Carpeta verde o carpeta roja, influencia del grupo en la opinión individual

junio 28, 2021

Merlí es una serie de televisión (su nombre responde al de un profesor de Filosofía) cuyo argumento gira en estimular a los alumnos a pensar por si mismos mediante métodos no muy ortodoxos. La consecuencia es que suele dividir las opiniones, no solo de los propios alumnos, sino también de sus familias y el resto del profesorado. Todo con un único fin: acercar el razonamiento, el conocimiento, las actitudes y la reflexión a las personas.

Como ejemplo, a continuación se refleja un diálogo entre una profesora y sus alumnos en el que les muestra con claridad una carpeta de color verde. Pertenece a las secuencias de un vídeo que se ha hecho viral:

(P): Profesora/ (A): Alumnos

(P): ‘¿De que color es esta carpeta?’/ (A): ‘Verde’
(P): ‘Si algún alumno llega tarde a clase como acostumbra a suceder, yo le preguntaré por el color de la carpeta y ustedes me dirán: Roja’. (P): ‘¿De acuerdo?’/ (A): ‘Si’.
Al poco rato entra un alumno en la clase.
(A): ‘Hola’/ (P): ‘Llega tarde, pero pase’.
El alumno recién entrado toma asiento.
(P): ‘Bien. Sigamos. En filosofía hay corrientes como el positivismo que no admiten otra realidad que no sean los hechos. Por ejemplo, el color de esta carpeta’.
Entonces la profesora le pregunta a uno de los alumnos:
(P): ‘¿Usted, de que color esta carpeta?’/ (A): ‘Roja’.
Tal y como antes habían acordado, recibe la misma contestación de otros alumnos elegidos al azar.
El alumno recién llegado, que ve que la carpeta es de color verde, se asombra por la contestación de sus compañeros que la ‘ven’ de otro color distinto.
Al poco rato le llega su turno y la profesora le hace la misma pregunta:
(P): ‘¿Y usted?’
Tras muchas dudas consigo mismo, y aún viendo que la carpeta es de color verde, contesta:
(A) ‘¡Roja!’.
Su contestación provoca la inmediata reacción de sus compañeros que comienzan a reírse en voz alta.
Finalmente la profesora, dirigiéndose a todos, dice:
(P): ‘Está claro que la carpeta es de color verde. Y han sido testigos directos de la debilidad del ser humano cuando es sometido a la presión ambiental, incluso en lo que se refiere a la percepción física’.
Más no contento con la situación, el alumno interpelado replica:
(A): ‘Bueno, bueno, yo me dado cuenta de que era un juego. Me parecía rara la pregunta. La carpeta claramente es de color verde’.
A lo que profesora le responde:
‘(P): ‘Pero como todos han dicho roja, usted ha dicho roja’/ (A): ‘Bueno, bueno,…’.

Se puede comprobar como la profesora hace énfasis en el positivismo como corriente filosófica que busca solo los hechos. Si embargo no siempre ocurre así. En el mundo actual, en campos como la política, economía o cualquier otro, muchas veces se impone la opinión grupal aunque vaya en contra de los hechos o del conocimiento científico. El ejemplo anterior es claro. Se puede apreciar como una persona (alumno), aún viendo un objeto (el color de una carpeta), si el grupo (resto de los alumnos) dice ver otro distinto, se ‘pliega’, no mantiene su criterio, para no entrar en conflicto o por miedo a sentirse rechazado. Frente a la opinión mayoritaria, no es capaz de discrepar respondiendo lo que piensa, que por otra parte era evidente. A pesar de que ve que la carpeta es de color verde, contesta lo mismo que los demás: ¡roja!

No son pocas las veces que, en contra del propio criterio, se acepta o se termina por aceptar la opinión de la mayoría. Y en muchas ocasiones sin pensar en las posibles consecuencias.


Historia y curiosidades de algunos números: el número ‘fi’ (φ)

mayo 17, 2021

Siguiendo con la historia y curiosidades de algunos números, en esta ocasión se hace referencia al número φ o Φ (número áureo o de Fibonacci), llamado así en honor del escultor griego Fidias, autor de grandes obras como el Partenón de Atenas.

El número φ es un número irracional cuyo valor es 1,6180339887498948482… A lo largo del tiempo ha sido objeto de estudio por matemáticos ilustres. Conviene remontarse a Leonardo de Pisa (1170-1250), Fibonacci, nombre por el que también se conoce al número φ, uno de los matemáticos más notables de la Edad Media. Con poco más de 30 años publicó su gran obra ‘Liber Abaci’ (‘Libro del Ábaco’) (1202), una revolución en el campo de las Matemáticas. Se hizo famoso en toda Europa por difundir el actual sistema numérico (indo-arábigo), que utiliza la base 10 o decimal cuando todavía se funcionaba con los numerales romanos y el ábaco. Aunque no llegó a conocer su trascendencia, ni que su nombre quedaría unido a la solución, una de las aportaciones de la que derivó el número φ fue la denominada sucesión de Fibonacci, resultado de uno de los muchos problemas planteados en su libro. Su enunciado, traducido al lenguaje actual, decía: “Supongamos que tenemos una pareja de conejos recién nacidos, macho y hembra, juntos en un sitio cerrado, y que tardan un mes en alcanzar la edad fértil. Alcanzada ésta engendrarán una pareja de conejos cada mes, que a su vez, tras ser fértiles, engendrarán cada mes otras parejas. Y así sucesivamente…” O dicho de forma más entendible: “A partir del segundo mes de vida, cada pareja de conejos dará origen cada mes a una nueva pareja”. Fibonacci planteó la siguiente pregunta: ¿Cuántos parejas de conejos habrá en un momento determinado? La solución es una sucesión numérica cuyos primeros términos responden a la siguiente secuencia mensual: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1597,… cuya característica es que cada término es igual a la suma de los dos anteriores.

Una de las propiedades más interesantes de la sucesión de Fibonacci, apuntada por los renacentistas, y más tarde por el astrónomo Kepler, es la siguiente: “Si vamos dividiendo entre si los números de Fibonacci consecutivos en sentido ascendente, su cociente se acerca al valor del número φ: 1,618033… (1/2 (√5-1))”. Veámoslo: 1/1 = 1, 2/1=1, 3/2=1,5, 5/3=1,66, 8/5=1,60, 13/8=1,625, 21/13=1,6153,… De ahí que al número φ se le conozca como número de Fibonacci en su honor. Un número irracional descubierto en la antigüedad no solo como una ‘unidad’ en las composiciones líricas, sino también como una relación o proporción encontrada tanto en figuras geométricas como en la naturaleza y otros campos. Se descubrió que la fórmula que describía la relación entre cada uno de los números de la sucesión (1/2 (√5-1)) lo hacía asimismo en la estructura de aquellos elementos naturales que formaban una espiral denominada ‘espiral de Fibonacci’. A los objetos que siguen la constante del número φ se les han atribuido propiedades estéticas especiales y hasta importancia mística. Así, por ejemplo, los botánicos pronto descubrieron que aquellas plantas cuyos pétalos o tallos eran en espiral se ajustaban a la sucesión de Fibonacci, los biólogos sabían que la concha del nautilus y en general todas las formas en espiral de la vida marina seguían ese modelo, y los astrónomos afirmaban que las relaciones con los planetas en el sistema solar, incluida la forma de la Vía Láctea, podían encontrarse a través de dichos números.

La fórmula antes citada en realidad no fue inventada por Fibonacci. Parece que Pitágoras ya la había descubierto dos mil años antes y los griegos la llamaron ‘sección áurea’‘ (‘aurea sectio’), que en palabras sencillas dice: “La sección áurea describe cualquier punto de una línea en que la proporción entre el segmento menor y el mayor es igual a la proporción entre el segmento mayor y toda la línea”. Las civilizaciones antiguas utilizaban esta proporción en campos como la arquitectura, pintura o la música. Platón y Aristóteles consideraban que era la relación perfecta para determinar si algo es estéticamente bello, si bien para Pitágoras significó algo más. Fibonacci, cuyas aportaciones a las Matemáticas fueron muy importantes, nunca llegó a conocer la trascendencia de su ‘descubrimiento’. Fue mucho después cuando Edouard Lucas (1841-1892), matemático francés reconocido por sus trabajos sobre la sucesión de Fibonacci, muy interesado en la Teoría de Números, asoció su nombre a lo que en principio era tan solo la respuesta a un problema de su libro ‘Liber Abaci’.

Mario Livio, astrofísico israelí-estadounidense, autor de obras de divulgación científica, es conocido por su libro sobre el número φ: “La proporción áurea: La historia de Phi, el número más sorprendente del mundo” (The Golden Ratio: The Story of Phi, the World’s Most Astonishing Number) (2002) donde analiza la influencia de la razón áurea a través de varios siglos de arte, arquitectura, música y otros campos. Entre otros aspectos, señala que algunos historiadores sostienen que el escultor griego Fidias había utilizado la proporción áurea en sus obras, surgiendo de ahí la idea de llamarle φ por su inicial en griego. Por tanto, no fue descubierto por Fibonacci, ni le debe su nombre; sin embargo, es preciso acudir a su sucesión para adentrarse en toda su capacidad armónica, una sucesión que entraría en el campo de la aritmética y de la que también deriva el número áureo. Dan Brown, autor de la famosa novela ‘El código Da Vinci’, apoyó su libro afirmando: “Livio revela la historia y el misterio del singular número φ de tal forma que tanto los aficionados a las matemáticas como los que no lo son pueden celebrar su maravilla… nunca mirarás de nuevo a una pirámide, una piña o a Picasso de la misma forma”.

En nuestras actividades cotidianas a veces nos encontramos con situaciones que ni por asomo pensamos que puedan estar relacionadas con las Matemáticas.


Los dichos populares, su origen y significado (IV)

febrero 1, 2021

Una nueva entrega (ver post anterior) de los dichos populares, esas frases tan breves como llenas de sabiduría.

“Ir a por lana y volver o salir trasquilado”
Intentar engañar a alguien y resultar engañado.
Se dice de aquellas personas que esperan obtener un gran beneficio de determinadas situaciones, pero al final solo consiguen el resultado contrario; o lo que es lo mismo, aquellas cosas que salen, normalmente de forma inesperada, al revés de lo previsto.

