Reinosa y la tradición de las Marzas

marzo 15, 2015

Celebrada en algunas comunidades del Norte de España (Cantabria, Asturias, Castilla y León y País Vasco), las Marzas es una fiesta de fuerte arraigo en Reinosa. Siempre me sorprendió el gran apoyo popular a una tradición donde las rondas de mozos festejan la próxima llegada de la primavera. De origen todavía nada claro, hay quien como el investigador Julio Caro Baroja la relaciona con el comienzo del año Romano: “Los mozos son los descendientes de los que en otra época salieron con motivo del comienzo del año ‘Kalendae Martiae’ cantando las ‘martiae’, anunciando la venida del primer mes dedicado a un dios de la agricultura después de los meses purificadores”. Sin embargo, en un clima tan duro como Reinosa, la ilusión por la primavera apenas influye en sus costumbres y rituales. Si en las tierras bajas la vida resucita en el mes de marzo, en la montaña no. Aún permanece dormida otro mes hasta que por fin comienzan a reverdecer los prados. La tierra continúa yerma y el paisaje inmóvil. Una calma que incluso en marzo a veces es preludio de grandes nevadas; un mes en el que hay que mirar hacia arriba, a la cima de las montañas, si se quiere encontrar algo diferente. Hasta que de pronto un día, casi sin avisar, aparece un claro en el cielo, el sol regresa para asentarse, la tierra se calienta y el general invierno pierde la batalla.

Marzas 2015 03Pero en Reinosa el duro clima apenas arredra a sus gentes y menos para rendir culto a sus fiestas. Basta observar la celebración de su patrono San Sebastián en pleno mes de enero con todo su rigor. Eso si, contando siempre con la preciosa “colaboración” de su fuente de vino que mana gratis solo ese día y el excelente guiso de las ollas ferroviarias repartidas entre los presentes. Este año 2015 también las Marzas han estado precedidas por una gran nevada caída en el mes de febrero. Hacía tiempo no se recordaba, hasta el punto de resucitar la famosa frase: “en Reinosa ya no nieva como antes”. Sin embargo, una vez más nada ha influido en el ánimo de los reinosanos para festejar sus tradiciones.

La palabra marzas aparece por primera vez en un diccionario en el año 1910, aunque no es hasta el año 1925 cuando se define como: ”coplas que los mozos santanderinos van cantando de noche por las casas de las aldeas en alabanza de la primavera, de los dueños de la casa,…“, y se añade “obsequio de mantequilla, morcilla,… que se da en cada casa a los marzantes”, Tienen lugar la última noche de febrero y el primer día, o el primer viernes, de marzo, siendo los portales y vestíbulos de las casas el sitio habitual para los marzantes o marceros, aunque también los corrales o corraladas, llegando algunas cuadrillas en su recorrido por las calles de las aldeas y barrios de la comunidad a entrar hasta la cocina. Las marzas también se solían cantar por otras aldeas siempre que sus vecinos lo aceptaran.

Como “la ley y la costumbre de las marzas no consienten más que a mozos solteros” las cuadrillas estaban formadas solo por varones, con un presidente (el mozo soltero de más edad), los quintos del año (mozos de edades similares) y aquellos que el año en curso entraban como marceros por primera vez una vez cumplidos los dieciséis años y pagada la cuota de “admisión” que les daba derecho. Los nuevos mozos eran sometidos a una serie de rituales obligados, en función de los cuales se les asignaba su papel dentro de la cuadrilla: desde cargar con la cesta de pedir… hasta limpiar la mesa de la comida de marzas. El mozo de más edad, además de distribuir las funciones del grupo, era el encargado de acoplar las voces en los ensayos y realizar la petición a las puertas de las casas. Aquellos marceros menos dotados para cantar tenían encomendado llevar el farol que servía de guía en la oscuridad de la noche, así como otras labores de mera intendencia como el acarreo de los productos que donaba el vecindario. Todas las dádivas (dao o limosna) conseguidas, en metálico o en especies, eran custodiadas por un responsable nombrado que, finalizadas las rondas, tenía que rendir cuentas en público y llevarlas más tarde al lugar de celebración de la comida o cena (casa o local particular o bien el comedor de una taberna), donde festejaban lo conseguido.

Sin título-1

En Cantabria, las primeras alusiones escritas a las marzas las realiza José María Pereda en su obra “Escenas Montañesas” publicada en 1864, si bien relacionándolas con la noche de Navidad. Lo cuenta así:

Todos están más locuaces que antes, y hasta el viejo labrador ha desarrugado su habitual entrecejo. El rapazuelo ronca tendido sobre un banco, y el estudiante habla en latín y asegura que si entonces pillara al mayorazgo !ira de Dios!… La tía Simona canturria por lo bajo:
“Esta noche es Noche Buena
y mañana Navidad;
está la Virgen de parto
y a las doce parirá”.

Su hija se dispone a hacerle el dúo, cuando se oye en el corral un coro de relinchos y un ruido sobre los morrillos, como si avanzaran veinte caballos.
-¡Ahí están los ladrones! -diría en tal caso un ciudadano alarmado.
-Pues no, señor: son los marzantes, es decir, dos docenas de mocetones del lugar que andan recorriéndole de casa en casa. El ruido sobre los morrillos y los relinchos los producen las almadreñas y los pulmones de los mozos.

Este acontecimiento hace en los personajes de la cocina un efecto agradabilísimo; callan todos como estatuas y se disponen a escuchar.

-Vaya, señor don Jeromo -dice una voz en falsete para disfrazar la verdadera, desde el portal: -a ver esas costillas que se están curando en el varal; esos ricos huevos de la gallina pinta que cacareaba en el corral, por, por, por, poner, por ¡poner!… ¡Que sí!… ¡Vaya, que sí!…
El coro contesta con relinchos a esta primera tirada de ‘algarabía’, que así se llama técnicamente la introducción de los marzantes, y vuelve a continuar la voz pidiendo “morcillas en blanco, o aunque sea en negro”, y otras cosas por el estilo, hasta que concluye diciendo:
-¿Qué quiere usted? ¿Que cantemos o que recemos?
-Que recen, -dice Jeromo.
-¡Que canten, cóncholes! -replica el estudiante-, que a mí me gustan mucho las marzas… ¡Ea, a cantar! -añade luego, abriendo una rendijilla, nada más, de la ventana.
Esta orden es acogida afuera con otro coro de relinchos, y al punto comienzan a cantar los marzantes.

Pero en casa de Jeromo no se engaña a nadie, y la tía Simona alarga media morcilla de manteca a los marzantes; y éstos, después de echar la primera copla, se marchan relinchando de placer.

Sin título-3No obstante, tendremos que esperar a 1871 cuando Amós de Escalante, otro escritor cántabro, en su libro “Costas y montañas” hace referencia por primera vez a las Marzas como propia de las noches del mes de marzo con un pequeño esbozo de su celebración. El escritor reinosano, Demetrio Duque y Merino (1844-1903), fundador y director del periódico “El Ebro, uno de los primeros editados en Reinosa, publicaba el 20 de marzo de 1892 en “El Atlántico” de Santander un interesante artículo en el que recordaba como el último día del mes de febrero de ese año, que además era bisiesto, acompañado por un amigo se encontraron a la caída de la tarde con una joven cuadrilla que les paró pidiéndoles las marzas. Decía: “Lo hicieron con la cortesía de antaño: gorra en mano, palabras discretas, e invocando la calidad de ser mozos del pueblo”. Se extrañaba, pues hacía tiempo que se había perdido una costumbre que tanto añoraba. También le llamó la atención que no hacía tanto tiempo las marzas solo se pedían en las casas y a nadie se le interrumpía en la calle; algo que poco a poco se ha ido imponiendo con los años. Rememorando su infancia, seguía en su artículo con los marceros recorriendo las casas, tras llamar una por una a las puertas, y cuando alguien desde dentro, sin abrirles, les contestaba: ¿quién llama?, ellos le hacían una pregunta: ¿dan marzas? Y si todo se daba bien, entonces les abrían y empezaban a cantar las dos primeras coplas del conocido romance “Marzo florido”:

No es descortesía, ni desobediencia,
en casa de nobles, cantar sin licencia.
Si nos dan licencia, (seña) cantaremos,
con mucha prudencia, las marzas diremos.
Marzo florido, seas bien venido,
con el mucho pan, con el mucho vino,…

Tras lo cual y como parte del ritual suspendían el cántico, mientras uno de ellos, con voz clara, preguntaba: ¿cantamos, o rezamos, o qué hacemos? En ocasiones eran invitados a entrar, a veces hasta la cocina, y después de saludar seguían cantando si así se les pedía. Luego recogían la dádiva y se iban hacia su próximo destino.

Petición Marzas 03Mozos yendo a cantar las marzas por las casas de la aldea.

Sostiene Duque y Merino que no es fácil, al menos en Reinosa, remontarse al origen de las marzas,  pero si confirma que su nombre deriva de celebrarse a principios del mes de marzo, y que el tiempo preciso para pedirlas era (y sigue siendo) las primeras horas de la última noche de febrero. Lo comentaba así:

“Al principio, en la costumbre de las marzas entraba mucho en su carácter la galantería puesto que, salvo por excepción, pedíanse marzas en las casas donde no hubiera mozas casaderas; los marceros solían reunirse por barrios y las comparsas eran dos: una de señoritos (‘fuitos’, que decían los otros), que pedía en las casas donde hubiera doncellas de vestido largo y mantilla de moco, y la otra de los mozos de chaqueta, que no dejaba de llamar a ninguna puerta que guardase moza de aparejo redondo.

Ordinariamente aquellas comparsas no se estorbaban unas a otras; cada una seguía su derrotero y cantaba y rezaba a su parroquia. Pero a veces, por un quítame allá esas pajas, espontáneo o buscado a propósito si de atrás venía el pique, solía entablarse reyerta entre unos y otros marceros, se peleaba a puñetazo limpio casi siempre, y tras una refriega de no muy graves consecuencias, solía acontecer que el grupo triunfante se apoderaba, como botín de victoria, de la cesta en la que los vecinos llevaban lo que hubieran sacado de las marzas”.

Las marzas se daban a voluntad en especie (huevos, chorizos, vino, y algún otro condimento), también en dinero, y luego lo celebraban con una gran comida o cena. Como el último día de febrero y el primero de marzo caían casi siempre en cuaresma, observantes como eran en esos tiempos de los mandamientos de la Iglesia (ayuno y vigilia) no lo solían festejar hasta el domingo siguiente. Como no siempre alcanzaban los ingresos para cubrir todos los gastos, la situación se “salvaba” enseguida aportando cada uno a escote la diferencia. Incluso se separaba una cantidad para comprar cuatro velas que “lucieran bien” en la procesión del Jueves Santo en manos de los cuatro marceros a los que correspondiera en suerte.

Ronda de marceros 01Ronda de marceros ataviados con la vestimenta típica poco antes de iniciar su actuación en el concurso de Marzas en la Plaza del Ayuntamiento de Reinosa.

