Reinosa y las témporas, una tradición centenaria en muchos sitios de España

enero 26, 2018

Aunque sin una base científica, las témporas son una tradición popular muy seguida. En Reinosa, como en otros muchos lugares, siempre han sido muy esperadas. Sobre todo las témporas de verano e invierno. Con un clima duro, cuando se acerca la época estas dos estaciones son objeto de muchas especulaciones entre los vecinos. Al igual que el resto de España, en los últimos años, el tiempo en Reinosa… ¡ya no es lo que era! Para bien o quizás mejor… para mal, ¡todo se ha ‘suavizado! Todo menos las témporas que mantienen su interés a menudo acompañadas por la frase: “Ha dicho el pastor que…”. Eso si, cuando alguien pregunta por el ‘pastor’, nadie sabía concretar quien es. Y es que las témporas también tienen su por qué.

Pero antes, hagamos un poco de historia. La palabra témpora es el plural de la latina ‘tempus’ cuyo significado es ‘tiempo’ y ‘estación’. Hasta no hace mucho figuraban en el calendario de la Iglesia Católica como pequeños ciclos litúrgicos dedicados en especial a la plegaria y la penitencia correspondientes al final e inicio de las cuatro estaciones del año. En sus inicios su objeto era ofrecer un tiempo para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos de la tierra y rogar su bendición sobre las siembras, incluyendo también actos penitenciales colectivos, con ayuno incluido, para purificar el espíritu.

Año litúrgico tradicional (Foto: New Liturgical Movement). En un principio las témporas se celebraban en otoño, invierno y verano (meses de septiembre, diciembre y junio). Las témporas de primavera no estaban incluidas en el ciclo ya que caían en medio de la Cuaresma, tiempo ya dedicado especialmente a la oración y el ayuno.

El origen de las témporas no está muy claro. Según algunas fuentes se podría encontrar en el Antiguo Testamento cuando el profeta Zacarías hace referencia a un ayuno especial que debe observarse el 4º, 5º, 6º, 7º y 10º mes del año y que “se tornará en gozo y regocijo y en festivas solemnidades”. Sin embargo, hay quienes señalan que la institución de las témporas fue establecida por la Iglesia a principios del siglo III en sustitución de los festejos paganos de las distintas ferias de la cosecha, vendimia y siembra; si bien hay que decir no se cumplió en Occidente hasta el siglo XII y que nunca fueron aceptadas por los cristianos de Oriente. Finalmente otras fuentes cuentan que fue el Papa Siricio (384-399) quien, buscando la moderación, las impuso para oponerse a los ataques en contra del ayuno de Joviniano, monje y teólogo cristiano contrario al ascetismo y por lo cual fue considerado hereje.

La tradición popular, sobre todo en todo el norte de España, ha utilizado las témporas para predecir el tiempo de las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno). Aunque los días de predicción suelen ser los mismos, su interpretación cambia dependiendo del lugar y son el resultado de observar el tiempo habido en los días que a continuación se indican:
– Primavera: miércoles, viernes y sábado de la segunda semana de Cuaresma (período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, tiempo litúrgico destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua).
– Verano: miércoles, viernes y sábado de la primera semana después de Pentecostés (quincuagésimo día del Tiempo Pascual, al que pone término).
– Otoño: miércoles, viernes y sábado siguientes al 14 de septiembre (día de la Exaltación de la Santa Cruz). Si ese día cayese en miércoles, entonces las témporas serían el miércoles, viernes y sábado de la semana siguiente.
– Invierno: miércoles, viernes y sábado siguientes al 13 de diciembre (día de Santa Lucía). Si ese día cayese en miércoles, entonces serían el miércoles, viernes y sábado de la semana siguiente.

Días de predicción de témporas para cada una de las estaciones señalados por Jerónimo de Chaves (1523 – 1574), erudito español del siglo XVI, matemático, cosmógrafo e historiador, en su obra “Chronographia o reportorio de tiempos” (‘Cronología o repertorio de los tiempos’).

Aunque existen otros, se utilizan dos métodos principalmente para realizar la predicción meteorológica de cada témpora.
1.- Basado en la dirección del viento (el más habitual).
En este caso, el viento predominante en la siguiente estación será aquel que también lo haya sido en los días de témpora (hay quienes lo reducen a la dirección a una hora determinada). Así por ejemplo, si en las témporas de invierno predominase el viento sur, y éste en el lugar de que se trate diese lugar normalmente a aire seco y cielos despejados, el pronóstico sería de un próximo invierno seco.
2.- Basado en la observación independiente de cada día de témporas.
Según este método, cada mes de la siguiente estación tendrá el mismo tiempo meteorológico que el que hiciese en cada uno de los días de témporas. Así, si en las témporas de verano se observase que el miércoles llueve y hay viento sur cálido, el viernes deja de llover y continúa el viento sur, y el sábado sube mucho la temperatura y el cielo está despejado, la predicción para el primer mes de verano sería (en términos generales) húmedo y cálido (como el miércoles de témporas); el segundo sería menos húmedo y temperaturas más altas (como el viernes de témporas); y el tercero sería muy seco y caluroso (como lo fue el sábado de témporas).

A pesar de que se trata de un método sin base científica, lo cierto es que a nivel popular era, y aún sigue siendo, una tradición muy seguida en muchos lugares de nuestro país. Si nos remontamos a bastantes años atrás, un ejemplo de los muchos existentes es el del escritor cántabro José María de Pereda en su novela ‘El sabor de la Tierruca’ donde hace referencia al pronóstico de témporas:
“… Las témporas de San Mateo habían quedado al Sur; y, según el almanaque montañés, así debía seguir el tiempo hasta las de Navidad, lo cual vendría de perlas para secar el maíz y las castañas y asegurar una excelente ’pación’ a los ganados, al derrotarse las mieses. Y el pronóstico se iba cumpliendo hasta entonces. Estaba, pues, el día como de Sur en calma: bochornoso y pesado…”.

Otro ejemplo, este muy reciente, sobre la predicción de témporas, es el publicado en un artículo del diario La Nueva España de Oviedo para este invierno, que arrancaba con el siguiente titular: “Invierno sin lluvias según las témporas”. Lo afirmaba un ‘experto’ reconocido y señalaba: “No va a ser un mal invierno y va a helar más que llover, aunque también lloverá. Pero no va a ser un invierno muy crudo. Además la luna nueva, que entró el día 18 de diciembre, lo hizo sin que lloviera. También es una ayuda para la témpora. Así que no se esperan precipitaciones en los próximos días”. Pronóstico por otra parte coincidente con el de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) que indica será una estación con pocas lluvias y más cálida de lo habitual.  Por fortuna, y a pesar de ambas predicciones, las de témporas y de Aemet, al menos en el Norte de España este primer mes de invierno ha sido bastante lluvioso.