Se trata de un dicho muy antiguo que ya aparece en el ‘Poema de Fernán González’, poema épico del ‘mester de clerecía’ (literatura medieval compuesta por clérigos) que narra diferentes hechos de la vida de este relevante personaje de la historia de España y de Castilla. También se puede leer en ‘La Celestina’, nombre popular de la ‘Tragicomedia de Calisto y Melibea’, atribuida a Fernando de Rojas a finales del siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos, aunque en este caso se cambió la palabra ‘trasquilado’ por ‘sin pluma’.

Su origen podría estar en el castigo medieval de ‘trasquilar a cruces’ a blasfemos, judíos y herejes en general. Es decir, al igual que se hace con las ovejas, cortarles el pelo a base de grandes tijeretazos ‘cruzados. Así lo señala José María Iribarren en su obra ‘El porqué de los dichos’ (‘volver trasquilado’) como una pena del Fuero Juzgo (código legal visigodo promulgado primero por Recesvinto (654) y más tarde, en una versión más completa, por Ervigio (681), ambos reyes visigodos. Un fuero que se aplicaba como derecho local, en calidad de fuero municipal, en los territorios meridionales según avanzaba la reconquista castellana. A la pena de ‘volver trasquilado’ el Fuero Juzgo la llama ‘esquilar ladinamente’ y el Concilio IV de Toledo ‘turpiter decalvare’. Sin embargo, existe alguna opinión, mucho más antigua, según la cual este dicho hace alusión al carnero que se mete en rebaño ajeno y vuelve al suyo ‘trasquilado’. Es decir: ¡sin su lana ni ganancia alguna para su dueño!

“Mantenerse en sus trece”
“Quien se obstina con terquedad en su opinión o propósito manteniéndose firme en su postura, aunque sea equivocada”.
Actitud tozuda de una persona que persiste en ella a toda costa, aunque los argumentos en su contra sean sólidos, a veces hasta irrebatibles. Se dice de todo aquel que no quiere dar su brazo a torcer.

Sobre el origen de este dicho existen diversas teorías. Hay quien sostiene que procede de un juego de cartas medieval muy popular, parecido a las ‘siete y media’. Aquel jugador que, sin pasarse, se aproximaba más a los 15 puntos era quien ganaba, por lo que cuando tenían 13 muchos se plantaban al considerar que podría ser una buena jugada. Otros autores opinan que proviene de los juicios a judíos conversos cuya fe estaría condensada en trece principios fundamentales. De ahí que a veces la Santa Inquisición los enviase a la hoguera por “mantenerse en sus trece”.

Sin embargo, la teoría más sólida señala que fue el Papa Benedicto XIII, Pedro Martínez de Luna (Illueca- Zaragoza, 1328- Peñíscola- Castellón, 1423), más conocido como el ‘Papa Luna’, el verdadero precursor de este dicho. Considerado luego como un antipapa, fue elegido pontífice en 1394 bajo la obediencia del papado de Avignon en medio de una serie de luchas y ambiciones por intentar conseguir que la sede papal retornase al Vaticano (en 1309, tras el conocido como ‘Cisma de Occidente’, se había trasladado a Avignon). El ‘Papa Luna’ ha pasado a la historia no solo por su protagonismo durante el cisma que dividió a la Iglesia Católica, sino también por una terquedad que acabó exasperando a todos, reyes incluidos, y que inspiró la popular expresión “mantenerse en sus trece”. Su testarudez se convirtió en legendaria e irritante a la vez, sobre todo a aquellos que se involucraron en buscar una salida para solucionar el enorme cisma que dividió a la Iglesia Católica durante años (1378-1417) hasta que se logró elegir un pontífice de consenso. El ‘Papa Luna’ fue tan terco que se mantuvo firme hasta su muerte en defensa de la legitimidad de su papado. Durante años la Iglesia Católica llegó a tener varios papas a la vez, todos enfrentados entre sí. Uno de ellos fue siempre el aragonés Benedicto XIII.

“La casa de Tócame Roque”
Lugar o situación donde reina el desorden y la confusión, con frecuentes riñas y alborotos.
Muchas veces hemos escuchado la frase: ¡Esto parece la casa de ‘Tócame Roque’! Sin embargo, lo que no es tan conocido es que realmente esa casa existió. Al menos entre los siglos XVIII y XIX se hallaba en la madrileña calle Barquillo, donde aún se conserva una placa que recuerda el lugar exacto, que además hace referencia a otro hecho singular: “Donde es tradición que D. Ramón de la Cruz situó el sainete de ‘La Petra y La Juana’. Otros autores como Mesonero Romanos, periodista y escritor costumbrista, también se inspiraron en ella para sus obras y artículos.

Según Ángel Fernández de los Ríos, periodista y escritor perteneciente a la generación del 98, la casa tomó su nombre popular de dos hermanos llamados Juan y Roque, sus propietarios, que vivían en continua disputa gritando a grandes voces: “Tócame a mí, tócame, Roque”. Según la leyenda fue como consecuencia de la disputa que ambos mantuvieron por el reparto de su herencia. Parece ser que Juan presionó tanto a su hermano, que los vecinos acabaron por burlarse de su situación y cada vez que salía de la casa le decían: ‘Tócame Roque’. Frase que le hizo atrincherarse en su casa por la vergüenza que sentía cuando se lo decían en son de chanza.

Así lo cuenta Web municipal ‘Memoria de Madrid’:
“Esta fue una casa sola, corrala con barandillas de madera abiertas a un gran patio de vecindad, tan populoso, que ha terminado conociéndose como un lugar donde todo es barullo y cada uno hace lo que le viene en gana… “¡Esto es la casa de Tócame Roque!” Es una expresión totalmente viva ante una situación de complicada convivencia.
Duró desde el siglo XVIII, perteneció a Martín Hercé, y posteriormente al Conde de Polentinos, que la mejoró y la amplió hasta su derribo, que fue ordenado en pleno municipal de 23 de agosto de 1849 justificado con el fin de dar salida a la calle de Barquillo y encontrarse con la que es Fernando VI. Pero sus vecinos de coraje y casta sobrados, impidieron la actuación municipal con todas sus fuerzas. En septiembre de 1850 salieron de ella las últimas 50 familias y se derribó.
Con ellas se iba un símbolo del “follón” vecinal hecho literatura. En ella se ambientó el sainete de Don Ramón de la Cruz llamado por su autor ‘La Petra y la Juana’ o ‘El Buen Casero’ y que se conoce popularmente como ‘La Casa de Tócame Roque’. Ortega Frías escribió unas novela con ese nombre totalmente ambientada en esta vivienda. De igual modo Manuel Fernández y González e incluso José del Corral recoge la novela francesa ‘Une Drole de Maison’. A todas ellas se unen las crónicas de los más jugosos madrileñistas. Esta casa de vecinos -y otras muchas-, cuyas viviendas eran, a decir de Larra, del tamaño de los baúles, hacían que la convivencia familiar fuera casi pública entre la concurrencia. Causa de esta incómoda situación en la que los vecinos se enteran de todo, surge el nombre de esta casa de la que dice la leyenda que se la llamó así por la disputa de dos hermanos en la división de su herencia: uno de ellos presionó tanto a su hermano Roque en el reparto, que insistió en que le tocaba la parte que él deseaba. Los vecinos acabaron por burlarse de la situación de forma que cada vez que salía de ésta, su casa, se burlaban de él diciendo Tócame Roque’, inocente y peregrina broma que le hizo atrincherarse en ella por la vergüenza de la burla”.

“Hace un día de perros”
Se suele utilizar para referirse a cuando hace mal tiempo, sobre todo con lluvia, frío o tormentas.
Dicho muy antiguo cuyo significado ha ido cambiando en el tiempo. Tanto que para encontrar su origen hay que remontarse a muchos siglos atrás cuando los pueblos se orientaban por la posición de las estrellas y sus constelaciones y se regían por los calendarios de la astronomía. Este pasado invierno seguro que muchos habrán comentado: ‘¡hace un día de perros!’; sobre todo los que sufrieron los rigores del clima, como aquellos conductores atrapados por las fuertes nevadas en medio de una autopista.

Sin embargo, pocos saben que en un principio esta expresión se utilizaba para aquellos días demasiado calurosos. Ya en la antigüedad, muchos siglos atrás, en el Antiguo Egipto o en civilizaciones como la griega o la maya, se tenía el convencimiento de la relación entre ‘Sirius’ (‘Sirio’) y los días más abrasadores del verano. A ese período de tanto calor se le llamó ‘canícula’ pues se pensaba que, dado que durante el verano boreal ‘Sirius’ era invisible y su energía se sumaba a la del Sol produciendo esos días calor sofocante, ‘días de perros’ o ‘días caniculares’. Popularmente conocida como la ‘estrella perro’, es la más brillante de la constelación ‘Canis Major’ (‘Perro Mayor’) y también de todo el cielo nocturno vista desde la Tierra, tan sólo superada en brillo aparente por la Luna y los planetas Venus, Júpiter y Marte.

Lo que aún no está claro es como la expresión ‘hace un día de perros’ evolucionó a su significado actual para referirse a aquellos días en que hace muy mal tiempo; es decir, todo lo contrario de su sentido inicial. Su evolución fue tal que incluso se usa para cuestiones que no tienen relación con la meteorología como cuando se dice ‘tener un día de perros’ haciendo referencia a un mal día donde las cosas se nos ‘tuercen’ demasiado.

”Culo de mal asiento”
Se dice de las personas de carácter inquieto, poco constantes y que no aguantan mucho tiempo en un lugar o realizando una misma actividad.
Son aquellas que no se suelen sujetar a un trabajo fijo, van de un sitio a otro sin asentarse en ninguna parte.

El origen de esta expresión, a pesar de lo que en principio parece indicar, no alude al trasero de las personas, sino al fondo o ‘culo’ de las antiguas vasijas, que cuando no era plano hacía que se tambaleasen. Al fabricarse de manera artesanal, en algunas el ‘culo’ resultaba de forma irregular, no suficientemente plano, no asentando bien sobre la superficie y perdiendo el equilibrio al quedarse inestables.