En los primeros años el ritual de las cuadrillas comenzaba por solicitar permiso de forma oral al alcalde, al cura y al maestro. Una vez conseguido, cada grupo recorría las calles del pueblo al anochecer visitando las casas del vecindario, donde se dejaban oír mediante una algarabía de voces y relinchos (ijujús) o bien rezando un Padre Nuestro o la Salve cuando partían desde la Iglesia. De esa manera, y para que nadie se fuese a la cama, indicaban a la comunidad que la ronda ya empezaba. Dependiendo de la situación de cada familia, que por lo general todos conocían, se cantaba, se rezaba, o por el contrario todos los mozos se iban. Si había una moza casadera, o un especial sentido de la hospitalidad, con el fin de que la moza estuviera más tiempo se cantaban las llamadas “marzas largas”, añadiendo al “Marzo florido” los “Sacramentos del Amor” o los “Mandamientos”. También a veces, algunos vecinos con tal de no aguantar la “serenata” les entregaban directamente la dádiva a los marceros y así evitaban el cántico.

La Guerra Civil marcó, como es lógico, una cierta decadencia, y también un cambio en la tradición y la forma de cantar las marzas en la comarca campurriana. Así se dejó constancia en algunos escritos del año 1957:

“En Reinosa ha evolucionado la tradición y hasta pudiéramos decir que en algunos casos ha degenerado: no existe razón alguna para que las tonadas de Marzas se acompañen de pito y tambor, instrumentos tan ajenos a la ronda como una orquesta sinfónica; ni que se canten otras canciones que no sean las propias de rondar en Campoo, como se da a veces la circunstancia de que algunos marceros de la ciudad hacen caso omiso de la tradicional tonada de Marzas y llevan un repertorio exótico, muy propio para el lucimiento de la voces y para demostrar la buena preparación del conjunto (…). Por lo que respecta a este año, además de las consabidas rondas de la noche del 28, que van extremando su corrección gracias a la oportuna intervención de nuestro Ayuntamiento, el Casino nos obsequió con una fiesta de Marzas de la noche del 3 de marzo, en la que intervino el ochote ‘Ecos del Ebro’ que interpretó las ‘Marzas’ y los ‘Sacramentos’, según una partitura arreglada para varias voces por el maestro Guerrero (…). O sea que las típicas y tradicionales marzas han entrado ya en su fase de pieza de museo”.


Vídeo resumen (Donato Campurriano) del concurso de Marzas año 2013. Al final del mismo, una gran parte de las rondas y marceros cantan juntos, a una sola voz como mandan los cánones, algunos de los romanceros más populares.

Sin embargo, en Reinosa la tradición de cantar las Marzas volvió a sus orígenes, contribuyendo en gran manera el único concurso de la región que desde hace más treinta años se celebra en la plaza de su Ayuntamiento. No importa que el último día de febrero amenace nieve, ni como este año aún estuviese reciente la gran nevada caída; en calles y casas sonarán de nuevo los cánticos de bienvenida y decenas de rondas de mozos, desde los más pequeños a los más veteranos, ataviados con su ropa típica cantarán “Marzo florido” bajo la luz del farol, para seguir con los “Sacramentos del Amor”, y terminar con una canción libre de estilo campurriano. Como manda la tradición, a diferencia de otros lugares, todas cantadas a una sola voz, pues “cantar las marzas a dos o tres voces es lo peor que se puede hacer. Hay que cantarlas al unísono, como si fuéramos solo uno”, precedidas por el ritual de “cantamos, rezamos o nos marchamos”. Aunque han perdido parte de su esencia, en gran medida por la despoblación y envejecimiento del medio rural, se mantienen vivas gracias al buen hacer de las rondas y coros. “De casa salimos con mucha prudencia, a cantar las Marzas si nos dan licencia. A cantar las Marzas vienen los marceros, como las cantaban sus padres y abuelos. A cantar la Marzas vienen los del pueblo”. Cantos como éste recorrerán las calles de Reinosa dando así la bienvenida al mes de marzo. Una fiesta mantenida en el tiempo, llena de recuerdos, que pocos se quieren perder. La tradición de las Marzas sigue viva.

 


Reinosa, San Sebastián, la fuente de vino y las ollas ferroviarias

abril 10, 2014

San Sebastián, 20 de enero, patrono de Reinosa, “ciudad adelantada del mar en Castilla”, tal y como reza a su entrada. Siempre me ha sorprendido esta celebración en un mes de clima tan duro. En pleno invierno. Pero su gente no se arredra, están curtidos. Lo saben y además lo demuestran saliendo San Sebastián 02a honrar a su patrono en un día marcado por la tradición.

Los actos arrancan pronto por la mañana con los participantes en el concurso de ollas ferroviarias. Un certamen de gran éxito. Grupos de cuadrillas, que han llegado a superar el centenar, elaboran este plato típico a base de patatas con carne en la plaza del Ayuntamiento. Un manjar que impregna toda la calle con su aroma delicioso, mientras resuenan los cánticos campurrianos y el sonar de las panderetas. Si uno se da una vuelta por los alrededores podrá ver como los tempranos cocineros disfrutan con sus ollas y disfraces y demás parafernalia.

La olla ferroviaria es un invento de los antiguos maquinistas y fogoneros del Ferrocarril Hullero, más conocido como “Ferrocarril de La Robla”, que hacía el trayecto entre La Robla (León) y Valmaseda (Vizcaya). Cuando se inauguró en 1894, la idea era que uniera las cuencas mineras del norte castellano con la industria siderúrgica vasca. Sin embargo, en el siglo XX, con el desarrollo económico y de la sociedad, empezó a cubrir también otras necesidades transportando áridos, madera, productos agrícolas y manufacturados, además de paisanos castellanos que buscaban un horizonte mejor en la industria vasca o, en dirección contraria, vecinos del País Vasco que se iban de vacaciones a las merindades de Castilla.

Los viajes largos, muy largos, con jornadas entre 10 y 16 horas, hacían obligado un descanso prolongado de los trabajadores. Mataporquera fue el sitio elegido. Situada a mitad de recorrido, cerca de Reinosa, los trenes llegaban sobre el mediodía a esta pequeña localidad cántabra, que pronto se hizo muy popular en todo el entorno ferroviario. Su estación pasó a ser considerada de 1ª categoría y los maquinistas y fogoneros disponían de un dormitorio para poder pernoctar. Allí también “reposaban” las máquinas y se “encontraban” los únicos trenes de viajeros.

Entre tanto trasiego de viajes y estancias, uno de los problemas de los trabajadores era poder encajar las horas de la comida, pero enseguida dieron con la solución: ¡¡hacerlo sobre la marcha!! Al principio, la llevaban pucheros, ya hecha de casa, y para mantenerla caliente la arrimaban a la caldera, aunque luego fueron evolucionando hasta prepararla en el propio tren. ¡¡Bastó con su propia imaginación y los recursos de las máquinas!!, pues el paso siguiente fue utilizar el vapor de la locomotora mediante un tubo conectado a su serpentín, que aplicaron alrededor del puchero gracias a un recipiente que servía de “funda”. Así fue como nació la famosa “olla ferroviaria” a base de patatas, verduras y carne, lista para degustar al llegar a la estación de Mataporquera. Una idea que se fue perfeccionando hasta presentarla a la empresa en el año 1915 que la aprobó de forma “oficial” poniéndola en práctica entre todos sus operarios, algunos de los cuales pasaban más de una semana fuera de sus domicilios.

REINOSA LAS OLLASCuadrillas cocinando ollas ferroviarias en la plaza del Ayuntamiento de Reinosa.

Al principio, las ollas de vapor para los maquinista se fabricaron en los propios talleres del ferrocarril, quienes a su vez tenían que proporcionar el puchero de porcelana. Formadas por una carcasa de chapa de hojalata, de forma cilíndrica, hermética, tenían un agujero en el fondo para expulsar el vapor de agua. En su interior se colocaba el puchero que recibía el vapor por una tubería de cobre que se introducía en la cámara entre carcasa y puchero y mediante un grifo en la carcasa se controlaba la cantidad necesaria para la cocción de la comida. El método “evolucionó” con los avances del ferrocarril (algún intento ya se había hecho antes), se sustituyó el vapor por carbón de leña o vegetal, y la “cocina” pasó a ocupar el furgón de cola. Por tanto, a lo largo de la historia ha habido dos tipos de olla: la “olla a vapor” que se utilizó hasta finales de los años 50 cuando la tracción de vapor fue sustituida por diesel, y la “olla de carbón” hasta finales de los 80 en que mejoraron de forma notable las condiciones de todo tipo. De esa manera tan ingeniosa solucionaron los trabajadores del ferrocarril su problema culinario, creando todo un “arte” que ha llegado hasta nuestros días.

La idea de la “olla ferroviaria” caló tan hondo en el personal que con ella se daba de comer a toda la brigada del tren, además de convertirse en un rito, no solo por la exquisitez de su guiso, sino también por el hermanamiento que provocaba en unos viajes tan largos. Una invención a la que se le añadió otra función nada desdeñable: ¡¡servía también de calefacción por el calor que emanaba!! Y más en los meses de invierno por unos parajes tan duros. En la olla ferroviaria se puede cocinar cualquier guiso o cocido tradicional, pero el más típico, el que le dio fama, es el guiso de patatas con carne de ternera; aunque también las alubias y los garbanzos estaban muy solicitados por la energía que aportaban, y más para aquellos viajes. Lo que empezó como un rudimentario artilugio de metal fue mejorando, y mucho, con el paso de los años, y en la actualidad se compone de dos partes: un recipiente metálico de tres patas construido en chapa, para el fuego con el carbón vegetal, y un puchero de porcelana esmaltada o de barro, donde se cocina el guiso.

Olla ferroviaria 06. ReinosaLa propuesta de cocinar una “olla ferroviaria” para celebrar la fiesta de San Sebastián siempre tuvo una gran acogida en Reinosa. Desde su inicio, con más de 40 ollas en concurso, la participación ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar la cifra de 160 ollas en alguna de sus ediciones, sobre todo si su celebración coincide en fin de semana y además el tiempo acompaña. 

En Reinosa no puede faltar honrar a su patrono en su fiesta con una Misa Mayor en la Iglesia Parroquial a las doce del mediodía. Concelebrada por más de una docena de sacerdotes, muchos desplazados expresamente de toda la comarca de Campoo, ha sido presidida en más de una ocasión por el propio Obispo de la Diócesis. Una vez acabada la liturgia religiosa se inicia otro acto de los más esperados: ¡¡la “inauguración” de la fuente de vino!! A la una de la tarde, con la misma puntualidad que en las corridas de toros, la fuente de la Plaza del Ayuntamiento empieza a manar vino por un día para todos los asistentes que lo deseen. Por un caño vino “tinto” y por el otro “blanco”. A elegir. Seguido de cierta expectación, el alcalde es el encargado de accionar el grifo por primera vez y repartir jarras de vino entre los presentes. Un momento especial que permite comprobar como a su alrededor (del alcalde y del vino) merodean los políticos de turno, muchos venidos de fuera de Reinosa, que atraídos por la fama de su fiesta en estas ocasiones nunca faltan.

