Camera Café, humor en la oficina

mayo 11, 2017

En el año 2006 un programa de humor triunfaba en TV en toda regla. Era Camera Café. Simple, intrascendente,… enganchaba. Muchas personas se veían reflejadas en él. En especial a la hora de tomarse un descanso en su trabajo alrededor de una máquina de café. Una de las series de humor más exitosas entonces, permaneció varios años en antena y alcanzó gran popularidad gracias a la peculiaridad de los personajes que le daban un toque patrio.

camera-cafe-01 Camera Café, formato importado de Francia, se emitió con el mismo título en países como Italia, Portugal, Polonia, Chile, Colombia y España. En su origen constaba de episodios de corta duración (4 a 6 minutos) compuestos de un prólogo, varias escenas breves (sketches) y un epílogo. Sin embargo, en España se optó por agrupar varios episodios en uno formando así un bloque mayor. Su desarrollo siempre era el mismo. A modo de cámara oculta situada en el interior de una máquina de café, se podían ver las distintas reacciones de los empleados de una empresa mientras se relajaban conversando en su torno. Variopintos personajes  (hasta 17) componían su reparto. Desde la atractiva secretaria, pasando por distintos escalafones, para terminar en un jefe casi siempre autoritario. En realidad, no era más que un fiel reflejo, de ahí la identificación con el programa, cargado a veces de surrealismo, del entorno laboral de una empresa visto desde diversos ángulos.

Todas las noches, nada más terminar el informativo de Telecinco, en un horario privilegiado, comenzaba Camera Café. Personajes disparatados como Bernardo (contable), Cañizares (secretaria), Richard (informático), Asunción (becaria), Jesús (jefe de ventas), Gregorio (gerente- jefe), Victoria (directora de marketing)… comentaban sus miserias, que eran las de todos, mientras saboreaban un café. Su director Luis Guridi, hablaba así del triunfo logrado por un programa que se había estrenado antes en alguna otra cadena sin éxito: “La gente es impredecible. Quizá el éxito radique en que no sabemos hacer televisión, en que tenemos un estilo de trabajo y de humor distinto que engancha a la gente que antes no se asomaba a la pequeña pantalla. Un humor que, en el fondo, tiene muy mala leche”.

Eran tiempos en que los programas de humor en sus distintos estilos se habían apropiado de las parrillas televisivas. Lo señalaba así Pepe Colubí, humorista, escritor, periodista y guionista asturiano: “El humor es una opción y ha despertado el interés de los programadores”, al tiempo que citaba a la nueva generación de los Florentino Fernández o Miki Nadal que hacían presentaciones desde un ángulo humorístico, el estilo que representaba Buenafuente en su faceta de presentador y monologuista, y otros que abordaban temas políticos con un humor particular, sarcástico en ocasiones. Colubi pensaba que para tener éxito en este tipo de programas debía haber una cierta confluencia entre aquel que trasmite el humor y el que lo recibe, pues el espectador suele ser bastante más inteligente de lo que parece si se acierta en el enfoque.

camera-cafe-02Cuadro de actores del programa Camera Café.

Camera Café era algo más que un programa para reír y sonreír. Lanzado en el año 2001 por la cadena francesa de televisión M6 con una miniserie sobre la vida laboral de un grupo de oficinistas, su decorado siempre era el mismo. Un alargado vestíbulo con mesas altas, una máquina de café, y las conversaciones en forma de parodia que la gente suele abordar mientras se toma su café o chocolate. Si algo dejaba claro el programa es que por encima de la religión, las costumbres o el idioma, existen ritos indestructibles en cualquier empresa que acontecen a diario delante de una máquina de café. Un lugar por muchos ‘santificado’, donde nacen todo tipo de rumores, las críticas,… y en el que se da rienda suelta a lo que pensamos mostrado en forma de desahogo. Y no solo sobre nuestro entorno laboral. Allí, como centro de relaciones humanas que es, se habla de casi todo. Es un punto de encuentro ideal. Un foco de información tan potente que más parece un quiosco de prensa donde uno se puede enterar de cosas que la empresa ni cuenta ni transmite. Eso sí, si las noticias no se tamizan, a veces la información llega tan deformada que puede convertirse en un peligro potencial. Un lugar por el que pasan tipos muy peculiares, a veces los más disparatados estereotipos de un entorno laboral. En el fondo lo que subyace y es muy popular en las máquinas de café son las historias sobre el conocimiento de determinadas personas o cosas que muchas veces originan una cadena de rumores, muy apreciada por todos, que luego prosiguen y extienden los participantes en el contubernio.

Existen muchas personas con ganas de ‘hablar’ que solo se sienten cómodas tomando un café donde su ‘lengua’ se dispara. Las empresas lo saben bien y se aprovechan de ello. De hecho son las que se encargan en ocasiones de expandir aquellos rumores que les interesan en determinados sitios proclives: fotocopiadoras, pasillos, reuniones, y por supuesto en las… máquinas de café. En general lugares donde coincida bastante gente. Si bien muchas ya se han dado cuenta de que se trata de una mala práctica y que lo mejor es potenciar una correcta política de comunicación a todos los niveles. Sobre todo en los temas sustanciales. Rumores en las empresas los hay a montones y es imposible dar respuesta a todos, en especial si son inconsistentes, pero si es muy importante dejar claros aquellos que, de no ser resueltos a tiempo, pueden generar una crisis de confianza, y más si se expanden por determinados centros neurálgicos como pueden ser las maquinas de café.

La realidad es que nunca se supo a ciencia cierta a que se dedicaba la empresa donde transcurría la vida laboral de los personajes Camera Café. En la serie solo quedaba clara la jerarquía del personal de la oficina. Fue tal el éxito alcanzado que muchas de sus frases pasaron a formar parte del lenguaje de la calle. Como comentaba Luis Varela (Gregorio Antúnez- el jefe) en una entrevista: “Una parte importante del gran éxito logrado por Camera Café se debe a que es una serie blanca, que no molesta, que no se mete con nadie”. 

PD.-
A continuación se muestra una idea del humor característico de Camera Café que algunos han calificado como sarcástico e inteligente.


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Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

enero 19, 2017

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.


Jefes “tóxicos”, jefes idiotas y demás parafernalia

julio 13, 2015

En un post anterior hemos tratado el tema de los empleados “tóxicos”. Son aquellas personas que basan su actuación en reducir la estima de los demás y que con sus actitudes negativas intentan enturbiar el clima laboral, no dudando en difundir falsos rumores. Dijimos también que por su capacidad demostrada eran motivo de preocupación de sus jefes, y añadíamos, “… sin olvidar que entre estos últimos se dan los ‘impresentables’, ‘déspotas’ o ‘cretinos’, que con sus galones se creen en posesión de la verdad”, algo que prometimos abordar en otro momento. Pues bien, éste ha llegado.

Dependiendo del ámbito, no solo en el trabajo, en realidad casi todos somos jefes o empleados según hacia donde se mire. Según nuestro lugar en la ‘cadena’ y también su dirección podemos comprobar que es así. Por ejemplo, un jefe puede ser un empleado “tóxico” siempre que en la organización se mire hacia ‘arriba’; y a la inversa, que es el caso del presente post, cuando se dirige la vista hacia ‘abajo’, lugar donde precisamente nos podemos encontrar con los llamados jefes “tóxicos”.

Jefe tóxico. Forges 01

Se habla mucho de gente “tóxica” para referirse a aquellas personas agresivas, autoritarias, indiscretas, envidiosas, neuróticas y en general problemáticas. En esos casos, casi siempre solemos pensar en el colaborador, el compañero de trabajo, pero no es muy corriente hacerlo del jefe. ¡¡Craso error!! Porque, aunque solo sea desde un punto de vista estratégico, los jefes “tóxicos” contribuyen, ¡y de que manera!, a devaluar el talento, y por tanto el compromiso, de los profesionales de una empresa, uno de sus mayores valores en un contexto adecuado. Si la toxicidad se “contagia”, el malestar producido reduce de forma drástica todo tipo de implicación. Ya dijimos que las personas “tóxicas” minan la confianza, el gran activo social de cualquier comunidad. Un menor talento colectivo vuelve menos eficientes a los procesos y los jefes “tóxicos” consiguen contagiar la insatisfacción a los empleados, quienes a su vez lo transmiten a los clientes, formando todo parte de una cadena que se traduce al final en una evidente disminución en los resultados de una empresa.

