Méjico 68. Bob Beamon y Dick Fosbury, revolución en el salto de longitud y de altura

junio 16, 2017

Los Juegos Olímpicos de Méjico 1968 siempre serán recordados por algunos hechos que causaron auténtica conmoción. La mayoría deportivos. Aunque también los hubo de tintes políticos como el famoso saludo ‘Black Power’ protagonizado por dos atletas negros de EEUU. Desde el mismo anuncio de su candidatura estuvieron envueltos en la polémica. Incluso se llegó a proponer su retirada por entender que competir a 2240 m. de altitud sobre el nivel del mar traería consecuencias negativas para los deportistas, obligando a intervenir a finales de 1967 al propio presidente del COI, Avery Brundage, que manifestó: “Hemos sido criticados por otorgar los Juegos a una ciudad que está a una mejico-68-02milla y media por encima del nivel del mar, pero los Juegos Olímpicos pertenecen al mundo, Norte y Sur, Este y Oeste, caluroso y frío, seco y húmedo, alto y bajo, y Méjico será el primer país de América Latina e hispanoparlante en tener el honor de celebrar los Juegos. En cuanto a la altitud, beneficiará a los atletas en algunos eventos y les dificultará en otros, pero al final es lo mismo para todos, y los objetivos del Movimiento Olímpico no son simplemente romper plusmarcas”. Por fortuna, las tres semanas preolímpicas internacionales organizadas entre 1965 y 1967 acabaron con la controversia. A los atletas se les realizaron todo tipo de mediciones fisiológicas para estudiar el efecto de la altitud y los resultados, que no dejaron duda, fueron avalados posteriormente por el XII Congreso Nacional de Neumología y Cirugía de Tórax diciendo: “ Si un atleta está entrenado debidamente y se le aclimata con la anticipación necesaria, no tendrá ningún problema”.

Pronto se cumplirán 50 años de unos Juegos donde como en otras ocasiones intervino la política. Esta vez sucedió en el podio de los ganadores de la carrera de 200 metros lisos, escenario de uno de los momentos icónicos del siglo XX. Mientras la gente se manifestaba en muchas partes del mundo en contra del apartheid en Sudáfrica y la segregación racial en Estados Unidos, los corredores estadounidenses Tommie Smith (1º) y John Carlos (3º) levantaban su puño envuelto en un guante negro, que representaba la pobreza de su raza, al comenzar a sonar el himno nacional de su país en muestra de solidaridad con las personas que luchaban por los derechos humanos. Al acabar la ceremonia, después de su saludo conocido como ‘Black Power’, ambos atletas fueron abucheados por el público y expulsados de los Juegos. También el australiano Peter Norman (2º) fue denigrado más tarde en su país por portar en el mismo acto, al igual que los otros dos atletas, una placa del OPHR (Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos) como símbolo de apoyo.

Bastantes años después, Tommie Smith, que como ya hemos dicho había sido en esos Juegos el primer atleta en correr los 200 m. lisos en menos de 20 segundos (19,83), confesaba, entre otras cosas, en una entrevista:

black-power-mejico-68¿Qué os dijisteis entre vosotros, John Carlos, Peter Norman y tú, antes de subir al podio?
“Tuvimos una conversación larga y difícil. Norman expresó su idea de los derechos humanos. Cuando subió al podio llevaba una chapa del OPHR como símbolo de su creencia en los derechos humanos. No los derechos de los negros en este país, sino los derechos humanos, y eso incluye los derechos de los negros. Tommie Smith y John Carlos llevaban la misma chapa, y eso los ligaba a creer en los derechos humanos. Ese hombre hizo una gran carrera. Corrió con gran autoridad, sobre todo los últimos seis metros, y se llevó la plata. Cuando regresó a su país, donde también había problemas con la gente de color, en especial los aborígenes, no fue bien recibido. Lo vilipendiaron por subir al podio con una chapa”.

¿De quién eran los guantes?
“Los guantes eran de Tommie Smith. Yo usé el derecho, y John Carlos el izquierdo. Le di uno a John Carlos porque habíamos hablado de hacer algo y terminó siendo lo de alzar los puños en el aire. Un grito por la libertad, así lo llamo yo. No necesariamente de Poder Negro. Éramos atletas jóvenes y negros los que lanzábamos ese interrogante, y la gente lo empezó a llamar Poder Negro porque creían que estábamos haciendo lo mismo que los Panteras Negras en Estados Unidos”.

Tan solo añadir que el ‘Black Power’ (‘Poder Negro’) fue un eslogan político de varias ideologías asociadas al mismo utilizado por diversos movimientos en defensa de los derechos de las personas de raza negra por todo el mundo, en especial en los años 60 y principios de los 70 por los afroamericanos de los EEUU. Surgió como crítica a la actitud pacifista de otros movimientos similares como el liderado por Martin Luther King que defendía la agitación, pero sin recurrir a medidas físicamente violentas. Luther King nunca se mostró a favor del ‘Black Power’, aunque lo cierto es que su retórica en ocasiones se aproximaba en los principios.

El atletismo siempre ha sido considerado el deporte rey de los Juegos Olímpicos y en Méjico 68 con mayor razón si cabe. La competición en sí ya fue una auténtica revolución. Por primera vez se utilizó tartán en las pistas, fibra de vidrio en las pértigas, colchonetas de espuma para la caída del salto, el cronometraje electrónico de manera oficial o el sistema de filmación  ‘Photosprint’ para decidir el ganador en las llegadas muy apretadas. Otros aspectos como los 2240 m. de altitud anunciaban marcas espectaculares entre las que merece la pena destacar, amén de los 26 récords olímpicos y 15 mundiales, la primera vez que un atleta, Jim Hines (EEUU), bajaba de 10 segundos (9,95) en la carrera de 100 m. lisos o Tommie Smith (EEUU) lo hacía a su vez de 20 segundos (19,83) en los 200 m. lisos. Y así hasta un largo etcétera. Aunque si por algo se recordarán estos Juegos será por el asombro que causaron en todo el mundo las pruebas de saltos de longitud y de altura.

bob-beamon-01Bob Beamon en Méjico 68 en uno de sus saltos en la prueba de salto de longitud.

El record de mayor calidad sin duda se produjo en el salto de longitud. Protagonizado por Bob Beamon (EEUU) con sus estratosféricos 8,90 m. fue considerado como el ‘salto del siglo’. Poseedor de la mejor marca mundial del año (8,33) era el favorito para vencer en la prueba, pero lo que nadie podía pensar era que su carrera de 19 zancadas acabase en un salto que superaba en más de 50 cm. el record anterior. ¡Una barbaridad! Fue un salto perfecto al que también contribuyó el viento que soplaba a la máxima velocidad permitida (2 m/seg). Nada más conocer su proeza, Beamon se abrazó a todos sus rivales y caía al suelo preso de emoción por algo parecido a un ataque cataléptico. Había accedido con muchas dudas a la final el día anterior, pues durante la calificación sus dos primeros saltos fueron… ¡nulos! Sin embargo, al día siguiente, ya entre los mejores, su gran momento llegó pronto. En el primer intento… ¡se elevó como nunca! Enseguida se dio cuenta, pero ni por asomo pensaba llegar a algo tan extraordinario. Una hazaña que nadie podía creer en un primer instante. Ni el propio Beamon ni tampoco los jueces, que retrasaron mucho el anuncio en el marcador, entre otros motivos por no disponer en aquel momento del material adecuado para medir un salto tan largo. Lo tuvieron que hacer varias veces, discutieron entre ellos, comprobaron que la velocidad del viento era la permitida, y finalmente los 8’90 m. derrumbaron de emoción y admiración a todo el mundo. Fue tan extraordinario que a partir de entonces se acuñó el término ‘Beamonesque’ para referirse a cualquier hecho espectacular, fuera de lo común, en las pruebas de atletismo.

Dos días más tarde, Dick Fosbury (EEUU) dejaba también asombrados a sus rivales por la forma insólita de ejecutar el salto de altura. Hasta entonces, todos los saltadores lo habían hecho con las técnicas del estilo ‘tijera’, ‘rodillo costal’ o ‘rodillo ventral’ corriendo siempre de cara al listón al que atacaban en línea recta. En los inicios de de esta disciplina a comienzos del siglo XIX los primeros saltadores lo franqueaban con el estilo ‘tijera’, que consistía en tras una corta carrera afrontar el listón con un movimiento de ‘tijera’ en las piernas, pasando primero una y luego la otra, con el que se llegó hasta una altura de 1,97 m. Más tarde, se introdujo la primera mejora con el ‘rodillo costal’ (o ‘californiano’) donde el atleta ‘rueda’ lateralmente sobre el listón y con el que se consiguió superar la barrera ‘psicológica’ de los 2,00 m. Finalmente, el último avance antes de llegar al ‘Fosbury Flop’ de Méjico 68, fue el ‘rodillo ventral’, un perfeccionamiento del ‘costal’, en el que el atleta ataca al listón de frente, se sitúa sobre él, pasa primero una pierna y un brazo y luego gira sobre su propio cuerpo antes de iniciar la caída una vez rebasado.

sin-titulo-1Evolución a lo largo del tiempo de los distintos estilos en la disciplina de salto de altura.

En los Juegos de Méjico 68 ocurrió una autentica revolución en el salto de altura. El estadounidense Dick Fosbury siempre había creído que su peculiar forma de salvar el listón era mucho más técnica y efectiva que los diferentes estilos practicados hasta entonces. De hecho lo llevaba haciendo desde los 16 años en su época de estudiante en la Universidad de Oregón. Había desarrollado un estilo inédito, con el con el que ganó el título universitario y trials de preselección para los Juegos, que consistía en “coger carrera de forma transversal para, poco antes de llegar al listón, girarse y atacarlo de espaldas con el brazo extendido, pasar primero la cabeza, luego el cuerpo, y por último los pies también extendidos”. Sin embargo, lo que hoy se considera de lo más normal (todos los saltadores lo hacen así) en Méjico 68 causó el asombro general. Nadie había visto algo similar,… ¡iba contra todas las ‘reglas’! Pero Fosbury, que no era favorito, con su estilo propio saltó a la primera las diferentes alturas hasta llegar a los 2,24 m., que superó al segundo intento logrando la medalla de oro y un nuevo récord olímpico a tan solo a cuatro centímetros del record mundial en poder del soviético Valery Brumel con 2,28 m. Un resultado impresionante que cambiaría para siempre la disciplina del salto de altura con una técnica nunca vista. Un Fosbury que se había presentado, como la mayoría de los atletas, con la esperanza de hacerlo lo mejor posible y del que nadie esperaba compitiese de forma tan poco ortodoxa. Causó tal revuelo durante las pruebas de calificación que fue considerado un ‘’excéntrico’. Sin embargo, más tarde nadie quiso perderse ninguno de sus saltos convirtiéndose en la atracción de la prueba y derrotando al ruso Gavrilov, el gran favorito, que se quedó en los 2,20 m.

dick-fosbury-04Dick Fosbury en Méjico 68 pasando el listón en la prueba de salto de altura.

A pesar de su gran éxito, la carrera deportiva de Dick Fosbury duró muy poco. Después de los Juegos de Méjico 68 (contaba entonces 21 años) apenas se le volvió a ver por las pistas algunos años más. Nada más conquistar su medalla anunció en rueda de prensa de forma un tanto premonitoria: ”Mi objetivo era quedar entre los cinco primeros. No estoy preparado para el triunfo y me voy”. Una retirada que fue definitiva tras no lograr clasificarse para los Juegos Olímpicos de Munich 1972. En la actualidad, transcurridos ya muchos años, se puede afirmar con rotundidad que su estilo, el ‘Fosbury Flop’, sigue perdurando. Todos los saltadores de élite lo utilizan. Su mayor eficacia está más que demostrada. Pasado el tiempo, en 1988, Fosbury hizo unas declaraciones sobre las ‘sensaciones’ del antes y después de su hito histórico en las que decía: “La popularidad actual de mi estilo es un premio maravilloso a cuanto tuve que aguantar al principio con un estilo que no gustaba a nadie. El salto de espaldas ya lo practicaba en el instituto y todos se reían de mí, considerándome un chiflado y algunos como un snob por salirme de las normas conocidas. Hasta que gané en Méjico 1968 pasando a la categoría de héroe”.

Los Juegos Olímpicos de Méjico 1968, el año del asesinato de Martin Luther King, del Mayo del 68 francés, de la Primavera de Praga, de la década prodigiosa en la música, el movimiento hippie, de la imaginación al poder, siempre serán recordados como los ‘Juegos de los Saltos’. Dos atletas entraron en el Olimpo del atletismo con sus victorias en las pruebas de longitud y de altura. Bob Beamon desafiando la gravedad con el llamado ‘salto del siglo’ y Dick Fosbury que asombró al mundo con su ‘Fosbury Flop’. Dejaron una huella eterna sobrepasando lo estrictamente deportivo para convertirse en dos leyendas de la historia del deporte.


Bob Beamon saltando 8,90 m. en Méjico 68, que le sirvieron para conseguir la medalla de oro y un record mundial estratosférico en salto de longitud.


Dick Fosbury pasando el listón a 2,24 m. en Méjico 68 con los que consiguió la medalla de oro en salto de altura y el asombro por la belleza de su ‘Fosbury Flop’.

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Juegos tradicionales y populares (y II), su importancia en la educación

agosto 11, 2016

El niño comienza a jugar casi desde cuando nace; la mayoría de las actividades son como un juego para él. A medida que crece lo sigue haciendo en la calle o en la escuela, aunque ya bajo unas fórmulas establecidas. En los últimos años son muchos los educadores que han dedicado su tiempo a difundir esta actividad tan necesaria para su desarrollo. En un post anterior  hicimos una pequeña selección de juegos tradicionales y populares que completaremos ahora en esta segunda entrega.

El aro
Juego de habilidad individual. Su elemento principal es una pieza circular (aro) que se hace rodar por el suelo en posición vertical intentando que no caiga impulsándolo con una varilla de hierro (también de madera o plástico) que acaba en uno sus extremos en un pequeño gancho en forma de U (gancheta, “ganchu” en Asturias) que sirve para sujetarlo. Para empezar rodarlo se cogerá con una de las manos y con la otra el gancho. A continuación se le dará un pequeño empuje y acto seguido se colocará el gancho en la parte inferior. Para frenarlo se situará el gancho en la parte superior. Si se quiere lograr una mayor precisión, acelerar, frenar, o hacer giros sin problemas, cuando se tiene suficiente práctica el gancho se suele meter por el interior del aro. Aunque parece fácil, y lo es, mantener vertical y conducir bien un aro requiere cierta destreza.

Aro 01Existen varias modalidades del juego. Una de ellas consiste en trazar un recorrido y echar carreras para ver quien rueda más deprisa. Resultará ganador aquel que en un tiempo dado de un mayor número de vueltas o el que emplee menos tiempo en un determinado número que se fije. A veces estas pruebas se realizan en campo abierto siendo vencedor el que cubra una mayor distancia. Incluso se pueden hacer carreras en grupo con todos los jugadores en paralelo saliendo hacia una meta lo suficientemente lejana.

Testimonios de la práctica del aro se conocen desde la antigua Grecia. Hipócrates (460-379 a.C.), famoso médico, autor del conocido juramento hipocrático (“Juro por Apolo médico, por Esculapio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso… En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos… Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar…”) lo recomendaba como un buen ejercicio físico para fortalecer el cuerpo. Hay quien sostiene (no está nada claro) que fue inventado en Egipto hace más de 3000 años. Rodar aros siempre fue un juego muy popular en Europa, de hecho Brueghel lo pintó en su cuadro “Juego de niños” en 1560.

