lo que el profesor contesta:
Me alegra que pregunte. Viene a mostrar que no importa lo ocupado que estés, lo ocupada que aparente ser tu vida, porque siempre habrá un hueco para tomar un par de cervezas con un amigo.


Vídeo “Una verdadera lección para una vida más feliz”.

El doctor Albert Figueras, médico, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, consultor de importantes organismos internacionales, escritor, especialista en bienestar, comenta en una entrevista cosas muy interesantes sobre ambos conceptos: felicidad y bienestar. Entresacamos algunas frases:

“El ser humano debe aprender a disfrutar de las pequeñas grandes cosas que existen, aunque cueste reconocerlas”.

“Desde un punto de vista neurológico, la felicidad es un estado momentáneo en el que el ser humano se siente bien. La felicidad pasa casi desapercibida, por eso hay que estar atento de vivir el momento presente en toda su dimensión y con todos sus sentidos para que cuando llegue no se nos escape. La gente suele vivir pensando en el futuro y se olvida de que lo único que está viviendo es el momento presente. La gente espera una felicidad eterna y no existe”.

“Cada uno debe buscar la fórmula que mejor le funcione. Si alguien te dice cómo hacer para conseguir la felicidad, seguramente le esté dando la suya propia, y difícilmente servirá a otra persona. Lo único que vale es saber cómo respondo yo a un estímulo en concreto. Identificar cómo y cuándo me siento bien y por qué”.

“Bienestar es química y se llama oxitocina, que es la hormona de la calma, del amor y la sanación. Se ha demostrado que existen placebos personales que nos la disparan. Cada uno debe encontrar los propios. Podría ser, por ejemplo, correr bajo la lluvia, leer un libro o ver cualquier película con la persona que amas al lado”.

“A veces no establecemos el baremo de la felicidad en nosotros mismos sino en los demás, y queremos ser tan felices o más que éste o aquél y es imposible. Nos creemos que los demás son bastante más felices de lo que en realidad son. Además, nos han vendido una gran felicidad que no existe. Vivimos presos de una cárcel mental por la educación que hemos recibido, por nosotros mismos, por las personas que nos rodean. Hay parejas que no funcionan y permanecen juntas años tras años”.

“Hay que optimizar la vida para sacarle el máximo partido observando y experimentando. Hay que crear, reírse, jugar, observar, saber que la vida está llena de incertidumbres, y ser conscientes de que no siempre es bonita. Porque es algo inherente a la vida y a la felicidad. El problema está en que el ser humano está educado para evitar el dolor a toda costa. Por eso muchas veces busca un atajo, como las drogas, o depender de otras personas, de situaciones o de costumbres. Vivimos presos de una cárcel mental que no tiene rejas”.

“La solución está en olvidarse del pasado. Lo pasado, pasado está. Y el futuro, ya llegará. Este momento, el que estás viviendo ahora, huele a algo, sabe a otra cosa, hay risas, lágrimas, alegrías, penas, caricias, golpes, calma, tempestades. Reírse, abrazarse, oler una fragancia determinada o escuchar una canción en particular no son sólo un ejercicio placentero, sino que son sanadores y reducen el dolor y la ansiedad”.

“Antes asociábamos felicidad con tener la mejor televisión del mercado. Tal vez ahora la gente se dé cuenta de que estar con la persona que quieres viendo una película una tarde cualquiera es uno de los mayores placeres con que te puede obsequiar la vida”.

Confundir felicidad con bienestar, incluso con el éxito, es muy común. De hecho, todos lo hemos hecho alguna vez sin ser conscientes de ello. Es verdad que existen vínculos que los interconexionan, pero también bastantes diferencias. Si se quieren alcanzar o al menos intentarlo, es muy importante distinguirlos, conocer su significado. De esa manera se evitarán confusiones.

El éxito consiste en alcanzar determinados objetivos y por lo general es tangible. Además de poder medir o estimar en muchos casos, también se puede gestionar. El concepto bienestar está relacionado con conseguir un estado en el que uno se siente bien, disfruta, y lo hace en medio de sensaciones agradables. Tiene mucho que ver con su propio nombre: ¡estar bien! Además, al igual que el éxito, se puede gestionar. Sin embargo, lo que se entiende por felicidad es mucho más complejo. Más profundo. No tiene una definición concreta. Solo se puede conocer a través de la experiencia personal. Tiene mucho que ver con el momento presente. ¡El ahora! Por eso es tan distinta del bienestar y el éxito, estados que se pueden alcanzar si se manejan bien. La felicidad solo existe en el presente. De ahí que cada persona tenga su propia definición.

Anuncios

La sequía en España, los otros recursos hídricos

octubre 30, 2017

A finales de septiembre terminó, y lo hizo con cifras preocupantes, lo que en el argot científico se denomina ‘año hidrológico’, período que mide las precipitaciones habidas en los últimos 12 meses. Los resultados han sido malos, muy malos, los peores del último lustro. Se puede afirmar que la sequía y la falta de agua en los embalses superficiales se han instalado en España.

Antes de proseguir conviene aclarar como se determina una situación de sequía, algo que ocurre cuando durante un periodo de tiempo el valor de las precipitaciones es inferior a lo que se considera ‘normal’. En principio la causa inicial es la escasez de lluvias (sequía meteorológica), que a su vez provoca una insuficiencia de recursos hídricos (sequía hidrológica), justo lo que ha sucedido en el período que abarca desde el 1 de octubre de 2016 al 30 de septiembre de 2017. Según AEMET (Agencia Española de Meteorología) el año se ha cerrado con un valor medio de 550 litros/m2 para el conjunto de España, un 15 % inferior a la media histórica (‘normal’) del período 1981-2010 que está en 648 litros/m2. Y lo que es peor, al contrario que otras ocasiones, se ha notado en la mayoría de las cuencas de nuestro país. Basta observar los pantanos con sus embalses bajo mínimos o los cortes de agua obligados por una situación complicada. El nivel de reserva es tan bajo que han salido a la superficie pueblos que llevaban tiempo sumergidos bajo el agua. Con una primavera seca, muy seca, se ha llegado al extremo de que muchas regiones del Norte como Galicia, Asturias o Cantabria se han incorporado a la situación de déficit de lluvias, algo no habitual en comunidades que siempre han actuado de contrapeso. En realidad el problema no es de ahora, España lleva con un valor de las precipitaciones inferior a lo normal desde el año 2014, incidiendo de forma directa en la cantidad de agua embalsada y provocando que la sequía meteorológica desemboque sin remedio en una sequía hidrológica.