Según datos del World Economic Forum (institución internacional dedicada a mejorar la situación del mundo a través de la cooperación público-privada), en el año 2013 España ocupaba el puesto 45 del mundo en Calidad Directiva. Un 38% de los jefes en nuestro país eran “tóxicos”, y tan solo el 16% líderes en crear un clima de alto rendimiento y satisfacción. Y lo peor es que en los últimos años hemos ido empeorando en algo tan importante que afecta a la competitividad. Porque… ¿cual es la diferencia entre un jefe y un líder? Si bien lo ideal es que todo jefe sea un líder, por desgracia no ocurre con frecuencia: ¡¡el título de líder hay que ganárselo día a día!! Líder es aquel que dirige, guía a su equipo, y consigue desarrollar el talento natural de sus miembros. Por el contrario, el jefe ordena, impone, y muchas veces solo espera de sus empleados disciplina y obediencia. El líder se apoya en la inteligencia emocional, aspecto muy valorado para dirigir personas del que ya hemos hablado, genera un clima de confianza y consigue que le sigan de manera voluntaria. Sin embargo, el jefe en un sentido peyorativo es alguien que no conoce la autocrítica ni tampoco le interesa.

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Iñaki Piñuel, psicólogo, profesor de Organización y Recursos Humanos, uno de los primeros especialistas europeos en la investigación del mobbing o acoso psicológico en el trabajo, en su libro: “Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas”, dice que hay jefes que no sólo no ayudan, estimulan, coordinan y apoyan a sus colaboradores, sino que además les “intoxican”, destruyen, humillan y hasta “queman”. La palabra autoridad viene del latín auctoritas, derivado de auctor, cuya raíz “augere” significa hacer progresar, crecer. Por tanto, tiene autoridad aquella persona que ayuda a crecer. Hay quien tan solo tiene poder, que a veces utiliza para impedir el crecimiento de los que están a sus órdenes. Solo se llega a tener autoridad si el poder es bien utilizado. Por eso el jefe “tóxico” es aquel que se siente, se lo crea o no, superior; incluso hasta los más inseguros tienen necesidad de mostrarlo. En organizaciones tóxicas suelen actuar de forma casi natural, pues aprenden fácilmente, aunque solo sea por mimetismo, de otros jefes “tóxicos” a los que han visto actuar o de los que han sido asimismo víctimas. Hasta en ocasiones, cuando se muestran agresivos, una de sus facetas, suelen ser tolerados atribuyendo su actuación al hecho de ser “personas con carácter” o sencillamente con un “son así” o “hay que aceptarlos como son”.

En una empresa existen jefes que adoptan actitudes tóxicas de todo tipo, que lejos de reforzar el talento de los trabajadores influyen de forma negativa en su motivación. Los hay de muy diversos tipos. Se podrían hacer muchas clasificaciones. Por nombrar solo a algunos y centrarnos como ejemplo en sus actitudes podríamos citar cinco estereotipos de los más comunes:

1. El jefe egocéntrico.-
Tiene una perspectiva equivocada sobre cual es su función y autoridad. Con poca empatía con los empleados, su ego está muy por encima de todo.

2. El jefe veleta.-
Es imprevisible por sus constantes cambios de humor. Tiende a cambiar de opinión con frecuencia.

3. El jefe incompetente.-
No está preparado para asumir su función y además no hace autocrítica.

4. El jefe ordeno y mando.-
Utilizan el miedo como forma de autoridad creando una gran distancia con sus empleados, lo que dificulta la comunicación.

5. El jefe que no se equivoca nunca.-
Culpan siempre de sus errores a terceros y no se hacen responsables de sus fallos.

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Se le atribuye a Einstein la siguiente frase: “Sólo dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro de lo primero”. John Hoover, autor del libro “Como trabajar para un jefe idiota”, que no es exactamente un jefe “tóxico” aunque se le parece bastante, aparte de aconsejar no leer su libro en la oficina porque las carcajadas podrían atraer la atención del jefe, sea idiota o no, deja algunas frases tan curiosas como:

“Los jefes idiotas son los escollos mutantes de la evolución organizativa y tienen una inmunidad semejante a la de la cucaracha a las calamidades que azotan a la gente creativa y con verdadero talento”.

“A diferencia del resto de las categorías, sin incluir a los jefes buenos, el jefe idiota es simplemente un jefe que no se entera de nada”.

“Con un poco de poder los idiotas pueden volver loco a cualquiera. Con mucho poder pueden llegar a aterrorizar el planeta. No porque sean malos, sino porque tienen ideas raras en la cabeza. Y eso es peligroso en una cabeza que no está diseñada para pensar”.

Para terminar con una sentencia que incita a la reflexión:
“Ser un buen jefe es tan fácil que nos lleva a preguntarnos por qué hay quien invierte tanto esfuerzo y energía en ser un jefe malo”.

Hoover, doctor en filosofía, ex jefe idiota, ejecutivo de Disneyland, además de consultor de grandes empresas como Hilton, IBM o Xerox, en la sinopsis del libro indica con claridad lo que el lector va a encontrar:
¿Sospechas que tu jefe es un idiota o lo crees firmemente? ¿Su actitud hacia ti, el modo en el que se comporta y sus palabras te sacan de quicio? Sádicos, idiotas, maquiavélicos, dioses, colegas, etcétera, son muchas las tipologías de jefes. Necesitas conocer las claves de la personalidad del tuyo para hacerte un hueco en el trabajo, prosperar e incluso sobrevivir.
Esta obra ofrece las claves para la supervivencia en el enmarañado mundo laboral especialmente ahora que el trabajo se ha convertido en una misión imposible. Como no puedes luchar contra un jefe idiota ni desafiarlo ni cambiarlo, únete a él y empieza a disfrutar de las ventajas que esto implica. Si sigues correctamente los consejos, descubrirás cómo mejora la relación con tu jefe idiota y como el estrés y la tensión desaparecen. Una obra desternillante e imprescindible para todos aquellos que viven subyugados por jefes idiotas y que están hartos de las noches en vela, de los ansiolíticos y de los psicólogos. Descubre que la felicidad en el trabajo es posible, empieza hoy mismo a perfilar tu estrategia y no te conviertas en un idiota.

John Hoover 02. LibroAdemás del jefe idiota, Hoover establece otras 7 clases de jefes: buenos, dioses, maquiavélicos, masoquistas, sádicos, paranoicos y colegas, para los que también da algunos consejos:

1. El buen jefe.
Es el que sabe compartir información de manera puntual y hace que la gente se sienta partícipe y reconocida. Convierte la comunicación abierta y sincera en una de sus prioridades.

2. Jefe dios.
Hay que dirigirse a él tal y como desea, seguir sus reglas. Le gusta que le pidan excusas por anticipado, con un por ejemplo ¿te parece bien que…?, reconocer su presencia y no ignorarlo.

3. Jefe maquiavélico.
Además de ponerle al corriente de todo, se debe usar con frecuencia la expresión “me encargaré de ello por ti”, enfatizando en “por ti”, muy importante.

4. Jefe masoquista:
No le gusta que le elogien ni darle buenas noticias. Necesita fustigarse destacando siempre lo negativo. Por eso lo mejor es huir de él porque nunca estará contento.

5. Jefe sádico:
En este caso es más difícil huir, porque acecha de forma constante a su presa. Hay que fingir que la carga del trabajo es superior a la realidad, quejarse, aparentar estar siempre ocupado, concentrado, y no exteriorizar alegría.

6. Jefe paranoico:
Está siempre a la contra pensando que todo lo que le rodea es una conspiración hacia él. Lo mejor para poder escapar es hacerle pensar que es así. Por ejemplo, callando apenas entra en nuestra oficina.

7. Jefe colega:
Es aquel que apenas tiene amigos y necesita hacerlos en el lugar de trabajo. Los que peor lo pasan son los trabajadores eficientes porque deben añadir un tiempo extra a su jornada normal para compensar el tiempo perdido hablando de nimiedades con él.

En realidad, John Hoover explica como es el ambiente laboral cuando un jefe es verdaderamente un idiota. Aporta consejos, no para librarse de ellos, pues siempre existirán, sino para no amargarse y soportar mejor la convivencia. “La idiotez está ahí y no podemos hacer nada, sólo podemos manejar la nuestra”. Afirma que la simulación es crucial para la supervivencia y proclama una advertencia: “Actúa con inteligencia. No esperes que tu jefe idiota elabore cualquier tipo de plan ridículo para mantenerte ocupado también a ti. Estudia los objetivos de tu departamento y de tu empresa y sugiere planes para alcanzarlos. Cuando tu jefe idiota se ponga la medalla por ello, déjalo pasar”.