“Tirar de la manta”
Amenazar a alguien con revelar algún secreto, descubrir algo que existe un interés en ocultar, un asunto grave que pueda perjudicarle o involucrar a terceros.
Es una expresión que en la actualidad se usa bastante cuando se trata de amenazar con desvelar algún escándalo o suceso relacionado con la política o los negocios.

Aunque se barajan dos teorías, su origen está más o menos claro. La más aceptada, la sitúa en Navarra hacia el año 1610, una época en la que en ese territorio se expulsaba a los judíos a no ser que se convirtiesen al cristianismo, pudiendo en este caso permanecer sin apenas perjuicios, salvo por lo que se denominó ‘limpieza de sangre’ de las familias, que no era más, ni menos, que la pertenencia o no a un linaje ‘puro’ cristiano. Durante más de cien años, apenas había habido problemas de convivencia entre cristianos judíos conversos. Surgieron cuando a los descendientes de los ‘convertidos’ se les empezó a ofrecer empleos públicos o de servicio a la corona. Los cristianos ‘puros’ protestaron, decidiendo crear un censo público para que todo el mundo supiera quiénes eran los cristianos ‘solo’… por conveniencia.

Así lo cuenta Rubén Gil en su ‘Diccionario de dichos’:
Antiguamente en Navarra llamaban ‘mantas’ a los lienzos donde aparecían los nombres de los judíos conversos.
“Cuando después de grandes calumnias fueron expulsados los judíos de Navarra en 1498, se convirtieron muchos al cristianismo; al principio hubo una gran tolerancia con estos conversos, pero nunca consiguieron, ni tampoco sus descendientes, amalgamarse enteramente con los cristianos viejos. Así es que en muchas de las iglesias de Navarra se veían, aún a finales del siglo XVIII, grandes lienzos llamados vulgarmente ‘mantas’ en los que estaban escritos con nombres y apellidos las familias que descendían de judíos convertidos”.
En Tudela la ‘manta’ estaba colocada en la Catedral (capilla del Cristo del Perdón) y dice Yangüas que el Regimiento mandó ponerla en 1610… “para que la limpieza de sangre se conservase en la ciudad y en otras partes, y se supiese distinguir los que descendían de los tales conversos, para que con el tiempo no se oscureciese y extinguiese la memoria de sus antepasados, y se supiese y pudiese distinguir la calidad de los hombres nobles”.

De ahí viene que cuando se dice “tirar de la manta” es porque se quiere sacar a la luz algún secreto vergonzoso, que en el caso de los judíos conversos no era otra cosa que ‘tirar” de la lista que aparecía en la ‘manta’ y así comprobar los antecedentes familiares de determinados linajes o personas.

Aunque cuenta con menos defensores, el otro supuesto origen nos lleva más o menos a la misma época, más en concreto a las fondas donde se alojaban los viajeros con menores recursos. En ese caso, lo normal era que se compartiese cama con otra persona, de esa manera salía más económico pasar la noche, El problema venía entonces a la hora de taparse para no pasar frío, pues cada cual intentaba ‘tirar de la manta’ hacia si para abrigarse mejor, dejando destapado a su compañero de cama. También es posible que se pudiese aludir a la manta de la cama porque podía ocultar alguna cosa ofensiva o vergonzosa.

“Tiempo de Maricastaña”
Se utiliza para señalar un hecho que ocurrió hace mucho tiempo o decir que una persona vivió hace muchos años o es vieja o es anticuada”.

Al igual que cuando uno se remite a los ‘tiempos de Matusalén’, “tiempo de Maricastaña” es un dicho que se suele escuchar a menudo para contar algo que sucedió hace mucho tiempo. Se tiene conocimiento que ya cuando Cervantes escribió sus ‘Novelas ejemplares’ se había convertido en una referencia temporal que aludía de forma ambigua a un pasado muy lejano, tanto que no se sabe muy bien si ni siquiera existió,… aunque parece ser que sí. Así se decía por ejemplo: “… en tiempos de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas”.

Cada vez son más los que sostienen que ‘María Castaña’ o ‘María Castiñeira’ fue un personaje real que vivió en Galicia hace seis siglos. La mayoría de los historiadores la sitúan en el siglo XIV en Cereixa, una pequeña parroquia del municipio de A Pobra do Brollón (Lugo). Parece que esa tal María Castaña se hizo famosa por encabezar una protesta contra el despotismo del Obispado de Lugo, regido entonces por el religioso Pedro López de Aguiar. Los abusivos tributos que cobraba a la población con el beneplácito de la Corona de Castilla, de la que dependía entonces, la convirtieron allá por 1386 en la cabeza visible de una importante revuelta, que terminó con la muerte de Francisco Fernández, recaudador de impuestos del Obispado, convirtiéndose de esa manera en una heroína local y un ejemplo para sus vecinos. Una gesta que fue pasando de boca en boca y unos hechos que quedaron para el recuerdo. Hasta hace poco, el diccionario de a Lengua Española presentaba a ‘Maricastaña’ como un ‘personaje proverbial, símbolo de antigüedad muy remota’.

Hasta aquí la entrega IV de algunos de los dichos populares más conocidos, esa fuente inagotable de sabiduría y verdad.

En un próximo post publicaremos una nueva entrega.


La hora oficial en España, sus cambios a lo largo del tiempo

diciembre 1, 2020

Todos los años, cada seis meses, los españoles se preguntan… ¿Por qué tenemos que cambiar la hora? Una medida controvertida que podría terminar si sale adelante la iniciativa de la Comisión Europea.

Por segunda vez en el año, a finales de octubre, normalmente el último domingo del mes, se produjo el siempre polémico cambio de hora. De forma insistente, se oyó la conocida frase… ¡A las 3 de la madrugada volverán a ser las 2! Hubo una hora más de sueño, aunque en el cambio anterior, primero del año,… la habían ‘quitado’. Un cambio que desde 1942 se realiza en muchos países para ahorrar energía y que podría ser el último tras la consulta realizada a los ciudadanos de la CEE con un amplio resultado a favor de su eliminación. En el caso de España, además, se añadiría la controversia de definir o no un nuevo huso horario, pues son muchos los que creen que los relojes se deberían sincronizar con los de Portugal y el Reino Unido; es decir, retrasarlos una hora, que sería lo que correspondería por su situación geográfica.

Haciendo un poco de historia, a mediados del siglo XIX en España la hora que marcaban los relojes no era la misma en los distintos lugares: dependiendo de su situación en el mapa, cada sitio se ajustaba a su hora solar media, cada provincia tenía una hora distinta al salir el sol a horas diferentes. Así, por ejemplo, en Barcelona cuando los relojes marcaban las 12 h., en Madrid apenas pasaban unos minutos de las 11,30 h. La aparición del tren hizo que esto cambiase creando la necesidad de establecer horarios comunes para coordinar los trayectos. Fueron las empresas ferroviarias del Reino Unido las primeras que propusieron dicha unificación a partir de 1840, una medida que se extendió con el tiempo a otros países, aunque cada uno con su horario común, distinto al resto.

Mapa de husos horarios en el mundo. Fuente: Wikipedia.

Durante la Conferencia del Meridiano de 1884 se intentó regular esa diferencia horaria estableciendo el meridiano de Greenwich como punto de partida. A comienzos del siglo XX, en 1900, el gobierno español decidió sumarse a dicha iniciativa. Alineándose con dicha hora (‘Greenwich Meridian Time’) (GMT), implantó un horario único oficial en todo el país, incluyendo las islas Canarias. Fue en 1907 cuando William Willett, constructor inglés, propuso el adelanto y atraso horario en primavera y en otoño (horario de verano- invierno), si bien no fue hasta 1918 cuando pasó a regularse de manera internacional. Sin embargo, en España el tema del horario siempre ha funcionado de manera distinta. Así, por ejemplo, a comienzos de la Guerra Civil, la zona republicana y la zona nacional marcaban horas diferentes en sus relojes, unificándose al finalizar la misma. El mayor de los cambios se produjo en 1940 cuando se tomó la decisión, salvo las Islas Canarias, de compartir el huso horario de Europa Central.

La preocupación por el ahorro energético, que muchos ponen como principal objetivo de los cambios de horario en verano e invierno, no es un tema reciente. En 1784, Benjamin Franklin, entonces embajador de EEUU en Francia, escribió una carta al diario ‘Le Journal Paris’ proponiendo algunas medidas al respecto. Entre otras, aprovechar que amanecía antes en verano para madrugar más y de esa manera ahorrar aceite en las lámparas. Fue el primer intento de cambiar la hora cada seis meses. Sus ideas en principio no fueron tomadas muy en serio, pero supusieron la base para que en la Conferencia Internacional del Meridiano (Washington, 1884), en la que participó España, se hablase de la necesidad de establecer husos horarios a nivel mundial para ahorrar energía. Si bien los distintos países adoptaron sus propios horarios nacionales, se aconsejó que el meridiano de Greenwich fuese el punto de referencia.

El primer país que siguió las recomendaciones de Franklin fue Alemania durante la 1ª Guerra Mundial, que puso en marcha el cambio horario para reducir el consumo de carbón. Por la misma razón, se empezó a aplicar en España en 1918, aunque no se normalizó y se hizo de forma intermitente hasta 1949. En 1974, EEUU como muchos países europeos (incluido España) lo volvieron a recuperar como consecuencia de la crisis del petróleo y el incremento de precios. En la década de 1980, la Unión Europea (entonces CEE) inició la unificación de fechas para evitar desajustes en su aplicación, si bien antes, en 1940, en España se había producido otro cambio significativo: el horario que regía hasta entonces, el mismo que el Reino Unido y Portugal por situación geográfica, se cambió al de Europa Central como consecuencia de la 2ª Guerra Mundial. Una decisión que fue bastante controvertida.

Con el cambio de hora cada año siempre surgen las mismas preguntas: ¿Por qué España no tiene el huso horario que corresponde a su posición geográfica? ¿Cuál es la razón de que se vaya una hora adelantado respecto a países en su misma situación? ¿Por qué mantenemos el horario de países como Francia o Alemania? ¿Han influido en cierta manera algunas costumbres, como que los ciudadanos coman muy tarde? Parece que la respuesta es: SI. Este horario, que sigue vigente desde 1940, salvo las Islas Canarias, decía entre otras cosas en una orden publicada en el BOE: “Considerando la conveniencia de que el horario nacional marche de acuerdo con los de otros países europeos, y las ventajas de diversos órdenes que el adelanto temporal de la hora trae consigo, dispongo que será adelantada la hora legal en sesenta minutos”. Una orden que además trajo consigo la decisión de suspender los cambios de horario en verano y en invierno, aunque luego se volvieron a recuperar en 1942. Fue un cambio que supuso un fuerte impacto social porque, aunque los relojes marcasen una hora que no iba en consonancia con el huso horario ‘natural’ acordado en Greenwich, la gente siguió conservando sus horarios biológicos.