Una pregunta que mucha gente se hace, y con difícil respuesta, es: ¿Cada vez va a llover menos en nuestro país? A pesar de que los pantanos se encuentran al 39 % de su capacidad, el más bajo de la última década, los expertos señalan que las estadísticas no lo dicen todo. A decir verdad, en el año 2006 se registró un porcentaje menor y en los últimos 27 años (desde 1990) lo hizo en seis ocasiones; si bien en estos casos, amén del ‘cambio climático’ que cada vez tiene más importancia, tuvieron también incidencia, sobre todo en los años 90, las fuertes pérdidas en las redes de abastecimiento, mucho mayores que en la actualidad. Otro aspecto a considerar es que España siempre ha tenido un comportamiento cíclico con las sequías, pues ha habido temporadas largas de sequía (hasta dos lustros) que luego se han recuperado. Quizás lo más llamativo de la sequía actual es que ha afectado a zonas del Norte, incluso Centro y algo menos al Sur, motivo que tiene un poco desconcertados a algunos científicos de que pueda ser para siempre; es decir, que sea irreversible o no.

Situación del agua embalsada por cuencas a fecha 1ª semana de octubre 2017.

En la actualidad en casi todas las cuencas españolas existen áreas de clara preocupación por la sequía, aunque es preciso aclarar que para conocer el estado de una cuenca el dato del porcentaje de agua embalsada en los pantanos es solo uno de los indicadores. Pero no el único. Es muy común pensar que debajo del suelo no existe nada, que fuese impenetrable. ¡Como si no hubiera más recursos hídricos disponibles! Francisco Turrión, hidrogeólogo de la Confederación Hidrográfica del Segura, señala al respecto: “Evaluamos la sequía en función de los embalses superficiales y no contamos con el agua subterránea”. Y añade una interesante reflexión con datos que pueden sorprender a más de uno: “Si en estos momentos se preguntase por la situación de Mallorca, a pesar de que allí no existen embalses superficiales, se diría que sus recursos hídricos estarían al 80 %. No deja de ser curioso que cuando se traslada esa misma pregunta a la península, no se sabe muy bien por qué, no se refleja esa doble información y se hace únicamente referencia a la situación en nuestros pantanos”. Quizás se deba a la ‘tradición’ de nuestro país de una política hidráulica basada en construir embalses, presas, etc., con escasa o muy poca información o especialistas expertos en incluir la aportación debida a las aguas subterráneas. Sin embargo, en las Islas Baleares como no hay posibilidad de trasvases, ni tampoco construir embalses porque el terreno es muy poroso, ya se han acostumbrado y se abastecen y viven de las aguas subterráneas. A la vista de todo lo expuesto, parece lógico incidir en que cuando se analice la situación en la Península se deberían incluir los dos aspectos: los embalses superficiales (pantanos) que en la actualidad se encuentran al 39 % de su capacidad y los embalses subterráneos al 70 %, por indicar una cifra solo como ejemplo, Por tanto, se plantean algunas preguntas acerca de la política ‘tradicional’ que nos ha venido tan bien en todo este tiempo al permitir superar algunos déficits hídricos propios: ¿Podríamos decir que está obsoleta? ¿Habría que cambiarla y pensar en explotar más los acuíferos de otra manera? La respuesta es si y además utilizarlos de forma sostenible.

Pantano del Ebro. Torre de la antigua iglesia de Villanueva en las Rozas de Valdearroyo, pueblo cercano a Reinosa.

En general, los acuíferos tienen dos componentes: uno el agua embalsada y otro los recursos renovables; o lo que es lo mismo el agua que entra y sale. Se suele tener una idea equivocada al creer que todos los acuíferos desembocan en los ríos. En parte es cierto, pero también lo es que existe un flujo subterráneo, sobre todo en las cuencas mediterráneas que son calizas, porosas o con oquedades, que no pasa por los ríos, sino que va directamente al mar. Se trata de lo que en el argot técnico se denomina SGD (flujo subterráneo), que no es más que la descarga subterránea submarina y que en el Mediterráneo, según recientes estudios de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales del la Universidad Autónoma de Barcelona, está entre 1 y 15 veces el flujo fluvial. Así por ejemplo, señala Francisco Turrión, por cada río Segura o Júcar hay al menos otro o más (hasta 15) que está yendo al mar de forma subterránea. En concreto, en el plan hidrológico del Júcar se señala que van al mar de forma subterránea 535 hectómetros. Más que el trasvase Tajo-Segura.

Se conoce bien como se recarga un embalse superficial: ¡con la lluvia! Sin embargo, y aunque solo sea por mera curiosidad, una de las dudas que le surgen a la persona de la calle es como lo hacen el resto de los acuíferos. Si como parece la tendencia es que cada vez llueva menos en la península Ibérica se nos plantea un problema importante. Un problema de orden de magnitud. Y no solo en un tipo de acuífero, sino en todos ellos. Se suele pensar que los acuíferos son como pequeñas balsas que tienen agua, que en cuanto se utilicen lo normal es que se sequen. Sin embargo, el Instituto Geológico y Minero en diferentes estudios ha reflejado que la cuenca del Segura tiene 100.000 hectómetros embalsados, 100 veces más que los pantanos superficiales. Entonces… ¿cómo se recargan los distintos acuíferos? La respuesta es obvia: ¡también por la lluvia! Pero con un aspecto fundamental que no se suele tener en cuenta: ¡la normativa obliga a calcular lo que se conoce como las transferencias laterales! A los acuíferos no solo les llega el agua que les cae de encima, ni el agua de retorno de regadío, sino que del acuífero vecino también le está entrando lateralmente un flujo importante, a la vez que por si mismo está cediendo otra parte. ¡Y así hasta llegar al mar! Por tanto, se puede afirmar que en la mayoría de los casos no se ha cubicado bien su situación real. Por poner un ejemplo, es el caso de la cuenca del Segura, aunque si se ha tenido en cuenta en el plan hidrológico del Júcar.

Distribución y gestión de los distintos recursos hídricos.

Existe también una gran confusión sobre como son los acuíferos. Por hacer más descriptiva la explicación, en general se supone que se parecen a una piscina donde si se coloca la mano en el borde de un extremo y le faltan, por ejemplo, 20 cm. para llegar al agua, en el lado opuesto ocurrirá lo mismo. Pues bien, no es así. En la mayoría de ellos el agua funciona por presión. Así, si por ejemplo se hace un pozo a 300 m. de profundidad atravesando un material impermeable de rocas sedimentarias, pero a 1,70 m. se tropieza con una caliza con agua a presión, y esa caliza se mueve y se sitúa a 1,80 m. de la superficie, nos podemos hacer las siguientes preguntas con sus respuestas aclaratorias. ¿Donde se encuentra el acuífero?: a 1,70 m. ¿Donde se está tocando el agua?: a 1,80 m. Si entonces se bombea ese agua, lógicamente el nivel de 1,80 irá bajando situándose poco a poco a 1,81, 1,82,… 1,90… en una gráfica descendente si continúa la operación. ¿Quiere decir esto que se ha secado el acuífero? No. ¿Qué es lo que ha bajado? La presión ¿El acuífero donde se encuentra? A 300 m., profundidad inicial del pozo ¿Cómo está? Lleno. Lo único que ha ocurrido es que la presión con la que ascendía el agua la hacía llegar al inicio a 1,70, luego a 1,80 y sucesivamente bajando según se iba bombeando. Existe un error muy común en la interpretación de estas gráficas al pensar que su sentido descendente es similar al de un embalse. No es así: ¡el acuífero sigue lleno!, solo se debe a la presión con que sube el agua.