El escondite
También conocido como “alzar la maya” en regiones como Asturias. Se juega en grupo por niños y/o niñas. Practicado desde siempre, es uno de los juegos que mayor diversión proporciona e ideal para hacerlo al aire libre. No necesita de ningún tipo de material: ¡con solo la imaginación basta! ¡El objetivo consiste en ocultarse y no ser descubierto! Se comienza sorteando a la persona encargada de buscar a los demás, tradicionalmente conocida como “el policía” o “el que la liga”, quien a continuación tiene que contar, con los ojos cerrados, hasta un número pactado desde un lugar llamado “casa” (en Asturias, “maya”). Mientras lo hace, el resto de jugadores se esconden para no ser vistos. Al terminar su cuenta, debe avisar en voz alta con un… “¡ya voy!”, u otra frase similar y es entonces cuando iniciará la búsqueda. Cuando encuentra a alguien, tendrá que regresar a la “maya” y decir el nombre de la persona que ha visto así como el lugar donde se halla. Muchas veces ambos tiene que salir corriendo por ver quien llega primero, un requisito obligado. Durante la búsqueda, los demás jugadores, siempre atentos, también intentarán alcanzar la “maya” sin ser descubiertos, debiendo decir para ‘salvarse’ y tras tocarla con la mano: ¡por mí! Según las zonas, a veces al jugador que llega hasta la “maya” se le permite ‘salvar’ también a los compañeros que han sido cogidos o Escondite 01eliminados antes pronunciando la frase: “¡Alzo la maya por mí y por todos mis compañeros!” El juego termina cuando todos los jugadores se han salvado o han sido encontrados. En este último caso, el primero que ha sido ‘visto’ es quien la “liga” la vez siguiente.

Aún hoy persiste la duda sobre un nombre tan peculiar como “maya” para el juego del escondite. Una de sus variantes más conocidas es el “escondite inglés” en el que uno de los jugadores se coloca frente a una pared, de espaldas al resto situado a una cierta distancia. La persona que la “liga” comienza diciendo: “una, dos y tres, al escondite inglés, sin mover las manos y los pies” (en algunas sitios se cuenta solo hasta tres), mientras los demás aprovechan para acercarse poco a poco a la pared, parando justo en el momento en que termina la frase (o de contar) y gira la cabeza. Si al hacerlo observa algún movimiento manda retroceder a la persona que lo ha hecho a la línea de salida. Quien primero consiga llegar a la pared será el ganador.

El origen del escondite todavía es desconocido. Aunque hay quien lo atribuye a los chinos, lo cierto es que se ha practicado por el hombre desde los principios de su existencia: “Los primitivos habitantes de nuestras tierras practicaban actividades placenteras que, amén de la función lúdica, preparaban a sus descendientes para la vida adulta; persecución de chicharras, las escondidas,…”. Es uno de los juegos pintados por Brueghel en 1560 en su cuadro “Juegos de niños.

A la una pica la mula
En las tradiciones lúdicas en muchas ocasiones se conjugan habilidades físicas con lingüísticas. Un ejemplo son los juegos de saltos acompañados de frases o palabras que se deben recordar y decir en el momento de la ejecución. Para practicar el juego de “A la una pica la mula” se necesita, a ser posible, un terreno llano. A continuación se echará a suertes y elegirá a quien debe hacer de “burro” o “mula”, quien se deberá colocar en dicha posición flexionando el tronco hacia adelante. El resto de jugadores tendrán que saltar por encima apoyando las manos en su espalda, al tiempo que repiten una frase y un gesto determinado. Aquel que no sea capaz de imitarlo completo pierde y ocupará el puesto de la “mula”. El primer jugador, conforme realiza el salto, será el que vaya diciendo las frases o condiciones. Señalamos algunas de las más conocidas (varían según la zona):

“A la una pica la mula” (salto normal sobre la “mula”)
“A las dos, el coz” (salto dando con el talón a la “mula” en su trasero)
“A las tres, con la mano esta vez” (golpear con la mano en la espalda)
“A las cuatro, un buen salto” (la “mula” se estira con la manos en las rodillas)
“A las cinco, un buen brinco” (la “mula” se estira más, flexionando únicamente el cuello)
“A las seis, merendéis” (el que salta dice “ñaun” y salto normal)
“A las siete, un cachete” (cachete en el culo con la mano y colocar un pañuelo u otro objeto)
“A las ocho, recojo el bizcocho” (recoger el pañuelo)
“A las nueve, no se mueve” (al caer el que salta no se mueve hasta que no diga la “mula”: ¡vale!)
“A las diez, otra vez” (se repite la acción anterior)
“A las once, pica el conde” (le da un pellizco junto al cuello)
“A las doce, le responde” (le da doble pellizco sobre la espalda)
“A las trece, amanece” (caer con los brazos en alto)
“A las catorce, oscurece” (caer y se agacharse sin apoyar las manos)
“A las quince, un salto rápido” (lo hacen todos a gran velocidad recitando cada uno, según el orden que le toque, frases como: “A la una” (salta uno rápido), “A la otra” (salta otro rápido), “A la yegua”, “A la potra”, “Al potrín”, “Al potrón”, “El que pierda al rincón”… Al final echan todos a correr, la “mula” les persigue y a quien pille primero se pone de nueva “mula”).

A la una pica la mula 01

Practicado normalmente por niños, “A la una pica la mula” es un juego con muy pocas reglas. Quizás la única importante sea que quien lo hace mal se pone de “mula”, que agachado y con las manos sobre las rodillas hará a su vez de juez. A cada nuevo turno o grupo de saltos sin fallo se suelen añadir más dificultades; por ejemplo, que la “mula” se aleje un poco más de la línea de salto lo que obligará a los jugadores a coger más carrerilla para alcanzarla.

La rayuela
Uno de los juegos más conocidos en todo el mundo. Recibe diferentes nombres según los sitios, como cascayu (Asturias) o castro (Cantabria). Antes de empezar se dibujará la zona de juego (ver figura) bien sea en tierra o cemento. El número de casillas varía entre 8 y 10. Se necesitará también un trozo de teja no demasiado grande o piedra plana para ‘tirar’ a las diferentes casillas. Finalmente se sorteará el orden de intervención. El juego comienza lanzando el trozo de teja o piedra al cuadro nº 1, saltando seguidamente a la pata ‘coja’ al cuadro nº 2 (sin caer en el 1) y luego al 3. En los cuadro 4 y 5 se descansará posando un pie en cada uno, luego el 6, a continuación 7 y 8 para descansar, y finalmente el 9, donde de un salto se dará la vuelta para regresar de la misma forma hasta el 2, y salir. Una vez acabada la primera tirada, se lanzará de nuevo la piedra, en esta ocasión al cuadro nº 2, se saltará a la pata coja al 1, después al 3 (sin caer en el 2),… y así sucesivamente con el resto hasta llegar al último número. Ganará quien primero realice el recorrido completo.

Las reglas del juego de la rayuela, aunque muy parecidas, varían un poco según las zonas. Por ejemplo, se perderá si al lanzar la piedra ésta toca alguna raya o cae fuera del cuadro que le corresponde. Asimismo, antes de iniciar el juego hay que acordar si, cuando se recupere el turno, se hará por el cuadro donde se falló desde el principio. Una variante del juego consiste en ‘tirar’ el trozo de piedra en la casilla que corresponda, por ejemplo la nº 1, y luego a la pata ‘coja’ arrastrarla con el pie hasta el 2, después al 3… y así hasta llegar al último número. Si se falla le tocará al siguiente jugador.

Cascayu 01

El origen de la rayuela no se conoce con exactitud, si bien se relaciona con los juegos lineales en tiempos de las civilizaciones griega y romana. Una de las representaciones más antiguas procede de un antiguo foro romano. Algunos estudiosos han querido ver un misterio religioso, como un camino iniciático que va desde la Tierra al Cielo para regresar de nuevo a la Tierra. No falta tampoco quien lo asemeja con un una representación del laberinto o algunas remotas sabidurías. La realidad es que, corno muchos otros juegos, sigue siendo un pequeño enigma al que se le atribuyen significados míticos, mágicos, religiosos, y hasta cabalísticos.

El pañuelo
En Asturias “el pañuelín”. Juego que pone a prueba la velocidad y también la astucia. Se puede jugar en cualquier terreno despejado, a ser posible sin irregularidades que puedan provocar caídas o lesiones. Compiten dos equipos, cada uno formado por un mismo número de jugadores, que se sitúan frente a frente separados unos veinte metros. En el centro del terreno se trazará una raya donde se coloca el director del juego, quien además de sostener en su mano un pañuelo o un trozo de tela, hace también de juez.

Lo primero que deberá hacer cada equipo es numerar a sus jugadores empezando por el nº 1 y siguiendo el orden hasta completar el total. Lo harán en secreto de manera que ni el que dirige, ni el equipo contrario, conozcan el número de cada cual. Una vez numerados y colocados, comenzará el juego con el director diciendo en voz alta un número. A continuación los jugadores que lo tengan asignado, uno de cada equipo, saldrán corriendo hacia el pañuelo. Al llegar a su altura existen varias formas de eliminar a uno de ellos siguiendo unas reglas muy sencillas:
– Si un jugador coge el pañuelo y rápidamente retrocede hasta su campo sin que su contrario lo alcance, éste quedará eliminado.
– Si el que lo coge es alcanzado por su oponente antes de traspasar su línea, será entonces el eliminado.
– Si un jugador traspasa la línea central apoyando cualquier parte del cuerpo en campo contrario cuando su oponente aún no ha cogido el pañuelo, quedará también eliminado.
– Todos los jugadores deberán tener asignados al menos un número. Si al ‘cantar’ un número el juez en un equipo nadie lo tiene, y por tanto no salen a por el pañuelo, el equipo contrario recuperará a uno de los jugadores eliminados.

Pañuelo 01

Seguro que la mayoría hemos jugado alguna vez al pañuelo. Aunque muchos piensan que se trata de un juego de niños, lo cierto es que también se utiliza en distintos deportes como ejercicio de educación física para desarrollar aptitudes, pues se trabaja la coordinación, mejora la rapidez y la técnica de carrera. También va muy bien para practicar fintas, regates, o aprender a ‘engañar’ al contrario. En cualquier caso, su práctica es un buen ejercicio.

El balontiro
También conocido como balón “prisionero” o “quemado”. Se juega en un terreno plano de forma rectangular, dividido en dos partes iguales por una línea central. Al final de cada zona de los extremos se colocará un jugador de cada equipo, que serán los encargados de tirar el balón de un lado a otro, intentando dar al resto colocado en las zonas centrales. Si lo consiguen, éstos serán eliminados. Si un jugador logra coger la pelota sin que toque el suelo, obtiene lo que se llama una “vida” que podrá ser utilizada por los que permanecen en la zona central o bien para que regrese al juego alguno de los eliminados.

Sus reglas son muy simples:
– Los lanzamientos solo se podrán realizar con las manos.
– No está permitido invadir la zona del equipo contrario; los movimientos de los jugadores se limitarán a su propio campo, no pudiendo traspasar la línea que le separa del campo rival.
– Cuando se coge un lanzamiento sin que caiga al suelo se tiene derecho a una ‘vida’.
– El último jugador que quede pendiente de eliminar, si es capaz de esquivar 10 lanzamientos sin que le toque el balón salvará a todos sus compañeros.
Balontiro 01– El balón tendrá que tocar directamente en el cuerpo del contrario para que éste sea eliminado. Si ocurre después de tocar el suelo no será válido.
– Ganará el equipo que logre sacar del campo a todos sus adversarios.
– Cada equipo ocupará una mitad del terreno de juego y designará al jugador que ocupará el extremo o zona final del campo contrario. Se establecerá así un tipo de estructura en la que cada equipo tiene jugadores contrarios en dos direcciones.

Aquí solo hemos explicado una de las diversas variantes que existen del juego. En algunas, por ejemplo, al jugador que es capaz de coger la pelota sin que caiga al suelo se le permite lanzar de nuevo contra el otro equipo y así intentar eliminar a algún otro oponente. Practicado por niños y niñas (son muy usuales los equipos mixtos) se trata de un juego donde principalmente se trabaja la agilidad y la puntería.

Pídola
También llamado “salto del potro”. Uno de los juegos tradicionales más antiguos que se ha mantenido intacto hasta hoy. Existen numerosas variantes que van desde el simple salto a saltos sucesivos, marcas de distancia, realizar figuras durante el salto, etc. Goya, el genial pintor aragonés, lo inmortalizó en uno de sus cuadros dedicado a los juegos infantiles cuyo escenario es la orilla de un río en las afueras de una ciudad (se supone que Madrid). La acción se centra en un grupo de chicos, posiblemente hijos de lavanderas, que mientras acompañan a sus madres en el trabajo pasan el tiempo jugando a una pídola ‘sucesiva’ donde unos saltan y otros, en el suelo o por el aire, se quejan de la caída. Es otro de los juegos inmortalizado por Brueghel en 1560 en su cuadro “Juegos de niños”.

El juego comienza sorteando quien hace de “potro”. A continuación se traza una raya en el suelo, y el resto del grupo, después de coger carrerilla, comienza a saltar procurando no pisar la raya. Si alguno la pisa perderá, teniendo que sustituir al que está agachado. Si todos lo hacen correctamente, el agachado se separará de la raya a una distancia mayor ya acordada, por ejemplo un paso o un pie a lo largo y otro atravesado, para iniciar el segundo turno de saltos. El primero en saltar tiene que decir: “¡pídola!” y todo el grupo a continuación deberá imitar su salto. Las figuras suelen ser diferentes en función de lo que decida el primer jugador. Por ejemplo, colocar las dos manos sobre la espalda del agachado y rozar con los pies su cabeza o culo, hacerlo con los pies juntos por encima de su cabeza,… añadiendo en cada turno nuevas dificultades como cuando el primero dice: “¡media!”, que consiste en dar medio paso y, sin apoyar el otro pie en el suelo, saltar. Otro muy habitual es dar una patada en el culo del agachado al tiempo que se realiza el salto. En general los distintos saltos dependerán de la imaginación de cada cual.

Pidola 01

Los cambios sociales son continuos, nuevas formas de ocio ocupan el sitio de las tradicionales. La influencia de la televisión como medio lúdico, los videojuegos y los nuevos juguetes, unido al sedentarismo actual, han tenido como consecuencia el olvido, y con ello la pérdida, de este tipo de juegos. ¡¡Se necesita recuperar los juegos tradicionales y populares!! Forman forma parte de nuestra cultura. ¡¡Son patrimonio de todos!! Su preservación es muy importante por sus muchos valores educativos y didácticos: intercambio social y cultural, participación, aceptación y colaboración con los demás, integración, respeto a los compañeros y a las reglas, desarrollo físico y motriz, también de la responsabilidad, y, como no, porque mejoran siempre las relaciones. Jugar es una forma de crecer como personas. No sólo aprendemos cosas, sino que lo hacemos de forma armónica: a enfrentarnos a retos, ponernos en el lugar del otro, respetarlo y valorarlo. También a conocer nuestras capacidades y superarnos. En definitiva a vivir y convivir.