La razón que se suele aducir para los cambios de horario es que se realizan para reducir el consumo de energía haciendo coincidir el comienzo de la jornada laboral con las horas de luz disponibles. Sin embargo, la realidad es que no todos los países lo hacen. La mayor parte de Centroamérica, Sudamérica, Asia y África ni adelantan ni retrasan sus relojes. Tampoco Islandia. Ni los más cercanos al Ecuador, ya que sus horas de luz y oscuridad cambian poco a lo largo del año. Lo mismo en los países situados más al Norte, que tiene poco sentido porque la diferencia entre horas de luz en invierno y en verano es tan grande que no compensa (por ejemplo, en Finlandia se dispone de más de 18 h. de luz en junio, mientras que en diciembre tan solo 6) y si alguno de ellos lo ha cambiado no ha sido por un posible ahorro energético, sino por seguir el horario establecido en el resto de países de la Unión Europea.

Aunque parece un hecho que el cambio horario en verano y en invierno tiene sentido si la hora del amanecer es más o menos la misma que la de levantarse para ir a trabajar, pues se puede asociar con el ahorro energético y un menor consumo de electricidad, por ejemplo, sin embargo en los últimos años, según la información proporcionada por la Comisión Europea, este ahorro es solo marginal. De ahí que se quieran eliminar estos cambios manteniendo un único horario a lo largo del año. Una propuesta que ha sido aprobada previa consulta a los ciudadanos; lo único que falta es acordar la fecha para su puesta en marcha.


El futbolín, un invento español o casi

octubre 22, 2020

¿Quién no ha jugado alguna vez al futbolín? Sobre todo en su niñez y adolescencia; también en la juventud y en la madurez. Todo un rito. Un estar con los amigos. Una diversión. Una competición. Un juego cuyo origen no todos conocen. Un invento español (o casi) con una historia que merece la pena contar, aunque sea de forma breve.

El futbolín es un juego de mesa basado en el fútbol. Existe bastante polémica sobre si es un invento español o no. Son muchos los que creen que sí. Sin embargo, Tomás Fernández, presidente de la Federación Española de Futbolín, en un artículo publicado en el diario El País, desmonta este mito convertido a menudo en controversia. Aunque siempre se han generado muchas dudas, afirma que no es un invento español: “Primero se inventó el futbolín internacional, que es el que se juega en todo el mundo menos en España”; aquel que tiene los pies de los jugadores unidos en un solo taco y una disposición 2-5-3 (dos defensas, cinco centrocampistas o medios volantes y tres delanteros). Sin embargo, es cierto que en España, Alexandre de Finisterre, un gallego, inventó más tarde una variante que tenía el campo ligeramente inclinado hacia el centro, los jugadores con las dos piernas separadas y una disposición 3-3-4 o 2-3-5 (en algunas zonas).

Futbolín español. Fuente: Wikipedia.

Parece que la primera patente del futbolín en España, basada en un modelo de pequeñas dimensiones y con los jugadores con las piernas unidas en un solo taco, data de finales del siglo XIX. Fue más tarde cuando Alejandro Finisterre, seudónimo de Alejandro Campos Ramírez, creó el suyo, una idea conocida gracias a un relato que él mismo se encargó de difundir.

Su vida, casi de leyenda, bien merece una pequeña reseña. Poeta, editor, además de otras facetas, entre ellas la de inventor, nació en 1919 en la villa de Fisterra (La Coruña) de la que tomó su apodo o apellido (Alexandre de Fisterra o Alejandro Finisterre). De espíritu aventurero, a los 15 años se traslada a Madrid donde estudia y trabaja. Allí conoce al poeta León Felipe con el que mantendría una gran amistad a lo largo de su vida. En 1936, en plena Guerra Civil, con solo 17 años, es herido de gravedad en uno de los bombardeos de Madrid que le deja sepultado entre los escombros. Recuerda que tras ser rescatado es trasladado a Barcelona, ingresando en el hotel Colonia Puig con los niños heridos en la guerra; la mayoría mutilados, no tenían juegos, ni mucho menos, por sus circunstancias, podían jugar al fútbol en el patio. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de que si había un tenis de mesa por qué no podía existir un… ‘fútbol de mesa’. Se puede decir que en ese momento… ¡nació su idea del futbolín!, encargándole a su amigo Francisco Javier Altuna, vasco, carpintero de profesión, que también estaba en el hospital, que fabricase el primero. En 1937 patentó su invento, pero no logró distribuirlo a nivel industrial porque las fábricas de juguetes estaban dedicadas a la producción de armamento. Meses después, al tener que exiliarse a Francia (era republicano) perdió los papeles de la patente en una tormenta, de ahí que aún hoy no se conozca ni el diseño original ni su forma ni medidas.

Alejandro Finisterre y su futbolín.

En 1948, estando en París, se entera de que un antiguo compañero de hospital había patentado su futbolín. Decide entonces ponerle una reclamación al fabricante, que le paga una importante cantidad en concepto de derechos, dinero que le permite viajar a Ecuador donde trabaja como editor y poeta, sus grandes pasiones. Más tarde, en 1952, se traslada a Guatemala e intenta vender su invento, perfeccionado con barras de acero y madera de caoba, por toda América. Allí conoce al Che Guevara con el que acaba forjando una fuerte amistad y del que siempre contaba que nunca había sido capaz de ganarle al futbolín. En los siguientes años, sigue con su vida aventurera por varios países sudamericanos y a la muerte de su amigo León Felipe le organiza un gran homenaje en el que participan numerosos intelectuales exiliados. Regresó durante la Transición a España, donde su futbolín se había convertido en un icono popular gracias a que varios fabricantes valencianos se hicieron con la patente perdida. Falleció en Zamora en el año 2007 tras una vida de leyenda.

El futbolín es un juego que requiere reflejos rápidos y una gran habilidad. Se juega en una mesa especial con unos ejes transversales de los que cuelgan fijos los jugadores, que son girados por los contendientes para golpear una bola que llega a alcanzar gran velocidad. La estrategia del juego de cada participante varía mucho. Así por ejemplo, en equipos manejados por una sola persona, como es imposible controlar a las cuatro filas de futbolistas a la vez, algunos siempre ponen la mano izquierda en la empuñadura de la barra del portero o la defensa y con la mano derecha mueven las tres filas restantes. En ocasiones, los más arriesgados, dejando el portero sin tocar, suelen realizar un ataque con las manos en el centro del campo y la delantera.

Mientras que en el futbolín internacional los jugadores tienen las piernas juntas, en España la mayoría son del modelo de Alejandro Finisterre con las piernas separadas y el campo de juego curvado descendente hacia el centro. Ambas variantes tienen sus propias reglas. Según explica Tomás Fernández, las normas de juego del futbolín ‘español’ son distintas según la zona o lugar: “Son reglas no escritas y no oficiales que se han ido comunicando en cada región. Pero hay diferencias, incluso según donde juegues, de Barcelona o de Madrid, por ejemplo”. Así, aunque no siempre, en los futbolines con disposición 2-3-5 se suele jugar con bola parada y en los 3-3-4 con la bola en movimiento. El objetivo de las normas tradicionales, en principio, era permitir que “el juego fuese hábil y entretenido” y como ejemplo señala que “parar la bola con 4 delanteros siempre acaba en gol si estás jugando con alguien de nivel alto; es como el fuera de juego en el fútbol. Sin embargo, con 5 delanteros, si se permite pasar, se pierde mucho tiempo”.

Normalmente, antes de jugar, con alguien conocido o no, sobre todo para evitar discusiones posteriores, se suele preguntar con que tipo normas se va a desarrollar la partida. Según Fernández, en las competiciones oficiales ya se han unificado según el tipo de futbolín: “Hay dos modelos con dos conjuntos de reglas diferentes. El internacional, para el futbolín de piernas juntas, y las reglas nacionales para el futbolín con dos piernas”. En los futbolines españoles (existen dos tipos de disposición de jugadores: 3-3-4 y 2-3-5), una de las normas, por ejemplo, es que con 4 delanteros no se puede acompañar ni parar la pelota antes de marcar gol, mientras que con 5 si se puede parar hasta 3 segundos antes de disparar. Si bien hay que decir que no siempre se siguen cuando se trata de partidas entre amigos o no oficiales. En general, dependen más de la zona que del tipo de mesa o distribución de los jugadores, primando que el juego no sea ni muy lento ni demasiado rápido, pero si entretenido y que guste a la gente.

Normas aparte, el futbolín evoca recuerdos y vivencias, predomina el estar con los amigos, se alegran las penas en caso de que el resultado sea negativo, que a veces suele trascender si la derrota ha sido contundente, una norma no escrita que ocurre con frecuencia para regocijo de todos. El futbolín es un juego, pero también diversión, con una historia viva.


La baraja española, su historia y algunas curiosidades

agosto 24, 2020

¿Quién no ha pasado un rato agradable jugando a las ‘cartas’ (baraja o naipes) con los amigos? La mayoría lo ha hecho. Disfrutando de un juego, un invento, que tiene su origen en China. Importado a Europa por los árabes, llegó a España en la Edad Media para luego extenderse a Italia y otros países.

La baraja es un conjunto de naipes o cartas, casi siempre de forma rectangular, normalmente de cartón, que tienen un dibujo por una cara y al dorso algunos objetos o figuras que varían según los mazos, término éste con que se conoce al conjunto de naipes. Existen distintos tipos de barajas; cada región o país tiene las suyas, siendo las más conocidas la baraja española, la inglesa o la francesa. Los diferentes juegos suelen requerir una baraja completa, aunque en algunos se apartan una serie de cartas no necesarias y en otros a veces se utiliza más de un mazo. Una de las diferencias respecto al juego original inventado en China es que los palos (categorías en que se dividen las cartas, se representan por un símbolo y junto con el número son uno de los dos rasgos que diferencian una carta de cualquier otra) y las figuras orientales fueron sustituidos por otros con una simbología más en consonancia con la tradición cultural del lugar.