Nevada 1978. Carretera Reinosa-Alto Campoo a su paso por Nestares. Coincidió, y se cumplió, con una predicción de témporas con predominio del viento Sur.

Las témporas, aunque carecen de rigor, tienen valor como tradición. Son parte de nuestro patrimonio cultural. Desde siempre, entre las gentes de Reinosa cuando se acercaba sobre todo el verano o el invierno era frecuente conversar sobre el tiempo venidero. Y casi siempre se decía… ¿Cómo han quedado las témporas?… ¡Témporas, una tradición viva en Reinosa!

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Navidad alrededor de la Luna, un recuerdo entrañable del vuelo espacial Apolo VIII

diciembre 22, 2017

Otro año más y la Navidad entrará de nuevo en nuestras casas. Es difícil no caer en los tópicos en esta festividad de más de dos mil años que no suele traer grandes novedades, aunque a veces si lo hace en la forma y lugar de celebrarla. Por eso, ahora que pronto estará entre nosotros, dedicaremos este post a este aspecto ‘singular’.

Pronto se cumplirán 50 años cuando en la Nochebuena de 1968 millones de personas de todo el mundo vieron y escucharon como los astronautas de la nave Apolo VIII (EEUU), además de convertirse en los primeros seres humanos que orbitaban alrededor de la Luna, festejaban la Navidad leyendo por turnos unos pasajes del libro del Génesis con un deseo de buena voluntad para todos los habitantes de la Tierra.

La misión Apolo VIII fue el primer viaje espacial tripulado que alcanzó la velocidad suficiente para escapar del campo gravitacional de la Tierra; el primero en entrar y salir del campo de otro cuerpo celeste, y el primero también en regresar a nuestro planeta. Su tripulación, formada por el comandante y jefe de la misión Frank Borman y los pilotos de los módulos de mando y lunar Jim Lovell y Bill Anders, fueron los primeros seres humanos en ver con sus propios ojos la cara oculta de la Luna con la Tierra orbitando alrededor de su satélite. Fue el primer lanzamiento tripulado de un cohete Saturno V y la segunda misión con astronautas del Programa Apolo, un programa que alcanzó su culminación con la nave Apolo XI y la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969 y el consiguiente paseo por su superficie de sus astronautas Armstrong y Aldrin. Aunque continuaría algunos años más, para muchos éste fue su cénit.

Más allá del éxito técnico del Apolo VIII, en el que no vamos a entrar por no ser objeto de este post (solo daremos unas pequeñas pinceladas del mismo) señalaremos dos actos significativos, uno muy emotivo y entrañable, de un viaje que marcó un hito en la carrera espacial. Tanto que el científico soviético Anatoli Blagonrawow, después de conocer su gran logro, dirigió el siguiente el mensaje a sus colegas de la NASA que lo resume mejor que cualquier otro adjetivo: “Con el Apolo VIII se enriquecerá considerablemente el campo de la ciencia del espacio”. Y no era para menos: ¡El hombre había llegado a orbitar por primera vez alrededor de la Luna!

Un viaje que se había iniciado el sábado 21 de diciembre de 1968 con el lanzamiento del cohete Saturno V y que el domingo 22, a las 21,06, comenzaban a enviar imágenes por televisión a la Tierra. Gracias a la red de Mundovisión, los habitantes de nuestro planeta pudieron contemplar por primera vez en directo imágenes de la Luna. A las 21 horas del día 23 se iniciaba la segunda emisión de TV desde la cápsula: durante 20 minutos los astronautas se dedican a presentar imágenes del globo terrestre captadas desde una distancia de 325.000 Km. Poco después, a las 21,29, tras haber ido perdiendo velocidad progresivamente a causa de la atracción terrestre, la cápsula franquea el llamado ‘punto de equilibrio’, lugar en el que se anulan la gravedad terrestre y lunar y donde por primera vez unos seres humanos se ven sometidos a las fuerzas de gravedad de otro astro. Hasta el martes 24, a las 19,54, día de Nochebuena, los astronautas no reciben autorización para colocarse en la órbita lunar, momento en el que la cápsula se encuentra a 5781 Km. de nuestro satélite, desapareciendo por su parte trasera y comenzando la maniobra de frenado para colocarse en su órbita. Tras varios minutos con el contacto interrumpido, finalmente lo consiguen mientras se escucha la voz entusiasmada del comandante Frank Borman diciendo: “¡Lo hemos conseguido!, describiendo a continuación todo lo que está viendo, imágenes que poco después pueden contemplar en directo en sus televisores los espectadores de medio mundo. Transmitidas desde una distancia de 380.000 Km., eran unas fotografías excelentes. La misión como tal alrededor de la Luna finaliza el día 25, día de Navidad, iniciando el regreso a la Tierra, culminando la aventura el día 27, a las 4,51, tras amerizar la cápsula en el océano Pacífico donde ya esperaba el portaaviones ‘Yorktown’.

Como hemos dicho, durante la misión Apolo VIII, aparte de la gran conquista espacial, hubo dos momentos importantes por significativos. Uno fue el “Amanecer lunar”, fotografía tomada por la tripulación el día de Nochebuena, para muchos fue el gran impulso que necesitaba el movimiento ecológico y una mayor concienciación sobre las condiciones de vida en nuestro planeta. Hasta tal punto que la revista Life la incluyó en su número especial dedicado a las “100 fotografías que cambiaron el mundo”. Un momento que la NASA recreó mediante una animación por ordenador (con su audio original) y que permitió contemplar por primera vez y con asombro la salida de la Tierra desde la Luna.

“Amanecer lunar”. Primeras imágenes de la Tierra tomadas por un ser humano desde tan lejos. Fueron hechas por Bill Anders el día de Nochebuena durante la misión Apolo VIII en su viaje a la Luna. En la última se puede observar como Sudamérica ocupa la parte central de la imagen. Los astronautas Frank Borman, Jim Lowell y Bill Anders fueron los primeros humanos en salir de la órbita terrestre, los primeros en ver a la Tierra completa, los primeros en ver el lado oculto de la Luna y los primeros en ver el amanecer de la Tierra desde la Luna.