Los juegos tradicionales aumentan la actividad física de los niños. El Observatorio de Juego Infantil (OJI) viene alertando de que casi la mitad de los niños españoles sufren sobrepeso, y lo achacan en parte a que solo dedican un 20% de su tiempo a juegos físicos. De ahí que para “fomentar la actividad física y los estilos de vida saludable” recomienden a instituciones, colegios y familia promover este tipo de juegos. Apuestan como una forma de potenciarlos que los padres organicen el tiempo de sus hijos de modo que tengan más espacio para este tipo de actividades. “Promover el juego tradicional comportaría una mayor socialización y más actividad física entre la población infantil. Se trata de recuperar lo que otras generaciones han tenido, el hecho de correr, saltar, perseguirse, etc., así como crear espacios de juego que potencien un mayor gasto energético en los niños”, señala Jaume Bantulà, uno de sus miembros. El OJI también hace hincapié en la necesidad de reducir el uso de los videojuegos y el tiempo de exposición a otros medios electrónicos. Antes de la llegada de la televisión y los juguetes actuales, los niños aprendían sus juegos de padres y abuelos, o los imitaban de otros niños mayores. Se jugaba a cualquier hora y en cualquier parte. Preservar el conocimiento sobre los juegos populares y tradicionales es fundamental para el desarrollo de una sociedad. Son parte esencial de nuestra cultura, permiten conocerla y por tanto valorarla.


El Everest, la zona de la ‘muerte’ y el mal de altura

abril 25, 2016

Se cumple un año del fatal terremoto, en realidad fueron dos pues ocurrieron en fallas distintas, acaecido en Nepal y la cordillera del Himalaya. Aparte de la enorme tragedia humana con más de 8000 muertos, 14000 heridos, y 8 millones de personas afectadas (la peor catástrofe natural del país en 80 años), dejaron tras de si una serie de movimientos sísmicos cuyas consecuencias aún siguen siendo analizadas. Además de determinados fenómenos que podrían dar lugar en el futuro a erupciones volcánicas o tsunamis, la NASA ha puesto en alerta sobre la posible alteración de la atmósfera por la penetración de las ondas de energía en la zona de la ionosfera. Hasta el propio monte Everest, situado muy cerca del epicentro, resultó modificado en su tamaño con una disminución en altura de casi 2,5 cm y un desplazamiento horizontal cercano a los 2 m. Las graves consecuencias que trajo para Nepal que analizaremos en un próximo post nos servirán de introducción para hablar de otros desastres acaecidos en la montaña más alta de nuestro planeta Tierra, y que son también como pequeños ‘terremotos’ a los que apenas se les da importancia.

Epicentros terremotos 02Situación epicentros de los dos terremotos sucesivos en Nepal en los meses de abril y mayo 2015.

Se trata de las muertes, demasiadas, provocadas por la proliferación de expediciones ‘comerciales’ en su intento de alcanzar la cumbre de la legendaria montaña. La subida hasta la cima del Everest situada a 8848 metros de altura se está convirtiendo en una ‘romería’ de gente muchas veces con fatales consecuencias. En medio de un clima extremo, con una temperatura media en lo más alto de -36 °C (en los meses fríos puede llegar a -60 °C y -20 °C en los mas cálidos), sin tener en cuenta la influencia del viento que provoca una sensación térmica menor, la mayoría de este tipo de ‘escaladas’ se concentran en los meses de abril y mayo, antes de que llegue el verano y la estación de los monzones. Para su ascensión se suelen utilizar dos rutas principales: una por la cara sudoeste desde Nepal, y la otra por la ruta noreste desde el Tíbet. La sudoeste, menos difícil técnicamente, y también la más usual, es la misma que recorrieron Hillary y su guía sherpa Tenzing en 1953 cuando consiguieron llegar a la cumbre por primera vez y luego regresar con vida.

Todas las rutas abiertas en el Everest tienen algo en común: a partir de los 7900-8000 m. de altitud se hace necesario atravesar la llamada “zona muerta” o “zona de la muerte”. Así definida en 1953 por el médico suizo Edouard Wyss-Dunant, es el lugar a partir del cual el hombre ya no puede aclimatarse. Tan solo puede adaptarse durante un período de tiempo muy limitado sin llegar a recuperar todo el gasto de energía mientras se encuentra en reposo. Allí, incluso por periodos cortos menores de un día, la vida humana es prácticamente imposible. Una situación que se torna todavía más difícil en el Everest donde las temperaturas pueden descender a niveles tan bajos que implican la congelación de cualquier parte del cuerpo expuesta al frío, aunque sea de forma mínima. Además, una nieve totalmente congelada, muy resbaladiza, que aumenta el riesgo de deslizamientos y caídas, y una velocidad del viento que puede soplar hasta 135 Km/h, hacen que el peligro potencial para cualquier montañero sea tremendo.

Zona de la muerte 02Situación de la “zona de la muerte” del Everest y los distintos campamentos base.

La gravedad del mal agudo de montaña (MAM), más conocido como “mal de altura”, mal de páramo, soroche, o puna, producido por falta de adaptación del organismo a la hipoxia (falta de oxígeno), está en relación directa a la velocidad de ascenso y la altitud, y lo más normal es que desaparezca a medida que se desciende. El riesgo de sufrirlo ya aparece a partir de los 2.400 metros, pudiendo provocar alucinaciones, incluso euforia, sin permitir al afectado ser consciente de su situación física real. Según los expertos, en la “zona de la muerte” del Everest una persona dispone entre 1 y 2 minutos de plenas facultades para tratar de solventar la situación una vez iniciados los síntomas, viniéndose totalmente abajo a partir de los 20-25 minutos. La presión atmosférica en la cima, alrededor de un tercio de la existente a nivel del mar, hace que la cantidad de oxígeno respirable esté en la misma proporción y por tanto, los alvéolos pulmonares (pequeñas ‘bolsas’ de aire) no son capaces de transportar a la sangre la misma cantidad que en una situación a mayor presión. Si una persona no se encuentra bien aclimatada, el “mal de altura” puede provocar edema cerebral y pulmonar, siendo ésta una de las principales causas de muerte en altura, aunque los síntomas más normales son mareos, dolor de cabeza, náuseas y agotamiento físico. Además, otros sistemas del cuerpo humano como el digestivo tampoco funcionan correctamente; lo hacen con mayor lentitud, generando a su vez un mayor consumo de energía. Por ejemplo, para poder dar un paso en la “zona de la muerte” los escaladores deben respirar unas 15 veces más de lo normal, y cuando alcanzan la cumbre, más o menos a las 10 horas de trayecto, llegan a gastar entre 12000 y 15000 calorías, es decir unas 8-10 veces de lo que requiere nuestro cuerpo en un día normal. Aunque es difícil prevenir el “mal de altura” en cierta  manera se puede hacer subiendo de manera lenta, pues la mayoría de las veces los síntomas son temporales y pueden reducirse conforme se realiza la aclimatación a la altura. Pero de lo que no existe duda alguna es que en casos extremos puede llegar a ser fatal.

A lo largo de la historia han sido muchos los alpinistas que han sucumbido en los últimos 850 metros que preceden a la cima del Everest, su “zona de la muerte”. Un equipo de investigadores dirigidos por médicos del Hospital General de Massachussets ha investigado las causas de cada una de las 212 muertes registradas entre 1921 y 2006 (a día de hoy se acercan a las 300) y los datos analizados revelan que la mayoría de los fallecidos mostraban síntomas como confusión, pérdida de coordinación física, e incluso pérdida de conocimiento. Todo apunta a un edema cerebral provocado por la ruptura de los vasos sanguíneos del cerebro a causa del exceso de altura. Aunque sorprenda, apenas figuran muertos por avalanchas o desprendimientos del hielo. Se ha comprobado además que el número de víctimas entre los guías sherpas (que viven en las zonas cercanas) es mucho menor; seguramente por estar mucho mejor aclimatados. Sin embargo, y a pesar de todas estas  dificultades, la ‘conquista’ del Everest se ha convertido en un gran peligro potencial por la cantidad de gente que lo sigue intentando. En muchos casos sin la necesaria preparación. Desde empresarios y altos directivos (con alto poder adquisitivo) a escaladores profesionales (que desean batir récords sin sentido) todo está mercantilizado. Las condiciones, y por tanto el riesgo, dependen del dinero, del viaje contratado, o de las directrices emanadas desde cada equipo ‘comercial’, y aunque la ruta de ascenso parte de un primer campamento base, pasando luego, por razones de seguridad y aclimatación, por otros situados a diferentes alturas, no siempre se cumplen los requisitos establecidos. Muchos ‘turistas’ con dinero suficiente, sin calcular el peligro que supone, ni importarles las reglas alpinas, están dispuestos a todo con tal de intenta alcanzar el techo más alto de la Tierra.

Excursión 01Cola de alpinistas intentando hacer cumbre en el Everest.

Uno de los aspectos más importantes que debería tener en cuenta todo aquel que lo ‘toma’ como una aventura es que a partir de los 8000 m. (antes también pues los problemas de falta de oxigeno se notan a partir de los 2400 m.) está exponiendo su vida. Por ejemplo, si cayese al suelo, y no se pudiese levantar por si mismo, es casi imposible que el grupo que le acompaña sea capaz de sacarle de la zona: ¡si lo intentasen estarían poniendo en peligro su propia vida! A esa altitud un montañero bien entrenado por cada paso que da necesita al menos tres respiraciones (incluso en reposo) para suministrar el oxígeno necesario, además del fuerte trabajo adicional que supone cargar con todos los útiles. Tampoco un helicóptero ‘normal’ podría acceder. Solo un Eurocopter ‘especial’ logró llegar a la cumbre en el año 2005 y mantenerse estable durante unos minutos. Pero sin llegar a posarse del todo, pues se hubiera hundido en la nieve. Por tanto, un escalador afectado por el “mal de altura” solo puede recibir asistencia médica muy limitada. En esa situación extrema, siempre que pueda hacerlo por si mismo, ¡la única solución eficaz es descender! De no ser así, el tiempo de permanencia en la “zona de la muerte” es tan limitado que los más probable es que sus compañeros (o los escaladores que haya acudido), ¡por muy duro que suene!, se vean obligados a abandonarle. El riesgo de intentar sacarlo hace que el trabajo sea prácticamente inviable. Es más, cuando alguien fallece en esa zona nadie se plantea mover su cadáver, quedando su cuerpo en el mismo punto donde cayó o se sentó, para terminar al final congelado o petrificado.

De los escaladores fallecidos en el Everest (más de 250) alrededor de 150 nunca han sido encontrados, y del resto más de 50 aún se pueden ver desperdigados a lo largo de las rutas más utilizadas; han quedado al descubierto en el mismo lugar donde cayeron, siendo necesario en ocasiones sortear sus cuerpos a medida que se asciende. Es el caso de Peter Boardman desaparecido en 1982 que fue encontrado 10 años más tarde en la misma posición de sentado como si estuviera durmiendo. Algunos hasta son utilizados como puntos de referencia en la escalada recibiendo distintos nombres por su posición. Uno de los primeros en ‘encontrar’, quizás el más famoso, es el ‘saludador’, así llamado porque su cadáver quedó petrificado con un gesto de saludo en sus brazos. El segundo más conocido es el “botas verdes” por el vistoso color fosforito del calzado que llevaba. Corresponde a Tsewang Paljor que pereció de frío durante el desastre de 1996 y sus restos se hicieron populares porque todo montañero que accede por la ruta sur siguiendo la cordada establecida tiene que pasar por su lado a menos de un metro, casi apartándose para evitarlo.

El saludador y botas verdesA la izquierda, “el saludador”, el más famoso y uno de los primeros cadáveres que se encuentran durante la ascensión al Everest. A la derecha el “botas verdes”, el segundo cuerpo más conocido. Pertenece a Tsewang Paljor y pereció por el frío durante el desastre de 1996. Su cuerpo fue encontrado postrado en la llamada “cueva de roca” y todo aquel que accede por la ruta sur tiene que pasar por su lado, a menos de un metro.

Uno de los mayores desastres ocurridos en el Everest sucedió en 1996. El 10 de mayo de ese año, 33 personas intentaban subir a la cumbre cuando una tormenta se adelantó a los pronósticos desencadenando la mayor tragedia de su historia. Tres expediciones coincidieron en el intento, ocho personas fallecieron ese día durante el descenso de la cima, entre ellos los directores y guías de montaña de las más importantes compañías del mundo, y cuatro más al mes siguiente como consecuencia de las lesiones producidas. El día de hacer cima ya había tenido un mal comienzo, pues las cuerdas fijas no estaban instaladas provocando un retraso de varias horas, al que se sumó una desesperante lentitud e inexperiencia de la mayoría de los clientes que hasta entonces no habían ascendido ninguna montaña ocho mil. Una ética comercial que fue muy criticada a pesar de que había tres guías por expedición, un sherpa por cliente, cuerda fija (no instalada a tiempo), y oxígeno (que al ralentizarse la ascensión se acabó antes de lo previsto). También fue objeto de gran controversia la decisión de Anatoly Boukreev, uno de los guías, experto escalador, de los más fuertes del momento, de no usar oxígeno mientras abría huella y guiaba la ascensión. Mientras estuvo esperando en la cumbre por el resto comenzó a sentir mucho frío, decidiendo entonces bajar por su cuenta al Collado Sur para preparar líquido y ayudarles cuando descendieran. Recibió tremendas críticas por no utilizar oxígeno en el ascenso, pues así hubiera podido estar en la cima apoyando a sus clientes en apuros sin necesidad de subir de nuevo a por ellos cuando la tormenta se había desencadenado. Aunque luego consiguió salvar tres vidas, para algunos su mala decisión (que consultó con su jefe al cruzarse) contribuyó a la tragedia.

Araceli Segarra, que precisamente ese año 1996 se convirtió e la primera mujer española en subir al Everest, formaba parte del equipo de rescate. En una entrevista para el programa de radio “Al primer toque” contaba como vivió aquellos momentos integrada en otra expedición, coincidiendo en el campo base y también en la montaña con dos de las expediciones comerciales. Extraemos algunos párrafos:

“Nosotros fuimos para rodar un documental en formato Imax con cámaras gigantes, éramos una expedición internacional. Había 10 expediciones más en el campo base, para la época era bastante, pero comparado con la actualidad era poco. Dos de esas expediciones eran comerciales e importantes. Hasta la fecha había habido muy pocas de este estilo. Tenían marcadas las fechas de cumbre, así que tuvimos una reunión y acordamos que el equipo Imax iría delante porque no queríamos filmar a una multitud de gente”.

“En el campamento 3 (C3) pasamos una noche de perros y decidimos que aquello no estaba en condiciones y nos bajamos. En el descenso nos cruzamos con las expediciones que subían y les dijimos: ‘nosotros no lo vemos’, pero ellos decidieron seguir. Pasaron la noche en el C3, hubo un accidente y tuvimos que subir a rescatar un taiwanés (que falleció) y retirar su cuerpo de la ruta. Las expediciones siguieron al C4 y luego llegó el día de cumbre. Eran tres, las dos comerciales y la del taiwanés, que en el fondo también era comercial porque iba una persona con guía, no un alpinista puro y duro. Se juntaron las malas decisiones y la mala suerte. Aclaro esto porque las malas decisiones no siempre implican desastre. Además, las circunstancias eran complicadas, algunas personas estaban enfermas, otras no sabían demasiado de montaña, aunque había gente que sí”.

“De repente llegó una tormenta que sorprendió a gente bajando demasiado tarde de la cumbre. Una serie de personas desaparecieron, otras murieron, a otras se las dio por muertas, como a Beck Weathers, pero no se habían muerto. Fue un desastre, había mala comunicación y mala organización. Nosotros estábamos en el C2 viendo y escuchando lo que pasaba. Cuando vimos que se necesitaba más gente de apoyo ofrecimos oxígeno, comida, tiendas y todo lo que teníamos en el C4 para nuestro hipotético ataque a cumbre”.

“Subimos, intentamos hacer el rescate, alguien convenció a un piloto nepalí para que fuera hasta ahí y nosotros llegamos justo para meter en el helicóptero a Beck Weathers y al taiwanés que quedaba con vida. Sacamos a varias personas y nos fuimos a descansar. Diez días después hicimos cumbre”.