Una de las evoluciones de los naipes orientales fue la baraja española que, dependiendo del juego, consta de 40, 48, 50 y hasta 55 cartas repartidas en cuatro palos o familias: ‘oros’, ‘copas’, ‘espadas’ y ‘bastos’, cada uno representado por una imagen característica y distinta. En la baraja de 48 cartas, cada palo tiene doce cartas: nueve numeradas del 1 al 9 (llamadas también ‘numéricas’) y tres figuras numeradas del 10 al 12 que en la baraja actual se corresponden con las figuras de la ‘sota’ (10), el ‘caballero’ montado sobre un corcel (coloquialmente el ‘caballo’) (11) y el ‘rey’ (12), las tres representadas de cuerpo entero. La más utilizada es la de 40 naipes donde las cartas numéricas se cortan o llegan hasta el número 7. Existen testimonios que sitúan su uso al menos en 1539 como se señala en los ‘Diálogos de Juan Vives’, aunque curiosamente las figuras en ese momento eran el ‘caballero’, la ‘reina’ y el ‘rey’. La baraja española más amplia (55 naipes) no es más que una versión para jugar al póker que añade a la habitual de 48 naipes (cartas numéricas del 1 al 9), cuatro cartas con el número 10, más 3 comodines o jokers, lo que hace un total de 55. Además los números de las figuras (11, 12 y 13) se sustituyen por sotas (J), caballos (Q) y reyes (K) y la carta numérica 1 pasa a ser la letra (A), como así se denomina al ‘as’.

La baraja más famosa de España es la de Heraclio Fournier. Descendiente de una dinastía de maestros impresores de París, comenzó su actividad como litógrafo en Burgos en compañía de su hermano Braulio, iniciando la fabricación de naipes con la marca ‘Fournier Hermanos’. Más tarde, ya en solitario, se establece en Vitoria fundando un pequeño taller que pronto prospera usando métodos de impresión innovadores. En 1877 solicita a Emilio Soubrier, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria, y al pintor Díaz de Olano, el diseño de una baraja que es el origen de los actuales naipes españoles. Presentada en la Exposición Universal de París ganó varios premios, marcando un antes y un después en la expansión de su empresa. En su búsqueda de los últimos hallazgos técnicos, pocos años más tarde lanza al mercado los naipes de una sola hoja con barniz amarfilado. En 1887 consigue el sueño de tener una fábrica propia, acometiendo la aventura de las barajas litográficas de doce colores consiguiendo diversos premios de diseño y técnicas de impresión. Un camino, el de la innovación, que ha seguido hasta hoy, que le ha proporcionado un reconocido prestigio a nivel nacional e internacional.

A la derecha propaganda aparecida en la revista Celedón en 1931 sobre la empresa de Heraclio Fournier.

La empresa Fournier, que cumple 150 años en 2020, expone en su museo de Vitoria, uno de los pocos a nivel mundial dedicado a los naipes, una baraja fabricada a principios del siglo XV, una de más antiguas que se conservan en el mundo, en la que ya aparecen las figuras del as, la sota y el rey como en la actual, que no son muy diferentes de las de hace siglos. Cuenta Edurne Martín, una de las responsables de este museo, que: “Ya entonces había una estructura de palos, como oros o espadas, y aparecían figuras como el caballo o el rey. Las cartas llegaron a los países mediterráneos, especialmente a Italia y a España, en torno al siglo XIV, a través de los comerciantes de la Ruta de la Seda (China)”.Y añade: “Durante los primeros años de los naipes, cuando el juego se popularizó, la Iglesia lo prohibió en algunos países. Decía que quitaba tiempo para rezar”. Como todo juego de azar, entonces se consideraba un producto del diablo. Un rasgo a resaltar es que así como los pobres solían jugar a menudo a los dados y los ricos al ajedrez, las cartas siempre han sido un juego practicado por todas las clases sociales del que disfrutaban por igual las clases populares y la nobleza. Aún no está del todo claro, pero se cree que los palos de la baraja son una metáfora de la sociedad medieval: ‘oros’ sería una referencia al dinero y la nobleza; ‘copas’, a la Iglesia; ‘espadas’, al Ejército y ‘bastos’, a los campesinos; si bien hay quien piensa que tienen más que ver con los estamentos sociales de la época.

En un artículo publicado por el diario ABC se señalan diversas curiosidades de la baraja española, algunas ya citadas, que la diferencian del resto. Entre ellas:

a) Destaca sobremanera por la excelencia de sus figuras y palos, muy artísticos, inspirados en la Edad Media, que representan a diversos estamentos de la época como la nobleza, el clero, siervos y comerciantes y sus palos conocidos como ‘oros’, ‘copas’, ‘espadas’ y ‘bastos’.

b) Su origen se sitúa en la propia España, aunque hay quien defiende la tesis de que fue adoptada o creada en Nápoles durante el dominio de Aragón en ese lugar. Sin embargo, todos están de acuerdo en que al final su diseño evolucionó más en España que en Italia, siendo la napolitana más parecida a la antigua o primera baraja española.

c) El diseño actual, que perdura desde hace muchos años, se debe a Heraclio Fournier y deriva del que finalmente encargó al pintor Augusto Ríus en 1889.

d) Las cartas presentan una serie de curiosidades que suelen pasar desapercibidas para la mayoría de los aficionados a este juego. Así, los reyes suelen ser hombres mayores y barbados, salvo el de copas y oros que aparentan ser más jóvenes, aunque no siempre es así. Otra curiosidad es que a partir del siglo XVIII, los caballos de copas y oros miran hacia la izquierda, mientras que los de bastos y espadas lo hacen hacia la derecha.

e) La baraja española es la única baraja en el mundo que no dispone de ninguna figura femenina. Está formada, como ya hemos dicho, por reyes, caballeros montados en sus corceles y unos pajes, algo afeminados, conocidos como sotas, pero ninguna reina, por ejemplo.

f) Hacia el siglo XVI se introdujo una innovación que la convirtió en una baraja única: unas pequeñas discontinuidades en los lados inferior y superior del rectángulo que enmarca los diferentes motivos de cada carta. Así, por ejemplo, el palo de oros no tiene pintas; el de copas tiene una; el de espadas, dos y el de bastos, tres. La combinación de las pintas con los índices (número que indica el valor de cada carta) es la que permite a los jugadores identificarlas fácilmente sin necesidad de extenderlas sobre su mano. De esa manera dificulta la visión a posibles espectadores o mirones, que siempre los hay, que en ocasiones aunque sea por simple curiosidad pueden influir en el juego.

g) Su rica historia ha hecho que desde 1988 la baraja española tenga en la ciudad de Vitoria su propio museo con más de 3000 juegos de naipes que han ido coleccionando los distintos herederos de Heraclio Fournier. Entre ellos, una baraja fabricada a principios del siglo XV, una de las más antiguas que se conservan en el mundo.

Son muchos los que opinan que jugar a las cartas es una terapia con la que jugador logra evadirse de los problemas cotidianos. Además, está demostrado que en el caso de las personas mayores les permite mantenerse activas mentalmente, algo muy importante en esa etapa de la vida. La baraja española sin duda es uno de los juegos más populares. Han transcurrido ya más de seis siglos de historia disfrutando de sotas, caballos y reyes por todas las clases sociales.


Los gorriones y su importancia en el equilibrio del ecosistema

julio 15, 2020

El gorrión común es quizás el ave más extendida de nuestro planeta. Aunque se adapta a cualquier situación, su supervivencia depende en gran medida de las actividades del hombre. Una prueba es que cuando un pueblo queda abandonado, sin habitantes, los gorriones no tardan en desaparecer del entorno. Son muchas las informaciones que hacen hincapié en la gran importancia que tiene la conservación de esta especie.

Un ejemplo claro de su incidencia en el ecosistema de nuestro planeta fue el ocurrido en 1958 en China cuando Mao Zedong (Mao Tse Tung), su líder, decidió acabar con la vida de los gorriones por entender que eran los causantes de comer el grano de las personas. Para ello movilizó a todo el país y en cuatro años consiguió que se extinguieran en grandes zonas de China. Sin embargo, su plan ni tuvo éxito, ni mejoraron las cosechas. Esta acción trajo consigo el fenómeno contrario: ¡Terminó también con la vida de millones de sus habitantes! Es cierto que los gorriones se comían una parte del grano, pero al desaparecer se multiplicaron los insectos que arrasaron con las cosechas provocando una hambruna terrible. Además ocurrió otra cosa peor: ¡fue imposible restaurar el equilibrio del ecosistema! y se vieron obligados a utilizar pesticidas de forma masiva para acabar o frenar las plagas. Aunque en esto último tuvieron éxito, fue un éxito relativo. Es cierto que acabaron con los insectos, pero… ¿cuál fue el resultado? Imaginemos, por ejemplo, una plantación de frutales al final de este proceso: ¡lo normal era encontrarse a las personas realizando el trabajo que hacían antes… las abejas! En el más absoluto de los secretos, y con el fin de intentar revertir la situación, China se vio obligada a importar un cargamento de gorriones procedentes de Rusia, pero todavía hoy se puede observar en distintas zonas del país polinizar a mano los cultivos. Esta experiencia, esta lección, viene a demostrar, enseña, que no se puede romper el frágil equilibrio que hace que nuestro planeta siga funcionando con normalidad. ¡Las consecuencias pueden ser imprevisibles!

En realidad, el gran exterminio de los gorriones en China fue una campaña política del gobierno de Mao Zedong como parte del proyecto denominado ‘Gran Salto Adelante’ con el que pretendía transformar la tradicional economía agraria con una serie de medidas económicas, sociales y políticas entre 1958 y 1961 para convertir al país en base a una rápida industrialización en una superpotencia económica y militar. Sin embargo, lo que consiguió fue acabar con la vida de millones de personas con la peor hambruna de su historia, provocada sobre todo al tener que expropiar los alimentos del pueblo para enviarlos a la URSS (Unión Soviética) a cambio de fábricas y armas. Durante el proyecto citado se desarrollaron varias campañas, una de ellas fue la llamada ‘Las cuatro plagas’ en la que el gobierno decretó que fueran completamente eliminadas cuatro especies que consideraba letales para las cosechas: ratones, moscas, mosquitos y gorriones. En el caso de estos últimos, que se alimentaban del grano, se suponía que al desaparecer se obtendrían más toneladas, pero su extinción trajo el efecto inverso. Y en 1960 no se tuvo más remedio que rectificar finalizando su persecución, hasta el punto que la URSS se encargó de su repoblación enviando un cargamento de 200000 gorriones que llegaron en secreto para evitar un descenso en la popularidad de Mao Zedong.