La situación de sequía no sería tan grave si se gestionaran bien los recursos hídricos disponibles. Es totalmente ficticio hacer una valoración solo en función de los embalses superficiales y no contabilizar o tener en cuenta el agua de los acuíferos subterráneos. Además se deberían utilizar todos de forma sostenible. ¿Por quien? Por el Estado que al ser el responsable de la gestión de los embalses superficiales debería serlo asimismo del agua subterránea. En un ejemplo real Francisco Turrión señala: “En el año 2004-2009 en la cuenca del Segura con una sequía como la actual se hizo una batería de pozos y gracias a ella se movilizaron 135 hectómetros, agua que se puso a disposición del río y las acequias y no hubo manifestaciones ni problemas. Ese sistema gestionó por tanto 135 hectómetros más. Esos pozos se hicieron hace 10 años. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos aprendido la lección y hecho más pozos? La respuesta parece evidente”.

Una de las mayores dificultades que siempre ha tenido la estructura hidrológica de nuestro país es su desigualdad. En España, hasta este año en que el tiempo de lluvia está siendo catastrófico en la mayoría de los sitios, cae suficiente agua (aunque lo suele hacer más en el Norte) para toda la península, pero se distribuye mal. Según lo reflejado en apartados anteriores, parece que explotar los acuíferos (subterráneos), además de ser más igualitario, permitiría desechar la idea de que el agua se reparte de manera poco entendible. Así como hay una parte de España mucho más húmeda, también existe otra distinta, más permeable, que curiosamente se encuentra en la parte oriental, próxima a la costa del Mediterráneo, y otras zonas impermeables que son precisamente las que tienen menos agua en sus acuíferos, salvo la cuenca del Duero y alguna otra como la parte fronteriza con Portugal. No se está hablando de coger el agua fluvial, el agua subterránea que se va a drenar del río, sino de hacer pozos a 300-400 m. de profundidad cementando la parte superior para de esa manera alcanzar el flujo subterráneo (SGB) que estamos perdiendo o  tirando al mar. No se trata de ninguna teoría; como se ha dicho: se ha hecho y se ha comprobado. Afirma el profesor Turrión: “Cuando medimos el nivel de agua en esos pozos, en esos embalses subterráneos que tienen agua a presión, vemos que a lo largo de los últimos 40 años no han variado. Por tanto tenemos ese potencial para compaginarlo con las aguas superficiales de los pantanos y con las aguas desaladas. Es decir, en la cuenca del Segura se podría ser perfectamente autosuficiente utilizando el agua desalada y las aguas subterráneas de los acuíferos inferiores”.

Evolución media anual de la capacidad de los en España. Período 1990-2017.

Aunque estén relacionados, la escasez de agua y la sequía son fenómenos diferentes, que además se pueden agravar en función de su impacto individual. La escasez se produce donde no hay suficientes recursos hídricos disponibles para satisfacer las demandas de agua a medio o largo plazo y la sequía se considera como una disminución temporal de la disponibilidad de agua por falta de precipitaciones. El año hidrológico 2017 (1 octubre-30 septiembre) ha concluido con un 14 por ciento menos de lluvia de lo ‘normal’ agudizando la situación de sequía en toda España. Es hora de empezar a hablar de los embalses subterráneos como una fuente más a utilizar. Un recurso que nunca se ha tenido en cuenta en los datos aportados y mucho menos lo que supondría su explotación de manera sostenible cuando se habla de sequía.


La edad y el tiempo según Galileo y Saramago, una interesante reflexión

marzo 13, 2017

La edad y el tiempo, dos conceptos en cierto modo complementarios, a veces pueden parecer contrapuestos. Una extraña paradoja. Decimos esto porque hay quien defiende, la mayoría, que: “La edad se puede medir o definir como el tiempo ya vivido”, mientras que otros, los menos, piensan que: “La edad debe ajustarse al tiempo que nos queda por vivir”.

sin-titulo-1Entre los partidarios de medir la edad “según el tiempo que queda de vida y no por el tiempo vivido” dicen que se encuentra Galileo Galilei (1564-1642), célebre astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano. O al menos así lo cuenta Daniel Martínez (argentino, conductor del programa de radio ‘Buenas Compañías’) en su audio-libro “Entre tú (vos) y yo” donde dice:

En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: ¿Cuántos años tiene el señor?, 8 a 10 respondió Galileo en evidente contradicción con su barba blanca. Todos se miraron como asombrados por la edad que había dicho que tenía, pero él al darse cuenta les explicó:
“Tengo en efecto queridos amigos los años que me quedan de vida, los vividos ya no los tengo como no se tiene las monedas que se han gastado”.

Una respuesta de Galileo a la que Daniel Martínez acompaña con una reflexión:
“Es asombrosa esta respuesta de Galileo. En realidad yo quería preguntarte a ti: ¿Cuántos años tienes? Pero que me respondas como Galileo, no los que has vivido, porque esos los has gastado como el dinero que pasó por tu bolsillo.
¿Cuántos años tienes? ¿Cuántos crees que tienes por vivir? ¿Cuánto de tu vida activa? ¿Cuánto de tu vida pasiva? ¿Cuánto de tu sexo pleno? ¿Cuántos te quedan?
Y entonces…, ahora que en tu mente estás como esbozando una respuesta te digo… ¿Qué es lo que haces con ellos? ¿Qué haces con los días, los minutos y las horas que son los únicos e irrepetibles que te quedan en cada momento? ¿Cómo los gastas? ¿Cómo los utilizas? Vanamente los hombres a veces creen que el tiempo pasa… sin darse cuenta que los que pasan… son ellos.
Aprovecha el hoy… deja el ayer… no esperes el mañana que quizás nunca llegue, se realista, elegí el aquí y ahora y de ahí toma lo mejor para vos, y para los demás también, no lastimes ni te lastimes, no pierdas tu vida…”.

Hay estudios que sugieren que factores como la salud y la capacidad del individuo se deben tener en cuenta para determinar si una persona se tiene que considerar o no ‘vieja’ recomendando evaluar la edad, y por tanto el tiempo que queda de vida, en esa línea en contraposición a lo considerado ‘normal’ en la sociedad actual que lo establece al cumplir 65 años, finalizada la etapa laboral de la persona y su paso a la situación de jubilación. Son ya muchos los investigadores que afirman que la vejez en realidad es un estado de ánimo y que, felizmente, el aumento en la esperanza de vida gracias a los adelantos de la medicina y que las personas siguen modos más saludables son un proceso que las hace más capaces y en muchos casos más ‘jóvenes’ en diferentes aspectos. sin-titulo-2Algunos organismos internacionales se están empezando a plantear nuevas formas de medir el envejecimiento, en especial para realizar extrapolaciones de población más allá del año 2050.