Una costumbre que data de finales del siglo XVIII (1774). Justo cuando finalizaron las obras de restauración de la iglesia de San Sebastián, el párroco, en señal de agradecimiento al pueblo por sus donaciones, y para festejarlo, invitó a beber vino a todos los reinosanos. Ni corto, ni tampoco perezoso, obsequió con varios odres para ser libados por sus vecinos. Dicen que fue tal la correspondencia con el regalo que algunos dieron “buena” cuenta del contenido, creándose a partir de ahí una leyenda que no vamos a a referir porque aún no se ha podido comprobar con hechos. La tradición de beber vino en la fuente-surtidor se remonta a finales de los años 80 con la remodelación de la céntrica plaza y así ha seguido hasta hoy. Cada 20 de enero, Reinosa siempre lo celebra con vino, además de forma gratuita, excepto algún año por problemas “logísticos” en el ingenioso artilugio, como conmemoración y honra a su patrono.

REINOSA LAS OLLASMomento en que el alcalde de Reinosa sirve las primeras jarras de vino a las autoridades de la región.

De los muchos reinosanos y visitantes que acuden todos los años a celebrar la fiesta de San Sebastián, son bastantes los que a lo largo del día siempre encuentran un hueco para beber su correspondiente jarra de vino con galletas, o, si la hora elegida lo permite, una buena ración del cocido preparado por los concursantes de las ollas ferroviarias. Si el buen tiempo acompaña, no siempre está asegurado, la fiesta se reparte aún más y muchas cuadrillas se animan a cocinar sus ollas, fuera del concurso oficial, por diferentes puntos de la ciudad. Una razón de peso que ha “obligado” al propio Ayuntamiento (normalmente al día siguiente) a habilitar el pabellón polideportivo o bien un hotel para celebrar una gran comida popular y de hermandad, a base de cocido de garbanzos (“cocido campurriano”) y postres típicos, con todos los participantes en el certamen como agradecimiento a su desinteresada labor. Pocas fechas son tan importantes para Reinosa como el día de San Sebastián, un santo que año tras año seguirá obrando el “milagro” de manar vino por la fuente, y un día marcado por la gastronomía y la tradición en el que la ciudad honrará a su patrono.


El Santuario de Montesclaros, Reinosa y el “Sermón de la peseta”

agosto 9, 2013

Reinosa siempre ha estado muy ligada al Santuario de Montesclaros. Todos los años, cada 8 de diciembre, se celebra en su iglesia parroquial de San Sebastián una ceremonia más que centenaria, el conocido ”Sermón de la peseta”. Se inicia con una misa mayor con asistencia de alcaldes y representantes de los municipios de la Merindad de Campoo (once en total) para conmemorar un acuerdo suscrito en 1880. Un compromiso que obligaba a los Padres Dominicos a entregar “una peseta” (ahora un “céntimo de euro”) a la Merindad en concepto de renta por la administración del conjunto monástico de Montesclaros.

Según manda la tradición, durante la celebración de la misa el superior o prior de la orden de Dominicos predica el obligado “Sermón de la peseta”, para a continuación dirigirse todos, regidores, concejales y dominicos, al Ayuntamiento y celebrar en el Salón de Plenos una sesión extraordinaria. Allí, ante la presidencia otorgada en su día al alcalde de Reinosa, el superior de los Dominicos hace entrega de la renta simbólica que la Orden tiene que pagar como administradora de los bienes  de Montesclaros, una cantidad que el Ayuntamiento luego consigna en su capítulo de ingresos. Los actos finalizan con una comida de hermandad en cuya sobremesa más de un alcalde aprovecha para plantear diversos asuntos pendientes que tengan entre si los municipios.

Montesclaros 01-01Conjunto monástico en el que se encuentra el Santuario de Montesclaros. Al fondo se puede ver el pantano del Ebro.

Fue el 18 de julio de 1880 cuando toda la Merindad de Campoo, representada por sus alcaldes, acordó que la orden de los padres predicadores dominicos volviera a ocupar el Santuario de Montesclaros, fijando las condiciones y compromisos que se debían cumplir por la cesión y gestión del convento y resto de edificios construidos entre los siglos XVII y XVIII propiedad de la Merindad. En concreto se estableció que: “La comunidad de padres Dominicos ha de satisfacer anualmente a la Merindad de Campoo una peseta, por vía de renta, el día de la Purísima Concepción, 8 de diciembre, obligándose, además, a que por uno de los padres se predique gratuitamente un sermón en la parroquia de Reinosa, en la misa mayor, dicho día de cada año, para que puedan asistir los alcaldes del partido”.

Con la desaparición de la peseta y la entrada en el euro hubo una pequeña variación en la renta que se modificó en la reunión anual posterior que mantuvieron religiosos y alcaldes. Unos y otros, dejaron claro que el ”Sermón de la peseta” no perdería su nombre y seguiría rezándose cada 8 de diciembre en la parroquia de Reinosa. Como de costumbre, después de la misa la comitiva se dirigió al Ayuntamiento a redactar el acta y extender el recibí del pago, solo que en esta ocasión en el orden del día se hizo constar que: “por entender desproporcionado” pasar de “golpe” de una peseta a 166,38 pesetas, que es a lo que equivale un euro, la cuota anual quedaría fijada en un céntimo de la nueva moneda, o sea, 1,70 pesetas.

Sermón de la peseta 2012El prior del Santuario de Montesclaros y los once alcaldes de la Merindad de Campoo reunidos en el Ayto de Reinosa en el año 2012 después de celebrar el “Sermón de la peseta” en la iglesia de San Sebastián.

El Santuario de Montesclaros se levanta en la ladera este del monte Somaloma, en el municipio cántabro de Valdeprado del Río, al sur del pantano del Ebro, y a tan solo 17 Km. de Reinosa. Rodeado de bosques de robles, hayas y avellanos, se encuentra en un alto, a 950 m. sobre el nivel del mar, desde el que se puede divisar a lo lejos el río Ebro antes de llegar a la presa del embalse.

Sobre la historia del Santuario de Montesclaros circulan una leyenda y una tradición, ambas con un nexo común: el origen de su devoción está relacionado con la aparición de una imagen de la Virgen María, una pequeña talla policromada de 55 cm, en una pequeña cueva de la zona.

La leyenda cuenta como un día un pastor se dio cuenta que uno de sus toros iba y regresaba de forma continuada a un matorral situado en un lugar cas inaccesible. El pastor intrigado decidió seguirle pero se cansó de abrirse camino y se sentó a descansar. Allí descubrió como el toro se encontraba arrodillado sobre sus patas delanteras frente a una cueva de la que salía luz. Enseguida vio que la luz emanaba de una imagen de la Virgen que estaba en su interior. Dejó su ganado en el monte y rápidamente bajó al pueblo cercano de Los Carabeos a contar lo que había visto y pronto se organizó una procesión que subió al monte rezando y cantando a la Virgen.

Al poco tiempo decidieron llevar la imagen a Barruelo, un pueblo vecino, algo alejado, de la provincia de Palencia. Pero al amanecer, ya de regreso, descubrieron que la imagen se encontraba en la cueva. Desconcertados, la trasladaron de nuevo y volvió a suceder lo mismo. Comprendiendo que no era ninguna persona quien lo hacía sino la propia voluntad divina que les señalaba que la Virgen no quería quedarse en Barruelo, decidieron llevarla a otra iglesia cercana. Y otra vez ocurrió lo mismo: ¡¡la imagen siempre regresaba a la cueva!! Fue entonces cuando creyeron que la Virgen solo tenía un deseo: permanecer en su lugar de origen. Entonces acordaron construirle entre todos una pequeña ermita en la que estuvo casi dos siglos realizando gran cantidad de milagros. Esta capilla permaneció en pie hasta el año 1977, se incendió tres veces, y se convirtió en un lugar de constante peregrinación para toda la comarca.

Iglesia Montesclaros 05Hasta aquí la leyenda. La tradición, explicación más o menos histórica, no del todo concluyente, relata el descubrimiento de la imagen de la Virgen de Montesclaros en la cueva de Somaloma, junto a otros restos y reliquias de santos que habían escondido los cristianos en su huída tras la derrota de Alfonso VIII en la batalla de Alarcos (1195). Sin embargo, durante las excavaciones realizadas en 1966 se descubrió una cripta prerrománica, situada sobre la gruta donde apareció la Virgen, en la que también se encontró un altar de piedra. Si el origen de esta cripta, coincidiendo con la llegada de las reliquias, fuese del siglo XII sería de estilo románico como otras iglesias del entorno y no prerrománico. Por tanto, todo hace pensar que la cripta es anterior, quizás del siglo X o principios del XI, por lo que también lo sería la imagen de la Virgen que habría llegado a Montesclaros con los primeros cristianos que huían de la invasión árabe, pero en este caso en el siglo VIII o, como mucho, en la primera mitad del X. Es de sobra conocido que cuando los cristianos llegaron a estas tierras, trajeron consigo sus imágenes más veneradas, y a falta de iglesias las fueron colocando en los montes y las rocas, lugares destacados y protegidos de las inclemencias atmosféricas para no deteriorarlas, de fácil referencia y a la vez que con un simbolismo religioso.

Reinosa, y toda la Merindad de Campoo, se encuentran muy unidas al Santuario de Montesclaros no solo por “El Sermón de la peseta” sino también por otras dos fiestas que se conmemoran todos los años en el Santuario y son nexo de unión de toda la mancomunidad.

La primera es la ”Fiesta de la Rosa” que tiene lugar el último domingo de mayo en honor de la patrona de la Merindad. Una celebración de gran devoción, mariana y romera, muestra de la veneración que todos los campurrianos y fieles de otros puntos de Cantabria y provincias limítrofes sienten por la Virgen de Montesclaros. Una devoción que se demuestra sobre todo a mediodía donde cientos de rosas son bendecidas durante la misa solemne que se celebra en la gran campa, acompañada de una procesión de la Virgen por sus calles. Una jornada donde un hervidero de peregrinos acuden a rezarle en cualquier medio de transporte: la mayor parte en vehículos propios y autobuses, pero también camperos a caballo, no faltando quien viene andando para cumplir su promesa. Un día donde lo típico es comprar una rosa en el Monasterio, a continuación la misa y su bendición, para terminar en una comida campestre. Una celebración romera y peregrina, siempre acompañada por los coros y danzas para amenizar la fiesta.

Fiesta de la Rosa. ProcesiónAlcaldes de la Merindad de Campoo llevando a la Virgen de Montesclaros durante la procesión de la Fiesta de la Rosa

La otra festividad que se celebra en Montesclaros tiene lugar el segundo domingo de septiembre. Es la ”Fiesta de los Procuradores”, una jornada instituida como consecuencia del “Sermón de la peseta” en Reinosa. En esta ocasión son los alcaldes de los municipios de la Merindad quienes se reúnen en el Monasterio para rendir homenaje y venerar a su patrona la Virgen. Una antigua tradición que tiene por objeto agradecer a los pueblos de la Merindad de Campoo, y a sus representantes, el aprecio y defensa que siempre manifestaron por el Santuario y su Convento, así como por sus valores espirituales y culturales.