“Durante el ascenso, en la cima sur, encontramos el cuerpo de Rob Hall, éramos los primeros que lo veíamos. Durante el descenso también vimos a Scott Fischer y a la japonesa Yasuko Namba. Da pena, mucha pena y te replanteas por qué haces las cosas. Luego, gracias al compañerismo, ves que lo estás haciendo bien y que formas parte de un equipo de gente que lo da todo, que decide no filmar todo aquello porque antes hay que ayudar. Eso te da la certeza de que estás con las personas correctas. Hemos hablado con muchos alpinistas, y al final siempre surge la misma pregunta: ¿la montaña te insensibiliza? ¿Hay que insensibilizarse a esa altura para poder sobrevivir tanto física como mentalmente? Yo no me insensibilizo, todo lo contrario, subía pensando en ellos y con mucha pena. Cuando bajé me puse a llorar. Lo que sí te insensibiliza es cuando tienes que actuar rápidamente ante una emergencia, te planteas lo que puede ser un rescate, una tragedia. No sabes cómo actuar, ni si podrás hacer algo. Al final reaccionas, de alguna manera tu mente está preparada para actuar de manera efectiva, rápida y precisa en esos momentos. Cuando ha pasado, no haberme vuelto insensible creo que es una gran victoria. En el momento que esto me resulte frío creo que habré dejado de ser la persona que siempre he sido, y no quiero”.

“El tema de la competición entre las dos agencias lo desconocía, nunca tuve esa sensación mientras estaba ahí. Hasta un punto, el que haya dos expediciones comerciales es bueno porque cada uno hace una parte del trabajo y no queda toda la responsabilidad sobre una de ellas. Siempre es así, hasta cierto punto cuanta más gente haya, mejor. Así los trabajos, la carga y el gasto se distribuyen. Esa es la parte sobre la que necesito recabar información porque yo no lo sabía ni lo sentí”.

“Anatoli Bukreev era una bestia, era tan fuerte sin oxígeno como lo podíamos ser nosotros con oxigeno. Hay un libro escrito por su mujer que creo que no se ha traducido al español y en el que, por lo visto, ella es capaz de expresar mejor y ser más concisa con los conceptos. Transmite mejor la realidad sobre como era él y sus capacidades. Él fue el único que subió hasta donde estaba Scott, fue el único que salió dos veces de la tienda para rescatar a Sandy Pittman y a su grupo. Iba sin oxígeno, pero hizo mejor trabajo que algunos de los que lo llevaban. Yo no me atrevo a juzgarlo y no lo haré nunca”.

Rutas ascenso Everest 01Vías de ascenso al monte Everest. En rojo la ruta de Hillary y el guía sherpa Tenzing por la vía Sur, la más utilizada.

El uso de botellas de oxígeno durante la ascensión al Everest siempre ha sido un tema controvertido. Aunque parece que al final lo utilizó, George Mallory, escalador británico que tomó parte en las tres primeras expediciones a la mítica montaña (1921-1922-1924), lo consideraba antideportivo. Desaparecido junto con su compañero de cordada Andrew Irvine a más de 8000 m., su cuerpo no fue encontrado hasta 75 años después (1999). Todavía hoy persiste la duda sobre si llegaron a hacer cumbre. De ser cierto se habrían adelantado en 29 años al primer ascenso ‘oficial’ realizado por Edmund Hillary y Tenzing Norgay en 1953, que también lo usaron. Durante los siguientes 25 años su empleo fue considerado normal en cualquier intento de escalada. Hasta 1978 en que Reinhold Messner y Peter Habeler lograron ‘pisar’ la cima sin utilizarlo. ¡Fueron los primeros en realizar toda la escalada sin oxígeno!

El desastre de 1996 intensificó aún más el debate. Bastantes ‘puristas’ dijeron que el uso de oxígeno embotellado permitía intentar la ascensión a escaladores poco cualificados, lo que conllevaba a situaciones difíciles, incluso más muertes. Sin embargo, gran parte de la tragedia se debió al excesivo número de escaladores que intentaron hacer cumbre el mismo día (33) provocando fuertes atascos en el denominado ‘escalón de Hillary’ que retrasaron demasiado la escalada. Muchos alcanzaron la cima pasadas las 2 de la tarde, una hora de regreso más tardía de lo habitual con el riesgo que ello suponía. Fue a partir de entonces cuando algunos expertos propusieron la prohibición del oxígeno excepto para casos de emergencia, argumentando que, además de evitar la contaminación de la montaña por la gran cantidad de botellas tiradas en sus laderas, de esa manera los montañeros menos cualificados ni siquiera lo intentarían sabedores de los riesgos.

Gracias a la mejora de la técnica y del material de escalada, a partir de la década de los 90 se puso de moda subir a las montañas más altas de nuestro planeta, siendo el Everest uno de los destinos más codiciados. Hasta el punto de llegar a masificarse. El propio Gobierno de Nepal contribuyó a propiciarlo pues suponía una gran fuente de ingresos (del orden de 10000 dólares por alpinista solo por el permiso de escalada). Turistas acaudalados, sin calcular riesgos ni respetar los cánones establecidos, con tal de llegar a la cima más alta de la Tierra podían permitirse pagar importantes cantidades de dinero. Se calcula que desde la primera ascensión realizada en 1953 por Hillary y Tenzing el número de intentos para hacer cumbre supera los 10000. Muchos sin éxito. Pero lo más grave es que cerca de 300 montañeros han perdido su vida en el intento. La mayoría abandonados en la “zona de la muerte”.

A estas alturas, y nunca mejor dicho:
¿Se habrá convertido el Everest en una especie de ‘circo’?
¿Se retirarán algún día los cadáveres de sus laderas?
¿Se empezarán a respetar los cánones alpinos?
¿Se luchará contra la masificación de las montañas más altas del planeta?


El conde Lucanor, el futbol y la fábula del burro

diciembre 16, 2015

Si el conde Lucanor hubiera imaginado que una de sus fábulas sería puesta como pretexto por algunos entrenadores de futbol para explicar, sin mucho sentido a veces, determinadas decisiones, habría quedado cuando menos sorprendido. Viene a cuento porque este verano, tal cual ‘serpiente’, lo han vuelto a poner de actualidad. Ha sido en esta ocasión Rafa Benítez, hoy en horas bajas en su club, quien recién nombrado entrenador del Real Madrid para demostrar que no le preocupan las críticas, o quizás sí, recurrió a la célebre ‘fábula del padre, el hijo y el burro’ para decir poco más o menos: ¡aquí estoy yo, las críticas no me preocupan, tampoco las comparto; es muy difícil que todos estéis de acuerdo con mis razones! Si bien no eligió el camino más correcto, sobre todo si los resultados no acompañan como así ha sucedido, puede ser un buen motivo para la reflexión.

Todo transcurría con normalidad durante la rueda de prensa del pasado 28 de agosto en plena pretemporada hasta que Benítez fue preguntado por la discutida posición del galés Gareth Bale como mediapunta. En su afán de buscarle un puesto donde rinda acorde a la categoría que se le supone, incluso encajarle con ‘calzador’ si fuera necesario, su respuesta inicial fue pragmática: “Tengo muchos jugadores de calidad y respeto a todos. Hay que acoplar a todos los jugadores de la mejor manera posible. Tengo que gestionar de la mejor manera para ganar”. Para a continuación sorprender a todos al contar la citada fábula comparándola con las críticas que está recibiendo sobre la posición en que alinea a algunos componentes de su equipo. Y más en concreto a Bale. Pero antes de entrar en materia hagamos un pequeño inciso para explicar quien era el conde Lucanor, sus cuentos, y en particular las cuatro críticas que encierra su fábula.

Conde Lucanor 03Juan de Castilla, más conocido por Don Juan Manuel (1282-1348), miembro de la casa real y escritor, fue uno de los principales representantes de la prosa medieval, en especial por su obra “El conde Lucanor”, un conjunto de cuentos moralizantes. Ostentó los títulos de duque y príncipe de Villena y señor de Escalona, Peñafiel, Elche y otras poblaciones importantes. Fue mayordomo mayor de los reyes Fernando IV y Alfonso XI, del que era tío y también su tutor hasta la mayoría de edad. Educado como un noble, sus preceptores se preocuparon de que aprendiese también historia, derecho y teología, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos y poderosos de su época, compaginando toda su vida sus actividades como escritor y noble caballero. Bastante criticado por su vocación literaria, se pensaba que un noble de tan alto prestigio no debería dedicarse a algo que consideraban inferior.

“El conde Lucanor” es una obra narrativa escrita entre 1330 y 1335, y su título completo y original “Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio”. Está compuesto de cinco partes, siendo la más conocida una serie de 51 cuentos tomados de fuentes como el famoso fabulista griego Esopo y otros clásicos, así como cuentos tradicionales árabes. Su propósito didáctico y moral es su principal característica. La estructura general de los cuentos comienza con un joven noble, Lucanor, que expone un problema al tiempo que le pide una pronta solución a su viejo consejero Patronio. Éste siempre le responde con humildad, pues no cree necesario hacerlo de otra forma a persona tan ilustre como el conde, al tiempo que le cuenta una historia que le permita extraer una enseñanza y le ayude en la solución.

Pues bien es en este contexto donde Rafa Benítez, a lo que parece nuevo filósofo o pensador, pretende que los periodistas se informen bien antes de escribir una crónica. Y para ello que mejor que poner como ejemplo una de las fábulas del conde Lucanor, en este caso la que hace referencia a lo que le sucedió a un hombre bueno con su hijo y un burro. Dice así:

“Un buen hombre tenía un hijo que, aunque joven, era muy inteligente.
El hombre y su hijo eran labradores y vivían cerca de una villa. Un día, el padre le dijo al muchacho:
– Hoy hay mercado en la ciudad, así que iremos a comprar algunas cosas y llevaremos al burro para traer la carga.
Así que fueron al mercado junto a su burro. Por el camino, se encontraron un viejo señor que, levantando las cejas, le dijo a su compañero:
– Este hombre y su hijo no saben lo que hacen, pues llevan al burro descargado y ellos van a pie.
Cuando el buen hombre oyó aquello, le preguntó a su hijo:
– ¿Piensas que tienen razón?
– Sí -respondió-, pues yendo el burro sin carga no es sensato que nosotros vayamos a pie.
– Pues, si así lo crees -dijo el padre-, sube al burro.
El hijo obedeció, y siguieron su camino.
Poco más adelante se encontraron con dos nuevas caras. Y empezaron a decir:
– Este vecino vuestro no sabe lo que se hace, pues va a pie a pesar de que el mozo tiene fuerzas bastantes para caminar todo lo que haga falta.
Al oír aquello, el labrador le preguntó a su hijo:
– ¿Crees que esos dos hombres tienen razón?
– Sí, padre.
– Entonces, baja del burro que me subiré yo.
Al poco rato, toparon con otros dos hombres que dijeron:
– ¡Menudo disparate! El padre deja que su hijo, que no es más que un chiquillo sin apenas fuerzas, vaya a pie, y en cambio él, que está acostumbrado a soportar las fatigas, va a lomos del burro.
Entonces el labrador le preguntó a su hijo:
– ¿Qué te parece lo que dicen esos hombres?
– Me parece que tienen razón.
– Entonces, sube conmigo en el burro.

El burro 03

De modo que los dos, subidos en el burro, siguieron su camino, encontrándose de nuevo con más personas:
– ¡Cómo pueden ir montados los dos en el burro si la bestia está tan flaca que apenas puede caminar…!
Al oír aquello, el labrador le preguntó a su hijo:
– ¿Qué te parece lo que dicen estos hombres?
– Me parece que tienen razón -respondió.

Entonces el padre se quedó mirando a su hijo y le respondió de esta manera:
– Hijo mío, cuando salimos de casa los dos íbamos a pie y llevábamos el burro descargado, y dijiste que te parecía bien. Después unos hombres murmuraron que era un disparate ir los dos a pie y te mandé subir en el burro mientras yo iba caminando, y dijiste que eso era lo correcto. Luego encontramos a otros hombres que criticaron lo que hacíamos, y por eso bajaste tú y monté yo, y tú dijiste que eso era lo mejor. Pero más tarde otros murmuraron que no estaba bien que tú fueses a pie, así que te mandé subir conmigo, y tú dijiste de nuevo que estábamos haciendo lo mejor. Y ahora éstos nos censuran porque piensan que no está bien cargar tanto al burro, y tú le das la razón. Así que te ruego que me digas qué debemos hacer ahora, pues ya lo hemos probado todo y cada vez nos han dicho que nos equivocábamos.
El hijo se quedó callado, y el padre dijo:
– No creas que todo esto es casualidad, hijo. Y es que jamás harás nada que contente a todo el mundo, pues, aunque obres de la mejor manera posible, nunca faltará alguno que venga a criticarte. Así que haz en cada ocasión lo que te parezca más conveniente sin escuchar lo que te digan los demás, pues, con respecto a las cosas ajenas, la gente siempre habla a tontas y a locas.

El consejo de Patronio le pareció tan bueno al conde que obró como le dijo y le fue muy provechoso. Cuando Don Juan Manuel escuchó la historia añadió los siguientes versos que encierran su moraleja:
Si no dañáis a nadie, haced lo que os convenga,
y que la gente vaya diciendo lo que quiera.

Benitez y del Bosque 01Rafa Benítez, actual entrenador del Real Madrid, y Vicente del Bosque, seleccionador nacional, cuando coincidieron entrenando a la cantera del conjunto blanco en los años 90.

A este célebre cuento se acogió Benítez para dar explicaciones a una pregunta en apariencia sencilla. Pero claro, se estaba hablando de Bale, del que no pocos piensan tiene que jugar casi por ‘decreto’ al tratarse de una gran inversión, además de una apuesta personal del presidente del Real Madrid. Nadie duda de su calidad, pero salvo en raras ocasiones su rendimiento no ha estado a la altura esperada. Ancelotti, el anterior entrenador, un hombre de club, que no líder, lo tenía muy claro. ¡Siempre alineaba la BBC (Benzema, Bale y Cristiano)! ¡Si o sí! Pero llega Benitez, con fama de duro en sus anteriores equipos y, cuando parecía que algo iba a cambiar, se observa con asombro que se pliega a las primeras de cambio a esa misma directriz no escrita. Eso si, no se le ocurre otra cosa que ampararse en el conde Lucanor, que ni viene a cuento ni se sostiene con argumentos. Cuando le sugieren que está siendo muy contemplativo con Bale, su reacción es… enrocarse. Sin darse cuenta, o quizás sí, que es lógica la inquietud que ronda por la mente de aficionados y periodistas. Lo que el equipo necesita es que el galés convenza en esa nueva posición ‘creada’ por su entrenador, y si no es así que se vaya a la banda que es lo suyo. En cualquier caso, una cosa está clara: ¡la solución no se encuentra en una fábula tan mal elegida!

Benitez no ha sido el primer entrenador en poner en práctica la fábula del conde Lucanor. Vicente del Bosque es el ejemplo más cercano. También le gustaba utilizarla. Joaquín Maroto, periodista deportivo, autor del libro ‘El método Del Bosque’, relata en uno de sus capítulos como en su época de entrenador del Real Madrid de los ‘galácticos’ había tres jugadores (Savio, Guti y Morientes) que casi siempre entraban en las sustituciones durante los partidos, suscitando todo tipo de críticas. Así que una mañana, ni corto ni perezoso, acudió a la habitual rueda de prensa y se puso a leer un cuento del conde Lucanor: ¡era también la fábula del padre, el hijo y el burro! Nada más terminar les dijo a los periodistas: “Ahora sacad conclusiones”, añadiendo: “Yo me identifico con Patronio”, y concluyendo para decir que se sentía tan mareado como el burro de la fábula. Más tarde, le pasó algo similar con el brasileño Ronaldo, que empezó a quejar de ser el jugador más cambiado del equipo. Aunque con resultado distinto. La reacción ‘aparente’ de del Bosque fue mantenerlo todo el tiempo en el campo en los siguientes partidos. Fue entonces cuando se empezó a especular con que si las presiones de las estrellas eran efectivas o bien era una mera coincidencia. Sin embargo, una vez más, se volvió a defender con otra frase muy explícita: “El que quiera cuentos que lea ‘El Conde Lucanor’; a mí me influyen pocas quejas, si me influyeran, estaría perdido”.