A este respecto, José Saramago (1922-2010), escritor y poeta portugués, premio Nobel de Literatura 1998, en un espléndido poema nos habla de sus sentimientos sobre la edad y el tiempo. Dice así:

¿Qué cuántos años tengo?/ ¡Qué importa eso!/ ¡Tengo la edad que quiero y siento!/ La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo,/ sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos/ y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!/ ¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo/ otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo,/ ni lo que la gente dice,/ sino lo que mi corazón siente/ y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios/ para gritar lo que pienso,/ para hacer lo que quiero,/ para reconocer yerros viejos,/ rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir:/ ¡Estás muy joven, no lo lograrás…/ ¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas/ se miran con más calma,/ pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,/ se empiezan a acariciar con los dedos,/ las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,/ a veces es una loca llamarada,/ ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada/ y otras… es un remanso de paz,/ como el atardecer en la playa…
¿Qué cuántos años tengo?/ No necesito marcarlos con un número,/ pues mis anhelos alcanzados,/ mis triunfos obtenidos,/ las lágrimas que por el camino derramé/ al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta,/ sesenta o más! Pues lo que importa:/ ¡es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Este pensamiento de Saramago nos invita en cierta manera a preparar esa etapa de la vida de la que hasta no hace mucho se decía… ‘envejecer’. Una lección de ilusión para llegado el momento. Toda una oportunidad para valorar otros aspectos que ofrece la vida: nuevas costumbres, personas, sociedad,… Algo muy importante para no entrar en lo que Azorín definió como… “La vejez es la pérdida de la curiosidad”.

edad-04Las medidas tradicionales sobre la edad clasifican a la gente simplemente como ‘vieja’ a una edad determinada. A menudo al cumplir los 65 años. Sin embargo, Sergei Scherbov, reconocido especialista en análisis demográfico y proyección de la población, líder del World Population Program (POP) (Programa Mundial de la Población) en IIASA (Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados), afirma que: “Lo que consideramos viejo ha cambiado con el tiempo, y tendrá que seguir cambiando en el futuro a medida que la gente viva vidas más largas y saludables. Alguien que tiene 60 años hoy, yo diría que es de mediana edad. Hace 200 años, un hombre de 60 años de edad sería una persona muy vieja”. Asimismo, Warren Sanderson, profesor de Economía e Historia de la Universidad Stony Brook, colaborador también del programa POP en IIASA, mantiene que: “El comienzo de la vejez es importante porque se utiliza a menudo como un indicador del aumento de la discapacidad y la dependencia, y la disminución de la tasa de actividad. Ajustando lo que consideramos que es el comienzo de la vejez cuando estudiamos diferentes países y períodos de tiempo es crucial tanto para la comprensión científica del envejecimiento de la población como para la formulación de políticas coherentes con nuestra situación demográfica”. El propio Scherbov, en una nota de prensa de IIASA, dijo: “Cuanto más rápido es el aumento de la esperanza de vida menor es el envejecimiento que está sucediendo en la realidad”. Algo que investigaciones anteriores ya habían demostrado al incidir en que la definición tradicional pone a muchas personas en la categoría de ‘viejas’ en una determinada edad cuando en realidad tienen las características de personas mucho más jóvenes.

Como alguien dijo acerca de la edad y el tiempo según lo expresado por Galileo Galilei:
“Crecemos en sabiduría si valoramos el tiempo como Galileo. Decimos con asombro: ¡Cómo pasa el tiempo! Pero en realidad somos nosotros los que pasamos. El astrónomo italiano sabía que acá estamos de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera. La certeza de que nuestro caminar terreno tiene un final, es el mejor recurso para valorar más cada minuto. Así podemos aprovechar lo único que tenemos: ¡El presente!

¿Cuántos años tienes? y ¿Qué vas a hacer con ellos?
Disfruta cada día como si fuera el último. El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado. Aprovecha el hoy.


La cultura de bar y la transversalidad

febrero 20, 2017

El concepto transversal o transversalidad es un calificativo que designa a todo aquello que atraviese, que corte algo por alguna de sus secciones o campos. Una idea que procede de las ciencias exactas. Por ejemplo, en la geometría cuando hablamos de una línea o de un elemento geométrico que se cruza con otro y lo divide en varias partes. La idea de transversalidad sin-titulo-1se ha extendido de tal manera que en la vida real se utiliza para casi todo. Ha pasado a ser aplicada en los más diversos órdenes: desde el científico donde proviene hasta lo más práctico de nuestro ámbito cotidiano.

Uno de los problemas con este tipo de conceptos, si se convierten en ‘universales’, es cuando llegan al campo de la política. Sobre todo si se transforman en corrientes ideológicas que solo buscan fines electorales. Palabras o frases que algunos partidos convierten en su ‘maná’, que suenan muy bien, pero que en muchas ocasiones están vacías de contenido. Son proyectos que trascienden la división entre derecha e izquierda apostando por una nueva ideología que intenta no vincularse con ideas preconcebidas. Movimientos que en su plataforma reivindicativa incorporan tendencias de ambos lados del espectro político tradicional y que dicen defender lo que es más beneficioso para la sociedad sin importar el origen ideológico de sus propuestas.

En la política actual está de moda decir… “¡nosotros somos transversales!” En especial por aquellos partidos que se autodenominan ‘nuevos’ y que, últimamente, conseguidos parte de sus objetivos cada vez se parecen más… a los ‘clásicos’. Casi todos los expertos coinciden arriba-y-abajo-01en que la transversalidad la mayoría de las veces es beneficiosa,… excepto cuando se transforma en ideología. Bastantes ‘politólogos’ la están criticando con dureza al darse cuenta que, transcurrido un tiempo y sus propias contradicciones, en ocasiones solo se trata de una estrategia para atrapar votos a costa de difuminar su verdadero posicionamiento ideológico. Para ello suelen ampararse en el atractivo slogan: “¡De esa manera se toman las propuestas más beneficiosas para la sociedad y los ciudadanos de uno y otro lado del espectro ‘clásico’!” El problema se presenta cuando al enfrentarse con la dura realidad no las pueden llevar a la práctica.

Sin embargo hay que decir que, bajo un punto de vista neutral, la transversalidad tiene amplia aceptación cuando se reivindican aspectos concretos sin que las medidas necesarias para llevarlos a la práctica tengan por qué atribuirse a nadie en particular. Como por ejemplo el ecologismo. Y aún así, todavía existen partidos políticos que, en base a su populismo y a costa de ganar votos, lo siguen incluyendo como uno de los ejes de su programa. Esta estrategia puede resultar útil electoralmente a corto plazo, pero parece complicado recurrir a ella de continuo porque al final el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio. Está demostrado.