En la historia de Montesclaros resulta interesante seguir sus avatares, en especial en la época de la desamortización de Mendizábal. Es un hecho cierto que desde 1217 el Santuario quedó bajo el Patronazgo de los Reyes de Castilla, y el propio rey Fernando III le concedió el título de Real Santuario. De las pocas referencias existentes se sabe que durante el siglo XVI  hubo dos incendios en la ermita (1508 y 1573), y años después, en 1612, un tercero que casi la quemó totalmente desapareciendo escrituras y documentos, así como las inscripciones que parece había grabadas en sus paredes, alusivas a los distintos milagros llevados a cabo por la Virgen. Es el 16 de septiembre 1686, previa solicitud del dominico Fray Alonso del Pozo, cuando el rey Carlos II le concede a la Orden de Predicadores la cesión de la ermita para sus tareas de evangelización, tomando posesión del conjunto monástico los padres dominicos procedentes del vecino pueblo de Las Caldas.

Tras una etapa de esplendor, el primer impacto fuerte llega en el año 1808 cuando las tropas francesas al mando de José I, más conocido por “Pepe Botella”, hermano de Napoleón, saquean el convento y proceden a la nacionalización de los bienes propios del Santuario, que “pasan a pertenecer a su Majestad y su Real Hacienda”, por “títulos de Bienes Nacionales”, tal y como según un eufemismo legal figuraba en un documento. Una medida que en la realidad no implicó la pérdida de la propiedad sino la confiscación de sus rentas para el aprovisionamiento y gastos de guerra, que más tarde, en 1814, les fueron devueltas con parte del botín saqueado.

A partir de ahí, y como consecuencia de la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812, más conocida por “La Pepa”, se inicia una etapa de secularización. Aunque Montesclaros continuó funcionando como parroquia, en 1821 se suprime el convento, y más tarde, en 1834, durante la primera guerra carlista, se declara la exclaustración del monasterio por entender que los dominicos habían ayudado a los “facciosos” carlistas”, según se especificaba en el decreto. Al tiempo que algunos frailes pasaron a prestar sus servicios en otras parroquias, como la del pueblo de Los Carabeos, la mayoría de la comunidad permaneció secularizada en la hospedería, arrendando las fincas que habían pertenecido del convento.

Iglesia Montesclaros 04. InteriorEn abril de 1844, con la desamortización de Mendizábal, salen definitivamente a subasta todas las dependencias y propiedades del santuario de Montesclaros, a la que acuden los hermanos Luis y Antonio Collantes Bustamante con la idea de utilizar los materiales para su fábrica de vidrio de Las Rozas, “La Luisiana”, la primera instalada de unos años venideros en los que la comarca de Campoo pudo presumir, con razón, de tener la mayor concentración de fábricas de vidrio de España. Felizmente, al final la Merindad de Campoo decidió intervenir en esta subasta vital y quedarse con todos los bienes monásticos, pagando la elevadísima suma para aquellos tiempos de 105.000 pesetas.

La desaparición de la actividad monástica por los sucesos acaecidos hizo que desde 1862 el Santuario pasara al cuidado del clero burgalés. Hasta que otro acuerdo suscrito por la Merindad en 1880 con el monasterio de Las Caldas permitió el retorno efectivo de los dominicos en el mes de julio de ese año. Un contrato de arriendo que fijaba la renta de “una peseta al año” pagadera en la iglesia parroquial de Reinosa cada 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, y al que se le incorporó una cláusula señalando la obligatoriedad de que un padre dominico, ante la presencia de los representantes de los ayuntamientos de la comarca, debería predicar gratuitamente un sermón. Fue el preludio del famoso “Sermón de la peseta”, tal y como se sigue haciendo hoy en día.

Dos veces fueron expulsados los dominicos, y dos veces volvieron al Santuario. Seguro que hubiera sido más rentable cualquier otra decisión tomada que el arrendamiento a la Iglesia por una peseta, pero la petición popular fue unánime: ¡¡Montesclaros siempre pertenecería a la Merindad de Campoo!! Que nadie espere ver unos edificios grandiosos ni una apariencia externa espectacular. Por exigencias de espacio se fue construyendo con muy poco orden una amalgama de muros y tejados recostados sobre la ladera que avanza hacia el cauce del río. Lo grande de Montesclaros se encuentra sobre todo en su historia y en lo que encierra su interior: una joya escondida en un rincón de la “montaña de la luz”, como fue la imagen de la Virgen que apareció refulgiendo en una cueva.


Fiestas en Reinosa: El día de Campoo y el desfile de Carretas

abril 22, 2013

No hace tanto que han finalizado las fiestas de San Mateo en Reinosa, ni tampoco falta mucho para las siguientes. Un buen momento para hablar del ”Día de Campoo”, su colofón, donde todos los reinosanos y los que no lo son, pero que lo llevan dentro, se echan a la calle para celebrar sus costumbres más populares.

La fiesta es sinónimo de diversión y regocijo y como tal el calendario señala unas cuantas a lo largo del año. Pero hay unas que destacan sobre las demás: las fiestas populares en las que confluyen aspectos muy significativos de las raíces de un pueblo. El folklore de la tierra se une con las artes rítmicas de la música y el baile y las plásticas de los trajes típicos. La alegría y la convivencia forman nexo común de unos días esperados y de gran participación social. Las ferias y los mercados, centro de un origen ya lejano, son recuerdo de su importancia económica en el tiempo. No hay duda que Reinosa, ciudad como indican sus orígenes y el título que le otorga un imperial letrero a la entrada: ”ciudad adelantada del mar en Castilla”, vive esos días por y para sus fiestas.

Una fiesta destaca sobremanera en Reinosa: el ”Día de Campoo”, gran cierre de las fiestas de San Mateo. El ”Desfile de Carretas” reproduciendo escenas de la vida tradicional, engalanadas, tiradas por bueyes y vacas tudancas, la raza autóctona, es el acto central de un día declarado de Interés Turístico Nacional desde 1977. Una fiesta que fue concebida en su origen para premiar a las gentes de los tres valles de Campoo (Campoo de Suso- o de arriba, Campoo de Enmedio y Campoo de Yuso- o de abajo) que iban de feria en feria tratando de  “colocar” su ganado y productos artesanos en duras jornadas que finalizaban el último domingo de septiembre en la gran feria de San Mateo, y también para quienes tras un largo verano al cuidado de los animales y las faenas del campo “bajaban” hasta Reinosa, palabra del argot campurriano, a disfrutar de sus fiestas.

Vista general del “Desfile de las Carretas” a la salida del Parque de Cupido

Intentando centrar los orígenes del ”Día de Campoo”, parece que después del devastador incendio que destruyó el Ayuntamiento de Reinosa en el año 1932, del que solo quedaron las paredes maestras, entre la escasa documentación recuperada figuraba de forma milagrosa el libro de sesiones. En él se recogía un informe del Alcalde de 1879 en el que constan las gestiones realizadas para la celebración de las Ferias y Fiestas de San Mateo. En concreto, el encargo de los fuegos artificiales en Palencia y la contratación de un grupo de dulzaineros de Frómista. Su compromiso era tocar cuatro veces al día durante los ocho días de fiesta: un paseo por la mañana, muy temprano, otro al mediodía, con una exhibición en el Real de la Feria la hora del vermouth, y por último la más concurrida, y la más larga, amenizar por la noche el baile de la Plaza, donde alternarían con la Banda de Música de Santander. Un grupo de dulzaineros que siguió  actuando muchos años, al igual que la Banda de Música, y eso que a partir del año 1907 Reinosa ya disponía de su propia banda local.

Es en el año 1895 cuando se celebra por primera vez un concurso de pandereteras en el parque de Las Fuentes como parte del programa de fiestas. Con gran éxito de público y la participación animosa de la gente de los pueblos de los alrededores, aún se recuerdan algunas de las tonadas oídas entonces como:

Unos dicen viva el Rey,
y otros que viva la Reina,
yo digo que vivan todos
y que se acabe la guerra.
En la villa de Reinosa
han hecho una cárcel nueva
para encerrar los amores
que dan palabra y la niegan.

Se puede decir que a partir de ahí comienzan los concursos regionales de canto y baile. En 1928 aparecen las rondas de Mozos, en 1944 los grupos Corales, y algo más tarde las parejas y solistas de instrumentos típicos como el pito, el tamboril y el rabel. Desde entonces estos concursos han tenido carácter de continuidad, poniendo al final del “Día de Campoo”, en uno de los actos estelares más esperados, “la guinda al pastel” de las Fiestas de San Mateo. Siempre han tenido una gran aceptación del público, siendo obligado señalar el grado de implicación y participación de los pueblos de la comarca que consideran a las fiestas de Reinosa como algo suyo y contribuyen en gran medida a su éxito.

El número por excelencia en el programa del ”Día de Campoo” es sin duda el ”Desfile de Carretas” típicas cuyo origen data de 1954. Construidas sobre la base estructural de antiguos carros de madera, los “clásicos” tirados por una pareja de vacas o bueyes, suelen incluir representaciones de las actividades o escenas costumbristas de la vida rural de antaño. Fue instituido con ese nombre en 1942 por José Luis Bustamante y la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Reinosa para impulsar y realzar los concursos de cante y baile regionales que se venían celebrando desde muchos años antes. Lo explica muy bien Ramón Rodríguez‑Cantón, antiguo alcalde, bajo cuyo mandato fue declarado de Interés Turístico Nacional, en un artículo del que entresacamos algunas frases:

“En el programa de Festejos de San Mateo correspondiente al año 1946, José Luis Bustamante, a quien se atribuye la iniciativa de bautizar el “festejo” y perteneciente por entonces a la comisión, hace una historia del Día de Campoo que se estrenó con la nueva nomenclatura el domingo 27 de septiembre de 1942. El certamen tuvo doble carácter: provincial y comarcal con el detalle siguiente: Parejas de Baile, Parejas de Cantadoras y Tocadoras de Panderetas, Solistas y Rondas de Mozos. En el año 1944, se introdujo la modalidad de Grupos Corales. En 1945, el Concurso se celebró en la Plaza de Toros, introduciéndose la modalidad de Parejas de Pito y Tamboril”.

“El programa de los actos relacionados con el concurso contaba con un desfile de participantes que solía convocarse a las tres y media de la tarde y seguidamente se celebraba el certamen en la Plaza de España. A las ocho, tenía lugar en el Teatro Principal un concierto con la participación de agrupaciones locales, provinciales y nacionales. A las diez y media de la noche, también en el Teatro Principal, se hacía una representación especial del “Gran Festival Folklórico”, en el que participaban los seleccionados de la primera exhibición de la Plaza de España”.

“La nominación de “Día de Campoo” favoreció la integración en un solo día de diversos actos del programa que tenían cierto carácter folklórico, así se incluyeron los concursos de bolos, de los que se reservaba para este día la exhibición más notoria, los de tiro de cuerda, los de trajes regionales y cuantos venían celebrándose tradicionalmente, aunque no tuvieran nada de folklóricos, tales eran los de pichón o tiro con carabina y arma corta, las pruebas con arco y la simulada caza del jabalí, así como otros festivales menos frecuentes como la “suelta de palomas”, “peleas de gallos” o el “encierro de vaquillas”.