En el fondo lo que subyace muchas veces es una falta de liderazgo. En el caso de del Bosque porque practica un aparente ‘buenismo’ con el que pretende quedar bien con todos, incluido el poder fáctico. Y en el de Benítez porque se sorprende que cuestionen sus decisiones. Respuestas tan peregrinas como: “Si tirar más a puerta significa ser defensivo me he perdido. Será que me he ido al extranjero, he vuelto y me pierdo con las palabras del idioma español”. “Hay muchos medios y hay que estar continuamente dando noticias” o “Da igual donde ponga a uno u otro, el que quiera generar debate lo hará”, fueron algunas de las frases de un molesto Benítez durante la rueda de prensa en que ‘soltó’ la fábula del conde Lucanor. Solo que en esta ocasión ‘colocó’ mal el cuento.
Y para terminar una máxima: ¡hay que estar a las maduras, pero… también a las duras!


Juegos tradicionales y populares (I), su influencia en la educación

octubre 22, 2015

Los juegos populares y tradicionales practicados en la calle o en el colegio son algo que no debiera haberse perdido ningún niño, y más las generaciones actuales. Aparte de su valor cultural, tienen una gran influencia en su educación. Su papel va mucho más allá del juego en sí, está muy en línea con lo que hoy se denomina de forma un tanto llamativa: gestión por competencias (lo abordaremos en un próximo post). Teniendo en cuenta siempre que en el caso de los niños la piedra angular del proceso de aprendizaje es su conducta “motriz”, concepto que supera lo que es el propio movimiento en el juego para pasar a la comprensión de su conducta como una persona que actúa con un sentido y una intención.

Los juegos tradicionales se transmiten de generación en generación y tienen continuidad en el tiempo, mientras que los juegos populares son actividades lúdicas practicadas en cierto momento por un grupo importante de personas de una determinada población. Lo normal es referirse a ambos de manera indistinta. Forman parte de nuestro patrimonio cultural, adaptándose a lo largo de la historia a las características de cada lugar. Con este tipo de juegos el niño no sólo se divierte, sino que también desarrolla sus potencialidades físicas, intelectuales y sociales. Por desgracia, en la actualidad no gozan de buena salud; es más, existen claros signos de  decadencia, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de la sociedad actual.

Sin título-1 Es muy importante ofrecer a los niños juegos diferentes a los que hoy “marca” la publicidad. Frente aquellos en que prima el juguete (p.e. los electrónicos) donde es muy difícil compartir actividad e interacción con otras personas, es mucho mejor el enfoque basado en el entretenimiento y disfrute en compañía de los amigos, dando por supuesto que no deben estar exentos de movimiento o acción. A decir verdad, cada vez es más difícil jugar fuera de las casas, sobre todo en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Lejos quedan los tiempos cuando los hoy más adultos fueron niños y bajaban solos a la calle para jugar con sus amigos. Lo de menos era el juguete, ¡lo más importante era… el juego! Seguro que muchos se acuerdan de los partidos de fútbol en mitad de la calle que únicamente ‘paraban’ cuando alguien gritaba: ¡alto, que viene un coche! Si se quiere es un ejemplo extremo, pero muy válido para establecer una comparación. De no ser porque existen algunos signos de esperanza, si no se pone remedio los juegos tradicionales parecen abocados a desaparecer. Por fortuna hace algunos años surgió una corriente desde las escuelas y colegios que pretende recuperar, preservar, y dar a conocer este tipo de juegos. Incluso algunos organismos oficiales, que por fin se han dado cuenta de su importancia en la educación, también se han involucrado. Frente a una sociedad de consumo que amenaza en dirección ‘interesada’, un movimiento social, casi en ciernes, se resiste a su pérdida y que queden en el olvido.

Está demostrado que la cultura del juego en la calle o en la escuela nos enseña muchas más cosas que el juego en sí: respetar normas, organizarnos sin la autoridad del adulto, respetar turnos, tener amigos,…; en definitiva, nos enseña a… ¡vivir! O lo que es lo mismo, a… ¡educar en valores! Juegos que siguen siendo tan válidos como entonces, muchos niños… no pueden aprenderlos Antes, al tiempo que se establecía una correa de transmisión, los niños mayores se los enseñaban a los pequeños, pero ahora, al no poder salir solos a la calle, la cadena de aprendizaje se ha roto. Aunque solo fuese por su valor educativo y cultural se justificaría la necesidad de enseñar este tipo de juegos que durante miles de años han sido una escuela de formación física, casi la única, y de relaciones sociales. A continuación mostraremos algunos de los más representativos o conocidos, o que requieren cierta habilidad, si bien como dice un famoso dicho: “son todos los que están… pero no están todos los que son”.

Cuadro Juego de niños. Pieter Brueghel 03. NumeradoCuadro “Juegos de niños” pintado por Pieter Brueghel en 1560.

Antes de entrar en su didáctica hagamos un poco de historia haciendo referencia al famoso cuadro de Pieter Brueghel “El Viejo” titulado “Juegos de niños” que data de 1560. Estudiosos del mismo han cuantificado alrededor de 250 niños y 86 juegos representados, algunos aún vigentes como la gallinita ciega, las tabas, la peonza, el aro, el escondite… Hay quien opina que se trata de una alegoría a la infancia, pero hay respuestas de todo tipo. Una imagen cuando menos curiosa, tanto por el tema como por la razones (se desconocen) que llevaron al artista a pintar un cuadro en el que a primera vista se observa una extensa zona de una ciudad llena de niños dedicados a divertirse y jugar. Si bien, mirando con mayor atención, la realidad es que los niños no todos parecen tener todos ‘cara de niños’, sino que en muchos casos se asemejan a pequeños adultos. Ahora bien, de lo que no existe duda es que todos están disfrutando en compañía y con sus juegos.

Las canicas
También llamadas boliches, banzones (Asturias),… son unas pequeñas bolas de vidrio, arcilla, metal o cerámica. De ahí que se prefiera jugar en un suelo de tierra y no en terreno duro donde rebotarían demasiado. Se trata de un juego de puntería donde lo más importante es tocar a la canica contraria. No existe límite de jugadores, pero se aconseja no pasar de cinco. Existen varias modalidades, aunque solo describiremos una de las más usuales: el caso de dos jugadores (la más práctica) donde el resto puede ir rotando a medida que avanza el juego. ¡El objetivo final es ganarle canicas a los rivales!

Canicas 01Lo primero que se necesita es realizar un hoyo (“guá”) en el suelo de 5-8 cm. de diámetro y 3-7 cm. de profundidad. Para decidir el orden se marcará una línea a una cierta distancia (4-5 m.) desde donde cada jugador lanzará su canica. Aquel que la introduzca en el “guá” tendrá el derecho a comenzar el juego. Si nadie lo logra lo hará el que quede más cerca. Luego, el oponente colocará su canica en una zona más o menos establecida, no muy lejana. A continuación el primero en tirar, cogiendo su canica entre los dedos índice y pulgar (a veces dedos pulgar y medio), tras medir dos palmos y medio desde el “guá”, apuntará y lanzará contra la canica contraria. Si la golpea, tendrá que introducir la suya en el “guá”. Si falla, será el contrario quien lance su canica tratando de darle y en caso de conseguirlo meterla luego en el “guá”. Aquel que lo logre primero será quien se ‘quede’ con la canica del oponente. 

Las canicas es uno de los juegos tradicionales más antiguos. Si bien no se conoce su origen real, parece que se remonta hasta el Antiguo Egipto y la Roma Precristiana. Se han encontrado canicas en la tumba de un niño egipcio alrededor del año 3000 a.C y en la Antigua Roma era un juego infantil de gran popularidad. Los niños son quienes más lo suelen jugar; no así las niñas que lo hacen con mucha menos frecuencia.

La gallinita ciega
Practicado por niños y niñas, se trata de un juego para activación de los sentidos. Fomenta la atención táctil, ayuda a la cohesión y distensión en los grupos y resulta adecuado para promover y formar a los niños en nuevas amistades, y por tanto su inserción en la escuela. Tan solo se necesita un pañuelo o un trapo. Uno de los jugadores hace de gallinita ciega para lo cual se le tapan los ojos sin que pueda ver. El resto, formando un corro a su alrededor, comienza el juego con un diálogo igual o similar al siguiente:

“Gallinita ciega ¿qué se te ha perdido? (dice el corro)
Una aguja y un dedal
(contesta la gallina)
Pues da tres vueltas y los encontrarás
(dice el corro)
Una, dos y tres
Y la del revés”.

La gallinita gira entonces tres vueltas sobre sí misma (a veces la ayuda un compañero) y, luego, con los brazos extendidos, intenta coger a alguien del corro. Todos intentarán despistarle agachándose o de cualquier otra manera, pero siempre sin mover los pies del suelo. Cuando la gallinita consigue tocar a uno deberá adivinar, solamente por el tacto, de quién se trata. Si le reconoce, colocará la venda a la persona que ha cogido, pasando ésta a ser la nueva gallinita ciega. En caso contrario se repite de nuevo el juego.

Algunas fuentes señalan que su origen se remonta a ritos muy antiguos relacionados con la prehistoria. Otros, como el historiador Rodrigo Caro (siglo XVII), cuentan que habría que buscarlo en los juegos latinos. El pintor Francisco de Goya lo inmortalizó (1788) en un famoso cuadro titulado con el mismo nombre. Fue aprovechado por los adultos a partir del siglo XVIII como una forma en apariencia inocente de relacionarse en los salones o fiestas campestres de las nuevas sociedades burguesas. Es uno de los juegos reflejados en el cuadro “Juegos de niños” de Brueghel (1560).

Gallina ciega 01Cuadro “La gallina ciega” pintado por Goya en 1788.

Las chapas
También conocido como “fichas” (Asturias). El número de jugadores va de dos a un pequeño grupo y la “materia prima” es una o varias chapas metálicas circulares similares a las que cerraban las antiguas botellas de refrescos. Existen diversas modalidades, aunque solo haremos referencia a las “carreras de chapas”, una de las más extendidas, cuya motivación principal está inspirada en las carreras ciclistas. Cualquier terreno es válido, pero por sus características se suele jugar en las aceras. Lo primero sería trazar un circuito con tiza (en otro tipo de terreno sirve cualquier objeto punzante). Aunque el recorrido puede ser totalmente recto y liso, lo normal es añadirle dificultades con fuertes curvas, estrechamientos, saltos, sin olvidar las grandes rectas. De esa manera se torna más emocionante. Antes de empezar con el juego en si, lo normal era ‘preparar’ antes las chapas. Para ello se elimina primero el corcho que la recubre internamente (ahora es un plástico) y después se ‘decora’ con un cromo o foto de alguno de nuestros deportistas favoritos, recortada a la medida del diámetro de la chapa. En algunas ocasiones se lijaba la superficie exterior rozándola contra el suelo o las paredes, pues de esa manera disminuye su rozamiento y se incrementa la velocidad. En cuanto a la forma de lanzar o empujar la chapa lo usual es impulsar su zona trasera con el dedo medio (también con el pulgar); incluso hay quien le sabe imprimir determinados ‘efectos. Aunque por encima de todo lo que prima es la habilidad.

Para marcar el orden de salida (o comenzar la carrera) una de las maneras consistía en que todos los jugadores lanzasen su chapa lo más lejos posible. Aquel que lograse la mayor distancia era quien comenzaba la “etapa” desde la línea de salida, y así sucesivamente. Durante el juego, si al ‘empujar’ la chapa ésta quedaba dentro del trazado del circuito se dejaba en ese lugar hasta un nuevo turno; si por el contrario saliese fuera había que retroceder al sitio desde donde tiró. Si tocase la chapa de otro jugador se perdería el siguiente turno. Chapas 01Al final, el ganador será aquel que llegue primero a la meta. Al igual que en las carreras ciclistas, lo normal es que todos los jugadores finalicen la ‘etapa’ para así poder establecer un orden de clasificación. Se trata de un claro ejemplo de juego divertido para el que no se necesita gastar dinero. ¡¡Tan solo basta con la imaginación!! Su práctica tenía mucho éxito coincidiendo con el desarrollo de las grandes vueltas ciclistas: Tour de Francia, Giro de Italia o Vuelta a España. Si bien tradicionalmente se consideraba un juego de chicos (las niñas lo solían practicar con sus hermanos), ahora lo juegan niños y niñas de forma indistinta.

El juego de las chapas se inició cuando se comienzan a fabricar botellas con tapones de chapa. A finales del siglo XIX, en EEUU se vive la fiebre de los refrescos recetados como medicinas para curar algunas enfermedades, pero la industria tenía un gran problema: el “efecto curativo” (presumían de ello) se basaba en gran parte en mantener el burbujeo, para lo que se necesitaba un tapón adecuado. Tras muchos intentos con todo tipo de materiales, el modelo definitivo lo inventó en 1981 William Painter, hombre de negocios irlandés. Pronto fue “bautizado” popularmente con el nombre de “chapa”. A partir de entonces fue cuando se comenzaron a aprovechar los tapones como material de juego.

El burro
Juego de saltos y adivinaza. También conocido como “churro” o “tijera, navaja, ojo” (Asturias). Se forman dos equipos con varios jugadores cada uno y, como la mayoría de los juegos, se comienza sorteando los distintos ‘papeles’: el equipo que salta, el que se queda o “apochina”, y la “madre” que pertenece a este último. El jugador que hace el papel de “madre” apoyará la espalda contra una pared y el resto de sus compañeros se colocará en fila en posición de ‘burro’; es decir, uno detrás de otro con la cabeza entre las piernas del compañero de delante, agarrándose fuertemente a ellas. Así hasta llegar al primero que pondrá su cabeza en el vientre de la “madre”. A continuación, los componentes del otro equipo irán saltando por turnos sobre la fila dispuesta, dejando sitio para que quepan todos encima. Lo harán uno a uno saltando por encima del final de la barrera intentando llegar lo más adelante posible. De ahí que para el primer salto se elija al jugador con mayor fuerza y habilidad. De esa forma podrá llegar más lejos y dejar suficiente espacio para que se coloquen el resto de compañeros. Todos se tendrán que quedar en el sitio en que caen, tan solo se podrán ayudar con las manos en el impulso inicial. En caso de no lograr ‘meter’ al equipo completo encima perderán y pasarán a ocupar el lugar del equipo contrario. Cuando el último jugador ha saltado, y siempre que los de abajo hayan resistido el peso (sin derrumbarse), uno de ellos (normalmente el que se encuentra más cerca de la “madre”) realiza la siguiente pregunta en voz alta: ¿Churro, media manga, manga entera?, o “¿Tijera, navaja, ojo? u otra frase similar según la zona donde se juegue, al tiempo que con su mano ejecuta una figura con una de las tres posibilidades. Si el equipo que está debajo acierta será el que salte la vez siguiente; si no, lo volverá a hacer el que se encuentra arriba. En teoría no puede haber trampa porque la “madre” pertenece al equipo que está debajo y siempre está viendo la figura hecha por el contrario. Decimos esto porque en algunas ocasiones, muy pocas, se aprovechaba para hacer otro tipo de “venganzas”, como las dirigidas al “empollón de la clase” (solo si era el típico “repelente”) o aquel que “peor caía a los demás”. En ellas hasta la “madre” mentía con tal de unirse al festejo.