Por fortuna, todavía quedan ámbitos de nuestra vida cotidiana en los que se da la transversalidad sin ningún tipo de ‘interferencia’. Uno sin duda es la ‘cultura de bar’, referencia por antonomasia en la sociedad de nuestro país. ¡El bar es el lugar de encuentro que mejor representa la transversalidad! Allí se puede hablar de todo y con todos sin necesidad de sacar a relucir diferencias insalvables. Un sitio de contraste de opiniones en pro de la diversidad que tanto bien hace a la amistad y también a la cultura.

sidreria-marcelino-01Sidrería Marcelino en Oviedo.

Los bares representan un punto de encuentro para personas de toda clase y condición, un espacio para quedar, desconectar, comer o beber, leer la prensa, ver la televisión, jugar a las cartas,… hasta para conectarse a Internet. Los hay por todas partes y tendencias. No es un tópico. España es uno de los países con más bares por habitante donde persiste un enorme aprecio por su cultura. Hay quien dice, con mucha razón, que los españoles son muy sociables. Expertos en sociología afirman que la densidad de bares es uno de sus indicativos. Manuel Delgado, doctor en Antropología y licenciado en Historia del Arte, con trabajos reconocidos sobre la construcción de identidades colectivas en contextos urbanos, señala: “Cuantos más bares, más vida social; cuanto más vida social, más bares”. Es de los que reivindica la vida urbana, la calle, como objeto de investigación científica. Piensa que el espacio público es un lugar de encuentro. Sitios en que uno se topa con gente desconocida, donde puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. Opina que: “La calle funciona como un sistema social, que nos da claves fundamentales para entender el funcionamiento global”. Un especialista en temas urbanos como él cree que los lugares donde no hay bares son lo más parecido a “determinados complejos en los que la gente suele salir poco y la actividad se limita a espacios cerrados al exterior” con todo lo que conlleva de carencia de vida social.

Solo o acompañado, la ‘vida’ en los bares adquiere formas de todos los colores. Desde pasar un rato para tomarse un café, a quedar con los amigos o conocidos para hablar de lo que se tercie. La tertulia de bar es un buen ejemplo de transversalidad. Suele ser espontánea y diaria para regocijo de todos los presentes. Y aunque se procuran evitar, los temas ideológicos ni se eluden ni suelen pasar a mayores. Con gentes de todo tipo, personas que llegan una detrás de otra o a veces en oleadas, cada una con su tema, ¡el bar representa muy bien la transversalidad real! De estratos sociales muy diferentes, si se pone un poco de atención se pueden escuchar opiniones distintas que se suelen respetar, aunque en ocasiones sean objeto de acalorados debates. Muchas veces enconados. El bar es un lugar para ‘ponerse al día’, de darse cuenta de lo que le interesa a la gente.

bar-04Bar-Cafetería Romero (“El Romero”) en Lodosa.

Además de su función lúdica, muchos bares han estado vinculados al mundo cultural y creativo. Grandes figuras de la literatura encontraron inspiración en ellos. Como Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, que pasaba sus horas en el Café Iruña de Pamplona. También fueron famosas sus tertulias como la del Café Pombo, cercano a la Puerta del Sol de Madrid, celebrada cada sábado por el conocido escritor Ramón Gómez de la Serna con sus famosas greguerías, textos breves de una frase en una sola línea que expresan de forma aguda y original pensamientos de todo tipo. O la del Café Gijón, en Recoletos, formada en sus inicios por escritores y artistas de la posguerra civil española. Se puede decir que las tertulias literarias marcaron la primera mitad del siglo XX en muchos bares de España.

Los bares se parecen mucho a los foros de opinión. Espacios de encuentro y convivencia abiertos a todo tipo de clientes. “La densidad de bares indica la sociabilidad de una ciudad” señala el antropólogo Manuel Delgado. Con una clientela fija que en muchos casos supera el 80 %, los camareros son casi como alguien más de la familia. Se les llama por su nombre. Igual que a un amigo. De ahí la confianza mutua.  A diferencia de otros países, en España los bares son el reflejo de un estilo de vida sobre todo familiar y social. Lugares donde uno se siente como en casa sin estarlo. Allí conocemos a otras gentes, nos reunimos con los amigos, con la familia, reímos nuestras anécdotas, nos divertimos,… Son también el punto de partida de cualquier noche de fiesta: “Quedamos en el bar…y luego ya veremos lo que hacemos”. “Salir de bares” es algo que nunca sabes ni como ni a qué hora puede terminar.   La cultura del bar en realidad no es más que el reflejo de una sociedad transversal.


Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

enero 19, 2017

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.


El portal de Belén, el nacimiento de Jesús y un poco de historia

diciembre 17, 2016

Un año más se acerca la Navidad y con ella toda su historia. Se percibe en el estado de ánimo, en la iluminación festiva, las canciones que susurran los altavoces, en la gente que camina por las calles, en… ¡Es el espíritu de la Navidad! Una de las tradiciones más universales que siempre trae emociones, sentimientos, alegría, añoranzas y también esperanza.

En uno de nuestros post dedicados a la Navidad ya dijimos que la costumbre de montar el Belén o Nacimiento fue introducida por primera vez por la Iglesia en la Edad Media. nacimiento-01Según parece, se remonta hasta San Francisco de Asís cuando en la noche del 24 de diciembre de 1223 revivió el nacimiento de Jesús en la cueva de Greccio (Italia). A partir de entonces se empieza a difundir, llegando a España en el siglo XV con las estatuas de madera que hacen acto de presencia en iglesias y monasterios, y no es hasta el siglo XVII cuando irrumpe en los hogares con las figuras de barro cocido donde nobles y soberanos compiten por presumir del Belén más hermoso.

Aún existe alguna controversia sobre el lugar y fecha del nacimiento de Jesús. Para muchos, coincidiendo con la tradición, nació en Belén, sin embargo hay quien sostiene que lo hizo en Nazaret. Ni siquiera los exégetas (intérpretes de textos antiguos, en especial de las Sagradas Escrituras), se han puesto de acuerdo. Su infancia es una de las etapas menos conocidas de su vida. Incluso para los evangelistas. Su etapa de niño y adolescente apenas se menciona en los textos, si se exceptúa algún pasaje puntual. Lucas (2.7) hace una pequeña referencia al lugar de nacimiento: “En Belén, María dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el albergue”. O Mateo cuando dice: “Jesús nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes. Unos magos vinieron a Jerusalén… preguntando por el lugar del nacimiento del rey de los judíos. Lógicamente, los sacerdotes responden que en Belén, según la profecía de Miqueas”.