“Otro interesante número del programa, integrado en el “Día de Campoo”, es el “desfile de carretas típicas”, que comenzó a realizarse en 1954 y ha prestado gran realce e interés al desfile de participantes en el concurso. El hecho de que nuestro “Día de Campoo” fuera declarado Fiesta de Interés Turístico en 1977, tiene gran importancia de cara al exterior, pues, ciertamente, aunque no podemos considerarnos defraudados por la concurrencia de forasteros a nuestra fiesta, que ha adquirido fama nacional, lo más importante para los campurrianos es el carácter de lo trascendente por lo que supone de entendimiento y buena voluntad entre nosotros y el apego a nuestras viejas costumbres que deben conservarse por su arraigo e innegable valor cultural. Lo mismo que pensaron aquellos campurrianos de hace cien años: organizadores, artistas y pueblo en general, cuando se reunieron en el Parque de Las Fuentes para celebrar la primera manifestación de arte popular campurriano”.

“Herrando ruedas”, carreta ganadora en el año 2006

Año tras año, al ruido del paso de las albarcas y los palos de los mozos dando golpes contra el suelo, Reinosa se despierta muy temprano. Bandas de gaitas, piteros y tamborileros con sus pasacalles parten desde la Plaza de España animando los distintos barrios. A mediodía, pandereteras, solistas y agrupaciones corales inician sus actuaciones que tendrán su gran gala al final. Personas de todas las edades, incluidos niños de pocos meses en sus carritos, salen con sus trajes típicos a celebrar su fiesta más costumbrista. Poco a poco miles de visitantes se irán agolpando por las calles. Todos quieren participar en una fiesta de folklore auténtico. Una fiesta vital que se palpa con mayor intensidad a medida que transcurre el día.

Al inicio de la tarde, a las tres y media sin falta, tiene lugar el acto más esperado: el “Desfile de Carretas”, multitudinario, provoca la máxima expectación desde el Parque de Cupido hasta la Fuente de la Aurora, sitios emblemáticos de Reinosa y principio y final del trayecto. Una espléndida estampa de la cultura del sur de Cantabria donde muchos pueblos recuerdan año a año la vida y el duro trabajo de sus antepasados. No faltan alusiones al mundo rural, al cuidado del ganado, a todo tipo de oficios: desde el trabajo del herrero, la trilla o el esquile de la lana, a tradiciones sin par como la dureza de la nieve, las rogativas en la ermita,… ¡¡Son tantas las cosas del recuerdo!! También las parodias con su derroche de humor ocupan un lugar importante. Y como no, la música, que nunca falta, con las rondas de mozos entonando a una sola voz, muy típico de esta comarca. Un desfile donde los ganaderos tienen la oportunidad de mostrar sus mejores animales. Todo y todos juntos ponen el remate final a un día de folklore puro.

“Cantina y nieve, peligro temen”, primer premio del certamen del año 2005

El “Día de Campoo” es la manifestación festiva de Cantabria que mejor conserva las tradiciones. Una cita obligada llena de recuerdos. Una jornada popular del mejor costumbrismo. El ”Día de Campoo” pone punto final a las fiestas de San Mateo, una fiesta que transmite sobre todo señas de identidad. Reinosa y sus calles son su punto de encuentro. 


Pioneros del Triatlón Blanco de Reinosa. Perico Delgado y Peio Ruiz Cabestany

marzo 29, 2012

El triatlón es un deporte individual de gran resistencia que engloba tres disciplinas: natación, ciclismo y atletismo. Se le conoce más por triatlón de “verano” en contraposición al de “invierno” o triatlón “blanco” donde el esquí sustituye a la natación. Su origen no está muy claro, existen bastantes discrepancias al respecto. Según la leyenda popular surge en Hawai el año 1978 de una apuesta entre marines americanos por ver quien era el deportista más completo: un nadador, un atleta o un ciclista. Sin embargo, hay quien lo lleva mucho más atrás, a la década de los años 20 en Francia y a una prueba denominada “Les Trois Sports (“Los Tres Deportes”). Lo cierto es que la primera constancia oficial se tiene el 25 de septiembre de 1974 cuando se celebra la primera Mission Bay Triathlon en San Diego (California) con la participación de 46 atletas. En España, la primera referencia data de un concurso organizado en Castro Urdiales (Cantabria) en 1963, aunque el primer triatlón como tal no se celebró hasta el año 1984 en Guadalajara. Es uno de los deportes más duros que existen, tanto que a los atletas que lograban enlazar las tres pruebas sin descanso se les empezó a conocer como “ironman” (“hombre de hierro).

El triatlón de Reinosa es el más antiguo de los triatlones “blancos” que se celebran en España. Se compone de una primera prueba a pie de unos 10 Km. por las calles de Reinosa, una carrera ciclista de unos 25 Km. que llega hasta la estación invernal de Alto Campoo, y una prueba de esquí de unos 10 Km. con final en la propia estación de Brañavieja. Son muchos los deportistas, famosos y aficionados, que esperan con ansiedad a que la nieve haga su aparición allá por el mes de enero para volver a encontrarse con el marco incomparable de la comarca campurriana y sus espléndidos  paisajes.

Pedro A la derecha Peio Ruiz Cabestany, ganador de la primera edición del triatlón de Reinosa celebrada en 1987, con Pedro Delgado en el centro, que fue segundo, y José Luis Laguía quinto

Se cree que el primer triatlón “blanco” en Europa se disputó en el año 1984 en la localidad de Valverg de los Alpes Franceses, el conocido como “Triathlon des neiges”, siendo Reinosa pionera en España con su primera edición en el año 1987 y con muy poca nieve, por cierto. Así pues, el pasado año cumplió sus bodas de plata. Este año 2012 no hubo suerte, se tuvo que suspender. Pero no por falta de nieve, su “enemigo” implacable por excelencia, sino por todo lo contrario; después de varias semanas de incertidumbre, días anteriores a la última fecha programada cayó una fuerte nevada que unido a las especiales condiciones climatológicas de ese día, fuerte viento y poca visibilidad, impidieron su celebración. ¡¡El primer triatlón de 1987 casi se suspende por falta de nieve y el último en 2012 porque había demasiada!! ¡¡Paradojas del destino!! Un buen momento para recordar sus orígenes y, como no, a muchos de sus pioneros. Bastantes deportistas de élite, en especial del ciclismo, algunos personajes famosos y muchos aficionados han dado fama a una prueba ya convertida en un clásico.

Corría el mes de enero de 1987 y un gran acontecimiento estaba a punto de ponerse en marcha. Aquel día todo el pueblo de Reinosa se volcó, no era para menos; allí estaban los ciclistas más famosos del momento para promocionar un deporte, el triatlón, que comenzaba a dar sus primeros pasos en España. ¡¡El triatlón “blanco”!! Las calles llenas de gente, jóvenes y mayores, familias acompañadas de sus hijos pequeños, no se querían perder la oportunidad de ver a sus ídolos de cerca, que a su mismo lado realizaban el calentamiento previo. Allí los teníamos, atentos, concentrados, en los instantes previos. Casi todos buscaban con la mirada a Perico Delgado, que meses antes había terminado en 2º lugar el Tour de Francia (al año siguiente lo ganó), Peio Ruiz Cabestany, recién fichado como líder del equipo Kas, uno de los mejores equipos españoles, o José Luis Laguía, otra figura del ciclismo en activo, que acababa de ganar el premio de la montaña en la Vuelta. Perico, sin duda la figura más popular, iba a su aire, como siempre, concentrado, sin prestar mucha atención. Cabestany, muy conocido también, sacaba su faceta de hombre simpático, sencillo, mezclándose con naturalidad entre el público. Se acercaba la hora de iniciar una prueba de las más duras y para la que se requiere una gran preparación. No era ningún paseo, si alguien piensa que a eso venían; tampoco lo hacían por los premios, el presupuesto era escaso; era el reto por el reto de unos grandes deportistas.

La carrera a pie, con salida y llegada en la plaza del Ayuntamiento, transcurrió por unas calles abarrotadas, con un Delgado siempre en el grupo de cabeza que le sacó más de 4 minutos a Cabestany antes de iniciar la prueba ciclista. Los que no fuimos a presenciar el final a la estación de esquí de Alto Campoo nos quedamos expectantes por saber quien habría sido el ganador. Perico, dadas sus dotes de escalador, era el gran favorito, aunque se sabía que, al ser Peio un gran esquiador, necesitaría de una buena minutada para poder optar al triunfo. Todos pensábamos que aumentaría lo suficiente su ventaja en la subida de un puerto considerado de 1ª categoría, de fuerte pendiente, no excesiva para ciclistas de élite, con una primera mitad suave y unos últimos 12 Km. de especial dureza. La sorpresa fue enorme cuando a media tarde nos enteramos que el gran ganador había sido Peio Ruiz Cabestany. Fue capaz de recortarle casi dos minutos a Perico en la cima, que luego en la prueba de esquí, donde era muy superior, no solo anuló sino que alcanzó la meta de Brañavieja con una diferencia superior a los tres minutos. En segundo lugar entró Perico Delgado, quinto fue José Luis Laguía, hasta un total de 54 atletas.

En la siguiente edición de 1988 se esperaba la revancha pero hubo que esperar a mejor ocasión al no participar Cabestany. Esta vez Pedro Delgado llegaba precedido por su gran triunfo en el Tour de Francia. Fue primero en las pruebas de ciclismo y esquí y 14º en la carrera a pie, en una prueba muy dura por el fuerte viento y la nieve helada que encontraron al final, hasta el punto que Perico se cayó tres veces y muchos abandonaron. Como gran vencedor recibió el premio de su peso (65 kilos) en galletas. Su victoria fue fácil. Perdió más de cuatro minutos en la carrera a pie frente a grandes especialistas como Jorge González Amo, atleta olimpico en la prueba de 1500 m. y Carlos Santamaría, campeón de España del triatlón de verano, pero su ventaja de casi cinco minutos en la prueba ciclista y más de un minuto en la prueba de esquí a sus inmediatos seguidores, y bastante más a los especialistas citados, fue más que suficiente para llegar como triunfador a la meta de la estación invernal. Participaron también otros grandes ciclistas como Iñaki Gastón y Julián Gorospe, director del equipo Euskaltel hasta no hace mucho tiempo, que dieron también gran prestigio a la prueba.

En 1989 la emoción subió de tono, ¡¡por fin!! se iban a encontrar de nuevo Peio y Perico. ¡¡Se esperaba la gran revancha!!. El ambiente estaba muy caldeado, con los partidarios de uno y otro bastante divididos. El rito, la emoción, las calles repletas, se repitieron una vez más. Pero pronto se disipó la duda. Enseguida se vio que Peio había realizado una preparación a fondo, mientras que Perico no. En la carrera a pie, Perico, que siempre había sido superior, se empezó a quedar rezagado llegando en el puesto 152 a la meta. Peio lograba entrar con una apreciable ventaja que fue aumentando durante la prueba ciclista hasta alcanzar más de 8 minutos en la cima de Alto Campoo. Una ventaja imposible de salvar, que como era lógico aumentó durante la prueba de esquí. En 2º lugar se clasificó Pedro Añarbe, ciclista aficionado y monitor de esquí, ganador de varias ediciones en los años siguientes. Pedro Delgado entró en 9º lugar a más de 20 minutos de Cabestany, una diferencia considerable. También participaron conocidos ciclistas profesionales como los hermanos Herminio y Pedro Díaz Zabala, cántabros, o Jesús Rodríguez Magro.