El burro 01

Se trata de un juego que no precisa de grandes espacios y donde prima la actividad física: carrera, salto y resistencia. Eso si, requiere una buena colocación y agarrarse fuerte al compañero para no deshacer la fila del equipo que está debajo. Para el que salta tiene un doble objetivo: uno físico, consistente en lograr colocar a todos sus jugadores a “caballo” del contrincante, y otro, una vez conseguido, que los adversarios no adivinen la posición que se marca con el dedo o con el brazo. Aunque no existe un número máximo de participantes, se aconseja no pasar de cinco por equipo con el fin de no provocar magullamientos en las espaldas del que está debajo. Una práctica bastante usual, picaresca por otra parte, suponía el pacto “secreto” entre los jugadores del equipo que salta para hacerlo sobre el contrario más débil físicamente, de modo que éste doblara las rodillas y se cayera. De esa manera podían seguir con un nuevo salto. Ahora bien, todo hecho con cierta prudencia, pues aguantar el peso de varias personas, amén del impulso recibido del salto, puede llegar a ser peligroso para la espalda de cualquiera. De ahí que fuese raro que lo practicasen las chicas, argumentando, no sin razón, que era… un juego… de “burros”.

La comba
Saltar a la comba o a la cuerda es un juego que viene muy bien como ejercicio físico. Se puede realizar de manera individual o en grupo. La forma más habitual es que uno o más participantes salten sobre una cuerda que se hace girar de modo que pase por debajo de sus pies y por encima de su cabeza. Si se practica de manera individual, es la misma persona quien mueve la cuerda y salta al tiempo. Si es en grupo (al menos tres personas), son dos las que voltean la cuerda mientras la tercera salta. La cuerda, elemento fundamental, debe ser de una longitud y consistencia que la hagan manejable. El juego suele ir acompañado de una canción para saltar a su ritmo. En la figura de abajo se muestran tres de las más conocidas: “Al pasar la barca”, El cochecito” y “La reina de los mares”. Si son breves sirven para señalar el momento de entrada y salida de la comba. Cuando son más largas, a los participantes les da tiempo incluso a entrar saltando de dos en dos o agacharse mientras la cuerda queda suspendida en el aire cada cierto número de saltos. Si el movimiento es solo de balanceo (de uno a otro lado a ras de suelo) se denomina “barca”. Además de proporcionar beneficios físicos, los ejercicios con cuerda son muy recomendables para determinadas personas y prácticas deportivas. Así por ejemplo es un método usual de entrenamiento en deportes como el boxeo, tenis o culturismo, pues desarrolla y fortalece los músculos de brazos y piernas, y el cuello y hombros se vuelven más firmes.

La comba 01

El origen del juego de la comba no está nada claro. Hay quien lo sitúa en los artesanos de la cuerda del Antiguo Egipto que se divertían saltando con ella, siendo emulados también por los niños. Otras referencias hablan como una de las actividades favoritas para festejar el año nuevo en la antigua China. Parece que Hipócrates, famoso médico griego (460-377 a.C.), recomendaba hacer ejercicios con la cuerda para mejorar la agilidad. De la época medieval existen pinturas que muestran a niños saltando a la comba tal y como se hace en la actualidad. En España, el salto de la comba es un juego popular tradicionalmente practicado casi en exclusiva por niñas. Hoy en algunos países existe una visión más abierta y universal y se considera una actividad aeróbica dirigida a niños y niñas con beneficios para la salud y el desarrollo armónico de quienes lo practican. Es uno de los juegos representado en el cuadro “Juegos de niños” de Pieter Brueghel (1560).

Las tabas
De nombre científico astrágalo, la taba es un hueso que se encuentra en el tarso. Se trata de un juego de destreza que consiste en lanzar unas tabas a modo de dados y una pequeña bola o piedra llamada “pita”. En la antigüedad se utilizaban como tabas los huesos de algunos animales como los pertenecientes a las rodillas de las patas traseras del cordero. La “pita” (similar a una canica) suele ser de cristal  o de barro. Normalmente una taba tiene cuatro caras: cóncava (con un hoyo muy pequeño en el centro), convexa (se parece a una panza), lisa (por su superficie) y con forma de S (con un pequeño hoyo en el centro), que reciben distintos nombres según el lugar: “hoyo, panza o tripa, liso y carnero”, “tripa, ocho, rey y panza”,…

Tabas 01El número de tabas para el juego varía de cinco a doce. Existen distintas modalidades. Una de ellas consiste en lanzar hacia lo alto las tabas y la “pita”, dejar caer las tabas, y recoger la “pita” antes de que lo haga también. A continuación se vuelve a lanzar la “pita” mientras se intenta mover las tabas de manera que quede hacia arriba la cara acordada previamente entre los jugadores. Todo tiene que hacerse muy rápido, pues la “pita” como ya hemos dicho no puede tocar el suelo. Luego, en una segunda tirada, se recogen las tabas colocadas por la cara correcta y al tiempo se intenta cambiar de lado aquellas que aún no lo están. La operación se repite para cada una de las cuatro caras de la taba hasta que se termine un ciclo. Si la “pita” cae al suelo se pierde turno. Si no se recoge ninguna taba o ésta no se corresponde con lo acordado también se pierde. Gana el participante que necesita menos lanzamientos para completar todas las jugadas.

Hasta hace no muchos años las tabas era uno de los juegos más practicado por las niñas. Todas tenían su pequeña colección. Su origen se remonta a la Antigua Grecia, pues aún se conservan esculturas, pinturas sobre mármol, y objetos como ánforas con representaciones del juego. En Roma, con la cristianización de mundo pagano, fue perdiendo popularidad con el tiempo. Aunque los niños siguieron jugando a las tabas como una prueba de reflejos y habilidad, grupos de adultos las utilizaban para apostar. Todavía hoy se sigue con esa práctica en países como Mongolia o Argentina (zona de la Pampa). En España se utilizó como juego de apuestas cuando los casinos o salas de juego estuvieron prohibidos. Se trata de uno de los juegos representados en el cuadro “Juegos de niños” de Brueghel (1560).

La peonza
Se puede jugar en solitario o en grupo. También conocida como trompo, conviene que su superficie esté más o menos lisa. Existen distintas modalidades, aunque lo más importante en cualquiera es saber “bailar” la peonza (girar sobre su eje). Con el fin de soportar los golpes de los contrincantes tradicionalmente se fabricaban de maderas duras. En la actualidad, con todo más masificado, se utilizan diferentes tipos y también materiales sintéticos. Su forma geométrica más normal es cónica, siendo primordial que su diseño propicie el mejor efecto de giro. El cuerpo termina en una punta de metal (ferrote, en Asturias) sobre la que se apoya. El cordel o cuerda enrollado en el cuerpo es el elemento que permite imprimir la rotación al tirar de él. A mayor rapidez al tirar, así lo será también el movimiento. Para evitar que el cordel se escape de la mano en el momento de lanzar la peonza, se suele anudar en su extremo una arandela o una moneda agujereada que impide que la cuerda salga disparada. Ésta se debe colocar perpendicular al eje del cuerpo, sujetando un extremo con el dedo pulgar y formando con la otra mano bandas paralelas hasta recubrir casi toda la superficie. Antes de efectuar al lanzamiento se sujeta el cuerpo con la palma de la mano y se agarra con fuerza el otro extremo del cordel para que no se escape. Justo entonces se coloca el dedo índice en la parte superior del cuerpo y el pulgar cerca de la punta o ferrote, para finalmente lanzarla, tirando hacia atrás del cordel, de pie o con el cuerpo encorvado (el impacto contra el suelo en este caso será menor). Se puede realizar con el ferrote mirando hacia abajo e imprimiendo un movimiento horizontal de giro con el brazo, o mirando hacia arriba, girando el brazo con una sacudida vertical hacia abajo.

Peonza 01Entre las modalidades practicadas algunas de las más conocidas son:
– Sacar objetos.- Se traza un círculo en el suelo y en su centro cada jugador coloca una canica, otra peonza o, más usual, una moneda. Después cada uno tirará por turno su peonza, la recogerá en la mano y la lanzará contra una de las monedas para tratar de sacarla del círculo. Una operación que puede repetir mientras la peonza siga girando. Si lo consigue se llevará la moneda. En cuanto la peonza deje de girar le corresponderá el turno al siguiente jugador.
Rompe peonzas: Se traza también un círculo en el suelo y uno de los jugadores colocará en el centro una peonza contra la cual se tirará. Aquel que falle el tiro la sustituirá por una suya.

Para asignar el orden de intervención existen diversas fórmulas: desde tirar una moneda a una raya trazada en el suelo y ver quien queda más cerca, hasta lanzar las peonzas y observar cual es la que más se aproxima. Cuando el juego exija poner en el suelo una peonza para “blanco” de los demás, se suele colocar una “vieja”, el único requisito es que se le pueda hacer “bailar”. Había quien tras comprar una peonza iba luego a una ferretería para que le quitasen el ferrote original y cambiarlo por otro más “picudo”, o como entonces se decía: “…de reglamento”, que producía auténticos estragos cuando golpeaba a las del “contrario”. Antes de demostrar las “cualidades” de una peonza a estrenar los primeros ensayos se solían hacer a escondidas, sometiéndola a todo tipo de pruebas: “hacerla dormir” en la mano, “zumbar”, poner a punto el “afilado”, elevarla en el aire y dejarla caer, llevarla al oído y chequear su sonido,… En fin todo un cúmulo de habilidades que al final se traducían en algo tan simple como… “hacerla ‘soñar'”.

De la existencia de peonzas se tiene conocimiento allá por el año 4000 a. C., pues se han encontrado modelos elaborados con arcilla en algunas excavaciones arqueológicas a orillas del río Éufrates, en la antigua Mesopotamia. En Roma y Grecia se jugaba a la peonza hace más de dos mil años; existe constancia en pinturas muy antiguas y algunos textos literarios donde se cita. Marco Porcio Catón, “Catón El Mayor” (234 -147 a. C.), político e historiador romano, ya citaba el juego en sus escritos. También el poeta Virgilio explicaba su manejo en unos versos de su obra “La Eneida”. En el Museo Británico se conserva un ejemplar de Tebas del año 1250 a.C. donde explican también su uso. Asimismo, en una inscripción encontrada en Beocia (cercana a Tebas) consta que un niño dedicó al dios Zagreo, avatar del Dioniso místico, dios del vino en quien se reencarnó, varios juguetes entre ellos una peonza (strobilo) con su látigo (cuerda). Platón, eminente filósofo griego (427-347 a. C.) menciona también en un fragmento de su obra “La República” a los strobilos. En el siglo XIV las peonzas estaban muy extendidas por toda Europa. Se trata de uno de los juegos representados en el cuadro “Juegos de niños” de Brueghel (1560).

Peonza 02

Hasta aquí algunos de los juegos tradicionales y populares más conocidos. Seguro que muchos los han practicado, aunque no tantos conocen el transfondo histórico o leyenda popular que les rodea. Unos juegos que ayudan y son importantes en el desarrollo social y emocional de los niños.
En un próximo post publicaremos una segunda entrega.


La Felguera, la Asociación La Salle y el futbol sala

junio 12, 2015

En los años 60 en La Felguera no existía el futbol sala,… ni se le esperaba. Tampoco en el resto de España. A nivel federado ni se le había oído nombrar. A lo sumo se jugaba un sucedáneo en los patios de los colegios en un “todos contra todos”. Solo el futbol reinaba en su esplendor.

Conocido en sus inicios como futbito, se cree que tuvo su origen en los años 30 del siglo pasado en Uruguay tras ganar su selección el campeonato del mundo de futbol. Se desencadenó tal fervor en el país, que los niños, sin apenas campos en los que jugar, ocupaban las calles y plazas para dar rienda suelta a su pasión. En 1952 Brasil elaboró el primer reglamento y en 1971 se creó la primera Federación Internacional. En España, que no se llegó a integrar en la misma, el futbol sala se empezó a practicar a principios de esa década, aunque solo por diversión. Y así siguió hasta 1979 cuando se celebró el primer campeonato de clubs gracias al impulso de dos periodistas deportivos de renombre: José María García y Juan Manuel Gozalo, que además lo practicaban en sus equipos Interviú- Hora 25 (primer campeón) y Unión Sport.  Compuestos en su mayor parte por jugadores brasileños y famosos futbolistas retirados como Amancio y Peinado (R. Madrid) o Adelardo y Ufarte (At. Madrid), su sola presencia contribuyó en gran medida al rápido crecimiento y auge de este deporte. Es en 1989 cuando la FIFA, que había puesto fuertes trabas a su expansión y reconocimiento, viendo que su ascenso era imparable decide dar un paso adelante y hacerse con su control.

Colegio La Salle 03Edificio del antiguo colegio La Salle. En primer término, puerta de entrada a la Asociación de Antiguos Alumnos (AA).

Pues bien, en los años 60, mucho antes de que el futbol sala fuese reconocido en nuestro país, en La Felguera, un pueblo asturiano de la cuenca minera, al igual que en el Uruguay de sus inicios, había un lugar donde también se practicaba de manera muy “sui géneris”; sin muchas reglas (si acaso el número de jugadores, 5 o 6 por equipo), un pequeño y pesado balón (fue evolucionando en el tiempo), un árbitro (tan solo a veces, las menos), un par de porterías (similares al balonmano, con su marco adherido a la pared), y… muy poco más. Casi todas las tardes de verano un grupo de entusiastas acudía al patio del antiguo colegio La Salle situado en pleno centro a practicar su deporte favorito en un terreno de juego ‘singular’: ¡basta con ver el dibujo, pues no tiene desperdicio! De forma irregular; esquinas, paredes, frontón, y otros accesorios “ad hoc”, formaban un conjunto solo apto para los virtuosos del balón. Si a eso le añadimos unas escaleras de entrada a las aulas que hacían de gradas improvisadas siempre abarrotadas, daban a aquel conglomerado un aire entre especial y expectante.

Miembros de la Asociación de Antiguos Alumnos (AA) del colegio y otros que no lo eran competían a diario en unas muy cualificadas “partidas”, porque aunque suene raro a cada equipo así se le denominaba: “partida”. Sus integrantes eran elegidos de manera popular tras toda una parafernalia repetida tarde a tarde. Al inicio se decidía un “líder” para cada uno de los equipos (bastantes a tenor de los jugadores presentes), y a continuación los ‘elegidos’ lanzaban una moneda hasta una raya trazada a cierta distancia (era normal en los primeros años usar una de 10 céntimos de peseta, en Asturias conocida como “perrona”). Aquel que quedaba más cerca tenía la opción de escoger en primer lugar al jugador que consideraba más destacado. Y así se seguía hasta completar todos los equipos por el orden resultante. El juego se iniciaba por los dos equipos seleccionados también por sorteo y cada vez que se marcaba un gol el perdedor tenía que abandonar la cancha para ceder su sitio al siguiente. Una fórmula original, equilibrada, para unos conjuntos integrados por jóvenes y veteranos ilusionados por practicar el deporte del balón hasta el anochecer en aquellos veranos de los 60. ¡Puro espectáculo!

Sin título-3Dibujo del patio del antiguo colegio La Salle, ‘singular’ terreno de juego donde se celebraban las famosas ‘partidas’, embrión de lo que años más tarde fue el futbol sala.