Tampoco la fecha está del todo clara. Xavier Picaza, teólogo español, uno de los mayores estudiosos del tema, en un artículo titulado “Jesús, nacido en Nazaret, oriundo de Belén” señala: “La tradición del evangelio sabe que nació en tiempos del César Augusto, cuando reinaba en Palestina Herodes el Grande, es decir, unos años antes de lo que supone la datación oficial, calculada de un modo equivocado. Debió nacer el 6 a. C., en los últimos años de Herodes, en un tiempo que empezaba a estar marcado por fuertes contrastes. Un monje escita, de comienzos del siglo VI d. C., calculó que Jesús había nacido el año 753 de la Fundación de Roma y esa fecha se ha impuesto, hasta el día de hoy, como ‘año cero’ de la era común. Pero los cálculos históricos modernos indican que se equivocó, de manera que Jesús nació unos 6 ó 4 años antes. La fecha de la media noche del 25 de diciembre es simbólica y está vinculada con el culto al Sol que celebraba su fiesta ese día”.

Dentro de todo este contexto, lo que si parece es que tras más de 2000 años todavía se conservan algunos vestigios o reliquias del nacimiento e infancia de Jesús. Desde la cuna al pañal, pasando por los Reyes Magos y los ángeles, los pastores, y algunos otros símbolos que forman parte de su historia. Así, por ejemplo, aunque en los Evangelios no se hace mención a ninguna cuna, en la basílica romana de Santa María la Mayor se veneran algunos listones de madera que la formaban y también una brizna de paja del heno del pesebre. La reliquia, en territorio de la Ciudad del Vaticano (todas las basílicas mayores de Roma lo son), fue donada por la Corona Española, muy vinculada a este templo del que el actual rey Felipe VI es canónigo honorífico.

La imagen de una madre que deja el delicado cuerpo de su hijo recién nacido en un pesebre fue la que emocionó al Papa Sixto III, que en el año 432 decide realizar dentro de la basílica de Santa María la Mayor una “gruta de la Navidad” parecida a la de Belén, convirtiéndose de esa manera en el primer pesebre de la historia objeto de devoción popular. Se hizo tan famosa que algunos fieles, cruzados y peregrinos a su vuelta de Tierra Santa, empezaron a ofrecer como regalo algunas reliquias que traían del portal de Belén, entre ellos los listones de madera de la cuna.

cuna-03Fue el Papa Gregorio XI, más de un siglo después de que se empezase a difundir la costumbre de celebrar el nacimiento de Jesús iniciada por San Francisco de Asís, quien tuvo la idea de colocar estos vestigios en el interior de un tabernáculo, especie de urna que se suele colocar en el altar mayor de las iglesias. Aunque dejaron los restos de la cuna, este relicario fue destruido, luego construido de nuevo, y finalmente robado, por las tropas de Napoleón durante la ocupación de Roma (1799). El actual existente, majestuoso, sostenido por cuatro querubines de oro y coronado por un Niño Jesús, sigue conservando los listones de madera y fue realizado por Giuseppe Valadier (1762-1839), arquitecto y orfebre, máximo exponente del neoclasicismo de la ciudad. Para que los fieles pudieran venerarlo, se solía exponer en la nave central durante las fiestas navideñas, pero con los años, debido al mal estado de conservación de los restos, solo se hace en contadas ocasiones como en la misa del Gallo.

Otras reliquias que aún se conservan son algunos restos pertenecientes a los pastores que acudieron al portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Se encuentran enterrados bajo un altar en la iglesia de San Pedro y San Fernando en Ledesma, pueblo de Salamanca, un pequeño templo sobre el que gira una de las leyendas más divulgadas. Cuenta que pertenecieron a los Santos Pastores Isacio, Josefo y Jacobo. Su origen sigue siendo una incógnita. Como han recogido las crónicas a lo largo de la historia, pudieron ser traídos desde Tierra Santa hasta Ledesma en el año 1149, después de ocupar Jerusalén, por un caballero cruzado natural de la localidad, Micael Dominiquiz. A partir de ahí se suceden una serie de vicisitudes en las que no vamos a entrar, que terminan con su colocación en un arca cerrada en la iglesia de San Pedro, su destino final. Una noticia que se propagó rápidamente, llegando a oídos del Papa Inocencio XI, que le concedió el privilegio de una cofradía para salvaguardar el tesoro, permaneciendo ocultos durante siglos bajo sus muros en un antiguo cofre de madera hasta que fue descubierto durante unas obras a finales de 1965. “Los pastores fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2,16-17), así dice el Evangelio, y la tradición que sus restos se encuentran en Ledesma junto a sus zurrones y tijeras de esquilar.

Los Reyes Magos también forman parte de esta pequeña historia de las reliquias. Así narra el evangelista Mateo (2.11) su llegada al pesebre. “Vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, incienso y mirra”. Si bien el Evangelio no indica cuántos eran, sí dice que llevaron tres regalos y viajaron desde Oriente hasta Belén intrigados por una estrella que anunciaba el nacimiento de un rey. Su visita causó la desconfianza de Herodes que les ruega averigüen el sitio del nacimiento de Jesús, pues lo veía como un gran peligro para su reinado y pretendía acabar con él. Los Magos, que no sospechaban nada, encontraron al Niño, lo adoraron y le obsequiaron con sus regalos. Después, un ángel les previno sobre las intenciones del rey decidiendo regresar a sus países por un camino distinto. Es entonces cuando Herodes, fuera de sí, monta en cólera y ordena matar a todos los niños menores de dos años, aunque ya antes San José había sido avisado en sueños de que debía huir a Egipto con su familia.

Las figuras de los Reyes Magos aparecen ya en las catacumbas de Priscila, cementerio romano-paleocristiano que se encuentra en la Vía Salaria, uno de los más antiguos de la ciudad de Roma. En uno de los frescos de sus paredes del siglo II-III se pueden ver tres figuras con vestiduras persas que se acercan a la Virgen María y al Niño Jesús. Muchos han buscado sus tumbas a lo largo de los tiempos. Parece que fue la emperatriz Elena, madre del emperador romano Constantino, entusiasta de las reliquias religiosas, quien en el año 300 las encontró en Saba, cerca de la actual Teherán. De inmediato ordenó el traslado de sus restos a Constantinopla (hoy Estambul) donde permanecieron tres siglos en una capilla ortodoxa. Más tarde, en tiempos de la Segunda Cruzada, San Eustorgio, obispo de Milán, durante la visita que hizo al emperador para que aceptara su nombramiento como era preceptivo, recibió como regalo las veneradas reliquias que fueron trasladadas a su diócesis. Allí fue donde las encontró después Federico I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apodado Barbarroja por el color de su barba, que tras saquear la ciudad las donó a su vez a Reinaldo de Dassel, arzobispo de Colonia en 1164, donde reposan hasta hoy, en su catedral, en un espléndido sarcófago de oro, plata y madera que se tardó 45 años en construir. El último peregrino ilustre que las visitó fue el anterior Papa Benedicto XVI en el año 2005, pocos meses después de ser elegido. En su libro “La Infancia de Jesús”, donde dedica un capítulo a los Reyes Magos, además de señalar que pertenecían a la casta sacerdotal persa y verlos como sabios o filósofos en su sentido más literal, dice: “Son personas que van en busca de la verdad y del verdadero Dios”.Fueron los primeros no judíos que reconocieron al Niño Jesús como Dios.

relicario-tres-reyes-magos-01Relicario de los tres Reyes Magos en la catedral de Colonia.