Jefe idiota 01

El alto grado de tolerancia a la mediocridad en un entorno laboral promociona muchas veces al inepto, de ahí que algunos jefes sean expertos en conseguir que sus empleados decidan irse. Hay quien confunde fidelidad con competencia y muchos jefes se rodean de mediocres por ser su única forma de brillar. Ejemplos hay muchos. Basta con echar un vistazo a la política actual para darnos cuenta que está llena de jefes “tóxicos” verdaderos incompetentes. Ahora bien, siempre se pueden sacar conclusiones positivas de cualquier situación adversa. Tal y como dice la frase: “lo que no te mata, te hace más fuerte”, y dado que el trabajo es sagrado, lo más conveniente cuando uno se encuentra con un jefe “tóxico” o un jefe idiota  será adaptarse hasta que todo se normalice. Será necesario perfilar una estrategia para que el estrés que generan pueda disminuir. ¿Cuál es el peor jefe del mundo? Seguro que para cada uno,… el suyo. Hasta Groucho Marx lo tenía claro: “Los jefes son como las nubes, cuando desaparecen se arregla el día”.


Breve historia sobre los premios Ig Nobel, esos desconocidos

agosto 11, 2014

Es de sobra conocido que los premios Nobel son los galardones concedidos a determinadas personas o entidades  por su notable contribución o investigaciones en favor del progreso de la Humanidad. Instituidos en 1895 por Alfred Nobel, un industrial sueco, su entrega tiene lugar en una ceremonia que desde 1901 se celebra cada 10 de diciembre en Estocolmo (Suecia). Sin embargo, no son muchos los conocedores de los premios Ig Nobel, parodia divertida y aunque no lo parezca también seria de los Nobel. Organizados por la revista de humor científico “Annals of Improbable Research” (http://www.improbable.com/) son también objeto de un acto solemne y alegre a la vez que desde 1991 se realiza en el Sanders Theater de la Universidad de Harvard, en Cambridge (Massachusetts, EEUU).

Ceremonia de entrega 02Momento de la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel. En la parte delantera del atril, debajo de la palabra Ig, se puede ver a The Stinker, su mascota.

De acuerdo con su último lema, los premios Ig Nobel se otorgan a aquellos logros científicos que “primero hacen que la gente se ría y luego piense”. Al contrario que otros premios “anti”, como los Razzie (o anti-Oscars), no se dan a los peores trabajos, sino a los más curiosos, inusuales o imaginativos que sean capaces de llevar la ciencia al gran público. Se distribuyen en diez categorías en las que, además de las que podríamos llamar “oficiales” del Nobel (Física, Química, Economía, Medicina, Literatura y Paz), se incluyen otras como Salud Pública, Ingeniería o Biología que pueden cambiar con los años. El nombre Ig Nobel es un juego con la palabra “Ignoble” (en castellano “innoble”) y “Nobel” (por Alfred Nobel). A continuación reflejamos una pequeña muestra que en un próximo artículo ampliaremos:

Premio Ig Nobel de Física (2000)
A Andre Geim, de la Universidad de Nijmegen (Holanda), por:

“Hacer levitar a una rana en un campo magnético”.
Se trata de uno de los estudios más insólito, absurdo y si se quiere sin sentido. Renombrado científico, ha hecho levitar a casi todo lo que tenía a mano en sus experimentos: desde ranas hasta un ratón, pasando por todo tipo de objetos. A pesar de que la mayor parte de los materiales ordinarios parecen ser no magnéticos, lo pueden hacer si se les coloca en un campo magnético fuerte. Aunque la levitación de seres humanos todavía siga siendo un sueño, un elemento no tiene por que ser un superconductor para hacer levitar cosas normales. Se calcula que para que una persona lo haga, además del gran espacio requerido, seria necesario un campo magnético a su alrededor de unos 40 teslas y 1 GW de potencia. No obstante, se cree que las técnicas de levitación, algunas en experimentación Rana en levitación magnética 01y otras ya en desarrollo, como el caso de los trenes Maglev (transporte por levitación magnética que incluyen la suspensión, guía y propulsión de vehículos, principalmente trenes, utilizando un gran número de imanes), serán habituales en un futuro no muy lejano.

Es de reseñar que Andre Geim ha sido la primera persona en conseguir ambos premios Ig Nobel y Nobel. El primero lo recibió en el año 2000 por su trabajo de “hacer levitar a una rana” y diez años más tarde, en el año 2010, también fue galardonado con el premio Nobel de Física junto con Konstantín Novosiolov por el estudio del grafeno, llamado a ser una de las revoluciones del siglo XXI; un material ligero, barato y flexible, que puede cambiar por completo el mundo de los ordenadores y otros dispositivos electrónicos, incluso sustituir al silicio en la fabricación de computadores.

Premio Ig Nobel de Salud Pública (2009)
A Elena N. Bodnar, Raphael C. Lee, y Sandra Marijan de Chicago, Illinois, Estados Unidos, por:

“Inventar un sujetador que, en caso de emergencia, puede convertirse rápidamente en un par de máscaras de gas”.
La doctora Bodnar, que hizo una demostración durante la entrega de su premio, comenzó su carrera como médico en Ucrania durante el accidente nuclear de la central de Chernobyl. Allí ayudó al traslado de las personas afectadas, especialmente a los niños, y estudió las consecuencias de la exposición a la radiación. Más tarde, ya en Estados Unidos, colaboró con la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional de Energía Atómica en proyectos relacionados con el citado accidente nuclear.

Está claro que a veces las situaciones críticas reales dan origen a las innovaciones más estrambóticas. El grave accidente de Chernobyl le ayudó a Bodnar en su inspiración para diseñar un sostén que se convierte con rapidez en un par de mascarillas respiratorias capaces de filtrar las partículas nocivas suspendidas en el aire. Algo que más tarde corroboró con los atentados del 11-S de Nueva York. Su modelo preferido es una prenda de color rojo, con volantes, que se puede usar de la manera normal, sin tirantes o entrecruzado. A pesar de sus resultados y utilidad, no se cree que el invento llegue muy lejos comercialmente.

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Premio Ig Nobel de Biología (2006)
A Bart Knols y Ruurd de Jong, de la Universidad de Wageningen (Holanda), por:

“Demostrar que el mosquito Anopheles hembra, que transmite la malaria, se ve tan atraído por el queso Limburger como por el olor de los pies humanos”.
La malaria es una enfermedad producida por parásitos que se transmite al ser humano a través de la picadura del mosquito anopheles gambiae. Se calcula que entre 700000 y 2,7 millones de personas, de las cuales más del 75 % son niños, mueren al año por su causa. Además provoca entre 400 a 900 millones de casos de fiebre aguda en la población infantil (menores de cinco años). Sólo las hembras del anopheles lo pueden contagiar (se alimentan de sangre para poder madurar sus huevos), pues los machos no pican y únicamente se nutren de néctares y jugos vegetales. La única forma de contagio directo entre humanos es que una persona embarazada lo transmita por vía placenta al feto, aunque también es posible por transfusiones sanguíneas de donantes que hayan padecido la enfermedad.

En su estudio, Bart Knols y Ruurd de Jong demuestran que el mosquito “anopheles gambiae” se siente atraído por igual por el olor del queso Limburger y el olor de los pies humanos. Este queso, conocido también como Limberger, está hecho a base de leche pasteurizada de vaca y se caracteriza por su fuerte aroma. Con un color entre blanco y marrón, su sabor puede ir desde suave hasta algo picante. La bacteria empleada en su fermentación se ha encontrado en la piel humana y es en cierta manera responsable del olor corporal con el que se confunde; razón que ha llevado a creer que fueron los monjes de Limburg (Bélgica) los que idearon la receta aplastando los cuajos de la leche con los pies desnudos. El resultado de la investigación tuvo una consecuencia inmediata: colocar queso Limburger en lugares estratégicos de las zonas endémicas de África. Su contribución a la preservación de la vida humana pone de relieve la importancia de compartir todo tipo de resultados experimentales, aunque el uso previsto en un principio vaya por otros derroteros.