En 1990 se entra en una nueva época: contra todo pronóstico, se alza con el triunfo Pedro Añarbe, seguido de Juan Carlos Apilluelo, con Peio Ruiz Cabestany en tercer lugar. Un año en que la participación de famosos ciclistas  fue de las mejores de la historia del triatlón con una pléyade de figuras, además del propio Peio, como el gran Marino Lejarreta, ganador de la Vuelta a España, otra vez los hermanos Díaz Zabala, o Manuel Jorge Domínguez 

En siguientes ediciones, aunque hubo pugnas interesantes entre ciclistas y especialistas, enseguida se decantaron a favor de estos últimos. Lo que parecía una sorpresa por el triunfo de los “no ciclistas”, no lo fue tal y en años sucesivos tanto Pedro Añarbe como Juan Carlos Apilluelo ganaron la mayoría de las veces dejando clara su hegemonía en la especialidad. Son los grandes atletas con una preparación específica para este tipo de pruebas, muy completos en todas las disciplinas, los que poco a poco imponen su profesionalidad. Pedro Añarbe fue el ganador en 3 ediciones con 7 segundos puestos, y sobre todos Juan Carlos Apilluelo que consiguió 10 victorias y 2 segundos puestos, un auténtico record. Siguen acudiendo grandes ciclistas como Enrique Aja, los hermanos Cabestany, Peio quedó tercero en su última participación en el año 1991, o Fernando Escartin, otro ganador de la Vuelta a España, pero cada vez lo tenían más difícil para alzarse con el triunfo. En la categoría femenina hay que destacar a Isabel Dumall, ganadora en 5 ediciones, entre ellas la primera, y Dina Bilbao, gran atleta, amante de los deportes de riesgo, y vencedora también en más de una ocasión. Otra participante “famosa” fue Eva Pedraza, miss España en uno de aquellos años, de la que no se sabían sus aficiones deportivas. Participó en el año 1991 y llamó la atención, aparte de ser un personaje conocido, por su atrevimiento al afrontar una prueba tan exigente. Se tuvo que retirar en la prueba ciclista en un día con muy malas condiciones climatológicas, pero su mérito quedaba ahí. Citar también entre los atletas locales a Senén Pinta, reinosano, que obtuvo muy buenas clasificaciones en las ediciones que participó, que fueron muchas.

A partir del año 1991, los ciclistas profesionales, verdaderos artífices de la gran popularidad alcanzada por el triatlón de Reinosa en toda España no disputaron más la prueba. No cabe duda que la gran cobertura de prensa, la televisión, la enorme publicidad, y las grandes figuras del ciclismo que participaron en las primeras ediciones contribuyeron a su éxito espectacular. El triunfo de deportistas como Pedro Delgado y Peio Ruiz Cabestany, que arrastraron a muchos de sus compañeros, fue la punta de lanza que impulsó al triatlon no solo a nivel nacional sino también internacional, convirtiéndole en una prueba de relumbrón.

En el año 2011 se cumplieron sus bodas de plata. Para conmemorar el XXV aniversario, Reinosa fue elegida como sede del campeonato de España en el que participaron más de 250 atletas. Y ahí sigue el triatlón “blanco” más antiguo, esperando al año próximo para arrancar de nuevo hacia el éxito.


El futbol en Reinosa, su orígen y el C.D. Naval

noviembre 3, 2011

Dos jugadores de cricket inventaron el futbol y su primer reglamento. En 1857 se fundó el Sheffield, club inglés, el más antiguo del mundo, y aunque nunca ha llegado a ser un equipo de gran nivel, todavía lucha por mantener la tradición y la fidelidad a sus colores. Fue un deporte que se extendió con gran rapidez por todo el continente europeo, que en apenas 50 años contaba con equipos y torneos de prestigio en casi todos los países.

Dimensiones del campo de futbol

El futbol se popularizó vía marítima, puerto a puerto, por toda Europa y las colonias inglesas. Solo hay que fijarse en que los primeros clubs, los decanos de los distintos continentes, datan de 1889 en la India, 1892 en Sudáfrica, 1859 en Australia, 1862 en EEUU y 1887 en Argentina. El primer club no inglés, el TSV Munich alemán, no se crea hasta el año 1860.

Como si de una moda se tratase, no había asociación deportiva que se resistiese a incorporar el futbol a sus secciones. España no fue a la zaga. Todo sucedió cuando un grupo de comerciantes ingleses llegó a la costa de Huelva para explotar las minas de Riotinto. En esos años, los viajes en barco para el transporte del mineral entre Huelva y las costas inglesas se hicieron muy frecuentes. Y el 3 de noviembre de 1973, con la llegada del primer buque, mientras éste cargaba, muchos marineros se bajaron y ante la sorpresa de todos se pusieron a jugar al futbol. Esa fue la primera vez que se celebró un partido en nuestro país.

A los pocos años, viendo la popularidad del nuevo deporte, el doctor Alejandro McKay y el ingeniero Guillermo Sundheim fundan el Huelva Recreation Club. Tras una reunión celebrada en la compañía minera el 22 de diciembre de 1889, se nombra presidente a Charles Adam, un inglés gran amante del cricket, quien cede los terrenos para su práctica. En ese momento se creó el club más antiguo de España, el hoy Recreativo de Huelva.

El futbol pronto se expandió por toda España y en 1902 se celebra la primera competición a nivel nacional, la Copa de la Coronación, algo similar a la Copa del Rey actual. En 1913 se crea la Federación Española de Fútbol y en 1920 la selección española disputa sus primeros partidos oficiales en los Juegos Olímpicos de Amberes. El primer gran cambio en el fútbol español llega en el año 1926 cuando después de un largo proceso los clubs aprueban el Primer Reglamento del Fútbol Profesional. Siguiendo el modelo británico, se daba así el paso al profesionalismo, y se sientan las bases para el nacimiento del campeonato nacional de Liga, cuya primera edición se disputa en 1929.

Sheffield 1857, primer club de futbol del mundo

El futbol en Reinosa

Se puede decir que el futbol llegó a Reinosa en el año 1917. Los estudiantes que regresaban de vacaciones, que conocían las reglas del nuevo deporte por haberlo visto o practicado en otras ciudades, fueron los primeros en celebrar partidos amistosos durante el verano. Enseguida se forman pequeños equipos que compiten entre sí y la afición poco a poco va en aumento. Destacaba sobre todos el encuentro que se celebraba todos los años entre una selección de jóvenes de Reinosa y otra formada por la colonia de veraneantes, integrada por jugadores de prestigio ya reconocido. Eran partidos seguidos con pasión, con una afición siempre volcada en animar al equipo local.

En los años 1917-18 se crean los dos primeros equipos de Reinosa: “El Gorrión” y el Deportivo Reinosano “El Vaso”. Jugaban sus partidos en los campos de La Vega y Las Heras de Matamorosa. De esa época datan los enfrentamientos épicos entre “El Esperanto” de Mataporquera, formado por españoles, belgas y franceses que trabajaban en la fábrica de vidrio “Nuestra Señora de Guadalupe”, más tarde Cementos Alfa, y una selección de los equipos reinosanos.

No es hasta 1921 cuando se funda el primer equipo de la ciudad, el Reinosa F.C., único equipo representativo al fusionarse con “El Vaso”. Más tarde surgen nuevos equipos como el Racing Club de Reinosa, y se entra en unos años de gran afición y rivalidad. Los seguidores animan grandes discusiones en las tertulias y bares, y el Ayuntamiento, a la vista de la pasión por el nuevo deporte, decide construir el primer estadio de futbol en lo que hoy siguen siendo los Campos de San Francisco. El primer partido se jugó entre el Reinosa C.F. y el C.D. Rojo de Los Corrales de Buelna, aunque la inauguración oficial se hizo después contra el New Racing, filial del Racing de Santander, dirigido por Mr. Pentland, famoso entrenador inglés, que lo fue también del Athletic de Bilbao, Atlético de Madrid y Real Oviedo.

Durante las décadas de los años 20 y 30 la afición aumentó de forma espectacular, no solo se practicaba el futbol por los clubs federados, sino que cada barrio tenía su equipo y organizaba sus propias competiciones, en especial en primavera y verano cuando el tiempo es menos duro, circunstancia bastante habitual en Reinosa. Se crearon torneos de gran raigambre como los famosos de Primavera y Los Barrios, con jugadores de gran calidad que luego eran fichados por el equipo de la ciudad para las competiciones oficiales.

Reinosa fue uno de los sitios de España en los que enseguida se practicó el futbol. Los éxitos de los equipos a nivel provincial y una afición muy animosa, también en los desplazamientos donde las peñas deportivas se hacían notar, pusieron mucho de su parte. Pero surgió un problema de difícil solución: la escasez de recursos económicos. Cada temporada el equipo se veía obligado a dejar marchar a sus mejores jugadores y esta situación fue mermando la capacidad deportiva hasta llevar a la desaparición del equipo en el año 1927.

Por fortuna no fue por mucho tiempo. Las buenas actuaciones y la importancia social del nuevo deporte hicieron el resto. La empresa Sociedad Española de Construcción Naval (“La Naval”), más tarde Astilleros Españoles, Forjas de Reinosa, Sidenor, y hoy Gerdau, una gran empresa ya en aquellos tiempos dedicada a la construcción naval y armamento, decide organizar en la primavera del año 1928 un torneo entre diversos equipos de sus Talleres y Oficinas. Un torneo que fue un gran éxito, ganado por el Taller de Artillería (hoy Talleres Mecánicos), y que animó a la empresa a crear su propio equipo de fútbol, el Club Deportivo Naval, participando en las competiciones organizadas por la Federación Cántabra. La empresa “La Naval”, como se la conoce a nivel popular, siempre ha potenciado la práctica del deporte en todas sus actividades y por eso ha sido, y sigue siendo, un gran apoyo en la vida social de Reinosa. Un ejemplo es la Agrupación de Futbol de Veteranos de gran arraigo en toda la provincia.

En su segundo año de existencia, el Club Deportivo Naval queda campeón de la competición y asciende a la 2ª Regional en la temporada 1929-30. En 1933 sube otro escalón hasta la 1ª Regional, y permanece hasta el año 1936 en que la Guerra Civil obliga a suspender las competiciones hasta la temporada 1940-41.

En la temporada 1948-49 se produce un hito en la historia del C.D. Naval al ascender a la 3ª División nacional. El club, que años antes había iniciado una llamativa campaña incorporando jugadores foráneos a los que ofrecía trabajo en la propia empresa en lugar de elevados contratos económicos, logra la ansiada plaza. Su política y concepción del fútbol, más enfocada como labor social, es muy bien aceptada por muchos jugadores jóvenes de gran proyección, que ven la posibilidad de labrarse un porvenir al tiempo que practican su deporte favorito. Fue todo un éxito. Las buenas actuaciones del equipo hicieron el resto y en las dos siguientes temporadas el C.D. Naval puso proa a una de sus épocas más brillantes. Logra el séptimo lugar de una categoría en la que jugaban renombrados equipos. Con un gran futbol, los viejos aficionados aún recuerdan los partidos celebrados contra la Leonesa, el Caudal de Mieres y otros viejos conocidos de las provincias de Asturias, Galicia y por supuesto Cantabria.