Podríamos seguir contando más historias acerca de otros vestigios o reliquias relacionadas con el nacimiento de Jesús. Citaremos de forma somera solo algunas como las plumas de los ángeles dispersas por varios sitios, unas pertenecientes a los que se aparecieron a los pastores y otras atribuidas al arcángel San Gabriel cuando anunció a María que iba a ser madre de un niño. Aunque se le ha perdido la pista, esta última, considerada una de las reliquias más apreciadas en la Edad Media, estuvo durante bastantes años en el monasterio de El Escorial. También existe otro relicario en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, donde como ya hemos dicho están también los listones de la cuna. Se trata de un trozo de tela de los pañales que utilizó la Virgen para envolver al Niño. Aunque el más famoso de estos trozos, del que solo quedan tres hilos, se encuentra en Lérida y parece estar dotado de poderes especiales, pues se decía que curaba las enfermedades de aquel que lo colocaba en su cabeza. Muy venerado por reyes y Papas durante siglos, fue donado a la catedral en 1297 por un comerciante leridano que lo halló viajando desde Jerusalén a Túnez. Durante la Guerra Civil se perdió casi por completo, quedando solo los hilos citados. Existen otras reliquias sobre las que no nos vamos a extender para no hacer más extenso el artículo como el prepucio del Niño Jesús, su cordón umbilical, piedras del portal,…

Hasta aquí esta pequeña historia acerca del nacimiento de Jesús del que el actual Papa Francisco ha dicho en una audiencia reciente: “No conocemos apenas nada de la infancia de Jesús. Las raras indicaciones que poseemos hacen referencia a la imposición del nombre después de ocho días de su nacimiento. Sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él, si miramos la vida de los niños”. Un año más, cumpliendo con la tradición, se montará un pequeño Belén en muchas casas. Una pequeña aportación a una Navidad más íntima. Una celebración de bondad, de deseos de paz y sosiego, en un mundo complicado. Una reliquia más que sobrevive en el tiempo. Un tema eterno que cada año parece distinto. Pocas cosas han cambiado desde nuestra niñez hasta hoy. La Navidad llama a nuestra puerta.


La propina y su importancia social, obligación, satisfacción o clasismo

noviembre 25, 2016

No está del todo claro de donde viene la costumbre de ‘dejar propina’. Existen varias teorías al respecto. Aunque la mayoría están de acuerdo en que el origen de la palabra viene del latín ‘propinare’ <> ‘dar de beber’. Hay quien dice, los menos, que ‘dar propina’ lo inventaron los griegos que acostumbraban a beber solo una parte del contenido de la copa dejando el resto como ‘propina’ para la persona a cuya salud se brindaba. Pero la más dominante, sostenida por muchos expertos como Michael Lynn, reconocido investigador, profesor de psicología del consumidor en la Universidad de Cornell, con trabajos publicados en periódicos como New York Times o The Wall Street Journal, creen que esta costumbre se inició en la Europa aristocrática del siglo XVII como un gesto de la nobleza hacia la plebe que la atendía en las tabernas. Más tarde, después de la Guerra de Secesión (1861-1865), fue introducida en EEUU por los americanos ricos que regresaban de sus vacaciones por el viejo continente, comenzando a aplicarla entre el personal de servicio como muestra de lo que habían ‘aprendido’ en Propina 01el extranjero. Sin embargo, no fueron bien recibidas por considerarlas un signo de clasismo, hasta el punto de crearse una Asociación Antipropinas que llegó a tener más de 100000 socios, logrando, junto a la presión de los sindicatos, que se prohibiesen en algunos estados durante años. A pesar de estos esfuerzos, se puede decir que a lo largo del siglo XX la práctica de ‘dar propina’ se terminó convirtiendo en casi un dogma.

La propina es uno de los ‘tópicos’ que sigue sin resolverse a satisfacción. ¿Debemos dar o no propina a la persona que nos presta un servicio? ¿Se pueden ofender si no les damos o les damos ‘poco’? ¿En que cantidad? No hay nada tan fluctuante como este tema. En España, y en Europa en general, las propinas son un pequeño complemento que algunos clientes dejan después de un servicio. Sin embargo, en EEUU, donde el sueldo de los camareros, por ejemplo, es muy bajo, suponen en ocasiones el sustento básico de muchas personas. En realidad la pregunta que subyace en el fondo es… ¿es bueno o no dar propinas? Brandon Ambrosino, escritor de la publicación digital Vox.com y también del The New York Times y otros periódicos de renombre, en un extenso artículo titulado “La propina perpetúa el racismo, el clasismo, y la pobreza: ¡hay que deshacerse de ella!” asegura que no se deben dejar propinas. Y no es el único. Sus argumentos son varios. Desde que la responsabilidad de pagar el sueldo de los camareros no debe incidir en el cliente, hasta que la propina no depende de elementos objetivos. Michael Lynn, al que ya hemos citado antes, también destaca que la correlación entre un buen servicio y una buena propina suele ser bastante débil.

En general la propina se entiende como una recompensa, normalmente de tipo económico, que se suele dar en agradecimiento a un buen servicio. Casi siempre es el cliente quien decide darla o no, y en que cantidad, aunque desde hace un tiempo en determinados países se ha convertido en poco menos que obligatoria, perdiendo entonces, a pesar de que conserve el nombre, su carácter de origen. En la actualidad, ‘dar o no propina’ es un tema discutido y discutible entre los consumidores. Hay quien piensa que puede ser ‘exigible’ como apoyo al sueldo de los trabajadores, mientras que otros, la mayoría, creen que ‘dar propina’ lo único que hace es que los salarios de esos empleados se mantengan en niveles bajos. Finalmente hay quienes siguen viendo a la propina solo como una vieja costumbre.