Premio Ig Nobel de la Paz (2006)
A Howard Stapleton, País de Gales, por:

“El invento del ‘Mosquitono’”.
Parece que la idea se le ocurrió a Stapleton porque su hija de 15 años no se atrevía a entrar en un comercio del barrio por culpa de una banda de muchachos pendencieros que siempre estaban molestando a la entrada. Entonces recordó la visita que siendo muy joven hizo a una fábrica de pilas acompañando a su padre que era el director y al entrar en un cuarto no pudo soportar el ruido procedente de la soldadura ultrasónica. Más tarde pudo comprobar que solo él podía percibir ese sonido, mientras que a los adultos no les afectaba. Así fue como nació el “Mosquitono”, un tono cuya frecuencia pueden escuchar los más jóvenes, pero no los mayores. Se basa en el efecto de presbiacusia, así definido por la pérdida progresiva de capacidad para oír altas frecuencias, provocado por el deterioro producido por la edad en nuestro sistema auditivo, principalmente a nivel del oído interno y del nervio auditivo. La Mosquitono 02presbiacusia se presenta a medida que las personas envejecen debido a la pérdida natural de células receptoras de sonido.

El “Mosquitono” se suele utilizar por algunos comerciantes para evitar que los jóvenes se acerquen a sus establecimientos. Ha sido motivo de controversia y polémica, hasta el punto que los miembros de la Asamblea del Consejo de Europa declararon que se trataba de un sistema discriminatorio (actúa no solo según la edad, sino que también afecta a aquellos muchachos que, por ejemplo, se reúnen tranquilamente para charlar), degradante, ofensivo y probablemente dañino. De esa forma se inspiró Stapleton para crear su artilugio, una cajita de metal que emite un tono de alta frecuencia que irrita mucho a los que pueden oírlo. Tan solo tuvo que colocarlo en la parte exterior del comercio donde solían estar los muchachos que molestaban a su hija, y comprobar como tan solo ocho minutos más tarde desaparecían por ensalmo. De ahí su lema: “Les entra por un oído… ¡y salen corriendo!” ¡¡Todo un pitido contra los gamberros!!

Premio Ig Nobel de Química (2009)
A Javier Morales, Miguel Apátiga y Victor M. Castaño, de la Universidad Nacional Autónoma de México, por:

“Fabricación de microcristales de diamante a partir de líquido, y más en concreto de tequila”.
El proceso de fabricación del diamante requiere gran cantidad de energía y una fuente de carbono. La primera es muy costosa, por lo que casi siempre resulta mejor encontrar diamantes en la naturaleza que fabricarlos. Sin embargo, para la fuente de carbono existen varias posibilidades: utilizar grafito, serrín de madera, o incluso… tequila. Pues bien, precisamente a partir de tequila se han podido crear películas de diamante depositadas en un sustrato (silicio o acero inoxidable), utilizando para ello la técnica de deposición química de vapor por inyección. Javier Morales, entonces estudiante de Doctorado, descubrió que cualquier elemento orgánico, “corregido con agua” para cambiar la relación atómica carbón-hidrógeno-oxígeno, es útil como posible iniciador en la formación de películas de diamante. Al final de una de sus tantas noches de cálculos dio con la respuesta: un 40 por ciento de etanol y 60 por ciento de agua. Poco más tarde, la casualidad hizo que su esposa le recordase que debían comprar tequila y su respuesta fue: “¡¡Sí, con tequila también se puede!! ¿De que hablas?, le preguntó ella. “No, olvídate, duérmete”. Fue en su siguiente experimento cuando consiguió películas de diamante a partir de etanol, metanol corregido con agua y tequila. Sus muchas aplicaciones van desde el recubrimiento en herramientas de corte hasta la electrónica basada en el diamante como semiconductor. Un material muy resistente a la temperatura y a la corrosión y que por tanto puede soportar condiciones severas de operación; uno de los metales más duros, de menor fricción, que si recubre a una pieza de acero ésta durará mucho más que con cualquier otro tratamiento convencional.

Aviones de papel 02Lanzamiento de aviones de papel a los galardonados con el premio Ig Nobel, uno de los momentos clásicos de la ceremonia de entrega en el Sanders Theater de la Universidad de Harvard.

Sirva esta pequeña muestra para destacar como los premios Ig Nobel han sido en algunos casos de gran ayuda para la ciencia. En un próximo artículo ahondaremos en algunas de sus contribuciones más interesantes a lo largo de los años. No queremos terminar sin antes hacer una breve referencia a la ceremonia de entrega que muchos, incluidos prestigiosos ganadores del Nobel, esperan año a año con verdadera pasión y ansiedad. Una gala retransmitida en directo por la Radio Nacional Pública de EEUU, también por Internet, muy divertida, llena de insinuaciones y que se suele cerrar con la frase: “Si no ganaste un premio (y especialmente si lo hiciste) mejor suerte para el próximo año“. Presidida por su mascota The Stinker (“El Apestoso”, parodia en inglés del “Pensador”- The Thinker, la famosa escultura de Rodin), el acto se acompaña de toda una serie de jocosos gags. De lo cómico de la gala hablan sin duda muchas de las divertidas situaciones provocadas.

Un clásico muy esperado era el lanzamiento por el público de aviones de papel sobre el escenario, que a menudo eran devueltos de la misma forma y en dirección opuesta por los propios galardonados. Un escenario que al final tenía que ser limpiado por el profesor Roy Jay Glauber, profesor de Física de la Universidad de Harvard, galardonado junto a John L. Hall y Theodor W. Hänsch con el Premio Nobel de Física del año 2005 por su contribución a la teoría cuántica de coherencia óptica. Desde hace bastantes años, Glauber participa en la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel representando el papel de “Guardián de la fregona” o encargado de barrer los aviones de papel lanzados durante el acto. Todo un clásico que se decidió suspender por motivos de “seguridad”, aunque se está pensando en retomarlo de nuevo. Otro momento muy deseado de la celebración es la “aparición” de Miss Sweety Poo, una niña (a veces niñas) de 8 años encargada de cortar los discursos de aquellos premiados que se enrollan demasiado. Si los oradores se entretienen más de lo previsto en su discurso enseguida se puede oír la voz aguda de Miss Sweaty Poo gritando: “Por favor, termina ya. ¡Para! ¡Estoy aburrida! ¡Para! ¡Estoy aburrida!

Miss Sweetie Poo Pek 02Momento en que Miss Sweety Poo, la niña con coletas, interrumpe a uno de los galardonados con el premio Ig Nobel por “enrollarse” demasiado en su discurso.

Una de las singularidades de la entrega de los premios Ig Nobel es que entre sus presentadores se encuentran auténticos premios Nobel. La realidad es que son muchos los científicos ansiosos de que llegue ese día con una pretensión clara: atraer al público a la gran ciencia a base de humor no exento de crítica para las investigaciones sin sentido. Una parodia cómica que se suelen tomar muy bien. Aunque nunca falten voces discordantes, la mayoría siempre han salido en su defensa. Además, no solo no se considera una deshonra obtener el premio Ig Nobel, sino que ha habido casos, como ya hemos dicho, de ganadores que también lo han sido de los Nobel. Todos los asistentes, público y galardonados, se prestan a una gala divertida que aporta innovación y fomenta la investigación. Se ha escrito, muchas veces con razón, que estos premios en el fondo son una crítica a la investigación trivial o absurda, pero la historia ha demostrado que también conducen a descubrimientos importantes. Nunca se puede saber lo que uno puede hallar mientras trata de encontrar los pequeños o grandes misterios de la vida. A pesar de que el humor se supone implícito, los premios Ig Nobel se otorgan la mayoría de las veces a auténticos logros científicos que “primero provocan risas y después hacen que las personas piensen y reflexionen”.


Las moralejas, sus enseñanzas y aplicación al mundo de la empresa

agosto 27, 2013

En un post anterior hemos hablado de los “refranes y sus contradicciones”. Hoy lo vamos a dedicar a las moralejas, con el que a veces se confunden; aunque no debería ser así pues son términos muy distintos.

Un refrán es un dicho o frase que representa en sentido figurado las acciones que pueden suceder o sucederán; mientras la moraleja, también en sentido figurado, es una frase que deja una enseñanza acerca de una historia, pero solo referente a ella. Una lección que se puede extraer de un cuento, fábula, anécdota, suceso de la vida…, en general de un relato, todo desde un punto de vista didáctico y muchas veces moral. Desde siempre nos han contado cuentos o fábulas que encerraban una moraleja. Quien no recuerda cuando de niños nos decían: ¡¡lo más importante del cuento es la moraleja, procura no olvidarla!!