Sin embargo, no dura mucho la política implantada, básica para mantener un equipo, y más si es de futbol modesto. Los resultados deslumbran, se vuelven a fichar jugadores con sueldos elevados que, añadido a los desplazamientos muy largos y caros, hacen muy difícil la situación económica a pesar de la ayuda recibida de la empresa. Y aparece otra vez el problema que tanto afecta a los equipos de futbol. En la temporada 1951-52 se pierde la categoría, quedando para el recuerdo las buenas tardes de futbol y una plantilla de grandes jugadores que abandonan el club para ir a equipos importantes, algunos de primera y segunda división, como fueron los casos de Artabe (Las Palmas) y Platón (Zaragoza), entre otros.

Equipo del C.D. Naval año 1958 en los Campos de Sport del Sardinero

El C.D. Naval permanece varios años en categoría regional hasta que en la temporada 1956-57 realiza una de las campañas más importantes de su historia. Gana todas las competiciones, asciende de nuevo a 3ª División y conquista la Copa de Aficionados y la Copa de Cantabria. Un éxito rotundo si se tiene en cuenta que todos sus jugadores eran de Reinosa o zonas próximas. No fue por mucho tiempo. En la temporada 1960-61 se traspasan a los mejores jugadores de esa hornada, José Luis (Atlético de Madrid), Eloy (Sevilla) y alguno más a equipos punteros provinciales, se resiente mucho la parcela deportiva, la situación económica tampoco es muy buena, y el equipo desciende a 1ª Regional. A partir de ahí el C.D. Naval  entra en una dinámica irregular. Recupera la categoría al año siguiente, permanece en ella dos temporadas hasta el año 1964, la pierde al año siguiente, y pasa una larga travesía del desierto en las categorías regionales hasta que en el año 1976 regresa a la 3ª División y alcanza las semifinales del Campeonato de España de Aficionados de donde es eliminado por el Betis.

En la temporada siguiente 1976-77 el C.D. Naval marca otro gran hito en su historia: participa por primera vez en la Copa del Rey siendo eliminado por el Valencia. El partido de vuelta celebrado en Reinosa fue todo un acontecimiento. Aún hoy se recuerda la expectación generada. Con el campo lleno hasta la bandera, nunca un equipo de futbol generó tal expectación. Además, el resultado, 1-0 a favor del equipo local, a pesar de que no sirvió para salvar la eliminatoria pues había caído derrotado por 6-0 en el partido del Luis Casanova, fue motivo de comentarios durante mucho tiempo. El Valencia, un equipo de gran solera en la Primera División, y en esa época aún más porque los campeonatos estaban más igualados que ahora, se alojó en el Hotel Vejo, y hasta allí se fueron muchos reinosanos en largo peregrinaje que a la manera de los aficionados actuales iban a ver a sus ídolos.

Una consecuencia positiva de esos años de esplendor fue la creación de su equipo filial, el AESA. Cada temporada siempre ocurría lo mismo: había que reforzar la plantilla, y en ocasiones con jugadores de fuera que la encarecían mucho. Por eso, y para no caer de nuevo en el error de pasar apuros económicos, se decidió crear un filial que ayudase al primer equipo con jugadores formados en sus filas. Los buenos resultados, la afición entusiasmada, la política deportiva muy bien enfocada, con un equipo en 3ª División, otro en Regional y varios en Infantiles y Juveniles, y un número de socios, hasta 1500, nunca soñado, hacen que se recuerden esos años como los mejores de la historia del C.D. Naval. Como colofón a esa temporada mítica 1976-77 suceden otros dos hechos importantes, ambos en el último partido de Liga como local. Con una gran asistencia de público recibe la visita del Baracaldo, recién ascendido a la 2ª División. En medio de un gran colorido, con muchos seguidores vascos que se habían desplazado hasta los Campos San Francisco para celebrar el ascenso, el equipo visitante recibe el trofeo de campeón, muy celebrado por las dos aficiones. A la par, todos los equipos infantiles participantes en el Torneo de Primavera de Reinosa desfilan ante todo su público y familias. Fue un gran éxito y un modo excelente de fomentar el futbol.

Equipo juvenil Naval-Forjas de Reinosa año 1967

El C.D. Naval permanece en 3ª División los años siguientes, pero a partir de la temporada 1986-87, con la reestructuración obligada por la participación de solo equipos de la Autonomía, se inicia otra cuesta abajo. Lo que es positivo desde un punto de vista económico afecta de forma muy negativa a la calidad del equipo. El aficionado, acostumbrado a ver futbol de mejor calidad, deja de asistir al campo, el interés disminuye, y el equipo y su afición empiezan a notarlo. Las divisiones inferiores se resienten y el AESA, su filial, termina por desaparecer. Si añadimos que el boom del futbol sala, alternativa que empieza a triunfar entre los jóvenes, aparece en esos años, hacen que el C.D. Naval entre en una dinámica negativa. Una etapa sin pena ni gloria, alternando la 3ª División con la Regional Preferente en la que se encuentra hoy en día.

Es un hecho evidente que para poder mantener un nivel competitivo en equipos con escasos medios económicos, como es el caso del C.D. Naval, es necesario potenciar el futbol de cantera con equipos de alevines y juveniles que permitan subir jugadores al primer equipo. Esto, que se llevaba muy bien, con algunos altibajos, se empezó a descuidar; los jóvenes se inclinaron por otro tipo de deportes y la afición se fue perdiendo poco a poco.

Del C.D. Naval han salido bastantes jugadores que han alcanzado el éxito en equipos de mayor categoría. En un repaso rápido y distintas épocas cabe recordar los nombres de Platón (Zaragoza y Las Palmas), José Luis (Burgos y Atlético de Madrid), Eloy (Sevilla), Paco “El Negro” (Torrelavega), los hermanos Sierra (Torrelavega), Luis “El Pecas” (Sevilla), Constan (Sevilla), José Fernández (Racing de Santander), Piru ((Racing de Santander y Betis), Juan Carlos (Racing de Santander), Geli, Fraile y muchos más.

Año 2007. Homenaje al equipo de C.D. Naval que ascendió a la 3ª División en 1976

También citar a entrenadores que marcaron una época en su paso por Reinosa, aquellos que lograron el ascenso a la 3ª División y en especial a los que dedicaron una buena parte de su vida a fomentar la cantera. Por nombrar a algunos, Felipe Peña y José Antonio Saro fueron parte importante en los triunfos a nivel profesional. Y entre los que se dedicaron a potenciar el deporte juvenil, un nombre será siempre recordado: Daniel Pérez Samitier “Sami”, que después de jugar durante 18 años en el C.D. Naval entrenó a niños y jóvenes durante más de 30 años. Toda una vida dedicada al deporte. Su aportación personal, y también económica, permitió subsistir a muchos de los equipos que entrenaba, y con los que consiguió importantes triunfos a nivel comarcal, regional y nacional. Muchos de los jugadores formados por “Sami” fueron la semilla del C.D. Naval entre los años 1950 a 1980, y también la mayoría de los que luego triunfaron en 1ª y 2ª División. Pudo llegar a ser un jugador famoso. En 1936, a punto de fichar por el Español de Barcelona, la Guerra Civil truncó sus aspiraciones. Fallecido en el año 1996, hace poco fue objeto de un emotivo homenaje por muchos de sus antiguos “discípulos”.

En el año 2007 se recordó la gesta realizada por la plantilla que en el año 1976 logró el ascenso a la 3ª División y que en los años siguientes culminó las mejores temporadas de la historia del C.D. Naval. Unos años adornados por enfrentamientos con equipos de gran relumbrón como el Valencia, y su eliminatoria de la Copa del Rey, y los que también mantuvo con el Betis y el Sevilla. Una plantilla formada por jugadores de gran proyección que luego se fueron a grandes clubs como Zaragoza, Valladolid, Sevilla, Granada o Gimnástica de Torrelavega. Jugadores como Piru, Juan Carlos, Cobo, Fraile, Bustamante, César, Julián, Moncalean, Isi, Debrán, López o Constan eran parte de aquel gran equipo.

El Club Deportivo Naval pronto cumplirá 100 años y, junto a la empresa que lo fundó, ha llevado siempre con orgullo el nombre de Reinosa por los distintos campos de España. Muchos jugadores de calidad salieron de sus filas. Esperemos que el futuro depare lo mismo.


Un paseo por Reinosa

agosto 30, 2011

De Reinosa conocía muy poco, lo que nos enseñan en la escuela: “el Ebro nace en Fontibre, muy cerca de Reinosa”, y “La Naval”, una gran empresa dedicada a la industria naval y militar a la que iba destinado y de la que me tuve que poner al día para saber el sitio elegido en mi nueva andadura profesional. Del resto, casi nada. Mi primera imagen, hace ya bastantes años, no pudo ser más desoladora.  En mi visita previa para conocer el entorno que me esperaba, la impresión que recibí me quedó grabada mucho tiempo. No fue buena. Entrando por la carretera de Santander, el primer soplo que acompañaba al visitante era una hilera de casas bajas, mal conservadas, situadas a ambos lados de la carretera, con aceras muy estrechas, que apenas permitían caminar hasta llegar al centro del pueblo. Allí, el panorama empezaba a cambiar, deformado todavía por el impacto de su entrada.

Por fortuna Reinosa no era eso, un poco exagerado cuando uno viene con las “orejeras” puestas y no alcanza a ver mucho más allá de sus narices. Reinosa era, y es, mucho más. Un lugar estupendo para vivir, con un clima duro, eso sí, al que uno se acaba acostumbrando, que en contrapartida tiene otras alegrías, la mayoría muy buenas por cierto. Como presume un letrero situado justo a la salida hacia la meseta castellana, es un pueblo con rango de ciudad y para muestra su eslogan “Reinosa, ciudad adelantada del mar en Castilla”. Uno de los municipios más pequeños de Cantabria con una peculiaridad importante: los pueblos de sus cercanos alrededores siempre se han considerado integrados en su capital comarcal, con una independencia que no pierden, pero con muchas ganas de decir: somos y formamos parte de Reinosa. En este blog hemos escrito varios post acerca de sus bondades, de modo que ha llegado el momento de dar un pequeño paseo por la ciudad que tiene también cosas muy interesantes.

Reinosa esconde, creo que es la palabra correcta, muchas cosas; unas por desconocimiento y otras por no haberles sabido dar su verdadero valor a lo largo del tiempo. Si bien en ocasiones se han hecho esfuerzos por cambiar esta actitud, los propios reinosanos, los primeros interesados en conocer su historia, muchas veces la han dejado de lado. Sigue siendo aún un destino por descubrir. Con unos parajes espléndidos como los ofrecidos por los valles de Campoo y sus alrededores, el centro de la ciudad merece también una visita aunque sea fugaz y rápida.

Vista aérea de Reinosa con la fábrica de La Naval en primer término

Antes de iniciar el recorrido que mejor que conocer un poco de su historia pasada y reciente.