Propina 02

Alrededor de las propinas se han producido curiosas historias y anécdotas, algunas hasta divertidas. Citaremos solo dos:
Una fue protagonizada en el año 2007 por el entonces ministro de Economía Pedro Solbes, a quien no se le ocurrió otra cosa que afirmar que “las propinas eran una de las causas del aumento de la inflación”. Una frase que ‘soltó’ durante el coloquio que siguió a una de sus intervenciones. Lo hizo cuando creía que los periodistas ya no le podían oír, utilizando un tono informal para justificar de manera ‘didáctica’ la subida de precios con unos argumentos poco afortunados para un experto economista, además de ministro. En su reflexión reconocía que la entrada del euro había tenido un efecto inflacionista en España, sobre todo en los productos de bajo valor, y que los ciudadanos no lo habían interiorizado lo suficiente, añadiendo que un modo fácil de comprobarlo era nuestro comportamiento al dejar propinas, que según él, y aquí viene la barbaridad de su expresión, a veces se dejan hasta el 50% del coste de lo consumido cuando éste es bajo. “No se ha interiorizado que un euro equivale a 166 pesetas y que dejar un euro de propina por dos cafés es exagerado”, aseguró. Poco tardó en ser el hazmerreír de todo el mundo, empezando por la oposición política que enseguida se encargó de propalar las ‘ocurrencias de Solbes’. Y lo hicieron con chascarrillos. Algunos tan originales como: “Pero dónde y con quién toman café Solbes y Zapatero, que sólo pagan 80 céntimos (según Zapatero) y dejan un euro de propina (según Solbes)”, “Que les pregunten a los camareros si ellos dejan un euro de propina”, añadiendo… “Mientras nos piden que comamos conejo (otra de sus ocurrencias) o que no dejemos propina, el Gobierno se gasta miles de euros en campañas de autobombo”. A esta última frase se apuntaron también muchos, criticando al Gobierno por su segunda ‘recomendación’ para reducir la inflación, y que no era otra que incrementar el consumo de conejo, diciendo: “Al tiempo que la ganadería está atravesando la mayor crisis de su historia, esta Navidad ni toca dar propina, ni toca el pavo, lo que toca aquí es conejo”.

Propina 08La segunda anécdota, en este caso ‘simpática’, alrededor de las propinas es la que aparece en una de las secuencias de la película “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino. Seis criminales profesionales contratados para un trabajo, que no se conocen entre sí y mantienen el anonimato escondidos bajo nombres de colores, se encuentran desayunando en un bar. En el momento de pagar, uno de ellos, el señor Rosa, se declara contrario a dejar propina, siendo censurado por sus compañeros. A la mayoría, que paradójicamente estaban planeando el asalto a un banco, les parecía inmoral escatimar ese 15% a las camareras.

No en todos países ni en todos los sitios se ven las propinas bajo una óptica similar. Varían mucho de un país a otro, y a menudo entre ciudades distintas de un mismo país. Los hay como en Japón o China donde no solo no es una costumbre, sino que dejarlas está mal visto. En cambio en EEUU o Canadá en algunos casos son casi obligatorias y en ocasiones incluidas en la cuenta como un complemento del sueldo. En otros, como el Reino Unido o Cuba, siendo voluntaria todo el mundo la espera, o bien siendo una costumbre se deja solo cuando el servicio es satisfactorio, entendiendo como una queja por parte del cliente cuando no se hace así. En este último grupo se puede encuadrar a España y la mayoría de los países europeos (Alemania, Francia,…). También muchos sudamericanos (Argentina, Chile, Uruguay,…). A continuación se relaciona el modo de comportarse con la propina en una serie de países tomados como referencia:

EEUU
En las empresas de servicios dan por hecho que una parte del sueldo de sus trabajadores está formado por las propinas que dan los clientes. Oscilan entre un 10-15 %, y cada vez son más los restaurantes, por ejemplo, que la llevan incorporada en la factura.
Reino Unido
Al igual que en EEUU bastantes restaurantes incluyen la propina en su factura. No así en los bares, aunque es costumbre dejarla.
Cuba
La propina ha sufrido un cambio total, pasando de estar prohibida a ser una costumbre en restaurantes y en el gremio de los taxistas.
Brasil
Los restaurantes la tienen incluida en la factura, aunque desde no hace mucho los camareros de las zonas turísticas se han ‘acostumbrado’ a recibirla como un complemento.
Méjico
Está muy mal visto no dejar propina, pero no suele estar incluida en la cuenta.
Chile
La propina no es obligatoria, sin embargo hay restaurantes que la incluyen sin preguntar al cliente, quien ha de ‘protestar’ si quiere que se la anulen.
Argentina
Suele ser habitual dejarla.
Francia
Se suele dar o no en función de la calidad del servicio.
Alemania
Es el cliente quien decide si dejar propina o no.
Italia
Al igual que en España es totalmente voluntaria.
Rusia
Hasta la desintegración de las URSS las propinas estaban prohibidas, pero a partir de entonces se han convertido en una costumbre.
Japón
No es obligatoria ni los propios trabajadores la esperan, incluso la consideran ofensiva.
Italia
Existe una cultura de la propina, siempre se cuenta con ella como un complemento al salario.
Australia
Aunque no es habitual dejar propina, en las zonas turísticas se ha ido instaurando poco a poco si el cliente se encuentra satisfecho con el servicio.
China
No existe cultura de dejar propina, incluso está prohibida en algunos sitios. Solo los restaurantes muy selectos suelen aplicar un recargo por este concepto.

Propina 11En la actualidad, el movimiento contrario a las propinas está creciendo con fuerza. De hecho en EEUU, diferentes restauradores de Nueva York muy influyentes las han prohibido por considerar que sus trabajadores darán un mejor servicio si a la vez les mejoran el sueldo. En España también están de capa caída, aunque en nuestro caso se trata de una polémica distinta: la causa, mucho más profunda, se debe a la gravedad de la actual crisis económica. El futuro de las propinas no está nada claro, sobre todo si se profundiza en el motivo por el que se deja más dinero que el marcado por el precio de un servicio. Según Michael Lynn, lo lógico sería pensar que si uno paga más del coste es porque quiere que en el futuro le vuelvan a tratar bien, una tesis que pronto se viene abajo con solo observar lo que sucede en la mayoría de los bares y que demuestra que no existe relación entre ‘dar propinas’ con volver al establecimiento. Afirma también Lynn que “en realidad no se hace por un buen servicio sino por la aprobación social, incluidos nuestros vecinos de mesa, que es lo que en el fondo buscamos”. Bastantes clientes confiesan ser más generosos cuando se encuentran acompañados. El diccionario de la RAE define a la propina como “un agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio”. Sin embargo, como se ha podido observar, su significado ha cambiado tanto que en unos sitios se ha convertido en obligatoria y en otros se ve como una ofensa.

No siempre es fácil dar propina. Cuando se recibe un servicio, puede resultar satisfactorio o no. Muchas veces se plantean estas preguntas: ¿es obligatoria la propina? ¿Puede resultar ofensiva? ¿Suena a limosna? ¿Cuánta se debe dejar y a quien? ¿A la persona que nos presta el servicio, al camarero o al establecimiento? ¿Se aceptan en cualquier sitio o no siempre? ¿Funciona igual en todos los países? La realidad es que no hay una única respuesta. Porque por mucho que el diccionario de la RAE la defina como agasajo y muestra de satisfacción, lo cierto es que muchas veces no es voluntaria. En general, no existe ninguna norma sobre las propinas. A veces se deja y otras no. Depende de varios factores. A causa de la crisis económica, la costumbre de ‘dar propina’ ha caído mucho. O lo que es lo mismo, si esta costumbre, de origen aristocrático, dejara de estar bien vista, perdería su razón de ser. Se trata de un incentivo más emocional que racional.