Moralejas 01Una fábula se ciñe a dos elementos que la distinguen: su brevedad narrativa y su conclusión en una sentencia: lo que vulgarmente se conoce como moraleja, donde los animales, con el fin de darle un tono simbólico o metafórico, suelen ser parte muy activa de la historia. Las fábulas tienen su origen en Oriente, penetran siglos después por Grecia y Roma, para extenderse finalmente por todo el mundo. En la mayoría de las culturas se utilizan como enseñanza didáctica o moral. Es admirable comprobar como aún se mantienen actuales fábulas tan antiguas como las Esopo (600 a.C.), La Fontaine o Samaniego (siglo XVII).

En general, las moralejas son de carácter instructivo. Suelen dejarse “encerradas” en una “máxima” (moraleja explícita), aunque a veces quedan “flotando” en el ambiente para que el propio interlocutor las determine (moraleja implícita). Cualquier “vehiculo” es válido, aunque lo normal es transmitirlas a través de las lecturas. Un ejemplo son las películas de cine, en especial las dirigidas al público infantil, muchas de las cuales se “envuelven” en alguna moraleja con el fin de hacer reflexionar a los niños, y también a los mayores, con mensajes sencillos, pero ingeniosos, profundos, y sobre todo efectivos.

Cuando una moraleja se quiere personalizar de forma clara, muchos autores recurren a personajes muy simples para contar su historia, pues de esa manera se asegura que el mensaje llegue nítido. Últimamente, las dirigidas a los “mayores” se disfrazan más de una fina ironía que de un enfoque más instructivo. ¡¡No se debe confundir!! Las moralejas son lo que son y tienen su finalidad, incluidos los mensajes irónicos, pero cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Una moraleja es una enseñanza y quien la escribe debe tener en cuenta su función primordial: ¡¡transmitir un mensaje, a ser posible cuanto más claro mejor!!.

Las moralejas pueden aplicarse no solo a la vida personal, sino también a otros campos como el profesional. Son las llamadas moralejas de “campo múltiple”. Ahora que vivimos tiempos de cambio permanente son muy recomendables para subsistir en el complicado mundo empresarial. Una moraleja muy conocida, mezcla de chiste y fábula y con mucho sentido del humor, es la que a continuación se expone en tres curiosas lecciones:

Lección 1
Un cuervo estaba en un árbol sin hacer nada en todo el día. Un conejito le vio y le preguntó:
Moralejas 03 – ¿Puedo quedarme contigo sin hacer nada?
– Claro ¿Por qué no? -respondió el cuervo.
Así que el conejito se sentó en el suelo, bajo el árbol, y descansó. De repente apareció un zorro que saltó sobre el conejo y se lo comió.

Moraleja:
Para pasarte el día sentado, sin hacer absolutamente nada, debes estar sentado… muy, muy arriba.

Lección 2
Un pavo charlaba con un toro:
 – Me encantaría ser capaz de subir a lo alto de ese árbol, pero no tengo energías.
 – Bien, ¿Por qué no pruebas mi estiércol? Está lleno de nutrientes.
Moralejas 02 El pavo comió un poco de estiércol y comprobó que, efectivamente, le daba fuerzas para alcanzar la primera rama del árbol. Al día siguiente, tras comer un poco más, subió a la segunda rama.
Tras dos semanas estaba orgulloso en lo alto del árbol. Muy pronto lo divisó un granjero que inmediatamente lo derribó de dos tiros.
Moraleja:
La mierda puede alzarte a la cumbre, pero no te mantendrá allí.

Lección 3
Un pájaro volaba hacia el sur para invernar. Hacía tanto frío que, helado, cayó al suelo agotado. Mientras estaba tendido en el suelo pasó una vaca y dejó caer unas boñigas sobre él. Envuelto en el montón de estiércol, el pájaro se dio cuenta de lo cálido y a gusto que estaba allí. Se sintió tan feliz que empezó a cantar de alegría.
Oyendo al pájaro cantar, un gato se acercó a investigar. Entonces, le descubrió bajo el montón de estiércol, lo desenterró y… ¡Rápidamente se lo comió!

Moraleja:
No todo el que se caga en ti es tu enemigo. No todo el que te saca la mierda es tu amigo. Cuando estés con la mierda hasta el cuello… ¡Mantén la boca cerrada!

Fábulas de este tipo existen muchas, aunque no todos se ponen de acuerdo en las interpretaciones. Describiremos algún otro ejemplo para que cada uno, si tiene interés, extraiga sus propias conclusiones. No se trata de moralejas “implícitas”, pero sí dejaremos un poco al libre albedrío su interpretación y la posible coincidencia. Así como las personas tenemos una esperanza de vida, por fortuna cada vez más alta, con las empresas sucede lo mismo. No son muchas las que superan los 50 años de existencia, por lo que una pregunta sería: ¿Por qué unas empresas tienen éxito a largo plazo y otras desaparecen mucho antes? ¿Donde está la clave del éxito o del fracaso? En la literatura del “Management” (técnica para la dirección y gestión de empresas) hay dos obras muy conocidas que hablan sobre el tema, e ilustran muchas de sus conclusiones basándose en la sabiduría de las fábulas antiguas. Una es “Empresas que perduran”, todo un clásico, escrita por Collins y Porras en 1994; y la otra “The living company” (“La compañía viva”), de Arie de Geus, publicada en 1997. Es muy concluyente la forma tan ingeniosa que emplean para echar por tierra al menos doce mitos empresariales, algo tabú hasta entonces, y que se manifestaron como una parte débil de su organización, y por tanto de sus resultados. Veamos algunas de sus conclusiones apoyadas en las fábulas ancestrales y sus moralejas.

“La tortuga y la liebre” o la consistencia de los esfuerzos
Collins y Porras destruyen en su estudio uno de los mitos por excelencia basado en la necesidad de una gran idea empresarial para el éxito a corto y largo plazo.

Empresas que perduran 01“La cigarra y la hormiga” o invertir en el futuro
Las empresas que a la larga subsisten es porque ponen un gran empeño en prepararse para el futuro. Más que disponer de un gran líder lo importante es tener muy claros los valores, estructura, procesos, y personas que configuran una empresa.

“La gallina de los huevos de oro” o afán de riqueza
El excesivo afán por enriquecerse a la larga no es un beneficio seguro. Aunque la rentabilidad es una condición necesaria para su existencia y crecimiento, las empresas que triunfan lo hacen porque tienen un enfoque más alto o significativo, no solo por el beneficio en si mismo.

“El labrador y sus hijos” o la recompensa del trabajo
Es fundamental plantearse unos objetivos, y una vez alcanzados marcarse otras metas, porque en caso contrario es el primer paso hacia la decadencia.

“El burro flautista” o el aprovechamiento de las oportunidades
Algunos de los mayores éxitos empresariales lo han sido por haberse planificado con antelación no por puro azar, aunque en ocasiones no sea un camino de rosas, sino sujeto a bastantes pruebas de error.

Podíamos seguir con muchas más, pero creemos que es suficiente para dejar clara la importancia de las moralejas: sirven no solo para entretener, su propósito inicial, sino también para formar e informar. Aunque no siempre que uno quiere ejemplarizar en esa línea es bien aceptado, incluso hasta se puede percibir cierta impaciencia o disgusto. No se trata de nada nuevo. Tanto Mark Twain como Lewis Carroll no eran muy partidarios de las moralejas. No estaban en contra de que se extrajesen lecciones morales de sus lecturas, pero entendían que en algunos casos no eran sinceras. Lo que les molestaba era que no se propusiesen de manera correcta, o si se quiere legítima. Un rechazo más dirigido a los adultos, que se amparaban en ellas para enseñar a los niños, mientras a veces no eran igual de consecuentes con su propia conducta.

Una norma básica de las moralejas, sean “explícitas” o “implícitas”, es que ante todo sean claras, que no admitan una gran discusión. También es muy importante discernir la edad a la que van dirigidas; no es lo mismo transmitir una enseñanza a un público infantil que a uno juvenil o adulto. Pero lo más importante es que se ajusten a la realidad, sobre todo que sean precisas cuando se hable de cuestiones morales básicas. Todo libro, cuento o fábula que se precie debe desprender a ser posible enseñanzas permanentes para todos y para siempre. De ahí que aquellas obras que a lo largo del tiempo se han convertido en “clásicos” sin importar edad ni condición social, lo hayan sido, aparte de por lo extraordinario de su relato, por su claridad en las cuestiones morales o éticas.