El otro gran momento, íntimo, fue cuando los astronautas celebraron la Navidad mientras orbitaban alrededor de la Luna. El lugar más lejano hasta ahora conocido en que se festejaba un día tan entrañable.  Cuando se encontraban a más de 380.000 Km. de sus hogares fue transmitido en buena parte por la cadena CBS (EEUU), al tiempo que se emitían imágenes en directo de la Luna. Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders habían preparado un mensaje especial para el día de Nochebuena basado en la lectura de los primeros versículos del Génesis. Un verdadero acto de fe en la creación de Dios. Expresando su admiración ante las maravillas del Cosmos y reflejando la grandeza de su Creador lo enviaron a toda la Tierra en aquella Navidad de 1968 con estas palabras:

Astronauta William Anders:
“Nos acercamos ahora al amanecer lunar y, para toda la gente de la Tierra, la tripulación del Apolo VIII tiene un mensaje que queremos enviarles:
En el principio Dios creó el Cielo y la Tierra. La Tierra no tenía forma y estaba vacía, y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: ‘Sea la luz’, y fue la luz. Y Dios vio que la luz era buena, y Dios dividió la luz de las tinieblas”.

Astronauta Jim Lowell:
“Y Dios llamó a la luz ‘día’, y a la oscuridad ‘noche’. Y fue la mañana y la tarde del primer día. Y Dios dijo: ‘Que haya un firmamento entre las aguas y que divida unas aguas de otras’. Y Dios hizo el firmamento y dividió las aguas debajo del firmamento de las que están arriba, y así fue hecho”.

Astronauta Frank Borman:
”Y Dios llamó al firmamento ‘Cielo’. Fue la mañana y la tarde del segundo día.
Y dijo Dios: Que las aguas de los cielos se reúnan en un lugar y que surja tierra firme; y fue hecho. Y Dios llamó al terreno seco ‘tierra’, y la masa conjunta de las aguas se llamó ‘mar’, y Dios vio que era bueno.
Y por parte de la tripulación del Apolo VIII terminamos diciendo: Buenas noches, buena suerte, Feliz Navidad y que Dios les bendiga a todos, todos ustedes en la buena Tierra.


Mensaje de Navidad de 1968 transmitido a toda la Tierra por los tripulantes del Apolo VIII mientras orbitaban alrededor de la Luna.

En el año 2008, con motivo de la celebración del 40 aniversario de su viaje a la Luna, la tripulación del Apolo VIII habló sobre como se gestó la idea de aquella celebración de la Navidad dirigida a todo el orbe. El comandante Borman recordó: “Nos dijeron que durante la Nochebuena íbamos a tener la audiencia más grande que jamás hubiera escuchado una voz humana. La única instrucción que recibimos de la NASA fue que hiciéramos algo apropiado”. Una frase que su compañero Lowell completó diciendo: “Los primeros diez versos del Génesis hablan del origen de muchas de las religiones del mundo, no solo la cristiana. Hay más gente que cree en otras religiones que cristianos en el mundo. Esto podría ser apropiado para el momento. Y así fue cómo pasó”. Fue el contrapunto de una misión que también se hizo famosa por la icónica imagen de la Tierra emergiendo de la oscuridad, que dio una nueva perspectiva a toda la Humanidad del planeta en que vivimos. Tomada por su compañero Anders, éste añadió: “Pese a todo el entrenamiento y preparación efectuados para una exploración de la Luna, los astronautas acabamos descubriendo la Tierra”.

Y entonces, añadimos nosotros, desde un sitio tan lejano de la Tierra se ‘descubrió’ a Navidad, una de las tradiciones más universales, llena de emociones, añoranzas, alegría y esperanza. Un año más y la Navidad llama a nuestra puerta. Como dice la leyenda: “Hace muchos, muchísimos años, un Niño nació en un pesebre…”. La Navidad ya está aquí. Sea bienvenida.


Felicidad, bienestar y las cosas importantes de la vida

noviembre 29, 2017

Felicidad y bienestar son dos conceptos que muchas veces se confunden. Bienestar, en sentido breve y estricto, es sentirse bien o satisfecho con uno mismo, o con la vida que le ha tocado vivir. Es un estado de satisfacción personal, de comodidad, que considera positivos aspectos como la salud, el éxito social, económico y profesional, la alegría de vivir, la armonía con uno mismo y su entorno y la sensación de haber logrado alcanzar ciertas metas. Sin embargo, la felicidad suele ir aparejada a una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría, cuyo grado han tratado de ‘formalizar’ algunos psicólogos mediante distintos tests; incluso la han llegado a definir como una medida de bienestar subjetivo (percibido solo por la propia persona) que influye en las actitudes y comportamiento. Aquellas personas que tienen un alto grado de felicidad suelen mostrar un enfoque positivo del medio en que se mueven, sintiéndose motivadas para conquistar nuevas metas.

Todo esto viene a cuento porque circula por Internet un interesante vídeo titulado “Una verdadera lección para una vida más feliz”, donde un profesor se dirige a sus alumnos y les habla de las cosas importantes para intentar ser feliz. Lo cuenta más o menos así:

Un profesor saca un tarro vacío y comienza su clase diciendo:
Todos tenemos esta vida para vivirla, sombras fugaces existen en todas ellas.
En este vasto universo tenemos la capacidad para lograr cualquier cosa.
Verdaderamente cualquier cosa, si invertimos nuestro tiempo de manera inteligente.

A continuación, introduce unas pelotas de golf en el tarro hasta que aparentemente se llena y pregunta:
¿Está el tarro completo?
Si.
Contestan los alumnos.
Entonces el profesor coge unos cuantos guijarros, los echa al frasco entre sus huecos hasta que se llena y pregunta:
¿Y ahora está lleno el tarro?
Si.
Contestan de nuevo los alumnos.
Saca entonces un bote con arena, lo echa hasta que se llena, y mientras los alumnos sonríen pregunta:
¿Está lleno el tarro?
Si.
Contestan una vez más sonriendo.
Finalmente saca una botella de cerveza, la echa en el tarro hasta que se llena, y dice:

Ahora quiero que reconozcan que este tarro representa sus vidas. Las pelotas de golf son las cosas importantes: familia, amigos, salud y pasiones. Los guijarros corresponden a las demás cosas importantes: coche, trabajo, casa. La arena es todo lo demás, las cosas simples de la vida.
Ahora bien, si pones la arena en el primer lugar del tarro no habrá lugar para los guijarros o para las pelotas de golf.
Lo mismo ocurre en la vida. Si gastas toda tu energía en las cuestiones pequeñas no tendrás tiempo para lo realmente importante. Lo que verdaderamente importa
Presta atención a las cosas que son básicas para tu felicidad. Cuida primeramente las pelotas de golf, las cosas realmente importantes.
Evalúa tus prioridades porque todo lo demás es simplemente arena.