El 18 de abril de 1958 los campesinos mataron 400.000 gorriones, que exhibieron así. (Fuente: La Vanguardia. Foto Sovfoto/Universal Images).

En los últimos 10 años los gorriones han sufrido un descenso del 21% en nuestro país; unos 30 millones menos de ejemplares, según señala el programa de Seguimiento de Aves Comunes en Primavera de SEO/BirdLife, organización que ha presentado una campaña, ‘Aves de Barrio’, encaminada a asegurar no solo el equilibrio del ecosistema en la naturaleza sino también la calidad de vida en las ciudades. Según Beatriz Sánchez, su coordinadora: “Este declive es alarmante, pues de no cambiar esta tendencia podríamos encontrarnos muy pronto con unas ciudades sin gorriones y esto podría afectar también al resto de habitantes de las zonas urbanas”. Su objetivo es impulsar el seguimiento de las poblaciones del gorrión común, estudiar las causas de su extinción paulatina y las posibles consecuencias para la calidad de vida de las personas, sobre todo en las ciudades. Añade que: “Es necesario concienciar a la sociedad de la importancia de la biodiversidad urbana, donde se estima que el 20% de las especies de aves que existen en el mundo y el 5% de las plantas vasculares habitan en ellas”. Asunción Ruiz, directora ejecutiva de dicha organización, reclama también que: “Las urbes sean más verdes, más biodiversas y saludables para todos sus habitantes, pues existen evidencias científicas de los beneficios para la salud de vivir en zonas donde se observen pájaros, arbustos y árboles”.

El gorrión común fue declarado ‘Ave del año” en 2016. Habría que preguntarse por qué un ave tan familiar para todos se encuentra en declive. Varias organizaciones ornitológicas han llamado la atención sobre el tema y han confirmado que la intensificación agraria, el aumento del uso de pesticidas en zonas próximas a núcleos urbanos rurales o la contaminación son algunas de las causas. Al gorrión se le puede ver en cualquier entorno, siendo frecuente, aunque ahora menos, su presencia en núcleos urbanos. La ausencia comienza a ser preocupante en las grandes ciudades como Londres, Bruselas o Amberes (en otras ha disminuido también de forma drástica como Berlín, París o Praga) de un ave que convive con el ser humano desde hace siglos y que tanto ayuda por ejemplo a controlar las plagas, dispersar las semillas, etc. En España se estima que quedan unos 140 millones de ejemplares (un 11 % menos que en 1998), y aunque su descenso no sea tan acusado, comienza a ser preocupante. Según Juan Carlos del Moral, responsable del área seguimiento de la avifauna de SEO/Bird/Life: “Los gorriones son un bioindicador que establece el estado de la biodiversidad de nuestro entorno. Quedarnos sin golondrinas, sin gorriones y sin otras aves comunes a nuestro alrededor, significa que están sufriendo impactos que nos están afectando también a nosotros”.

Mapa de la distribución actual del gorrión común. Se puede observar su carencia en China como consecuencia de la persecución en la época de Mao Zedong. (Fuente: Wikipedia).

Como señala también Juan Carlos del Moral: “El gorrión es un indicador del estado de la biodiversidad de en nuestro entorno y garantizar su supervivencia es sinónimo de calidad de vida”. De su importancia y conservación da idea el hecho de que cada 20 de marzo se celebre en todo el mundo el Día Mundial del Gorrión (World Sparrow Day), una iniciativa de la Nature Forever Society de la India y otras organizaciones conservacionistas, un día para llamar la atención sobre la situación de una especie de tanta importancia para el equilibrio de nuestro ecosistema.


Historia y curiosidades de algunos números: el número ‘cero’ (0) y el número ‘pi’ (π)

mayo 26, 2020

Un número es una cantidad o magnitud que representa una propiedad o función concreta de un objeto. Se trata de un concepto que se suele asociar a la capacidad para contar y también a la de comparar cuando dos conjuntos similares uno es mayor que otro. Las primeras sociedades humanas ya se encontraron con esta última tesitura, así como conocer con exactitud de cuantos elementos estaba formado cada conjunto. Sin  embargo, la habilidad o capacidad de saber contar del ser humano no es un fenómeno tan simple. No todos los pueblos o culturas tenían métodos de conteo lo suficientemente amplios. Se cree que los primeros sistemas se iniciaron mediante el uso de objetos físicos (p.e. montones de piedras) o marcas (p.e. en huesos tallados). Referente a los sistemas numerales parece que la operación de contar estaba relacionada, aunque no siempre, al conteo con los dedos. De ahí que el sistema de base decimal fuese el más utilizado. Ahora bien, a medida que la ciencia avanzaba otros números, no menos importantes, fueron tomando acto de presencia, sobre todo en el mundo científico. Se suele afirmar que desde hace 5000 años la mayoría de las civilizaciones contaban tal y como lo hacemos en la actualidad; si bien, aunque todas representaban con exactitud los números naturales, su forma de escribirlos no siempre era la misma. Sin embargo, sobre lo que no existen dudas es que… los números, las cifras, nos han acompañado siempre.

Con este post iniciamos las curiosas historias que, por su significado u origen, rodean a algunos números muy conocidos o a menudo utilizados. Incluiremos también diversas anécdotas sobre nuestra predilección por determinados números en concreto. Comenzaremos con el número cero (0) y el número pi (π).

Número ‘cero’ (0)

Antes de hacer un breve recorrido por su historia, como complemento de información conviene recordar que un sistema de numeración es un conjunto de símbolos que sirve para asignar un determinado valor a los números. Se clasifican en dos grandes grupos: sistemas posicionales y no posicionales. En los posicionales el valor de un dígito depende tanto del símbolo utilizado como de la posición que ocupa en el número, mientras que en los no posicionales los dígitos tienen el valor del símbolo, no dependiendo de la posición o columna en que se encuentren. La cantidad de símbolos permitidos en un sistema de numeración posicional se conoce como base del sistema. Así, si decimos que un sistema tiene base X quiere decir que existen X símbolos diferentes para escribir los números y que X unidades componen una unidad de orden superior. Por ejemplo, en el sistema de numeración decimal, el más utilizado, si contamos desde 0 e incrementamos una unidad cada vez, al llegar a 9 unidades ya no existen más símbolos disponibles. Es decir, para seguir contando lo que hacemos es añadir una nueva columna a la izquierda del número, volviendo a utilizar de nuevo sus símbolos (en este caso 10, del 0 al 9) formando entonces una unidad de primer orden (decena). Y así sucesivamente a medida que se va ampliando.

El cero (0) es el signo o símbolo numérico de valor nulo. Su historia como tal valor no es muy antigua. Si bien grandes y antiguas civilizaciones (Egipto, Babilonia, Grecia o Maya) disponen de documentos matemáticos o astronómicos mostrando símbolos indicativos del valor cero, no lo pudieron aplicar o introducir como tal por las distintas peculiaridades de sus sistemas numéricos. Se cree que el cero apareció por primera vez en Babilonia en el siglo III a.C., aunque su escritura parece que se remonta al año 2000 a.C. Los babilonios, que escribían en arcilla sin cocer sobre superficies planas o tablillas, utilizaban un sistema de base 60 en el que no era posible distinguir por ejemplo el número 15 del 105 o del 1005. Es alrededor del año 400 a.C. cuando comienzan a colocar el signo de ‘dos cuñas’ en los lugares ocupados por el cero. También se tiene constancia antes de la era cristiana del uso del cero en Mesoamérica, correspondiendo a la cultura maya en el año 36 a.C. el primer documento con este símbolo en su sistema de numeración. Los romanos no lo utilizaban ya que sus números se representaban por agrupación o suma de letras del alfabeto: I, V, X, L, C, D, M (así por ejemplo: MCLI=1151).

Aunque todavía no está claro quien fue su inventor, se cree que fue en la India, hacia el año 650, cuando ‘nació’ el cero (0) como valor nulo. Cuna de la numeración posicional, se apunta a que fue el matemático Brahmagupta el primero en teorizar sobre el concepto de ‘cero’. Lo que ofrece menos dudas es que el sistema de numeración decimal (0 al 9) pasó desde la India a la cultura árabe y de allí a Europa. Si  bien se atribuyen los primeros usos del cero a Francia o al controvertido papa Silvestre II, alrededor del año 1000, la mayor parte de las referencias indican que fue introducido en Europa en el año 1202 por el matemático italiano Leonardo de Pisa, también conocido por Fibonacci, que lo describe en una de sus obras, ‘Liber abaci`’ (‘Libro del ábaco’), mostrando el álgebra árabe y elogiando las grandes ventajas respecto al sistema de numeración romano.

El cero, símbolo de valor nulo (0), forma parte del sistema de numeración decimal, el más utilizado en todo el mundo, donde según el lugar en que se encuentre hace que otros números cambien de valor.

Número ‘pi’ (π)

El número π (pi), uno de los números más famosos de la historia, representa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Se trata de un número irracional, que a diferencia de los números racionales no se pueden representar por el cociente exacto de dos números enteros (fracción), ya que su expresión decimal ni es exacta ni periódica. Su valor real, truncado en sus primeras cifras, es 3,14159265358979323846… y así hasta el infinito. Se puede observar que la secuencia de sus cifras no se repite.

Al número π se le recuerda muchas veces como 3,1416 (tres, catorce, dieciséis), pero sobre todo como 3,14 (tres, catorce). De ahí que el 14 de marzo (3- mes, 14- día) haya sido declarado o se le conozca como el día del número pi. Su nombre o símbolo π, letra griega pi, procede de la inicial (la misma) de dos palabras griegas (‘periferia’ y ‘perímetro de un círculo’). Fue propuesto en 1706 por el matemático inglés William Jones, aunque fue el suizo Leonhard Euler, seguramente el matemático más importante del siglo XVIII y uno de los más grandes de todos los tiempos, quien en 1748 lo difundió y popularizó de forma definitiva en su famosa obra dedicada al cálculo infinitesimal. La búsqueda de su valor con el mayor número de decimales ha sido constante a lo largo de la historia. De una forma resumida a continuación se señalan alguno de sus hitos más importantes.