Las maldiciones en el futbol y otros deportes

junio 22, 2012

Como es bien sabido, una maldición es un deseo maligno contra una o varias personas que en virtud de la fuerza “mágica” de las palabras consigue que ese deseo se cumpla. Las maldiciones están muy arraigadas en las creencias populares. Su origen data de tiempos muy remotos y hasta la Biblia decía: “Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas…”

Estos días muchas personas buscan aislarse, siquiera por un momento, de las malas noticias económicas que nos rodean. Hartos de escuchar palabras como déficit, prima de riesgo o rescate de bancos, procuran “consuelo” vibrando con el futbol de nuestra selección nacional que desata pasiones en la presente Eurocopa. España lucha por conseguir algo que hasta ahora nadie ha hecho: encadenar el triunfo de la Eurocopa 2008 y el Mundial 2010 con la Eurocopa 2012.

A los agoreros, que como las meigas ¡¡habelas haylas!!, les ha faltado tiempo para condicionar el posible éxito a alguna maldición existente. Hasta ahora no han encontrado ninguna. Es conocido que equipos, e incluso países enteros, han visto truncadas sus ilusiones deportivas por una simple coincidencia o una promesa incumplida. Las maldiciones en el fútbol son un tema recurrente que alienta historias fortuitas, convertidas luego en verdaderos patrones para contentar a las masas. Veamos algunos ejemplos.

Final de Champions 2012: Bayern-Chelsea
Es una maldición, tradición para otros, que acompaña a la Champions desde su inicio como tal, hace poco más de 20 años. Dice que para proclamarse campeón no se puede ser al mismo tiempo anfitrión de la final. Este año tuvo en ascuas a la afición del Bayern Munich antes de disputar la final en su estadio. Desde que la Copa de Europa de Clubs cambió su nombre por Champions, grandes equipos como Real Madrid, Barcelona o Manchester United han sido incapaces de proclamarse campeones en esas circunstancias. Ni siquiera llegaron a la final celebrada en su campo. Por primera vez el Bayern Munich lo conseguía y se pensaba que la maldición no tendría efecto. Pero una vez más se ha cumplido, salió derrotado por el Chelsea  y… la maldición continúa.

Tocar la “Orejona” en la final de Champions
Es algo no escrito que la copa de cualquier torneo no se debe tocar sin antes haberla ganado. No importa el torneo ni el rival. Ni tampoco si es la final del Mundial, el partido por la “Orejona”, nombre con el que se conoce a la copa del vencedor de la Champions, o cualquier campeonato de barrio. Todo futbolista sabe al saltar al césped que la copa de ganador se puede mirar pero… no tocar. Y no ha sido uno, sino varios los que no han hecho ningún caso:

Final de Champions 2012: Bayern Munich-Chelsea

Por si fuera poco la primera maldición antes contada, al partido Bayern Munich-Chelsea le acompañó una segunda maldición todavía más flagrante: ¡¡nunca se debe tocar la “Orejona” antes de celebrar la final”. ¡¡Verla sí, pero… no tocarla!! A Tymoshchuck, jugador del Bayern, no se le ocurrió otra cosa que desafiar a la historia y tocar la copa en el momento de salir los equipos al campo. A los forofos les faltó tiempo para culparle de la derrota. Menos mal que los aficionados sensatos, que aún quedan, responden: ¡¡algo de culpa tendrán los que fallaron los penaltys!!, y a continuación añadir: ¡¡como Robben, que es un gafe!!. Sin querer, por mucha razón que tengan,… salimos de Guatemala y nos metemos en guatepeor al acusar a un jugador de gafe.

Momento en que Tymoshchuck, jugador del Bayern Munich, toca la “Orejona” antes de la final de Champions 2012

Final de Champions 2005: Milan-Liverpool

El Milán se enfrentaba al Liverpool en Estambul y Gattuso tuvo la “brillante” idea de tocar antes la copa. Nadie le dio excesiva importancia porque el Milan era el gran favorito. Tenía un equipo de ensueño. Había tal diferencia que la mayoría pensó: ¡¡esta vez sí!!, esta vez si que se rompería la maldición. Al final del primer tiempo, el marcador reflejaba un contundente 3-0 a favor del Milan. Todo parecía indicar que serían campeones. Pero al poco tiempo de arrancar la segunda mitad, el Liverpool respondió con una remontada fulgurante. Marcó tres goles en apenas seis minutos para empatar el encuentro. Aún recuerdo aquel memorable partido de un Liverpool, entrenado por Rafa Benítez y en el que jugaba Xabi Alonso, que se dejó la piel en el campo. ¡¡Un verdadero espectáculo!!. Para más inri, Gatusso, el autor del “toque” a la “Orejona”, provocó el penalty que significó el empate a 3. La final se resolvió después de la prórroga, en la tanda de penaltys, y los famosos “reds”, en un partido no apto para cardíacos, se alzaron por quinta vez con el título.

Final de Champions 2004. Gerrard, capitán del Liverpool, levanta la “Orejona”

Final Champions 2004: Monáco-Oporto

En esta ocasión fue Giuly, capitán del Mónaco, que jugó en el Barcelona, quien tocó la copa antes de lo “aconsejado”. A la media hora caía lesionado y su equipo goleado por un contundente 3-0. Fue también la primera “Orejona” lograda por Mourinho, actual entrenador del Real Madrid. Parecen relatos extraídos de historias paranormales. Como decíamos de pequeños cuando no queríamos que alguien sin permiso nos tocase o estropease nuestro juguete preferido: ¡¡se mira pero no se toca!! A veces se nos olvida y las consecuencias son peores.

Bela Guttmann y el Benfica
Bela Guttmann fue un buen futbolista austro-húngaro que jugó de centrocampista en el mítico MTK de Budapest, equipo que conquistó nueve ligas consecutivas entre 1917 y 1925. Pero sería como entrenador cuando quedó grabado para la historia. Entre los muchos equipos que dirigió, su nombre siempre estará ligado al Benfica por haber conseguido las dos únicas copas de Europa del equipo luso. Una lograda en 1961 contra el Barcelona, y otra al año siguiente contra el Real Madrid, con una actuación deslumbrante de Eusebio, el mejor jugador portugués de todos los tiempos.

Nada parecía detener a un equipo que en poco más de una década se había convertido en la referencia europea. Nada hacía presagiar que una plantilla excelente iba a ver truncada su racha en muy poco tiempo. La causa: Bela Guttmann. Cuenta la leyenda que encumbrado por los éxitos solicitó un aumento de sueldo que creía merecer. Pero el presidente del club no solo no atendió a sus deseos sino que la situación se hizo insostenible hasta el punto de ser cesado. Entonces, Bela Guttmann, al verse así despreciado, antes de marcharse pronunció unas frases lapidarias que aún se recuerdan entre los aficionados del Benfica: “Sin mí nunca volveréis a ser campeones de Europa”. Otros dicen que la frase exacta fue: “En los próximos 100 años, el Benfica no volverá a ser campeón europeo”. Da casi lo mismo, la realidad es que el Benfica no ha vuelto a conseguir la “Orejona”.

En principio se tomó como una pataleta, pero a día de hoy algunos creen que fue toda una maldición: “la maldición de Bela Guttmann”. Solo hay que recordar que desde entonces el Benfica ha jugado nada menos que 5 finales en los años 1963, 1965, 1968, 1988, 1990, 3 de las cuales por aquella generación de extraordinarios futbolistas. En todas salieron con el amargo sabor de la derrota. Dicen que ni siquiera fue suficiente que Eusebio antes de la final de 1990 en Viena, en un intento por deshacer el entuerto, fuese a la tumba del que había sido su mentor. Ya han pasado 50 años desde aquel fatídico 1962 y… lo que queda, según algunos.

Argentina y la Virgen de Copacabana
En el último Mundial celebrado en Sudáfrica, la selección de Argentina de los Messi, Agüero, Higuaín, Tevez…, una de las mejores generaciones de su historia, partía como favorita para alzarse con el triunfo. A pesar de lo poco que confiaban en su seleccionador Maradona, que lo había sido todo como jugador, por su falta de experiencia y sus extravagancias, nadie dudaba de un equipo albiceleste casi “mágico”. Argentina solo pudo llegar a cuartos de final derrotada por Alemania y Maradona fue señalado como el principal culpable. Sin embargo, poco tiempo después, muchos recordaron una historia rocambolesca que apuntaba también a la Virgen de Copacabana.