Entonces un alumno levanta su mano y le hace una pregunta al profesor:
Profesor: ¿Qué representa la cerveza?
A lo que el profesor contesta:
Me alegra que pregunte. Viene a mostrar que no importa lo ocupado que estés, lo ocupada que aparente ser tu vida, porque siempre habrá un hueco para tomar un par de cervezas con un amigo.


Vídeo “Una verdadera lección para una vida más feliz”.

El doctor Albert Figueras, médico, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, consultor de importantes organismos internacionales, escritor, especialista en bienestar, comenta en una entrevista cosas muy interesantes sobre ambos conceptos: felicidad y bienestar. Entresacamos algunas frases:

“El ser humano debe aprender a disfrutar de las pequeñas grandes cosas que existen, aunque cueste reconocerlas”.

“Desde un punto de vista neurológico, la felicidad es un estado momentáneo en el que el ser humano se siente bien. La felicidad pasa casi desapercibida, por eso hay que estar atento de vivir el momento presente en toda su dimensión y con todos sus sentidos para que cuando llegue no se nos escape. La gente suele vivir pensando en el futuro y se olvida de que lo único que está viviendo es el momento presente. La gente espera una felicidad eterna y no existe”.

“Cada uno debe buscar la fórmula que mejor le funcione. Si alguien te dice cómo hacer para conseguir la felicidad, seguramente le esté dando la suya propia, y difícilmente servirá a otra persona. Lo único que vale es saber cómo respondo yo a un estímulo en concreto. Identificar cómo y cuándo me siento bien y por qué”.

“Bienestar es química y se llama oxitocina, que es la hormona de la calma, del amor y la sanación. Se ha demostrado que existen placebos personales que nos la disparan. Cada uno debe encontrar los propios. Podría ser, por ejemplo, correr bajo la lluvia, leer un libro o ver cualquier película con la persona que amas al lado”.

“A veces no establecemos el baremo de la felicidad en nosotros mismos sino en los demás, y queremos ser tan felices o más que éste o aquél y es imposible. Nos creemos que los demás son bastante más felices de lo que en realidad son. Además, nos han vendido una gran felicidad que no existe. Vivimos presos de una cárcel mental por la educación que hemos recibido, por nosotros mismos, por las personas que nos rodean. Hay parejas que no funcionan y permanecen juntas años tras años”.

“Hay que optimizar la vida para sacarle el máximo partido observando y experimentando. Hay que crear, reírse, jugar, observar, saber que la vida está llena de incertidumbres, y ser conscientes de que no siempre es bonita. Porque es algo inherente a la vida y a la felicidad. El problema está en que el ser humano está educado para evitar el dolor a toda costa. Por eso muchas veces busca un atajo, como las drogas, o depender de otras personas, de situaciones o de costumbres. Vivimos presos de una cárcel mental que no tiene rejas”.

“La solución está en olvidarse del pasado. Lo pasado, pasado está. Y el futuro, ya llegará. Este momento, el que estás viviendo ahora, huele a algo, sabe a otra cosa, hay risas, lágrimas, alegrías, penas, caricias, golpes, calma, tempestades. Reírse, abrazarse, oler una fragancia determinada o escuchar una canción en particular no son sólo un ejercicio placentero, sino que son sanadores y reducen el dolor y la ansiedad”.

“Antes asociábamos felicidad con tener la mejor televisión del mercado. Tal vez ahora la gente se dé cuenta de que estar con la persona que quieres viendo una película una tarde cualquiera es uno de los mayores placeres con que te puede obsequiar la vida”.

Confundir felicidad con bienestar, incluso con el éxito, es muy común. De hecho, todos lo hemos hecho alguna vez sin ser conscientes de ello. Es verdad que existen vínculos que los interconexionan, pero también bastantes diferencias. Si se quieren alcanzar o al menos intentarlo, es muy importante distinguirlos, conocer su significado. De esa manera se evitarán confusiones.

El éxito consiste en alcanzar determinados objetivos y por lo general es tangible. Además de poder medir o estimar en muchos casos, también se puede gestionar. El concepto bienestar está relacionado con conseguir un estado en el que uno se siente bien, disfruta, y lo hace en medio de sensaciones agradables. Tiene mucho que ver con su propio nombre: ¡estar bien! Además, al igual que el éxito, se puede gestionar. Sin embargo, lo que se entiende por felicidad es mucho más complejo. Más profundo. No tiene una definición concreta. Solo se puede conocer a través de la experiencia personal. Tiene mucho que ver con el momento presente. ¡El ahora! Por eso es tan distinta del bienestar y el éxito, estados que se pueden alcanzar si se manejan bien. La felicidad solo existe en el presente. De ahí que cada persona tenga su propia definición.


La sequía en España, los otros recursos hídricos

octubre 30, 2017

A finales de septiembre terminó, y lo hizo con cifras preocupantes, lo que en el argot científico se denomina ‘año hidrológico’, período que mide las precipitaciones habidas en los últimos 12 meses. Los resultados han sido malos, muy malos, los peores del último lustro. Se puede afirmar que la sequía y la falta de agua en los embalses superficiales se han instalado en España.

Antes de proseguir conviene aclarar como se determina una situación de sequía, algo que ocurre cuando durante un periodo de tiempo el valor de las precipitaciones es inferior a lo que se considera ‘normal’. En principio la causa inicial es la escasez de lluvias (sequía meteorológica), que a su vez provoca una insuficiencia de recursos hídricos (sequía hidrológica), justo lo que ha sucedido en el período que abarca desde el 1 de octubre de 2016 al 30 de septiembre de 2017. Según AEMET (Agencia Española de Meteorología) el año se ha cerrado con un valor medio de 550 litros/m2 para el conjunto de España, un 15 % inferior a la media histórica (‘normal’) del período 1981-2010 que está en 648 litros/m2. Y lo que es peor, al contrario que otras ocasiones, se ha notado en la mayoría de las cuencas de nuestro país. Basta observar los pantanos con sus embalses bajo mínimos o los cortes de agua obligados por una situación complicada. El nivel de reserva es tan bajo que han salido a la superficie pueblos que llevaban tiempo sumergidos bajo el agua. Con una primavera seca, muy seca, se ha llegado al extremo de que muchas regiones del Norte como Galicia, Asturias o Cantabria se han incorporado a la situación de déficit de lluvias, algo no habitual en comunidades que siempre han actuado de contrapeso. En realidad el problema no es de ahora, España lleva con un valor de las precipitaciones inferior a lo normal desde el año 2014, incidiendo de forma directa en la cantidad de agua embalsada y provocando que la sequía meteorológica desemboque sin remedio en una sequía hidrológica.