Reinosa ya se menciona en la Edad Media como un lugar habitado y con personalidad propia. No debemos olvidar que aún se conservan restos medievales cristianos, sobre todo en la comarca de Campoo, uno de los bastiones del territorio y una de sus fronteras desde finales del siglo VIII. Como hemos visto en el post de “La ermita de Santa Ana y la mina Fontoria”,  durante las llamadas Guerras Cántabras, los primitivos pobladores de los valles se mostraron muy beligerantes ante la conquista romana.

El nombre de Reinosa comienza a aparecer en algunos documentos hacia el año 1000, pero su importancia y desarrollo no se inicia hasta el siglo XV, momento en el que su situación estratégica de paso entre la meseta y la costa la convierten en posada y fonda de viajeros y carreteros, centro harinero de primer orden y un importante núcleo industrial. Los tiempos de bonanza arrancan en el año 1445 cuando los Reyes Católicos le conceden el Fuero Real, y pasa a ser la cabeza visible de un extenso territorio como era, y es hoy en día, la Merindad de Campoo. Sin embargo, el crecimiento de su población no fue al mismo ritmo que su importancia, solo unos 120 habitantes en el siglo XIV y no más de 700 tres siglos más tarde. Camino Real 02. A su paso por Reinosa 03Camino Real a su paso por Reinosa. Una de las fotografías más antiguas existentes, realizada por el ingeniero británico Atkinson en 1857 durante la construcción del ferrocarril entre Alar del Rey y Reinosa

No es hasta el siglo XVIII, con la construcción del Camino Real, paso obligado de las rutas comerciales entre Castilla y el puerto de Santander con destino final a Europa y ultramar, cuando Reinosa se convierte en un próspero centro artesanal e industrial y su población se dispara hasta alcanzar los 1500 habitantes. Y así se mantiene durante todo el siglo XIX como uno de los núcleos económicos más relevantes. Hasta que en la primera mitad del siglo XX sufre de nuevo un crecimiento espectacular como consecuencia de la implantación, por motivos estratégicos nacionales, de la empresa Astilleros Españoles, más conocida como “La Naval”, a la que dedicaremos un capítulo aparte en otro momento. A partir de ese momento, junto a la instalación de otras empresas como Cenemesa, Sociedad Vidriera y Farga Casanova, Reinosa experimenta un enorme desarrollo demográfico, se transforma en una población próspera, muy visitada por su importancia industrial por todo tipo de autoridades, incluso jefes de estado, y propicia que en el año 1927 le sea concedido el título de ciudad. Así permanece hasta finales de la década de los 80 en que comienza su declive industrial, la reestructuración de empresas por la crisis económica le afectan de muy negativamente, sin que haya podido recuperarse hasta ahora.

Pero Reinosa, su industria, las fábricas y las barriadas construidas en su perímetro, son sólo una parte de su imagen. También tiene un centro histórico y religioso que se extiende en torno a la Plaza de España, y su arteria principal formada por la Avenida del Puente de Carlos III y la Calle Mayor, al que dedicaremos en gran parte este paseo por sus calles.

Por su situación Reinosa tiene mucho de montañesa y un poco de ciudad castellana, con antiguos edificios, con sus clásicas galerías-balcones, muchos de ellos con escudos de armas en sus fachadas de sillería, ordenados por un trazado urbano diseñado para soportar de la mejor forma posible el rigor y la dureza del invierno.

Nuestra visita la podemos iniciar por donde se hace muchas veces: por su Ayuntamiento. Situado en la Calle Mayor, en el epicentro del casco histórico y peatonal, con su espléndida Plaza de España de claro estilo castellano, ha sufrido con el paso del tiempo algunas modificaciones. Fue inaugurado en el año 1.935, aunque antes hubo otros dos edificios consistoriales destruidos por sendos incendios. La fachada, de piedra de sillería, consta de tres plantas de altura, con una planta baja formada por una galería porticada de cinco arcos que forman un soportal.

Ayuntamiento de Reinosa y la Plaza de España. A su lado los torreones de Navamuel y Manrique y Navamuel y Calderón

A su alrededor podemos contemplar, todavía bien conservadas, algunas casas de los siglos XVI y XVII, y los conocidos torreones de Navamuel y Manrique y Navamuel y Calderón, de la época medieval, que adosados al Ayuntamiento, y alineados en su mismo frente, se han terminado convirtiendo en oficinas municipales.

En la Calle Mayor, recuperado su antiguo empedrado, ahora solo peatonal, con sus clásicas casas con soportales del siglo XIX, destacan sobretodo dos de sus edificios más antiguos, con reconocidos blasones y escudos en sus fachadas: “La casa del Marqués de Cilleruelo” y “La casa de las Princesas”.

“La casa del Marqués de Cilleruelo” se encuentra un poco antes de llegar a la Plaza España. Recibe su nombre de quien fuera su primer dueño. También es conocida como “Casa del Regidor” o “Casa de Pano”, sus siguientes propietarios. “Pano” fue un personaje muy popular en Reinosa, autor de dichos o ripios muy conocidos, como aquel que circulaba ante cualquier crítica malintencionada o no, a veces injusta, y que decía: “Quien ve su casa, ve la ajena”. Un clásico de la sabiduría popular, en muchas ocasiones suficiente para acallar al contrario.

Casa del Marqués de Cilleruelo, más conocida como Casa de Pano

Un poco más adelante, al final de la calle, está situada “La casa de las Princesas”, conocida también como “Casa de las Infantas”, un edificio construido en el siglo XV, reformado en siglos posteriores, en el que parece ser “se tomaron las manos” (sic) en el año 1497 el príncipe D. Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, y Dª Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso. Tiene, aunque su estado actual es de total abandono, dos plantas de altura, con cubierta a dos aguas. Situado enfrente de la antigua Plaza del Espolón, hoy Díez Vicario, a su alrededor podemos admirar las típicas casas de galerías y soportales de la zona.

En la confluencia de la Calle Mayor con la Avenida del Puente de Carlos III, nos encontramos con uno de los símbolos más queridos de Reinosa: “El Cañón”. Un recuerdo de la Guerra de la Independencia del que se dice fue abandonado por las tropas francesas en su precipitada salida. El viejo cañón es casi un personaje que cada vez pasa más desapercibido mientras observa el paso continuo de peatones y vehículos.

Siguiendo adelante por la avenida aparece uno de los pocos recuerdos que aún permanecen del antiguo Camino Real: el Puente de Carlos III sobre el río Ebro, tantas veces caído y tantas levantado. Un puente de piedra, de tipo bóveda, con tres arcos, construido durante el reinado de Carlos III, y que constituía la principal infraestructura viaria a su paso por Reinosa.

Algo más allá, podemos visitar uno de los edificios más emblemáticos: “La Casona de la Niña de Oro”, mucho más conocido por su nombre popular: “La Casona”. En Reinosa, como en muchos otros lugares, sus gentes son muy dadas a ponerles apelativos a las cosas, y éste es un ejemplo más. Se trata de un palacete del siglo XVIII, de dos plantas, con una fachada formada por cinco elegantes balcones por planta y hermosas mansardas o buhardillas en el tejado, que le dan una forma peculiar. Hasta finales de los años 70 jugó un importante papel en la vida local como Casino de la ciudad, con salón de baile incluido, pero después de un primer incendio ocurrido en 1808, provocado por las tropas francesas, y sobre todo el siguiente acaecido en 1978, que le afectaron muy gravemente, fue restaurado en la década de los 80 y en la actualidad se ha convertido en un centro cultural utilizado para conferencias, exposiciones y también, como sede de la Universidad de Cantabria, cursos de verano. Cuenta la leyenda que su primer propietario, Luis de los Ríos Velasco, prometió ofrecer a la Virgen el peso de su hija en oro si ésta sanaba de una grave enfermedad. De ahí su nombre original.

Casa de la Niña de Oro, más conocida por La Casona

Quizás el monumento más interesante de Reinosa sea la Iglesia de San Sebastián. Construida en el siglo XVI, de claro aspecto barroco, declarada monumento histórico-artístico, está formada por tres naves de tradición gótica, una torre campanario de gran altura y una excelente portada presidida por la estatua del Santo. En su interior dispone de una magnífica colección de retablos distribuidos por las tres naves, considerada entre lo mejor de Cantabria. La fiesta de San Sebastián, patrono de la ciudad, a pesar de celebrarse en el mes de enero, donde los rigores del invierno son máximos, es muy seguida por todos los reinosanos. Una de sus tradiciones más festejadas es preparar la fuente de la Plaza de España para que ese día, y solo ese, el vino sea el único líquido elemento. Ni que decir tiene que es una costumbre muy seguida, bastante más que cuando solo echa agua. Además, como también se realiza un concurso de ollas ferroviarias, un cocido siempre exquisito, la degustación del conjunto permite, y de que manera, entrar más rápido en calor, que buena falta hace si el tiempo se desmadra como suele ser normal.

Iglesia de San Sebastián 07Iglesia de San Sebastián

Para finalizar este paseo podríamos visitar también alguno de los edificios singulares de otras partes de la ciudad, por ejemplo el Convento de San Francisco. Un edificio religioso relevante, que formó parte de un antiguo convento de franciscanos, al que se llega después de atravesar el paseo del mismo nombre. Con su iglesia del siglo XVI, de línea  renacentista, es desde hace mucho tiempo otro de los símbolos más queridos. Convertido en residencia de ancianos, todos los reinosanos colaboran en su mantenimiento y se desviven por la atención a los mayores, en este caso de manera muy especial con actuaciones extraordinarias de todo tipo.

Y si aún nos quedase algo de tiempo y ganas, aún podemos ver de pasada la Casa de los Cossío, enfrente de La Casona, conocida también como la “Casa de los Leones” por su escudo de armas del siglo XIX flanqueado por las figuras de dos leones; y más en las afueras, la Fuente de la Aurora, la Casa de los Obeso, el Teatro Principal, el Parque de Cupido y alguno más. Pero a lo mejor nuestro cuerpo requiere antes otro tipo de “atenciones”: ¡¡Ha llegado la hora de reponer fuerzas¡¡. Es el momento de buscar el placer de una buena mesa y en Reinosa no es difícil. Que mejor que darnos un pequeño homenaje con la comida local y comenzar con un cocido campurriano, de merecido renombre, a base de alubias, berzas, chorizo y tocino; luego, ¡¡un día es un día¡¡, lo podemos acompañar de carne, muy renombrada, no hay más que ver la cabaña de los alrededores, o bien setas, muy cotizadas en la zona, o bien truchas, de los ríos Ebro e Hijar tan cercanos; y como postre no podemos irnos sin probar su repostería tradicional: pantortillas de hojaldre, rosquillas o galletas tostadas. ¡¡Exquisitas¡¡. Todo ello acompañado de un buen vino y del reposo sosegado de una buena tertulia completa un día que merece la pena disfrutar.

Reinosa, sin duda el mayor núcleo urbano al sur de Cantabria, centro geográfico del valle de Campoo, y animada por tres ríos que la cruzan, el Ebro, que la atraviesa por el centro, y sus afluentes el Hijar y el Izarilla, en las afueras, esconde curiosas tradiciones, pero sobre todo Reinosa tiene grandeza e historia.