Bajada de la Virgen de Copacabana en peregrinación a Tilcara

La historia comienza en 1986 cuando Carlos Bilardo, seleccionador por aquel entonces, al celebrarse el Mundial en Méjico decide llevarse a sus jugadores a una preparación en altura. Eligió Tilcara, una ciudad argentina situada a 2.400 metros sobre el nivel del mar. Todo transcurrió con normalidad y como colofón a su estancia, jugadores y técnicos, hacen la promesa de si logran ser campeones ir a ofrecérselo en agradecimiento a la virgen del lugar: la Virgen de Copacabana. Argentina, con un imparable Maradona, fue el ganador, y al finalizar, como sucede en estos casos, cumplieron con toda una serie de ritos y programas: visita a la Casa Rosada con el Presidente, programas de TV, agasajos por todos lados,… pero… se olvidaron de su promesa a la Virgen. Desde entonces Argentina nunca más ha vuelto a conseguir un Mundial y son muchos los que lo atribuyen a la falta de respeto a la Virgen de Copacabana.

Tan fuerte es la creencia que Sergio Batista, integrante de aquel equipo y el año pasado su seleccionador, acudió en vísperas de la Copa América a visitar a la Virgen con una camiseta de la selección y un rosario. Es muy posible que a la Virgen le pareciera poco o que su visita llegaba demasiado tarde porque Argentina, una vez más, se despidió de la Copa América en cuartos de final ante Uruguay y Batista destituido. “La virgencita cumple, pero hay que cumplirle. No conviene hacer enojar a la virgencita…”, es una frase que los pobladores de Tilcara se saben de memoria. Conocen su humor y saben que esa promesa incumplida persigue a la selección argentina desde entonces. Piensan que hasta que no cumplan con la palabra empeñada ninguna táctica surtirá efecto.

Los equipos de Philadelphia y el rascacielos One Libery Place
Las presuntas maldiciones no solo afectan al futbol sino que se extienden a todo tipo de deportes. Una historia insólita es la que persiguió a los equipos de Philadelphia que no lograron ningún título durante más de 20 años. El culpable, según cuentan: el rascacielos One Libery Place. Construido en 1987, rompió un pacto no escrito por el que ningún edificio podría ser más alto que la estatua de William Penn (fundador del estado de Pennsylvania) que corona el ayuntamiento de la ciudad. La maldición no se pudo deshacer hasta el año 2008 cuando su equipo volvió a ganar las Series Mundiales de béisbol. Y no lo hicieron ni jugadores, ni técnicos, fueron los propios obreros que trabajaban en la construcción del Comcast Center, un nuevo rascacielos, que en 2007 se convirtió en el más alto de la ciudad. Según cuentan, los trabajadores subsanaron la afrenta hecha 20 años antes colocando una pequeña figura de William Penn en la azotea del edificio.

La ciudad de Chicago y sus maldiciones deportivas
Chicago está castigada por partida doble por las maldiciones. Tanto su equipo de fútbol americano (soccer), The Bears, como de béisbol, The Cubs, son víctimas de hechizos que según algunos les impiden ser campeones.

La maldición de The Cubs se remonta a 1945. Billy Sianis, propietario de una conocida taberna llamada Billy Goat, acostumbraba a ir al campo con una cabra como mascota, que al mismo tiempo le servía para promocionar su local. El club, ante las quejas de sus vecinos de asiento por el olor que despedía, le pidió que retirara a la cabra. Pero Billy se negó y tuvo que ser  expulsado del estadio. Tan solo dijo una frase, lapidaria eso sí: “Esos Cubs nunca más volverán a ganar las Series Mundiales”. Esa misma temporada cuando el equipo perdió, envió un telegrama al dueño de los Cubs diciendo “¿quién apesta ahora?”. Una decisión que todavía hoy muchos lamentan. Desde entonces ha habido todo tipo de intentos para deshacer el hechizo sin resultado. La racha tan adversa de Chicago es conocida como “la maldición de la Cabra”.

El caso de The Bears es más reciente, data de 1985. Dos años antes, en 1983, Virginia McCaskey se había hecho cargo de la franquicia tras morir su padre y una de sus primeras medidas fue prescindir de las animadoras que amenizaban los partidos del equipo desde 1975, no renovándoles el contrato que expiraba al final de ese año. Decía que era un espectáculo “sexista y denigrante”. Ocurrió entonces un hecho muy curioso, para algunos una maldición: esa temporada The Bears ganaron la Superbowl por primera vez y… última.

En el fútbol siempre han existido historias de maldiciones y brujería. Quizás el futbol africano sea el más vinculado con el esoterismo y la magia negra, hasta el punto que su Confederación prohibió en la Copa de África 2002 que las selecciones llevasen al torneo a sus brujos y hechiceros (todas tenían uno, salvo Sudáfrica). Aún así, el escándalo, saltó en las semifinales entre Malí y Camerún. Varios agentes de policía se abalanzaron sobre Tommy N´Kono, preparador de porteros, que jugó en ese puesto en el Español de Barcelona durante muchos años, al que acusaron de realizar magia negra. Fue sancionado durante un año por brujería. Un par de años antes había sucedido algo similar en el partido de cuartos de final entre Senegal y Nigeria. Senegal iba ganando por 1-0 cuando, poco antes del final, un miembro del cuerpo técnico nigeriano detectó algo sospechoso en la portería contraria. Se acercó a ella y arrancó un objeto que según él era un artilugio de brujería que había colgado su hechicero. Se montó tal tangana que obligó a detener el partido. En la reanudación, casualidad o no, Nigeria remontó el resultado y ganó por 2 a 1. El miembro federativo fue sancionado a perpetuidad, pero fue recibido en su país como un héroe.

Las historias, mitos y leyendas sobre las maldiciones son infinitas. Podríamos seguir con un tema tan controvertido, y de poca base científica, al que algunos se agarran para justificar la falta de victorias o títulos de su equipo preferido. En un mundo de tanta superstición como el fútbol (saltar al campo con el pie derecho, repetir lo mismo que se hizo la vez anterior cuando se ganó, plantar ajos tras las porterías, llenar de sal el banquillo contrario,…) es fácil justificarse. Pero las barreras están para romperlas, y las maldiciones, si es que existen,… también. Como dice el refrán: “No hay mal que cien años dure… ni cuerpo que lo resista”


Uso y abuso de los tópicos

mayo 17, 2012

Un tópico es una frase que suele hacer referencia a algo trivial. A veces de tanto usarlo pierde su valor intrínseco. Hay quien considera a los tópicos como un vicio recurrente por quien dispone de pocos recursos para reafirmar una conversación. Se suelen emplear en el mundo de la política para disimular una verdad o bien dar énfasis a una idea. Otra acepción de la palabra tópico, de la que no vamos a hablar, es su aplicación externa y local como medicamento.

Si de pronto nos encontramos con alguien que dice “respeto tus ideas, pero no las comparto” o “solo cumplo con mi deber”, ¿a que nos suena? Seguro que más de uno dirá que no son más que tópicos. En nuestra vida cotidiana hay muchos, más de los que pensamos. Algunos, los menos, nos sirven para evitar explicaciones, pero hay otros, los más, que suponen un ahorro… de pensar por cuenta propia, de renunciar a cualquier actuación crítica. Ante la posibilidad de ser rechazados por el grupo, incluso de ser mirados con mala cara, preferimos no manifestar nuestra opinión. Es mucho más fácil que hablar por nosotros mismos. Podemos decir que los tópicos son parte de lo que se considera un pensamiento moral y políticamente correcto.

Los políticos son sobre todo muy dados a aplicar eufemismos; no son tópicos exactamente pero tienen que ver bastante. Eufemismo significa “hablar bien”, viene del griego, del verbo “femi”= decir y “eu”= bien. Un eufemismo es, por ejemplo, en vez de “mierda”, con perdón de la expresión, decir defecación o excrementos. El eufemismo maquilla la realidad, el tópico, aunque también la puede disimular, traduce de manera resumida lo que son las grandes creencias dominantes. Cuando alguien dice “no siento miedo, sino solo respeto” se expresa así no porque no tenga miedo, sino que al decirlo con el equivalente a “le respeto mucho”, no en sentido moral y estricto, lo hace para encubrir algo que no se sabe por qué razón se quiere ocultar, cuando es totalmente lícito tener miedo de algo o de alguien. Parece como que estamos obligados a tener respeto a “todo”, y la verdad es que hay cosas que no son respetables.