Si algo caracteriza al futbol sala es la habilidad y el dominio del balón; también los gestos técnicos y la velocidad y precisión en la ejecución. Un deporte en el que no hay tiempo para aburrirse; un juego atractivo con muchos goles donde el ritmo nunca decae; y siempre con la diversión asegurada para el público y el disfrute del jugador al máximo: ¡a menudo más que en el propio fútbol! Todo esto ocurría en el patio del colegio La Salle, incluso aumentado pues se precisaba además de otro “arte”. ¡Y no es exageración! Bastaba observar las ‘carambolas’, paredes, y otras filigranas, ejecutadas en aquel campo para entenderlo. Con otro añadido más: siempre procurando evitar, ¡eso si que era habilidad!, una posible rotura de cristales en las ventanas del edificio ocupado por los Hermanos Lasalianos, blanco de los disparos en una de las porterías que, aunque con una malla protectora metálica, no siempre iban bien dirigidos. Había veces que fallaba la puntería y algún balón, pocos, se escapaba hacia lo alto en la dirección no correcta. Ahora bien la calidad del juego merecía la pena correr algunos riesgos, que a decir vredad siempre fueron bien aceptados.

Por aquel recordado escenario pasaron muchos y muy buenos jugadores; bastantes lograron un merecido reconocimiento en el futbol regional y nacional. Realizar una lista pormenorizada no tendría sentido, ni tampoco el objetivo, pero si dar unas pinceladas de los que por su calidad, profesionales o no, destacaron por su técnica e ingenio en un ¡patio! donde paredes, frontón, la capilla, amén de las escaleras, y a veces hasta el tejado, jugaban,… ¡y de que manera!.  No había límites establecidos: ¡Todo valía, con tal de arrancar el aplauso! ¡No digamos nada del rebote: diversión y máximo virtuosismo!

Fiestas de Lada 1964. TininAño 1964. Equipo formado para festejar uno de los actos de las fiestas de Lada, pueblo cercano a La Felguera. Integrado por bastantes profesionales del futbol, también se encuentran algunos de los jugadores más destacados del ‘embrión’ de futbol sala que se practicaba en el patio del colegio La Salle. Entre otros, Valentín Piquero, Lolo del Bosque, Miro y alguno más.

Vaya por delante un merecido reconocimiento para aquellos que en los comienzos, siempre difíciles en cualquier actividad, impulsaron con entusiasmo aquel peculiar deporte que más tarde se llamó futbito y hoy se conoce como futbol sala. Todos asiduos practicantes en las tardes de verano de los 60 donde los más veteranos, algunos muy curtidos en las ligas regionales de futbol, con su astucia, codos, y también calidad, trataban de hacer frente a una juventud pujante que a nada se descuidasen les sacaban los colores. Entre los primeros, y como en Asturias se es muy dado al apelativo, queremos recordar a Luis “El Roxiu” y Mario Canga “Cangona”, sino por su juego si por su empeño, Jorge “El de la Madreñona”, buena técnica y un adelantado en su tiempo en jugar al primer toque, Santirso, un defensa “purasangre”, Avelino “El Toriau”, que no le iba a la zaga, Joaquín “El Indio”, fino estilista, un artista pisando la pelota con ambas piernas, capaz de driblar sin moverse en un palmo de terreno, Cholo “El Piringüelu””, ex jugador del Círculo Popular y luego reconocido cantante de “Los Juvachos”, Miro, veloz extremo, y de manera especial a Valentín Piquero, ex jugador del Círculo Popular, y Lolo del Bosque, ambos sentaron cátedra como grandes conocedores del patio y sus trucos. Sin olvidar a los porteros, puesto clave; de sus cualidades aunque el juego no fuese satisfactorio dependía muchas veces que un equipo permaneciese mayor tiempo imbatido en la cancha. De ahí que una buena elección ocupase lugar preferente en el sorteo de las “partidas”. Por citar solo a algunos de los grandes cancerberos, recordar en los inicios a Egocheaga “Ego”, y más tarde a Iglesias Luelmo, hoy reconocido escultor. Ambos marcaron tendencia con sus diferentes estilos, en un caso la practicidad y en el otro la agilidad y reflejos. Más o menos como ahora, pues para gustos… están los colores.

Ahora bien, el núcleo principal estaba formado por jugadores en edad juvenil y veinteañeros, muchos de gran calidad; incluso algunos participaban al tiempo en las competiciones oficiales de futbol. Resultaba curioso ver como componentes de equipos juveniles de la comarca, como Cruz Blanca (campeón de Asturias 1963) y Alcázar, aún a costa de sufrir inoportunos “chivatazos” (tenían prohibida su práctica por el riesgo de lesiones), les era muy difícil resistir la tentación de competir en aquel apasionado ambiente. ¡Era una forma también de demostrar sus cualidades! Aunque no todos lo conseguían: la calidad individual y el dominio del esférico, tan importantes en el futbol-sala, no son fáciles, ni siempre se presuponen. Destacados jugadores del futbol nacional de alto nivel años más tarde hicieron allí alguna vez sus pinitos, como Junquera “Pinón”, portero del Real Madrid, ganador del Trofeo Zamora , Severino, en el mismo club, Falito, en el Granada, Dolfi, en el Celta de Vigo, y varios más de una amplia lista.

Cruz Blanca 1963. Del HoyoCruz Blanca, campeón juvenil de Asturias año 1963, en cuyas filas formó Junquera (primero a la izquierda), más tarde portero del Real Madrid, y otros jugadores destacados a nivel nacional, como Lavandera en el Celta de Vigo y Sporting de Gijón.

En algunas facetas del juego de aquel singular futbito había apreciados “especialistas” capaces de de desequilibrar la balanza de un partido. Sabido es que acciones inesperadas, difíciles de ejecución, pueden desembocar en gol a pesar de que el contrario esté dominando el juego. Sucedía con el rebote entre paredes, pero también con los poseedores de un gran disparo, aunque ésta fuese su única cualidad (la voluntad siempre se presupone). Fue el caso de Juan “Raco”, quien pese a sus gafas de muchas dioptrías tenía una zurda impresionante; en un quítame allá esas pajas era capaz de mandar al otro equipo a tomar las Villadiego. También el de Jorge “Reija”, personaje singular, quien, con la misma pierna que Raco, ‘pegaba’ unos zapatazos de aquí te espero; no siempre bien dirigidos, pues alguno se ‘escapaba’, incluso a la espinilla de enfrente. Ocurría algo similar con los jugadores técnicos y habilidosos capaces de arrancar en su portería y llegar hasta la contraria sorteando uno a uno a sus rivales. Como Javier Granda, al que era muy difícil quitarle el balón de los pies; también Manolo Palacios, buen jugador y dominador de la técnica; o muchos de los componentes del equipo juvenil Cruz Blanca como Jamart, Frani, Tinín, Fonso, Honorino o Fueyo.

Escuela de Maestría 1966. SenénEquipo de la Escuela de Maestría Industrial de La Felguera, campeón de los Juegos Laborales Nacionales de 1966, del que formaban parte destacados jugadores años más tarde como Falito (Granada), Nieves (Zaragoza), Dolfi (Celta de Vigo), y otros pertenecientes al equipo juvenil Cruz Blanca como Jamart, Fonso, Tinín, Fueyo,… muchos de ellos asiduos participantes en los partidos veraniegos de futbol sala en el patio del colegio La Salle.

Seguro que quien lea este artículo tendrá suficientes razones para pensar que faltan otros grandes jugadores, incluso mejores que los citados, pero la memoria es selectiva y los recuerdos también. De ahí el intento de reflejar solo ciertos hechos destacables sin otro ánimo que ensalzar un deporte en ciernes como el futbol sala que ya despuntaba en La Felguera en la década de los 60. Bastantes años antes de lograr el reconocimiento popular. Años espléndidos los de aquellas tardes de verano en que el patio del antiguo colegio La Salle, ¡el ‘patio’ por excelencia!, se convertía en centro neurálgico del balón, dominio de la técnica, habilidad en el rebote, donde se jugaba sin límites como si las paredes no existieran. Años de adolescencia y juventud y también de recuerdos.


Universidad Laboral de Córdoba: Educación Física y deporte

mayo 1, 2015

En el post referido a la Universidad Laboral de Tarragona decíamos que nostalgia, y por ende los “viejos tiempos”, aunque idealizados en la memoria, no tienen por que provocar melancolía por situaciones que ya nunca volverán. Más bien al contrario, recordar el pasado sin quedarse anclado en él puede ser una forma de gozar más del presente. Es por eso, porque la vida continúa, hoy recordaremos una de las actividades más potenciadas en las Universidades Laborales (UULL): la Educación Física y el deporte.

Aunque ha habido opiniones interesadas, no muchas, que han tratado de denostar el modelo educativo de las UULL, por fortuna solo han quedado en un intento. La mayoría de los “laborales” de cualquier signo político, principales implicados, siempre han salido en su defensa. Es una pena que no hayan podido seguir la línea para la que fueran creadas: proporcionar acceso a la educación a todos los niveles a las personas con menos recursos, un tema para otro debate. Ahora es el momento de hablar del deporte, complemento básico en los estudios e importante actividad lúdica como las culturales (música, cine, teatro,…) y otras, todas muy potenciadas en las UULL. En esta ocasión con especial referencia a aquel marco de convivencia y compañerismo que fue la Universidad Laboral de Córdoba (ULC).

Vista generalVista general de la Universidad Laboral de Córdoba.

En el ámbito de los centros educativos, las UULL llegaron a ser un referente nacional a nivel deportivo. Esto nadie lo pone en duda. Fue al inicio de la época del Desarrollo (1960-75) cuando se comenzaron a promocionar los deportes federados, la construcción de instalaciones deportivas (apenas había), y potenciar la preparación de profesores y entrenadores, al tiempo que se reconocía la Educación Física como instrumento fundamental en el campo formativo. El colofón lo puso en el año 1966 la campaña “Deporte para todos” con su famoso lema, que muchos recordarán, “Contamos contigo”, y un objetivo final en dos direcciones: ampliar el número de practicantes y lograr victorias en la alta competición. La “etapa desarrollista” trajo una nueva perspectiva de la Educación Física y el deporte, naciendo en sus primeros años los Juegos Escolares Nacionales donde los profesores volcaban gran parte de sus esfuerzos por conseguir las altas cotas. Los éxitos no solo afectaban al prestigio de los centros, sino también a su propia promoción personal.

Fueron unos inicios coincidentes con la puesta en funcionamiento de las primeras Universidades Laborales, siendo el departamento de Educación Física y Deportes uno de los más potenciados. El trabajo de sus docentes se repartía entre clases teóricas (las menos) y prácticas, y un complemento muy esperado por los alumnos (se participase o no directamente) como eran las competiciones celebradas en sábados y domingos. Desde un principio se encaminó la formación hacia una Educación Física de clara orientación deportiva para familiarizarse con las diferentes actividades y, si se reunían condiciones, especializarse en alguna de ellas. Sin embargo, la Gimnasia Educativa también era elemento principal de un programa que, según las edades, solía ir acompañado de juegos, marchas y competiciones. Conforme el alumno crecía este tipo de gimnasia iba perdiendo influencia, centrándose más en la práctica deportiva y de manera especial en el baloncesto, balonmano, balonvolea, gimnasia, natación y futbol.

Exhibición de gimnasia suecaExhibición de gimnasia sueca en el gran Patio Central.

En las UULL se disputaban dos tipos de competiciones deportivas: las internas (colegiales e intercolegios) y las externas (escolares y federadas). En las escolares se competía en las categorías infantil y juvenil con otros centros de la provincia, mientras que en las federadas se participaba en los campeonatos provinciales organizados al efecto. El remate final lo ponían los Juegos Escolares Nacionales y los Juegos Universitarios que, resultados aparte, servían sobre todo para incentivar la práctica del deporte. En su afán de potenciarlo también era muy frecuente que en las UULL se publicasen todo tipo de noticias relativas a las actividades desarrolladas en los centros. Se editaban incluso revistas especializadas con claras referencias a los alumnos más destacados y se contaba con el apoyo de la Dirección y unas magníficas instalaciones, impensables para la época. En la UL de Córdoba un claro ejemplo fue la revista ARETÉ publicada por el Departamento de Educación Física. Precisamente en uno de sus números se elogiaba la fuerte implicación y el reconocimiento a los directores de los Colegios por su disposición para la promoción del deporte: “La rígida estructura de los horarios que regula la vida de los colegios fue en muchas ocasiones alterada por las ocupaciones deportivas de los alumnos. La comprensión de los directores hacia esa conducta anómala de los alumnos deportistas nos permitió hacer frente a estos compromisos deportivos que muchas veces se programan al margen de la norma disciplinaria del Centro”. Lo cierto es que para los Colegios siempre fue motivo de orgullo tener atletas destacados entre sus alumnos.

Uno de los aspectos que más me sorprendió de la UL de Córdoba fue la pasión por el deporte. Nunca pude imaginar que en aquellos años 60, de medios tan precarios para la práctica deportiva, pudiera existir un conjunto de instalaciones tan amplio y de calidad. Algo que pude corroborar más tarde durante mi estancia en la UL de Tarragona. ¡¡Sin duda en las UULL el deporte era el rey!! Sobre todo los fines de semana cuando había competiciones entre Colegios o con equipos de fuera. Solo había que ver las instalaciones llenas de entusiastas en un ambiente de gran colorido. Pronto lo pude constatar en el colegio Luis de Góngora donde estuve mi primer año, y más tarde en San Alberto, justo al lado. Situados en una esquina del ala oeste, contaban con ciertos “privilegios”, o a mí me lo parecían, con unas estupendas zonas de paseo y la mayoría de las instalaciones deportivas muy cercanas en su entorno: piscinas, campos de futbol, pistas de atletismo,… De ahí que, protagonistas directos o no, en nuestras horas libres fuese frecuente caminar por sus andurriales siempre atentos a las distintas actividades, comprobando como muchos compañeros hacían lo mismo desde los colegios más alejados. ¡¡Un ambiente y un conjunto ideal para la práctica del deporte!!

Título Olmo. 1964. Distingo a los hermanos MalagónPista de atletismo con sus alrededores llenos de gente.

Al igual que en el post dedicado a la Universidad Laboral de Tarragona, más que grandes párrafos para comentar las excelentes actuaciones de equipos y deportistas, a veces una escueta referencia es más elocuente para resaltar una brillante actuación. Así lo haremos con algunas de las muchas competiciones de renombre en las que participó la ULC en la década de los 60, sin duda la etapa de oro de las UULL con los Juegos Escolares Nacionales como gran hito. Pero antes un pequeño recuerdo para los profesores, grandes profesionales, que formaban el Departamento de Educación Física con José Luis Fernández Martínez “Cochele” como responsable principal, pionero a nivel nacional en la creación de un laboratorio de alto rendimiento deportivo en la propia ULC, y los responsables directos de las distintas disciplinas con Francisco Homar Llinas, (futbol y balonmano), Alejandro Liz Arias (atletismo y baloncesto), Manuel Pascua Piqueras (atletismo), Juan Carretero Perales, Guillermo Schmidt Lorenzo (gimnasia), Carlos García Guillermo (baloncesto), José Ramón Castañeda Adamez (baloncesto), Antonio Blanco Bermejo (balonmano) y el resto de compañeros. Todos ellos, con el apoyo del Rector P. Cándido Aniz a la cabeza, fueron los principales artífices de llevar a buen puerto el deporte en la ULC.

Como por algún deporte hay que empezar, lo haremos por el atletismo, sin duda el más seguido en mi etapa. Muy por encima del resto, incluso del futbol, el deporte nacional antes y ahora. Levantaba gran pasión a pesar de no ser muy conocido entonces. La gente se desgañitaba animando a sus atletas favoritos (normalmente los de su colegio) sobre aquella pista de ceniza de 300 m., con una “grada” totalmente abarrotada situada en la recta de entrada en un muro de mampostería. Era sorprendente ver como un deporte minoritario concitaba tal ardor.