Una pregunta que mucha gente se hace, y con difícil respuesta, es: ¿Cada vez va a llover menos en nuestro país? A pesar de que los pantanos se encuentran al 39 % de su capacidad, el más bajo de la última década, los expertos señalan que las estadísticas no lo dicen todo. A decir verdad, en el año 2006 se registró un porcentaje menor y en los últimos 27 años (desde 1990) lo hizo en seis ocasiones; si bien en estos casos, amén del ‘cambio climático’ que cada vez tiene más importancia, tuvieron también incidencia, sobre todo en los años 90, las fuertes pérdidas en las redes de abastecimiento, mucho mayores que en la actualidad. Otro aspecto a considerar es que España siempre ha tenido un comportamiento cíclico con las sequías, pues ha habido temporadas largas de sequía (hasta dos lustros) que luego se han recuperado. Quizás lo más llamativo de la sequía actual es que ha afectado a zonas del Norte, incluso Centro y algo menos al Sur, motivo que tiene un poco desconcertados a algunos científicos de que pueda ser para siempre; es decir, que sea irreversible o no.

Situación del agua embalsada por cuencas a fecha 1ª semana de octubre 2017.

En la actualidad en casi todas las cuencas españolas existen áreas de clara preocupación por la sequía, aunque es preciso aclarar que para conocer el estado de una cuenca el dato del porcentaje de agua embalsada en los pantanos es solo uno de los indicadores. Pero no el único. Es muy común pensar que debajo del suelo no existe nada, que fuese impenetrable. ¡Como si no hubiera más recursos hídricos disponibles! Francisco Turrión, hidrogeólogo de la Confederación Hidrográfica del Segura, señala al respecto: “Evaluamos la sequía en función de los embalses superficiales y no contamos con el agua subterránea”. Y añade una interesante reflexión con datos que pueden sorprender a más de uno: “Si en estos momentos se preguntase por la situación de Mallorca, a pesar de que allí no existen embalses superficiales, se diría que sus recursos hídricos estarían al 80 %. No deja de ser curioso que cuando se traslada esa misma pregunta a la península, no se sabe muy bien por qué, no se refleja esa doble información y se hace únicamente referencia a la situación en nuestros pantanos”. Quizás se deba a la ‘tradición’ de nuestro país de una política hidráulica basada en construir embalses, presas, etc., con escasa o muy poca información o especialistas expertos en incluir la aportación debida a las aguas subterráneas. Sin embargo, en las Islas Baleares como no hay posibilidad de trasvases, ni tampoco construir embalses porque el terreno es muy poroso, ya se han acostumbrado y se abastecen y viven de las aguas subterráneas. A la vista de todo lo expuesto, parece lógico incidir en que cuando se analice la situación en la Península se deberían incluir los dos aspectos: los embalses superficiales (pantanos) que en la actualidad se encuentran al 39 % de su capacidad y los embalses subterráneos al 70 %, por indicar una cifra solo como ejemplo, Por tanto, se plantean algunas preguntas acerca de la política ‘tradicional’ que nos ha venido tan bien en todo este tiempo al permitir superar algunos déficits hídricos propios: ¿Podríamos decir que está obsoleta? ¿Habría que cambiarla y pensar en explotar más los acuíferos de otra manera? La respuesta es si y además utilizarlos de forma sostenible.

Pantano del Ebro. Torre de la antigua iglesia de Villanueva en las Rozas de Valdearroyo, pueblo cercano a Reinosa.

En general, los acuíferos tienen dos componentes: uno el agua embalsada y otro los recursos renovables; o lo que es lo mismo el agua que entra y sale. Se suele tener una idea equivocada al creer que todos los acuíferos desembocan en los ríos. En parte es cierto, pero también lo es que existe un flujo subterráneo, sobre todo en las cuencas mediterráneas que son calizas, porosas o con oquedades, que no pasa por los ríos, sino que va directamente al mar. Se trata de lo que en el argot técnico se denomina SGD (flujo subterráneo), que no es más que la descarga subterránea submarina y que en el Mediterráneo, según recientes estudios de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales del la Universidad Autónoma de Barcelona, está entre 1 y 15 veces el flujo fluvial. Así por ejemplo, señala Francisco Turrión, por cada río Segura o Júcar hay al menos otro o más (hasta 15) que está yendo al mar de forma subterránea. En concreto, en el plan hidrológico del Júcar se señala que van al mar de forma subterránea 535 hectómetros. Más que el trasvase Tajo-Segura.

Se conoce bien como se recarga un embalse superficial: ¡con la lluvia! Sin embargo, y aunque solo sea por mera curiosidad, una de las dudas que le surgen a la persona de la calle es como lo hacen el resto de los acuíferos. Si como parece la tendencia es que cada vez llueva menos en la península Ibérica se nos plantea un problema importante. Un problema de orden de magnitud. Y no solo en un tipo de acuífero, sino en todos ellos. Se suele pensar que los acuíferos son como pequeñas balsas que tienen agua, que en cuanto se utilicen lo normal es que se sequen. Sin embargo, el Instituto Geológico y Minero en diferentes estudios ha reflejado que la cuenca del Segura tiene 100.000 hectómetros embalsados, 100 veces más que los pantanos superficiales. Entonces… ¿cómo se recargan los distintos acuíferos? La respuesta es obvia: ¡también por la lluvia! Pero con un aspecto fundamental que no se suele tener en cuenta: ¡la normativa obliga a calcular lo que se conoce como las transferencias laterales! A los acuíferos no solo les llega el agua que les cae de encima, ni el agua de retorno de regadío, sino que del acuífero vecino también le está entrando lateralmente un flujo importante, a la vez que por si mismo está cediendo otra parte. ¡Y así hasta llegar al mar! Por tanto, se puede afirmar que en la mayoría de los casos no se ha cubicado bien su situación real. Por poner un ejemplo, es el caso de la cuenca del Segura, aunque si se ha tenido en cuenta en el plan hidrológico del Júcar.

Distribución y gestión de los distintos recursos hídricos.