En las culturas antiguas como el Antiguo Egipto se remonta al año 1800 a.C. Está descrito en un papiro (Rhind) donde se señala un valor aproximado de π indicando que el área de un círculo es similar a la de un cuadrado cuyo lado es igual al diámetro del círculo disminuido en 1/9 (es decir, 8/9 del diámetro). O lo que es lo mismo π=256/81 (4*64/81)= 3,1649… 

En Grecia, el matemático Arquímedes (siglo III a. C.) fue capaz de determinar el valor de π entre el intervalo comprendido por 3 10/71 (223/71), como valor mínimo, y 3 1/7 (22/7), como valor máximo, lo que significa una aproximación con un error entre 0,024 % y 0,040 % sobre su valor real. Su método era muy simple y al ser los griegos desconocedores de los números decimales lo expresó como fracción. Consistía en circunscribir e inscribir polígonos regulares de n lados en circunferencias y calcular su perímetro. Comenzó con hexágonos, pero fue doblando el número de lados hasta llegar a polígonos de 96 lados. Alrededor del año 20 d. C., en Italia, el ingeniero romano Vitruvio calculó el número π como el valor fraccionario 25/8 midiendo la distancia recorrida en una revolución por una rueda de diámetro conocido. Hacia el año 150 d. C., el astrónomo y geógrafo griego Ptolomeo equiparó a π a 3,1416. En 1600, el profesor de matemáticas alemán Ludolph van Ceulen (a lo largo de su vida) fue capaz de calcular el valor de π llegando a utilizar polígonos de millones de lados, un trabajo que fue muy reconocido, tanto que como homenaje póstumo se grabaron sobre su tumba las 36 cifras a las que llegó. A finales del siglo XIX, el matemático inglés William Shanks calculó a mano 707 decimales (tardó veinte años), aunque luego se descubrió que había un error en el proceso y solo eran correctas las 527 primeras cifras. Y ya en el siglo XX, con la ayuda de la informática (computadores), se avanzó a pasos agigantados hasta llegar a miles de millones de dígitos, cifra que se ha superado ampliamente en el año 2009 llegando con la ayuda de una supercomputadora a más de dos billones y medio de decimales, reto que ha quedado para cuando se desarrollen nuevas técnicas.

Tan solo añadir a título de curiosidad acerca del número π, al que casi siempre se recuerda de nuestra educación matemática básica, aunque se trata de un número irracional y por tanto no tiene ninguna secuencia que se repita en su expresión decimal, entre las posiciones 762 y 767 se produce un hecho caso curioso: aparecen seis nueves seguidos. Una ubicación conocida con el nombre de punto de Feynman debido a un comentario simpático de Richard Phillips Feynman, famoso físico estadounidense, quien decía: “Me gustaría memorizar todos los decimales de π hasta esa posición para terminar diciendo: “…9, 9, 9, 9, 9, 9 y así sucesivamente’’, Afirmaba en tono de broma que de esa manera sería un número racional, algo que solo podría ser posible si a partir de ese punto todas las cifras fueran nueves.

Solo decir como final que, si bien los diez dedos de las manos fueron la base inicial del sistema decimal, los números siempre han acompañado a la humanidad. El número 0 y el número π son un buen ejemplo.


Los crucigramas, algunas curiosidades del pasatiempo por excelencia

febrero 11, 2020

Un crucigrama es un pasatiempo, quizás el más famoso y reconocido, que consiste en rellenar los huecos o casillas que están en blanco de un dibujo (de forma cuadrada, rectangular u otra distinta) con letras o palabras que hay que descubrir a partir de ciertas definiciones o pistas que se ofrecen con el fin de de conseguir leerlas en sentido horizontal o vertical, normalmente interconectadas entre si. De ahí que también se le conozca con el nombre de ‘palabras cruzadas’.

El primer crucigrama, un rompecabezas llamado ‘Word-Cross’ (‘Palabra Cruz’), nombre cambiado más tarde por ‘Crosswords’ (‘palabras cruzadas’ en inglés) fue publicado el 21 de diciembre de 1913 en el periódico ‘New York World’ (EEUU) por Arthur Wynne, un periodista inmigrante de Liverpool (Inglaterra). Sin embargo, para algunos fue el tercer modelo de crucigrama inventado. El primero, un antiguo cuadrado ‘sator’, estructura con forma de cuadrado mágico compuesto por cinco palabras latinas: SATOR, AREPO, TENET, OPERA y ROTAS, que consideradas en conjunto, de izquierda a derecha o de arriba a abajo, conforman un juego de ‘palíndromos’ (palabra o frase que se lee igual hacia adelante que hacia atrás) que fue encontrado en 1980 en las ruinas de Pompeya y se cree data del siglo I. El segundo de 1873 en la revista infantil ‘St. Nicholas Magazine’, muy popular en EEUU, donde un tal Hyperion comenzó a publicar los ‘Double Diamond Puzzles’ (‘rompecabezas de doble diamante’), especie de crucigrama para el que no se proporcionaban los cuadros, sino que era el propio lector quien debía entrelazar por sí mismo las palabras en un papel aparte.

Arthur Wynne pudo haberse hecho rico, pero sus jefes, a pesar del éxito inmediato, no vieron la necesidad de registrar su invento. A sus 43 años, se pasó los ocho siguientes como jefe de la nueva sección. “Llena las casillas con palabras que concuerden con las siguientes definiciones”, así presentaba su primer crucigrama denominado ‘Word-Cross Puzzle’, que tenía forma de rombo con una cruz interior vacía. Compuesto por un total de 32 palabras, una de ellas repetida dos veces (‘paloma’, definida en una ocasión como ‘pájaro’ y en otra como ‘pichón’), tenía algunas un tanto rebuscadas o difíciles de adivinar. Tres semanas más tarde un error tipográfico transformaría su nombre en ‘Cross Words’ (‘Palabras cruzadas’), paso anterior al actual ‘Crosswords’.

Según datos aportados por Merl Reagle, autor de crucigramas para muchos periódicos y revistas dominicales, entre ellos el ‘Washington Post’, para sacar adelante el invento de Wynne, en un principio el ‘New York World’ tuvo que luchar contra la resistencia de los linotipistas de su taller de impresión, pues les suponía un gran incordio crear con plomo formas geométricas con casillas. Llegaron a boicotearlos en ocasiones, escogiendo tipos de letra tan pequeños que apenas se podían leer, e incluso los omitieron alegando las prisas del cierre. A pesar de todo, en la década de los años 20 del siglo pasado, los crucigramas se extendieron con rapidez por todo EEUU, hasta el punto de que en los trenes se ponían diccionarios en los vagones para uso de los pasajeros y el Departamento de Salud de Chicago, por ejemplo, declaró que resolver crucigramas era bueno para la salud y la felicidad.

Es cuando menos curiosa la historia del ‘The New York Times’ con los crucigramas, a los que consideraba una pérdida de tiempo. Sin embargo, a la vista del éxito logrado por el ‘World’, su máximo competidor, bastantes años más tarde, en 1942, acabó por incluirlos en sus páginas. Fueron muchos los que se preguntaron por el motivo real de de su publicación. Parece ser que fue tras el bombardeo de Pearl Harbor cuando un editor decidió que, dado lo que estaba sucediendo en el mundo, los lectores querrían algo diferente para mantenerse ocupados durante los simulacros de apagones. En la actualidad el crucigrama del ‘Times’ está considerado el pasatiempo más inteligente y atractivo, el mejor de entre todos los periódicos o revistas de mayor tirada.

En un sentido descriptivo o técnico, los crucigramas constan de dos elementos principales: a) la grilla (así se llama a las celdas en blanco con números asociados a unas referencias) y b) las referencias que, ubicadas normalmente al lado del crucigrama, constan de una serie de definiciones concisas que permiten al lector vincular o intuir una palabra específica a colocar en el espacio de la grilla. Las referencias están divididas en dos partes: las que hacen relación a la grilla leída en sentido horizontal y las relacionadas con su distribución vertical. Las palabras se eligen de modo que todas las casillas compartidas por dos palabras poseen una letra común (la misma para la posición horizontal y la vertical) de manera que a medida que se va rellenando la grilla resulta más fácil encontrar las palabras que faltan. Para el desarrollo del crucigrama, el jugador o lector debe leer las referencias de las dos zonas horizontal y vertical, cada una asignada con un número que no se repite y que está asociado a una palabra en blanco del crucigrama. Muchas de las palabras se encuentran imbricadas entre si de modo que se pueden deducir más fácil cuando una o más palabras cruzadas ya han sido cumplimentadas.

El primer crucigrama español se publicó en la revista ‘Blanco y Negro’ el 22 de marzo de 1925. Revista editada en Madrid se convirtió más tarde junto al periódico ABC en la base del grupo Prensa Española. Una semana antes a la publicación de este primer crucigrama así contaba Antonio Luis, su corresponsal en Londres en esas fechas, la fiebre que había desatado en la ciudad inglesa el ‘invento’ de Wynne. “Desde hace unos meses, Inglaterra padece una nueva fiebre, causada por un pasatiempo importado de los Estados Unidos, un rompecabezas que se titula ‘Cross Words’ (‘Palabras Cruzadas’)”. ‘El rompecabezas de moda’ titulaba ‘Blanco y Negro’, al tiempo que añadía que se trataba de una diversión derivada de otros pasatiempos más antiguos. “Para muchos ha llegado a ser una tortura avasalladora (…) Londres se ha vuelto loco. La gente se deshace los sesos tratando de imaginar palabras que desconocen, acude a las librerías para proveerse de enciclopedias, diccionarios, léxicos y tesauros, y hasta consulta a los hospitales, museos, institutos y corporaciones científicas en su afán de vencer dificultades más técnicas”, decía. Una semana más tarde de escribir su crónica, el propio Antonio Luis presentaba el primer crucigrama publicado en España, precedido de una página con explicaciones para intentar resolverlo. ”Conviene dejar para el final las palabras más largas, así como variar de sector cuando se tropieza con un obstáculo serio” o “Háganse los primeros ensayos con lápiz” eran algunas de ellas. Debió ser tan complicado que, con el fin de dar ánimo y confianza, el mes de diciembre de ese mismo año ABC reservaba más de una página para… ‘un problema elemental dedicado a los principiantes y a los escasos de erudición’, al tiempo que criticaba ciertos datos que a veces solían acompañarlos y que no hacían más que causar desánimo al lector por su imprecisión o escasa aportación para sus conocimientos.