Atletismo. Equipo campeón JEN 1963Equipo de atletismo campeón de los Juegos Escolares de 1963. A la izquierda, Manuel Pascua de Piqueras (entrenador), que en su primer año en la ULC revolucionó este deporte con sus métodos. A la derecha, José Luis Fernández Martínez, responsable del Dpto de Educación Física. Entre otros atletas se pueden ver a Antonio Miralles, Acaz Biesa, López Ruz, Roberto Manso, López Padin, Gabilondo Echave y Díaz Malagón.

Su verdadero impulsor fue Manuel Pascua Piqueras, en la actualidad persona controvertida por su posible implicación en la famosa Operación Galgo contra el dopaje en el deporte de élite. En 1961, siendo ya entrenador nacional de atletismo de la RFEA y profesor en varios colegios de Madrid, recibió una propuesta de José Luis Fernández Martínez, Jefe del Departamento de Educación Física, al que conocía por sus trabajos de investigación, para desarrollar conjuntamente un gran proyecto deportivo. Una decisión de la que nunca se arrepintió, todo lo contrario, que superó todo lo imaginado. Así lo manifestaba en una entrevista:

“La Universidad Laboral de Córdoba era un centro muy bien diseñado para acoger a 2500 alumnos internos, grandes espacios libres, aulas equipadas con todos los medios, largos talleres, pistas de atletismo, canchas de baloncesto y balonmano, campos de futbol, gimnasio, espléndidas piscinas para la práctica de la natación y una extensa arboleda rodeando todo el complejo. En Educación Física todos los alumnos disponían de su correspondiente equipaje deportivo facilitado por la propia Universidad y un Departamento de Educación Física provisto de todos los medios necesarios. Los horarios de clases y entrenamientos, siempre con el profesor asistido por el Servicio Médico si fuera necesario, permitieron resultados impensables hasta entonces, así como llevar a cabo investigaciones pioneras en aquella época. No es de extrañar, por tanto, que las UULL compitiendo con los mejores colegios de España saliesen casi siempre victoriosos año tras año en las competiciones nacionales y de manera muy especial en los Juegos Escolares”.

Algunos deportistas de esos años aún recuerdan el fuerte estímulo dado por Manuel Pascua Piqueras con sus métodos “revolucionarios”. Sobre ellos circulan numerosas y sabrosas anécdotas. Sus sistemas de entrenamiento eran duros y exigentes, como cuando a Antonio Miralles, uno de los atletas más destacados, le obligaba a dar cuatro pasos entre valla y valla en su preparación para la carrera de 110 m. vallas. O cuando a los atletas de “velocidad prolongada” les forzaba al límite con series de 300 m. (una vuelta completa a la pista), teniendo que recorrer los 200 primeros en un tiempo determinado y los últimos 100 andando para recuperar. ¡¡Y así hasta 30 o 40 series seguidas!! Había quien “temblaba” cuando aparecía a las 6,30 horas de la mañana y decía: ¡¡series de 200!! Las primeras se hacían bien, pero cuando llegaban las últimas estaban casi agotados. No cabe duda que revolucionó los métodos de preparación, incluido su plan de alimentación. Sin entrar a valorar recientes avatares, es de justicia decir que Manuel Pascua fue uno de los grandes impulsores del atletismo, sino el que más, que hizo de la ULC un equipo campeón en el panorama deportivo nacional.

Título Olmo. Miralles. Último relevo 4x400 contra Uni SevillaAntonio Miralles, uno de los atletas más destacados de la ULC, entrando vencedor en la prueba de relevos 4 x 400 contra la UL de Sevilla. Se pueden apreciar las cuatro calles de ceniza que conformaban la pista de atletismo.

Si alguna competición destacaba sobre el resto eran los Juegos Escolares Nacionales, donde los triunfos de las Universidades Laborales, en particular las de Córdoba y Tarragona, marcaron una época. A lo largo del año la mayoría de los esfuerzos se encaminaban a su preparación, aunque antes había que lograr plaza previa en las competiciones provinciales. Cuna de grandes campeones en la mayoría de deportes, nombrar todos y a todos sería muy prolijo. Por citar solo los triunfos más importantes a nivel colectivo merece la pena resaltar las 3 medallas de oro, 2 de plata y 4 de bronce (1 en categoría infantil) en la clasificación por centros en los Juegos Escolares de la década de los 60. Muchas fueron también las medallas logradas a nivel individual, aunque solo haremos referencia a algunos de los deportistas más destacados: Antonio Miralles (110 m. vallas y 400 m. lisos, internacional en los Juegos de la FISEC), José Jaime López Ruz, (400 m. y 800 m. lisos), Veiga Márquez (peso), Tena Ferrer (3000 m. lisos), Mate Antolín (altura y longitud), Roberto Manso (altura y pértiga) , Heras Caballero (disco y martillo), Adán Sendra (100- 200 m. lisos), Moreno Moyá (1500 m. lisos), Padín García (110 m. vallas y 200 m. lisos), García López (100- 200 m. lisos), Atienza González (1500 m. lisos), Pérez Gil (peso y jabalina, internacional en los Juegos de la FISEC), Gómez Cabrera (200-400 m. lisos), Llopis Lozano (110-400 m. vallas), Antonio Sánchez Rodríguez (100-200-400 m. lisos, internacional en los Juegos de la FISEC), Coronel Lanzo (400-800-1500 m. lisos), Acaz Biesa (altura y longitud), Blanco López (disco y 100 m. lisos), Díaz Malagón (800-1500-3000 m. lisos), Blanco Rodríguez (martillo), Julián Marco Marigil (100-200 m. lisos, procedente de la ULT, renombrado atleta internacional más tarde en categoría absoluta),… y muchos más. Se puede afirmar que durante la primera mitad de la década de los 60, etapa coincidente con mi estancia en Córdoba, los triunfos conseguidos por la UL de Córdoba y la UL de Tarragona estuvieron muy por encima del resto de participantes, mientras que en la segunda mitad, aún manteniéndose en los puestos de élite, la igualdad entre los equipos fue mayor.

Equipo juvenil gimnasia 1962Equipo juvenil de gimnasia, medalla de plata de los Juegos Escolares de 1962 celebrados en el gimnasio Moscardó de Madrid. En primer término el profesor Guillermo Schmidt.

La gimnasia fue también un deporte muy seguido. Minoritario a nivel nacional, aún más que el atletismo, en la ULC siempre estuvo muy potenciada. No solo en plan competitivo, pues estaba presente en todas las celebraciones importantes. Todavía se recuerdan las grandes exhibiciones de gimnasia educativa (sueca) ejercitadas en el maravilloso marco del Patio Central con el recinto lleno de un público siempre presto para el aplauso. Deporte que llamaba la atención por su gran plasticidad, su presencia era requerida en todo tipo de festivales, que al tiempo servían para constatar la gran labor educativa y de cultura física realizada. Pero era en el entrenamiento diario en el gimnasio, con sus modernos aparatos y los mayores adelantos técnicos, donde se descubría el enorme potencial de unos atletas que llevaron el pabellón de la ULC hasta lo más alto, consiguiendo en los Juegos Escolares 1 medalla de oro (1 en categoría infantil), 5 de plata (2 infantil) y 3 de bronce. Gimnastas destacados fueron Valerio Arnal, Bartolomé Asensio Mesas, Antonio Flores, Nicolás González Pomares y, Matarán Sanz, entre otros muchos. Años en que la gimnasia empezaba a despuntar tras el trágico fallecimiento de Joaquín Blume, para muchos destinado a ser el mejor gimnasta español de todos los tiempos. Acababa de proclamarse vencedor en el concurso general individual de los campeonatos de Europa (tenían el valor de un campeonato mundial entonces, dado el dominio de los países del bloque del Este), y también en cuatro aparatos: paralelas, caballo, barra fija y anillas. En esta última disciplina logró tal grado de perfección en la ejecución del Cristo (estático con brazos en cruz), que, aunque en realidad no lo sea, ha pasado a la historia como su inventor. A raíz de su muerte, el vacío dejado por Blume fue tan grande que la gimnasia española no tuvo ningún otro representante destacado a nivel internacional hasta bien entrada la década del 2000.

Equipo juvenil futbol 1962Equipo de futbol juvenil año 1962. A la derecha, el profesor Francisco Homar.

Deportes como el futbol, baloncesto y balonmano alcanzaron también hitos importantes. En el caso del futbol, deporte de gran aceptación, como no podía ser de otra manera, aparte de las medallas conseguidas en los Juegos Escolares Nacionales (2 de oro y 2 de plata), se lograron éxitos repetidos en los campeonatos juveniles provinciales. De los equipos de la ULC salieron excelentes jugadores, llegando algunos a competir más tarde en primera y segunda división nacional, como Juanjo “El Negro”, que jugó en 1ª división con el Sporting de Gijón, y otros en divisiones inferiores. Su responsable, Francisco Homar Llinas, buen profesor, a veces le costaba sintonizar con los alumnos por su talante demasiado serio. Sin embargo, sus métodos de entrenamiento estaban muy bien considerados. Y no solo los suyos, sino los del conjunto del Departamento de Educación Física en el resto de deportes. Fueron unos adelantados a su tiempo. Tanto es así que, por ejemplo, en el año 1970 a petición del propio club se encargaron de la preparación física del Córdoba C.F. Realizada en las propias instalaciones de la ULC, fue algo revolucionario en el panorama futbolístico nacional.

La verdad es que Francisco Homar sabía como motivar en pro de este deporte. Idea suya fue traer alguna figura importante (jugador o entrenador) aprovechando la visita de los equipos que se enfrentaban al Córdoba C.F. en la Liga de 1ª División. Ni que decir tiene la expectación que levantaba su presencia. Ya conté en un post anterior como en un partido con el Real Oviedo, su entrenador Juanito Ochoa, muy conocido, a quien se le atribuía gran parte del mérito (fue el mejor año de su historia), se acercó hasta la ULC a impartir una conferencia. Inusual en aquellos tiempos y más en un deporte como el futbol. Corría el año 1963 y allí estuvo Ochoa toda una tarde disertando. El éxito fue total con el salón de actos del colegio San Alberto, lugar del encuentro, lleno hasta los topes. En otra ocasión el gran protagonista fue Puskas, extraordinario jugador del Real Madrid, apodado “Cañoncito pum” por su espléndido disparo con la zurda. Cuentan que cuando alguien le preguntó por la razón de su potente disparo, y si ocurría lo mismo con otros jugadores zurdos, contestó muy serio: “Es así porque… el corazón está a la izquierda”.

Baloncesto 1965-66. 2ª DivisiónEquipo de baloncesto participante en la 2ª División, temporada 1965-66. A la izquierda, el profesor Carlos García Guillermo.

Un deporte innovador fue el baloncesto. Desde la inauguración de la ULC dio un salto de calidad gracias a sus excelentes instalaciones, magnífica cantera y el trabajo desarrollado por los profesores José Luis Fernández, Alejandro Liz y Carlos García Guillermo. En 1957 el Areté Universidad Laboral ganaría su primer campeonato provincial, tardando muy poco en convertirse en una potencia en Córdoba. En su participación en las distintas competiciones la ULC cosechó grandes éxitos. Así por ejemplo en 1962 el Areté se proclamó campeón juvenil de 2ª categoría y su equipo infantil subcampeón provincial. También logró ese año la medalla de plata en los Juegos Escolares. En 1965 se alzó con el subcampeonato de España en categoría juvenil y en 1966, por primera vez en la historia, un equipo andaluz disputaría una final nacional de categorías base. Estos últimos éxitos fueron conseguidos bajo la dirección de Carlos García Guillermo, más tarde preparador de la selección española y responsable de la famosa “Operación Altura”, una de cuyas concentraciones se celebró en la Semana Santa de 1966 en las instalaciones de la ULC, que aportó bastantes jugadores. Entre los más destacados en la década de los 60 citar a Abilio Antolín (más tarde marcó una época como entrenador en los años 70 y 80 en el Juventud de Córdoba y luego en el Cajasur durante más de dos décadas), Martínez Cuéllar, Muñoz de Leyva y García Carrillo (los tres preseleccionados para la Selección Nacional juvenil), Jacinto Castillo Naranjo y Garrido del Pozo (luego en la ULT), y Molina Ramírez y Pintor (seleccionados para la Operación Altura 1966).

Título Olmo. Balonmano 1961Equipo juvenil de balonmano, subcampeón de los Juegos Escolares año 1961. Arriba, en el centro de la imagen, su entrenador, el profesor Francisco Homar.

Deportes como la natación, el balonvolea o el montañismo contaban con muchos adeptos, pero por no hacer demasiado extenso este artículo nos referiremos por último al balonmano, aún no muy conocido en los primeros años 60, aunque si muy seguido en la ULC. Francisco Homar, al igual que en el futbol, junto a Antonio Blanco Bermejo eran sus entrenadores. Fueron los primeros en hacerle triunfar con sus sistemas en los Juegos Escolares donde se consiguieron 2 medallas de plata. En 1964 se hizo una selección para representar a Córdoba en los Campeonatos Nacionales Universitarios bajo el nombre Club Areté, cuya base estaba formada por jugadores de la ULC, participando en 1ª División y proclamándose campeones de Andalucía en varias ocasiones. Varios llegaron a jugar más tarde en la 1ª División Nacional. Nombres destacados fueron Fernández de Córdoba, Parejo Polo y Osuna Luque (1ª División Nacional con el equipo representativo de Córdoba), Ortigosa, Megido (más tarde en la ULT), Gabilondo Echave, Gascón Álvarez de Sotomayor, Muñoz de Leyva (1ª División con el club Areté de Córdoba y ya fuera en el Banesto de Madrid en 1ª División) y Gilsanz (1ª División con el Club Areté de Córdoba y luego en el Vulcano de Vigo en la División de Honor Nacional).

Inauguración Juegos Escolares 1962Ceremonia de inauguración de los Juegos Escolares año 1962 celebrados en el estadio Vallehermoso de Madrid.

Para terminar decir que, aunque muchos alumnos veían alos deportistas gozar de ciertos privilegios, lo cierto es que, por ejemplo, los componentes del equipo de atletismo tenían un exigente régimen de entrenamiento, sobre todo en la etapa dirigida por Manuel Pascua Piqueras. Madrugaban a las 6 de la mañana, y cuando los demás se encontraban en el estudio previo al desayuno, antes de las clases, ya llevaban un buen rato en pleno esfuerzo. Lo mismo sucedía por las tardes entre el final de las clases y el tiempo libre. Eso sí, todo hay que decirlo, sus desayunos y meriendas eran “especiales”. Lo mismo sucedía con otros deportes, pero no de forma tan continuada; sus entrenamientos no eran tan duros. Aún se recuerda como por las mañanas, tras una reconfortante ducha, acudían a la parte delantera de los comedores, con el albornoz aún puesto, donde había dispuesta una especial “zona de atletas”. Además del clásico pan con mantequilla y chocolate para todos, tenían un desayuno “complementario” a base de unos “envidiados” huevos con jamón y algún que otro condimento adicional. Como es lógico, todo eso llevaba aparejadas las consiguientes bromas y chascarrillos de sus compañeros más próximos.

No cabe duda que las UULL se convirtieron en auténticas canteras para el deporte español, influyendo de forma notable en los altos niveles logrados. Es innegable el impulso dado durante más de 20 años (1956-1978) en los mayores complejos educativos de España. No solo por los esfuerzos y sacrificios de los deportistas que tuvieron el honor de defender sus colores, sino también por lo que hicieron sus profesores de Educación Física y el resto de compañeros. Con su apoyo, los triunfos les eran propios. Si de algo estaba impregnado el espíritu de las Universidades Laborales era de una intensa vocación de compañerismo y de absoluta entrega.