Existe también una gran confusión sobre como son los acuíferos. Por hacer más descriptiva la explicación, en general se supone que se parecen a una piscina donde si se coloca la mano en el borde de un extremo y le faltan, por ejemplo, 20 cm. para llegar al agua, en el lado opuesto ocurrirá lo mismo. Pues bien, no es así. En la mayoría de ellos el agua funciona por presión. Así, si por ejemplo se hace un pozo a 300 m. de profundidad atravesando un material impermeable de rocas sedimentarias, pero a 1,70 m. se tropieza con una caliza con agua a presión, y esa caliza se mueve y se sitúa a 1,80 m. de la superficie, nos podemos hacer las siguientes preguntas con sus respuestas aclaratorias. ¿Donde se encuentra el acuífero?: a 1,70 m. ¿Donde se está tocando el agua?: a 1,80 m. Si entonces se bombea ese agua, lógicamente el nivel de 1,80 irá bajando situándose poco a poco a 1,81, 1,82,… 1,90… en una gráfica descendente si continúa la operación. ¿Quiere decir esto que se ha secado el acuífero? No. ¿Qué es lo que ha bajado? La presión ¿El acuífero donde se encuentra? A 300 m., profundidad inicial del pozo ¿Cómo está? Lleno. Lo único que ha ocurrido es que la presión con la que ascendía el agua la hacía llegar al inicio a 1,70, luego a 1,80 y sucesivamente bajando según se iba bombeando. Existe un error muy común en la interpretación de estas gráficas al pensar que su sentido descendente es similar al de un embalse. No es así: ¡el acuífero sigue lleno!, solo se debe a la presión con que sube el agua.

La situación de sequía no sería tan grave si se gestionaran bien los recursos hídricos disponibles. Es totalmente ficticio hacer una valoración solo en función de los embalses superficiales y no contabilizar o tener en cuenta el agua de los acuíferos subterráneos. Además se deberían utilizar todos de forma sostenible. ¿Por quien? Por el Estado que al ser el responsable de la gestión de los embalses superficiales debería serlo asimismo del agua subterránea. En un ejemplo real Francisco Turrión señala: “En el año 2004-2009 en la cuenca del Segura con una sequía como la actual se hizo una batería de pozos y gracias a ella se movilizaron 135 hectómetros, agua que se puso a disposición del río y las acequias y no hubo manifestaciones ni problemas. Ese sistema gestionó por tanto 135 hectómetros más. Esos pozos se hicieron hace 10 años. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos aprendido la lección y hecho más pozos? La respuesta parece evidente”.

Una de las mayores dificultades que siempre ha tenido la estructura hidrológica de nuestro país es su desigualdad. En España, hasta este año en que el tiempo de lluvia está siendo catastrófico en la mayoría de los sitios, cae suficiente agua (aunque lo suele hacer más en el Norte) para toda la península, pero se distribuye mal. Según lo reflejado en apartados anteriores, parece que explotar los acuíferos (subterráneos), además de ser más igualitario, permitiría desechar la idea de que el agua se reparte de manera poco entendible. Así como hay una parte de España mucho más húmeda, también existe otra distinta, más permeable, que curiosamente se encuentra en la parte oriental, próxima a la costa del Mediterráneo, y otras zonas impermeables que son precisamente las que tienen menos agua en sus acuíferos, salvo la cuenca del Duero y alguna otra como la parte fronteriza con Portugal. No se está hablando de coger el agua fluvial, el agua subterránea que se va a drenar del río, sino de hacer pozos a 300-400 m. de profundidad cementando la parte superior para de esa manera alcanzar el flujo subterráneo (SGB) que estamos perdiendo o  tirando al mar. No se trata de ninguna teoría; como se ha dicho: se ha hecho y se ha comprobado. Afirma el profesor Turrión: “Cuando medimos el nivel de agua en esos pozos, en esos embalses subterráneos que tienen agua a presión, vemos que a lo largo de los últimos 40 años no han variado. Por tanto tenemos ese potencial para compaginarlo con las aguas superficiales de los pantanos y con las aguas desaladas. Es decir, en la cuenca del Segura se podría ser perfectamente autosuficiente utilizando el agua desalada y las aguas subterráneas de los acuíferos inferiores”.

Evolución media anual de la capacidad de los en España. Período 1990-2017.

Aunque estén relacionados, la escasez de agua y la sequía son fenómenos diferentes, que además se pueden agravar en función de su impacto individual. La escasez se produce donde no hay suficientes recursos hídricos disponibles para satisfacer las demandas de agua a medio o largo plazo y la sequía se considera como una disminución temporal de la disponibilidad de agua por falta de precipitaciones. El año hidrológico 2017 (1 octubre-30 septiembre) ha concluido con un 14 por ciento menos de lluvia de lo ‘normal’ agudizando la situación de sequía en toda España. Es hora de empezar a hablar de los embalses subterráneos como una fuente más a utilizar. Un recurso que nunca se ha tenido en cuenta en los datos aportados y mucho menos lo que supondría su explotación de manera sostenible cuando se habla de sequía.


La edad y el tiempo según Galileo y Saramago, interesante reflexión

marzo 13, 2017

La edad y el tiempo, dos conceptos en cierto modo complementarios, a veces pueden parecer contrapuestos. Una extraña paradoja. Decimos esto porque hay quien defiende, la mayoría, que: “La edad se puede medir o definir como el tiempo ya vivido”, mientras que otros, los menos, piensan que: “La edad debe ajustarse al tiempo que nos queda por vivir”.

sin-titulo-1Entre los partidarios de medir la edad “según el tiempo que queda de vida y no por el tiempo vivido” dicen que se encuentra Galileo Galilei (1564-1642), célebre astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano. O al menos así lo cuenta Daniel Martínez (argentino, conductor del programa de radio ‘Buenas Compañías’) en su audio-libro “Entre tú (vos) y yo” donde dice:

En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: ¿Cuántos años tiene el señor?, 8 a 10 respondió Galileo en evidente contradicción con su barba blanca. Todos se miraron como asombrados por la edad que había dicho que tenía, pero él al darse cuenta les explicó:
“Tengo en efecto queridos amigos los años que me quedan de vida, los vividos ya no los tengo como no se tiene las monedas que se han gastado”.