¿Tiene sentido tener respeto a todas las opiniones, todo lo que se dice, todo lo que vemos, todo lo que escuchamos,…? En cuanto a las opiniones se puede faltar el respeto a todas. A pesar de las barbaridades que pueda decir o hacer, lo único respetable es el ser humano, aunque habría que aclararle “usted me parece respetable, pero su opinión o lo que acaba de manifestar no lo es, es una mamarrachada”. Sin embargo, ¿por qué esa actitud de respeto a todo? Una de las causas, no todas, puede estar en la educación recibida; hace tiempo de ideas tan rígidas que se imponían por decreto, puro dogmatismo, mientras que ahora hemos pasado al extremo opuesto de golpe. Ahora lo respetamos todo y no debe ser así si lo que se nos propone es una estupidez. Es como el movimiento del péndulo: o en un extremo o en el otro. Estamos inmersos en una situación de puro relativismo o nihilismo, incluso de puro desprecio, de las creencias de las personas. Hoy una persona con convicciones es vista a veces como un ser al que se trata con desdén, de forma mezquina. ¡¡Hasta ahí hemos llegado!! Si tenemos convicciones no es posible respetar aquello que atenta contra ellas. En sentido riguroso, las ideas no están para ser respetadas, están para ser discutidas, para ser enfrentadas unas con otras, porque así lo harán nuestras opiniones y no nosotros. Además, de la confrontación de ideas surgirán otras y la Humanidad seguirá avanzando. En caso contrario, quedaremos estancados.

Durante una discusión, uno de los clásicos tópicos que usamos para comprobar el efecto de nuestras palabras es: “… pero no vas a intentar encima convencerme”. Ante esta respuesta, uno se queda pasmado al ver como su interlocutor desliza la frase “no pretenderás imponerme tus ideas”, en vez de de razonar o argumentar sobre las ideas del otro. Suponer que cualquier argumento, oposición lógica, retórica o razonable, significa un enfrentamiento personal es un disparate o una incoherencia. No estamos dispuestos a reconocer la razón sea quien sea quien la tenga; estamos afirmando que no queremos escuchar. Cada uno con sus ideas y… tan amigos. Algo triste porque elegimos la no comunicación y no la confrontación de ideas.

Mucha gente para defenderse no sabe más que recurrir a los tópicos. ¡¡Una verdadera pena!! Lo peor es que además se transmite como un mantra a través de prensa, radio, tv, etc. ¡¡Todos nos refugiamos en los tópicos!! Por eso es tan importante el papel que cumplen las revistas de humor que con su sátira ayudan a desmontar y a reírse de los tópicos y sus convencionalismos tradicionales que solo sirven para encorsetar la vida. Como decía el genial humorista Mingote: “¡¡Qué época de tópicos aquélla, Dios mío!!, refiriéndose a un tiempo no tan lejano de tópicos patrióticos, religiosos, literarios, históricos,….. Grandes humoristas como los de la revista “La Codorniz” deshacían los tópicos con recursos estilísticos llenos de metáforas irracionales y diálogos incongruentes a los que censores, que ahora también existen de forma mucho más sibilina, no eran capaces de poner coto. No había lugar al desfallecimiento, la misión era destruir el tópico y la rutina. Un tópico, aunque sea tonto, repetido de continuo ante miles y miles de personas hace mucho más daño que en cualquier otro tipo de foro. Lo mismo sucede cuando un profesor lo repite a menudo en clase. tiene mayor responsabilidad que si se hace en una discusión entre amigos.

En la actual situación de crisis, no solo económica sino también política y de otros ámbitos, se escuchan tantas frases de de continuo, de forma machacona, que no sabemos si de tanto repetirlas acabarán siendo tópicos. Una muy frecuente es: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Esperemos que no sea así. No debería, ni siquiera como expectativa, pero… Es una expresión que hemos oído siempre, a nuestros padres, a nuestros amigos,… No se puede considerar un tópico en sí, aunque tiene su fundamento. Si hacemos referencia a las posibilidades económicas no parece rechazable sino que es muy razonable.

Uno de los tópicos más tópicos en el ámbito político es “ese discurso no vende nada”, esa idea no vende demasiado. Está asumido no solo por los partidos políticos sino por todo el mundo, estamos diciendo que una cosa será buena o no en la medida que venda, algo muy negativo porque las cosas que tienen que ver con el bien común no pueden estar nunca en venta.

Un tópico tampoco es un refrán. Éste tiene un peso adquirido a lo largo de la historia mientras que un tópico solo está vigente en un momento determinado de la sociedad. Los tópicos, en general, impiden a propósito profundizar sobre lo que se habla. Es una de sus funciones principales, su respuesta nos permite “descansar” ante lo que los demás nos dicen. No hay más que hacer la prueba. Si en una reunión de amigos preguntamos sobre algo referente a otra persona, y añadimos la “coletilla” ¿qué os parece?, no será raro oír: “está en su derecho”. Con esta respuesta, estamos contestando que no vamos a entrar en algo de lo dicho por esa persona, lo estamos desviando a un problema puramente “penal” para que salga de la conversación. Pero no es eso, se trata discutir entre todos un asunto que no es penal, sino moral, de costumbres ….. Si decimos “está en su derecho” lo estamos reduciendo a un termino “jurídico”, es posible que mínimo, obviando lo más importante. Ocurre igual cuando en ese mismo grupo de amigos empleamos el término de “una persona muy legal”, otro tópico más, para hablar de una persona sensata, equilibrada, etc.

Hay quien defiende a los tópicos como que solo son una cuestión de palabras. Ni mucho menos. Las palabras crean emociones, deseos,… que desembocan en acciones de conducta. Es muy importante debatir, discutir. No es lo mismo decir que comentar. Muchas veces usamos este último verbo de forma degradante. Decimos “ya le he comentado….” cuando lo correcto es “le he dicho…” Hemos perdido capacidad de lenguaje, y en este caso una de las razones es porque el verbo “comentar” compromete menos que el verbo “decir”. Así, cuando subrayamos: ¡¡esto es un puro comentario!!, adquirimos un grado de mucho menor compromiso. O cuando decimos: “no, no, yo no digo nada, simplemente te comento” Parece no tener importancia, o que somos en exceso tiquismiquis, pero no es así: las palabras tienen un significado y si las cambiamos lo hacemos también con las ideas que intentamos transmitir. La realidad es que…. “no nos comprometemos con aquello que… comentamos”.

Sin saberlo, tenemos tantos tópicos que nos darían para escribir un libro, como el publicado por Aurelio Arteta, profesor de Filosofía de la Universidad del País Vasco, “Tantos tontos tópicos”. Están tan arraigados que la gente no acaba de entender que haya tantos “tontos”, en especial los morales y políticos. En este libro figuran algunas expresiones muy comunes que por su efecto perverso Arteta cree que hay que poner bajo sospecha, como: “No es nada personal”, “Estoy en mi perfecto derecho”, “No tengo madera de héroe”, “Todas las opiniones son respetables” Piensa que muchas de estas expresiones se usan casi de forma automática sin valorar lo que se está diciendo. Son más peligrosos porque son “prácticos” y pretenden transformar la conducta individual o colectiva.

La realidad es que los tópicos son comodines verbales. En cierta manera no son más que prejuicios, expresiones cotidianas de lo que está vigente, sea bueno o no, que pueden causar bastante daño. Si desde un punto de vista político, familiar, etc., decimos “al enemigo ni agua” estamos afirmando que el enemigo, solo por serlo, es malo, y por tanto no puede tener razón. “Lo he oído muchas veces”, es otro ejemplo más cuando las personas no quieren o no se atreven a juzgar por miedo a meter la pata, por no quedar mal, o por que no se está seguro con lo que se piensa decir.

No todo es negativo en los tópicos. A veces, pocas, cumplen una función positiva porque permiten explicarnos con concreción. Pero ¡¡ojo!!, aunque estos casos son los menos, una misma frase puede tener también significados distintos lo que echaría por tierra nuestra mejor opinión. Los tópicos no son verdades absolutas, al contrario en ocasiones significan cosas literalmente falsas, auténticas burradas. Hay muchos tópicos en apariencia inofensivos que envuelven visiones dañinas de cosas tan importantes como la vejez, el cuerpo, la imagen, la igualdad,…. Un tópico es una frase que a fuerza de repetirla todo el mundo da por buena. Están tan arraigados que son muy difíciles de superar. No son nada originales, pero nos permiten estar a bien con el grupo, congraciarnos con la mayoría y aceptar lo que está mandado. Nos servimos de los tópicos para no quedarnos solos y poder vivir en paz.

¿Qué podemos hacer para cambiar esto? Solo una cosa: pensar