Solo añadir que en España, aunque el primer crucigrama se publicó en 1925, la mayoría de las personas asocian estos pasatiempos a un nombre: Pedro Ocón de Oro, quien en 1949, con solo 18 años, envió al diario ‘Madrid’ un crucigrama que resultó premiado con 25 pesetas comenzando a partir de ahí una larga trayectoria profesional de 40 años como crucigramista. Se le recuerda por ver su firma a diario junto a su clásico pasatiempo en todo tipo de publicaciones, de manera especial en el diario ABC donde era toda una institución. Un crucigrama que muchas veces contenía tanta cultura como el resto del periódico. Para varias generaciones fue como si los crucigramas los hubiese inventado Ocón de Oro.

Alrededor de los crucigramas han sucedido multitud de anécdotas e historias curiosas. Una de tantas, las hay a montones, ocurrió durante la 2ª Guerra Mundial, a finales de 1941, cuando se autorizó al organismo dedicado al descifrado de los códigos secretos alemanes a reclutar nuevos ‘breakcodes’ (‘rompedores de códigos’ o ‘descodificadores’) a realizar un concurso, un reto, entre los lectores (posibles aspirantes) que consistía en resolver un crucigrama en menos de 12 minutos. Al final seleccionaron a 25 concursantes de los que sólo 5 lo lograron. Mucho más tiempo emplearon, en concreto siete años, Svetlana y Semión Beliáyev en componer un crucigrama en una hoja de seis por ocho metros. Además necesitaron dos tomos para formular las preguntas, superando las 50400 palabras, record anterior, que no fue homologado por el libro Guinness de los records ya que solo aceptaban los crucigramas en inglés. Otro caso curioso fue el de la ciudad ucraniana de Leópolis donde se diseñó un crucigrama gigante en un edificio de 100 metros de altura, siendo necesario para poder resolverlo recorrer el resto de edificios de la ciudad en los que se encontraban las diferentes definiciones o referencias. Digno de citar también es el caso ocurrido en Canadá donde hay quien lo tenía muy claro: jugar con propuestas bilingües en las que una definición en francés requería horizontales en inglés y a la inversa para el caso de las verticales.

Los crucigramas son un pasatiempo que aconsejan contra la vejez y la tristeza, ayudan a reconocer la salud de la memoria y la habilidad para el uso del lenguaje. Muchas veces no son fáciles de resolver. “Conviene dejar para el final las palabras más largas. Es mejor variar de sector cuando se tropieza con un obstáculo serio. Háganse los primeros ensayos con lápiz”, era uno de los consejos que daba Antonio Luis el 22 de marzo de 1925 a sus lectores de ‘Blanco y Negro’. El resto ya dependía de demostrar la cultura adquirida y su capacidad para adivinar las definiciones. Pasatiempo por excelencia, uno de los más populares, divierten y son todo un reto para el ‘jugador’, su paciencia y su cultura.


“El grito” y “La Gioconda” o como puede cambiar la interpretación de una obra de arte

diciembre 5, 2019

A veces, cuando nos encontramos, por ejemplo, delante de un cuadro, sobre todo si no tenemos conocimientos en la materia, se nos escapan frases como…: “No lo entiendo, pero (no) me gusta”. Incluso si estamos entre gente de confianza, hasta nos atrevemos a dar nuestra opinión sin miedo a un mal entendido ridículo. Y no debiera tener mayor importancia porque es nuestra opinión, la de alguien que no es un analista. El problema viene, y no para nosotros, cuando una obra en la que han confluido en una misma interpretación los expertos, de pronto surge otra distinta con base fundamentada que deja a todos desconcertados. Y es que nunca se debe pontificar sobre algo que ni el propio autor ha dejado constancia. La interpretación de una obra de arte nunca se puede tratar como un dogma porque así lo afirmen los entendidos. Todo esto viene a cuento para explicar lo sucedido con dos famosas obras, son solo un ejemplo, en las que se han tenido que cambiar los criterios sobre su significado. Se trata de “El grito” de Edvard Munch y “La Gioconda” de Leonardo da Vinci.

Comenzaremos por el caso más claro, el cuadro de “El grito” del pintor noruego Edvard Munch. Su obra más importante y reconocida, una composición rodeada por un halo de misterio…  hasta no hace mucho que se ha conocido el verdadero significado que le quiso dar su autor. Siempre se ha afirmado que mirando a los ojos de la figura reflejada en primer término del cuadro se podía intuir a una persona gritando. Pues bien, una reciente litografía que había permanecido oculta, ha confirmado lo que nadie había tenido en cuenta hasta ahora: a pesar de su título… ¡No existe ninguna persona que grite! Es cierto que en lo primero que uno se fija en la persona situada en una pasarela con vallas es que tiene la boca abierta y las manos en la cabeza en una situación similar a un grito desesperado ante algo que le rodea. Es verdad que la posición de sus ojos, boca y manos lo hacen pensar. Sin embargo, se ha confirmado que no es así. En la litografía citada, que forma parte de una exposición inaugurada el pasado 11 de abril en el British Museum en Londres se puede leer una pequeña leyenda escrita a mano por el propio Edvard Munch que dice: “Sentí un gran grito en toda la naturaleza”; lo que ha servido para determinar que la inspiración que llevó a Munch a pintar el cuadro no era alguien gritando, sino más bien alguien que está tapándose los oídos porque está escuchando un grito.

Todo ello ha abierto un nuevo debate sobre el verdadero significado que el autor quiso dar a su obra. Según destacó Giulia Bartrum, comisaria de la exposición, en su presentación: “Esta extraña versión de ‘El grito’ expuesta en el British Museum deja claro que la obra de arte más famosa de Munch representa a una persona que escucha un grito y no, como muchas personas continúan asumiendo y debatiendo, una persona que grita”, añadiendo que este episodio que originó la inspiración de Munch ocurrió en 1892 cuando el pintor se encontraba caminando cerca de un fiordo noruego y en un momento determinado observó como el cielo se teñía de rojo causándole tal impresión que le hizo sentir que la naturaleza era capaz de transmitir sensaciones extraordinarias por sí misma. Bartrum terminó diciendo: “Es evidente que se trata de un hombre escuchando, aunque quedaría por saber si escuchó un grito real o solo lo hizo dentro de su cabeza”.

En cualquier caso, aunque las metáforas y comparaciones escritas intentarán seguir imponiendo la tesis contraria, la litografía hallada ha permitido desmontar un mito y dar a conocer la verdadera interpretación de “El grito”. Una historia que da título a cuatro cuadros que son los que en realidad componen la obra, cuya versión más famosa se encuentra en la Galería Nacional de Noruega en Oslo, otras dos en el Museo Munch, también en Oslo, y una cuarta en poder de un coleccionista privado, a los que hay que añadir la litografía realizada en 1895 que ha servido para conocer la interpretación real de esta obra de Edvard Munch.


Conocida en el argot popular como ‘La Mona Lisa’, cuadro pintado entre 1503 y 1519 por el genial y polifacético Leonardo Da Vinci, “La Gioconda” es una obra que ha estado siempre sujeta a muchas y variadas interpretaciones. La última relacionada con su sonrisa que según diferentes estudios es muy probable que se tratase de Lisa Gherardini, esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo; si bien otras versiones señalan a una cortesana o una modelo imaginada por el autor. Aunque no están del todo probadas, recientes investigaciones revelan cosas sorprendentes acerca de la pregunta que últimamente mantiene en vilo a los historiadores: ¿Por qué sonríe la Mona Lisa? Y en verdad que son bastante diferentes sus respuestas.

En un estudio realizado por la Universidad de Yale (EEUU), se afirma que la Mona Lisa sonríe porque está embarazada. Tras un análisis detallado de su figura, han concluido que se encuentra esperando un hijo: sus manos hinchadas son síntoma de un embarazo y además la forma con que reposan en su vientre recrea la sensación de que está protegiendo al feto. Coincide con los resultados de un grupo de investigadores canadienses que han aplicado sobre la pintura una técnica novedosa que ha permitido apreciar detalles hasta ahora desconocidos. Mediante un escáner láser especial de tres dimensiones han ‘desnudado’ a la Mona Lisa descubriendo que portaba un velo que solían llevar las mujeres embarazadas con el pelo recogido en un moño.

Sin embargo, esta obra, una de las más enigmáticas de la historia del arte, ha sido objeto de otras teorías acerca de la sonrisa de la Mona Lisa. Así, en un estudio realizado por la Universidad de California publicado en la revista Psychological Science, afirman que han acabado con la intriga: ¡Sonríe, pero… depende de como cada uno se sienta cuando la mira! Y es que según señalan la sonrisa es una función del estado de ánimo. Los distintos experimentos realizados muestran que nuestras emociones afectan a como luego vemos un rostro. Erika Siegel, encargada de dirigir la investigación, dice: “Si estás pasando el mejor momento de tu vida en el Louvre, seguro que vas a apreciar su enigmática sonrisa”.

Para finalizar, hay investigaciones que señalan que su enigmática sonrisa tiene hoy algo menos de misterio, pues fue creada mediante una técnica pictórica que hace creer al ojo humano que la expresión retratada en el cuadro va cambiando. Según otro estudio elaborado por un grupo de neurólogos austriacos, el análisis de la obra muestra que su cara lo hace en función del punto en el que fijemos la vista. Así, si miramos a sus ojos fijamente parece que esbozan una sonrisa sutil, pero si se fija la mirada en la boca, entonces desaparece.

En fin, seguro que las diversas teorías sobre la sonrisa de la Mona Lisa necesitarán más estudios y pruebas de un cuadro que como se puede ver esconde muchos secretos que el autor nunca reveló, ni tampoco aún ha puesto de acuerdo a los expertos.