Una respuesta de Galileo a la que Daniel Martínez acompaña con una reflexión:
“Es asombrosa esta respuesta de Galileo. En realidad yo quería preguntarte a ti: ¿Cuántos años tienes? Pero que me respondas como Galileo, no los que has vivido, porque esos los has gastado como el dinero que pasó por tu bolsillo.
¿Cuántos años tienes? ¿Cuántos crees que tienes por vivir? ¿Cuánto de tu vida activa? ¿Cuánto de tu vida pasiva? ¿Cuánto de tu sexo pleno? ¿Cuántos te quedan?
Y entonces…, ahora que en tu mente estás como esbozando una respuesta te digo… ¿Qué es lo que haces con ellos? ¿Qué haces con los días, los minutos y las horas que son los únicos e irrepetibles que te quedan en cada momento? ¿Cómo los gastas? ¿Cómo los utilizas? Vanamente los hombres a veces creen que el tiempo pasa… sin darse cuenta que los que pasan… son ellos.
Aprovecha el hoy… deja el ayer… no esperes el mañana que quizás nunca llegue, se realista, elegí el aquí y ahora y de ahí toma lo mejor para vos, y para los demás también, no lastimes ni te lastimes, no pierdas tu vida…”.

Hay estudios que sugieren que factores como la salud y la capacidad del individuo se deben tener en cuenta para determinar si una persona se tiene que considerar o no ‘vieja’ recomendando evaluar la edad, y por tanto el tiempo que queda de vida, en esa línea en contraposición a lo considerado ‘normal’ en la sociedad actual que lo establece al cumplir 65 años, finalizada la etapa laboral de la persona y su paso a la situación de jubilación. Son ya muchos los investigadores que afirman que la vejez en realidad es un estado de ánimo y que, felizmente, el aumento en la esperanza de vida gracias a los adelantos de la medicina y que las personas siguen modos más saludables son un proceso que las hace más capaces y en muchos casos más ‘jóvenes’ en diferentes aspectos. sin-titulo-2Algunos organismos internacionales se están empezando a plantear nuevas formas de medir el envejecimiento, en especial para realizar extrapolaciones de población más allá del año 2050.

A este respecto, José Saramago (1922-2010), escritor y poeta portugués, premio Nobel de Literatura 1998, en un espléndido poema nos habla de sus sentimientos sobre la edad y el tiempo. Dice así:

¿Qué cuántos años tengo?/ ¡Qué importa eso!/ ¡Tengo la edad que quiero y siento!/ La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo,/ sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos/ y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!/ ¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo/ otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo,/ ni lo que la gente dice,/ sino lo que mi corazón siente/ y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios/ para gritar lo que pienso,/ para hacer lo que quiero,/ para reconocer yerros viejos,/ rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir:/ ¡Estás muy joven, no lo lograrás…/ ¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas/ se miran con más calma,/ pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,/ se empiezan a acariciar con los dedos,/ las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,/ a veces es una loca llamarada,/ ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada/ y otras… es un remanso de paz,/ como el atardecer en la playa…
¿Qué cuántos años tengo?/ No necesito marcarlos con un número,/ pues mis anhelos alcanzados,/ mis triunfos obtenidos,/ las lágrimas que por el camino derramé/ al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta,/ sesenta o más! Pues lo que importa:/ ¡es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Este pensamiento de Saramago nos invita en cierta manera a preparar esa etapa de la vida de la que hasta no hace mucho se decía… ‘envejecer’. Una lección de ilusión para llegado el momento. Toda una oportunidad para valorar otros aspectos que ofrece la vida: nuevas costumbres, personas, sociedad,… Algo muy importante para no entrar en lo que Azorín definió como… “La vejez es la pérdida de la curiosidad”.

edad-04Las medidas tradicionales sobre la edad clasifican a la gente simplemente como ‘vieja’ a una edad determinada. A menudo al cumplir los 65 años. Sin embargo, Sergei Scherbov, reconocido especialista en análisis demográfico y proyección de la población, líder del World Population Program (POP) (Programa Mundial de la Población) en IIASA (Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados), afirma que: “Lo que consideramos viejo ha cambiado con el tiempo, y tendrá que seguir cambiando en el futuro a medida que la gente viva vidas más largas y saludables. Alguien que tiene 60 años hoy, yo diría que es de mediana edad. Hace 200 años, un hombre de 60 años de edad sería una persona muy vieja”. Asimismo, Warren Sanderson, profesor de Economía e Historia de la Universidad Stony Brook, colaborador también del programa POP en IIASA, mantiene que: “El comienzo de la vejez es importante porque se utiliza a menudo como un indicador del aumento de la discapacidad y la dependencia, y la disminución de la tasa de actividad. Ajustando lo que consideramos que es el comienzo de la vejez cuando estudiamos diferentes países y períodos de tiempo es crucial tanto para la comprensión científica del envejecimiento de la población como para la formulación de políticas coherentes con nuestra situación demográfica”. El propio Scherbov, en una nota de prensa de IIASA, dijo: “Cuanto más rápido es el aumento de la esperanza de vida menor es el envejecimiento que está sucediendo en la realidad”. Algo que investigaciones anteriores ya habían demostrado al incidir en que la definición tradicional pone a muchas personas en la categoría de ‘viejas’ en una determinada edad cuando en realidad tienen las características de personas mucho más jóvenes.

Como alguien dijo acerca de la edad y el tiempo según lo expresado por Galileo Galilei:
“Crecemos en sabiduría si valoramos el tiempo como Galileo. Decimos con asombro: ¡Cómo pasa el tiempo! Pero en realidad somos nosotros los que pasamos. El astrónomo italiano sabía que acá estamos de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera. La certeza de que nuestro caminar terreno tiene un final, es el mejor recurso para valorar más cada minuto. Así podemos aprovechar lo único que tenemos: ¡El presente!

¿Cuántos años tienes? y ¿Qué vas a hacer con ellos?
Disfruta cada día como si fuera el último. El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado. Aprovecha el hoy.


La cultura de bar y la transversalidad

febrero 20, 2017

El concepto transversal o transversalidad es un calificativo que designa a todo aquello que atraviese, que corte algo por alguna de sus secciones o campos. Una idea que procede de las ciencias exactas. Por ejemplo, en la geometría cuando hablamos de una línea o de un elemento geométrico que se cruza con otro y lo divide en varias partes. La idea de transversalidad sin-titulo-1se ha extendido de tal manera que en la vida real se utiliza para casi todo. Ha pasado a ser aplicada en los más diversos órdenes: desde el científico donde proviene hasta lo más práctico de nuestro ámbito cotidiano.

Uno de los problemas con este tipo de conceptos, si se convierten en ‘universales’, es cuando llegan al campo de la política. Sobre todo si se transforman en corrientes ideológicas que solo buscan fines electorales. Palabras o frases que algunos partidos convierten en su ‘maná’, que suenan muy bien, pero que en muchas ocasiones están vacías de contenido. Son proyectos que trascienden la división entre derecha e izquierda apostando por una nueva ideología que intenta no vincularse con ideas preconcebidas. Movimientos que en su plataforma reivindicativa incorporan tendencias de ambos lados del espectro político tradicional y que dicen defender lo que es más beneficioso para la sociedad sin importar el origen ideológico de sus propuestas.

En la política actual está de moda decir… “¡nosotros somos transversales!” En especial por aquellos partidos que se autodenominan ‘nuevos’ y que, últimamente, conseguidos parte de sus objetivos cada vez se parecen más… a los ‘clásicos’. Casi todos los expertos coinciden arriba-y-abajo-01en que la transversalidad la mayoría de las veces es beneficiosa,… excepto cuando se transforma en ideología. Bastantes ‘politólogos’ la están criticando con dureza al darse cuenta que, transcurrido un tiempo y sus propias contradicciones, en ocasiones solo se trata de una estrategia para atrapar votos a costa de difuminar su verdadero posicionamiento ideológico. Para ello suelen ampararse en el atractivo slogan: “¡De esa manera se toman las propuestas más beneficiosas para la sociedad y los ciudadanos de uno y otro lado del espectro ‘clásico’!” El problema se presenta cuando al enfrentarse con la dura realidad no las pueden llevar a la práctica.

Sin embargo hay que decir que, bajo un punto de vista neutral, la transversalidad tiene amplia aceptación cuando se reivindican aspectos concretos sin que las medidas necesarias para llevarlos a la práctica tengan por qué atribuirse a nadie en particular. Como por ejemplo el ecologismo. Y aún así, todavía existen partidos políticos que, en base a su populismo y a costa de ganar votos, lo siguen incluyendo como uno de los ejes de su programa. Esta estrategia puede resultar útil electoralmente a corto plazo, pero parece complicado recurrir a ella de continuo porque al final el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio. Está demostrado.

Por fortuna, todavía quedan ámbitos de nuestra vida cotidiana en los que se da la transversalidad sin ningún tipo de ‘interferencia’. Uno sin duda es la ‘cultura de bar’, referencia por antonomasia en la sociedad de nuestro país. ¡El bar es el lugar de encuentro que mejor representa la transversalidad! Allí se puede hablar de todo y con todos sin necesidad de sacar a relucir diferencias insalvables. Un sitio de contraste de opiniones en pro de la diversidad que tanto bien hace a la amistad y también a la cultura.

sidreria-marcelino-01Sidrería Marcelino en Oviedo.

Los bares representan un punto de encuentro para personas de toda clase y condición, un espacio para quedar, desconectar, comer o beber, leer la prensa, ver la televisión, jugar a las cartas,… hasta para conectarse a Internet. Los hay por todas partes y tendencias. No es un tópico. España es uno de los países con más bares por habitante donde persiste un enorme aprecio por su cultura. Hay quien dice, con mucha razón, que los españoles son muy sociables. Expertos en sociología afirman que la densidad de bares es uno de sus indicativos. Manuel Delgado, doctor en Antropología y licenciado en Historia del Arte, con trabajos reconocidos sobre la construcción de identidades colectivas en contextos urbanos, señala: “Cuantos más bares, más vida social; cuanto más vida social, más bares”. Es de los que reivindica la vida urbana, la calle, como objeto de investigación científica. Piensa que el espacio público es un lugar de encuentro. Sitios en que uno se topa con gente desconocida, donde puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. Opina que: “La calle funciona como un sistema social, que nos da claves fundamentales para entender el funcionamiento global”. Un especialista en temas urbanos como él cree que los lugares donde no hay bares son lo más parecido a “determinados complejos en los que la gente suele salir poco y la actividad se limita a espacios cerrados al exterior” con todo lo que conlleva de carencia de vida social.

Solo o acompañado, la ‘vida’ en los bares adquiere formas de todos los colores. Desde pasar un rato para tomarse un café, a quedar con los amigos o conocidos para hablar de lo que se tercie. La tertulia de bar es un buen ejemplo de transversalidad. Suele ser espontánea y diaria para regocijo de todos los presentes. Y aunque se procuran evitar, los temas ideológicos ni se eluden ni suelen pasar a mayores. Con gentes de todo tipo, personas que llegan una detrás de otra o a veces en oleadas, cada una con su tema, ¡el bar representa muy bien la transversalidad real! De estratos sociales muy diferentes, si se pone un poco de atención se pueden escuchar opiniones distintas que se suelen respetar, aunque en ocasiones sean objeto de acalorados debates. Muchas veces enconados. El bar es un lugar para ‘ponerse al día’, de darse cuenta de lo que le interesa a la gente.

bar-04Bar-Cafetería Romero (“El Romero”) en Lodosa.

Además de su función lúdica, muchos bares han estado vinculados al mundo cultural y creativo. Grandes figuras de la literatura encontraron inspiración en ellos. Como Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, que pasaba sus horas en el Café Iruña de Pamplona. También fueron famosas sus tertulias como la del Café Pombo, cercano a la Puerta del Sol de Madrid, celebrada cada sábado por el conocido escritor Ramón Gómez de la Serna con sus famosas greguerías, textos breves de una frase en una sola línea que expresan de forma aguda y original pensamientos de todo tipo. O la del Café Gijón, en Recoletos, formada en sus inicios por escritores y artistas de la posguerra civil española. Se puede decir que las tertulias literarias marcaron la primera mitad del siglo XX en muchos bares de España.

Los bares se parecen mucho a los foros de opinión. Espacios de encuentro y convivencia abiertos a todo tipo de clientes. “La densidad de bares indica la sociabilidad de una ciudad” señala el antropólogo Manuel Delgado. Con una clientela fija que en muchos casos supera el 80 %, los camareros son casi como alguien más de la familia. Se les llama por su nombre. Igual que a un amigo. De ahí la confianza mutua.  A diferencia de otros países, en España los bares son el reflejo de un estilo de vida sobre todo familiar y social. Lugares donde uno se siente como en casa sin estarlo. Allí conocemos a otras gentes, nos reunimos con los amigos, con la familia, reímos nuestras anécdotas, nos divertimos,… Son también el punto de partida de cualquier noche de fiesta: “Quedamos en el bar…y luego ya veremos lo que hacemos”. “Salir de bares” es algo que nunca sabes ni como ni a qué hora puede terminar.   La cultura del bar en realidad no es más que el reflejo de una sociedad transversal.


Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

enero 19, 2017

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.